14 años de Summorum Pontificum: ¿por qué Benedicto XVI rescató la misa en latín?

El 7 de julio del 2007, tan solo dos años después de haber asumido la responsabilidad de ser el sucesor de San Pedro, Benedicto XVI publicó el motu proprio Summorum Pontificum con el que despejó todas las dudas referentes a la situación de la Santa Misa celebrada según la forma tradicional del rito romano, también llamada Misa Tridentina o Misa tradicional en latín.

A 14 años de la publicación de este motu proprio muchos todavía se preguntan ¿por qué Benedicto XVI quiso rescatar la misa en latín? En este artículo te explicamos las principales razones que tuvo el hoy obispo emérito de Roma para tomar esa decisión.

Una de las decisiones más importantes tomadas durante el Concilio Vaticano II (1962 al 1965) fue la reforma de la Santa Misa, aunque los documentos conciliares no entraron en detalle de lo que debía ser agregado o quitado de la Misa. El concilio tan solo se limitó a dar algunas ideas generales como dar más cabida a la lengua vernácula, necesidad de reformar los ritos, crear comisiones litúrgicas, etc.

Cuatro años después de finalizado el Concilio Vaticano II una comisión elaboró un nuevo misal con diferencias sustanciales a la antigua forma de la Misa. Esto generó algunas discrepancias y confusiones dentro de la Iglesia y muchos llegaron a creer que la Misa Tradicional había quedado abolida y debía ser olvidada para que la Misa nueva ocupe su lugar.

Al respecto, Benedicto XVI explicó en Summorum Pontificum que «en algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriéndose con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu de manera tan profunda».

Por eso vio la necesidad de aclarar que la antigua forma de la Misa debería «gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo» ya que «nunca se ha abrogado» y que por lo tanto su celebración seguía siendo lícita.

Por otro lado, en una carta a los obispos aclarando algunos aspectos de Summorum Pontificum, Benedicto XVI reconoció que una de las razones por las que muchos fieles preferían la Misa tradicional era porque «en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia».

Además, Benedicto XVI vio una necesidad pastoral real en conservar la Misa Tradicional ya que esta no solo atraía quienes la conocían porque vivieron antes del concilio, sino también a las nuevas generaciones.

«Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal Tradicional se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía«, explicó el papa alemán.