Papa Francisco pide no reducir la Cruz a un objeto supersticioso

El Papa Francisco invitó a los fieles a no reducir la cruz a un mero objeto supersticioso o una joya ornamental. Así lo explicó el Santo Padre este domingo antes del rezo público del Ángeles en la Plaza de San Pedro en el Vaticano ante un numeroso grupo de fieles.

Esta reflexión se dio en el contexto del pasaje del Evangelio según San Mateo en el que el Señor anuncia su Pasión dejando sorprendido a sus discípulos quienes consideraban que eso era un escándalo.

Para el sucesor de San Pedro los apóstoles no comprendieron inmediatamente el mensaje ya que todavía tenían una fe inmadura y demasiado unida a la fe de este mundo; por eso tenía en mente una victoria demasiado terrenal que les hacía difícil entender el lenguaje de la Cruz.

El Sumo Pontífice también recordó la primera reacción de Pedro ante el anuncio del Señor. Jesús llegó a decirle “¡apártate de mi, Satnás! Porque tus pensamientos no son como los de Dios”. Esto solo poco momentos después de haberle puesto como Piedra sobre la cual se edificaría la Iglesia.

El Santo Padre explicó un muchas veces nosotros también reaccionamos como Pedro. En los momentos de cruz el demonio nos tienta y hace que nos alejemos de esta Cruz. Por eso el Señor nos invita a permanecer firmes con aquellas bellas palabras: “Si alguno uniere venir detrás de mi, que renuncie. Sí mismo, que cargue su cruz, y me siga”.

¿Pero qué significa cargar nuestra cruz? El Obispo de Roma nos dice que “No se trata solo de soportar con paciencia las tribulaciones cotidianas, sino de llevar con fe y responsabilidad esta parte de cansancio y de sufrimiento que la lucha contra el mal conlleva (…) Así el compromiso de “tomar la cruz” se convierte en participación con Cristo en la salvación del mundo (…) La vida de los cristianos es siempre una lucha. La Biblia dice que la vida del creyente es una milicia: luchando contra el espíritu maligno, luchando contra el Mal”.

Finalmente el Santo Padre nos recuerda que debemos ver en la cruz el signo del amor de Dios, y que no debemos reducirla a un objeto supersticioso u ornamental.

“Cada vez que fijamos la mirada en la imagen de Cristo crucificado, pensamos que Él, como verdadero Siervo del Señor, ha cumplido su misión dando la vida, derramando su sangre para la remisión de los pecados”. De esto se desprende una consecuencia: “si queremos ser sus discípulos, estamos llamados a imitarlo, gastando sin reservas nuestra vida por amor de Dios y del prójimo”, concluyó el Papa Francisco.