No confundas la «hermana muerte» de San Francisco de Asís con la «santa muerte»

No son pocos los que se extrañan al saber que San Francisco de Asís hablaba con naturalidad de la «hermana muerte». Algunos piensan que dicha expresión es inapropiada porque puede ser confundida con la «santa muerte», un extraño y popular personaje al que se le rinde culto en ciertos lugares de México.

San Francisco de Asís y la hermana muerte

En el Cántico a las criaturas, también conocido como Cántico del hermano sol, San Francisco de Asís llama «hermano» a todas las cosas creadas por Dios; al «hermano fuego», «hermana agua», «hermana luna»… y también la «hermana muerte».

«Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal».

San Francisco de Asís

Se cuenta que ese fragmento, que se encuentra al final de su Cántico a las criaturas, no aparecía en la versión original de este precioso himno, sino que fue agregado posteriormente por el mismo San Francisco de Asís luego de que su médico, Buongiovanni, le informara que su enfermedad era incurable y le quedaban pocos días de vida.

Al enterarse de su inminente partida San Francisco de Asís exclamó «¡Bienvenida mi hermana muerte!». Un fraile hermano suyo, al pensar que la noticia de la enfermedad terminal de Francisco le llenaría de tristeza, intentó buenamente consolar y dar ánimos al santo de Asís. Para sorpresa suya la respuesta de San Francisco fue cantar su Cántico a las criaturas agregando al final aquellas populares loas a la «hermana muerte».

La «hermana muerte» no es la «santa muerte»

La mal llamada «santa muerte» no tiene nada que ver con la «hermana muerte» tal como la entendía San Francisco de Asís.

El origen de la «santa muerte» se remonta a tiempos prehispánicos en los que se rendía culto a Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, dioses de la muerte, la oscuridad y el Mictlán, la región de los muertos a la que iban quienes morían por causas naturales. Según esta tradición pagana, y que es incompatible con la fe cristiana, era necesario entregar ofrendas a estas deidades en favor de los muertos.

En esta visión pagana la muerte es una persona de aspecto tenebroso a la cual hay que rendirle culto para obtener favores tanto para los vivos como para los muertos. Esto es incompatible con la fe cristiana ya que el único capaz de realizar ese tipo de favores es Dios. Por eso rendirle culto a la santa muerte es pecado grave contra el primer mandamiento.

Por otro lado, para San Francisco de Asís la «hermana muerte» es un acontecimiento creado por el único y verdadero Dios, como un puente entre la vida terrena y la vida eterna a la que todos los cristiano anhelamos llegar para adorar al Señor para toda la eternidad.