El milagroso encuentro entre San Francisco de Asís y Santo Domingo

Cuenta la tradición, que un día que estaba Santo Domingo en Roma pidiendo al Papa aprobase la fundación de su Orden, tuvo un éxtasis:

Vio a Cristo suspendido en el aire y en actitud de arrojar sobre el mundo tres lanzas que tenía en su mano debido a la corrupción que reinaba en la tierra. La Virgen María viendo a su hijo en tal estado exclamó: «¡Hijo mío!, ¿Qué vas a hacer? Ten compasión de la humanidad. Voy a proporcionarte dos siervos fieles que lucharán para someter al mundo a tu voluntad». Cristo contestó a su Madre «Quisiera que me presentaras a esos dos hombres».

La Virgen presentó a Domingo de Guzmán y a Francisco de Asís a Cristo: él entonces dijo: «En efecto estos son verdaderos siervos míos. Estoy seguro que pondrán gran empeño en hacer lo que has dicho Madre».

Al día siguiente después de la visión y estando Domingo en la iglesia de Roma, coincidió con Francisco en misa. Los dos se abrazaron y besaron, y Domingo le dijo: «Tú eres mi compañero; conmigo recorrerás el mundo. Establezcamos entre nosotros un compromiso de colaboración. Seamos fieles a Cristo, y no habrá adversario que pueda vencernos».

De allí data la tradición de que en la fiesta de San Francisco, los dominicos se reúnen con ellos y celebran la Eucaristía, y de la misma manera, los hermanos Franciscanos en la fiesta de Santo Domingo.

Los hijos espirituales de ambos, asumieron que la amistad entre los dos santos, significaba la unión fraternal