Habacuc

HABACUC

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Habacuc

El libro de Habacuc no da detalles sobre la vida del profeta. Nada sabemos de su vida salvo el retrato psicológico que él mismo nos pinta en los tres capítulos de su Libro. Habacuc se muestra dominado por ciertas dudas respecto al porvenir de su pueblo y al reino de Dios, mas su confianza y su fe son mayores aún. Él es el justo “que vive de la fe” según esta profundísima sentencia que él nos dejó y que San Pablo cita tres veces. Cf. 2, 4 y los últimos versículos del capítulo 3.

Habacuc profetizó antes de la invasión de Judá por los caldeos (605) puesto que tal calamidad es objeto de su vaticinio, después de la cual Habacuc predice la ruina de Babilonia, como predijo Nahúm la de Nínive, ambos crueles enemigos del pueblo y del reino de Dios. La identidad de su persona con aquel Habacuc que se menciona en el libro de Daniel (Daniel 14, 32), no es probable por razones cronológicas, pues este último aparece unos cien años después.

El Libro comienza con un diálogo entre Dios y el profeta sobre el castigo de Judá, se dirige luego contra los babilonios y termina con un magnífico y célebre cántico (capítulo 3), que ha sido recogido en varias partes por la Liturgia y que por la riqueza de su estilo denota, como Miqueas y Joel, la edad de oro de la lengua hebrea. En él, Habacuc, que es el profeta de la fe, expresa la segura esperanza en la salvación que viene de Dios y la destrucción de los enemigos de su pueblo.

El martirologio romano conmemora a Habacuc el 15 de enero.

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Habacuc 1

1 [9608] Carga que vio Habacuc profeta.

Contra los caldeos

2 ¿Hasta cuándo, Yahvé, he de clamar

sin que Tú me escuches?

¿Hasta cuándo daré voces a Ti por la violencia

sin que me salves?

3 ¿Por qué me haces ver la iniquidad

y contemplas lo que sufro?

Devastación y violencia están ante mis ojos;

hay pleitos y surgen contiendas.

4 Por eso se embota la ley,

y nunca sale sentencia justa;

el inicuo rodea al justo,

y así sale torcido el derecho.

5 [9609] Mirad a las naciones y observad;

admiraos y llenaos de espanto;

pues voy a hacer una obra en vuestros días,

que no creeríais si alguien la contase.

6 Pues he aquí que suscitaré a los caldeos,

ese pueblo cruel e impetuoso

que recorre las anchuras de la tierra,

para ocupar moradas que no son suyas.

7 Es horrible y espantoso,

y crea él mismo su derecho y su grandeza.

8 Sus caballos son más ligeros que el leopardo

y más feroces que el lobo nocturno.

Se lanza la caballería,

sus jinetes llegan de lejos;

vuelan cual águila que se da prisa para devorar.

9 Vienen todos ellos para hacer violencia;

viento abrasador va delante de ellos;

toman cautivos tan numerosos como la arena.

10 (Es un pueblo) que se burla de los reyes,

y se ríe de los príncipes;

se mofa de todas las fortalezas,

alza terraplenes y las toma.

11 [9610] Luego, como el huracán, cambia de rumbo y pasa,

y se acarrea culpa (imputando) su fuerza a su dios.

Esperanza del profeta

12 [9611] ¿No eres Tú, oh Yahvé, desde la eternidad,

el Dios mío, mi Santo?

No moriremos, porque Tú, Yahvé,

hiciste (aquel pueblo) para ejercer tu justicia;

Tú, oh Roca, le has establecido

para aplicar castigos.

13 [9612] Tus ojos son demasiado puros

para mirar el mal,

y no puedes ver la injusticia.

¿Por qué, pues, soportas a los pérfidos

y callas cuando el inicuo devora .

al que es más justo que él?

14 ¿Por qué hiciste a los hombres

como los peces del mar,

como los reptiles

que no tienen quien los gobierne?

15 A todos ellos los pesca aquél con el anzuelo;

los arrastra con su red,

y los reúne en su barredera;

por eso se goza y está alegre.

16 [9613] Y por eso ofrece sacrificios a su red,

e incienso a su barredera;

pues gracias a ellos es pingüe su porción,

y suculenta su comida.

17 ¿Es posible que siga vaciando su red,

y continúe destrozando sin piedad a los pueblos?

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Habacuc 2

Respuesta de Dios

1 [9614] Estaré en pie sobre mi atalaya,

me apostaré sobre la muralla,

y quedaré observando para ver

que me dirá (Yahvé),

y qué responderá a mi querella.

2 [9615] Y Yahvé me respondió, y dijo:

“Escribe la visión, gravándola en tablillas,

para que se pueda leer corrientemente.

3 [9616] Porque la visión tardará en cumplirse

hasta el tiempo fijado,

llegará a su fin y no fallará;

si tarda, espérala.

Vendrá con toda seguridad, sin falta alguna.

4 [9617] He aquí al soberbio,

que en su interior no tiene alma recta;

mas el justo por su fe vivirá.”

Castigo del pueblo orgulloso

5 [9618] Así como el vino es engañoso,

así tampoco permanece el hombre orgulloso;

se ensancha como el infierno su apetito,

y es insaciable como la muerte;

junta consigo todas las naciones,

y reúne bajo su dominio todos los pueblos.

6 [9619] ¿No le tomarán todos éstos

como objeto de sus fábulas, sátiras y refranes?

¿Acaso no dirán: “Ay de aquel que amontona lo que no es suyo”?

¿Hasta cuándo carga sobre sí las prendas (robadas)?

7 ¿No se alzarán improvisamente

los que te han de morder?

¿No se despertarán

los que te han de sacudir,

y serás presa de ellos?

8 Por cuanto tú despojaste a muchas naciones,

todo el resto de los pueblos te despojará a ti,

por los homicidios y por las violencias

que cometiste contra la tierra,

contra la ciudad y sus habitantes.

9 [9620] ¡Ay de aquel que para su casa amontona

ganancias injustas

a fin de poner muy alto su nido,

y salvarse del poder del mal!

10 Has ido trazando la deshonra de tu propia casa;

destruyendo a muchos pueblos

contra ti mismo pecaste.

11 Porque desde el muro clama (contra ti) la piedra,

y desde el maderaje le responde la viga.

12 [9621] ¡Ay de aquel que edifica una ciudad con sangre

y cimienta una población sobre iniquidad.

13 [9622] ¿No viene esto de Yahvé de los ejércitos:

que los pueblos trabajen para el fuego,

y las gentes se fatiguen en vano?

14 [9623] Mas (un día) la tierra se llenará

del conocimiento de la gloria de Yahvé,

como las aguas llenan el mar.

15 [9624] ¡Ay de aquel que da de beber a su prójimo,

vertiendo su saña hasta embriagarlo

para contemplar su desnudez!

16 Te saciaste de vergüenza en vez de gloria.

¡Bebe, pues, también tú,

y muestra tu incircuncisión;

a ti se te dará el cáliz de la diestra de Yahvé,

e ignominia cubrirá tu gloria.

17 [9625] Porque recaerá sobre ti

la violencia hecha al Líbano,

y el destrozo de sus animales te aterrará,

así como también la sangre humana (que derramaste),

y la violencia, que cometiste contra la tierra,

contra la ciudad y todos sus habitantes.

Contra la idolatría

18 [9626] ¿De qué sirve a la estatua

el que la haya tallado su autor?

¿a la imagen fundida

y al oráculo de mentiras,

el que confíe en él el artista

que hace ídolos mudos?

19¡Ay del que dice al leño: «¡Despierta!»;

y a una piedra muda: «¡Levántate!»

¿Acaso éstos pueden ser sus maestros?

Aunque estén cubiertos de pro y de plata,

en su interior no hay espíritu alguno.

^Mas Yahvé está en su santo Templo.

¡Calla delante de Él la tierra entera!

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Habacuc 3

Cántico de Habacuc

1 [9627] Oración de Habacuc, profeta. Un ditirambo.

2 [9628] He oído tu anuncio, oh Yahvé,

y quedé lleno de temor.

¡Ejecuta, Yahvé, tu obra

en medio de los años,

en medio de los años dala a conocer!

¡En tu ira no te olvides de la misericordia!

3 [9629] Viene Dios desde Temán,

y el Santo del monte Farán. Sélah.

Su majestad cubre los cielos,

y la tierra se llena de su gloria.

4 [9630] Resplandece como la luz,

y de su mano salen rayos,

en los cuales se esconde su poder.

5 [9631] Delante de Él va la peste,

y a su zaga la fiebre ardiente.

6 [9632] Se para y hace temblar la tierra,

echa una mirada y sacude las naciones.

Se quebrantan los montes de la eternidad,

se deshacen los collados antiguos;

suyos son los senderos eternos.

7 [9633] Afligidas veo las tiendas de Cusán;

tiemblan los pabellones del país de Madián.

8 [9634] ¿Acaso se irrita Yahvé contra los ríos?

¿Va contra los ríos tu furor,

o contra el mar tu indignación,

cuando montas sobre tus caballos,

sobre tus carros de victoria?

9 [9635] Aparece al desnudo tu arco;

tus dardos son los juramentos

que tienes pronunciados. Sélah.

Tú hiendes la tierra

por medio de los torrentes.

10 [9636] Te ven las montañas, y se estremecen;

se desbordan las aguas como diluvio;

alza el abismo su voz

y levanta en alto sus manos.

11 [9637] El sol y la luna se quedan en sus moradas;

desaparecen a la luz de tus flechas,

al brillo de los relámpagos de tu lanza.

12 Enojado recorres la tierra

y trillas en tu ira a los pueblos.

13 [9638] Saliste para la salvación de tu pueblo,

para salvación de tu ungido,

aplastando la cabeza de la casa del impío,

descubriendo totalmente el fundamento. Sélah.

14 [9639] Horadas con sus propios dardos

al jefe de sus guerreros,

que se precipitan para dispersarme,

y saltan de gozo,

como para devorar al pobre ocultamente.

15 [9640] Con tus caballos pisas el mar,

la masa de las grandes aguas.

Confianza del profeta

16 [9641] Oí, y se conmovieron mis entrañas;

a tal voz temblaron mis labios.

Penetró la carcoma en mis huesos,

y mis rodillas empezaron a vacilar.

Mas espero tranquilo

el día de la aflicción,

que vendrá sobre el pueblo que nos oprime.

17 Pues aunque no florezca la higuera,

ni haya fruto en la vid;

aunque falte el producto del olivo,

y los campos no den alimento;

aunque desaparezcan del aprisco las ovejas,

y no haya más ganado en los corrales,

18 [9642] yo, con todo, me regocijaré en Yahvé,

y me gozaré en el Dios de mi salvación.

19 Yahvé, el Señor, es mi fortaleza,

Él me da pies como de ciervo

y me hace correr sobre mis alturas.

Al maestro de música. Para instrumentos de cuerda.

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Comentarios de Mons. Straubinger

* 1. Carga: Así se llaman las profecías que anuncian castigos. Véase Nahúm 1, 1 y nota. Se nota en estos primeros versos la santa inquietud del profeta, pues pide a Dios le libre de las dudas que le torturan por la preponderancia de la injusticia y violencia en medio de su pueblo.

* 5 s. Empieza la respuesta de Yahvé. Ante todo anuncia el castigo del pueblo, mediante las naciones paganas, entre las cuales Israel será dispersada (Deuteronomio 28, 64 ss.). Voy a hacer, etc. San Pablo, hablando a los judíos de la dispersión en la sinagoga de Antioquía, cita este pasaje según los Setenta aplicándolo a la necesidad de la fe en la obra redentora de Cristo resucitado (Hechos 13, 41). Los caldeos (versículo 6): los babilonios, que en ese mismo tiempo empezaron a apoderarse del reino de Asiria, y extendían su poder con gran velocidad sobre todo el Oriente.

* 11. Los caldeos hinchados por sus éxitos, se olvidan que no son más que instrumentos de Dios (cf. Isaías 10, 7 ss.). En su vana soberbia se atribuyen a sí mismos las victorias y divinizan su poder material (véase versículo 16). Por eso caerán juntamente con sus impotentes dioses. Otra traducción: El huracán avanza y pasa, y se hace culpable. Este su poder es su dios. Condena así la divinización de la fuerza, tan tentadora para los poderosos. Véase 2, 5 ss. y nota.

* 12. El profeta formula de nuevo una pregunta referente a la justicia de Dios. Al castigar a su pueblo mediante los caldeos, ¿no será Dios demasiado severo, aniquilando tal vez al pueblo elegido? Yahvé… Dios mío, mi Santo: “Cada uno de estos tres nombres contiene un motivo especial, por el cual los hebreos contaban con la protección del Señor” (Fillion). Tú le has establecido: se refiere al pueblo caldeo y su rey Nabucodonosor. Roca: nombre de Dios. Cf. Salmo 17, 3 y nota.

* 13 ss. ¿Cómo puede Dios servirse de los impíos caldeos para castigar a los judíos, que son menos culpables y más justos que los caldeos? Las naciones son comparadas a los peces que el caldeo pesca uno tras otro para devorarlos, y a los insectos que no tienen quien los proteja.

* 16 s. El rey de Babilonia, al vencer a los judíos, endiosará sus armas creyendo que ellas le han traído el triunfo, de modo que no será honrado Dios sino un ídolo pagano.

* 1. A manera de un soldado que está de centinela, y teme la ruina total de su pueblo, el profeta está esperando la respuesta del Señor a las ansiosas preguntas formuladas en 1, 12 ss. El Señor le contesta en los versículos 2 ss.

* 2. Corrientemente: Cf. Isaías 8, 1; 30, 8; Apocalipsis 1, 19. Algunos traducen: para que corra el que lee (como mensajero de la visión).

* 3. Espérala: Se refiere al cumplimiento de la visión. Vendrá con toda seguridad: “Según San Jerónimo y otros expositores, aquí se habla del Mesías más bien que de Ciro” (Páramo). El profeta debe entretanto vivir de fe (versículo 4), seguro de que los designios de Dios se cumplirán, y esperar en paciencia (cf. Lucas 21, 19; Hebreos 10, 36; Santiago 1, 3 s.). La paciencia todo lo alcanza, dice Santa Teresa, y es porque ella, como dice Tertuliano, tiene a Dios por guía y también por depositario. Véase, con su nota, Hebreos 10, 37, donde San Pablo aclara la trascendencia mesiánica de este pasaje. Cf. I Tesalonicenses 1, 10; Santiago 5, 8.

* 4. El justo por su je vivirá: Esta sentencia ha de aplicarse en primer lugar a las circunstancias históricas. El soberbio (en hebreo: el que se infla) es el caldeo; el justo, en cambio, el pueblo israelita. Pero contiene también una revelación fundamental, que San Pablo cita tres veces (cf. Romanos 1, 17; Gálatas 3, 11; Hebreos 10, 38 y nota), porque es base de toda posible espiritualidad cristiana. Es como una síntesis de toda la Sagrada Escritura, ya que uno solo es el Espíritu que la inspira y que habló por todos los profetas. Vive en esta sentencia una verdad que nunca se agota, ya sea en cuanto nos enseña que nadie puede ser justo sin tener fe; ya en cuanto la fe es la vida del hombre justo, el cual desfallece si le falta esa fuerza con que sobrellevar las pruebas de la vida, muchas de las cuales, y especialmente la persecución, le vienen precisamente por ser justo, por no querer transigir con el mundo, y sobre todo, por adherirse de pleno corazón al escándalo de la Cruz (I Corintios 1, 23).

* 5. El primer hemistiquio se traduce de diversas maneras: Comienza aquí la enumeración de los crímenes de los caldeos (versículos 5-20). Reúne bajo su dominio: Desde la caída de los grandes imperios universales de la antigüedad (cf. Daniel 2 y notas) hasta los más recientes acontecimientos contemporáneos, la historia nos muestra siempre la inmensa verdad contenida en estos versículos, que debieran grabarse en los muros de las casas de los gobernantes para enseñarles que no sólo los individuos se pierden por el orgullo ambicioso, sino también las naciones. Cf. 1, 11 y nota.

* 6. Las prendas son los tributos que los caldeos exigían a los vencidos. La Vulgata traduce denso lodo (en vez de prendas). De aquí que San Gregorio Magno diga que aquel lodo son los deseos de un sórdido deleite.

* 9 s. Alusión a los palacios que los babilonios edificaron con las riquezas quitadas a otros pueblos. Todas estas cosas robadas claman n Dios por venganza. Las mismas piedras acusarán la rapacidad de sus poseedores.

* 12. Este ay es lanzado contra los babilonios que injustamente habían extendido su poder.

* 13. Trabajan en vano y solamente para el fuego, pues todo será pasto de las llamas en el momento en que Babilonia caerá en ruinas.

* 14. Véase la misma profecía en Isaías 11, 9. Esto se dice aquí no sólo del conocimiento de Dios (Jeremías 3.1, 34) sino también del de su gloria, en contraste con el poder de Babilonia, que desaparecerá mientras que la gloria de Yahvé en su reino permanecerá para siempre (II Reyes 7, 16 s.; Zacarías 12, 8; Ezequiel 37, 24 ss.; Jeremías 23, 5 ss., etc.). Cf. versículo 3 y nota.

* 15 s. La imagen está tomada del ebrio postrado en el suelo. Babilonia es la que embriagaba y humillaba a los pueblos, por lo cual ella misma se embriagará de la ira del Señor. Véase Isaías 19, 14.

* 17. La violencia hecha al Líbano consiste en que los invasores caldeos talaron los bosques del Líbano y mataron las bestias que allí vivían. Véase Isaías 14, 8.

* 18. Los babilonios ponen su confianza en vanos ídolos, hechuras de sus manos; los israelitas en el Dios de los cielos que tiene su trono en el Templo de Jerusalén. Véase Salmo 134, 15-18; Isaías 44, 9-20 y la carta de Jeremías en Baruc (capítulo 6).

* 1. El Cardenal Gomá caracteriza este capítulo como un “fragmento eminentemente poético, uno de los más hermosos himnos de la Biblia. En él expone el profeta, como en los capítulos 1 y 2 de su libro, pero en forma nueva, los juicios divinos que pesan sobre los impíos, y los favores celestes que caen en abundancia sobre el pueblo privilegiado” (Salterio, pág. 398). Un ditirambo. Los Setenta traducen: sobre instrumentos de cuerda. Vulgata: por las ignorancias.

* 2. Según San Agustín y otros santos Padres, este versículo se refiere al Mesías. La primera parte expresa el temor que sintió el profeta cuando Dios le dio el anuncio (la visión); la segunda encierra la súplica de llevar a cabo la obra de la liberación de su pueblo en medio de los años establecidos, es decir, pronto. Es una profecía mesiánica, siendo la liberación del pueblo de la mano de los caldeos una figura de la definitiva que debía traer el Mesías. En lugar de en medio de los años, los Setenta trasladan: Tú te darás a conocer en medio de dos animales; lección que, en combinación con Isaías (1, 3) dio jugar a la opinión de que Cristo habría nacido en el pesebre entre dos animales. La Liturgia ha adoptado la versión de los Setenta, rezando en el Responsorio de la cuarta lección de los Maitines de Navidad: “¡Oh gran misterio y admirable arcano: los animales ven al Señor nacido reclinado en el pesebre!”, y en el Responsorio de la sexta lección de la fiesta de la Circuncisión: “En medio de dos animales, yace en un pesebre y resplandece en los cielos.” Esta versión de la profecía de Habacuc dio origen a la costumbre cristiana de poner en el pesebre dos animales, un buey y un asno. Los Evangelios guardan silencio al respecto.

* 3. El Señor accede al pedido de su siervo y desciende del cielo para hacer la obra de la liberación. Temán: región de Idumea que está al sur de Palestina. Farán significa esa misma región situada al norte de la península del Sinaí. Aquí y en los versículos 9 y 13 el hebreo usa, por única vez fuera de los Salmos, la nota Sélah, que según algunos es signo musical de pausa o acentuación, y según otros es como un subrayado que acentúa la trascendencia del pasaje, como cuando Jesús añadía: “En verdad, en verdad os digo”, o “Quien tiene oídos oiga”. El profeta alude a la peregrinación del pueblo por el desierto y a la teofanía del Señor en el Sinaí. Véase Éxodo 19, 16 ss.; Deuteronomio 33, 2; Jueces 5, 4; Salmo 17, 8-16; 67, 8 ss.; Nahúm 1, 3 ss.

* 4. Rayos: literalmente: cuernos. El cuerno es símbolo del poder y de la fortaleza de Dios- De ahí la expresión “cornu salutis” en Salmo 17, 3. Cf. II Reyes 22, 3.

* 5. La peste (Vulgata: la muerte): uno de los azotes que el Señor tiene en su mano. Fiebre ardiente (Vulgata: el diablo). Estos símbolos dan a entender que Dios desciende para hacer juicio, como se ve en todo el contexto. De ahí que este capítulo haya sido llamado pequeño apocalipsis y ningún autor moderno lo identifique con la primera venida de Jesús humilde y doliente.

* 6. Se para, etc.: “Como un general que se detiene para examinar y medir las fuerzas del enemigo, así Dios observa y mide atento la tierra que va a juzgar” (Fillion). Sacude las naciones: Véase Joel 3, 1 ss. y notas. Esto parece posterior al terrible juicio sobre Edom (Abdías 16-18), pues de allí viene el Señor (versículo 3 y nota) y trae en sus vestiduras sangre de la ciudad edomita de Bosra (Isaías 63, 1 ss. y nota). Más culpables aún que los gentiles son los malos hermanos, los envidiosos hijos de Esaú. Véase la breve profecía de Abdías y su comentario. Los montes de la eternidad: Cf. Génesis 49, 26; Deuteronomio 33, 15; Ezequiel 36, 2. Suyos son los senderos eternos. Alusión a los designios eternos que Dios viene a cumplir como en los tiempos antiguos de la historia de Israel.

* 7. Los países de Cusán (Etiopia) y Madián, situados el uno al sur, el otro al norte del Sinaí, son representantes de las naciones atemorizadas por la venida del Juez. Como se ve, describe el profeta la aparición de Dios bajo la imagen de una catástrofe física.

* 8. Los caballos de Dios: los vientos y nubes. Tus carros: los Querubines. Cf. Salmo 17, 11 y nota. Fillion muestra la evidente alusión al Salmo 113, 3-6 y Éxodo 14, 14 ss. y hace notar que “también ahora el Señor acude para liberar a su pueblo”.

* 9. Tus dardos son los juramentos que tienes pronunciados. “Dios, anota Fillion, al castigar a los paganos, cumple las promesas que bajo juramento tenía hechas, en los días antiguos, en favor de las tribus que formaban su pueblo. Cf. Génesis 22, 16; Deuteronomio 32, 40-42; Salmo 88, 50. Hiendes la tierra. Cf. Zacarías 14, 2 a.; Apocalipsis 12, 15 s.; Ezequiel 38, 17 s.

* 10. Cf. Salmo 92, 3; 96, 5, etc.

* 11. Yahvé sale de su morada como un guerrero, con flechas y lanza. Ambas armas simbolizan los relámpagos, y ésos son símbolos de la cólera divina.

* 13. Para salvación de tu ungido: “Ese ungido es el pueblo elegido, Israel, o también, el reino teocrático en general, incluso el Mesías, el más glorioso descendiente de la dinastía elegida” (Crampón). El impío es, en sentido literal, el caldeo y los demás enemigos de Israel; en sentido típico, el Anticristo, como se ve en Isaías 11, 4 y nota; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 15 ss.

* 14. Se refiere a los caldeos que oprimen a Israel. Dios aplastará todo su poder.

* 15. Es una alusión al paso del Mar Rojo. Véase Salmo 76, 20.

* 16 s. La nueva traducción latina del Salterio y los Cánticos, que acaba de realizar el Pontificio Instituto Bíblico por disposición de Pío XII, contiene la siguiente nota: “Espero tranquilo (cf. I Reyes 25, 9; Isaías 14, 7); ya no pregunto impaciente (como en Habacuc 1, 2 s. y 17; 2, 1) hasta cuándo los inicuos nos oprimirán impunemente, sino que en quietud aguardo hasta que luzca el día de angustia en que será afligido el pueblo que nos oprime (de cuyo castigo tratan los versículos 13-15). Aunque no florezca… yo, con todo, etc.: aunque son tristísimas las condiciones presentes, yo me alegro, sin embargo, porque sé que Dios será nuestro auxilio.” He aquí el pensamiento que ha de consolarnos y alegrarnos en los tiempos calamitosos como los que Jesús anuncia que precederán a su glorioso retorno (cf. Mateo 24). El ver días de guerras y miseria, de apostasía (II Tesalonicenses 2, 3) y burla de las profecías “como en los días de Noé y de Lot” (Lucas 17, 26 ss.; II Pedro 3, 3 as.), debe hacernos “levantar la cabeza porque nuestra redención se acerca” (Lucas 21, 28), y convertir nuestra inquietud en paz y gozo, al pensar en las maravillas que para entonces nos están prometidas. Cf. versículo 19; I Tesalonicenses 4, 16 s. y nota.

* 18 s. Después de haber contemplado la visión, espera el profeta confiadamente que el Señor vendrá a salvar a su pueblo y guiarlo a su destino mesiánico. Por eso prorrumpe su alma en un himno de fe y alabanza con que termina este divino poema. Cf. Isaías 41, 16; 61, 10. El Señor es mi fortaleza (versículo 19): “La visión de Habacuc fue una carga (1, 1); una carga pesada, pues Dios le hizo ver todos los horrores de los cuales es capaz el hombre cuando Dios lo entrega a las pasiones por haberse alejado de Él (Romanos 1, 28). Vio el espanto y el terror que esta rebelión trae consigo y que en sí ya es castigo de Dios. Vio la ola de impiedad que cubría el mundo y que se exterioriza en luchas y violencias, aparentemente dirigidas contra hombres, pero efectivamente dirigidas contra Dios. ¿Estamos acaso también nosotros sometidos a estos poderes siniestros? Lo estaríamos si fuésemos del mundo; pero sobre los que Él ha entresacado del mundo, los que están en Él, los que el mundo odia a causa de Su Nombre y que son perseguidos por causa Suya, sobre éstos el Maligno no tiene poder. Éstos verán el castigo del impío, aunque fuese tan sólo en el día del juicio. El Todopoderoso, el Vencedor, es Dios quien nos hace andar sobre nuestras alturas cantando salmos y alabanzas, pues todas estas luchas nos descubren la sabiduría y la magnificencia de Dios, nuestro Padre” (Elpis).