1 Macabeos

1 MACABEOS

12345678910111213141516

I Macabeos

Introducción

Los dos Libros de los Macabeos son los últimos del Antiguo Testamento, cronológicamente posteriores a los de Esdras y Nehemías, que señalan el retorno de Babilonia. Han recibido su nombre del tercer hijo del sacerdote Matatías: Judas, a quien por su valentía fue dado el sobrenombre de “Makkébet” (martillo). Ese apodo pasó a los hermanos de Judas y a toda su familia que antiguamente se llamaba de los Hasmoneos, por Hasmonai, bisabuelo de Matatías.

La canonicidad de los dos libros es atestiguada por muchos Padres, como Clemente Alejandrino, Orígenes, San Cipriano, San Hilario, San Ambrosio, San Agustín, San Crisóstomo, y por los Concilios de Hipona (393) y Cartago (391). San Jerónimo, sin embargo, no los tradujo al latín, “acaso porque dudaba de su autenticidad” (Bardenhewer). El Concilio de Trento terminó con las dudas sobre su carácter canónico, incorporándolos ambos definitivamente al canon de las Escrituras sagradas.

El primer Libro empieza describiendo la situación política y religiosa de Palestina a raíz de la persecución de Antíoco IV Epífanes (175-164); relata después la resistencia de Matatías, de estirpe sacerdotal, su celo por la Ley, y su muerte (caps. 1-2). Matatías es la encarnación del sentimiento religioso y patriótico, el cual supo infundir a sus hijos y a un pequeño núcleo de su pueblo, que no rehusaba ningún sacrificio para obtener la victoria. A estos dos primeros capítulos se agrega la historia de los hijos de Matatías, sus batallas, victorias y proezas: Judas Macabeo (3,1-9, 22), Jonatás (9, 23-12, 53) y Simón (caps. 13-16).

El segundo Libro trae primero dos cartas de los judíos de Palestina a los de Egipto, que tratan de la fiesta de la Dedicación del Templo. En el Prólogo, subsiguiente a esas cartas, el autor da noticias acerca de la composición del libro, el cual se presenta como compendio de los cinco libros de Jasón de- Cirene (caps. 1-2). La primera parte trae el castigo de Heliodoro, la historia de los Sumos Sacerdotes Onías, Jasón y Menelao, el martirio de Eleázaro y de la madre de los llamados Macabeos con sus siete hijos (caps. 3-1). El resto del libro está dedicado exclusivamente a Judas Macabeo, cuya historia se narra hasta la victoria sobre Nicanor (caps. 8-15).

En cuanto a la composición se cree que el primer libro fue escrito por un autor palestinense en idioma hebreo, alrededor del año 100 a. C. y traducido poco después al griego. San Jerónimo vio todavía el texto hebreo. El segundo libro, empero, se escribió en griego como fácilmente se prueba por el estilo. Su composición es anterior a la del primero, y ha de fijarse poco después del año 160 a. C. Por eso no alcanza a referir las hazañas de Jonatás ni las de Simón que se narran en el primer libro.

El fin y objeto de los dos libros no es solamente dar una exposición histórica de las guerras contra los más poderosos opresores de Israel, sino también, y más aún, poner de relieve las tremendas pruebas que sufrió el pueblo escogido por querer imitar a los paganos, y destacar el auxilio de la divina Providencia en aquella lucha de vida o muerte, que humanamente hablando, habría debido tener por consecuencia la aniquilación del pequeño pueblo judío. Si esto no sucedió, si el curso de la historia tomó un rumbo contrario a toda expectación humana, estamos autorizados y obligados a atribuirlo a la intervención del Altísimo, que una vez más se mostró benigno para con su pueblo, del cual poco después había de nacer el Mesías.

El segundo libro acentúa más él carácter edificante y confortante de los acontecimientos históricos, exhortando a la celebración de las fiestas, a la reverencia al Templo, a la constancia en la persecución, a la fe en la resurrección y a la esperanza en la eterna recompensa.

En la cronología siguen los dos libros la era de los Seléucidas, cuyo comienzo es el mes de Tischri del año 312 a. C.

Faltando el texto hebreo seguimos, con leves cambios, la versión publicada en nuestra edición de la Vulgata.

Volver al Indice

1 Macabeos 1

Prólogo

1 [3422] Sucedió que después que Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, y el primero que reinó en Grecia, salió del país de Cetim y derrotó a Darío, rey de los persas y de los medos;

2 ganó muchas batallas, y se apoderó en todas partes de las ciudades fuertes, y mató a los reyes de la tierra,

3 y penetró hasta los últimos términos del mundo, y se enriqueció con los despojos de muchas naciones; y enmudeció la tierra delante de él.

4 Juntó poder y un ejército muy fuerte; y después se engrió e hinchó de soberbia su corazón;

5 y se apoderó de las provincias, de las naciones y de sus reyes, los cuales se le hicieron tributarios.

6 Después de esto cayó enfermo, y conoció que iba a morirse.

7 Entonces llamó a los nobles de su corte que se habían criado con él desde la tierna edad; y antes de morir dividió entre ellos su reino.

8 [3423] Reinó Alejandro doce años, y murió.

9 En seguida aquéllos se hicieron reyes, cada uno en su respectiva provincia.

10 Y así que él murió, se coronaron todos, y después de ellos sus hijos, por espacio de muchos años; y se multiplicaron los males sobre la tierra.

I. Levantamiento de Matatías

Antíoco Epífanes sube al poder

11 [3424] Y de entre ellos salió aquella raíz perversa, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que después de haber estado en Roma como rehén, empezó a reinar el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos.

12 [3425] En aquel tiempo se dejaron ver unos inicuos israelitas, que persuadieron a otros muchos, diciéndoles: Vamos, y hagamos alianza con las naciones circunvecinas, porque después que nos separamos de ellas, hemos experimentado muchos desastres.

13 Les pareció bien este consejo.

14 Y algunos del pueblo se decidieron, y fueron a estar con el rey, el cual les dio facultad de vivir según las costumbres de los gentiles.

15 [3426] En seguida construyeron en Jerusalén un gimnasio, según el estilo de los gentiles;

16 abolieron el uso de la circuncisión, y abandonaron el Testamento, y se coligaron con las naciones y se vendieron como esclavos a la maldad.

Antíoco saquea a Jerusalén

17 EstabIecido Antíoco en su reino, concibió el designio de hacerse también rey de Egipto, a fin de dominar en ambos reinos.

18 Así entró en Egipto con un poderoso ejército, con carros de guerra, y elefantes, y caballería, y un gran número de naves.

19 [3427] Y haciendo la guerra a Ptolomeo, rey de Egipto, temió éste su encuentro, y echó a huir, y fueron muchos los muertos y heridos.

20 Entonces se apoderó de las ciudades fuertes de Egipto, y saqueó el país de Egipto.

21 Después de haber asolado a Egipto, volvió Antíoco el año ciento cuarenta y tres, y se dirigió contra Israel.

22 Y habiendo llegado a Jerusalén con un poderoso ejército,

23 [3428] entró lleno de soberbia en el Santuario, y tomó el altar de oro, y el candelero con todas sus lámparas, y todos sus vasos, y la mesa de la proposición, y las palanganas, y las copas, y los incensarios de oro, y el velo, y las coronas, y los adornos de oro que había en la fachada del Templo, y todo lo hizo pedazos.

24 [3429] Tomó asimismo la plata y el oro, y los vasos preciosos, y los tesoros escondidos que encontró. Y después de haberlo saqueado todo, se volvió a su tierra;

25 habiendo hecho grande mortandad en las personas, y mostrado en sus palabras mucha soberbia.

26 [3430] Fue grande el llanto que hubo en Israel y en todo el país.

27 Gemían los príncipes y los ancianos; quedaban sin aliento las doncellas y los jóvenes; y desapareció la hermosura en las mujeres.

28 Se entregaron al llanto todos los esposos, y sentadas sobre el tálamo nupcial se deshacían en lágrimas las esposas.

29 Y se estremeció la tierra, como compadecida de sus habitantes; y toda la casa de Jacob quedó cubierta de oprobio.

Nuevo estrago en Jerusalén

30 Cumplidos que fueron dos años, envió el rey por las ciudades de Judá al superintendente de tributos, el cual llegó a Jerusalén con grande acompañamiento.

31 [3431] Y habló a la gente con una fingida dulzura, y le creyeron.

32 Pero de repente se arrojó sobre los ciudadanos, e hizo en ellas una gran carnicería, quitando la vida a muchísima gente del pueblo de Israel.

33 Y saqueó la ciudad, y la entregó a las llamas, y derribó sus casas y los muros que la cercaban.

34 Y se llevaron cautivas las mujeres, y se apoderaron de sus hijos y de sus ganados.

Jerusalén, ciudad desolada

35 [3432] Fortificaron la ciudad de David, con una grande y firme muralla, y con fuertes torres, e hicieron de ella una fortaleza.

36 La guarnecieron de gente malvada, de hombres perversos, los cuales se hicieron allí fuertes, y metieron en ella armas y vituallas, y también los despojos de Jerusalén,

37 teniéndolos allí como en custodia. Y vinieron a ser como un funesto lazo,

38 estando como en emboscada contra el lugar santo, y siendo como unos enemigos mortales de Israel;

39 pues derramaron la sangre inocente alrededor del Santuario, y profanaron el lugar santo.

40 [3433] Por causa de ellos huyeron los habitantes de Jerusalén, viniendo ésta a quedar morada de extranjeros, y como extraña para sus naturales, los cuales la abandonaron.

41 [3434] Su Santuario quedó desolado como un yermo, convertidos en días de llanto sus días festivos, en oprobio sus sábados, y reducidos a nada sus honores.

42 En fin, la grandeza de su ignominia igualó a la de su gloria, y su alta elevación se convirtió en llantos.

Impío edicto de Antíoco

43 [3435] En esto el rey Antíoco expidió cartas por todo su reino, para que todos sus pueblos formasen uno solo, renunciando cada uno a su ley: particular.

44 Todas las gentes se conformaron con este decreto del rey Antíoco,

45 y muchos del pueblo de Israel se sometieron a esta servidumbre, y sacrificaron a los ídolos, y violaron el sábado.

46 [3436] En efecto, el rey envió sus comisionados a Jerusalén, y por todas las ciudades de Judá, con cartas, para que abrazasen las leyes de las gentes de la tierra,

47 y se prohibiese ofrecer en el Templo de Dios holocaustos, sacrificios, y oblaciones por los pecados,

48 y se impidiese la celebración del sábado y de las solemnidades.

49 [3437] Mandó además que se profanasen los santos lugares y el pueblo santo de Israel.

50 Dispuso que se erigiesen altares y templos e ídolos, y que se sacrificasen carnes de cerdo y animales inmundos;

51 que dejasen sin circuncidar a sus hijos, y que manchasen sus almas con toda suerte de viandas impuras y de abominaciones, a fin de que olvidasen la Ley de Dios, y traspasasen todos sus mandamientos;

52 [3438] y que todos los que no obedeciesen las órdenes del rey Antíoco perdiesen la vida.

53 A este tenor escribió a todo su reino, y nombró comisionados que obligasen al pueblo a hacer todo esto;

54 los cuales mandaron a las ciudades de Judá que sacrificasen.

55 Y muchos del pueblo se unieron con aquellos que habían abandonado la Ley del Señor, e hicieron mucho mal en el país;

56 y obligaron al pueblo de Israel a huir a parajes extraviados, y a guarecerse en sitios ocultos.

Profanación del templo y persecución de los que observaban la ley

57 [3439] El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, colocó el rey Antíoco sobre el altar de Dios el abominable ídolo de la desolación, y por todas partes se erigieron altares en todas las ciudades de Judá.

58 Y quemaban inciensos y ofrecían sacrificios delante de las puertas de las casas y en las plazas.

59 [3440] Y despedazando los libros de la Ley de Dios, los arrojaban al fuego;

60 y a todo hombre en cuyo poder hallaban los libros del Testamento del Señor, y a todos cuantos observaban la Ley del Señor, los despedazaban, en cumplimiento del edicto del rey.

61 Con esta violencia trataban, una vez por mes, al pueblo de Israel que habitaba en las ciudades.

62 Porque a los veinticinco días del mes, ofrecían ellos sacrificios sobre el altar, que estaba erigido enfrente del altar.

63 Las mujeres que circuncidaban a sus hijos eran despedazadas, conforme a lo mandado por el rey Antíoco;

64 y a los niños los colgaban por el cuello en todas las casas donde los halaban, y despedazaban a los que los habían circuncidado.

65 [3441] En medio de esto muchos del pueblo de Israel resolvieron en su corazón no comer viandas impuras, y eligieron antes el morir que contaminarse con manjares inmundos;

66 y no queriendo quebrantar la Lev santa de Dios, fueron despedazados.

67 [3442] Terrible fue sobremanera la ira contra el pueblo.

Volver al Indice

1 Macabeos 2

El sacerdote Matatías y sus hijos

1 [3443] En aquellos días se levantó Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote de la familia de Joarib, de Jerusalén, que vivía en el monte de Modín.

2 Tenía cinco hijos: Juan, llamado por sobrenombre Gadis;

3 Simón, por sobrenombre Tasi;

4 [3444] Judas, que era apellidado Macabeo;

5 Eleázaro, denominado Abarón; y Jonatás, conocido con el sobrenombre de Apfus.

6 Al ver éstos los estragos que se hacían en el pueblo de Judá y en Jerusalén,

7 exclamó Matatías: “¡Infeliz de mí! ¿Por qué he venido yo al mundo para ver la ruina de mi patria, y la destrucción de la ciudad santa, y para estarme aquí sin hacer nada por ella al tiempo que es entregada en poder de sus enemigos?

8 Las cosas santas se hallan en manos de los extranjeros; y su Templo es como un hombre que está infamado.

9 Sus vasos preciosos han sido saqueados y llevados fuera; despedazados por las plazas sus ancianos, y muertos al filo de la espada enemiga sus jóvenes.

10 ¿Qué nación hay que no haya participado algo de este reino, o tenido parte en sus despojos?

11 [3445] Arrebatado le ha sido todo su esplendor; y la que antes era libre, es en el día esclava.

12 En fin, todo cuanto teníamos de santo, de ilustre y de glorioso, otro tanto ha sido asolado y profanado por las naciones.

13 ¿Para qué queremos ya la vida?”

14 Y rasgaron sus vestidos Matatías y sus hijos, y se cubrieron de cilicios, y lloraban amargamente.

Su celo por la Ley

15 A este tiempo llegaron allí los comisionados que el rey Antíoco enviaba para obligar a los que se habían refugiado en la ciudad de Modín a que ofreciesen sacrificios y quemasen incienso a los ídolos, y abandonasen la Ley de Dios.

16 En efecto, muchos del pueblo de Israel consintieron en ello, y se les unieron. Pero Matatías y sus hijos permanecieron firmes.

17 Y tomando la palabra los comisionados de Antíoco, dijeron a Matatías: “Tú eres el principal, el más grande y el más esclarecido de esta ciudad, y glorioso con esa corona de hijos y de hermanos.

18 [3446] Ven, pues, tú el primero, y haz lo que el rey manda, como lo han hecho todas las gentes, y los varones de Judá, y los que han quedado en Jerusalén; y con esto tú y tus hijos seréis del número de los amigos del rey, el cual os llenará de oro y plata, y ele grandes dones”.

19 Respondió Matatías, y dijo en alta voz: “Aunque todas las gentes obedezcan al rey Antíoco, y todos abandonen la observancia de la ley de sus padres, y se sometan a los mandatos del rey,

20 yo, y mis hijos, y mis hermanos obedeceremos la ley de nuestros padres.

21 [3447] Quiera Dios ampararnos. No nos es provechoso abandonar la Ley y los preceptos de Dios.

22 No daremos oídos a las palabras del rey Antíoco, ni ofreceremos sacrificios, violando los mandamientos de nuestra Ley por seguir otro camino”.

Matatías mata a los idólatras y huye al desierto

23 Apenas había acabado de pronunciar estas palabras, cuando a vista de todos se presentó un cierto judío para ofrecer sacrificios a los ídolos sobre el altar que se había erigido en la ciudad de Modín, conforme a la orden del rey.

24 [3448] Matatías lo vio, y se llenó de dolor; se le conmovieron las entrañas; e inflamándose su furor, conforme al espíritu de la Ley, se arrojó sobre él, y le mató sobre el mismo altar.

25 No contento con esto, mató al mismo tiempo al comisionado del rey Antíoco, que forzaba a la gente a sacrificar, y derribó el altar;

26 mostrando su celo por la Ley e imitando lo que hizo Fineés con Zamrí, hijo de Salomí.

27 Gritó entonces Matatías a grandes voces por la ciudad, diciendo: “Todo el que tenga celo por la Ley, y quiera permanecer firme en la Alianza, sígame.”

28 [3449] Y huyó con sus hijos a los montes, y abandonaron todo cuanto tenían en la ciudad.

29 Entonces muchos que amaban la Ley y la justicia, se fueron al desierto;

30 y permanecieron allí con sus hijos, con sus mujeres y sus ganados; porque se veían inundados de males.

Fidelidad a la observancia del sábado

31 Se dio aviso a los oficiales del rey, y a las tropas que había en Jerusalén, en la ciudad de David, de cómo ciertas gentes que habían hollado el mandato del rey, se habían retirado a los lugares ocultos del desierto, y que les habían seguido otros muchos.

32 Por lo que marcharon al punto contra ellos, y se prepararon para atacarlos en día de sábado;

33 pero antes les dijeron: “¿Queréis todavía resistiros? Salid, y obedeced el mandato del rey Antíoco, y quedaréis salvos”.

34 “De ningún modo saldremos, respondieron ellos, ni obedeceremos al rey, ni violaremos el sábado”.

35 Entonces las tropas se arrojaron sobre ellos;

36 pero tan lejos estuvieron ellos de resistirles, que ni tan siquiera les tiraron una piedra, ni aun cerraron las bocas de las cavernas;

37 [3450] sino que dijeron: “Muramos todos en nuestra sencillez, y el cielo y la tierra nos serán testigos de que injustamente nos quitáis la vida”.

38 En efecto, los enemigos los acometieron en día de sábado; y perecieron tanto ellos como sus mujeres, hijos y ganados, llegando a mil personas las que perdieron la vida.

39 Lo supieron Matatías y sus amigos e hicieron por ellos un gran duelo;

40 y se dijeron unos a otros: “Si todos nosotros hiciéremos como han hecho nuestros hermanos, y no peleáremos para defender nuestras vidas y nuestra Ley contra las naciones, en breve tiempo nos exterminarán del país”.

41 Así, pues, tomaron aquel día esta resolución: “Si alguno, dijeron, nos acomete en día de sábado, pelearemos contra él; y así no moriremos todos, como han muerto en las cavernas nuestros hermanos.”

Matatías destruye en todo el país los altares paganos

42 [3451] Entonces vino a reunirse con ellos la congregación de los asideos, que eran hombres de los más valientes de Israel, y celosos todos de la Ley;

43 y también se les unieron todos los que huían acosados de las calamidades, y les sirvieron de refuerzo.

44 Formaron un ejército, y se arrojaron en su ira sobre los prevaricadores, y en su saña sobre los hombres malvados; y los que quedaron huyeron a ponerse en salvo entre las naciones.

45 Después recorrió Matatías con sus amigos todo el país; y destruyeron los altares;

46 y circuncidaron a cuantos niños hallaron incircuncisos, en los términos de Israel, y obraron con denuedo.

47 Persiguieron a sus orgullosos enemigos, y salieron prósperamente en todas sus empresas.

48 Y vindicaron la Ley contra el poder de los gentiles, y el poder de los reyes; y no dejaron al malvado que abusase de su poder.

Muerte de Matatías

49 [3452] Se acercaron entretanto los días de la muerte de Matatías; el cual habló a sus hijos de esta manera: “Ahora domina la soberbia, y es el tiempo del castigo y de la ruina, y del furor e indignación.

50 Por lo mismo ahora, oh hijos míos, sed celosos de la Ley, y dad vuestras vidas en defensa del Testamento de vuestros padres.

51 Acordaos de las obras que hicieron en sus tiempos vuestros antepasados, y os adquiriréis una gloria grande, y un nombre eterno.

52 [3453] Abrahán, por ventura, ¿no fue hallado fiel en la prueba que de él se hizo, y le fue imputado esto por justicia?

53 [3454] José en el tiempo de su aflicción observó los mandamientos, y vino a ser el señor de Egipto.

54 Fineés, nuestro padre, porque se abrasó en celo por la honra de Dios, recibió la recompensa de un sacerdocio eterno.

55 Josué por su obediencia llegó a ser caudillo de Israel.

56 Caleb, por el testimonio que dio en la congregación del pueblo, recibió una herencia.

57 [3455] David por su misericordia se adquirió para siempre el trono del reino.

58 [3456] Elías por su abrasado celo por la Ley fue recibido en el cielo.

59 Ananías, Azarías y Misael fueron librados de las llamas por su fe.

60 Daniel por su sinceridad fue librado de la boca de los leones.

61 Y a este modo id discurriendo de generación en generación: Todos aquellos que ponen en Dios su esperanza, no descaecen.

62 Y no os amedrenten las palabras del hombre pecador; porque su gloria no es más que basura y gusanos.

63 Hoy es ensalzado, y mañana desaparece; porque se convierte en el polvo de que fue formado, y se desvanecen todos sus designios.

64 Sed, pues, constantes vosotros, oh hijos míos, y obrad vigorosamente en defensa de la Ley; pues ella será la que os llenará de gloria.

Última instrucción y bendición de Matatías

65 Ahí tenéis a Simón, vuestro hermano. Yo sé que es hombre de consejo; escuchadle siempre, y él hará para con vosotros las veces de padre.

66 Judas Macabeo ha sido esforzado y valiente desde su juventud; sea él el general de vuestro ejército, y el que conduzca el pueblo a la guerra.

67 Reunid a vosotros todos aquellos que observan la Ley, y vengad a vuestro pueblo.

68 Dad a las gentes su merecido, y sed solícitos en guardar los preceptos de la Ley.”

69 En seguida les echó su bendición, y fue a reunirse con sus padres.

70 [3457] Murió Matatías el año ciento cuarenta y seis, y sus hijos le sepultaron en Modín en el sepulcro de sus padres, y todo Israel le lloró amargamente.

Volver al Indice

II. Judas Macabeo

1 Macabeos 3

Elogio de Judas

1 Y le sucedió su hijo Judas, que tenía el sobrenombre de Macabeo.

2 Le ayudaban todos sus hermanos, y todos cuantos se habían unido con su padre, y peleaban con alegría por la defensa de Israel.

3 [3458] Y dio Judas de nuevo lustre a la gloria de su pueblo; se revistió cual gigante la coraza, se ciñó sus armas para combatir, y protegía con su espada todo el campamento.

4 Parecía un león en sus acciones, y se asemejaba a un cachorro cuando ruge sobre la presa.

5 Persiguió a los malvados, buscándolos por todas partes; y abrasó en las llamas a los que turbaban el reposo de su pueblo.

6 El temor que infundía su nombre hizo desaparecer a sus enemigos, todos los malvados se llenaron de turbación; y con su brazo obró la salud.

7 Preparaba gran amargura a muchos reyes; sus acciones eran la alegría de Jacob, y será eternamente bendita su memoria.

8 Recorrió las ciudades de Judá, exterminando de ellas a los impíos y apartó el azote de sobre Israel.

9 Su nombradía llegó hasta el cabo del mundo, y reunió alrededor de sí a los que estaban a punto de perecer.

Victoria de Judas sobre Apolonio

10 [3459] Apolonio, empero, juntó las naciones, y sacó de Samaría un grande y poderoso ejército para pelear contra Israel.

11 Informado de ello Judas, le salió al encuentro, y le derrotó, y le quitó la vida; quedando en el campo de batalla un gran número de enemigos, y echando a huir los restantes.

12 Se apoderó en seguida de sus despojos, reservándose Judas para sí la espada de Apolonio; de la cual se servía siempre en los combates.

Victoria sobre Serón.

13 En esto llegó a noticia de Serón, general del ejército de Siria, que Judas había congregado una multitud y congregación del pueblo fiel;

14 y dijo: “Yo voy a ganarme gran reputación y gloria en todo el reino, derrotando a Judas y a los que le siguen; los cuales no hacen caso de las órdenes del rey”.

15 Con esto se preparó; y se le unió un considerable refuerzo de tropas de impíos, para vengarse de los hijos de Israel.

16 [3460] Y avanzaron hasta Bethorón, y Judas le salió al encuentro con pocas tropas.

17 Así que éstas vieron al ejército que venía contra ellas, dijeron a Judas: “¿Cómo podremos nosotros pelear contra un ejército tan grande y valeroso, siendo, como somos, tan pocos, y estando debilitados por el ayuno de hoy?”

18 [3461] Respondió Judas: “Fácil cosa es que muchos sean presa de pocos; pues cuando el Dios del cielo quiere dar la victoria lo mismo es para Él que haya poca o que haya mucha gente;

19 porque el triunfo en los combates no depende de la multitud de las tropas, sino del cielo, que es de donde dimana la fortaleza.

20 Ellos vienen contra nosotros con una turba de gente insolente y orgullosa, con el fin de aniquilarnos a nosotros, y a nuestras mujeres, y a nuestros hijos, y despojarnos;

21 mas nosotros vamos a combatir por nuestras vidas y por nuestra Ley.

22 El Señor mismo los hará pedazos en nuestra presencia; y así no los temáis.”

23 Luego que acabó de pronunciar estas palabras, se arrojó de improviso sobre los enemigos, y derrotó a Serón con todo su ejército.

24 Y les persiguió desde la bajada de Bethorón hasta el llano y habiendo quedado ochocientos hombres tendidos en el campo de batalla, huyeron los demás al país de los filisteos.

25 Con esto Judas y sus hermanos eran el terror de todas las naciones circunvecinas;

26 y su fama llegó hasta los oídos del rey, y en todas partes se hablaba de las batallas de Judas.

Preparativos de Antíoco para una nueva guerra contra los judíos

27 Luego que el rey Antíoco recibió estas noticias, se embraveció sobremanera, y mandó que se reunieran las tropas de todo su reino, y se formase un poderosísimo ejército.

28 Y abrió su erario, y habiendo dado a las tropas la paga de un año, les mandó que estuviesen apercibidas para todo.

29 Mas observó que se iba acabando el dinero de sus tesoros, y que sacaba pocos tributos de aquel país, por causa de las disensiones y de la miseria, que él mismo había ocasionado queriendo abolir los fueros que allí regían desde tiempos antiguos;

30 [3462] y temió que no podría ya gastar ni dar, como antes hacía con largueza y con una munificencia superior a la de todos los reyes sus predecesores.

31 Hallándose en gran consternación resolvió pasar a Persia, con el fin de recoger los tributos de aquellos países, y juntar gran cantidad de dinero.

32 Dejó a Lisias, príncipe de sangre real, por lugarteniente del reino desde el Éufrates hasta el río de Egipto,

33 y para que tuviese cuidado de la educación de su hijo Antíoco hasta que él volviese.

34 Le dejó la mitad del ejército y los elefantes, y le comunicó órdenes sobre todo aquello que él quería que se hiciese; y también por lo respectivo a los habitantes de la Judea, y de Jerusalén.

35 mandándole que enviase contra ellos un ejército para destruir y exterminar el poder de Israel; y los restos que quedaban en Jerusalén, y borrar de aquel país hasta la memoria de ellos;

36 y que estableciese en toda aquella región habitantes de otras naciones, distribuyéndoles por suerte sus tierras.

37 [3463] Tomó el rey la otra mitad del ejército, y partiendo de Antioquía, capital de su reino, el año ciento cuarenta y siete, y pasado el río Éufrates, recorrió las provincias superiores.

El enemigo se acerca a Jerusalén

38 En esto eligió Lisias a Ptolomeo, hijo de Dorimino, a Nicanor, y a Gorgias, que eran personas de gran valimiento entre los amigos del rey;

39 y envió con ellos cuarenta mil hombres de a pie y siete mil de a caballo, para que pasasen a asolar la tierra de Judá, según lo había dejado dispuesto el rey.

40 [3464] Avanzaron con todas sus tropas, y vinieron a acampar en la llanura de Emaús.

41 [3465] Y oyendo la noticia de su llegada los mercaderes de aquellas regiones tomaron consigo gran cantidad de oro y plata; y con criados vinieron a los reales con el fin de comprar por esclavos a los hijos de Israel; y con ellos se unieron las tropas de Siria y las de otras naciones.

Judas y sus tropas imploran el auxilio divino con oración y ayuno

42 Judas, empero, y sus hermanos, viendo que se aumentaban las calamidades, y que los ejércitos se iban acercando a sus confines, y habiendo sabido la orden que había dado el rey de exterminar y acabar con el pueblo,

43 se dijeron unos a otros: “Reanimemos nuestro abatido pueblo, y peleemos en defensa de nuestra patria, y de nuestra santa religión”.

44 Se reunieron en un cuerpo para estar prontos a la batalla, y para hacer oración e implorar misericordia y gracia.

45 [3466] Se hallaba a esta sazón Jerusalén sin habitantes; de modo que parecía un desierto. No se veían ya entrar ni salir los naturales de ella, era hollado el Santuario, los extranjeros eran dueños del alcázar, el cual servía de habitación a los gentiles. Desterrada estaba de Jacob toda alegría; no se oía ya en ella flauta ni cítara.

46 Habiéndose reunido, se fueron a Masfá, que está enfrente de Jerusalén; por haber sido Masfá en otro tiempo el lugar de la oración para Israel.

47 Ayunaron aquel día, y se vistieron de cilicio, y se echaron ceniza sobre la cabeza, y rasgaron sus vestidos.

48 [3467] Y abrieron los libros de la Ley, en donde los gentiles buscaban semejanzas para sus simulacros;

49 [3468] y trajeron los ornamentos sacerdotales, y las primicias y diezmos; e hicieron venir a los nazareos que habían cumplido los días de su voto;

50 y levantando su clamor hasta el cielo, dijeron: “¿Qué haremos de éstos, y adonde los conduciremos?

51 Tu Santuario está hollado y profanado, y cubiertos de lágrimas y de abatimiento tus sacerdotes; y he aquí que las naciones se han coligado contra nosotros para destruirnos. Tú sabes sus designios contra nosotros.

53 ¿Cómo podremos sostenernos delante de ellos, si Tú, oh Dios, no nos ayudas?”

54 En seguida hicieron resonar las trompetas con grande estruendo.

El ejército de Judas acampa junto a Emaús

55 Nombró después Judas los caudillos del ejército, los tribunos, los centuriones, y los cabos de cincuenta hombres, y los de diez.

56 [3469] Y a aquellos que estaban construyendo casa, o acababan de casarse, o de plantar viñas, como también a los que tenían poco valor, les dijo que se volviesen cada uno a su casa, conforme a lo prevenido por la Ley.

57 Levantaron luego los reales, y fueron a acamparse al mediodía de Emaús.

58 Y Judas les habló de esta manera: “Tomad las armas, y tened buen ánimo; y estad prevenidos para mañana, a fin de pelear contra estas naciones, que se han unido contra nosotros para aniquilarnos, y echar por tierra nuestra santa religión;

59 porque más nos vale morir en el combate, que ver el exterminio de nuestra nación y del Santuario.

60 Y venga lo que fuere la voluntad del cielo.”

Volver al Indice

1 Macabeos 4

Derrota de Gorgias

1 Y tomó Gorgias consigo cinco mil hombres de a pie, y mil caballos escogidos; y de noche partieron,

2 [3470] para dar sobre el campamento de los judíos, y atacarlos de improviso; sirviéndoles de guías los del país que estaban en el alcázar.

3 Tuvo Judas aviso de este movimiento, y marchó con los más valientes de los suyos para acometer al grueso del ejército del rey, que estaba en Emaús.

4 Se hallaba el ejército todavía desparramado, fuera de los atrincheramientos.

5 Gorgias llegó aquella noche al campamento de Judas, y no halló en él alma viviente; se fue a buscarlos por los montes, diciendo: “Estas gentes van huyendo de nosotros.”

6 [3471] Mas así que se hizo de día, se dejó ver Judas en el llano, acompañado tan solamente de tres mil hombres, que se hallaban faltos de espadas y broqueles;

7 y reconocieron que el ejército de los gentiles era muy fuerte, y que estaba rodeado de coraceros y de caballería, y que todos eran diestros en el combate.

8 Entonces Judas habló a los suyos de esta manera: “No os asuste su muchedumbre, ni temáis su encuentro.

9 Acordaos del modo con que fueron librados nuestros padres en el Mar Rojo, cuando el Faraón iba en su alcance con un numeroso ejército;

10 y clamemos ahora al cielo, y el Señor se compadecerá de nosotros, y se acordará de la Alianza hecha con nuestros padres, y destrozará hoy a nuestra vista ese ejército;

11 con lo cual reconocerán todas las gentes que hay un salvador y libertador de Israel.”

12 En esto levantaron sus ojos los extranjeros, y percibieron que (los judíos) venían marchando contra ellos,

13 y salieron de los reales para acometerlos. Entonces los que seguían a Judas dieron la señal con las trompetas;

14 y habiéndose trabado combate, fueron desbaratadas las tropas de los gentiles; y echaron a huir por aquella campiña.

15 [3472] Mas todos los que se quedaron atrás, perecieron al filo de la espada. Y los vencedores fueron siguiéndoles al alcance hasta Gecerón, y hasta las campiñas de Idumea y de Azoto y de Jamnia, y murieron de ellos hasta tres mil hombres.

Segunda victoria sobre las tropas de Gorgias

16 Después Judas se volvió con el ejército que le seguía,

17 y dijo a sus tropas: “No os dejéis llevar de la codicia del botín; porque aun tenemos enemigos que vencer;

18 y Gorgias se halla con su ejército cerca de nosotros en el monte. Ahora manteneos firmes contra nuestros enemigos, y vencedlos, y después tomaréis los despojos con toda seguridad.

19 En efecto, aún estaba hablando Judas cuando se descubrió parte de las tropas, que estaban acechando desde el monte.

20 Y reconoció Gorgias que los suyos habían sido puestos en fuga, y que habían sido entregados al fuego sus reales; pues la humareda que se veía le daba a entender lo sucedido.

21 Cuando ellos vieron esto, y al mismo tiempo a Judas y su ejército en el llano preparados para la batalla, se intimidaron en gran manera,

22 y echaron todos a huir a las tierras de las naciones extranjeras.

23 Con esto, Judas se volvió a tomar los despojos del campo, donde juntaron mucho oro y plata, y jacinto, y púrpura marina, y grandes riquezas.

24 [3473] Y al volverse, entonaban himnos, y bendecían a voces a Dios: porque el Señor es bueno, y eterna es su misericordia.

25 Y con esta memorable victoria se salvó Israel en aquel día.

Derrota de Lisias

26 Todos aquellos extranjeros que escaparon, fueron a llevar la nueva a Lisias de cuanto había sucedido;

27 y así que lo oyó, quedó consternado, y como fuera de sí, por no haber salido las cosas en Israel según él se había prometido y conforme el rey había mandado.

28 El año siguiente reunió Lisias sesenta mil hombres escogidos, y cinco mil de a caballo, con el fin de exterminar a los judíos.

29 Y entrando en Judea sentaron los reales en Bethorón, y les salió Judas al encuentro con diez mil hombres.

30 [3474] Y conociendo que era poderoso el ejército, oró, y dijo: “Bendito seas, oh Salvador de Israel, Tú que quebrantaste la fuerza de un gigante por medio de tu siervo David, y que entregaste el campamento de los extranjeros en poder de Jonatás, hijo de Saúl, y de su escudero.

31 Entrega ese ejército en poder de Israel, pueblo tuyo, y queden confundidas sus huestes y su caballería.

32 Infúndeles miedo, y aniquila su osadía y coraje, y despedácense ellos mismos con sus propias fuerzas.

33 Derríbalos con la espada de aquellos que te aman, para que todos los que conocen tu nombre te canten himnos de alabanza.”

34 Trabada luego la batalla, quedaron en ella muertos cinco mil hombres del ejército de Lisias.

35 Viendo éste la fuga de los suyos, y el ardimiento de los judíos, y que éstos estaban resueltos a vivir, o a morir valerosamente, se fue a Antioquía, y levantó nuevas tropas escogidas para volver con mayores fuerzas a la Judea.

Desolación del Templo

36 [3475] Entonces Judas y sus hermanos, dijeron: “Ya que quedan destruidos nuestros enemigos, vamos ahora a purificar y restaurar el Templo”.

37 [3476] Y reunido todo el ejército, subieron al monte Sión

38 donde vieron desierto el lugar santo, y profanado el altar, y quemadas las puertas, y que en los patios habían nacido arbustos como en los bosques y montes, y que estaban arruinadas todas las habitaciones de los ministros del Santuario.

39 Al ver esto rasgaron sus vestidos, y lloraron amargamente, y se echaron ceniza sobre la cabeza;

40 y se postraron rostro por tierra, e hicieron resonar las trompetas con que se daban las señales, y levantaron sus clamores hasta el cielo.

Purificación del Templo

41 [3477] Entonces Judas dispuso que fueran algunas tropas a combatir a los que estaban en el alcázar, mientras tanto que se iba purificando el Santuario.

42 Y escogió sacerdotes sin tacha, amantes de la Ley de Dios,

43 los cuales purificaron el Santuario, y llevaron a un sitio profano las piedras contaminadas.

44 Y estuvo pensando qué debía hacerse del altar de los holocaustos, que había sido profanado;

45 y tomaron el mejor partido, que fue el destruirle, a fin de que no fuese para ellos motivo de oprobio, puesto que había sido contaminado por los gentiles, y así le demolieron;

46 [3478] y depositaron las piedras en un lugar a propósito del monte en que estaba el Templo, hasta tanto que viniese un profeta, y decidiese qué era lo que de ellas debía hacerse.

47 [3479] Tomaron después piedras intactas, conforme a la Ley, y construyeron un altar nuevo semejante a aquel que había habido antes;

48 y reedificaron el Santuario, y aquello que estaba de la parte de adentro de la Casa, y santificaron el Templo y sus atrios.

49 E hicieron nuevos vasos sagrados, y colocaron en el Templo el candelero y el altar de los inciensos y la mesa.

50 Y pusieron después incienso sobre el altar, y encendieron las lámparas que estaban sobre el candelero, y alumbraron el Templo.

51 Y pusieron los panes sobre la mesa, colgaron los velos, y completaron todas las obras que habían comenzado.

El primer sacrificio en el nuevo altar

52 [3480] Se levantaron antes de amanecer, el día veinticinco del noveno mes, llamado Casleu, del año ciento cuarenta y ocho.

53 y ofrecieron el sacrificio, según la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido.

54 Con lo cual se verificó que en el mismo tiempo, y el mismo día que este altar había sido profanado por los gentiles, fue renovado al son de cánticos, de cítaras, de liras, y de címbalos.

55 Y todo el pueblo se postró, hasta juntar su rostro con la tierra, y adoraron a Dios, y levantando su voz hasta el cielo, bendijeron a Aquel que les había concedido aquella felicidad.

Institución de la fiesta de la Dedicación

56 [3481] Celebraron la dedicación del altar por espació de ocho días, y ofrecieron holocaustos con regocijo, y sacrificios de acción de gracias y alabanza.

57 Adornaron también la fachada del Templo con coronas de oro y con escudetes, y renovaron las puertas, y las habitaciones de los ministros, y les pusieron puertas.

58 Fue extraordinaria la alegría del pueblo; y sacudieron de sí el oprobio de las naciones.

59 Entonces estableció Judas y sus hermanos, y toda la iglesia de Israel, que en lo sucesivo se celebrase cada año con grande gozo y regocijo este día de la dedicación del altar por espacio de ocho días seguidos, empezando el día veinticinco del mes de Casleu.

Fortificación del monte Sión

60 [3482] Fortificaron entonces mismo el monte Sión, y le circuyeron de altas murallas y de fuertes torres, para que no viniesen los gentiles a profanarle, como lo habían hecho antes.

61 [3483] Y puso allí Judas una guarnición para que le custodiase, y le fortificó para seguridad de Betsura, a fin de que el pueblo tuviese a esta fortaleza en la frontera de Idumea.

Volver al Indice

1 Macabeos 5

Guerra contra los pueblos vecinos

1 Así que las naciones circunvecinas oyeron que el altar y el Santuario habían sido reedificados como antes, se irritaron sobremanera;

2 [3484] y resolvieron exterminar a los de la estirpe de Jacob que vivían entre ellos, y comenzaron a matar y perseguir a aquel pueblo.

3 [3485] Entretanto batía Judas a los hijos de Esaú en la Idumea, y a los que estaban en Acrabatane, porque tenían sitiados a los israelitas, e hizo en ellos un gran destrozo.

4 [3486] También se acordó de la malicia de los hijos de Beán, los cuales eran para el pueblo un lazo y tropiezo, armándole emboscadas en el camino.

5 Y los obligó a encerrarse en unas torres, donde los tuvo cercados; y habiéndolos anatematizado, pegó fuego a las torres y las quemó con cuantos había dentro.

6 [3487] De allí pasó a los hijos de Ammón, donde encontró un fuerte y numeroso ejército, con Timoteo, su caudillo.

7 Tuvo diferentes choques con ellos, y los derrotó, e hizo en ellos gran matanza.

8 [3488] Y tomó la ciudad de Gacer con los lugares dependientes de ella, y se volvió a Judea.

Persecución de los judíos en Galaad y Galilea

9 [3489] Los gentiles que habitaban en Galaad se reunieron para exterminar a los israelitas que vivían en su país; mas éstos se refugiaron en la fortaleza de Datemán.

10 Desde allí escribieron cartas a Judas y a sus hermanos, en las cuales decían: “Se han congregado las naciones circunvecinas para perdernos;

11 y se preparan para venir a tomar la fortaleza donde nos hemos refugiado, siendo Timoteo, el caudillo de su ejército.

12 Ven luego, y líbranos de sus manos, porque han perecido ya muchos de los nuestros;

13 [3490] y todos nuestros hermanos, que habitaban en los lugares de Tubín, han sido muertos, habiéndose llevado cautivas a sus mujeres e hijos, y saqueándolo todo, y dado muerte allí mismo a cerca de mil hombres.”

14 Aun no había acabado de leer estas cartas, cuando he aquí que llegaron otros mensajeros que venían de Galilea, rasgados sus vestidos, trayendo otras nuevas semejantes.

15 Pues decían haberse coligado contra ellos los de Tolomaida, y los de Tiro y de Sidón, y que toda la Galilea estaba llena de extranjeros, con el fin de acabar con nosotros.

16 Luego que Judas y su gente oyeron tales noticias, tuvieron un gran consejo para deliberar qué era lo que harían a favor de aquellos hermanos suyos que se hallaban en la angustia, y eran estrechados por aquella gente.

17 Dijo Judas a su hermano Simón: “Escoge un cuerpo de tropas, y ve a librar a tus hermanos que están en Galilea, y yo y mi hermano Jonatás iremos a Galaad.”

18 Y dejó a José, hijo de Zacarías, y a Azarías por caudillos del pueblo, para guardar la Judea con el resto del ejército.

19 Les dio esta orden: “Cuidad de esta gente, les dijo; y no salgáis a pelear contra los gentiles, hasta que volvamos nosotros.”

20 Se dieron a Simón tres mil hombres para ir a Galilea, y Judas tomó ocho mil para pasar a Galaad.

Simón liberta a Galilea y judas a Galaad

21 [3491] Partió Simón para Galilea; y tuvo muchos encuentros con aquellas naciones, las que derrotó y fue persiguiendo hasta las puertas de Tolomaida;

22 dejando muertos cerca de tres mil gentiles, y apoderándose del botín.

23 [3492] Tomó después consigo a los que había en Galilea y en Arbates, como también a sus mujeres e hijos, y todo cuanto tenían, y los condujo a la Judea con grande regocijo.

24 Entretanto Judas Macabeo, con su hermano Jonatás, pasaron el Jordán, y caminaron tres días por el desierto.

25 [3493] Y les salieron al encuentro los nabuteos, los cuales los recibieron pacíficamente, y les contaron lo que había acaecido a sus hermanos en Galaad;

26 [3494] y cómo muchos de ellos se habían encerrado en Barasa, en Bosor, en Alimas, en Casfor, en Maget, y Carnaim, todas ellas ciudades fuertes y grandes;

27 y cómo quedaban también cercados los que habitaban en otras ciudades de Galaad, y que los enemigos querían arrimar al día siguiente su ejército a aquellas ciudades, y prenderlos, y acabar con ellos en un solo día.

28 Con esto partió Judas inmediatamente con su ejército por el camino del desierto de Bosor, y se apoderó de la ciudad, y pasó a cuchillo a todos los varones, y después de saqueada la entregó a las llamas.

29 Por la noche salieron de allí y se dirigieron a la fortaleza;

30 y al rayar el día, alzando los ojos vieron una tropa innumerable de gentes, que traían consigo escalas y máquinas para tomar la plaza, y destruir a los que estaban dentro.

31 Luego que Judas vio que se había comenzado el ataque, y que el clamor de los combatientes subía hasta el cielo como trompeta, y la grande gritería en la ciudad,

32 dijo a sus tropas: “Pelead en este día en defensa de vuestros hermanos”.

33 Y marcharon en tres columnas por las espaldas de los enemigos; tocaron las trompetas, y clamaron orando.

34 Entonces conocieron las tropas de Timoteo, que era el Macabeo el que venía, y huyeron su encuentro; sufriendo un gran destrozo, y habiendo perecido en aquel día al pie de ocho mil hombres.

Destrucción de Carnaim y Efrón

35 [3495] De allí torció Judas el camino hacia Masfá, la batió y se apoderó de ella; pasó a cuchillo todos los varones, y después de haberla saqueado, la incendió.

36 Partiendo más adelante tomó, a Casbón, a Maget, a Bosor y a las demás ciudades de Galaad.

37 [3496] Después de estos sucesos juntó Timoteo otro ejército, y se acampó frente a Rafón, a la otra parte del arroyo.

38 Judas envió luego a espiar al enemigo, y los emisarios le dijeron: “Todas las naciones que nos rodean se han juntado con Timoteo; es un ejército sumamente grande.

39 Han tomado también en su auxilio a los árabes, y están acampados a la otra parte del arroyo, preparándose para venir a darte la batalla”. Y Judas marchó contra ellos.

40 Ahora bien, Timoteo había dicho a los capitanes de su ejército: “Cuando Judas con sus tropas llegare al arroyo y pasare él primero hacia nosotros, no le podremos resistir, y nos vencerá infaliblemente.

41 Pero si temiere pasar, y pusiere su campo en el otro lado del arroyo, pasémoslo nosotros, y lograremos victoria”.

42 En esto llegó Judas cerca del arroyo, y poniendo a los escribanos del ejército a lo largo de la orilla del agua, les dio esta orden: “No dejéis que se quede aquí nadie; sino que todos han de venir al combate”.

43 Dicho esto pasó él el primero hacia los enemigos, y en pos de él toda la tropa, y así que llegaron, derrotaron a todos aquellos gentiles, los cuales arrojaron las armas, y huyeron al templo que había en Carnaim.

44 Judas tomó la ciudad, pegó fuego al templo y le abrasó con cuantos había dentro; y Carnaim fue asolada, sin que pudiese resistir a Judas.

45 Entonces reunió Judas todos los israelitas que se hallaban en el país de Galaad, desde el más chico hasta el más grande, con sus mujeres e hijos, formando de todos ellos un ejército numerosísimo para que viniesen a la tierra de Judá.

46 [3497] Llegaron a Efrón, ciudad grande situada en la embocadura del país, y muy fuerte; y no era posible dejarla a un lado, echando a la derecha o a la izquierda, sino que era preciso atravesar por medio de ella.

47 Mas sus habitantes se encerraron, y tapiaron las puertas con piedras. Judas les envió un mensajero de paz,

48 diciéndoIes: “Es nuestro deseo pasar por vuestro país para ir a nuestras casas, y nadie os hará daño; no haremos más que pasar”. Sin embargo, ellos no quisieron abrir.

49 Entonces Judas hizo pregonar por todo el ejército, que cada uno la asaltase por el lado en que se hallaba.

50 En efecto, la atacaron los hombres más valientes, y se dio el asalto, que duró todo aquel día y aquella noche, cayendo al fin en sus manos la ciudad.

51 Pasaron a cuchillo a todos los varones, y arrasaron la ciudad hasta los cimientos, después de haberla saqueado, y atravesaron por toda ella, caminando por encima de los cadáveres.

Judas vuelve a Jerusalén dando gracias a Dios

52 En seguida pasaron el Jordán en la gran llanura que hay enfrente de Betsán.

53 E iba Judas en la retaguardia reuniendo a los rezagados, y alentando al pueblo por todo el camino, hasta que llegaron a tierra de Judá.

54 [3498] Y subieron al monte Sión con alegría y regocijo, y ofrecieron allí holocaustos en acción de gracias por el feliz regreso, sin que hubiese perecido ninguno de ellos.

Imprudencia de los comandantes de Jerusalén

55 [3499] Pero mientras Judas y Jonatás estaban en el país de Galaad, y Simón, su hermano, en Galilea delante de Tolomaida,

56 José, hijo de Zacarías, y Azarías, comandante de las tropas, tuvieron noticia de estos felices sucesos, y de las batallas que se habían dado.

57 Y dijo aquél: “Hagamos también nosotros célebre nuestro nombre, y vamos a pelear contra las naciones circunvecinas”.

58 Y dando la orden a las tropas de su ejército, marcharon contra Jamnia.

59 Pero Gorgias salió con su gente fuera de la ciudad, para venir al encuentro de ellos y presentarles batalla.

60 Y fueron batidos José y Azarías, los cuales echaron a huir hasta las fronteras de Judea; pereciendo en aquel día hasta dos mil hombres del pueblo de Israel; habiendo sufrido el pueblo esta gran derrota,

61 [3500] por no haber obedecido las órdenes de Judas y de sus hermanos, imaginándose que harían maravillas.

62 [3501] Más ellos no eran de la estirpe de aquellos varones, por medio de los cuales había de ser salvado Israel.

63 Por el contrario, las tropas de Judas se adquirieron gran reputación, tanto en todo Israel, como entre las naciones todas, adonde llegaba el eco de su fama.

64 Y la gente les salía al encuentro con aclamaciones de júbilo.

Judas castiga a los idumeos y filisteos

65 Marchó después Judas con sus hermanos al país del mediodía a reducir a los hijos de Esaú, y se apoderó a la fuerza de Hebrón, y de sus aldeas, quemando sus muros y las torres que tenía alrededor.

66 [3502] De allí partió y se dirigió al país de las naciones extranjeras, y recorrió la Samaría.

67 En aquel tiempo murieron peleando unos sacerdotes por querer hacer proezas, y haber entrado imprudentemente en el combate.

68 Judas torció después hacia Azoto, país de los extranjeros, y derribó sus altares, quemó los simulacros de sus dioses, saqueó las ciudades, y con sus despojos se volvió a tierra de Judá.

Volver al Indice

1 Macabeos 6

Derrota de Antíoco en Persia

1 [3503] Entretanto el rey Antíoco recorriendo las provincias superiores, oyó que había en Persia una ciudad llamada Elimaida, muy célebre y abundante de plata y oro,

2 con un templo riquísimo, donde había velos con mucho oro, y corazas, y escudos que había dejado allí Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, el que reinó primero en Grecia.

3 Y fue allá con el fin de apoderarse de la ciudad, y saquearla; pero no pudo salir con su intento, porque llegando a entender su designio los habitantes,

4 [3504] salieron a pelear contra él, y tuvo que huir, y se retiró con gran pesar, volviéndose a Babilonia.

Tardío arrepentimiento de Antíoco

5 Y estando en Persia, le llegó la noticia de que había sido destrozado el ejército que se hallaba en el país de Judá,

6 y que habiendo pasado allá Lisias con grandes fuerzas fue derrotado por los judíos, los cuales se hacían más poderosos con las armas, municiones y despojos tomados al ejército destruido;

7 [3505] y de cómo habían igualmente ellos derrocado la abominación erigida por él sobre el altar de Jerusalén, y cercado asimismo el Santuario con altos muros, según estaba antes, y también a Betsura, su ciudad.

8 Oído que hubo el rey tales noticias, quedó pasmado y lleno de turbación, y se puso en cama, y enfermó de melancolía, viendo que no le habían salido las cosas como él se lo había imaginado.

9 [3506] Permaneció así en aquel lugar por muchos días; porque iba aumentándose su tristeza, de suerte que consintió en que se moría.

Muerte de Antíoco

10 Con esto llamó a todos sus amigos, y les dijo: “El sueño ha huido de mis ojos; mi corazón se ve abatido y oprimido de pesares,

11 he dicho en mi corazón: ¡A qué aflicción me veo reducido, y en qué abismo de tristeza me hallo, yo que estaba antes tan contento y querido, gozando de mi regia dignidad!

12 Mas ahora se me presentan a la memoria los males que causé en Jerusalén, de donde me traje todos los despojos de oro y plata que allí tomé, y cómo sin motivo alguno envié a exterminar los moradores de la Judea.

13 Yo reconozco ahora que por eso han llovido sobre mí tales desastres; y ved aquí que muero de profunda melancolía en tierra extraña.”

14 Llamó después a Filipo, uno de sus confidentes, y le nombró regente de todo su reino;

15 y le entregó la diadema, el manto real y el anillo, a fin de que fuese a encargarse de su hijo Antíoco, y le educase para ocupar el trono.

16 Y murió allí el rey Antíoco, el año ciento cuarenta y nueve.

Judas pone sitio a la ciudadela de Jerusalén

17 [3507] •Al saber Lisias la muerte del rey, proclamó a Antíoco, su hijo, a quien él había criado desde niño; y le puso el nombre de Eupator.

18 Entretanto los que ocupaban el alcázar tenían encerrado a Israel en los alrededores del Santuario; y procuraban siempre causarle daño, y acrecentar el partido de los gentiles.

19 Judas resolvió destruirlos, y convocó a todo el pueblo para ir a sitiarlos.

20 Reunida la gente comenzaron el sitio el año ciento cincuenta, y construyeron ballestas, y otras máquinas de guerra.

21 [3508] •Salieron fuera algunos de los sitiados, a los que se agregaron varios otros de los impíos del pueblo de Israel.

22 Y se fueron al rey, y le dijeron: “¿Cuándo, finalmente, harás tú justicia, y vengarás a nuestros hermanos?

23 Nosotros nos resolvimos a servir a tu padre, y obedecerle, y observar sus leyes.

24 Por esta causa nos tomaron aversión los de nuestro mismo pueblo, han dado muerte a todo el que han encontrado de nosotros, y han robado nuestros bienes;

25 y no tan sólo han ejercido su violencia contra nosotros, sino también por todo nuestro país.

26 Y he aquí que ahora han puesto sitio al alcázar de Jerusalén para apoderarse de él, y han fortificado a Betsura.

27 Si tú no obras con más actividad que ellos, harán aún cosas mayores que éstas, y no podrás tenerlos a raya.”

28 Se irritó el rey al oír esto, e hizo llamar a todos sus amigos, y a los principales oficiales de su ejército, y a los comandantes de la caballería.

29 Le llegaron también tropas asalariadas de otros reinos, y de las islas del mar,

30 de suerte que juntó un ejército de cien mil infantes con veinte mil hombres de caballería, y treinta y dos elefantes adiestrados para el combate.

Sitio de Betsura y batalla de Betzacara

31 Y entrando por la Idumea, vinieron a poner sitio a Betsura, y la combatieron por espacio de muchos días, e hicieron máquinas de guerra; pero habiendo hecho una salida (los sitiados), las quemaron y pelearon valerosamente.

32 [3509] A este tiempo levantó Judas el sitio del alcázar, y dirigió sus tropas hacia Betzacara, frente al campamento del rey.

33 Se levantó el rey antes de amanecer, e hizo marchar apresuradamente su ejército por el camino de Betzacara. Se prepararon para el combate ambos ejércitos, y dieron la señal con las trompetas.

34 Mostraron a los elefantes vino tinto y zumo de moras, a fin de incitarlos a la batalla;

35 y distribuyeron estos animales por las legiones, poniendo alrededor de cada elefante mil hombres armados de cotas de malla y morriones de bronce, y quinientos hombres escogidos de caballería cerca de cada elefante.

36 Estas tropas se hallaban anticipadamente en donde quiera que había de estar el elefante, e iban donde él iba, sin apartarse de él nunca.

37 [3510] Sobre cada una de estas bestias había una fuerte torre de madera, que les servía de defensa, y sobre la torre máquinas de guerra; yendo en cada torre treinta y dos hombres esforzados, los cuales peleaban desde ella, y un indio gobernaba la bestia.

38 El resto de la caballería, dividido en dos trozos, lo colocó en los flancos del ejército para excitarle con el sonido de las trompetas, y tener así encerradas las filas de sus legiones.

39 Así que salió el sol e hirió con sus rayos los broqueles de oro y de bronce, reflejaron éstos la luz en los montes, resplandeciendo como antorchas encendidas.

40 La una parte del ejército del rey caminaba por lo alto de los montes, y la otra por los lugares bajos, e iban avanzando con precaución y en buen orden.

41 Y todos los moradores del país estaban asombrados a las voces de aquella muchedumbre, y al movimiento de tanta gente, y al estruendo de sus armas; pues era grandísimo y muy poderoso aquel ejército.

42 Y se adelantó Judas con sus tropas para dar la batalla, y murieron del ejército del rey seiscientos hombres.

Acto heroico de Eleazar

43 [3511] Eleazar, hijo de Saura, observó un elefante que iba protegido con corazas regias, y que era más alto que todos los demás: y juzgó que iría encima de él el rey.

44 [3512] E hizo el sacrificio de sí mismo por libertar a su pueblo, y granjearse un nombre eterno.

45 Corrió animosamente hacia el elefante por en medio de la legión, matando a la diestra y la siniestra, y atropellando a cuantos se le ponían delante;

46 [3513] y fue a meterse debajo del vientre del elefante, y le mató; pero cayendo la bestia encima de él, le dejó muerto.

47 Mas los judíos, viendo las fuerzas e impetuosidad del ejército del rey, hicieron una retirada.

Se rinde Betsura

48 Entonces las tropas del rey fueron contra ellos por el camino de Jerusalén, y llegando a la Judea, acamparon junto al monte Sión.

49 [3514] EI rey hizo un tratado con los que estaban en Betsura; los cuales salieron de la ciudad, porque estando sitiados dentro de ella, no tenían víveres, por ser aquel año sabático para los campos.

50 De esta suerte, el rey se apoderó de Betsura, dejando en ella una guarnición para su custodia.

Sitio de Jerusalén

51 Asentó después sus reales cerca del lugar santo; donde permaneció muchos días, preparando allí ballestas, y otros ingenios para lanzar fuegos, y máquinas para arrojar piedras y dardos, e instrumentos para tirar saetas, y además de eso hondas.

52 Los sitiados hicieron también máquinas contra las de los enemigos, y se defendieron por muchos días.

53 Faltaban, empero, víveres, en la ciudad, por ser el año séptimo, y porque los gentiles que habían quedado en Judea habían consumido todos los repuestos.

54 Con esto quedó poca gente para los lugares santos; porque los soldados se hallaron acosados del hambre, y se desparramaron, yéndose cada cual a su lugar.

Pacto entre el rey y los judíos

55 [3515] En esto llegó a entender Lisias que Filipo, a quien el rey Antíoco, estando aún en vida, había encargado la educación de su hijo Antíoco para que ocupase el trono,

56 había vuelto de Persia y de la Media con el ejército que había ido con él, y que buscaba medios para apoderarse del gobierno del reino.

57 Por tanto, fue inmediatamente, y dijo al rey y a los generales del ejército: “Nos vamos consumiendo de día en día; tenemos pocos víveres; la plaza que tenemos sitiada está bien pertrechada; y lo que nos urge es arreglar los negocios del reino.

58 Ahora, pues, compongámonos con estas gentes, y hagamos la paz con ellas, y con toda su nación;

59 y dejémosles que vivan como antes según sus leyes; pues por amor de sus leyes, que hemos despreciado nosotros, se han encendido en cólera, y hecho todas estas cosas.”

60 Pareció bien al rey y a sus príncipes esta proposición; y envió a hacer la paz con los judíos, los cuales la aceptaron.

61 La confirmaron con juramento el rey y los príncipes; y salieron de la fortaleza los que la defendían.

62 Y entró el rey en el monte Sión, y observó las fortificaciones que en él había; pero violó luego el juramento hecho, mandando derribar el muro que había alrededor.

63 Partió después de allí a toda prisa, y se volvió a Antioquía, donde halló que Filipo se había hecho dueño de la ciudad; mas habiendo peleado contra él, la recobró.

Volver al Indice

1 Macabeos 7

Traición de Alcimo

1 [3516] El año ciento cincuenta y uno. Demetrio, hijo de Seleuco, salió de la ciudad de Roma, y llegó con poca comitiva a una ciudad marítima, y allí comenzó a reinar.

2 Y apenas entró en el reino de sus padres, cuando el ejército se apoderó de Antíoco y de Lisias, para presentárselos a él.

3 Mas así que lo supo, dijo: “Haced que no vea yo su cara”.

4 Con esto la misma tropa les quitó la vida, y Demetrio quedó sentado en el trono de su reino.

5 [3517] Y vinieron a presentársele algunos hombres malvados e impíos de Israel, cuyo caudillo era Alcimo, el cual pretendía ser Sumo Sacerdote.

6 Acusaron éstos a su nación delante del rey, diciendo: “Judas y sus hermanos han hecho perecer a todos tus amigos, y a nosotros nos han arrojado de nuestra tierra.

7 Envía, pues, una persona de tu confianza, para que vaya y vea todos los estragos que aquél nos ha causado a nosotros y a las provincias del rey y castigue a todos sus amigos y partidarios.”

Báquides y Alcimo cooperan contra Judas

8 En efecto, el rey eligió de entre sus amigos a Báquides, que tenía el gobierno de la otra parte del río, magnate del reino, y de la confianza del rey; y le envió

9 a reconocer las vejaciones que había hecho Judas; confirió además el pontificado al impío Alcimo, al cual dio orden de castigar a los hijos de Israel.

10 Se pusieron en camino, y entraron con un grande ejército en el país de Judá; y enviaron mensajeros a Judas y a sus hermanos para engañarlos con buenas palabras.

11 Pero éstos no quisieron fiarse de ellos, viendo que habían venido con un poderoso ejército.

Alcimo quebranta el juramento

12 [3518] Sin embargo, el colegio de los escribas pasó a estar con Alcimo y con Báquides para hacerles algunas proposiciones justas.

13 [3519] Al frente de estos hijos de Israel iban los asideos, los cuales les pedían la paz.

14 Porque decían: Un sacerdote de la estirpe de Aarón es el que viene a nosotros. No es de creer que nos engañe.

15 Y les habló palabras de paz, y les juro, diciendo: “No os haremos daño alguno ni a vosotros ni a vuestros amigos”.

16 Dieron ellos crédito a su palabra; pero él hizo prender a sesenta de los mismos, y en un día les hizo quitar la vida; conforme a lo que está escrito:

17 [3520] “Alrededor de Jerusalén arrojaron los cuerpos de tus santos, y su sangre; ni hubo quien les diese sepultura”.

18 Con esto, se apoderó de todo el pueblo un grande temor y espanto, y decían: No se encuentra verdad ni justicia en estas gentes; pues han quebrantado el tratado y el juramento que hicieron.

Crímenes de Báquides

19 Levantó Báquides sus reales de Jerusalén, y fue a acamparse junto a Betceca, desde donde envió a prender a muchos que habían abandonado su partido; haciendo degollar a varios del pueblo, y que los arrojaran en un profundo pozo.

20 Encargó después el gobierno del país a Alcimo, dejándole un cuerpo de tropas que le sostuviera; y se volvió Báquides adonde estaba el rey.

Judas prevalece contra Alcimo

21 Hacía Alcimo todos sus esfuerzos para asegurarse en su pontificado;

22 y habiéndose unido a él todos los revoltosos del pueblo, se hicieron dueños de toda la tierra de Judá, y causaron grandes estragos en Israel.

23 Viendo Judas todos los males que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, y que eran mucho peores que los causados por los gentiles

24 salió a recorrer todo el territorio de la Judea, y castigó a estos desertores; de suerte que no volvieron a hacer más excursiones por el país.

25 Mas cuando Alcimo vio que Judas y sus gentes ya prevalecían, y que él no podía resistirles, se volvió a ver al rey, y los acusó de muchos delitos.

Entrevista entre Judas y Nicanor

26 Entonces el rey envió a Nicanor, uno de sus más ilustres magnates, y enemigo declarado de Israel, con la orden de acabar con este pueblo.

27 Pasó Nicanor a Jerusalén con un grande ejército, y envió sus emisarios a Judas y a sus hermanos para engañarlos con palabras de paz,

28 diciéndoles: “No haya guerra entre mí y vosotros. Yo pasaré con poca comitiva a veros y tratar de paz”.

29 [3521] En efecto, fue Nicanor a ver a Judas; y se saludaron mutuamente como amigos; pero los enemigos estaban prontos para apoderarse de Judas.

30 Y llegando Judas a entender que habían venido con mala intención, temió y no quiso volver a verle más.

31 [3522] Conoció entonces Nicanor que estaba descubierta su trama; y salió a pelear contra Judas junto a Cafarsalama,

32 donde quedaron muertos como unos cinco mil hombres del ejército de Nicanor; y se retiraron a la ciudad de David.

Judas derrota el ejército de Nicanor

33 [3523] Después de esto subió Nicanor al monte Sión, y salieron a saludarle pacíficamente algunos sacerdotes del pueblo, y hacerle ver los holocaustos que se ofrecían por el rey.

34 Mas él los recibió con desprecio y mofa, los contaminó y les habló con arrogancia,

35 y lleno de cólera les juró diciendo: “Si no entregáis en mis manos a Judas y a su ejército, inmediatamente que yo vuelva victorioso, abrasaré esta casa”. Y se marchó sumamente enfurecido.

36 [3524] Entonces los sacerdotes entraron en el Templo a presentarse ante el altar, y llorando dijeron:

37 “Señor, Tú elegiste esta Casa a fin de que en ella fuese invocado tu Nombre, y fuese un lugar de oración y de plegarias para tu pueblo.

38 Toma venganza de este hombre y su ejército, y perezcan al filo de la espada. Ten presentes sus blasfemias, y no les permitas que subsistan”.

39 Habiendo partido Nicanor de Jerusalén, fue a acamparse cerca de Bethorón, y allí se le juntó el ejército de Siria.

40 Judas acampó en Adarsa con tres mil hombres, e hizo oración a Dios en estos términos:

41 [3525] “Señor, cuando los enviados del rey Senaquerib blasfemaron contra Ti, vino un Ángel que les mató ciento ochenta y cinco mil hombres.

42 Extermina hoy del mismo modo a nuestra vista ese ejército; y sepan todos los demás que Nicanor ha hablado indignamente contra tu Santuario, y júzgale conforme a su maldad.”

43 La batalla se dio el día trece del mes de Adar; y quedó derrotado el ejército de Nicanor, siendo él el primero que murió en el combate.

44 Viendo los soldados de Nicanor que éste había muerto, arrojaron las armas, y echaron a huir.

45 Los judíos los siguieron al alcance toda una jornada desde Adacer hasta la entrada de Gazara, y al ir tras de ellos tocaban las trompetas dando señales.

46 Con esto salían gentes de todos los pueblos de la Judea situados en las cercanías, y cargando sobre ellos con denuedo, los hacían retroceder; de suerte que fueron todos pasados a cuchillo, sin que escapara ni siquiera uno.

Celebración del triunfo

47 Apoderáronse En seguida se apoderaron de sus despojos, y cortaron la cabeza a Nicanor, y su mano derecha, la cual había levantado él insolentemente, y las llevaron y colgaron a la vista de Jerusalén.

48 Se alegró sobremanera el pueblo, y pasaron aquel día en grande regocijo.

49 [3526] Y ordenó que se celebrase todos los años esta fiesta a trece del mes de Adar.

50 Y la tierra de Judá quedó en reposo por algún tiempo.

Volver al Indice

1 Macabeos 8

Alianza de Judas con los romanos

1 [3527] Y oyó Judas la reputación de los romanos, y que eran poderosos, y se prestaban a todo cuanto se les pedía, y que habían hecho amistad con todos los que se habían querido unir a ellos, y que era muy grande su poder.

2 [3528] Había también oído hablar de sus guerras, y de las proezas que hicieron en Galacia, de la cual se habían enseñoreado y hecho tributaria suya;

3 y de las cosas grandes obradas en España, y cómo se habían hecho dueños de las minas de plata y de oro que hay allí, conquistando todo aquel país a esfuerzos de su prudencia y constancia;

4 que asimismo habían sojuzgado regiones sumamente remotas, y destruido reyes, que en las extremidades del mundo se habían movido contra ellos, habiéndolos abatido enteramente, y que los demás les pagaban tributo cada año;

5 [3529] cómo también habían vencido en batalla, y sujetado a Filipo y a Perseo, rey de los ceteos, y a los demás que habían tomado las armas contra ellos;

6 [3530] que Antíoco el grande, rey de Asia, el cual les había acometido con un ejército sumamente poderoso, en donde iban ciento veinte elefantes, muchísima caballería y carros de guerra, fue asimismo enteramente derrotado;

7 cómo además le prendieron vivo, y lo obligaron tanto a él como a sus sucesores a pagarles un grande tributo, y a que diese rehenes, y lo demás que se había pactado,

8 [3531] y el país de los indios, el de los medos, y el de los lidios, sus provincias más excelentes, y cómo después de haberlas recibido de ellos, las dieron al rey Eumenes.

9 Cómo habían querido los griegos ir contra los romanos para destruirlos; y que al saberlo éstos

10 enviaron en contra uno de sus generales, y dándoles batalla les mataron mucha gente, y se llevaron cautivas a las mujeres con sus hijos; saquearon todo el país, y se hicieron dueños de él; derribaron los muros de sus ciudades, y redujeron aquellas gentes a la servidumbre, como lo están hasta el día de hoy;

11 y cómo habían asolado y sometido a su imperio los otros reinos e islas que habían tomado las armas contra ellos;

12 [3532] pero que con sus amigos, y con los que se entregaban con confianza en sus manos, guardaban amistad; y que se habían enseñoreado de los reinos, ya fuesen vecinos, ya lejanos, porque cuantos oían su nombre, los temían;

13 [3533] que aquellos a quienes ellos querían dar auxilio para que reinasen, reinaban en efecto; y al contrario, quitaban el reino a quienes querían; y que se habían elevado a un sumo poder;

14 que sin embargo de todo esto, ninguno de entre ellos ceñía su cabeza con corona, ni vestía púrpura para ensalzarse con ella;

15 y que habían formado un senado compuesto de trescientas veinte personas, y que cada día se trataban en este consejo los negocios públicos, a fin de que se hiciese lo conveniente;

16 [3534] y que se confiaba cada año la magistratura a un solo hombre, para que gobernase todo el estado, y que todos obedecían a uno solo, sin que hubiese entre ellos envidia ni celos.

17 Judas, pues, eligió a Eupólemo, hijo de Juan, que lo era de Jacob, y a Jasón, hijo de Eleázaro, y los envió a Roma para establecer amistad y alianza con ella,

18 a fin de que los libertasen del yugo de los griegos; pues estaban viendo cómo tenían éstos reducido a esclavitud el reino de Israel.

19 En efecto, luego de un viaje muy largo, llegaron aquéllos a Roma, y habiéndose presentado al senado, dijeron:

20 “Judas Macabeo y sus hermanos y el pueblo judío nos envían para establecer alianza y paz con vosotros, a fin de que nos contéis en el número de vuestros aliados y amigos”.

21 Les pareció bien a los romanos esta proposición.

Texto del pacto

22 Y he aquí el rescripto que hicieron grabar en láminas de bronce, y enviaron a Jerusalén para que lo tuviesen allí los judíos como un monumento de paz y alianza.

23 “Dichosos sean por mar y tierra eternamente los romanos y la nación de los judíos, y aléjense de ellos la guerra y el enemigo.

24 Pero si sobreviniere alguna guerra a los romanos, o a alguno de sus aliados en cualquiera parte de sus dominios,

25 los auxiliará la nación de los judíos de todo corazón, según lo exigieren las circunstancias,

26 sin que los romanos tengan que dar y suministrar a las tropas que envían, ni víveres, ni armas, ni dinero, ni naves, porque así ha parecido a los romanos; y (los judíos) les obedecerán sin recibir de ellos la paga.

27 De la misma manera si primero sobreviniese alguna guerra a los judíos, los auxiliarán de corazón los romanos, según la ocasión se lo permitiere;

28 sin que los judíos tengan que abastecer a las tropas auxiliares, ni de víveres, ni de armas, ni de dinero, ni de naves, porque así ha parecido a los romanos; y les obedecerán sinceramente.

29 Éste es el pacto que hacen los romanos con los judíos.

30 Mas si en lo venidero los unos o los otros quisieren añadir o quitar alguna cosa de lo que va expresado, lo harán de común consentimiento, y todo cuanto añadieren o quitaren permanecerá firme.

31 Por lo que mira a las injurias que el rey Demetrio ha hecho a los judíos, nosotros le hemos escrito, diciéndole: ¿Por qué has oprimido con yugo tan pesado a los judíos, amigos que son y aliados nuestros?

32 Como vengan, pues, ellos de nuevo a quejarse a nosotros, les haremos justicia contra ti, y te haremos guerra por mar y tierra.”

Volver al Indice

1 Macabeos 9

Nueva invasión de Báquides

1 Entretanto, así que Demetrio supo que Nicanor con todas sus tropas había perecido en el combate, envió de nuevo a Báquides y a Alcimo a la Judea, y con ellos el ala derecha de su ejército.

2 Se dirigieron por el camino que va a Gálgala, y acamparon en Masalot, que está en Arbellas; la cual tomaron, y mataron mucha gente.

3 [3535] En el primer mes del año ciento cincuenta y dos se acercaron con el ejército a Jerusalén;

4 [3536] de donde salieron y se fueron a Berea en número de veinte mil hombres y dos mil caballos.

Superioridad del enemigo y temor de los judíos

5 Había Judas sentado su campo en Laisa, y tenía consigo tres mil hombres escogidos.

6 Mas cuando vieron la gran muchedumbre de tropas, se llenaron de gran temor, y desertaron muchos del campamento; de suerte que no quedaron más que ochocientos hombres.

7 [3537] Viendo Judas reducido a tan corto número su ejército, y que el enemigo le estrechaba de cerca, perdió el ánimo; pues no tenía tiempo para ir a reunir tropas, y desmayó.

8 Con todo, dijo a los que le habían quedado: “Ea, vamos contra nuestros .enemigos, y veamos si podemos batirlos”.

9 Mas ellos procuraban disuadirle de eso, diciendo: “De ningún modo podemos; pongámonos más bien en salvo, yéndonos a incorporar con nuestros hermanos, y después volveremos a pelear con ellos; ahora somos nosotros pocos”.

10 [3538] “Líbrenos Dios, respondió Judas, de huir de ellos; si ha llegado nuestra hora, muramos valerosamente en defensa de nuestros hermanos, y no echemos un borrón a nuestra gloria.”

Muerte gloriosa de Judas

11 A este tiempo salió de sus reales el ejército, y vino a su encuentro. La caballería iba dividida en dos cuerpos; los honderos y los flecheros ocupaban el frente del ejército, cuya vanguardia componían los soldados más valientes.

12 Báquides estaba en el ala derecha, y los batallones avanzaron por ambos lados, tocando al mismo tiempo las trompetas.

13 Los soldados de Judas alzaron también ellos el grito, de suerte que la tierra se estremeció con el estruendo de los ejércitos, y duró el combate desde la mañana hasta caída la tarde.

14 Habiendo conocido Judas que el ala derecha del ejército de Báquides era la más fuerte, tomó consigo los más valientes de su tropa,

15 [3539] y derrotándola, persiguió a los que la componían hasta el monte de Azoto.

16 Mas los que estaban en el ala izquierda, al ver desbaratada la derecha, fueron por la espalda en seguimiento de Judas y de su gente;

17 y encendiéndose con más vigor la pelea, perdieron muchos la vida de una y otra parte.

18 Cayó también Judas y los restantes huyeron.

Judas es enterrado en el sepulcro de sus padres

19 Recogieron después Jonatás y Simón el cuerpo de su hermano Judas, y le enterraron en el sepulcro de sus padres en la ciudad de Modín.

20 Y todo el pueblo de Israel manifestó un gran sentimiento, y le lloró por espacio de muchos días.

21 [3540] ¡Cómo es, decían, que ha perecido el campeón que salvaba al pueblo de Israel!

22 [3541] Las otras guerras de Judas, y las grandes hazañas que hizo, y la magnanimidad de su corazón no se han descrito, por ser excesivamente grande su número.

III. Jonatás, jefe y pontífice

Jonatás es elegido jefe

23 Y sucedió que muerto Judas, se manifestaron en Israel por todas partes los hombres perversos, y se dejaron ver todos los que obraban la maldad.

24 Por este tiempo sobrevino una grandísima hambre, y todo el país con sus habitantes se sujetó a Báquides;

25 el cual escogió hombres perversos, y los puso por comandantes del país.

26 Andaban éstos buscando, y pesquisaban a los amigos de Judas, y los llevaban a Báquides, quien se vengaba de ellos, y les hacía mil oprobios.

27 [3542] Fue grande la tribulación de Israel, y tal que no se había experimentado semejante desde el tiempo en que dejó de verse profeta en Israel.

28 En esto, se juntaron todos los amigos de Judas, y dijeron a Jonatás:

29 “Después que murió tu hermano Judas, no hay ninguno como él que salga contra nuestros enemigos, que son Báquides y los enemigos de nuestra nación.

30 Por tanto, te elegimos hoy en su lugar, para que seas nuestro príncipe, y el caudillo en nuestras guerras”.

31 Aceptó entonces Jonatás el mando, y ocupó el lugar de su hermano Judas.

Huida de Jonatás al desierto

32 Sabedor de esto Báquides, buscaba medios para quitarle la vida;

33 [3543] pero habiéndolo llegado a entender Jonatás, y Simón, su hermano, con todos los que le acompañaban, huyeron al desierto de Tecuá, e hicieron alto junto al lago de Asfar.

34 Báquides lo supo, y marchó él mismo con todo su ejército, en día de sábado, al otro lado del Jordán.

35 [3544] Entonces Jonatás envió a su hermano, caudillo del pueblo, a rogar a los nabuteos, sus amigos, que les prestasen su tren de guerra, que era grande.

36 [3545] Pero saliendo de Madaba los hijos de Jambri, tomaron prisionero a Juan y cuanto conducía, y se fueron con todo.

37 De allí a poco dieron noticia a Jonatás y a su hermano Simón, de que los hijos de Jambri celebraban unas grandes bodas, y que llevaban desde Madaba con mucha pompa la novia, la cual era hija de los grandes príncipes de Canaán.

38 Se acordaron entonces de la sangre derramada de Juan su hermano, y fueron, y se escondieron en las espesuras de un monte.

39 En este estado, levantando sus ojos, vieron a cierta distancia una multitud de gentes, y un magnífico aparato; pues había salido el novio con sus amigos y parientes a recibir a la novia, al son de tambores e instrumentos músicos, con mucha gente armada.

40 Entonces saliendo de su emboscada, se echaron sobre ellos, y mataron e hirieron a muchos, huyendo los demás a los montes; con lo cual se apoderaron de todos sus despojos;

41 de suerte que las bodas se convirtieron en duelo, y sus conciertos de música, en lamentos.

42 [3546] Vengaron de este modo la sangre de su hermano, y se volvieron hacia la ribera del Jordán.

Primera batalla de Jonatás con Báquides

43 Luego que lo supo Báquides, vino con un poderoso ejército en un día de sábado a la orilla del Jordán.

44 Entonces Jonatás dijo a los suyos: “Ea, vamos a pelear contra nuestros enemigos; pues no nos hallamos nosotros en la situación de ayer y demás días anteriores.

45 Vosotros veis que tenemos de frente a los enemigos; hacia derecha e izquierda, las aguas del Jordán, con sus riberas, y pantanos, y bosques, sin que nos quede medio para escapar.

46 Ahora clamad al cielo, para que seáis librados de vuestros enemigos”. Y se trabó luego el combate;

47 en el cual levantó Jonatás su brazo para matar a Báquides; pero evitó éste el golpe, retirando su cuerpo hacia atrás.

48 En fin, Jonatás y los suyos se arrojaron al Jordán, y le pasaron a nado, a la vista de sus enemigos.

49 Y habiendo perecido en aquel día mil hombres del ejército de Báquides, volvieron (los enemigos) a Jerusalén.

50 [3547] Después reedificaron las plazas fuertes de Judea, y fortificaron con altos muros, con puertas y barras de hierro las ciudadelas de Jericó, de Amaum, de Bethorón, de Betel, de Tamnata, de Fara y de Topo.

51 En ellas puso guarniciones, para que hicieran correrías contra Israel.

52 Fortificó también la ciudad de Betsura, y la de Gazara y el alcázar, poniendo en todas partes guarnición y víveres.

53 [3548] Tomó después en rehenes los hijos de las primeras familias del país, y los tuvo custodiados en el alcázar de Jerusalén.

Muerte de Alcimo

54 [3549] En el segundo mes del año ciento cincuenta y tres, mandó Alcimo derribar las murallas de la parte interior del Templo, y que se destruyesen las obras de los profetas y comenzó con efecto la demolición.

55 [3550] Le hirió entonces el Señor y no pudo acabar lo que había comenzado; perdió el habla, y quedó baldado de parálisis, sin poder pronunciar una palabra más, ni dar disposición alguna en los asuntos de su casa.

56 Y murió Alcimo de allí a poco, atormentado de grandes dolores.

Báquides vuelve a su país

57 Viendo Báquides que había muerto Alcimo, se volvió adonde estaba el rey, y quedó el país en reposo por dos años.

58 [3551] Pero los malvados todos formaron el siguiente designio: “Jonatás, dijeron, y los que con él están, viven en sosiego y descuidados; ahora es tiempo de hacer venir a Báquides y de que los sorprenda a todos en una noche”.

59 Fueron a verse con él, y le propusieron este designio.

60 Báquides se puso luego en camino con un poderoso ejército, y envió secretamente sus cartas a los que seguían su partido en la Judea, a fin de que pusiesen presos a Jonatás y a los que le acompañaban; mas no pudieron hacer nada, porque estos fueron advertidos de su designio.

Derrota de Báquides en Betbesen

61 Entonces (Jonatás) prendió a cincuenta personas del país, que eran los principales jefes de aquella conspiración, y les quitó la vida.

62 [3552] En seguida Jonatás se retiró con Simón y los de su partido a Betbesen, que está en el desierto; repararon sus ruinas, y la pusieron en estado de defensa.

63 Tuvo noticia de esto Báquides, y juntando todas sus tropas, y avisando a los que tenía en Judea.

64 Vino a acampar sobre Betbesen, a la cual tuvo sitiada por mucho tiempo, haciendo construir máquinas de guerra.

65 Pero Jonatás, dejando en la ciudad a su hermano Simón, fue a recorrer el país, y volviendo con un buen cuerpo de tropa,

66 [3553] derrotó a Odaren, y a sus hermanos, y a los hijos de Faserón en sus propias tiendas, y comenzó a hacer destrozo, y a dar grandes muestras de su valor.

67 Simón, empero, y sus tropas salieron de la ciudad, y quemaron las máquinas de guerra; atacaron a Báquides y le derrotaron, causándole grandísimo pesar por ver frustrados sus designios y tentativas.

69 Y así, lleno de cólera contra aquellos hombres perversos que le habían aconsejado venir a su país, hizo matar a muchos de ellos, y resolvió volverse a su tierra con el resto de sus tropas.

Pacto entre Jonatás y Báquides

70 Sabedor de esto Jonatás, le envió embajadores para ajustar la paz con él y que les entregara los prisioneros.

71 Báquides los recibió gustosamente, y consintiendo en lo que proponía Jonatás, juró que en todos los días de su vida no volvería a hacerle mal ninguno.

72 Le entregó, asimismo, los prisioneros que había hecho antes en el país de Judá; después de lo cual partió para su tierra, y no quiso volver más a la Judea.

73 [3554] Con esto cesó la guerra en Israel; y Jonatás fijó su residencia en Macmás, donde comenzó a gobernar la nación, y exterminó de Israel a los impíos.

Volver al Indice

1 Macabeos 10

Jonatás recibe grandes favores de parte del rey Demetrio

1 [3555] El año ciento sesenta Alejandro, hijo de Antíoco el ilustre, subió a ocupar a Tolemaida, y fue recibido, y empezó allí a reinar.

2 Así que lo supo el rey Demetrio, levantó un poderoso ejército, y marchó a pelear contra él.

3 Envió también una carta a Jonatás llena de paz y de grandes elogios.

4 Porque pensó: Anticipémonos a hacer con él la paz, antes que la haga con Alejandro en daño nuestro;

5 pues él se acordará de los males que le hemos hecho tanto a él como a su hermano y a su nación.

6 Le dio facultad para levantar un ejército y fabricar armas; le declaró su aliado, y mandó que se le entregasen los que estaban en rehenes en el alcázar.

Reedificación y fortificación de la ciudad

7 Entonces Jonatás pasó a Jerusalén, y leyó las cartas delante de todo el pueblo, y de los que estaban en el alcázar;

8 y se intimidaron estos en gran manera al oír que el rey le daba facultad de levantar un ejército.

9 Se entregaron luego a Jonatás los rehenes, el cual los volvió a sus padres.

10 [3556] Fijó Jonatás su residencia en Jerusalén, y comenzó a reedificar y restaurar la ciudad.

11 [3557] Y mandó a los arquitectos que levantasen una muralla de piedras cuadradas alrededor del monte Sión, para que quedase bien fortificado; y así lo hicieron.

12 Entonces los extranjeros que estaban en las fortalezas construidas por Báquides, huyeron,

13 y abandonando sus puestos se fue cada cual a su país.

14 Sólo en Betsura quedaron algunos de aquellos que habían abandonado la Ley y los preceptos de Dios; porque esta fortaleza era su refugio.

El pretendiente Alejandro nombra a Jonatás sumo sacerdote

15 Entretanto llegaron a oídos de Alejandro las promesas que Demetrio había hecho a Jonatás, y le contaron las batallas y acciones gloriosas de Jonatás y de sus hermanos, y los trabajos que habían padecido.

16 Y dijo: “¿Podrá haber acaso otro varón como éste? Pensemos, pues, en hacerle nuestro amigo y aliado”.

17 Con esta mira le escribió, enviándole una carta concebida en los términos siguientes:

18 “El rey Alejandro a su hermano Jonatás, salud:

19 Hemos sabido que eres un hombre de valor, y digno de ser nuestro amigo.

20 [3558] Por lo tanto, te constituimos hoy Sumo Sacerdote de tu nación, y queremos además que tengas el título de amigo del rey, y que tus intereses estén unidos a los nuestros, y que conserves amistad con nosotros”. Y le envió la vestidura de púrpura y la corona de oro.

21 [3559] En efecto, en el séptimo mes del año ciento sesenta, Jonatás se vistió la estola santa, en el día solemne de los tabernáculos; y levantó un ejército, e hizo fabricar gran multitud de armas.

Demetrio promete nuevos y grandes favores

22 Así que supo Demetrio estas cosas se entristeció sobremanera, y dijo:

23 “¿Cómo hemos dado lugar a que Alejandro se nos haya adelantado en conciliar la amistad de los judíos para fortalecer su partido?

24 Voy yo también a escribirles cortésmente, ofreciéndoles dignidades y dádivas, para empeñarlos a unirse conmigo en mi auxilio”.

25 Y les escribió en estos términos: “El rey Demetrio a la nación de los judíos, salud:

26 [3560] Hemos sabido, con mucho placer, que habéis mantenido la alianza que teníais hecha con nosotros; y que sois constantes en nuestra amistad, sin haberos coligado con nuestros enemigos.

27 Perseverad como hasta aquí, guardándonos la misma fidelidad, y os recompensaremos ampliamente lo que habéis hecho por nosotros.

28 Os perdonaremos muchos impuestos, y os haremos muchas gracias.

29 [3561] Desde ahora a vosotros y a todos los judíos os eximo de tributos; os condono los impuestos sobre la sal; os perdono las coronas y la tercera parte de la simiente.

30 [3562] Además os cedo, desde hoy en adelante, la mitad de los frutos de los árboles, que me corresponde, por lo cual no se exigirá más de la tierra de Judá, ni tampoco de las tres ciudades de Samaría y de Galilea que se le han agregado; y así será desde hoy para siempre.

31 Quiero también que Jerusalén sea santa, y que quede libre con todo su territorio, y que los diezmos y tributos sean para ella.

32 [3563] Os entrego también el alcázar de Jerusalén, y se lo doy al Sumo Sacerdote para que ponga en él la gente que él mismo escogiere para su defensa.

33 Concedo además gratuitamente la libertad a todos los judíos que se trajeron cautivos de la tierra de Judá, en cualquier parte de mi reino que se hallen, eximiéndolos de pagar tributos por sí y también por sus ganados.

34 [3564] Todos los días solemnes, los sábados, las neomenias y los días establecidos, y los tres días antes y después de una fiesta solemne, sean días de inmunidad y de libertad para todos los judíos que hay en mi reino;

35 de modo que nadie podrá proceder contra ellos, ni llamarlos a juicio por ningún motivo.

36 [3565] Sean también admitidos en el ejército del rey hasta treinta mil judíos, los cuales serán mantenidos de igual modo que todas las tropas reales, y se echará mano de ellos para ponerlos de guarnición en las fortalezas del gran rey.

37 Igualmente se escogerán de éstos algunas personas, a las cuales se encarguen los negocios del reino que exigen gran confianza. Sus jefes serán elegidos de entre ellos mismos, y vivirán conforme a sus leyes, según el rey ha ordenado para el país de Judá.

38 Repútense asimismo en un todo, como la misma Judea, las tres ciudades de la provincia de Samaría incorporadas a Judea, de suerte que no dependan más que de un jefe, ni reconozcan otra potestad que la del Sumo Sacerdote.

39 Hago donación de Tolemaida con su territorio al Templo de Jerusalén para los gastos necesarios del Santuario;

40 [3566] y le consigno todos los años quince mil siclos de plata de los derechos reales que me pertenecen.

41 Y todo aquello que ha quedado atrasado, y han dejado de pagar mis administradores en los años precedentes, se entregará desde ahora para la reparación del Templo.

42 [3567] Y por lo que hace a los cinco mil siclos de plata que aquéllos recaudaban cada año por cuenta de las rentas del Santuario, también pertenecerán éstos a los sacerdotes que están ejerciendo las funciones de su ministerio.

43 Asimismo todos aquellos que, siendo responsables al rey, por cualquier motivo que sea se refugiaren en el Templo de Jerusalén, o en cualquier parte de su recinto, quedarán inmunes, y gozarán libremente de todos los bienes que posean en mi reino.

44 Y el gasto de lo que se edifique o repare en el Santuario correrá por cuenta del rey;

45 como también lo que se gaste para restaurar los muros de Jerusalén, y fortificarlos por todo alrededor, y para las murallas que deben levantarse en Judea.

Jonatás desconfía del rey Demetrio y presta su ayuda a Alejandro

46 Habiendo oído Jonatás y el pueblo estas proposiciones, no las creyeron sinceras, ni las quisieron aceptar; porque se acordaban de los grandes males que había hecho en Israel, y cuan duramente los había oprimido.

47 Y así se inclinaron más bien a complacer a Alejandro, pues había sido el primero que les había hablado de paz, y con efecto le auxiliaron constantemente.

48 [3568] En esto, juntó el rey Alejandro un grande ejército, y marchó con sus tropas contra Demetrio.

49 Y se dieron la batalla ambos reyes; y habiendo sido puestas en fuga las tropas de Demetrio las fue siguiendo Alejandro, y cargó sobre ellas.

50 [3569] Fue muy recio el combate, hasta ponerse el sol; y murió Demetrio en aquel día.

Alianza de Alejandro con Egipto

51 Después de esto Alejandro envió sus embajadores a Ptolomeo, rey de Egipto, para que le dijesen:

52 “Puesto que he vuelto a mi reino, y me hallo sentado en el trono de mis padres, y he recobrado mis estados, y entrado en posesión de mis dominios con la derrota de Demetrio,

53 a quien deshice en batalla campal, por cuyo motivo ocupo el trono que él poseía;

54 establezcamos ahora entre nosotros una mutua amistad; y concédeme por esposa a tu hija, con lo cual seré yo tu yerno, y te presentaré tanto a ti como a ella regalos dignos de tu persona.”

55 A lo que el rey Ptolomeo respondió diciendo: “¡Bendito sea el día en que has vuelto a entrar en la tierra de tus padres, y te has sentado en el trono de su reino!

56 Yo estoy pronto a concederte lo que me has escrito; mas ven hasta Tolemaida, para que nos veamos allí ambos, y te entregue yo mi hija por esposa, conforme me pides.”

57 [3570] Partió Ptolomeo de Egipto con su hija Cleopatra, y vino a Tolemaida el año ciento sesenta y dos.

58 Y fue Alejandro a encontrarla allí; y Ptolomeo le dio su hija Cleopatra por esposa, celebrándose sus bodas en dicha ciudad de Tolemaida, con una magnificencia verdaderamente real.

Jonatás es invitado por Alejandro y colmado de honores

59 El rey Alejandro escribió también a Jonatás que viniese a verle;

60 y en efecto, habiendo pasado a Tolemaida con grande pompa, visitó a los dos reyes, les presentó mucha plata y oro y regalos, y ellos le recibieron con mucho agrado.

61 Entonces algunos hombres corrompidos y malvados de Israel se conjuraron para presentar una acusación contra él; mas el rey no quiso darles oídos.

62 Antes bien mandó que a Jonatás le quitasen sus vestidos, y le revistiesen de púrpura. Y así se ejecutó. Después de lo cual, el rey le mandó sentar a su lado.

63 [3571] Luego dijo a sus magnates: “Id con él por medio de la ciudad, y haced publicar que nadie por ningún título forme acusación contra él, ni le moleste, sea por cualquier cosa que fuere”.

64 Así que los acusadores vieron la honra que se hacía a Jonatás, y lo que se había pregonado, y cómo iba revestido de púrpura, echaron a huir todos.

65 El rey le elevó a grandes honores, y le contó entre sus principales amigos. Le hizo general, y le dio parte en el gobierno.

66 Después de lo cual se volvió Jonatás a Jerusalén en paz, y lleno de gozo.

Jonatás se apodera de Jope y derrota a Apolonio

67 [3572] El año ciento sesenta y cinco, Demetrio, hijo de Demetrio, vino desde Creta a la tierra de sus padres;

68 y habiéndolo sabido el rey Alejandro, tuvo de ello gran pena, y se volvió a Antioquía.

69 Y el rey Demetrio hizo general de sus tropas a Apolonio, que era gobernador de la Celesiria, el cual juntó un grande ejército, y se acercó a Jamnia,

70 y envió a decir a Jonatás, Sumo Sacerdote, estas palabras: “Tú eres el único que nos haces resistencia; y yo he llegado a ser un objeto de escarnio y oprobio, a causa de que tú te haces fuerte en los montes contra nosotros.

71 [3573] Ahora bien si tienes confianza en tus tropas, desciende a la llanura, y mediremos allí nuestras fuerzas; pues el valor militar en mí reside.

72 Infórmate, sino, y sabrás quién soy yo, y quiénes son los que vienen en mi ayuda; los cuales dicen que vosotros no podréis sosteneros en nuestra presencia; porque dos veces fueron tus mayores puestos en fuga en su propio país.

73 ¿Cómo ahora podrás resistir el ímpetu de la caballería y de un ejército tan poderoso en una llanura, donde no hay piedras ni peñas, ni lugar para huir?”

74 Así que Jonatás oyó estas palabras de Apolonio, se alteró su ánimo; y escogiendo diez mil hombres, partió de Jerusalén, saliendo a incorporarse con él su hermano Simón para ayudarle.

75 [3574] Fueron a acamparse junto a la ciudad de Jope; la cual le cerró las puertas, porque Jope tenía guarnición de Apolonio, y así hubo de ponerla sitio.

76 Pero atemorizados los que estaban dentro, le abrieron las puertas, y Jonatás se apoderó de Jope.

77 Habiéndolo sabido Apolonio se acercó con tres mil caballos y un ejército numeroso;

78 [3575] y marchando como para ir a Azoto, bajó sin perder tiempo a la llanura; pues tenía mucha caballería, en la cual llevaba puesta su confianza. Jonatás le siguió hacia Azoto, y allí se dio la batalla.

79 Había dejado Apolonio en el campo, a espaldas de los enemigos, mil caballos en emboscada.

80 Supo Jonatás esta emboscada que los enemigos habían dejado a sus espaldas; los cuales le cercaron en su campo, y estuvieron arrojando dardos sobre sus gentes desde la mañana hasta la tarde.

81 Pero los de Jonatás se mantuvieron inmobles, conforme él había ordenado; y se fatigó mucho la caballería enemiga.

82 Entonces Simón hizo avanzar su gente, y acometió a la infantería, pues la caballería estaba ya cansada, y la derrotó y puso en fuga.

83 [3576] Los que se dispersaron por el campo, se refugiaron en Azoto, y se metieron en la casa de su ídolo Dagón para salvarse allí.

84 Pero Jonatás puso fuego a Azoto, y a las ciudades circunvecinas, después de haberlas saqueado; y abrasó el templo de Dagón con cuantos en él se habían refugiado;

85 y entre pasados a cuchillo y quemados, perecieron cerca de ocho mil hombres.

86 Levantó luego Jonatás el campo, y se aproximó a Ascalón, cuyos ciudadanos salieron a recibirle con grandes agasajos.

87 Después regresó a Jerusalén con sus tropas cargadas de despojos.

88 Así que el rey Alejandro supo todos estos sucesos, concedió nuevamente mayores honores a Jonatás,

89 [3577] y le envió la hebilla de oro, que se acostumbraba dar a los parientes del rey; y le dio el dominio de Acarón con todo su territorio.

Volver al Indice

1 Macabeos 11

Entrevista de Jonatás con el rey de Egipto.

1 Después de esto el rey de Egipto juntó un ejército innumerable como las arenas de la orilla del mar, y gran número de naves; y trataba con perfidia de apoderarse del reino de Alejandro, y unirlo a su corona.

2 [3578] Entró en Siria aparentando amistad, y las ciudades le abrían las puertas, y le salían a recibir sus moradores; pues así lo había mandado Alejandro, por cuanto era su suegro.

3 Mas Ptolomeo así que entraba en una ciudad, ponía en ella guarnición militar.

4 Cuando llegó a Azoto, le mostraron el templo de Dagón que había sido abrasado, y las ruinas de esta ciudad y de sus arrabales, y los cadáveres tendidos en tierra, y los túmulos que habían hecho a lo largo del camino de los muertos en la batalla.

5 Y dijeron al rey que todo aquello lo había hecho Jonatás: con lo cual intentaban hacerle odiosa su persona; mas el rey no se dio por entendido.

6 Y salió Jonatás a recibir al rey con toda pompa en Jope, y se saludaron mutuamente, y pasaron allí la noche.

7 [3579] Fue Jonatás acompañando al rey hasta un río llamado Eleutero, desde donde regresó a Jerusalén.

Muerte de Alejandro y del rey de Egipto

8 Pero el rey Ptolomeo se apoderó de todas las ciudades que hay hasta Seleucia, situada en la costa del mar, y maquinaba traiciones contra Alejandro.

9 Y despachó embajadores a Demetrio para que le dijeran: “Ven, haremos alianza entre los dos, y yo te daré mi hija desposada con Alejandro, y tú recobrarás el reino de tu padre;

10 pues estoy arrepentido de haberle dado mi hija; porque ha conspirado contra mi vida”.

11 Así le infamaba; porque codiciaba alzarse con su reino.

12 Al fin, habiéndole quitado la hija, se la dio a Demetrio, y se alejó de Alejandro, e hizo patente su malvada intención.

13 Entró después Ptolomeo en Antioquía, y ciñó su cabeza con dos diademas, la de Egipto y la de Asia.

14 Hallábase a esta sazón el rey Alejandro en Cilicia, por habérsele rebelado la gente de aquellas provincias.

15 Pero así que supo lo ocurrido con el rey Ptolomeo, marchó contra él. Ordenó también éste sus tropas, y salió a su encuentro con grandes fuerzas y le derrotó.

16 Huyó Alejandro a Arabia para ponerse allí a cubierto; y se aumentó así el poder de Ptolomeo.

17 Y Zabdiel, de Arabia, cortó la cabeza de Alejandro, y se la envió a Ptolomeo.

18 De allí a tres días murió también el rey Ptolomeo; y las tropas que estaban en las fortalezas perdieron la vida a manos de las que estaban en el campamento.

Jonatás se gana el favor del nuevo rey

19 [3580] Y entró Demetrio en posesión del reino el año ciento setenta y siete.

20 [3581] Por aquellos días reunió Jonatás las milicias de Judea para apoderarse del alcázar de Jerusalén; a cuyo fin levantaron contra él muchas máquinas de guerra.

21 Mas algunos hombres malvados, enemigos de su propia nación, fueron al rey Demetrio, y le dieron parte de que Jonatás tenía sitiado el alcázar.

22 Irritado al oír esto, pasó al instante a Tolemaida, y escribió a Jonatás que levantase el sitio del alcázar, y viniese al punto a verse con él.

23 Recibido que hubo Jonatás esta carta, mandó que se continuase el sitio; y escogiendo algunos de los ancianos de Israel, y de los sacerdotes, se expuso al peligro.

24 Llevó consigo oro y plata, ropas y varios otros regalos, y partió a presentarse al rey en Tolemaida, y se ganó su amistad.

25 Sin embargo, algunos hombres perversos de su nación formaron acusaciones contra Jonatás;

26 [3582] mas el rey le trató como le habían tratado sus predecesores; y le honró en presencia de todos sus amigos,

27 y le confirmó en el Sumo Sacerdocio, y en todos los demás honores que de antemano tenía, y le trató como al primero de sus amigos.

Franquicia de tributos y otorgamiento de más libertades a los judíos

28 [3583] Entonces Jonatás suplicó al rey que concediese franquicia de tributos a la Judea, a las tres toparquías, y a Samaría con todo su territorio, prometiendo darle trescientos talentos.

29 Otorgó el rey la petición, e hizo expedir el diploma para Jonatás, en estos términos:

30 “El rey Demetrio a su hermano Jonatás, y a la nación judía, salud:

31 [3584] Os enviamos para conocimiento vuestro, copia de la carta que acerca de vosotros hemos escrito a Lastenes, nuestro padre, para que tengáis conocimiento de ello.

32 El rey Demetrio a Lastenes, su padre, salud:

33 Hemos resuelto hacer mercedes a la nación de los judíos, los cuales son nuestros amigos, y se portan fielmente con nosotros, a causa de la buena voluntad que nos tienen.

34 [3585] Decretamos, pues, que toda la Judea, y las tres ciudades, Lida y Ramata, de la provincia de Samaría, agregadas a Judea, y todos sus territorios queden destinados para todos los sacerdotes de Jerusalén, en cambio de lo que el rey percibía antes de ellos todos los años, y por los frutos de la tierra y de los árboles.

35 Asimismo les perdonamos desde ahora lo demás que nos pertenecía de diezmos y tributos, y los productos de las lagunas de la sal, y las coronas que se nos ofrecían.

36 Todo lo referido se lo concedemos, y todo irrevocablemente, desde ahora en adelante para siempre.

37 [3586] Ahora cuidad de que se saque una copia de este decreto, y entregádsela a Jonatás, para que se coloque en el monte santo en un paraje público.”

Jonatás pide al rey la evacuación de la ciudadela de Jerusalén

38 Viendo luego el rey Demetrio que toda la tierra estaba tranquila, y le respetaba, sin que le quedase competidor ninguno licenció todo su ejército, enviando a cada cual a su casa, salvo las tropas extranjeras que había asalariado de las islas de las naciones; con lo cual se atrajo el odio de todas las tropas que habían servido a sus padres.

39 [3587] Había entonces un cierto Trifón que había sido antes del partido de Alejandro; y viendo que todo el ejército murmuraba de Demetrio, fue a verse con Emalcuel, árabe; el cual educaba a Antíoco, hijo de Alejandro;

40 y le hizo muchas y grandes instancias para que se le entregase, a fin de hacer que ocupase el trono de su padre. Le contó todo lo que Demetrio había hecho, y cómo le aborrecía todo el ejército, y se detuvo allí muchos días.

41 Entre tanto, Jonatás envió a pedir al rey Demetrio que mandase quitar la guarnición que había en el alcázar de Jerusalén y en las otras fortalezas; porque causaban daño a Israel.

42 Y Demetrio respondió a Jonatás: “No sólo haré esto por ti y por tu nación, sino que también te elevare a mayor gloria a ti y a tu pueblo, luego que el tiempo me lo permita.

43 Mas ahora me harás el favor de enviar tropas a mi socorro; porque todo mi ejército me ha abandonado.

El rey no cumple las promesas

44 [3588] Entonces Jonatás le envió a Antioquía tres mil hombres de los más valientes, por cuya llegada recibió el rey grande contento.

45 Pero los moradores de la ciudad, en número de ciento veinte mil hombres, se conjuraron, y querían matar al rey.

46 Se encerró éste en su palacio, y apoderándose los de la ciudad de las calles, comenzaron a combatirle.

47 Entonces el rey hizo venir en su socorro a los judíos, los cuales se reunieron todos junto a él; y acometiendo por varias partes a la ciudad,

48 mataron en aquel día cien mil hombres, y después de haberla saqueado en ese mismo día la pegaron fuego; y libertaron al rey.

49 Al ver los de la ciudad que los judíos se habían hecho dueños absolutos de ella, se aturdieron, y a gritos pidieron al rey misericordia, haciéndole esta súplica:

50 “Concédenos la paz, y cesen los judíos de maltratarnos a nosotros y a la ciudad”.

51 Y rindieron las armas, e hicieron la paz. Con esto los judíos adquirieron grande gloria para con el rey y para con todos de su reino; y habiéndose hecho en el reino muy célebres, se volvieron a Jerusalén cargados de despojos.

52 Quedó con esto Demetrio asegurado en el trono de su reino; y sosegado todo el país, era respetado de todos.

53 [3589] Más, sin embargo, faltó a todo lo que había prometido. Se extrañó de Jonatás, y bien lejos de manifestarse reconocido a los servicios recibidos, le hacía todo el mal que podía.

Jonatás es honrado por el nuevo rey Antíoco

54 [3590] Después de estas cosas, volvió Trifón trayendo consigo a Antíoco, que era aún niño; el cual fue reconocido por rey, y se ciñó la diadema.

55 Acudieron a presentársele todas las tropas que Demetrio había licenciado; y pelearon contra Demetrio, el cual volvió las espaldas, y se puso en fuga.

56 Se apoderó en seguida Trifón de los elefantes, y se hizo dueño de Antioquía.

57 El jovencito Antíoco escribió a Jonatás en estos términos: “Te confirmo en el sacerdocio, y en el dominio de las cuatro ciudades, y quiero que seas uno de los amigos del rey”.

58 Le envió también varias alhajas de oro para su servicio y le concedió facultad de poder beber en copa de oro, vestirse de púrpura, y de llevar la hebilla de oro.

59 [3591] Al mismo tiempo nombró a su hermano Simón gobernador desde los confines de Tiro hasta las fronteras de Egipto.

Rendición de Gaza y Betsura

60 [3592] Salió luego Jonatás, y recorrió las ciudades de la otra parte del río; y todo el ejército de Siria acudió en su auxilio; con lo que se encaminó hacia Ascalón, cuyos moradores salieron a recibirle con grandes festejos.

61 Desde allí pasó a Gaza, y sus habitantes le cerraron las puertas; por lo que le puso sitio, y quemó todos los alrededores de la ciudad, después de haberlo todo saqueado.

62 Entonces los de Gaza pidieron capitulación a Jonatás, el cual se la concedió; y tomando en rehenes a sus hijos, los envió a Jerusalén, y recorrió en seguida todo el país hasta Damasco.

63 A esta sazón supo Jonatás que los generales de Demetrio habían ido con un poderoso ejército a Cades, situada en Galilea, para sublevarla; con el fin de impedirle que se mezclase en adelante en los negocios del reino.

64 Y marchó contra ellos, dejando en la provincia a su hermano Simón.

65 Entretanto éste aproximándose a Betsura, la tuvo sitiada muchos días, teniendo encerrados a sus habitantes;

66 quienes pidieron al fin la paz, y se la concedió, y habiéndoles hecho desocupar la plaza, tomó posesión de ella y la guarneció.

Victoria de Jonatás al norte del lago de Genesaret

67 [3593] Jonatás se acercó con su ejército al lago de Genesar, y antes de amanecer llegaron a la llanura de Asor.

68 [3594] Y he aquí que se encontró en la llanura delante del campamento de los extranjeros; quienes le habían puesto una emboscada en los montes, y él fue a embestirlos de frente;

69 pero entonces los que estaban emboscados salieron de sus puestos, y cargaron sobre él.

70 Con esto los de Jonatás echaron todos a huir, sin que quedase uno siquiera, excepto Matatías, hijo de Absolomi, y Judas, hijo de Calfi, comandante de su ejército.

71 Entonces Jonatás rasgó sus vestidos, se echó polvo sobre su cabeza e hizo oración.

72 En seguida volvió Jonatás sobre los enemigos, y peleó contra ellos y los puso en fuga.

73 Viendo esto las tropas que le habían abandonado, volvieron a unirse a él, y todos juntos persiguieron a los enemigos hasta Cades, donde tenían estos sus reales, al pie de los cuales llegaron.

74 Murieron en aquel día tres mil hombres del ejército de los extranjeros; y Jonatás se volvió a Jerusalén.

Volver al Indice

1 Macabeos 12

Renovación de la alianza con los romanos.

1 Viendo Jonatás que el tiempo le era favorable, eligió diputados y los envió a Roma, para confirmar y renovar la amistad con los romanos.

2 [3595] E igualmente envió a los lacedemonios y a otros pueblos cartas en todo semejantes.

3 Partieron aquéllos para Roma y habiéndose presentado al senado, dijeron: Jonatás, Sumo Sacerdote, y la nación de los judíos, nos han enviado a renovar la amistad y alianza, según se hizo en tiempos pasados.

4 Y les dieron cartas para los prefectos de cada lugar, a fin de que viajasen con seguridad hasta la Judea.

Carta de Jonatás a los espartanos

5 El tenor de la carta que Jonatás escribió a los lacedemonios, es el siguiente:

6 [3596] “Jonatás, Sumo Sacerdote, y los ancianos de la nación, y los sacerdotes, y todo el pueblo de los judíos, a los lacedemonios sus hermanos, salud.

7 [3597] Ya hace tiempo que Ario, vuestro rey, escribió una carta a Onías, Sumo Sacerdote, en la cual se leía que vosotros sois nuestros hermanos, como se ve por la copia que más abajo se pone.

8 Onías recibió con grande honor al enviado, y también sus cartas, en las cuales se hablaba de esta amistad y alianza.

9 [3598] Y aunque nosotros no teníamos necesidad de nada de eso, teniendo como tenemos en nuestras manos para consuelo nuestro, los libros santos;

10 con todo, hemos querido enviar a renovar con vosotros esta amistad y unión fraternal; no sea que os parezca que nos hemos alejado de vosotros; porque ha transcurrido ya mucho tiempo desde que nos enviasteis aquella embajada.

11 Nosotros en todo este intermedio jamás hemos dejado de hacer conmemoración de vosotros en los sacrificios que ofrecemos en los días solemnes, y en los demás que corresponde, y en todas nuestras oraciones, pues es justo y debido acordarse de los hermanos.

12 [3599] Nos regocijamos de la gloria que disfrutáis.

13 Mas por lo que hace a nosotros, hemos sufrido grandes aflicciones y muchas guerras, habiéndonos acometido los reyes circunvecinos.

14 Sin embargo, en estas guerras no hemos querido cansaros ni a vosotros ni a ninguno de los demás aliados y amigos;

15 pues hemos recibido el socorro del cielo, con el cual hemos sido librados nosotros, y humillados nuestros enemigos.

16 Por tanto, habiendo elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, para enviarlos a los romanos, a fin de renovar con ellos la antigua amistad y alianza;

17 les hemos dado también la orden de pasar a veros y a saludaros de nuestra parte, y llevaros esta nuestra carta, cuyo objeto es el renovar nuestra unión fraternal.

18 Y así nos haréis un favor respondiéndonos sobre su contenido.”

Carta de Ario de Esparta al Sumo Sacerdote Onías

19 Este es el traslado de la carta escrita a Onías:

20 “Ario, rey de los lacedemonios, a Onías, Sumo Sacerdote, salud.

21 [3600] Se ha encontrado en cierta escritura que los lacedemonios y los judíos son hermanos, y que son todos del linaje de Abrahán.

22 Por tanto, ahora que hemos descubierto esta noticia, nos haréis el gusto de escribirnos si gozáis de paz.

23 Pues nosotros, desde luego, os respondemos: Nuestros ganados y nuestros bienes, vuestros son, y nuestros los vuestros; y esto es lo que les encargamos que os digan.

Nueva expedición de Jonatás contra Demetrio

24 Entretanto, supo Jonatás que los generales de Demetrio habían vuelto contra él, con un ejército mucho mayor que antes.

25 [3601] Con esto partió de Jerusalén, y fue a salirse al encuentro en el país de Amat, para no darles tiempo de entrar en su tierra;

26 y enviando espías a reconocer su campo, volvieron éstos con la noticia de que los enemigos habían resuelto sorprenderles aquella noche.

27 Con esto Jonatás, puesto que fue el sol, mandó a su gente que estuviese alerta toda la noche, y sobre las armas, prontos para la batalla, y puso centinelas alrededor del campamento.

28 Pero cuando los enemigos supieron que Jonatás estaba preparado con sus tropas para la batalla, temieron y huyeron despavoridos, dejando encendidos fuegos en su campamento.

29 Mas Jonatás y su tropa, por lo mismo que veían los fuegos encendidos, no lo conocieron hasta la mañana.

30 Bien que fue después en su seguimiento, no los pudo alcanzar, pues habían pasado ya el río Eleutero.

31 [3602] Entonces convirtió Jonatás sus armas contra los árabes llamados zabadeos, a quienes derrotó y tomó sus despojos;

32 y reunida su gente fue a Damasco, y anduvo por todo aquel país.

Los judíos se apoderan de Jope

33 [3603] Entretanto, Simón marchó y llegó hasta la ciudad de Ascalón y las fortalezas vecinas; y dirigiéndose a Jope se apoderó de ella,

34 pues había sabido que los de aquella ciudad querían entregar la plaza a los partidarios de Demetrio, y le puso guarnición para que la custodiase.

Fortificación de Jerusalén

35 Habiendo vuelto Jonatás, convoco a los ancianos del pueblo, y de acuerdo con ellos resolvió construir fortalezas en Judea,

36 reedificar los muros de Jerusalén, y levantar una muralla de grande altura entre el alcázar y la ciudad, para separar aquél de ésta, de modo que el alcázar quedase aislado, y los de dentro no pudiesen comprar ni vender ninguna cosa.

37 [3604] Se reunió la gente para reedificar la ciudad, y hallándose caída la muralla que estaba sobre el torrente hacia el oriente, la levantó Jonatás, la cual se llama Cafeteta.

38 [3605] Simón también construyó a Adiada, en la Sefelá, y la fortificó, y la aseguró con puertas y barras.

Trifón engaña a Jonatás

39 [3606] Por este tiempo proyectó Trifón hacerse rey de Asia, y ceñirse la corona, y quitar la vida al rey Antíoco.

40 Mas temiendo que Jonatás le sería contrario y le declararía la guerra, andaba buscando medios para apoderarse de él y quitarle la vida. Fuese, pues, a Betsán, levantando su campamento.

41 Pero Jonatás le salió al encuentro con cuarenta mil hombres de tropa escogida, para darle batalla y fue a Betsán.

42 Y cuando Trifón vio que Jonatás había ido contra él con tan poderoso ejército, entró en miedo;

43 y así le recibió con agasajo, y le recomendó a todos sus amigos; le hizo varios regalos y mandó a todo su ejército que le obedeciese como a su propia persona.

44 Dijo luego a Jonatás: “¿Por qué has cansado a toda esa tu gente, no habiendo guerra entre nosotros?

45 Ahora bien, despáchalos a sus casas, y escoge solamente algunos pocos de entre ellos que te acompañen, y vente conmigo a Tolemaida, y yo te haré dueño de ella, y de las demás fortalezas, y del ejército, y de todos los encargados del gobierno; ejecutado lo cual, me volveré, pues para eso he venido acá.”

Jonatás en manos de los enemigos

46 Le dio crédito Jonatás, y haciendo lo que le dijo, licenció sus tropas, que se volvieron a la tierra de Judá,

47 reteniendo consigo tres mil hombres, de los cuales envió dos mil a Galilea, y mil le acompañaron.

48 Mas apenas Jonatás hubo entrado en Tolemaida, cerraron sus habitantes las puertas de la ciudad, y le prendieron; y pasaron a cuchillo a todos los que con él habían entrado.

49 [3607] Y Trifón envió su infantería y caballería a Galilea y a su gran llanura para acabar con todos los soldados que habían acompañado a Jonatás.

50 Pero éstos, oyendo decir que habían apresado a Jonatás, y que había sido muerto con cuantos le acompañaban, se animaron los unos a los otros, y se presentaron con denuedo para pelear.

51 Y viendo los que les iban persiguiendo, que estaban resueltos a vender muy caras sus vidas, se volvieron.

52 [3608] De esta suerte siguieron su camino, regresando todos felizmente a Judea, donde hicieron gran duelo por Jonatás, y por los que le habían acompañado; y le lloró Israel amargamente.

53 Entonces todas las naciones circunvecinas intentaron abatirlos. Porque dijeron:

54 “No tienen caudillo, ni quien los socorra; ahora es tiempo de echarnos sobre ellos, y de borrar su memoria de entre los hombres.”

Volver al Indice

IV. Simón, Sumo Sacerdote y Caudillo

1 Macabeos 13

Simón es elegido sucesor de Jonatás

1 Tuvo Simón aviso de que había juntado Trifón un grande ejército para venir a asolar la tierra de Judá.

2 Y observando que la gente estaba intimidada y temblando, subió a Jerusalén y convocó al pueblo;

3 y para animarlos a todos, les habló de esta manera: “Ya sabéis cuánto hemos trabajado, así yo, como mis hermanos, y la casa de mi padre por defender la Ley y el Santuario, y en qué angustias nos hemos visto.

4 [3609] Por amor de estas cosas han perdido la vida todos mis hermanos, para salvar a Israel, siendo yo el único de ellos que he quedado.

5 Mas no permita Dios que tenga ningún miramiento a mi vida, mientras estemos en la aflicción; pues no soy yo de más valer que mis hermanos.

6 Defenderé a mi nación y al Santuario, y a nuestros hijos, y a nuestras esposas; porque todas las naciones, por el odio que nos tienen, se han coligado para destruirnos”.

7 Se inflamó el espíritu del pueblo así que oyó estas palabras,

8 [3610] y en alta voz respondieron: “Tú eres nuestro caudillo en lugar de Judas y Jonatás tus hermanos;

9 dirige nuestra guerra, que nosotros haremos todo cuanto nos mandares”.

10 [3611] Con esto Simón hizo juntar todos los hombres de guerra, y se dio prisa a reedificar las murallas de Jerusalén, y la fortaleció por todos lados.

11 Y envió a Jonatás hijo de Absalomi, con un nuevo ejército contra Jope, y habiendo éste arrojado a los de dentro de la ciudad, se quedó en ella.

Negociaciones con Trifón

12 Entretanto, Trifón partió de Tolemaida con un numeroso ejército para entrar en tierra de Judá, trayendo consigo prisionero a Jonatás.

13 Simón acampó cerca de Addus, enfrente de la llanura.

14 Y Trifón, así que supo que Simón había entrado en lugar de su hermano Jonatás, y que se disponía a salir a darle batalla, le envió mensajeros

15 para que le dijesen: “Hemos detenido hasta ahora su hermano Jonatás, porque debía dinero al rey, con motivo de los negocios que estuvieron a su cuidado.

16 Ahora envíame cien talentos de plata, y por rehenes a sus dos hijos, para seguridad de que luego que esté libre no se vuelva contra nosotros, y le dejaremos ir”.

17 Bien conoció Simón que le hablaba con doblez; pero con todo mandó que se le entregase el dinero y los niños, por no atraer sobre sí el odio del pueblo de Israel, el cual hubiera dicho:

18 “Por no haberse enviado el dinero y los niños, por eso ha perecido.

19 Así envió los niños y los cien talentos; pero Trifón faltó a la palabra y no puso en libertad a Jonatás.

Jonatás es asesinado por Trifón

20 [3612] Y entró después Trifón en el país para devastarlo, y dio la vuelta por el camino que va a Ador; y Simón con sus tropas les seguía siempre los pasos a donde quiera que iban.

21 A este tiempo los que estaban en el alcázar enviaron a decir a Trifón que se apresurase a venir por el camino del desierto, y les enviase víveres.

22 En vista de lo cual dispuso Trifón toda su caballería para partir aquella misma noche; mas por haber gran copia de nieve, no se verificó su ida al territorio de Galaad.

23 [3613] Al llegar cerca de Bascamán, hizo matar allí a Jonatás y a sus hijos.

24 Luego volvió Trifón atrás, y regresó a su país.

El sepulcro de Modín

25 Entonces Simón envió a buscar los huesos de su hermano Jonatás, y los sepultó en Modín, patria de sus padres;

26 y todo Israel hizo gran duelo en su muerte, y le lloró por espacio de muchos días.

27 Mandó después Simón levantar sobre los sepulcros de su padre y hermanos un elevado monumento, que se descubría desde lejos, de piedras labradas por uno y otro lado,

28 [3614] y allí levantó siete pirámides una enfrente de otra, a su padre y a su madre, y a sus cuatro hermanos.

29 [3615] Alrededor de ellas colocó grandes columnas, y sobre las columnas armas para eterna memoria, y junto a las armas unos navíos de escultura, los cuales se viesen de cuantos navegasen por el mar.

30 [3616] Tal es el sepulcro que levantó Simón en Modín, el cual subsiste hasta el día de hoy.

Simón recobra para su pueblo la independencia

31 [3617] Pero Trifón, yendo de camino con el jovencito rey Antíoco, hizo quitar a éste la vida a traición;

32 [3618] y reinó en su lugar, ciñendo su cabeza con la diadema de Asia; e hizo grandes estragos en el país.

33 Entretanto, Simón reparó las plazas de armas de Judea, reforzándolas con altas torres, elevados muros, puertas y cerrojos, y surtiéndolas de víveres.

34 Envió también Simón comisionados al rey Demetrio para suplicarle que concediera la exención al país; porque todo cuanto había hecho Trifón no había sido más que un puro latrocinio.

35 Contestó el rey Demetrio a esta solicitud, y le escribió la siguiente carta:

36 “El rey Demetrio a Simón, Sumo Sacerdote y amigo de los reyes, y a los ancianos y al pueblo de los judíos, salud:

37 [3619] Hemos recibido la corona de oro y el ramo que nos habéis enviado; y estamos dispuestos a hacer con vosotros una paz sólida, y a escribir a los intendentes del rey que os perdonen los tributos de que os hemos hecho gracia;

38 en la inteligencia de que debe permanecer firme todo cuanto hemos dispuesto a favor vuestro. Las plazas que habéis fortificado quedarán por vosotros.

39 Os perdonamos también las faltas y yerros que hayáis podido cometer hasta el día de hoy, como igualmente la corona de que erais deudores, y queremos que si se pagaba algún otro tributo en Jerusalén, no se pague ya más en adelante.

40 Finalmente, si se hallan entre vosotros algunos que sean a propósito para ser aliados entre los nuestros, alístense, y reine la paz entre nosotros.”

41 Con esto, en el año ciento sesenta quedó libre Israel del yugo de los gentiles.

42 [3620] Y comenzó el pueblo de Israel a datar sus monumentos y registros públicos desde el año primero de Simón, Sumo Sacerdote, gran caudillo y príncipe de los judíos.

Ocupación de Gaza

43 [3621] Por aquellos días pasó Simón a Gaza; y cercándola con su ejército, levantó máquinas de guerra, las arrimó, a sus muros, y batió una torre, y se apoderó de ella.

44 Y los soldados que estaban en una de estas máquinas entraron de golpe en la ciudad, excitando con esto un gran alboroto en ella.

45 Entonces los ciudadanos subieron a la muralla con sus mujeres e hijos, rasgados sus vestidos, y a gritos clamaban a Simón, pidiendo que les concediese la paz,

46 [3622] y diciéndole: “No nos trates como merece nuestra maldad, sino según tu grande clemencia”.

47 En efecto, movido Simón a compasión, no los trató con el rigor de la guerra; pero los echó de la ciudad, y purificó los edificios en que había habido ídolos, y luego entró en ella entonando himnos en alabanza del Señor.

48 Arrojadas después de la ciudad todas las inmundicias, la hizo, habitar por gente que observase la Ley, y la fortificó, e hizo en ella para sí una casa.

Se rinde la ciudadela de Jerusalén

49 A esta sazón los que ocupaban el alcázar de Jerusalén no pudiendo entrar ni salir por el país, ni comprar, ni vender, se vieron reducidos a una grande escasez, de suerte que perecían muchos de hambre.

50 Entonces clamaron a Simón pidiéndole capitulación, y se la otorgó; y los arrojó de allí, y purificó el alcázar de las inmundicias.

51 Entraron en él el día veintitrés del segundo mes, del año ciento setenta y uno, llevando ramos de palma, y cantando alabanzas, al son de arpas, de címbalos, y de liras, y entonando himnos y cánticos, por haber exterminado de Israel un gran enemigo.

52 [3623] Y Simón ordenó que todos los años se solemnizasen aquellos días con regocijos.

53 Asimismo fortificó el monte del Templo, que está junto al alcázar y habitó allí con sus gentes.

54 Finalmente, viendo Simón que su hijo Juan era un guerrero muy valiente le hizo general de todas las tropas; el cual tenía fija en Gazara su residencia.

Volver al Indice

1 Macabeos 14

Reina paz y prosperidad en Israel

1 [3624] EI año ciento setenta y dos juntó el rey Demetrio su ejército, y pasó a la Media para recoger allí socorros, a fin de hacer la guerra a Trifón.

2 [3625] Más luego que Arsaces, rey de Persia y de Media, tuvo noticia de que Demetrio había invadido sus estados, envió a uno de sus generales para que le prendiese y se le trajese vivo.

3 Marchó este general, y derrotando al ejército de Demetrio, tomó preso a éste y le condujo a Arsaces, quien le hizo poner en prisión.

4 [3626] Todo el país de Judá disfrutó de reposo durante los días de Simón,

no cuidaba éste de otra cosa que de hacer bien a su pueblo;

el cual miró siempre con placer su gobierno

y la gloria de que gozaba.

5 A más de otros muchos hechos gloriosos

habiendo tomado a Jope,

hizo de ella un puerto que sirviese de escala para los países marítimos.

6 Extendió los límites de su nación,

y se hizo dueño del país.

7 [3627] Reunió también un gran número de cautivos,

tomó a Gazara, a Betsura, y el alcázar,

y quitó de allí las inmundicias,

y no había nadie que le contrarrestase.

8 Cada uno cultivaba entonces pacíficamente su tierra;

y el país de Judá daba cosechas,

y frutos los árboles de los campos.

9 Sentados todos los ancianos en las plazas,

trataban de lo que era allí útil y ventajoso al país,

y se engalanaba la juventud con ricos vestidos

y ropas de guerra.

10 Distribuía Simón víveres por las ciudades,

y las ponía en estado de que fuesen otras tantas fortalezas,

de manera que la fama de su glorioso nombre

se extendió hasta el cabo del mundo.

11 Estableció la paz en toda la extensión de su país,

con lo cual se vio Israel colmado de gozo.

12 [3628] De suerte que podía cada uno estarse sentado a la sombra de su parra

y de su higuera,

sin que nadie le infundiese el menor temor.

13 Desaparecieron de la tierra sus enemigos;

y los reyes en aquellos días estaban abatidos.

14 Fue Simón el protector de los pobres de su pueblo,

gran celador de la observancia de la Ley,

y el que exterminó a todos los inicuos y malvados.

15 Restauró el Santuario,

y aumentó el número de los vasos sagrados.

Simón renueva la alianza con Roma y Esparta

16 Habiéndose sabido en Roma y hasta en Lacedemonia la muerte de Jonatás, tuvieron de ella un gran sentimiento;

17 mas luego que entendieron que su hermano Simón había sido elegido Sumo Sacerdote en su lugar, y que gobernaba todo el país y a sus ciudades;

18 le escribieron en láminas de bronce, para renovar la amistad y alianza que habían hecho con Judas y con Jonatás, sus hermanos.

19 Estas cartas fueron leídas en Jerusalén delante del pueblo.

El contenido de la que enviaron los lacedemonios es como sigue:

20 “Los príncipes y ciudades de los lacedemonios, a Simón, Sumo Sacerdote, a los ancianos, a los sacerdotes, y a todo el pueblo de los judíos, sus hermanos, salud:

21 Los embajadores que enviasteis a nuestro pueblo nos han informado de la gloria y felicidad y contentamiento que gozáis, y nos hemos alegrado mucho con su llegada;

22 y hemos hecho escribir lo que ellos nos han dicho en la asamblea del pueblo, en esta forma: Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatro, hijo de Jasón, embajadores de los judíos, han venido a nosotros para renovar nuestra antigua amistad.

23 Y pareció bien al pueblo recibir estos embajadores honoríficamente, y depositar copia de sus palabras en los registros públicos, para que en lo sucesivo sirva de recuerdo al pueblo de los lacedemonios. Y de esta acta hemos remitido un ejemplar al Sumo Sacerdote Simón.

24 [3629] Después de esto, Simón envió a Roma a Numenio con un grande escudo de oro, que pesaba mil minas, con el fin de renovar con ellos la alianza.

El pueblo manifiesta a Simón su gratitud erigiéndole un monumento

Y luego que lo supo el pueblo romano,

25 dijo: “¿De qué manera manifestaremos nosotros nuestro reconocimiento a Simón y a sus hijos?

26 Porque él ha vengado a sus hermanos y ha exterminado de Israel a los enemigos. En vista de esto le concedieron la libertad”, cuyo decreto fue grabado en láminas de bronce, y colocado entre los monumentos del monte Sión.

27 [3630] Y he aquí lo que en ella se escribió: “A los diez y ocho días del mes de Elul, el año ciento setenta y dos, el tercero, del sumo pontificado de Simón, fue hecha la siguiente declaración en Asaramel,

28 en la grande asamblea de los sacerdotes y del pueblo, y de los príncipes de la nación, y de los ancianos del país: Que habiendo habido en nuestra tierra continuas guerras;

29 Simón, hijo de Matatías, de la estirpe de Jarib, y asimismo sus hermanos se expusieron a los peligros e hicieron frente a los enemigos de su nación en defensa de su Santuario y de la Ley; acrecentando mucho la gloria de su pueblo.

30 Jonatás levantó a los de su nación, fue Sumo Sacerdote de ellos, y se halla ya reunido a los de su pueblo.

31 Quisieron luego los enemigos atropellar y asolar su país, y profanar su Santuario.

32 Les resistió entonces Simón, y combatió en defensa de su pueblo, y expendió mucho dinero, armando a los hombres más valientes de su nación, y suministrándoles la paga.

33 Fortificó también las ciudades de Judea, y a Betsura, situada en su frontera, la cual antes era plaza de armas de los enemigos, y puso allí una guarnición de judíos.

34 [3631] Asimismo fortificó a Jope, en la costa del mar, y a Gazara, situada en los confines de Azoto, ocupada antes por los enemigos; en las cuales puso guarnición de judíos, proveyéndolas de todo lo necesario para su defensa.

35 Viendo el pueblo las cosas que había ejecutado Simón, y cuanto hacía para acrecentar la gloria de su nación, le declaró caudillo suyo y príncipe de los sacerdotes, por haber hecho todo lo referido, y por su justicia, y por la fidelidad que guardó para con su pueblo, y por haber procurado por todos los medios el ensalzar a su nación.

Simón limpia el país y es ensalzado por el rey

36 En tiempo de su gobierno todo prosperó en sus manos; de manera que las naciones extranjeras fueron arrojadas del país, y echados también los que estaban en Jerusalén, en la ciudad de David, en el alcázar, desde el cual hacían sus salidas, profanando todos los contornos del Santuario, y haciendo grandes ultrajes a la santidad del mismo.

37 Para seguridad del país y de la ciudad puso allí soldados judíos e hizo levantar los muros de Jerusalén.

38 El rey Demetrio le confirmó en el Sumo Sacerdocio;

39 y le hizo su amigo, y le ensalzó con grandes honores.

40 Pues oyó que los judíos habían sido declarados amigos, y aliados, y hermanos de los romanos, y que éstos habían recibido con grande honor a los embajadores de Simón.

41 [3632] Y que asimismo los judíos y sus sacerdotes le habían creado, de común consentimiento, su caudillo y Sumo Sacerdote para siempre, hasta la venida de un profeta fiel;

42 y también habían querido que fuese su capitán, y que cuidase de las cosas santas, y estableciese inspectores sobre las obras públicas y sobre el país, sobre las cosas de la guerra y sobre las fortalezas;

43 que tuviese a su cargo el Santuario, y que fuese de todos obedecido, y que todos los instrumentos públicos del país se autorizasen con su nombre, y que vistiese púrpura y oro.

44 Y por último, que no fuese permitido a nadie, ora del pueblo, ora de los sacerdotes, violar ninguna de estas órdenes, ni contradecir a lo que él mandase, ni convocar en la provincia sin su autoridad ninguna junta, ni vestir de púrpura, ni llevar la hebilla de oro;

45 y que todo aquel que no cumpliese estas órdenes, o violase alguna, fuese reputado como reo.

46 Y plugo a todo el pueblo el dar tal potestad a Simón, y que se ejecutase todo lo dicho.

47 [3633] Y Simón aceptó, y le agradó ejercer el Sumo Sacerdocio; y el ser caudillo y príncipe del pueblo de los judíos y de los sacerdotes, y el tener la suprema autoridad.”

48 Y acordaron que esta acta se escribiese en láminas de bronce, las cuales fuesen colocadas en el pórtico del Templo, en un lugar distinguido;

49 archivándose, además, una copia de todo en el tesoro, a disposición de Simón y de sus hijos.

Volver al Indice

1 Macabeos 15

El rey confirma los derechos y exenciones del pueblo judío

1 [3634] Desde las islas del mar escribió el rey Antíoco, hijo de Demetrio, una carta a Simón, Sumo Sacerdote y príncipe del pueblo de los judíos, y a toda la nación;

2 cuyo tenor es el que sigue: “El rey Antíoco a Simón, Sumo Sacerdote, y a la nación de los judíos, salud.

3 [3635] Habiéndose hecho dueños del reino de nuestros padres algunos hombres malvados, tengo resuelto libertarlo y restablecerlo en el estado que antes tenía, para cuyo fin he levantado un ejército numeroso y escogido, y he hecho construir naves de guerra.

4 Quiero, pues, entrar en esas regiones, para castigar a los que han destruido mis provincias y asolado muchas ciudades de mi reino.

5 Pero a ti desde ahora te confirmo todas las exenciones de tributos que te concedieron todos los reyes que me han precedido, y todas las demás donaciones que te hicieron.

6 Te doy permiso para que puedas acuñar moneda propia en tu país;

7 y quiero que Jerusalén sea santa y libre, y que todas las armas que has fabricado, como también las plazas fuertes que has construido, y están en tu poder, queden para ti.

8 Te perdono desde ahora todas las deudas y regalías debidas al rey y a la real hacienda, tanto por lo pasado como por lo venidero.

9 Y luego que entremos en la posesión de nuestro reino, te colmaremos de tanta gloria a ti y a tu pueblo, y al Templo, que resplandecerá por todo el orbe.”

10 El año ciento setenta y cuatro, entró Antíoco en el país de sus padres, y al punto acudieron a presentársele todas las tropas, de suerte que quedaron poquísimos con Trifón.

11 [3636] Luego el rey Antíoco le persiguió; pero huyendo Trifón por la costa del mar, llegó a Dora.

12 Pues veía los desastres que sobre él iban a llover, habiéndole abandonado el ejército.

13 Entonces Antíoco fue contra Dora con ciento veinte mil hombres aguerridos, y ocho mil caballos;

14 y puso sitio a la ciudad, haciendo que los navíos la bloqueasen por la parte del mar; con lo que estrechaba la ciudad por mar y por tierra, sin permitir que nadie entrase ni saliese.

Cartas de Roma en favor de los judíos

15 [3637] A esta sazón llegaron de la ciudad de Roma, Numenio y sus compañeros, con cartas escritas a los reyes y a las naciones, del tenor siguiente:

16 [3638] “Lucio, cónsul de los romanos, al rey Ptolomeo, salud.

17 Han venido a nosotros embajadores de los judíos, nuestros amigos, enviados por Simón, príncipe de los sacerdotes, y por el pueblo judío con el fin de renovar la antigua amistad y alianza;

18 y nos han traído al mismo tiempo un escudo de oro de mil minas.

19 A consecuencia de esto hemos tenido a bien escribir a los reyes y a los pueblos que no les causen ningún daño ni les muevan guerra a ellos, ni a sus ciudades y territorios, ni auxilien tampoco a los que se la hagan.

20 Y nos ha parecido bien aceptar el escudo que nos han traído.

21 Por lo tanto, si hay algunos hombres malvados que, fugitivos de su propio país, se hayan refugiado entre vosotros, entregádselos a Simón, príncipe de los sacerdotes, para que los castigue según su ley.”

22 [3639] Esto mismo escribieron al rey Demetrio, y a Atalo, y a Ariarates, y a Arsaces;

23 como también a todos los pueblos, a saber, a los de Lámpsaco, y a los de Lacedemonia, y a los de Delos, y de Mindos, y de Sición, y a los de la Caria, y de Samos, y de la Panfilia, a los de Licia, y de Alicarnaso, de Coo, y de Siden, y de Aradón, y de Rodas, y de Fasélides, y de Gortina, y de Gnido, y de Chipre, y de Cirene.

24 Y de estas cartas, enviaron los romanos una copia a Simón, príncipe de los sacerdotes, y al pueblo de los judíos.

Ruptura de las relaciones entre el rey y Simón

25 A este tiempo el rey Antíoco puso por segunda vez sitio a Dora, combatiéndola sin cesar, y levantando máquinas de guerra contra ella; y encerró dentro a Trifón, de tal suerte que no podía escapar.

26 Simón envió para auxiliarle dos mil hombres escogidos, y plata, y oro, y muchas alhajas;

27 mas aquél no quiso aceptar nada; antes bien, rompió todos los tratados hechos con él anteriormente, y se le mostró contrario.

28 [3640] Envió a Atenobio, uno de sus amigos, para tratar con Simón, y decirle de su parte: “Vosotros estáis apoderados de Jope y de Gazara, y del alcázar de Jerusalén, que son ciudades pertenecientes a mi reino.

29 Habéis asolado sus términos, y causado grandes daños al país, y os habéis alzado con el dominio de muchos lugares de mi reino.

30 Así que, o entregadme las ciudades que ocupasteis, y los tributos exigidos en los lugares de que os hicisteis dueños fuera de los límites de Judea;

31 o si no, pagad quinientos talentos de plata por aquellas ciudades, y otros quinientos por los estragos que habéis hecho, y por los tributos de las ciudades; pues de lo contrario iremos y os haremos guerra”.

32 Llegó Atenobio, amigo del rey, a Jerusalén, y viendo la magnificencia de Simón, y el oro y plata que brillaba por todas partes, y el grande aparato de su casa, se sorprendió sobremanera. Le dijo luego las palabras que el rey le había mandado.

33 Simón respondió en estos términos: “Nosotros, ni hemos usurpado el territorio ajeno, ni retenemos nada que no sea nuestro; sólo, sí, hemos tomado lo que es herencia de nuestros padres, y que nuestros enemigos poseyeron injustamente por algún tiempo.

34 Y habiéndonos aprovechado de la ocasión, nos hemos vuelto a poner en posesión de la herencia de nuestros padres.

35 Por lo que mira a las quejas que nos das tocante a Jope y Gazara, los de estas ciudades causaban grandes daños al pueblo y a todo nuestro país; estamos prontos a dar por ellas cien talentos. A lo que Atenobio no respondió palabra.

36 Pero volviéndose irritado a su rey, le dio parte de esta respuesta, y de la magnificencia de Simón, y de todo cuanto había visto; y se e indignó el rey sobremanera.

Nuevas vejaciones

37 [3641] En este intermedio Trifón se escapó en una nave a Ortosiada.

38 Y el rey dio el gobierno de la costa marítima a Cendebeo; y entregándole un ejército compuesto de infantería y caballería,

39 le mandó marchar contra Judea, ordenándole que reedificase a Gedor, y reforzase las puertas de la ciudad, y que domase el pueblo. Entretanto el rey perseguía a Trifón.

40 [3642] En efecto, Cendebeo llegó a Jamnia, y comenzó a vejar al pueblo, a talar la Judea, a prender y matar gente, y a fortificar a Gedor,

41 en la cual puso caballería e infantería para que hiciese desde allí correrías por Judea, según se lo mandó el rey.

Volver al Indice

1 Macabeos 16

Victoria dé los hijos de Simón

1 [3643] Habiendo Juan subido de Gazara, y enterado a su padre Simón de los daños que causaba Cendebeo en el pueblo;

2 llamó Simón a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: “Yo y mis hermanos, y la casa de mi padre hemos vencido a los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta este día, y hemos tenido la dicha de libertar muchas veces a Israel.

3 [3644] Mas ahora yo ya soy viejo; y así entrad vosotros en mi lugar y en el de mis hermanos, y salid a pelear por nuestra nación; y el auxilio del cielo sea con vosotros.”

4 En seguida escogió del país veinte mil hombres aguerridos de tropa de infantería y caballería, los cuales marcharon contra Cendebeo, y durmieron en Modín;

5 de donde partieron al rayar el día, y avanzando por la llanura descubrieron un numeroso ejército de infantería y de caballería, que venía contra ellos, mediando un impetuoso torrente entre ambos ejércitos.

6 Entonces Juan hizo avanzar sus tropas para acometer; mas viendo que éstas temían pasar el torrente, pasó él primero, y a su ejemplo le pasaron todos en seguida.

7 Hecho esto dividió en dos partes su infantería, colocando en medio de ella la caballería, por ser muy numerosa la de los enemigos.

8 [3645] E hicieron resonar las trompetas sagradas, y echó a huir Cendebeo con todas sus tropas; muchas de éstas perecieron al filo de la espada, y las que escaparon con vida se refugiaron en la fortaleza.

9 [3646] En esta acción quedó herido Judas, hermano de Juan; pero Juan los fue persiguiendo hasta Cedrón, la que había sido reedificada.

10 Muchos llegaron hasta los castillos que había en las llanuras de Azoto; pero Juan les puso fuego, dejando muertos allí dos mil hombres, y regresó felizmente a Judea.

Simón es muerto por su yerno Ptolomeo

11 A este tiempo Ptolomeo, hijo de Abobo, se encontraba de gobernador del llano de Jericó, y tenía mucho oro y plata;

12 pues era yerno del Sumo Sacerdote.

13 Se le hinchó de soberbia el corazón, y quería hacerse dueño del país; a cuyo fin maquinaba cómo quitar la vida por medio de alguna traición a Simón y a sus hijos.

14 [3647] Hallábase éste a la sazón recorriendo las ciudades de Judea, tomando providencias para su mayor bien, y bajó a Jericó con sus hijos, Matatías y Judas, en el undécimo mes, llamado Sabbat, del año ciento setenta y siete.

15 Les salió a recibir el hijo de Abobo con mal designio, en un pequeño castillo llamado Doc, que había él construido; donde les dio un gran convite, poniendo gente en asechanza.

16 Y cuando Simón y sus hijos hubieron tomado vino, se levantó Ptolomeo con los suyos, y tomando sus armas entraron en la sala del banquete, y asesinaron a Simón, y a sus dos hijos, y a algunos de sus criados;

17 cometiendo una gran traición en Israel, y volviendo mal por bien.

Juan Hircano, hijo de Simón, escapa a la muerte

18 Después Ptolomeo escribió todo esto al rey, rogándole que le enviase tropas en su socorro, prometiéndole entregar en su poder el país con todas sus ciudades y los tributos.

19 Despachó asimismo otros a Gazara para que matasen a Juan; y escribió a los oficiales del ejército para que se viniesen a él, que les daría plata y oro y dones.

20 Envió otros para que se apoderasen de Jerusalén y del monte donde estaba el Templo.

21 Pero se adelantó corriendo un hombre, el cual llegó a Gazara y contó a Juan cómo habían perecido su padre y hermanos, y como Ptolomeo había enviado gentes para quitarle a él también la vida.

22 Al oír tales cosas se turbó en gran manera Juan, pero luego se apoderó de los que venían para matarle; haciéndoles quitar la vida, puesto que supo que maquinaban contra la suya.

Conclusión

23 El resto de las acciones de Juan, y sus guerras, y las gloriosas empresas que llevó a cabo con singular valor, y la reedificación de los muros hecha por él, y lo demás que ejecutó;

24 [3648] todo se halla descrito en el diario de su pontificado desde el tiempo que fue hecho príncipe de los sacerdotes, después de su padre Simón.

Volver al Indice

Comentarios de Mons. Straubinger

* 1. Cetim (o Kitim) significa aquí las islas griegas y las riberas del Mar Egeo en general. Antiguamente sólo llevaba este nombre la isla de Chipre (Génesis 10, 4; Números 24, 24 y nota; Isaías 23, 12; Daniel 11, 30). Darío: Darío III Codomano (336-331 a. C.), que fue vencido por Alejandro Magno en la batalla de Iso 333).

* 8. Alejandro Magno murió en Babilonia, el año 323, después de haber repartido su imperio entre sus generales, de los cuales salió Ptolomeo como rey de Egipto, y Seleuco, general de Ptolomeo, como rey de Mesopotamia y Siria. El primero dio su nombre a la dinastía egipcia de los Ptolomeos, el segundo a la dinastía siria de los Seléucidas.

* 11. Antíoco IV Epífanes que reinó de 175 a 164 a. C. Su padre era Antíoco III el Grande. El año 137 del imperio de los griegos equivale al año 175-174 a. C. La cronología que siguen los libros de los Macabeos, es la era de los Seléucidas que comienza el primero de octubre de 312, fecha de la victoria de Seleuco I Nicator sobre su rival Antígono.

* 12. La falsedad de esta afirmación puede verse reconocida por uno de los mismos paganos en el discurso de Aquior (Judit 5, 5 ss.).

* 15 s. Un gimnasio, para hacer ejercicios físicos según la costumbre que practicaban los griegos en honor de sus dioses. Estos ejercicios se hacían con el cuerpo desnudo, por lo cual los judíos apóstatas, para no avergonzarse, disimulaban la circuncisión mediante una operación médica. Esto es el sentido del versículo 16, que dice literalmente: se hicieron para sí prepucios. Cf. I Corintios 7, 18.

* 19. Se trata de Ptolomeo VI Filometor que reinó en Egipto de 181-145 a. C.

* 23. El velo, que separaba en el Templo el Santo del Santísimo (véase Éxodo 26, 31 ss.), y que se rasgó en dos partes al morir Jesús (Mateo 27, 51). Las coronas eran, sin duda, exvotos (véase Zacarías 6, 14).

* 24. Los tesoros escondidos: el tesoro del Templo y los depósitos de las viudas y huérfanos. Véase II Macabeos 3, 10-12.

* 26 ss. Patético cuadro que recuerda las Lamentaciones de Jeremías. La hermosura de las mujeres era cosa proverbial en Israel. Véase los casos de Sara (Génesis 12, 12); Rebeca (Génesis 24, 16); Raquel (29, 17); Judit (Judit 10, 4); Ester (Ester 2, 7), etc. Así será también la Esposa del Cordero. Cf. Salmo 44, 13; Gálatas 4. 26; Apocalipsis 21, 2. etc.

* 31. Fingida dulzura. La Biblia nos ofrece de esto muchos ejemplos y nos da preciosas normas para conocer la sinceridad (Eclesiástico 12, 10; 19, 24; 26, 12; 27, 14 7 notas).

* 35. La ciudad de David: el barrio que se extendía al sur del Templo. En él se levantaba antes la ciudadela de los jebuseos que David conquistó y eligió por residencia (II Reyes 5, 7-9).

* 40. Es decir que no se habían cumplido al regreso de Babilonia las grandes esperanzas del pueblo. Véase Esdras 2, 64; 7. 6; 8. 17; Nehemías 9, 36 ss.; Ester 3, 8.

* 41. Convertidos en días de llanto sus días festivos: Cf. Tobías 2, 6; Amós 8, 10.

* 43. La formación de un solo reino, sometido a las mismas costumbres y leyes, es de -suyo una idea comprensible en la mentalidad de un tirano, pero afectaba la religión de los judíos, cuyas leyes civiles procedían de los preceptos de su religión y formaban con éstos un todo.

* 46 ss. Ante semejante relato vemos que no son cosa nueva las persecuciones de la religión en nuestros tiempos; y por el castigo terrible que tuvo Antíoco (cf. 6, 10 as.) podemos deducir cuanto odia Dios la tiranía sobre las almas (cf. II Corintios 1, 23; I Pedro 5, 3), tanto la que oprime, como aquí, la libertad religiosa, cuanto la que impone un culto extraño. Cf. Cantar de los Cantares 3, 5 y nota.

* 49. El pueblo santo: nombre honorífico de Israel. Véase Isaías 63, 18; Daniel 8, 24; 12, 7; Sabiduría 18, 1. El griego dice los santos; nombre con que se denominaban también, más tarde, los primeros cristianos. Véase Romanos 1, 7; 8, 27; 12, 13; Efesios 1, 4 etc.

* 52. Véase en el segundo Libro el martirio de Eleázaro y de los siete hijos que murieron con su madre, mártires de la fe (II Macabeos 6, 18 ss.).

* 57. El abominable ídolo de la desolación: según el griego: la abominación de la desolación. “Ésta es la gran calamidad que obsesionaba la mente del profeta Daniel” (Nácar-Colunia). Cf. Daniel 9, 27; 11, 31 y notas. Consistía en un pequeño altar erigido sobre el altar de los holocaustos y destinado al culto idolátrico. Véase versículo 62 y Josefo, Ant. XII, 5, 4. Cf. Mateo 24, 15.

* 59 ss. Véase lo que hizo el rey Joakim con las profecías de Jeremías (Jeremías 36, 22 ss.).

* 65. Viandas impuras; a saber: carne inmolada a los ídolos, y carne de animales inmundos (p. ej. cerdo), o la que provenía de animales sofocados.

* 67. La ira: la ira del rey Antíoco, o la ira de Dios irritado por los pecados del pueblo.

* 1. Por ser sacerdote Matatías debía ser oriundo de la tribu de Levi. Modín: hoy día Mediye, situada entre Jerusalén y Jafa, al este de Lydda (Lud). Algunos investigadores optan por la actual localidad de Modita, al nordeste de Lydda.

* 4. Macabeo, esto es, martillo (para machacar a los enemigos). Cf. el nombre de Carlos Martel que tiene el mismo origen ideológico.

* 11. Véase 1, 40 y nota.

* 18. Amigo del rey, título que el rey otorgaba como distinción, a manera de nuestras condecoraciones, a los que le prestaban servicios extraordinarios. Véase 6, 10 y 14; 10, 65; 11, 27; II Macabeos 1. 14, etc.

* 21. El santo israelita promete fidelidad, pero no se funda en virtudes propias, sino que lo espera todo de la gracia divina. Nótese el contraste con el caso de San Pedro, quien cayó por confiar demasiado en sus propias fuerzas. “Bienaventurado el hombre que confía en el Señor y cuya esperanza es el Señor” (Jeremías 17, 7). “Si ponemos constantemente nuestros intereses en manos de Dios, no habrá demonio ni enemigo que pueda derribarnos”, dice San Antonio. Cf. Salmos 2, 12; 9A, 11; 19, 8; 32, 22; 33, 9; 50, 6; 54, 23; 90, 14; 93, 18, etc.

* 24. Se arrojó sobre él y le mató: Esta acción de Matatías, y todo lo demás que ejecutó, fue evidentemente por inspiración del Señor y mereció su agrado y aprobación. Por otra parte, estos actos de venganza en nombre de Dios y en favor del pueblo oprimido fueron, virtualmente por lo menos, la declaración de guerra contra el rey tirano. Sobre Fineés (versículo 26) y su celo por la ley, véase versículo 54; Números 25, 13 y nota.

* 28 s. Es la actitud que señala David en el Salmo 54, 7 ss. Véase la nota respectiva. Cf. II Macabeos 5, 27.

* 37. “¡Qué fiscal tan terrible será este ejemplo en el tribunal de Dios para aquellos que no por salvar su vida, sino por pretextos frívolos y causas muy ligeras se dispensan de los preceptos de la Ley de Dios y de la Santa Iglesia!” (Scío), y agreguemos: que profanan el día del Señor, haciendo de él un día de trabajo o de diversión ruidosa.

* 42. Asideos, en hebreo Hasidim, quiere decir, los piadosos. Ya antes de la sublevación de los Macabeos había hombres celosos de la Ley que con su vida defendían la fe de sus padres. Los encontramos en 7, 13 y II Macabeos 14, 6. De ellos nació la secta de los fariseos, que luego degeneraron aferrándose a las tradiciones de los mayores y precisamente por eso llegaron a ser el más poderoso obstáculo de la nueva Ley del Evangelio. Véase Mateo capítulo 23.

* 49 ss. El discurso de Matatías es un modelo de testamento espiritual que recuerda a sus hijos los ejemplos de los grandes amigos de Dios.

* 52. Véase Génesis 22, 1 ss.; Eclesiástico 44, 20 ss.; Romanos 4, 9 ss.; Hebreos 11, 17.

* 53 ss. Véase Génesis 39, 1 ss.; Números 25, 13: Eclesiástico 45, 28 ss.; Josué 1, 2 ss.; Números 14, 6 ss. El celo es la expresión más ardiente del amor a Dios. En el Nuevo Testamento tenemos como modelo del más ardiente celo a San Pablo, el cual juzgaba perdida todo lo que no redundaba en honor de Cristo (Filipenses 3, 7 s.). “Especialmente el sacerdote que se aplica en conservar la incorruptibilidad de la Iglesia, dice San Ambrosio, debe estar lleno de celo. El celo de Dios es vida… el celo es amor. El celo verdadero y puro no cede nunca a tentación alguna. Por él morimos para el pecado y vivimos para Dios” (In Ps. CXVIII).

* 57. La promesa dada a David en II Reyes 7, 16, tiene carácter mesiánico (cf. Hechos de los Apóstoles 2, 30). En Lucas 1, 32 el Ángel hace referencia a esta promesa. Véase también Salmo 88, 36 s.; 131, 11; Isaías 9, 7; 22, 22; Daniel 7, 14 y 27; Miqueas 4, 7, etc.

* 58. Sobre Elías véase IV Reyes 2, 11 y nota. Su abrasado celo: De, ahí que el Eclesiástico (capítulo 48) llame a Elías el profeta de fuego.

* 70. El año 146 de la era de los Seléucidas, o sea el 166-165 a. C. San Jerónimo vio todavía su sepulcro en Modín.

* 3. Los versículos 3-9 cantan la gloria de Judas Macabeo, figura central de todo el libro. Se nota aun en la traducción el paralelismo y ritmo poético del pensamiento hebreo. Nótese la magnífica imagen en que el autor retrata al héroe de Dios: protegía con su espada todo el campamento.

* 10. Apolonio era, según Josefo, prefecto de Samaría. Véase II Macabeos 4, 21; 5, 24. Vemos una vez más que los samaritanos continuaban separados y hostigando a los judíos. Cf. Nehemías 4, 1 ss.

* 16. Bethorón, situada a 20 km. al oeste de Jerusalén, se dividía en dos ciudades, la alta y la baja. Esta ciudad tenía la misma importancia que las Termopilas para Grecia. Véase Josué 10, 10 ss.; I Reyes 13, 18.

* 18, Admirables palabras dignas de David (cf. Salmos 32, 16-19; 43, 6 s.; II Paralipómenos 14, 11). El que manda combatir, da también la victoria (cf. Proverbios 21, 31). Así Gedeón dispersó a ciento veinte mil madianitas con trescientos hombres desarmados. Abrahán, con trescientos dieciocho criados venció a cuatro reyes. Judit derribó a Holofernes, David a Goliat. “Dios, dice San Agustín, no manda lo imposible, sino que al dar preceptos, advierte que se haga lo que se pueda y que se pida auxilio en lo que no pueda hacerse; entonces da la fuerza de obrar.” El Dios del cielo: La palabra Dios falta en los mejores manuscritos griegos. Lo mismo sucede en el versículo 22 con el nombre Señor. La Vulgata los añade con toda razón, porque faltaban en el texto original solamente por escrupulosidad. Los judíos de aquella época no se atrevían a pronunciar el Nombre santísimo de Dios, sino que lo substituían por Cielo, Nombre, etc. Véase Éxodo 3, 14 y nota; Mateo 5, 34.

* 30. Como antes hacía con largueza: “Era uno de los defectos de Antíoco, según nos cuenta Polibio. Hacía dádivas extravagantes. Así, por ejemplo, en Naucratis (Egipto) dio una pieza de oro a todos los habitantes griegos de la ciudad” (Bover-Cantera).

* 37. La expedición de Antíoco continúa en el capítulo 6. La fecha corresponde al año 165-164 a. C.

* 40. Emaús, que más tarde se llamaba Nicópolis, distaba unos 30 km. de Jerusalén. Hoy día lleva su antiguo nombre de Amwás. Es, según la tradición más antigua, la localidad en que Jesús en el día de la resurrección se dio a conocer a dos de sus discípulos. Véase Lucas 24. 13 ss. y nota.

* 41. En vez de criados dicen el texto siríaco y Josefo: cadenas, lo que concuerda mejor con el contexto. Las cadenas servían para atar a los prisioneros, que por derecho común eran esclavos. Los mercaderes los compraban a los ejércitos y los vendían en los mercados de las grandes ciudades.

* 45. Esta lamentable situación explica la plegaria que vemos en el capítulo 36 del Eclesiástico, escrito en el segundo siglo a. C. Allí el autor sagrado dirige a Dios esta oración: “Alza tu brazo contra las naciones extranjeras, para que experimenten tu poder” (Eclesiástico 36, 3).

* 48. Pasaje oscuro. Dice, en su forma actual, que los paganos buscaban en los libros sagrados de los judíos analogías y semejanzas de su propia religión, de sus ídolos, de su culto. Fillion y Crampón suponen que el sentido original era otro: los gentiles solían apoderarse de los libros sagrados, a fin de pintar en ellos las imágenes de sus ídolos. Se trataría entonces aquí de un acto de desagravio. Jünemann, quien traduce según los Setenta, dice que “los gentiles injustamente trataban de cohonestar la idolatría por la Ley, fundados en los querubines, serpiente de bronce, etc.”. De todas maneras, es cosa indudable, como lo afirman San Agustín y Filón, que los paganos y principalmente los filósofos griegos de esa época conocieron el Antiguo Testamento, de donde sacaron muchas cosas que hoy en ellos se admiran.

* 49. Nazareos: los que por algún tiempo se habían consagrado a Dios, renunciando al vino, dejándose crecer la cabellera y observando otros ritos. Terminaban su voto con un sacrificio en el Templo, pero no podían entrar en Jerusalén, por hallarse la ciudad en poder de los enemigos. Véase Números 6, 2 ss. y nota.

* 56. Les dijo que se volviesen: Sobre esta sorprendente prueba de fe, que no imitaría ningún general moderno, véase Deuteronomio 20, 7 y nota; Jueces 7, 2 ss.

* 2. En el alcázar: Se trata de la ciudadela en el monte Sión. Véase 1, 35 y nota.

* 6 ss. La escasez de hombres y armas frente al poderoso enemigo no impidió al Macabeo el gesto que vimos en 3, 56, porque él no buscaba su gloria, sino la de Dios (versículo 11). Leemos en el libro de Judit que en todas partes en donde el pueblo de Dios entraba, sin tener arco ni espada, quedaba victorioso porque el cielo combatía por él a causa de la confianza que tenía en Dios (Judit 5, 16).

* 15. Idumea no significa aquí el país de Edom sino la región suroeste de Judea. Sobre Gecerón o Jasara, véase Josué 10, 33 y nota, donde esta ciudad es llamada Gacer. Estaba situada a 8 km. al oeste de Emaús y dominaba la llanura filistea. Azoto, hoy día Esdud, era una de las cinco ciudades de los filisteos. Jamnia, antiguamente Jabneel, situada cerca de Jafa; después de la destrucción de Jerusalén sede del Sinedrio.

* 24. Porque es bueno, etc.: He aquí el elogio más usado en la Escritura para alabar al Padre Celestial, que manifiesta su omnipotencia usando de misericordia (Salmo 49, 23 y nota; 117, 1 y 29 y todo el Salmo 135). Alabar a Dios es la mejor forma de expresarle la gratitud. Así lo hizo su propio Hijo. Véase Mateo 11, 25; Juan 17, 1.

* 30. Alusión a I Reyes capítulos 14 y 17. Salvador de Israel: La idea de que Dios es el único salvador de su pueblo, se encuentra en muchos otros lugares de la Sagrada Escritura. Véase versículo 11: Jeremías 14, 8, etc.

* 36 ss. La restauración (cf. II Macabeos 10, 1-8) se refiere al segundo Templo levantado después del cautiverio de Babilonia, el mismo que, ampliado más tarde por Herodes, existía en tiempos de Cristo y fue destruido después por los romanos.

* 37. Monte Sión: En los libros del Antiguo Testamento este nombre designa la colina que se levanta en la parte nordeste de Jerusalén, y no el Sión de hoy, situado en la parte sudoeste. El nombre se usaba también para significar todo el terreno contiguo al Templo, y en sentido más amplio todavía, toda la ciudad de Jerusalén.

* 41. El alcázar dominaba al Templo y toda la parte oriental de la ciudad.

* 46. Hasta tanto que viniese un profeta: Véase 14, 41 y nota. Se advierte una vez más (cf. Esdras 2, 63; Nehemías 7, 65 y notas) la preocupación de Israel por estos mensajeros de Dios (Hebreos 1. 1), sin los cuales se sentía huérfano. San Pablo señala la importancia del don de profecía también para el Nuevo Testamento (I Corintios 14).

* 47. Piedras intactas, esto es, toscas, no labradas con instrumentos. Véase Éxodo 20, 25; Deuteronomio 27, 5.

* 52. La fecha corresponde al año 164 a. C. Era el tercer aniversario de la profanación del Templo hecha por el sacrificio ofrecido a Júpiter.

* 56. Esta fiesta de la Dedicación del Templo se celebró en adelante todos los años en el mes de Casleu (diciembre). Véase Juan 10, 22. Se llamaba también Purificación del Templo (II Macabeos 1, 18), en griego Encenia. Nótese el celo por la Casa del Señor que anima a Judas. “Me devora el celo por tu casa”, así podía decir con el Rey Profeta (Salmo 68, 10.) “Bienaventurado, dice el Espíritu Santo en los Proverbios, el hombre que me escucha y que vela continuamente a las puertas de mi Casa y está en observación en los umbrales de ella” (Proverbios 8, 34).

* 60. “Judas se limita a fortificar el monte del Templo. Que éste deba entenderse aquí por monte Sión se ve claro no sólo del contexto mismo, sino también por 4, 37 s.” (Fernández, Topografía, p. 151).

* 61. Betsura, a 28 km. al sur de Jerusalén, sobre el camino de Hebrón, fortaleza en la frontera de Idumea. Otra traducción: fortificó a Betsura.

* 2. Como se ve, las persecuciones antisemíticas no son solamente cosa moderna. Cf. Hechos de los Apóstoles 18, 2.

* 3. Acrabatane, esto es, la cuesta del Escorpión (Números 34, 4; Tos. 15, 3), nombre de un desfiladero en el sudeste de Judea, al sur del Mar Muerto. Es de notar cómo entre los enemigos de Israel, antes que los mismos gentiles (versículo 9 ss.) y antes que los Moabitas (descendientes incestuosos de Lot), castiga Dios a Edom, el pueblo de Esaú, que odiaba al de su hermano Jacob. A este respecto véase, como orientación, la profecía de Abdías; Salmo 75, 11; 136, 7; Isaías 34, 5 ss.; 63, 1; Jeremías 49, 7 ss.; Ezequiel 25, 12 ss.; 35, 1-15 y notas.

* 4. Los hijos de Beán (probablemente nombre de una ciudad o región) habían asaltado a las caravanas judías. Judas los anatematizó (versículo 5), lo que equivale a su destrucción completa. Véase Éxodo 22, 20; Levítico 27, 28; Deuteronomio 13, 13 ss.

* 6. Sobre los hijos de Ammón, que vivían en la región septentrional de Transjordania, véase Isaías 11, 14; Jeremías 27, 1 ss.; Ezequiel 21, 28 s.; Sofonías 2, 8.

* 8. Gacer, situada en Transjordania (Galaad); según San Jerónimo, a 14 millas romanas al norte de Hesebón. Como se verá en lo consecutivo, Judas castiga a todos los pueblos paganos que vejaban a los judíos.

* 9. Datemán: nombre de una ciudad del Haurán (al norte de Transjordania).

* 13. Tubín: probablemente idéntico con Et-Taibe.

* 21. Tolomaida (Ptolomais), puerto y ciudad en el norte de Palestina, entre Haifa y Sidón. Se llama en Jueces 1, 31: Accos; en la Edad Media: San Juan de Acre, lugar de innumerables acciones bélicas y último refugio de los Cruzados en Tierra Santa.

* 23. Arbates o Arbata, hoy día Rabie, a 10 kilómetros de Cesárea.

* 25. Los nabuteos, en griego nabateos, tribu árabe, cuya capital era Petra, situada entre el Mar Muerto y el golfo de Akaba (Mar Rojo).

* 26. Bosor, hoy día Busra eski scham. Maget, hoy día Tell Mikdad. Carnaim: Cf. Génesis 14, 5 y nota.

* 35. No la Masfá de Samuel (I Reyes 7, 5), sino una ciudad de Transjordania.

* 37. Rafón, hoy día Er-Rafe, situada en Galaad, quizás la Rafana citada por Plinio como perteneciente a la Decápolis.

* 46. Efrón, ciudad ubicada entre Carnaim (Transjordania) y Betsán (hoy día Beisán), donde hay varios vados del Jordán (véase versículo 52).

* 54. Ninguno de ellos: Evidente milagro si se trata de toda la guerra. Fillion, siguiendo a otros comentadores, lo refiere sólo al regreso de Betsán a Jerusalén.

* 55. “Este desgraciado episodio de los dos lugartenientes de Judas sirve al autor para poner más de relieve el valor de los hermanos Macabeos, a quienes parecía acompañar la victoria” (Nácar-Colunga). Sirve asimismo para enseñarnos que la guerra de los Macabeos era una guerra santa y que la victoria correspondía solamente a los llamados por Dios. Cf. versículo 62.

* 61. Nótese el contraste con 2, 21 y 4, 6 ss. y nota. Como vemos en el Magníficat (Lucas 1, 52), la vanagloria se castiga a si misma al incurrir en la reprobación divina. Véase en cambio, la glorificación del Macabeo en versículo 63 ss.

* 62. Aquellos varones: los Macabeos, el sacerdote Matatías y sus hijos. Es Dios quien nos llama y no nosotros. Véase Juan 15, 16: “Yo soy el que he elegido a vosotros.”

* 66. En vez de Samaría dice el griego, con Josefo y la traducción latina antigua (Itala): Maresa (ciudad de la llanura de Judea).

* 1. Elimaida: El nombre viene de Elam, provincia de Persia (Daniel 8, 2). Crampón adopta la versión del Codex Alexandrinus: Oyó que había en Persia, en (la provincia de) Elimaida, una ciudad famosa por sus riquezas de plata y oro. De esta manera se elimina la dificultad de que no hubiese ciudad de ese nombre, sino solamente una provincia.

* 4. La mención de Babilonia confirma que ella no fue destruida por Ciro, como se creía antiguamente. Véase Daniel 5, 30 y nota.

* 7. Abominación: se usa en la Sagrada Escritura como término despectivo por ídolo. Véase Isaías 41, 24; 66, 17; Jeremías 2, 7; 13, 27; Daniel 9. 27, etc.

* 9 ss. Esta desesperada lamentación final del rey a quien la Biblia presenta como el mayor dechado de perversidad, tiene para nosotros el valor de una verdadera meditación. Se ven los mismos remordimientos en Caín y en Judas, porque los crímenes oprimen la conciencia y con sus constantes acusaciones castigan al pecador. “No hay pena comparable a una conciencia cargarla de crímenes, dice San Gregorio Magno, porque cuando el hombre sufre exteriormente, se refugia en Dios; pero una conciencia desarreglada no encuentra a Dios dentro de sí mismo; entonces, ¿dónde puede hallar consuelo, dónde buscar el reposo y la paz?” (In Ps. CXVIII).

• 17. Eupator, a saber, Antíoco V con el sobrenombre de Eupator, que rein6 de 164 a 162.

• 21. Varios otros; entre ellos, según II Macabeos 13, 3-8, Menelao que había comprado el Sumo Sacerdocio.

* 32. Betzacara: hoy día Bet-Zecaria.

* 37. Treinta y dos hombres: Bover-Cantera dice cuatro y pone la siguiente nota: “Cuatro hombres: así leemos, aunque el número del texto griego críticamente más probable es 32. Pero es inverosímil, y quizás ha saltado este versículo desde el 30. Un elefante no puede llevar más que cuatro o cinco combatientes. Otros suponen que el texto griego ponía dos o tres, que se mudó en dos y treinta.”

* 43. Cf. II Macabeos 6, 18 y nota. Eleazar era uno de los cuatro hermanos de Judas Macabeo. hijos de Matatías. Saura, en griego Abarón o Sobarán, es más bien sobrenombre de Eleazar, y no el nombre de su padre. La palabra hijo falta en el griego. En 2, 5 su sobrenombre es Abarón, que puede ser idéntico con Saura o Sobarán.

* 44. Esta acción de Eleazar es considerada comúnmente como inspirada por Dios. Eleazar ofreció su vida por su pueblo, lo que equivale al amor perfecto: “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por los amigos” (Juan 15, 13). Cf. la muerte de Sansón (Jueces 16, 30 y nota).

* 46. He aquí una de las pruebas más grandes, y por lo tanto saludables, para nuestra fe (I Pedro 1, 7): el Dios que milagrosamente daba el triunfa a los ejércitos de Israel contra enemigos mucho más fuertes, como hemos visto antes, ¿no podía evitar que Eleazar fuese aplastado por la bestia? En Juan 11, 37 se plantea una pregunta análoga y no tardamos en ver luego el milagro de Lázaro. Ciertamente que a nuestro criterio carnal le parece como si Eleazar hubiese recibido un castigo en vez de un premio por su generosidad. Por eso el gran mérito de la fe está en no juzgar a Dios (II Corintios 10, 5); en conceder crédito ilimitado a Aquel que tantas pruebas nos tiene dadas de que es veraz y de que es bueno. ¿Cómo dudar, hoy, que para Eleazar fue mucho mejor esto, que si hubiera vivido unos fugaces años más? Véase también el caso de Racias (II Macabeos 14, 41 ss. y nota).

* 49. Año sabático, o año de descanso, en que no se sembraba ni cosechaba. Véase Levítico 25, 2 ss. y notas.

* 55. Filipo, el que con Antíoco IV había hecho una expedición a Persia y Media para buscar oro (véase versículos 1-5).

* 1. La fecha corresponde al año 161-160 a. C. Demetrio era hijo de Seleuco IV Filopator (187-175). Retenido como rehén por los romanos, no pudo suceder a su padre, por lo cual subió al trono Antíoco IV Epífanes (175-164), y después el hijo de éste, Antíoco V Eupator (6, 17). Demetrio se dio el título de Soter (Salvador). A estos títulos pretenciosos alude Jesús en Lucas 22, 25.

* 5. Alcimo, constituido Sumo Sacerdote por Lisias, después de la muerte de Menelao (II Macabeos 14, 3), pero rechazado por los judíos fieles, quiere ganar el favor del nuevo rey. Cf. versículos 9 y 21.

* 12. Escribas se llaman los doctores de la Ley, es decir, los que de una manera especial y exclusiva se dedicaban al estudio de las Sagradas Escrituras y adoctrinaban al pueblo. El primero que llevó este título fue Esdras. Véase Esdras 7, 6 y 11; Nehemías 8, 4.

* 13. Sobre los asideos véase 2, 42 y nota.

* 17. Es una cita libre del Salmo 78, 2 y 3, en el cual se deplora la suerte de la Ciudad Santa hollada por los gentiles. “Muchos creen que el salmista anunció en aquel salmo proféticamente este hecho de los asideos. y que esto mismo se insinúa también aquí. Judas era entonces como el general de aquella congregación” (Scío).

* 29. Según II Macabeos 14. 24, Nicanor amaba a Judas con un amor sincero. Fueron las intrigas de Alcimo las que causaron la ruptura entre el jefe sirio y el Macabeo.

* 31. Cafarsalama; hoy día Der-Sellin, a ocho kilómetros de Jerusalén.

* 33. No nos extrañe que en el Templo se ofrezcan sacrificios por el rey opresor. Véase Jeremías 29, 7. En Baruc 1, 11 los judíos son exhortados a rezar por Nabucodonosor, por ese mismo rey Nabucodonosor de Babilonia que acababa de destruir a Jerusalén. En Esdras 6, 10 se ve que también por el rey Darío de los persas se rezaba en el Templo. De la misma manera los primeros cristianos hacían oraciones por Nerón que los perseguía (véase Tito 3, 1; Romanos 13, 1 ss.). Es que también la autoridad civil viene de Dios, como lo expresa el mismo Señor ante Pilato, su injusto juez: “No tendrías poder alguno sobre mi si no te fuera dado de arriba” (Juan 19, 11).

* 36 ss. Sin perjuicio de lo observado en la nota al versículo 33, los sacerdotes imploran con lágrimas la protección divina. Cf. Joel 2, 17.

* 41. Véase IV Reyes 19, 35 y nota; Isaías 37, 36. El recordar a Dios sus beneficios para pedirle otros nuevos, es enseñanza frecuente en la Biblia, y que ha pasado a las oraciones litúrgicas.

* 49. Ese día (el trece de Adar) coincidía con las vísperas de la fiesta de Purim instituida en recuerdo de la liberación de los judíos por Ester (Ester 9, 21. Cf. II Macabeos 15, 37).

* 1. “Este capítulo comienza con un gran elogio de los romanos, que poco antes habían terminado felizmente la segunda guerra púnica, extendiéndose por Oriente su fama y su dominación. El escritor sagrado expresa lo que sobre los romanos habla traído a ellos la fama” (Nácar-Colunga).

* 2. Galacia: Se refiere a Gallia Cisalpina, es decir, a los galos del Norte de Italia, los cuales fueron vencidos definitivamente el año 190 a. C.

* 5. Filipo, rey de Macedonia, fue vencido por los romanos el año 197; su hijo Perseo, treinta años después (167). Ceteos: habitantes de las islas y riberas del Mar Egeo, aquí los macedonios. Cf. Cetim en 1, 1.

* 6. Alusión a la batalla de Magnesia (190 a. C).

* 8. En vez de indios (de la India) y medos leen algunos Jonia, y Misia, suponiéndose un error de copista. En realidad los romanos nunca poseyeron la India ni la Media (Persia). Eumenes II, rey de Pérgamo.

* 12 ss. Notable elogio de Roma como promotora del derecho de gentes, y de su moral cívica durante la república.

* 13. Recuérdese el orgulloso apostrofe del poeta sobre el destino imperial de Roma: “Tu regere imperio populos. romane, memento!”

* 16. Había en Roma dos cónsules, que ejercían alternativamente el mando militar, de modo que prácticamente parecía haber un solo magistrado.

* 3. El año 152 de los Seléucidas corresponde al año 161-160 a. C.

* 4 s. Berea, probablemente El-Bireh, situada al norte de Jerusalén. Laisa, en griego Elasá (versículo 5): identificación insegura.

* 7. No le falló el valor, según vemos en el versículo 10, pero sí tal vez la fe, o sea la confianza plena en el Dios que tantos triunfos le había dado contra enemigos superiores. Quizá en esto se halla la respuesta a la angustiosa pregunta del versículo 21.

* 10. San Ambrosio elogia la extraordinaria fortaleza de Judas, y la Iglesia lo propone como ejemplo. El Macabeo en todas las circunstancias puso su esperanza en Dios, con lo que se excluye el reproche de vanagloria que algunos le hacen injustamente.

* 15. Azoto: No puede tratarse de la ciudad homónima filistea, que estaba muy distante del campo de batalla. Es probablemente Azor.

* 21. Que ha perecido el campeón: Eco de la elegía de David sobre Jonatás (véase II Reyes 1, 19 ss). Raras veces Israel ha sufrido pérdida tan grande. Judas era para él no solamente un jefe militar, sino el restaurador de la nación, el padre de la patria.

* 22. Véase análoga observación en Juan 21, 25 sobre los hechos de N. S. Jesucristo.

* 27. El último profeta en Israel fue Malaquías, que vivió alrededor del año 500 a. C. Entretanto los israelitas vueltos de Babilonia continuaban sufriendo, como se ve, hambres, sujeción y pecados y estaban esperando ardientemente las grandes prosperidades que anunciaban los profetas. Cf. II Macabeos 1, 24 ss.; 2, 17.

* 33. El desierto de Tecuá estaba situado al este de Belén. De Tecuá era oriundo el profeta Amós (Amós 1, 1). Asfar, hoy día Bir ez Zaferán, al sur de Tecuá.

* 35. Acerca de los nabuteos, véase 5, 25 y nota.

* 36. Madaba ciudad de Transjordania, al norte de Hesebón, célebre por un mosaico del siglo VI d. C. descubierto el año 1896, que representa el mapa más antiguo de Palestina.

* 42. Sobre la venganza permitida en la Ley de Moisés véase Números 35, 36; Deuteronomio 24, 16; IV Reyes 14, 6.

* 50. Amaum: probablemente Emaús (Amwás); Tamnata, hoy día Tell Tibneh; Fara: quizás Farata al oeste de Siquem; Topo (en griego Tefón) probablemente Tapuah. Las localidades mencionadas tenían importancia estratégica y dominaban los accesos a Judea.

* 53. Rehenes: Fueron devueltos en 10, 6. También se usaba entonces el canje de prisioneros, como se ve en el versículo 70; igualmente el derecho de asilo (10, 43) y el bloqueo (13, 49; 15, 14).

* 54. Las obras de los profetas: a saber, de Ageo y Zacarías, los cuales con su palabra habían animado a los regresados del cautiverio a reconstruir el Templo.

* 55. Se muestra en esto que Dios no permite, si no hay causa especial, el ataque a su Santuario. Véase II Macabeos 5, 17 s. y nota.

* 58. Los malvados: es decir, los aludidos en el versículo 23 y en 7, 5. Véase su castigo más adelante (versículos 61 y 69).

* 62. Betbesen, en griego Betbasi, se identifica con Chirbet Bet-Bassa, al sudeste de Belén.

* 66. Odaren, en griego Odomera, nombre desconocido, tal vez un general de Báquides.

* 73. Macmás o Micmás, fortaleza situada al norte de Jerusalén. Véase Esdras 2, 27; Isaías 10, 28. Sobre la exterminación de los impíos véase el ejemplo de David en el Salmo 100 y sus notas.

* 1. En el año 152 a. C. según nuestra era. Se trata aquí de Alejandro Balas, de origen humilde, que se hizo pasar por hijo de Antíoco Epífanes.

* 10. No sólo la ciudad sino también el Templo había sufrido mucho. Cf. 6, 62; 9, 54. Véase versículos 39 ss.

* 11. Monte Sión: Véase 4, 37 y nota.

* 20. Amigo del rey: Véase 2, 18 y nota. La vestidura de púrpura y la corona de oro son regalos con que se obsequiaba a los reyes. Alejandro Balas, reconoce con esto virtualmente la independencia del pequeño pueblo judío.

* 21. Estola santa: ornamento distintivo del Sumo Sacerdote. Sobre la magnificencia de los ornamentos del Sumo Sacerdote véase Eclesiástico 45, S ss. Cf. Éxodo 28, 4 ss.; 39, 2 ss.; Levítico 8, 7 ss. La silla del Pontífice estaba vacante desde la muerte de Alcimo (9, 56). Jonatás, por ser sacerdote, pertenecía a la casa de Aarón; sin embargo, en sentido estricto, no le correspondía la dignidad de Sumo Sacerdote. Pero no había otro después de la muerte de Onías y la huida de su hijo a Egipto.

* 26. Nótese el contraste entre esta diplomacia hipócrita, frecuente en todos los tiempos, y la que señalamos en 8, 23. Así también los judíos no creyeron en tales promesas (versículo 46).

* 29. Las coronas: Véase versículo 20. Corona significa aquí una clase de impuestos, que se pagaba en forma de una corona de oro o en el valor respectivo.

* 30. Las tres ciudades incorporadas a Judea son: Efrén, Lydda. Ramatain (cf. 11. 34, texto griego). Pertenecían antes a Samaría. La palabra Galilea está de más.

* 32. Esta ciudadela había sido motivo de constantes dificultades para los judíos (cf. 1, 35-39; 4, 41; 6, 18, etc.). Ahora se la ofrecían al Sumo Sacerdote que era también jefe del poder civil (cf. versículo 38).

* 34. Los días solemnes: las tres fiestas principales eran Pascua, Pentecostés y la fiesta de los Tabernáculos, en las cuales los judíos tenían que peregrinar a Jerusalén. Cf. Éxodo 12, 1 ss.; 23, 16; 34, 22; 33. 16; Levítico 23, 33 ss. Además se celebraba el gran día de la Expiación (Levítico capítulo 16), la fiesta de Purim (Ester 9, 17 ss.) y probablemente también la fiesta de la Purificación del Templo (4, 52-59). Sobre los sábados véase Éxodo 20, 11; Levítico 23, 3; Números 28, 9 s.; IV Reyes 4, 23; sobre las neomenias véase Números 28, 11 ss.; Isaías 1, 13; 66, 3; Ez- 48, 3.

* 36. Gran rey: Los reyes de Siria solían llamarse así a ejemplo de los de Nínive, Babilonia y Persia (IV Reyes 18, 28; Isaías 36, 4, etc.). En el griego se lee simplemente: el rey.

* 40. Un siclo pesaba 8,19 gramos; el siclo sagrado o del Templo 16,83 gr.

* 42. Pertenecerán a los sacerdotes: Parece haber aquí una intención de soborno a éstos, si se considera lo que habían resuelto los reyes Joás (IV Reyes 12, 4 ss.) y Josías (IV Reyes 22, 4 ss.).

* 48 ss. Vemos cómo los jefes del pueblo y los mismos reyes jugaban entonces su vida en las batallas. Si hoy fuera así, quizás habría menos guerras…

* 50. Demetrio reinó doce años (162-150), Alejandro Balas, cinco años (150-145).

* 57 ss. Cleopatra: Nombre frecuente entre las princesas sirias y egipcias. No es ésta la hermosa reina de Egipto, amante de César y de Marco Antonio, que se suicidó el año 30 a. C.

* 63. De modo semejante honró el rey Jerjes a Mardoqueo (Ester 6. 11 ss.). Cf. los honores que el Faraón tributó a José (Génesis 41, 43).

* 67. En el año 147 a. C., según nuestra era.

* 71. El valor militar en mí reside. El texto griego dice: Conmigo está la fuerza de las ciudades, es decir, las poderosas ciudades filisteas y fenicias.

* 75. Jope, hoy día Jafa, el puerto más cercano a Jerusalén, distante unos 60 kilómetros.

* 78. Azoto, situada al sur de Jope, una de las ciudades filisteas; hoy día Esdud.

* 83. Dagón era el dios nacional de los filisteos, representado como medio hombre, medio pez. En ese mismo templo de Dagón los filisteos metieron en tiempos de Helí, el Arca que habían quitado a los israelitas, mas al día siguiente Dagón yacía boca abajo en el suelo (I Reyes 5, 2 ss.) y los filisteos sufrieron tanto que devolvieron el Arca. También esta vez Dagón fue incapaz de salvar a sus adoradores.

* 89. La hebilla de oro: condecoración que se llevaba en el hombro para sujetar el manto. Véase 11, 58; 14, 44. Como se ve, Jonatás supo aprovecharse de la guerra civil siria para reforzar su posición. Acarón: una de las cinco ciudades filisteas.

* 2. Su suegro: Véase 10, 57 s. y nota.

* 7. El rio Eleutero, hoy día Nahr-el-Kebir, que desemboca en el Mar Mediterráneo y forma la frontera entre Fenicia y Siria.

* 19. Se trata de Demetrio II, hijo de aquel Demetrio que murió en la batalla (10, 50). El año es el 145 a. C.

* 20. Cf. 10, 32.

* 26. Cf. 10, 6; 10, 18-20; 10, 25-45; 10, 61-65.

* 28. Es poco menos que inexplicable que Jonatás pida franquicia de impuestos para Samaría, país siempre hostil a los judíos. Hay sin duda un error del copista y debe leerse: las tres toparquías de Samaría, es decir, las tomadas a los samaritanos, como se ve en el versículo 34 y en 10, 30 y 38.

* 31. Nuestro padre, en griego: nuestro pariente. Son expresiones de amistad y benevolencia. Igual en el versículo siguiente. Cf. Cien. 45, 8; II Paralipómenos 2, 13; Ester 13. 6.

* 34. Cf. versículo 28; 10, 30. El texto griego menciona el nombre de Efrén, además de Lida (Lydda) y Ramataim (hoy día Bet-Rima al nordeste de Lydda).

* 37. El monte santo: Sión. Véase Salmos 2, 6; 3, 5; 14, 1. Cf. 4, 37 y nota.

* 39. Trifón cuyo verdadero nombre era Diodoto, de Apamca. Emalcuel, o Yamliku, como lo llaman las inscripciones de Palmira.

* 44. Es la primera vez que entran tropas judías en la capital de los Seléucidas. ¡Admirable cambio de aspecto! Antes estaban los ejércitos sirios en Palestina, y vejaban a la población; ahora el mismo rey de Siria llama en auxilio a los judíos.

* 53. He aquí una enseñanza sobre algo muy frecuente en la vida: la gratitud que se transforma en odio, por el orgullo de no querer ser deudor. Jesús nos previene contra estas desilusiones, descubriéndonos la maldad del corazón humano (Juan 2, 24 s.) y enseñándonos a no esperar recompensa (Lucas 6, 32-35; 14, 12-14).

* 54. Es Antíoco VI, proclamado rey alrededor del año 145.

* 59. Desde los confines de Tiro. En griego: desde la Escalera de Tiro. Así se llamaba un promontorio al norte de Tolemaida (San Juan de Acre).

* 60. El río es el Éufrates. La otra parte del rio: denominación de Siria. Ascalón: una ciudad filistea, situada al norte de Gaza.

* 67. El lago de Genesar: el lago de Genesaret o de Tiberíades, llamado también Mar de Galilea. La llanura de Asor: al noroeste del lago de Merom. Cf. Josué 11, 1; 12, 19; Jueces 4, 2; I Reyes 12, 9; III Reyes 9, 15.

* 68. Él: el griego dice ellos, refiriéndose a los enemigos de Jonatás.

* 2. Los lacedemonios o espartanos o laconios, pequeño pueblo griego cuya capital era la ciudad de Esparta. Se habían ganado mucha fama por su valentía y sobriedad. De ahí todavía los adjetivos: espartano y lacónico. En tiempo de los Macabeos, ya no tenían gran importancia política.

* 6. Los ancianos o el senado de la nación formaron más tarde el sanhedrín de que habla el Evangelio.

* 7. Ario I reinó en Esparta de 309 a 265. Onías I, Sumo Sacerdote de 323-300. La carta de Ario fue escrita entre los años 309 y 300.

* 9 ss. Sobre esta notable franqueza en el trato internacional véase 8, 23 y nota. Pero sobre todo apreciemos, en un documento de esta especie, la declaración de que en los Libros Santos del Antiguo Testamento (cf. II Macabeos 2, 13 s.) está todo el orgullo y todo el consuelo de Israel, que no necesita de otra cultura literaria, filosófica ni política, pues que la sabiduría le ha sido enseñada por el mismo Dios, quien le ha confiado su revelación (cf. Salmo 147, 8 s. y notas; Romanos 9, 4 s.) y le ha dado aún sus instituciones temporales (cf. Eclesiástico 24, 35 ss. y nota). Véase la Introducción al Cantar de los Cantares sobre la interpretación de Vaccari acerca de la Esposa (Israel) que prefiere como Esposo al Pastor antes que al Rey, despreciando los oropeles perecederos con que aparentemente la aventajaban en ciencias y artes las naciones paganas. Véase también Nehemías 9, 6 ss. y su nota sobre el olvido que hoy suele hacerse de esa fuente bíblica de la cultura para buscar las bases en la antigüedad pagana, llevándonos a un concepto natural y humanista de la virtud, cuyo ideal consistiría en una moral estoica y soberbia, más que en buscar, con infantil sencillez, lo que agrada a ese Dios (cf. 1, 34; 2, 16; 4, 15 y notas) que en la Biblia nos ha mostrado su corazón de Padre (cf. Salmo 102, 13 y nota). Sobre el consuelo de las Escrituras véase también lo que dice San Pablo: “Todas las cosas que han sido escritas, para nuestra enseñanza están escritas, para que por la paciencia y consolación de las Escrituras tengamos la esperanza” (Romanos 15, 4). El encomiador más entusiasta de la Sagrada Escritura, San Crisóstomo, quien por propia experiencia conoció el consuelo de las Letras sagradas, dice: “Sea cual fuere la desgracia que pese sobre el ser humano, en la Escritura encontrará el antídoto adecuado, que ahuyenta todo pesar. Así es necesario no sólo oír las lecturas en la iglesia, sino leerla también en casa y hacer que la lectura sea provechosa” (Homilía 29 in Génesis).

* 12. Esta frase, en latín, ha quedado como una fórmula proverbial de felicitación: “Laetamur de gloria vestra.”

* 21. La historia nada sabe de una consanguinidad entre los judíos y los lacedemonios. El autor sagrado repite simplemente el texto de la carta del rey Ario.

* 25. Amat, o sea, Hamat (Emat), ciudad de Siria, a orillas del rio Orontes.

* 31. Los zabadeos, tribu árabe que vivía, como se cree, en las cercanías de Damasco.

* 33. Cf. 10, 75 y 86.

* 37. El torrente hacia el oriente: el torrente Cedrón, al oriente de Jerusalén. Cafeteta, en griego Cafenata, lugar desconocido.

* 38. La Sefelá: la llanura al oeste de Judea, entre ésta y el Mediterráneo. Adiada, hoy día El Hadite, al oeste de Jerusalén.

* 39. Este perverso aventurero consiguió cuanto se proponía, como el personaje de Daniel 11, 36. Véase 13, 32 y nota.

* 49. La gran llanura es la llanura de Esdrelón o Jesreel, llamada también de Megiddó.

* 52. El duelo era prematuro, porque Jonatás murió más tarde. Su muerte se narra en 13, 23.

* 4. También Simón estaba convencido de que su hermano Jonatás había sido matado (véase 12. 52 y nota). Judas murió en el campo de batalla, de modo que creía ser el único superviviente de la familia de su padre. Pasados algunos años él mismo dará su vida por la patria, como víctima de un ambicioso traidor.

* 8. Como vemos, fue elegido por un verdadero plebiscito el que había de ser uno de los más grandes modelos de gobernante. Consolidaba las conquistas de sus hermanos Judas y Jonatás y alcanzó, por fin, el reconocimiento de la independencia judía.

* 10. Reedificar las murallas de Jerusalén: “La indicación es de índole general y nada en concreto es dado concluir. Es probable que se trata de una restauración, no de nuevos muros; tanto más cuanto que se procede con gran precipitación” (Fernández, Topografía, p. 152).

* 20. Ador, en griego Adora, hoy día Dura, situada al sudoeste de Hebrón. Trifón intenta, invadir a Judea desde el sur.

* 23. Bascamán, localidad desconocida de Transjordania, o tal vez Tell Bazuk, al noroeste del lago de Genesaret. Como se ve, Trifón había llevado consigo a Jonatás durante toda la campaña. En vez de y a sus hijos dice el texto griego y fue enterrado allí.

* 28. La séptima la había destinado Simón para sí.

* 29. Armas: trofeos, o sea armas y armaduras tomadas a los enemigos. Navíos de escultura: No tenemos conocimiento de ninguna batalla naval entre los Macabros y sus enemigos. Fillion cree que se trata de un recuerdo de la toma del puerto de Jope. Véase 10, 76; 12, 33-34; 13. 5.

* 30. Hasta el día de hoy: Se refiere al tiempo en que fue escrito el libro. Eusebio de Cesárea, que murió el año 340 d. C, relata que el monumento existía todavía en su tiempo.

* 31. Antíoco VI reinó de 142 a 139 a. C.

* 32. Véase 12, 39 y nota. El éxito creciente de este malvado causa impresión, y es como una prueba para nuestra fe, semejante a los casos que nos muestran David y Asaf en los Salmos 36, 48 y 72 y Job en los capítulos 24 y 27. Trifón logra aún escapar más tarde de una situación desesperada (cf. 15, 14. 25 y 37), y la Biblia sólo nos dice al fin que fue perseguido (15, 39), sin indicar que le diesen alcance. Los historiadores profanos dan la noticia de que, como todos los tiranos, acabó desastrosamente, asesinado, según Josefo, o suicida según Estrabón.

* .37. El ramo: La Vulgata usa la palabra bahem, probable transcripción del griego baín que significa ramo de palmera. Por supuesto que el ramo estaba hecho de oro.

* 42. Empieza esta era judía con el año 142 a. C, el primero del pontificado de Simón.

* 43. Gaza. Los críticos dan preferencia a la lección griega Cazara o Guécer. Gaza no molestaba a los judíos, pero sí Cazara, que estaba más cerca y era un baluarte de los sirios. Véase 14, 7 y 34; 15, 28.

* 46 s. ¡Cómo sería de grande la confianza que inspiraba el corazón de este príncipe, para que recurriesen a él con palabras propias de una oración! Véase Salmo 102,10; Ezequiel 20,44.

* 52. Esta fiesta, instituida en recuerdo de la toma de la ciudadela de Jerusalén, parece haber caído pronto en desuso, ya que no se la menciona más en adelante.

* 1. El año 172 de la era de los Seléucidas corresponde al año 140 a. C.

* 2. Arsaces, nombre común de los reyes partos. Aquí se trata de Arsaces VI que lleva el nombre de Mitridates I.

* 4. Disfrutó de reposo: “El elogio, bellísimo, que se hace de Simón es en gran parte rítmico. Pero no es el paralelismo siempre tan claro en el elogio para que nos atrevamos a darle tipográficamente forma poética” (Bover-Cantera).

* 7. El alcázar: la ciudadela de Jerusalén. Véase 4, 41 y nota; 13, 49 ss. Cazara, es decir, Guécer (cf. 13, 43 y nota). Betsura, cf. 11, 65 s.

* 12. Expresión usada también para indicar la paz del reinado de Salomón (III Reyes 4, 25). “Todo este pasaje contiene un elogio tan alto del gran caudillo y pontífice, que se diría estar ya en la restauración definitiva prometida a Israel (cf. Miqueas 4, 1-5; Zacarías 3, 8-10, etc.), si no fueran notorias las grandes calamidades que el pueblo había aún de sufrir hasta nuestros días.”

* 24. Véase 8, 1 ss. La mina tenía entre 700-800 gramos. Mil minas son, pues, 7.00-800 kg. La palabra romano no está en el texto friego. Según el contexto, es evidente que el autor no habla del pueblo romano sino del judío, que estudia cómo expresar su gratitud a Simón. Así el texto de los Setenta y también la versión siríaca, que dicen ambos el pueblo, en lugar de: el pueblo romano.

* 27. Asaramel, nombre desconocido. Según algunos expositores, el lugar donde se reunía el pueblo: según otros, transcripción de una frase hebrea que significaría: príncipe del pueblo de Dios (título de] Sumo Sacerdote). Según comenta Orígenes, nuestro libro se llamaba originariamente: Historia de los príncipes del pueblo de Dios Elul el sexto es del calendario hebreo, correspondiente a la luna de agosto-septiembre.

* 34. Gazara (Guécer): cf. 13, 43 y nota.

* 41. Para siempre: esto es, perpetuándose también en sus herederos. Y aún hoy, ante esta historia de su vida, podemos invocar a Simón Macabeo como ejemplo y patrono de gobernantes. Un profeta fiel. Así en griego. Los antiguos comentaristas, prescindiendo del texto griego, solían traducir el profeta fiel, y referirlo al Mesías, cuya venida se esperaba próxima según lo anunciado por Daniel, Ageo, Malaquías, etc. Fillion se inclina a la idea de un profeta en sentido general, como en 4, 46. Lo mismo se esperaba en Esdras 2, 63 y Nehemías 7, 65. El presente pasaje podría referirse especialmente a Elías, cuya aparición estaba anunciada (véase Malaquías 4, 5; Mateo 17, 11). Algunos esperaban también a Jeremías ((Mateo 16, 14), sin duda por el grande amor que había demostrado a Israel. Véase II Macabeos 15, 14 y notas.

* 47. Sumo Sacerdote y príncipe del pueblo. He aquí la unión de los dos poderes, el eclesiástico y el civil, en una mano. Así fue hasta que los romanos en el año 63 a. C. se apoderaron del país. Y le agradó: el sentido es que aceptó de buen grado esa ocasión de servir a Dios (cf. I Timoteo 3, 1) y no que se complaciese en la autoridad, pues sin duda este verdadero israelita tendría muy presente los tremendos peligros y responsabilidades que el mando comporta para el alma. Véase Sabiduría 6, 6; Eclesiástico 7, 4 y notas.

* I. Se refiere a Antíoco VII Sidetes, que se proclamó rey el año 138 a. C. y reinó nueve años.

* 3. Los hombres malvados, aludidos en la carta del rey, son en primer lugar Alejandro Balas y Trifón.

* II. Dora, hoy día Tantura, a 9 kilómetros al norte de Cesárea del Mar.

* 15. El autor interrumpe la historia del asedio de Dora para dar a conocer la respuesta que mientras tanto había llegado de Roma. Cf. versículo 25.

* 16. El destinatario de la carta es Ptolomeo VII de Egipto.

* 22. s. Atalo, rey de Pérgamo, probablemente el segundo de este nombre. Ariarates o Ariarartes, rey de Capadocia. Arsaces VI, rey de los Partos (véase 14, 2). Los demás destinatarios son ciudades y repúblicas situadas en las islas y orillas orientales del mar Mediterráneo. Islas son: Aradón (Aradus), al norte de Sidón; Delos. Chipre, Coo, Rodas, Samos. Ciudades: Alicarnaso (Halicarnaso), Gnido, Mindos, Fasélides (Fasalís). Siden, todas situadas en Asia Menor; Sición y Lacedemonia (Esparta) en Grecia, y Gortina en Creta.

* 28 ss. Exigencias insolentes tanto en la forma como en el fondo. La ciudadela de Jerusalén estaba en poder de los israelitas desde los tiempos de David; Gazara (Guécer) fue conquistada ya por Josué (Josué 10, 33) y fortificada por Salomón (III Reyes 9, 15-17). Solamente Jope o Jafa (versículo 35) se hallaba fuera de los límites de Judá. El noble y vigoroso lenguaje del Macabeo expresa los derechos seculares de Israel sobre la Tierra Santa. Cf. Jeremías 30. 3 y nota.

* 37. El autor nos deja con la curiosidad de conocer el fin que tuvo este infame Véase sobre ello la nota a 13, 32. Ortosiada, probablemente Ortosia, en la costa de Fenicia, al norte de Trípolis.

* 40. Gedor: El texto griego dice: Cedrón. Mejor lección la de la Vulgata. No era ésta una guerra propiamente dicha, sino un continuo hostigamiento junto con pillaje y matanzas locales.

* I. Éste era Juan, hijo de Simón, a la inversa de Pedro, a quien Jesús llama “Simón hijo de Juan” (Juan 21, 15). En la historia se le da el nombre de Juan Hircano.

* 3. Vemos continuarse así, en esta ilustre familia, una vocación guerrera que le había sido impuesta por la necesidad. No era tal ciertamente el ideal de Simón, como puede verse en 14, 11 ss. Véase también, con respecto a Judas, II Macabeos 11, 15 y nota.

* 8. Las trompetas sagradas eran de plata y las tocaban solamente los sacerdotes. Véase Números 10, 1 ss.

* 9. Hasta Cedrón: Véase 15, 40 y nota.

II. Nada se sabe de este -Ptolomeo sino el abominable crimen que aquí cometió contra Simón, su ilustre suegro (versículo 16). Con éste pereció el último de los hijos de Matatías (2, 1 ss.), en forma trágica como sus cuatro hermanos, inmolados todos al bien de Israel, no menos que los sublimes mártires Eleázaro (II Macabeos 6, 18 ss.) y los siete hermanos llamados Macabeos, con su madre (II Macabeos 7, 1 ss.).

* 14. El año 177 de los Seléucidas coincide con el año 135 a. C. Simón murió a comienzos del año 135. Sabbat, o Schebaf. Enero-febrero.

15. Doc, hoy día Ain Duk, situado al noroeste de Jericó en el mismo monte en que se cree que fue tentado el Señor (monte de la Cuarentena).

* 24. Libro desgraciadamente perdido. Josefo en sus antigüedades trae un relato de esas hazañas. Juan, con el sobrenombre de Hircano, desempeñó el Pontificado durante 31 años y murió el año 105 a. C. Sus descendientes, poco concordes, se disputaron la herencia y llamaron a Pompeyo como árbitro. Éste vino con las legiones romanas, ocupó a Jerusalén el año 63 a. C. y puso fin a la dinastía de los Hasmoneos (Macabeos), instituyendo la dinastía idumea de Herodes. Así fue quitado el cetro a la tribu de Judá y estaba cerca El que había de venir (Génesis 49, 10). Aún le faltaba algo peor: su desaparición como pueblo, que fue el año 70 de nuestra era, cuando a raíz de la destrucción de Jerusalén por los romanos, comenzó la dispersión, que duró hasta nuestros días y continúa todavía en gran parte,