Lamentaciones

LAMENTACIONES

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Lamentaciones

La tradición atribuye unánimemente a Jeremías la colección de las Lamentaciones que va unida al libro de sus profecías.

Llámame Lamentaciones o, según el griego, Trenos, porque expresan en la forma mas conmovedora el amarguísimo dolor del santo profeta por la triste suerte de su pueblo y la ruina del Templo y de la ciudad de Jerusalén. Fueron compuestas bajo la impresión de la tremenda catástrofe, inmediatamente después de la caída de la ciudad (587 a. C.).

Este pequeño libro pertenece al género de poesía lírico-elegíaco, distinguiéndose, además, por el orden alfabético de los versos en los capítulos 1-4. Su estilo es vivo y patético, pero a la vez tierno y compasivo como la voz de una madre que consuela a sus hijos. No hay en toda la antigüedad obra alguna que pueda compararse, en cuanto a la intensidad de los sentimientos, con una de estas elegías inmortales.

En el canon judío las Lamentaciones formaban parte de los cinco libros (Megillot) que se leían en ciertas fiestas. La Iglesia no ha encontrado mejor expresión que ellas para recordar la Pasión de Jesucristo, por lo cual las reza en el Oficio de Semana Santa. Este sublime grito de dolor y arrepentimiento se prestaría maravillosamente, como los siete Salmos penitenciales, para manifestaciones públicas de contrición colectiva, como las que se hacían en tiempos de mayor fe. Los grandes Obispos San Ambrosio y San Carlos Borromeo promovían especialmente estos actos de penitencia pública que libraron a los pueblos de grandes calamidades.

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Lamentaciones 1

Primera Lamentación

1 [8396] Alef.

¡Cómo ha quedado solitaria

la ciudad populosa!

Ha quedado como viuda

la que era grande entre las naciones;

la reina de las provincias

ha sido hecha tributaria.

2 Bet.

Llora amargamente en la noche

y por sus mejillas (corren) las lágrimas.

Entre todos sus amantes

no hay quien la consuele;

todos sus amigos la abandonaron,

se le trocaron en enemigos.

3 [8397] Guimel.

Judá ha ido al cautiverio,

oprimido de aflicción

y de dura servidumbre;

habita entre los gentiles,

no halla descanso;

todos sus perseguidores

le dieron alcance en sus angustias.

4 Dalet.

Los caminos de Sión están de luto,

pues no hay quien venga a las fiestas.

En ruinas todas sus puertas,

gimiendo sus sacerdotes,

desoladas sus vírgenes,

y ella llena de amargura.

5 He.

Sus adversarios han prevalecido,

sus enemigos se han envalentonado,

porque Yahvé la ha afligido

por la multitud de sus pecados.

Sus niños fueron al cautiverio,

arreándolos el opresor.

6 Vau.

Ha perdido la hija de Sión

toda su hermosura;

sus príncipes son como carneros

que no hallan pasto,

y marchan sin fuerza

delante del perseguidor.

7 [8398] Zain.

En los días de su aflicción

y de su migración

Jerusalén recuerda todos los bienes

de que gozó desde antiguo;

cómo cayó su pueblo

en manos del enemigo,

sin que nadie le ayudase;

y como la vieron sus adversarios

y se rieron de su caída.

8 [8399] Het.

Jerusalén ha pecado gravemente,

por eso es ahora objeto de asco;

cuantos la honraban la deshonran,

pues han visto su desnudez;

y ella misma vuelve su rostro gimiendo.

9 Tet.

Las faldas de su vestido están manchadas,

porque no pensaba en su fin;

cayó de modo sorprendente

y no tiene quien la consuele.

¡Mira, Yahvé, mi aflicción,

pues se engríe el enemigo!

10 Yod.

El opresor extendió su mano

sobre todas sus preciosidades,

pues ella vio cómo en su Santuario

penetraron los gentiles,

de los cuales mandaste

que no entrasen en tu Congregación.

11 Caf.

Todo su pueblo suspira buscando pan;

dan sus joyas por pan

para recobrar la vida.

¡Mira, Yahvé, y contempla

cómo estoy envilecida!

12 [8400] Lamed.

¡Oh vosotros todos

los que pasáis por el camino,

mirad y ved, si hay dolor

como el dolor que me hiere!

Pues Yahvé me ha afligido

en el día de su ardiente ira.

13 [8401] Mem.

Desde lo alto mandó Él un fuego

que devora mis huesos,

tendió una red a mis pies,

me arrojó hacia atrás;

me ha entregado a la desolación,

desfallezco todo el día.

14 Nun.

Ató con su mano el yugo de mis pecados,

que entretejidos pesan sobre mi cerviz;

me robó la fuerza.

El Señor me entregó

a quienes no puedo resistirme.

15 [8402] Samec.

Desechó el Señor a todos los príncipes

que estaban en medio de mí;

fijó contra mí un plazo

para exterminar a mis jóvenes;

como un lagar ha pisado el Señor

a la virgen, hija de Judá.

16 Ayin.

Por eso derramo lágrimas,

y son mis ojos fuentes de agua;

lejos de mí está el que me consuele,

el que reanime mi alma.

Desolados están mis hijos,

porque ha prevalecido el enemigo.

17 Pe.

Sión extiende las manos,

sin que haya quien la consuele;

Yahvé dio una orden a los enemigos

que rodeasen a Jacob;

Jerusalén ha venido a ser para ellos

un objeto de abominación.

18 Sade.

Justo es Yahvé,

pues yo fui rebelde contra sus órdenes.

Oíd, pues, todos los pueblos,

y contemplad mi dolor;

mis doncellas y mis jóvenes

han ido al cautiverio.

19 [8403] Cof.

Llamé a mis amantes,

y me engañaron,

mis sacerdotes y mis ancianos

exhalaron su alma en la ciudad,

buscando alimento para sustentar su vida.

20 [8404] Resch.

¡Mira, Yahvé, estoy en angustias,

hierven mis entrañas;

mi corazón se revuelve en mí,

por cuanto he sido muy rebelde

por fuera hace estragos la espada,

y por dentro hay (otra) clase de muerte.

21 Schin.

Ellos oyen mis gemidos,

pero nadie me consuela;

todos mis enemigos conocen mi desgracia

Envíales el día señalado,

para que sean como yo.

22 [8405] Tau.

Póngase de manifiesto

delante de Ti toda su maldad,

y trátalos como me has tratado a mí

por todos mis pecados;

porque son muchos mis suspiros,

y mi corazón desfallece.

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Lamentaciones 2

Segunda lamentación

1 [8406] Alef.

¡Cómo el Señor en su ira

ha oscurecido a la hija de Sión!

¡Cómo precipitó del cielo a la tierra

la gloria de Israel,

y en el día de su cólera

se olvidó del escabel de sus pies!

2 Bet.

Arrasó el Señor, sin compasión,

todas las moradas de Jacob;

destruyó en su saña

las fortalezas de la hija de Judá;

echó por tierra y amancilló el reino

y a sus príncipes.

3 Guimel.

En el ardor de su ira

quebrantó todo el poderío de Israel;

retiró su diestra frente al enemigo;

encendió en Jacob un fuego ardiente

que por todas panes devora.

4 [8407] Dalet.

Entesó su arco como enemigo,

extendió su diestra cual adversario,

y destruyó cuanto era de bello aspecto;

en el pabellón de la hija de Sión

derramó como fuego su ira.

5 He.

El Señor se ha trocado en enemigo,

ha devorado a Israel;

ha derribado todos sus palacios,

ha destruido sus fortalezas;

ha multiplicado para la hija de Sión

los llantos y plañidos.

6 [8408] Vau.

Ha devastado su tabernáculo

como la choza de un huerto;

ha destruido su Santuario;

Yahvé ha borrado en Sión

las fiestas y los sábados;

y en el ardor de su ira

ha despreciado al rey y al sacerdote.

7 Zain.

El Señor ha desechado su altar,

ha abominado su Santuario;

ha entregado a los enemigos

los muros de sus baluartes;

resonaron gritos en la Casa de Yahvé

como en día de fiesta.

8 [8409] Het.

Determinó Yahvé destruir

la muralla de la hija de Sión,

extendió el cordel,

y no retiró su mano de la destrucción,

envolvió en luto

el antemural y el muro,

que languidecen juntos.

9 [8410] Tet.

Sus puertas se han hundido en el suelo;

destruyó y quebrantó sus cerrojos;

su rey y sus príncipes

están entre los gentiles;

ya no hay Ley,

y sus profetas no tienen visiones de Yahvé.

10 Yod.

Sentados en tierra

callan los ancianos de la hija de Sión;

se cubren la cabeza de ceniza

y se visten de cilicio;

inclinan a tierra sus cabezas

las vírgenes de Jerusalén.

11 [8411] Caf.

Mis ojos se consumen de tanto llorar,

mis entrañas hierven;

se derrama en tierra mi hígado

por el quebranto de la hija de mi pueblo,

al ver cómo los pequeñuelos y los lactantes

desfallecen en las plazas de la ciudad.

12 Lamed.

Preguntan a sus madres:

¿Dónde hay pan y vino?

cuando, cual heridos,

se desmayan en las plazas de la ciudad;

cuando exhalan su alma

en el regazo de sus madres.

13 Mem.

¿Qué puedo decirte,

y a quién compararte, hija de Jerusalén?

¿A quién te asemejaré, para consolarte,

oh virgen, hija de Sión?

Grande como el mar es tu llaga,

¿quién podrá curarte?

14 [8412] Nun.

Tus profetas te anunciaron

visiones vanas y necias;

no manifestaron tu iniquidad

para evitar tu cautiverio;

te dieron por visiones

profecías falsas y seductoras.

15 Samec.

Baten palmas contra ti

cuantos pasan por el camino;

silban, y menean la cabeza

contra la hija de Jerusalén.

¿Es ésta la ciudad

que tenía por nombre “Perfecta belleza”

y “Gozo de toda la tierra”?

16 Pe.

Abren contra ti la boca

todos tus enemigos;

silban, rechinan los dientes

diciendo: “La hemos devorado”;

éste es el día esperado;

ha llegado ya; lo estamos viendo.

17 [8413] Ayin.

Yahvé ha ejecutado sus planes,

ha cumplido lo decretado desde antiguo;

ha destruido sin compasión

para gozo del enemigo,

ha robustecido a tus adversarios.

18 Sade.

Su corazón clama

por auxilio al Señor:

¡Oh muro de la hija de Sión,

derrama, cual torrente,

tus lágrimas noche y día;

no te concedas descanso;

ni reposen las niñas de tus ojos.

19 [8414] Cof.

Levántate, clama de noche,

al comienzo de cada vigilia;

derrama, como agua, tu corazón

ante la faz del Señor;

alza hacia Él tus manos

por la vida de tus parvulitos

que desfallecen de hambre

en las esquinas de todas las calles.

20 [8415] Resch.

“¡Mira, Yahvé, y contempla!

¿A quién jamás has tratado así?

¿Han acaso de comer las mujeres

el fruto de su seno,

los niños que acarician?

¿Han de ser asesinados

el sacerdote y el profeta

en el Santuario de Yahvé?

21 Schin.

Yacen por tierra en las calles

jóvenes y ancianos;

mis doncellas y mis mancebos

cayeron al filo de la espada;

los mataste en el día de tu ira;

hiciste matanza sin piedad.

22 Tau.

Llamaste, como para día señalado,

de todas partes terrores contra mí,

y en aquel día de la ira de Yahvé

no hubo evadido ni fugitivo.

El enemigo aniquiló

a los que yo había acariciado y criado.”

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Lamentaciones 3

Tercera lamentación

1 [8416] Alef.

Yo soy el hombre que ha experimentado la aflicción

bajo la vara de la ira de (Dios).

2 Alef.

Me llevó y me hizo andar en tinieblas,

y no en luz.

3 Alef.

No cesa de volver contra mí

su mano todo el día.

4 Bet.

Ha consumido mi carne y mi piel,

ha roto mis huesos;

5 Bet.

ha construido contra mí,

me ha cercado de amargura y dolor.

6 [8417] Bet.

Me colocó en lugar tenebroso,

como los muertos de ya hace tiempo.

7 [8418] Guimel.

Me tiene rodeado por todos lados,

y no puedo salir;

me ha cargado de pesadas cadenas.

8 Guimel.

Aun cuando clamo y pido auxilio

obstruye Él mi oración.

9 Guimel.

Cierra mi camino con piedras sillares,

trastorna mis senderos.

10 Dalet.

Fue para mí como oso en acecho,

como león en emboscada;

11 Dalet.

torció mis caminos y me destrozó,

me convirtió en desolación;

12 Dalet.

tendió su arco,

y me hizo blanco de sus saetas.

13 [8419] He.

Clavó en mi hígado

las hijas de su aljaba;

14 He.

soy el escarnio de todo mi pueblo,

su cantilena diaria.

15 He.

Me hartó de angustias,

me embriagó de ajenjo.

16 Vau.

Me quebró los dientes con cascajo,

me sumergió en cenizas.

17 Vau.

Alejaste de mi alma la paz;

no sé ya lo que es felicidad;

18 Vau.

por eso dije:

“Pereció mi gloria y mi esperanza en Yahvé.”

19 [8420] Zain.

Acuérdate de mí aflicción

y de mi inquietud,

del ajenjo y de la amargura.

20 Zain.

Mi alma se acuerda sin cesar

y está abatida dentro de mí;

21 Zain.

meditando en esto recobro esperanza.

22 [8421] Het.

Es por la misericordia de Yahvé que no hayamos perecido,

porque nunca se acaban sus piedades.

23 Het.

Se renuevan cada mañana;

grande es tu fidelidad.

24 [8422] Het.

“Yahvé es mi porción, dice mi alma,

por eso espero en Él.”

25 [8423] Tet.

Bueno es Yahvé para quien en Él espera,

para el que le busca.

26 [8424] Tet.

Bueno es aguardar en silencio

la salvación de Yahvé.

27 [8425] Tet.

Bueno es para el hombre

llevar el yugo desde su juventud.

28 Yod.

Siéntese aparte en silencio,

pues (Dios) se lo ha impuesto;

29 [8426] Yod.

ponga en el polvo su boca;

quizá haya esperanza;

30 Yod.

ofrezca la mejilla al que le hiere,

hártese de oprobio.

31 Caf.

Porque no para siempre desecha el Señor;

32 Caf.

después de afligir usa de misericordia

según la multitud de sus piedades;

33 [8427] Caf.

pues no de buena gana humilla El,

ni aflige a los hijos de los hombres.

34 Lamed.

¿Acaso el Señor no está viendo

cómo son pisoteados todos los cautivos de la tierra?

35 Lamed.

¿Cómo se tuerce el derecho de un hombre

ante la faz del Altísimo?

36 [8428] Lamed.

¿Cómo se hace injusticia a otro en su causa?

37 Mem.

¿Quién puede decir algo,

y esto se realiza sin la orden de Yahvé?

38 Mem.

¿No proceden de la boca del Altísimo

los males y los bienes?

39 [8429] Mem.

¿Por qué se queja el hombre viviente?

(Quéjese) más bien de sus propios pecados.

40 Num.

“Examinemos y escudriñemos nuestros caminos

y convirtámonos a Yahvé.

41 Num.

Alcemos nuestro corazón, con nuestras manos,

a Dios en el cielo.

42 [8430] Num.

Hemos pecado, y hemos sido rebeldes;

Tú no has perdonado.

43 Samec.

Te cubriste de tu ira y nos perseguiste,

mataste sin piedad;

44 [8431] Samec.

pusiste una nube delante de Ti

para que no penetrase la oración;

45 Samec.

nos convertiste en desecho y basura

en medio de las naciones.

46 Ayin.

Abren contra nosotros su boca

todos nuestros enemigos;

47 Ayin.

nos amenazan el terror y la fosa,

la devastación y la ruina;

48 Ayin.

Mis ojos derraman ríos de agua

por el quebranto de la hija de mi pueblo.

49 Pe.

Se deshacen mis ojos sin cesar en continuo llanto,

50 Pe.

hasta que Yahvé levante la vista

y mire desde el cielo.

51 Pe.

Mis ojos me consumen el alma

por todas las hijas de mi ciudad.

52 Sade.

Como a ave me dieron caza

los que me odian sin motivo,

53 Sade.

me encerraron en la cisterna,

pusieron sobre mí la losa,

54 Sade.

las aguas subieron por encima de mi cabeza,

y dije: “Perdido estoy.”

55 [8432] Cof.

Desde lo más profundo de la fosa

invoqué tu nombre;

56 Cof.

Tú oíste mi voz. ¡No cierres tus oídos

a mis suspiros, a mis clamores!

57 Cof.

Cuando te invoqué te acercaste

y dijiste: “No temas.”

58 Resch.

Tú, Señor, defendiste mi alma,

salvaste mi vida,

59 Resch.

Tú ves, oh Yahvé, mi opresión;

hazme justicia;

60 Resch.

ves todos sus deseos de venganza,

todas sus maquinaciones contra mí.

61 Schin.

Tú, oh Yahvé, oíste todos sus insultos,

todas sus tramas contra mí,

62 Schin.

las palabras de mis enemigos,

y cuanto maquinan contra mí siempre.

63 Schin.

Mira, cuando se sientan y cuando se levantan,

soy yo el objeto de sus canciones.

64 [8433] Tau.

Tú les darás, oh Yahvé, su merecido,

conforme a la obra de sus manos.

65 Tau.

Cegarás su corazón,

los (cubrirás) con tu maldición;

66 Tau.

los perseguirás con furor

y los destruirás debajo del cielo, oh Yahvé.

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Lamentaciones 4

Cuarta lamentación

1 [8434] Alef.

¡Cómo se ha oscurecido el oro!

¡Cómo el oro fino perdió su valor!

Dispersas están las piedras del Santuario

en las esquinas de todas las calles.

2 Bet.

Los nobles hijos de Sión,

estimados como oro puro,

¡cómo son tenidos por vasos de barro,

obra de manos de alfarero!

3 [8435] Guimel.

Aun los chacales dan la teta

y amamantan a sus cachorros;

la hija de mi pueblo se muestra cruel

como los avestruces del desierto.

4 [8436] Dalet.

La lengua del niño de pecho,

de sed se pega al paladar;

los pequeñuelos piden pan,

y no hay quien se lo reparta.

5 He.

Los que comían manjares delicados,

perecen por las calles;

abrazan el estiércol

los que se criaron entre púrpura.

6 Vav.

La maldad de la hija de mi pueblo

es mayor que el pecado de Sodoma,

que fue destruida en un momento,

sin que nadie pusiera en ella la mano.

7 [8437] Zain.

Brillaban sus príncipes más que la nieve,

eran más blancos que la leche,

y sus cuerpos más rojos que el coral;

un zafiro era su talle.

8 Het.

Ahora su aspecto es más oscuro

que la misma oscuridad;

no se los reconoce en las calles;

su piel se les pega a los huesos,

seca como un palo.

9 Tet.

Más dichosos son los traspasados por la espada

que los muertos de hambre,

que mueren extenuados

por falta de los frutos del campo.

10 Yod.

Las manos de las mujeres, de suyo, compasivas,

cuecen a sus propios hijos;

les sirven de comida

entre las ruinas de la hija de mi pueblo.

11 Caf.

Yahvé ha apurado su furor,

derramando su ardiente ira;

encendió en Sión un fuego

que ha devorado sus fundamentos.

12 Lamed.

No creían los reyes de la tierra,

ni cuantos habitan el orbe,

que el adversario, el enemigo,

entraría por las puertas de Jerusalén.

13 [8438] Mem.

(Entraron en ella)

a causa de los pecados de sus profetas,

y de las culpas de sus sacerdotes,

que en medio de ella

derramaron la sangre de los justos.

14 Num.

Erraban por las calles,

como ciegos manchados de sangre,

y no se podía tocar sus vestidos.

15 Samec.

¡Apartaos! ¡Un inmundo!,

les gritaban.

¡Apartaos, apartaos! ¡No toquéis!

Cuando huyendo vagaron errantes,

los paganos decían:

“No han de demorar (entre nosotros).”

16 Ayin.

El rostro de Yahvé

los ha dispersado,

no volverá a mirarlos,

pues no respetaban a los sacerdotes,

y nadie se compadecía de los ancianos.

17 [8439] Pe.

Nuestros ojos desfallecían

esperando en vano nuestro socorro;

desde nuestra atalaya

buscábamos con nuestras miradas

un pueblo que no pudo salvar.

18 Sade.

Espiaban nuestros pasos,

impidiéndonos pasar por nuestras plazas.

Se acercó nuestro fin,

se cumplieron nuestros días;

porque nuestro fin ha llegado.

19 [8440] Cof.

Más veloces que las águilas del cielo,

eran nuestros perseguidores;

nos perseguían por los montes,

nos armaban emboscadas en el desierto.

20 Resch.

El espíritu de nuestro rostro,

el ungido de Yahvé,

fue tornado preso en los hoyos de ellos;

y nosotros decíamos que bajo su sombra

viviríamos entre las naciones.

21 [8441] Schin.

Aunque prorrumpes en júbilo

y te gozas, hija de Edom,

que habitas en la tierra de Us;

también a ti llegará el cáliz,

y embriagada te desnudarás.

22 [8442] Tau.

Hija de Sión,

tiene su término tu iniquidad;

Él no volverá a llevarte al cautiverio;

pero castigará tu iniquidad,

oh hija de Edom,

pondrá al descubierto tus pecados.

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Lamentaciones 5

Oración del profeta Jeremías

1 [8443] Acuérdate, Yahvé, de lo que nos ha sobrevenido,

mira y considera nuestro oprobio.

2 Nuestra herencia ha pasado a manos de extranjeros,

y nuestras casas en poder de extraños.

3 Hemos quedado huérfanos, sin padre,

y nuestras madres son como viudas.

4 A precio de plata tenemos que beber nuestra agua,

y por dinero compramos nuestra leña.

5 Somos perseguidos llevando (el yugo) sobre nuestro cuello;

estamos fatigados, y no hay para nosotros descanso.

6 Tendimos la mano a Egipto y a Asiria,

para saciarnos de pan.

7 [8444] Pecaron nuestros padres que ya no existen,

y nosotros llevamos sus culpas.

8 [8445] Nos dominan esclavos;

y no hay quien (nos) libre de su mano.

9 [8446] Con peligro de nuestra vida tratamos de conseguir nuestro pan,

temiendo la espada del desierto.

10 Nuestra piel se abrasa como un horno,

a causa del ardor del hambre.

11 Deshonraron a las mujeres en Sión,

a las vírgenes en las ciudades de Judá.

12 Los príncipes fueron colgados de las manos

y despreciados los rostros de los ancianos.

13 [8447] Los mancebos llevan el molino,

y los niños caen bajo la carga de leña.

14 Faltan los ancianos en la puerta,

y los jóvenes han dejado de cantar.

15 Cesó el gozo de nuestro corazón;

se han tornado en duelo nuestras danzas.

16 [8448] Cayó de nuestra cabeza la diadema;

¡ay de nosotros, que hemos pecado!

17 Por eso está enfermo nuestro corazón,

y se han oscurecido nuestros ojos:

18 porque el monte Sión está desolado,

y por él se pasean las raposas.

19 [8449] Mas Tú, oh Yahvé, permaneces eternamente,

tu trono (subsiste) de generación en generación.

20 ¿Cómo podrías olvidarte de nosotros para siempre,

abandonarnos por largo tiempo?

21 ¡Conviértenos a Ti, Yahvé, y nos convertiremos!

¡Renueva nuestros días, para que sean como antes!

21 [8450] ¿O nos has rechazado por completo?

¿Te has airado contra nosotros hasta el extremo?

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Comentarios de Mons. Straubinger

* 1. La verdadera grandeza de Jeremías se manifiesta en las Lamentaciones, que hoy todavía, 2.500 años después de su composición, conmueven los ánimos por su fuerza poética y la pasión avasalladora de sus afectos, que sobrepujan a todas las elegías que se han escrito hasta ahora. El pueblo judío sufrió en 587 a. C., el desastre tantas veces vaticinado por los profetas, desde Moisés hasta Jeremías, y estuvo a punto de ser borrado de la lista de las naciones, pero en su inmensa miseria tuvo la suerte de poseer, en la persona de Jeremías, no sólo un poeta que describiera su ruina, como lo hizo Homero en la caída de Troya, sino un predicador, que explicara al resto del pueblo el sentido del castigo y lo consolara con la esperanza del perdón. Esta primera Lamentación es acróstica, es decir, las iniciales hebreas de los 22 versículos corresponden a las 22 letras del alfabeto hebreo, las cuales hemos conservado en la traducción. Viuda se llama Jerusalén, por haber quedado sin hijos (habitantes), y más aún porque Dios, el divino Esposo, la ha abandonado. Cf. Isaías 1, 21; 47, 9.

* 3. Habita entre los gentiles: No se trata solamente de los que estaban cautivos en Babilonia, sino también de aquellos que se habían refugiado en otros países para escapar a la deportación. Véase Jeremías 43, 1 ss.

* 7. Sumergida en la miseria, Jerusalén recuerda las cosas deseables, es decir, la gloria pasada, el reino de David y Salomón, la magnificencia del Templo y del culto del Señor. Es lo que expresa el Dante al decir que no hay mayor dolor que acordarse de los tiempos felices en el infortunio (Infierno V).

* 8. Jerusalén se ha sumergido en sus pecados, y por esto ha perdido toda estabilidad; ha puesto su esperanza en las riquezas, poder y falsos dioses, y por eso tiene que gemir. ¡Cuántas veces el hombre moderno sigue las mismas ideologías que llevaran al pueblo de Israel a la perdición! Por lo cual nos exhorta San Agustín: “Vistas desde lo alto de las cosas divinas, las cosas de la tierra pierden su falsa grandeza, y parecen pequeñas y despreciables. De ahí es que las riquezas, la gloria, el poder, los honores y las creaturas, todo será mezquino para nosotros.”

* 12. Me ha afligido: Vulgata: me ha vendimiado, es decir, me pisó como quien pisa uvas en el lagar. Cf. versículo 15; Isaías 16, 9; 63,2 s.; Jeremías 49, 9.

* 13 s. EI fuego dentro de los huesos, la red tendida, el yugo puesto sobre el cuello, son imágenes de la situación desesperada de la ciudad destruida. Se nota cómo brota ya el remordimiento. La ciudad castigada reconoce, por boca del profeta, la justicia de Dios y se declara culpable. Esto deberían hacer todos los pueblos en tiempo de grandes tribulaciones. “El sufrimiento es la red con que Dios pesca a los hombres, los saca del agua envenenada del vicio y los atrae a su corazón.”

* 15. La virgen, hija de Judá, esto es, Jerusalén. Véase Jeremías 14, 17.

* 19. Mis amantes: Alusión a la alianza de los reyes de Judá con Egipto que falló. Véase Jeremías 2, 18; 37, 5 ss. y notas.

* 20. Se refiere a los últimos días del sitio, cuando el enemigo había rodeado la ciudad y dentro de ella muchos murieron de hambre. Véase 4, 10.

* 22. Trátalos, etc.: El deseo de que Dios castigase las maldades de los enemigos se cumplió en la destrucción de Babilonia. Cf. Daniel 5, 30; Esdras 1, 1 y nota; Salmo 136, 8 s.

* 1. La gloria de Israel: Vulgata: la ínclita Israel. Escabel de sus pies, se llama el Arca de la Alianza (I Paralipómenos 28, 2; Salmo 98, 5). Los judíos creían que Dios no permitiría la destrucción de la ciudad y del Templo donde estaba el Arca. Hinchados de orgullo, no reconocían el peligro y se burlaban de las conminaciones de los profetas. Cornelio a Lápide anota que por “escabel de sus pies” se entiende aquí todo el Templo que fue abrasado “porque del Arca bien se acordó el Señor, cuando por medio de Jeremías la sacó del Templo y la escondió para que no cayese en las manos de los caldeos”. Cf. II Macabeos 2, 5.

* 4. En el pabellón de la hija de Sión, es decir, en Jerusalén.

* 6. Su tabernáculo, sinónimo de Santuario: el Templo. Cf. Salmo 88, 40; Isaías 5, 5.

* 8. Extendió el cordel, la cuerda de medir. Es como si Dios hubiera consumado la destrucción según un plan, a manera de un constructor que toma primero las medidas. Cf. IV Rey. 21, 13 y nota. Envolvió en luto el antemural y el muro: Admírese la audacia del poeta, que llega a personificar hasta los muros.

* 9. Su rey y sus príncipes están entre los gentiles: Cf. 1, 3; 4, 20; Deuteronomio 28, 36; IV Reyes 24, 15; 25, 7. No tienen visiones. Es muy notable esta expresión, en la cual no se excluye a sí mismo el profeta que tantas visiones había tenido.

* 11. Mi hígado: “Para los hebreos el hígado era la fuente de la sangre y, por tanto, de la vida” (Bover-Cantera).

* 14. Profecías falsas y seductoras: Sobre loa falsos profetas que fueron causa de la ruina de Jerusalén, véase Jeremías 5, 31; 14, 14; 23, 13; Isaías 58, 1. etc.

* 17. Lo decretado desde antiguo es lo que Dios había anunciado desde los tiempos antiguos por medio de los profetas. Véase Levítico 26, 14 ss.; Deuteronomio 28, 15 ss., donde Moisés anunciaba ya esta infidelidad y su castigo.

* 19. Clama de noche: La Vulgata dice: alaba de noche, expresión muy delicada, que da a Scío ocasión para la siguiente nota: “Alaba al Señor por la corrección paternal que te da, y dale gracias por ella. No sólo en la prosperidad, sino también en la adversidad debemos alabar al Señor y ponernos en sus manos con humildad y confianza; y en esto se distingue el que sirve y obedece a Dios como un buen hijo a su padre, del otro que le sirve como un vil esclavo a su amo; que sólo a golpes hace su deber, y eso diciendo contra él mil reniegos, aunque inútiles.”

* 20 ss. Los versículos 20-22 son la oración que Sión dirige al Señor. Estos mismos horrores se vieron, según el testimonio del historiador Flavio Josefo, en la segunda destrucción de Jerusalén, que se verificó a la letra y tal como lo había anunciado Jesús (Mateo 24). Véase 4, 10; Levítico 26, 29; Deuteronomio 28, 53; Jeremías 19, 9; Baruc 2, 3; Éxodo 5, 10.

* 1. También esta elegía es acróstica, repitiéndose cada letra del alfabeto hebreo tres veces, es decir, como inicial de tres versos seguidos. Es el profeta quien habla en su propio nombre y en el del pueblo. A veces habla el pueblo mismo.

* 6. Los muertos de ya hace tiempo: La Vulgata dice: los muertos para siempre, es decir, que no tienen esperanza de volver a esta vida. Cf. Salmo 87, 5 s.; 142, 3.

* 7 ss. Estos versos recuerdan las quejas y lamentaciones de Job. Cf. Job 3, 23; 7, 20; 16, 12; 19, 8; 30, 20.

* 13. Las hijas de su aljaba, expresión poética que significa las saetas.

* 19 ss. Después de la desesperación (v. 18) vuelve el desolado al único remedio que queda a los afligidos: la esperanza en Dios, cuya misericordia es eterna. El mejor título a su compasión es nuestra miseria (Salmo 85, 1 y nota). San Pablo enseña que el fruto de la prueba es la esperanza (Romanos 5, 1 ss.). “Aunque caminase yo en medio de las tinieblas de la muerte, ningún mal temeré, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu báculo son mi consuelo” (Salmo 22, 4).

* 22. Véase Jeremías 46, 28 y nota.

* 24. Véase Isaías 42, 1-4; 41, 9; Mateo 12, 20.

* 25. Según el Salmo 32, 22, la bondad de Dios está en proporción con la confianza que en ella tenemos. Escuchemos lo que escribe San Bernardo al Papa Eugenio: “Os lo digo, Santísimo Padre, sólo Dios es aquel a quien nunca buscamos en vano; siempre lo hallamos si deseamos encontrarlo.” Véase Salmo 31, 10; 70, 1; 111, 7; Proverbios 16, 20; Romanos 12, 12; I Corintios 15, 19.

* 26. Norma preciosísima para capear los temporales de la vida con la seguridad de ser auxiliados en tiempo oportuno. Oigamos al respecto la voz de un alma piadosa: “¡Cuántas veces nos cuesta aguardar en silencio! No sabemos aguardar; es un arte bien difícil de aprender. Cuando estamos en necesidad y creemos no poder ya llevar nuestra cruz; cuando estamos oprimidos por todos lados y creemos estar rodeados sólo por enemigos; cuando sentimos cómo nos abandonan nuestras fuerzas y vemos el abismo al cual nos acercamos, un abismo que nos atrae poderosamente, nos parece imposible aguardar en silencio la salud de Dios. Día y noche suplicamos a Dios, cada pensamiento, cada latido del corazón es una plegaria la que —aparentemente— Dios no escucha. Sólo la confianza ilimitada en Él y la seguridad de Su presencia nos hace aguardar en silencio la salud de Dios. Y esta paciencia es buena cosa que nos hace fuertes, que nos ayuda a sobrellevar todo, que siempre será premiada, pues Dios ayuda siempre… quizás en muy otra forma de cómo nos lo hemos imaginado y como lo hemos pedido, pero siempre en la mejor forma para nosotros. Por eso, buena cosa es aguardar en silencio la salud de Dios.” Cf. v. 28; Judit 8, 20; Salmo 36, 4 s.; 129, 5 s.; Proverbios 20, 22; Isaías 30, 15; 32, 17 s.; Miqueas 7, 7, etc.

* 27. Doctrina para la educación de los hijos. La juventud, inexperta y rebosante de vida física, es excesivamente carnal, y esto le oculta las luces del espíritu. De ahí la necesidad de la disciplina, que el mismo Dios aconseja muchas veces (Proverbios 22, 15; 19, 18; 26, 3).

* 29. Parafraseando el versículo 29, el Doctor Místico da la siguiente receta para las purificaciones pasivas: “A la verdad, no es este tiempo de hablar con Dios, sino de poner, como dice Jeremías, su boca en el polvo, si por ventura le viniere alguna actual esperanza, sufriendo con paciencia su purgación. Dios es el que anda aquí haciendo pasivamente la obra en el alma; por eso ella no puede nada.”

* 33. Vemos aquí que Dios no se goza en vernos sufrir.

* 36. Santo Tomás observa que Dios no obra jamás contra la justicia, pero sí más allá de la justicia, a causa de la misericordia, que es inseparable de Él. Cf. Denz. 1.014.

* 39. En el libro de Job encontramos grandes enseñanzas a este respecto. No se trata de no lamentarse, pues el mismo Jesús lo hizo (Salmo 68 y notas), sino de no olvidar que Dios es padre y por tanto infaliblemente bueno y más sabio que nosotros en procurar nuestro bien.

* 42. Es éste uno de los muchos casos en que la Biblia nos muestra la contrición colectiva, es decir, que no sólo individualmente deben confesarse y llorarse los pecados (Nehemías capítulo 9; Daniel 9, 5 ss.; Salmo 89, 15; Baruc 3, 15 ss. y nota, etc.). Los sacerdotes de Israel, lo mismo que David y Daniel, lloraban entre el vestíbulo y el altar por los pecados del pueblo (Joel 2, 17); y también el pueblo pagano de Nínive, con su rey a la cabeza, manifestó públicamente su arrepentimiento, que los salvó de la destrucción (véase Jonás 3). Con más razón aún debiera existir en la sociedad cristiana esta contrición colectiva, pues que conocemos mejor el dogma de la caridad social y de la comunicación de bienes espirituales en el Cuerpo místico. ¿Y quién podría decir que las naciones cristianas han de sentirse menos culpables que aquellas otras? Muy al contrario, San Pablo enseña que si merece condenación el que prevarica contra la Ley de Moisés, “¿cuánto más grandes suplicios, si lo pensáis, merecerá aquel que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por vil la Sangre del Testamento, por la cual fue santificado, y ultrajare al Espíritu de la gracia?” (Hebreos 10, 29).

* 44. La nube que cubre la oración es el pecado, porque el pecado priva al alma del calor y de la luz del Sol eterno y la separa de Aquel que es su vida.

* 55 ss. Son los sentimientos del Salmo “De profundis” (129). Cuanto más impotentes y abatidos estamos, tanto más se complace ese Dios misericordioso en ayudarnos y tanto más resalta de ello su gloria, al mostrar que todo lo hace por puro amor y bondad, sin derecho ni reivindicación por nuestra parte. Dios es rico en misericordia (Efesios 2, 4). Jamás se levanta su ira sin ser suavizada por su misericordia. ¿No es la misericordia de Dios la verdadera causa de la Encarnación y Redención que Él dispuso “movido del excesivo amor con que nos amó”? (Efesios 2, 4-5).

* 64 ss. Sobre estas imprecaciones que pudieran parecer faltas de caridad, véase la nota al Salmo 108, 1.

* 1. Jeremías habla de las paredes y piedras del Templo, antes cubiertas de oro, pero ahora ahumadas y renegridas por el incendio. Todo esto es una imagen del pueblo decaído, otrora tan floreciente.

* 3. Los chacales. Véase Isaías 34, 14. Sobre el avestruz que abandona sus huevos, véase Job 39, 14 ss.

* 4. Este concepto expresado aquí en sentido material, se halla manifestado con gran elocuencia en la profecía de Amós (8, 11) con relación a los tiempos del fin, en los cuales habrá hambre y sed de oír la Palabra de Dios y no se conseguirá. En el mismo sentido cita este pasaje el Papa Benedicto XV en la Encíclica “Spiritus Paraclitus”, donde dice a los predicadores: “¿Cómo podría nuestra alma prescindir de ese alimento? ¿Y cómo es posible que el sacerdote señale a los demás el camino de la salvación si él mismo descuida instruirse por la meditación de la Escritura? ¿Y con qué derecho podría jactarse de ser en el ministerio sagrado el guía de los ciegos, la luz de aquellos que andan en tinieblas, el doctor de los ignorantes, el maestro de los niños que halla en la Ley la regla de la ciencia y de la verdad (Romanos 2, 19) si se niega a escudriñar esta ciencia de la Ley y cierra la entrada de su alma a la luz de lo alto? ¡Ah cuántos ministros sagrados, por haber descuidado la lectura de la Biblia, perecen ellos mismos de hambre y dejan perecer un grandísimo número de almas!” Cf. Eclesiástico 51, 32; Amós 8, 11.

* 7. Sus príncipes: Vulgata: sus nazareos, los que por un tiempo o para toda la vida se habían consagrado a Dios.

* 13. Insiste una vez más en el concepto de que la mala levadura fue culpable de la putrefacción de la masa (I Corintios 5, 6; Gálatas 5, 9), es decir, que la defección del pueblo, que produjo la caída de Jerusalén, fue obra de sus conductores espirituales. Lo mismo había de pasar en los días del Evangelio, en el cual se distingue entre el pueblo, que en grandes masas estaba con Jesús, y la Sinagoga farisaica y envidiosa que tramó su muerte a espaldas del pueblo.

* 17. Alusión a la alianza con Egipto. Véase 1, 19; Jeremías 37, 5 ss.

* 19 s. En el desierto: Allí fue preso el rey Sedecías (Jeremías 39, 5; 52, 8), a quien se llama el ungido del Señor, a causa del carácter teocrático del reino de Israel.

* 21. Los edomitas, enemigos hereditarios de Israel (Jeremías 49, 7 y nota). Su alegría será de corto tiempo, porque llegará a ellos el cáliz, esto es, la ira del Señor. Cf. Salmo 136, 7 y nota.

* 22. No volverá a llevarte. En efecto, en la última dispersión de Israel, que dura todavía, no fue llevada en cautiverio la nación como tal, sino que se dispersó el pueblo, siendo muchos vendidos como esclavos. Fillion interpreta esto en sentido mesiánico, citando a Jeremías 30, 3; 31, 37.

* 1. El título “Oración del profeta Jeremías”, que comúnmente se da a este capítulo, falta en el texto, mas no hay duda de que el gran profeta es autor de esta fervorosa plegaria. Comienza describiendo vivamente el estado lamentable de su pueblo que sufre el cautiverio.

* 7. Pecaron nuestros padres: “No somos nosotros inocentes (v. 16); pero más culpables son nuestros padres: fueron ellos los autores de los desórdenes del día, y murieron sin experimentar estos males” (Páramo). Véase sobre este punto Éxodo 20, 5 y nota.

* 8. No se refiere a una subversión social como la del comunismo, en que el siervo llegue a mandar a su amo, sino que habla, en sentido político, de esa sujeción en que había caído Israel bajo un pueblo que la nación escogida miraba como inferior. Aquí se ve cuan falsa es la presunción de los fariseos en Juan 8, 33. Cf. Esdras 9, 9; Baruc 2, 5.

* 9. La espada del desierto: las invasiones de los nómadas del desierto.

* 13. Los mancebos llevan el molino: Se trata de las dos piedras de que se componía el molino casero. La Vulgata vierte: abusaron de las jóvenes deshonestamente.

* 16. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! Si el orgullo es el primero de nuestros vicios y el principio de nuestras desgracias, no hay duda de que sólo puede curarse por medio de la humildad. Ahora bien, el acto más humillante es para el hombre la confesión de los pecados, el franco reconocimiento de que él es nada y que sus obras son malas. Tal actitud desarma a Dios, como dice Tertuliano, y la misericordia ocupa el puesto de la maldición.

* 19. Esta esperanza mesiánica en Aquél cuyo reino no tendrá fin es el consuelo de Israel en todas sus grandes pruebas. Cf. Salmo 9, 8; 71, 7 s.; 101, 13 y 27.

* 21. Es una gran lección de doctrina este reconocimiento de nuestra incapacidad para convertirnos a Dios, si Él no nos convierte, es decir, si Él no nos da la gracia de la conversión. Igual concepto expresa Jeremías con respecto a la salvación final de Israel. Véase Jeremías 30, 13 y nota.