Salmos

LOS SALMOS

PRIMER LIBRO

123456789a9b10111213141516171819202122232425262728293031323334353637383940

SEGUNDO LIBRO

41424344454647484950515253545556575859606162636465666768697071

TERCER LIBRO

7273747576777879808182838485868788

CUARTO LIBRO

899091929394959697989910O101102103104105

QUINTO LIBRO

106107108109110111112113a113b114115116117

118 (Alef 1-8) (Bet 9-16) (Guimel 17-24) (Dalet 25-32) (He 33-40) (Vau 41-48) (Zain 49-56) (Het 57-64) (Tet 65-72) (Yod 73-80) (Caf 81-88) (Lamed 89-96) (Mem 97-104) (Nun 105-112) (Samec 113-120) (Ayin 121-128) (Pe 129-136) (Sade 137-144) (Qof 145-152) (Resch 153-160) (Sin 161-168) (Tau 169-176)

119120121122123124125126127128129130131132133134135136137138139140141142143144145146147148149150

Los Salmos

Se ha dicho con verdad que los Salmos −para el que les presta la debida atención a fin de llegar a entenderlos− son como un resumen de toda la Biblia: historia y profecía, doctrina y oración. En ellos habla el Espíritu Santo (“qui locutus est per prophetas”) por boca de hombres, principalmente de David, y nos enseña lo que hemos de pensar, sentir y querer con respecto a Dios, a los hombres y a la naturaleza, y también nos enseña la conducta que más nos conviene observar en cada circunstancia de la vida.

A veces el divino Espíritu nos habla aquí con palabras del Padre celestial; a veces con palabras del Hijo. En algunos Salmos, el mismo Padre habla con su Hijo, como nos lo revela San Pablo respecto del sublime Salmo 44 (Hebreos 1, 8; Salmo 44, 7 s.); en otros muchos, es Jesús quien se dirige al Padre. Sorprendemos así el arcano del Amor infinito que los une, o sea los secretos más íntimos de la Trinidad, y vemos anunciados, mil años antes de la Encarnación del Verbo, los misterios de Cristo doliente (Salmos 104-106); sus pruebas Salmos 101; 117, etcétera); el grandioso destino deparado a él, y a la Iglesia de Cristo (Salmos 64; 92-98), etc.

David es la abeja privilegiada que elabora −o mejor, por cuyo conducto el mismo Espíritu Santo elabora− la miel de la oración por excelencia, e “intercede por nosotros con gemidos inefables” (Romanos 8, 26). Todo lo que pasa por las manos del Real Profeta, dice un santo comentarista, se convierte en oración: afectos y sentimientos; penas y alegrías; aventuras, caídas, persecuciones y triunfos; recuerdos de su vida o la de su pueblo (con el cual el Profeta suele identificarse), y, principalmente, visiones sobre Cristo, “sus pasiones” y “posteriores glorias” (I Pedro 1, 10-12). Profecías de un alcance insospechado por el mismo David; detalles asombrosos de la Pasión, revelados diez siglos antes con la precisión de un Evangelista; esplendores del triunfo del Mesías y su Reino; la plenitud de la Iglesia, del Israel de Dios: todo, todo sale de su boca y de su arpa, no ya sólo al modo de un canto de ruiseñor que brota espontáneamente como en el caso del poeta clásico [4191] , sino a manera de olas de un alma que vuelca, que “derrama su oración”, según él mismo lo dice (Salmo 141, 3), en la presencia paternal de su Dios.

Por eso la belleza de los Salmos es toda pura, como la gracia de los niños, que son tanto más encantadores cuanto menos sospechan que lo son. Este espíritu de David es el que da el tono a sus cantos, de modo que la belleza fluye en ellos de suyo, como una irradiación inseparable de su perfección interior, no pudiendo imaginarse nada más opuesto a toda preocupación retórica, no obstante la estupenda riqueza de las imágenes y la armonía de su lenguaje, a veces onomatopéyico en el hebreo.

La oración del salmista es toda sobrenatural, Dios la produce, como miel divina, en el alma de David, para que con ella nos alimentemos (Proverbios 24, 13) y nos endulcemos (Salmo 118, 103) todos nosotros. Por eso la entrega el santo rey a los levitas, que él mismo ha establecido de nuevo para el servicio del Santuario (II Paralipómenos capítulos 22-26). Y no ya sólo como un Benito de Nursia que funda sus monjes y los orienta especialmente hacia el culto litúrgico: porque no es una orden particular, es todo el clero lo que David organiza en la elegida nación hebrea, y él mismo elabora la oración con que había de alabar a Dios toda la Iglesia de entonces… y hoy día la Iglesia de Cristo (cf. el magnífico elogio de David en Eclesiástico 47, principalmente los vv. 9.12.) ¿Y qué digo, elabora? ¿Acaso no es él mismo quien lo reza y lo canta, y hasta lo baila en la fiesta del Arca, inundado de gozo celestial, al punto de provocar la burla irónica de su esposa la reina? A la cual él contesta, en un gesto mil veces sublime: “¡Delante de Dios que me eligió… y me mandó ser el caudillo de su pueblo Israel, bailaré yo y me humillaré más de lo que he hecho, y seré despreciable a los ojos míos!…” (II Reyes 6, 21 s.).

¿Qué mucho, pues, que Dios, amando a David con una predilección que resulta excepcional aun dentro de la Escritura, pusiese en su corazón los más grandes efluvios de amor con que un alma puede y podrá jamás responder al amor divino? ¿Y cómo no había de ser ésta la oración insuperable, si es la que expresa los mismos efectos que un día habían de brotar del Corazón de Cristo?

Después de esta breve introducción general, pasemos a hacer algunas observaciones de orden técnico.

Se dividen los 150 Salmos del Salterio en cinco partes o libros: I Libro, Salmos 1-40; II Libro, 41-71; III Libro, 72-88; IV Libro, 89-105; V Libro, 106-150.

La mayoría de los Salmos llevan un epígrafe, que se refiere o al autor, o a las circunstancias de su composición o a la manera de cantarlos. Estos epígrafes, aunque no hayan formado parte del texto primitivo, son antiquísimos; de otro modo no los pondría la versión griega de los Setenta. Según éstos, el principal autor del Salterio es David; siendo atribuidos al Real Profeta, en el texto latino, 85 Salmos, 84 en el griego y 73 en el hebreo. A más de David, se mencionan como autores de Salmos: Moisés, Salomón, Asaf, Hemán, Etán y los hijos de Coré. No se puede, pues, razonablemente desestimar la tradición cristiana que llama al libro de los Salmos ‘Salterio de David’, porque los demás autores son tan pocos y la tradición a favor de los Salmos davídicos es tan antigua, que con toda razón se puede poner su nombre al frente de toda la colección. En particular no puede negarse el origen davídico de aquellos Salmos que se citan en los libros sagrados expresamente con el nombre de David; así, por ejemplo, los Salmos 2, 15, 17, 109 y otros (Decreto de la Pontificia Comisión Bíblica del 1° de mayo de 1910.)

Huelga decir que el género literario de los Salmos es el poético. La poesía hebrea no cuenta con rima ni con metro en el sentido riguroso de la palabra, aunque sí con cierto ritmo silábico; mas lo que constituye su esencia, es el ritmo de los pensamientos, repitiéndose el mismo pensamiento dos y hasta tres veces. Este sistema simétrico de frases se llama ‘paralelismo de los miembros’.

En cuanto al texto latino de los Salmos de la Vulgata (y el Breviario), hay que observar que esto no corresponde a la versión de San Jerónimo, sino a la traducción prejeronimiana tomada de los Setenta, y divulgada principalmente en las Galias, por lo cual recibió la denominación de ‘Psalterium Gallicanum’. El doctor Máximo sólo pudo revisar dicha versión en algunas partes, porque estaba introducida ya en la Liturgia.

Recientemente, las investigaciones abnegadas de los exégetas modernos (Zorell, Knabenbauer, Miller, Peters, Wutz, Vaccari), lograron completar la obra de San Jerónimo, reconstruyendo un texto que corresponde en lo más posible al texto hebreo original.

El 24 de marzo de 1945 autorizó el Papa Pío XII para el rezo del Oficio Divino una nueva versión latina hecha por los Profesores del Instituto Bíblico de Roma a base de los textos originales.

La presente traducción sigue los mismos principios que la edición del Pontificio Instituto Bíblico y la completa con una crítica del texto, fundada en las mejores ediciones modernas. De esta manera los “pasajes oscuros” del Salterio han dejado de existir casi todos, y clero y laicos pueden disfrutar de las delicias que nos brinda el genio inspirado del Rey Profeta.

Volver al Indice

Primer Libro de los Salmos

Salmo 1

Fruto seguro de la Palabra divina

1 [4192] ¡Dichoso el hombre que no sigue

el consejo de los malvados,

ni pone el pie

en el camino de los pecadores,

ni entre los burladores toma asiento,

2 mas tiene su deleite en la Ley del Señor,

y en ella medita día y noche!

3 [4193] Es como un árbol

plantado junto a ríos de agua,

que a su tiempo dará fruto

y cuyas hojas no se marchitan;

todo cuanto hiciere prosperará.

4 [4194] No así los malvados, no así.

Ellos son como paja

que el viento desparrama.

5 [4195] Por eso en el juicio

no estarán en pie los malvados,

ni los pecadores en la reunión de los justos.

6 [4196] Porque el camino de los justos

lo cuida Yahvé,

y el camino de los malvados tiene mal fin.

Volver al Indice

Salmo 2

Triunfo del Mesías Rey

1 [4197] ¿Por qué se amotinan las gentes,

y las naciones traman vanos proyectos?

2 [4198] Se han levantado los reyes de la tierra,

y a una se confabulan los príncipes

contra Yahvé y contra su Ungido.

3 [4199] “Rompamos (dicen) sus coyundas,

y arrojemos lejos de nosotros sus ataduras.”

4 El que habita en los cielos ríe,

el Señor se burla de ellos.

5 [4200] A su tiempo les hablará en su ira,

y en su indignación los aterrará:

6 [4201] “Pues bien, soy Yo

quien he constituido a mi Rey

sobre Sión, mi santo monte.”

7 [4202] ¡Yo promulgaré ese decreto de Yahvé!

Él me ha dicho: “Tú eres mi Hijo,

Yo mismo te he engendrado en este día.

8 Pídeme y te daré en herencia las naciones,

y en posesión tuya los confines de la tierra,

9 [4203] Con cetro de hierro los gobernarás,

los harás pedazos como a un vaso de alfarero.”

10 [4204] Ahora, pues, oh reyes, comprended,

instruíos, vosotros que gobernáis la tierra.

11 Sed siervos de Yahvé con temor y alabadle,

temblando, besad sus pies,

12 antes que se irrite y vosotros erréis el camino,

pues su ira se encenderá pronto.

¡Dichosos quien haya hecho de Él su refugio!

Volver al Indice

Salmo 3

El eterno es mi escudo

1 [4205] Salmo de David cuando huía de su hijo Absalón.

2 Oh Yahvé, ¡cuán numerosos

son mis perseguidores!

¡Cuantos se levantan contra mí!

3 Muchos son los que dicen de mi vida:

“No hay para él salvación en Dios.”

4 [4206] Pero Tú, Yahvé, eres mi escudo,

Tú mi gloria,

Tú quien me hace erguir la cabeza.

5 [4207] Con mi voz invoco a Yahvé

y Él me oye desde su santo monte.

6 Me acuesto y me duermo,

y despierto incólume,

porque Yahvé me sostiene.

7 No temo a los muchos millares de gentes

que en derredor se ponen contra mí.

8 Levántate, Yahvé; sálvame, Dios mío,

Tú que heriste en la mejilla

a todos mis enemigos,

y a los impíos les quebraste los dientes.

9 [4208] De Yahvé viene la salvación,

¡Que sea tu bendición sobre tu pueblo!

Volver al Indice

Salmo 4

Para un sueño apacible. Oración vespertina

1 [4209] Al maestro de música. Para instrumentos de cuerda. Salmo de David.

2 Cuando te invoque,

óyeme ¡oh Dios de mi justicia!

Tú, que en la tribulación me levantaste,

ten misericordia de mí, y acoge mi súplica.

3 [4210] Hijos de hombres

¿hasta cuándo seréis insensatos?

¿Por qué amáis la vanidad

y buscáis lo que es mentira?

4 [4211] Sabed que Yahvé favorece

maravillosamente al santo suyo;

cuando le invoca, Yahvé me oye.

5 [4212] Temblad, y no queráis pecar;

dentro de vuestros corazones,

en vuestros lechos, recapacitad y enmudeced.

6 [4213] Ofreced sacrificios de justicia,

y esperad en Yahvé.

7 [4214] Muchos dicen:

“¿Quién nos mostrará los bienes?”

Alza Tú sobre nosotros

la luz de tu rostro, oh Yahvé.

8 [4215] Tú has puesto en mi corazón mayor alegría

que cuando abunda trigo y vino.

9 [4216] Apenas me acuesto, me duermo en paz,

porque Tú me das seguridad, oh Yahvé.

Volver al Indice

Salmo 5

Oración al despertar

1 Al maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.

2 [4217] Presta oído a mis palabras, oh Yahvé,

atiende a mi gemido;

3 advierte la voz de mi oración,

oh Rey mío y Dios mío;

4 porque es a Ti a quien ruego, Yahvé.

Desde la mañana va mi voz hacia Ti;

temprano te presento mi oración

y aguardo.

5 [4218] Tú no eres un Dios

que se complazca en la maldad;

el malvado no habita contigo,

6 ni los impíos permanecen en tu presencia.

Aborreces a todos

los que obran iniquidades;

7 Tú destruyes a todos

los que hablan mentiras;

del hombre sanguinario y doble

abomina Yahvé.

8 [4219] Mas yo, por la abundancia de tu gracia,

entraré en tu Casa,

en tu santo Templo me postraré

con reverencia, oh Yahvé.

9 [4220] A causa de mis enemigos

condúceme en tu justicia,

y allana tu camino delante de mí;

10 [4221] porque en su boca no hay sinceridad,

su corazón trama insidias,

sepulcro abierto es su garganta,

y adulan con sus lenguas.

11 [4222] Castígalos, Dios,

desbarata sus planes;

arrójalos por la multitud de sus crímenes,

pues su rebeldía es contra Ti.

12 Alégrese, empero,

los que en Ti se refugian;

regocíjense para siempre

y gocen de tu protección,

y gloríense en Ti cuantos aman tu Nombre.

13 Pues Tú, Yahvé, bendices al justo,

y lo rodeas de tu benevolencia

como de un escudo.

Volver al Indice

Salmo 6

Oración de un penitente

1 [4223] Al maestro de canto. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo de David.

2 [4224] Yahvé, no quieras argüirme en tu ira,

ni corregirme en tu furor.

3 Ten misericordia de mí, oh Yahvé,

porque soy débil;

sáname, porque hasta mis huesos se sacuden

4 [4225] y mi alma está en el colmo de la turbación;

mas Tú, Yahvé ¿hasta cuándo?

5 Vuélvete, oh Yahvé, libra mi alma;

sálvame por tu misericordia,

6 [4226] porque en la muerte

no hay quien se acuerde de Ti;

¿quién te alaba en el sepulcro?

7 Me hallo extenuado de tanto gemir,

cada noche inundo en llanto mi almohada,

y riego con mis lágrimas el lecho.

8 A causa de todos mis enemigos,

van mis ojos apagándose de tristeza,

y envejecen.

9 [4227] Apartaos de mí todos

los que obráis la iniquidad;

pues Yahvé ha oído la voz de mi llanto.

10 Yahvé escuchó mi demanda,

Yahvé aceptó mi oración.

11 Mis enemigos todos quedarán sonrojados

y llenos de vergüenza;

huirán súbitamente confundidos.

Volver al Indice

Salmo 7

Apelación del justo al Supremo Juez

1 [4228] Lamentación que David entonó con ocasión de las palabras de Cus, hijo de Benjamín.

2 Yahvé, Dios mío, a Ti me acojo;

líbrame de todo el que me persigue,

y ponme a salvo;

3 [4229] no sea que arrebate mi vida,

como león, y me despedace,

sin que haya quien me salve.

4 [4230] Yahvé, Dios mío, si yo hice eso,

si hay en mis manos iniquidad;

5 [4231] si he hecho mal a mi amigo

-yo, que salvé a los que me oprimían injustamente-

6 [4232] persígame el enemigo y apodérese de mí;

aplaste mi vida en el suelo

y arrastre mi honor por el fango.

7 [4233] Despierta, Yahvé, en tu ira;

yérguete contra la rabia

de los que me oprimen.

Levántate a mi favor

en el juicio que tienes decretado

8 [4234] Te rodee la congregación de los pueblos

y siéntate sobre ella en lo alto.

9 Yahvé va juzgar a las naciones.

Hazme a mí justicia, Yahvé,

según mi rectitud,

y según la inocencia que hay en mí.

10 [4235] Cese ya la malicia de los impíos

y confirma Tú al justo,

¡oh justo Dios, que sondeas

los corazones y las entrañas!

11 [4236] Mi defensa está en Dios,

que salva a los rectos de corazón.

12 [4237] Dios, justo Juez, fuerte y paciente,

tiene pronta su ira cada día.

13 Si no se convierte afilará su espada,

entesará su arco y apuntará;

14 tiene preparadas para ellos flechas mortales;

hará de fuego sus saetas.

15 [4238] Mirad al que concibió la iniquidad:

quedó grávido de malicia

y dio a luz la traición.

16 [4239] Cavó una fosa y la ahondó,

mas cayó en el hoyo que él hizo.

17 En su propia cabeza recaerá su malicia,

y sobre su cerviz

descenderá su iniquidad.

18 Mas yo alabaré a Yahvé por su justicia,

y cantaré salmos

al Nombre de Yahvé Altísimo.

Volver al Indice

Salmo 8

La gloria de Dios en la Creación

1 [4240] Al maestro de coro. Sobre el ghittit (los lagares). Salmo de David.

2 [4241] ¡Oh Yahvé, Señor nuestro,

cuán admirable es tu Nombre

en toda la tierra!

Tú, cuya gloria cantan los cielos,

3 [4242] te has preparado la alabanza

de la boca de los pequeños

y de los lactantes,

para confundir a tus enemigos

y hacer callar

al adversario y al perseguidor.

4 Cuando contemplo tus cielos,

hechura de tus dedos,

la luna y las estrellas

que Tú pusiste en su lugar…

5 ¿Qué es el hombre para que Tú lo recuerdes,

o el hijo del hombre

para que te ocupes de él?

6 [4243] Tú lo creaste poco inferior a Dios,

le ornaste de gloria y de honor.

7 Le diste poder sobre las obras de tus manos,

y todo lo pusiste bajo sus pies:

8 [4244] las ovejas y los bueyes todos,

y aun las bestias salvajes,

9 las aves del cielo y los peces del mar,

y cuanto surca las sendas del agua.

10 Oh Yahvé, Señor nuestro,

¡cuán admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Volver al Indice

Salmo 9 a

El juicio de las naciones

1 [4245] Al maestro de coro. Sobre el tono de Muthlabbén. Salmo de David.

2 Quiero alabarte, Yahvé,

con todo mi corazón,

voy a cantar todas tus maravillas.

3 En Ti me alegraré

y saltaré de gozo,

cantaré salmos a tu Nombre,

oh Altísimo.

4 [4246] Porque mis enemigos vuelven las espaldas,

caen y perecen ante tu presencia.

5 He aquí que Tú me has hecho justicia,

y has tomado en tus manos mi causa;

te has sentado, Juez justo,

sobre el trono.

6 [4247] Has reprendido a los gentiles

y aniquilado al impío,

borrado su nombre para siempre.

7 Los enemigos han sido aplastados,

reducidos a perpetua ruina;

has destruido sus ciudades,

y hasta la memoria de ellas ha perecido.

8 He aquí que Yahvé se sienta para siempre,

ha establecido su trono para juzgar.

9 Él mismo juzgará el orbe con justicia,

y gobernará a los pueblos con equidad.

10 Y será Yahvé refugio para el oprimido,

refugio siempre pronto

en el tiempo de la tribulación.

11 [4248] Y los que conocieron tu nombre

confiarán en Ti,

pues Tú no abandonas, Yahvé,

a los que te buscan.

l2 [4249] Cantad salmos a Yahvé,

que habita en Sión,

haced conocer a los pueblos sus proezas.

l3 Porque el vengador de la sangre

se ha acordado de los pobres,

y no ha olvidado su clamor.

14 Yahvé se apiadó de mí

viendo la aflicción

que me causan mis enemigos,

y me ha sacado

de los umbrales de la muerte,

15 [4250] para que anuncie todas sus alabanzas

en las puertas de la hija de Sión,

y me goce yo en tu salud.

16 Cayeron las naciones

en la fosa que cavaron,

su pie quedó preso

en el lazo que escondieron.

17 [4251] Yahvé se ha dado a conocer

haciendo justicia;

el pecador quedó enredado

en las obras de sus manos.

18 Bajen los malvados al sepulcro,

todos los gentiles

que se han olvidado de Dios.

19 Porque no siempre

quedará en olvido el pobre,

ni siempre burlada

la esperanza de los oprimidos.

20 [4252] Levántate Yahvé;

no prevalezca el hombre,

sean juzgadas las naciones

ante tu presencia.

21 [4253] Arroja, Señor, sobre ellas

el terror, oh Yahvé,

¡que sepan los gentiles que son hombres!

Volver al Indice

Salmo 9 b (10)

1 ¿Por qué, Yahvé, te estás lejos?

¿Te escondes en el tiempo de la tribulación,

2 mientras se ensoberbece el impío,

y el pobre es vejado y preso

en los ardides que aquél le urdió?

3 [4254] Porque he aquí que el inicuo

se jacta de sus antojos,

el expoliador blasfema

despreciando a Yahvé.

4 En el orgullo de su mente dice el impío:

“Él no tomará venganza; Dios no existe.”

Tal es todo su pensamiento.

5 [4255] Sus caminos prosperan en todo tiempo;

lejos de su ánimo están tus juicios;

menosprecia él a todos sus adversarios.

6 En su corazón dice:

“No seré conmovido;

de generación en generación

estaré al abrigo de la adversidad.”

7 Su boca está llena de maldición,

de astucia y de violencia;

bajo su lengua lleva

la maldad y la mentira.

8 Se pone en acecho junto al poblado,

en lo escondido, para matar al inocente.

Sus ojos están espiando al pobre;

9 insidia en la oscuridad como el león

que desde su guarida está asechando

al desvalido para atraparlo;

lo arrebata y lo atrae a su red;

10 se encoge, se agacha hasta el suelo,

y el desdichado cae en sus garras.

11 [4256] Dice en su corazón:

“Dios está desmemoriado,

apartó su rostro, nunca ve nada.”

12 Levántate, Yahvé Dios mío,

alza tu mano;

no quieras olvidarte de los afligidos.

13 [4257] ¿Cómo es que el impío desprecia a Dios,

diciendo en su corazón:

“No tomará venganza”?

14 [4258] Mas Tú lo estás viendo.

Tú consideras el afán y la angustia,

para tomarlos en tus manos.

A Ti está confiado el pobre;

Tú eres el protector del huérfano.

15 Quebranta Tú el brazo del impío

y del maligno;

castigarás su malicia y no subsistirá.

l6 [4259] Yahvé es Rey para siglos eternos;

los gentiles fueron exterminados de su tierra.

17 Ya escuchaste, Yahvé,

el deseo de los humildes;

confirmaste su corazón y prestaste oído,

18 [4260] para tomar en tus manos

la causa del huérfano y del oprimido,

a fin de que nunca más vuelva

a infundir pavor el hombre de tierra.

Volver al Indice

Salmo 10 (11)

No huye quien tiene a Yahvé por refugio

1 [4261] Al maestro de coro. De David.

Yo me refugio en Yahvé.

¿Cómo podéis decirme:

“Huye al monte como el pájaro”?

2 Pues los malvados están entesando el arco

y colocan ya su flecha en la cuerda

para asaetear en la sombra

a los rectos de corazón;

3 [4262] si han socavado los cimientos

¿qué puede hacer el justo?

4 Está Yahvé en su santo templo;

¡Yahvé! su trono está en el cielo;

sus ojos miran,

sus párpados escrutan

a los hijos de los hombres.

5 [4263] Yahvé examina al justo y al malvado;

y al que ama la prepotencia

Él lo abomina.

6 [4264] Sobre los pecadores

hará llover ascuas y azufre,

y viento abrasador

será su porción en el cáliz.

7 [4265] Porque Yahvé es justo y ama la justicia;

los rectos verán su rostro.

Volver al Indice

Salmo 11 (12)

Recurso a Dios contra la corrupción dominante

1 [4266] Al maestro de coro. En octava. Salmo de David.

2 Sálvame Tú, oh Yahvé,

porque se acaban los justos;

la fidelidad ha desaparecido

de entre los hombres.

3 Unos a otros se dicen mentiras;

se hablan con labios fraudulentos

y doblez de corazón.

4 Acabe Yahvé con todo labio fraudulento

y con la lengua jactanciosa;

5 [4267] con esos que dicen:

“Somos fuertes con nuestra lengua,

contamos con nuestros labios;

¿quién es señor nuestro?”

6 [4268] “Por la aflicción de los humildes

y el gemido de los pobres,

me levantaré ahora mismo, dice Yahvé;

pondré a salvo a aquel que lo desea.”

7 [4269] Las palabras de Yahvé

son palabras sinceras;

plata acrisolada, sin escorias,

siete veces purificada.

8 Tú las cumplirás, oh Yahvé;

nos preservarás para siempre

de esta generación.

9 Los malvados se pasean por todas partes,

mientras Tú dejas que sea exaltado

lo más vil de entre los hombres.

Volver al Indice

Salmo 12 (13)

Recurso del alma apremiada

1 Al maestro de coro. Salmo de David.

2 [4270] ¿Hasta cuándo, Yahvé?

¿Me tendrás olvidado constantemente?

¿Hasta cuándo me esconderás tu rostro?

3 ¿Hasta cuándo fatigaré

mi alma con cavilaciones

y mi corazón con tristezas cada día?

¿Hasta cuándo habrá de prevalecer

sobre mí el enemigo?

4 Mira y respóndeme, Yahvé, Dios mío;

alumbra mis ojos

para que no me duerma en la muerte,

5 [4271] y no diga el adversario:

“Lo he vencido.”

Los que me afligen

saltarían de gozo si yo cayera,

6 [4272] después de haber puesto

mi confianza en tu misericordia.

Sea mi corazón

el que se alegre por tu socorro;

cante yo a Yahvé

por su bondad para conmigo.

Volver al Indice

Salmo 13 (14)

Llegará la hora para los impostores

1 [4273] Al maestro de coro. De David.

El insensato dice en su corazón:

“No hay Dios.”

Se han pervertido; su conducta es abominable.

ni uno solo obra bien.

2 [4274] Yahvé mira desde el cielo

a los hijos de los hombres,

para ver si hay quién sea inteligente

y busque a Dios.

3 [4275] Pero se han extraviado todos juntos

y se han depravado.

No hay uno que obre el bien,

ni uno siquiera.

4

[4276] ¡Nunca entenderán, todos esos malhechores,

que devoran a mi pueblo

como quien come pan,

sin acordarse de Dios para nada!

5 [4277] Mas algún día temblarán de espanto,

porque Dios está

con la generación de los justos.

6 Vosotros que despreciáis

las ansias del desvalido,

sabed que Dios es su refugio.

7 [4278] ¡Oh, venga ya de Sión

la salud de Israel!

Cuando cambie el Señor

la suerte de su pueblo,

saltarán de gozo Jacob,

e Israel de alegría.

Volver al Indice

Salmo 14 (15)

El verdadero hombre de Dios

Salmo de David.

1 [4279] Yahvé, ¿quién podrá morar en tu Tabernáculo?

¿Quién habitará en tu santo monte?

2 [4280] El que procede sin tacha

y obra justicia

y piensa verdad en su corazón,

3 cuya lengua no calumnia,

que no hace mal a su semejante,

ni infiere injuria a su prójimo;

4 [4281] que tiene por despreciable al réprobo,

y honra en cambio

a los temerosos de Yahvé;

que no vuelve atrás,

aunque haya jurado en perjuicio propio;

5 [4282] que no presta su dinero a usura,

ni recibe sobornos contra el inocente.

6 El que así vive

no será conmovido jamás.

Volver al Indice

Salmo 15 (16)

El sumo bien

Miktam de David.

1 [4283] Presérvame, oh Dios, pues me refugio en Ti;

2 [4284] dije a Yahvé: “Tú eres mi Señor,

no hay bien para mí fuera de Ti”.

3 [4285] En cuanto a los santos

e ilustres de la tierra,

no pongo en ellos mi afecto.

4 Multiplican sus dolores

los que corren tras falsos dioses;

no libaré la sangre de sus ofrendas,

ni pronunciaré sus nombres con mis labios.

5 [4286] Yahvé es la porción de mi herencia

y de mi cáliz;

Tú tienes en tus manos mi suerte.

6 Las cuerdas (de medir)

cayeron para mí en buen lugar,

y me tocó una herencia que me encanta.

7 [4287] Bendeciré a Yahvé,

porque me (lo) hizo entender,

y aun durante la noche

me (lo) enseña mi corazón.

8 [4288] Tengo siempre a Yahvé ante mis ojos,

porque con Él a mi diestra no seré conmovido.

9 [4289] Por eso se alegra mi corazón

y se regocija mi alma,

y aun mi carne descansará segura;

10 [4290] pues Tú no dejarás a mi alma en el sepulcro,

ni permitirás que tu santo

experimente corrupción.

11 [4291] Tú me harás conocer la senda de la vida,

la plenitud del gozo a la vista de tu rostro,

las eternas delicias de tu diestra.

Volver al Indice

Salmo 16 (17)

Plegaria del perseguido

1 [4292] Oración de David.

Escucha, oh Yahvé, una justa demanda;

atiende a mi clamor;

oye mi plegaria,

que no brota de labios hipócritas.

2 [4293] Que mi sentencia venga de Ti;

tus ojos ven lo que es recto.

3 Si escrutas mi corazón,

si me visitas en la noche,

si me pruebas por el fuego,

no encontrarás malicia en mí.

4 [4294] Que jamás mi boca se exceda

a la manera de los hombres.

Ateniéndome a las palabras de tus labios,

he guardado los caminos de la Ley.

5 [4295] Firmemente se adhirieron

mis pasos a tus senderos,

y mis pies no han titubeado.

6 Te invoco, oh Dios,

porque sé que Tú responderás;

inclina a mi tu oído,

y oye mis palabras.

7 Ostenta tu maravillosa misericordia,

oh Salvador

de los que se refugian en tu diestra,

contra tus enemigos.

8 [4296] Cuídame como a la niña de tus ojos,

escóndeme bajo la sombra de tus alas

9 de la vista de los impíos

que me hacen violencia,

de los enemigos furiosos que me rodean.

10 [4297] Han cerrado con grasa su corazón;

por su boca habla la arrogancia.

11 [4298] Ahora me rodean espiando,

con la mira de echarme por tierra,

12 cual león ávido de presa,

como cachorro que asecha en su guarida.

13 [4299] Levántate, Yahvé, hazle frente y derríbalo,

líbrame del perverso con tu espada;

14 y con tu mano, oh Yahvé,

líbrame de estos hombres del siglo,

cuya porción es esta vida,

y cuyo vientre Tú llenas con tus dádivas;

quedan hartos sus hijos,

y dejan sobrante a los nietos.

15 [4300] Yo, empero, con la justicia tuya

llegaré a ver tu rostro;

me saciaré al despertarme, con tu gloria.

Volver al Indice

Salmo 17 (18)

Gratitud de David

1 [4301] Al maestro de coro. Del servidor de Dios, de David, el cual dirigió al Señor las palabras de este cántico en el día en que le libró de las manos de todos sus enemigos y de las de Saúl.

2 Y dijo: Te amo, Yahvé, fortaleza mía,

mi peña, mi baluarte, mi libertador,

3 [4302] Dios mío, mi roca, mi refugio,

broquel mío, cuerno de mi salud, asilo mío.

4 [4303] Invoco a Yahvé, el digno de alabanza,

y quedo libre de mis enemigos.

5 Olas de muerte me rodeaban,

me alarmaban los torrentes de iniquidad;

6 las ataduras del sepulcro me envolvieron,

se tendían a mis pies lazos mortales.

7 En mi angustia invoqué a Yahvé,

y clamé a mi Dios;

y Él, desde su palacio, oyó mi voz;

mi lamento llegó a sus oídos.

8 [4304] Se estremeció la tierra y tembló;

se conmovieron los cimientos de los montes

y vacilaron, porque Él ardía de furor.

9 Humo salió de sus narices;

de su boca, fuego devorador;

y despedía carbones encendidos.

10 Inclinó los cielos, y descendió

con densas nubes bajo sus pies.

11 [4305] Subió sobre un querube y voló,

y era llevado sobre las alas del viento.

12 Se ocultaba bajo un velo de tinieblas;

aguas tenebrosas y oscuras nubes

lo rodeaban como un pabellón.

13 Se encendieron carbones de fuego

al resplandor de su rostro.

14 [4306] Tronó Yahvé desde el cielo,

el Altísimo hizo resonar su voz;

15 [4307] y lanzó sus saetas y los dispersó;

multiplicó sus rayos,

y los puso en derrota.

16 Y aparecieron a la vista

los lechos de los océanos;

se mostraron desnudos

los cimientos del orbe terráqueo,

ante la amenaza de Yahvé,

al resollar el soplo de su ira.

17 [4308] Desde lo alto extendió su brazo

y me arrebató,

sacándome de entre las muchas aguas;

18 me libró de mi feroz enemigo,

de adversarios más poderosos que yo.

19 Se echaron sobre mí

en el día de mi infortunio;

pero salió Yahvé en mi defensa,

20 [4309] y me trajo a la anchura;

me salvó porque me ama.

21 [4310] Yahvé me ha retribuido

conforme a mi rectitud;

me remunera según la limpieza

de mis manos.

22 [4311] Porque seguí los caminos de Yahvé,

y no me rebelé contra mi Dios;

23 porque mantuve ante mis ojos

todos sus mandamientos

y nunca aparté de mí sus estatutos.

24 Fuí íntegro para con Él,

y me cuidé de mi maldad.

25 Yahvé me ha retribuido

conforme a mi rectitud;

según la limpieza de mis manos

ante sus ojos.

26 [4312] Tú eres misericordioso con el misericordioso;

con el varón recto, eres recto.

27 Con el sincero, eres sincero;

y con el doble, te haces astuto.

28 [4313] Tú salvas al pueblo oprimido,

y humillas los ojos altaneros.

29 [4314] Eres Tú quien mantiene

encendida mi lámpara, oh Yahvé;

Tú, Dios mío, disipas mis tinieblas.

30 Fiado en Ti embestiré a un ejército;

con mi Dios saltaré murallas.

31 [4315] ¡El Dios mío!… Su conducta es perfecta,

Su palabra acrisolada.

Él mismo es el escudo

de cuantos lo buscan como refugio.

32 [4316] Pues ¿quién es Dios fuera de Yahvé?

o ¿qué roca hay si no es el Dios nuestro?

33 Aquel Dios que me ciñó de fortaleza

e hizo inmaculado mi camino.

34 [4317] El que volvió mis pies veloces

como los del ciervo,

y me afirmó sobre las cumbres.

35 El que adiestró mis manos para la pelea,

y mi brazo para tender el arco de bronce.

36 Tú me diste por broquel tu auxilio,

me sostuvo tu diestra;

tu solicitud me ha engrandecido.

37 [4318] Ensanchaste el camino a mis pasos,

y mis pies no flaquearon.

38 Perseguía a mis enemigos y los alcanzaba;

y no me volvía hasta desbaratarlos.

39 Los destrozaba y no podían levantarse;

caían bajo mis pies.

40 [4319] Tú me revestías de valor para el combate,

sujetabas a mi cetro a los que me resistían.

41 Ponías en fuga a mis enemigos.

dispersabas a cuantos me aborrecían.

42 Vociferaban,

mas no había quien los auxiliase;

(clamaban) a Yahvé mas Él no los oía.

43 Y yo los dispersaba

como polvo que el viento dispersa;

los pisoteaba como el lodo de las calles.

44 [4320] Me libraste de las contiendas del pueblo,

me has hecho cabeza de las naciones;

un pueblo que no conocía me sirve;

45 [4321] con atento oído me obedecen;

los extraños me adulan.

46 Los extranjeros palidecen,

y abandonan, temblando, sus fortalezas.

47 ¡Vive Yahvé! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Sea ensalzado el Dios mi Salvador!

48 Aquel Dios que me otorgó la venganza,

que sujetó a mí las naciones;

49 que me libró de mis enemigos,

que me encumbró sobre mis opositores,

y me salvó

de las manos del hombre violento.

50 [4322] Por eso te alabaré

entre las naciones, oh Yahvé;

cantaré himnos a tu Nombre.

51 [4323] Él da grandes victorias a su rey,

y usa de misericordia con su ungido,

con David y su linaje, por toda la eternidad.

Volver al Indice

Salmo 18 (19)

Dos biblias: la naturaleza y la palabra

1 [4324] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 [4325] Los cielos atestiguan la gloria de Dios;

y el firmamento predica las obras

que Él ha hecho.

3 Cada día transmite

al siguiente este mensaje,

y una noche lo hace conocer a la otra.

4 [4326] Si bien no es la palabra,

tampoco es un lenguaje

cuya voz no pueda percibirse.

5 Por toda la tierra se oye su sonido,

y sus acentos hasta los confines del orbe.

Allí le puso tienda al sol,

6 que sale como un esposo de su tálamo,

y se lanza alegremente cual gigante

a recorrer su carrera.

7 [4327] Parte desde un extremo del cielo,

y su giro va hasta el otro extremo;

nada puede sustraerse a su calor.

8 [4328] La Ley de Yahvé es perfecta,

restaura el alma.

El testimonio de Yahvé es fiel,

hace sabio al hombre sencillo.

9 Los preceptos de Yahvé son rectos,

alegran el corazón.

La enseñanza de Yahvé es clara,

ilumina los ojos.

10 [4329] El temor de Yahvé es santo,

permanece para siempre.

Los juicios de Yahvé son la verdad,

todos son la justicia misma,

11 [4330] más codiciables que el oro,

oro abundante y finísimo;

más sabrosos que la miel

que destila de los panales.

12 También tu siervo

es iluminado por ellos,

y en su observancia

halla gran galardón.

13 Mas ¿quién es el

que conoce sus defectos?

Purifícame de los que no advierto.

14 [4331] Preserva a tu siervo,

para que nunca domine

en mí la soberbia.

Entonces seré íntegro,

y estaré libre del gran pecado.

15 Hallen favor ante Ti

estas palabras de mi boca

y los anhelos de mi corazón,

oh Yahvé, Roca mía

y Redentor mío.

Volver al Indice

Salmo 19 (20)

Plegaria por el Rey

1 [4332] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 [4333] Que Yahvé te escuche

en el día de la prueba;

te defienda el Nombre

del Dios de Jacob.

3 Él te envíe su auxilio desde el santuario,

y desde Sión te sostenga.

4 Acuérdese de todas tus ofrendas

y séale grato tu holocausto.

5 Te conceda lo que tu corazón anhela

y confirme todos tus designios.

6 Séanos dado ver gozosos tu victoria,

y alzar el pendón

en el nombre de nuestro Dios.

Otorgue el Señor todas tus peticiones.

7 Ahora ya sé que Yahvé

dará el triunfo a su ungido,

respondiéndole desde su santo cielo

con la potencia victoriosa de su diestra.

8 [4334] Aquéllos en sus carros,

éstos en sus caballos;

mas nosotros seremos fuertes

en el Nombre de [Yahvé] nuestro Dios.

9 Ellos se doblegarán y caerán;

mas nosotros estaremos erguidos,

y nos mantendremos.

10 [4335] Oh Yahvé, salva al rey.

y escúchanos en este día

en que apelamos a Ti.

Volver al Indice

Salmo 20 (21)

Acción de gracias por la victoria del Rey

1 [4336] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 Oh Yahvé, de tu poder se goza el rey,

y está lleno de alegría por tu auxilio.

3 Cumpliste el anhelo de su corazón,

y no frustraste

la petición de sus labios.

4 Lo previniste con faustas bendiciones,

corona de oro puro pusiste en su cabeza.

5 [4337] Te pidió la vida

y le has dado días

que durarán por los siglos de los siglos.

6 [4338] Gracias a tu socorro

es grande su gloria;

lo colmaste de honor

y de magnificencia.

7 [4339] Porque has hecho

que él sea una bendición

para siempre,

y lo has llenado de alegría

con el gozo de tu vista.

8 Pues el rey confía en Yahvé,

y merced al Altísimo

no será conmovido.

9 Descargue tu mano

sobre todos tus enemigos;

alcance tu diestra

a los que te aborrecen.

10 [4340] Cuando tu rostro aparezca

los pondrás como en un horno encendido.

El Señor los destruirá en su ira,

y el fuego los devorará.

11 Quita de la tierra su descendencia,

y su raza de entre los hijos de los hombres.

12 Y si dirigen sus malas artes contra Ti

y maquinan insidias, nada podrán.

13 Porque Tú los pondrás en fuga

al dirigir tu arco hacia su rostro.

14 [4341] Levántate, Yahvé, en tu poderío,

y con salmos celebraremos tus hazañas.

Volver al Indice

Salmo 21 (22)

Elí, Elí, “lemá sabactani?” (Profecía sobre la Pasión de Cristo)

1 [4342] Al maestro de coro. Por el pronto socorro. Salmo de David.

2 [4343] Dios mío, Dios mío,

¿por qué me has abandonado?

Los gritos de mis pecados

alejan de mí el socorro.

3 [4344] Dios mío, clamo de día, y no respondes;

de noche también, y no te cuidas de mí.

4 [4345] Y Tú, sin embargo,

estás en tu santa morada,

¡oh gloria de Israel!

5 En Ti esperaron nuestros padres;

esperaron, y los libraste.

6 A Ti clamaron, y fueron salvados;

en Ti confiaron,

y no quedaron confundidos.

7 [4346] Pero es que yo soy gusano,

y no hombre,

oprobio de los hombres

y desecho de la plebe.

8 Cuantos me ven se mofan de mí,

tuercen los labios y menean la cabeza:

9 [4347] “Confió en Yahvé: que Él lo salve;

líbrelo, ya que en Él se complace.”

10 Sí, Tú eres mi sostén

desde el seno materno,

mi refugio desde los pechos de mi madre.

11 A Ti fui entregado

desde mi nacimiento;

desde el vientre de mi madre

Tú eres mi Dios.

12 [4348] No estés lejos de mí,

porque la tribulación está cerca,

porque no hay quien socorra.

13 [4349] Me veo rodeado de muchos toros;

los fuertes de Basan me cercan;

14 abren contra mí sus bocas,

cual león rapaz y rugiente.

15 [4350] Soy como agua derramada,

todos mis huesos se han descoyuntado;

mi corazón, como cera,

se diluye en mis entrañas.

16 Mi garganta se ha secado como una teja;

mi lengua se pega a mi paladar,

me has reducido al polvo de la muerte.

17 [4351] Porque me han rodeado muchos perros:

una caterva de malvados me encierra;

han perforado mis manos y mis pies;

18 puedo contar todos mis huesos.

Entretanto, ellos miran,

y al verme se alegran.

19 [4352] Se reparten mis vestidos,

y sobre mi túnica echan suertes.

20 [4353] Mas Tú, Yahvé, no estés lejos de mí;

sostén mío, apresúrate a socorrerme.

21 Libra mi alma de la espada,

mi vida del poder del perro.

22 [4354] Sálvame de la boca del león;

de entre las astas de los bisontes escúchame.

23 [4355] Anunciaré tu Nombre a mis hermanos,

y proclamaré tu alabanza

en medio de la asamblea.

24 Los que teméis a Yahvé alabadle,

glorificadle, vosotros todos, linaje de Israel.

25 Pues no despreció ni desatendió

la miseria del miserable;

no escondió de él su rostro,

y cuando imploró su auxilio, le escuchó.

26 [4356] Para Ti será mi alabanza en la gran asamblea,

cumpliré mis votos

en presencia de los que te temen.

27 [4357] Los pobres comerán y se hartarán,

alabarán a Yahvé los que le buscan.

Sus corazones vivirán para siempre.

28 [4358] Recordándolo, volverán a Yahvé

todos los confines de la tierra;

y todas las naciones de los gentiles

se postrarán ante su faz.

29 [4359] Porque de Yahvé es el reino,

y Él mismo gobernará a las naciones.

30 [4360] A Él solo adorarán

todos los que duermen

bajo la tierra;

ante Él se encorvará

todo el que desciende al polvo,

y no tiene ya vida en sí.

31 [4361] Mi descendencia le servirá a Él

y hablará de Yahvé a la edad venidera.

32 [4362] Anunciará su justicia

a un pueblo que ha de nacer:

“Estas cosas ha hecho Yahvé.”

Volver al Indice

Salmo 22 (23)

El buen Pastor

1 [4363] Salmo de David.

Yahvé es mi pastor,

nada me faltará.

2 Él me hace recostar en verdes prados,

me conduce a manantiales

que restauran,

3 Confortando mi alma,

guiándome por senderos rectos,

para gloria de su Nombre.

4 [4364] Aunque atraviese

un valle de tinieblas,

no temeré ningún mal,

porque Tú vas conmigo.

Tu bastón y tu cayado

me infunden aliento.

5 [4365] Para mí Tú dispones una mesa

ante los ojos de mis enemigos.

Unges con bálsamo mi cabeza;

mi copa rebosa.

6 [4366] Bondad y misericordia me seguirán

todos los días de mi vida;

y moraré en la casa de Yahvé

por días sin fin.

Volver al Indice

Salmo 23 (24)

Entrada del Rey de la gloria

1 [4367] De David. Salmo.

De Yahvé es la tierra

y cuanto ella contiene;

el orbe y cuantos lo habitan.

2 [4368] Porque Él la asentó sobre mares

y la afirmó sobre corrientes.

3 ¿Quién será digno

de ascender al monte de Yahvé?

y ¿quién estará en su santuario?

4 [4369] Aquel que tiene inmaculadas las manos

y puro el corazón,

que no inclinó su ánimo a la vanidad

[ni juró con doblez];

5 él recibirá la bendición de Yahvé,

y la justicia de Dios su Salvador.

6 Esta es la generación

de los que lo buscan,

de los que buscan tu faz,

(Dios de) Jacob.

7 [4370] Levantad, oh puertas, vuestros dinteles,

y alzaos, portones antiquísimos,

para que entre el Rey de la gloria!

8 ¿Quién es este Rey de la gloria?

Yahvé fuerte y poderoso;

Yahvé, poderoso en la batalla.

9 ¡Levantad, oh puertas, vuestros dinteles;

y alzaos, portones antiquísimos,

para que entre el Rey de la gloria!

10 ¿Quién es este Rey de la gloria?

Yahvé Dios de los ejércitos:

Él mismo es el Rey de la gloria.

Volver al Indice

Salmo 24 (25)

Oración para crecer en la amistad de Dios

1 De David.

A Ti, Yahvé, Dios mío, elevo mi alma;

2 en Ti confío, no sea yo confundido;

no se gocen a costa mía mis enemigos.

3 [4371] No, ninguno que espera en Ti es confundido.

Confundido queda el que locamente se aparta de Ti.

4 [4372] Muéstrame tus caminos, oh Yahvé,

indícame tus sendas;

5 condúceme a tu verdad e instrúyeme,

porque Tú eres el Dios que me salva,

y estoy siempre esperándote.

6 [4373] Acuérdate, Yahvé, de tus misericordias,

y de tus bondades de todos los tiempos.

7 [4374] No recuerdes los pecados de mi mocedad,

[ni mis ofensas];

según tu benevolencia acuérdate de mí,

por tu bondad, oh Yahvé.

8 [4375] Yahvé es benigno y es recto;

por eso da a los pecadores

una ley para el camino;

9 [4376] guía en la justicia a los humildes,

y amaestra a los dóciles en sus vías.

10 [4377] Todos los caminos de Yahvé

son misericordia y fidelidad

para cuantos buscan su alianza

y sus disposiciones.

11 Por la gloria de tu Nombre, oh Yahvé,

Tú perdonarás mi culpa,

aunque es muy grande.

12 ¿Hay algún hombre que tema a Yahvé?

A ése le mostrará Él qué senda elegir;

13 [4378] reposará su alma rodeada de bienes,

y su descendencia poseerá la tierra.

14 [4379] Yahvé concede intimidad familiar

a los que le temen;

les da a conocer (las promesas de) su alianza.

15 [4380] Mis ojos están siempre puestos en Yahvé

porque Él saca mis pies del lazo.

16 [4381] Mírame Tú y tenme lástima,

porque soy miserable y estoy solo.

17 [4382] Ensancha mi corazón angustiado,

sácame de mis estrecheces.

18 [4383] Mira que estoy cargado y agobiado,

y perdona Tú todos mis delitos.

19 [4384] Repara en mis enemigos,

porque son muchos

y me odian con odio feroz.

20 [4385] Cuida Tú mi alma y sálvame;

no tenga yo que sonrojarme

de haber acudido a Ti.

21 [4386] Los íntegros y justos

están unidos conmigo,

porque espero en Ti.

22 [4387] Oh Yahvé, libra a Israel

de todas sus tribulaciones.

Volver al Indice

Salmo 25 (26)

Confianza del hombre recto

1 [4388] De David.

Hazme justicia, oh Yahvé:

he procedido con integridad:

y, puesta en Yahvé mi confianza,

no he vacilado.

2 [4389] Escrútame, Yahvé, y sondéame;

acrisola mi conciencia y mi corazón.

3 [4390] Porque, teniendo tu bondad

presente a mis ojos,

anduve según tu verdad.

4 [4391] No he tomado asiento con hombres inicuos,

ni busqué la compañía de los que fingen;

5 aborrecí la sociedad de los malvados,

y con los impíos no tuve comunicación.

6 [4392] Lavo mis manos como inocente

y rodeo tu altar, oh Yahvé,

7 [4393] para levantar mi voz en tu alabanza

y narrar todas tus maravillas.

8 [4394] Amo, Yahvé, la casa de tu morada,

el lugar del tabernáculo de tu gloria.

9 No quieras juntar mi alma con los pecadores,

ni mi vida con los sanguinarios,

10 [4395] que en sus manos tienen crimen,

y cuya diestra está llena de soborno,

11 en tanto que yo he procedido con integridad;

sálvame y apiádate de mí.

12 [4396] Ya está mi pie sobre camino llano;

en las asambleas bendeciré a Yahvé.

Volver al Indice

Salmo 26 (27)

Espera confiada

1 [4397] De David.

Yahvé es mi luz y mi socorro;

¿a quién temeré?

La defensa de mi vida es Yahvé;

¿ante quién podré temblar?

2 Cada vez que me asaltan los malignos

para devorar mi carne,

son ellos, mis adversarios y enemigos,

quienes vacilan y caen.

3 Si un ejército acampase contra mí,

mi corazón no temería;

y aunque estalle contra mí la guerra,

tendré confianza.

4 [4398] Una sola cosa he pedido a Yahvé,

y esto sí lo reclamo:

[habitar en la casa de Yahvé

todos los días de mi vida];

contemplar la suavidad de Yahvé

y meditar en su santuario.

5 [4399] Porque en el día malo

Él me esconderá en su tienda;

me tendrá seguro

en el secreto de su tabernáculo,

y me pondrá sobre una alta roca.

6 [4400] Entonces mi cabeza se alzará

por encima de mis enemigos en torno mío,

e inmolaré en su tabernáculo

sacrificios de júbilo;

cantaré y entonaré salmos a Yahvé.

7 Escucha, oh Yahvé, mi voz que te llama;

ten misericordia de mí y atiéndeme.

8 [4401] Mi corazón sabe

que Tú has dicho: “Buscadme.”

Y yo busco tu rostro, oh Yahvé.

9 No quieras esconderme tu faz,

no rechaces con desdén a tu siervo.

Mi socorro eres Tú;

no me eches fuera,

ni me desampares,

oh Dios, Salvador mío.

10 [4402] Si mi padre y mi madre me abandonan,

Yahvé me recogerá.

11 Muéstrame, oh Yahvé, tu camino,

y condúceme por la senda llana

a causa de los que me están asechando.

12 [4403] No me dejes entregado

a la voluntad de mis enemigos,

porque se han levantado

contra mí falsos testigos

que respiran crueldad.

13 [4404] ¡Ah, si no creyera yo

que veré los bienes de Yahvé

en la tierra de los vivientes!

14

[4405] ¡Aguarda a Yahvé y ten ánimo;

aliéntese tu corazón y aguarde a Yahvé!

Volver al Indice

Salmo 27 (28)

Oración escuchada

1 [4406] De David.

A Ti, Yahvé, clamo, roca mía,

no te muestres sordo conmigo;

no sea que si Tú me desoyes

me asemeje yo a los que bajan al sepulcro.

2 [4407] Escucha la voz de mi súplica

cuando clamo a Ti,

mientras levanto mis manos

hacia el interior de tu Santuario.

3 [4408] No me quites de en medio con los impíos

y los obradores de iniquidad,

que hablan paz a su prójimo

y maquinan el mal en su corazón.

4 [4409] Retribúyeles conforme a sus obras

y a la malicia de sus maquinaciones;

págales según su conducta,

dales su merecido.

5 [4410] Porque no paran mientes

en los hechos de Yahvé,

ni en las obras de sus manos.

¡Destrúyalos Él y no los restablezca!

6 [4411] Bendito sea Yahvé,

porque oyó la voz de mi súplica.

7 Yahvé es mi fortaleza y mi escudo;

en Él confió mi corazón y fui socorrido.

Por eso mi corazón salta de gozo

y lo alabo con mi cántico.

8 [4412] Yahvé es la fuerza de su pueblo,

y el alcázar de salvación para su ungido.

9 [4413] Salva a tu pueblo

y bendice a tu heredad;

apaciéntalos y condúcelos para siempre.

Volver al Indice

Salmo 28 (29)

La voz de Yahvé en la tempestad del juicio

1 [4414] Salmo de David.

Dad a Yahvé, oh hijos de Dios.

dad a Yahvé gloria y poderío.

2 [4415] Tributad a Yahvé la gloria

debida a su Nombre,

adorad a Yahvé en su Santuario.

3 [4416] ¡La voz de Yahvé sobre las aguas!

Truena el Dios de la majestad,

Yahvé sobre las muchas aguas.

4 ¡La voz de Yahvé con poderío!

¡La voz de Yahvé con majestad!

5 La voz de Yahvé troncha los cedros,

Yahvé troncha los cedros del Líbano.

6 [4417] Hace brincar al Líbano como un novillo,

y al Schirión como cría de bisonte.

7 La voz de Yahvé hace brotar llamas de fuego.

8 La voz de Yahvé sacude el desierto;

Yahvé hace temblar el desierto de Cadés.

9 La voz de Yahvé retuerce los robles

y arrasa las selvas,

mientras en su Santuario todos dicen:

¡Gloria!

10 [4418] Yahvé ha puesto su trono

sobre las muchas aguas,

y se sentará como Rey para siempre.

11 [4419] Yahvé dará fortaleza a su pueblo;

Yahvé bendecirá a su pueblo con la paz.

Volver al Indice

Salmo 29 (30)

Acción de gracias después de una enfermedad grave

1 [4420] Salmo-cántico para la dedicación de la casa de David.

2 Yo te alabo, Yahvé, porque me libraste

y no dejaste que a costa mía

se alegraran mis enemigos.

3 Yahvé, Dios mío,

clamé a Ti, y me sanaste.

4 [4421] Tú, Yahvé, sacaste mi vida del sepulcro;

me sacaste de entre los que descienden a la fosa.

5 [4422] Cantad himnos a Yahvé

vosotros sus santos,

dad gracias al Nombre de Su santidad.

6 [4423] Porque su enojo dura un instante,

mas su benevolencia es por toda la vida,

como el llanto viene al anochecer

y con la aurora vuelve la alegría.

7 [4424] Me decía yo en mi presunción:

“Nunca me pasará nada”;

8 pues Tú, oh Yahvé, en tu benevolencia,

me habías prestado honor y poderío;

mas apenas escondiste tu rostro,

quedé conturbado.

9 Clamé a Ti, oh Yahvé,

e imploré la misericordia de mi Dios:

10 [4425] “¿Qué beneficio se obtendrá con mi sangre,

cuando yo descienda a la fosa?

¿Acaso te alabará el polvo,

o proclamará tu fidelidad?”

11 [4426] Me oyó Yahvé y tuvo compasión de mí;

Yahvé vino en mi socorro.

12 Convertiste en danza mi llanto

desataste mi cilicio

y me ceñiste de alegría,

13 para que mi alma

te cante himnos sin cesar.

¡Oh Yahvé, Dios mío,

te alabaré eternamente!

Volver al Indice

Salmo 30 (31)

Serenidad en la hora de la muerte

1 [4427] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 [4428] En Ti, Yahvé, me refugio;

no quede yo nunca confundido;

sálvame con tu justicia.

3 [4429] Inclina a mí tu oído,

apresúrate a librarme.

Sé para mí la roca de seguridad,

la fortaleza donde me salves.

4 Porque Tú eres mi peña y mi baluarte,

y por la gloria de tu nombre,

cuidarás de mí y me conducirás.

5 Tú me sacarás de la red.

que ocultamente me tendieron,

porque eres mi protector.

6 [4430] En tus manos encomiendo mi espíritu.

¡Tú me redimirás, oh Yahvé, Dios fiel!

7 [4431] Aborreces a los que dan culto

a vanos ídolos,

mas yo pongo mi confianza en Yahvé.

8 Rebosaré de gozo y alegría

por tu compasión;

pues Tú ves mi miseria,

y has socorrido a mi alma en sus angustias;

9 [4432] nunca me entregaste

en manos del enemigo,

sino que afianzaste mis pies

en lugar espacioso.

10 [4433] Ten piedad de mí, Yahvé,

porque estoy conturbado;

mis ojos decaen de tristeza,

mi alma y mi cuerpo

desfallecen juntamente.

11 [4434] Porque mi vida

se va acabando entre dolores

y mis años entre gemidos.

Mi vigor ha flaqueado en la aflicción,

y se han debilitado mis huesos.

12 [4435] He venido a ser objeto de oprobio

para todos mis enemigos,

de burla para mis vecinos

y de horror para mis amigos:

los que me encuentran por la calle

se apartan de mí;

13 como si hubiera muerto,

se ha borrado mi recuerdo de sus corazones;

he llegado a ser como una vasija rota.

14 Oigo el hablar malévolo de muchos,

y esparcir el espanto en torno mío.

Mientras a una se conjuran contra mí,

han pensado en quitarme la vida.

15 Pero yo confío en Ti, Yahvé;

digo: “Tú eres mi Dios.”

16 [4436] Mi destino está en tu mano;

sácame del poder de mis enemigos

y de mis perseguidores.

17 Muestra a tu siervo tu rostro sereno;

sálvame por tu misericordia.

18 [4437] Oh Yahvé, no tenga yo que avergonzarme

por haberte invocado;

avergonzados queden los impíos

y reducidos al silencio del abismo.

19 Enmudezcan esos labios mentirosos

que, con soberbia y menosprecio,

hablan inicuamente contra el justo.

20

[4438] ¡Oh cuán grande, Señor, es la bondad

que reservas para los que te temen,

y concedes a quienquiera recurre a Ti

delante de los hombres!

21 [4439] Tú proteges a cada uno

con tu propio rostro,

frente a la conspiración de los hombres;

en tu tienda los escondes

del azote de las lenguas.

22 [4440] Bendito sea Yahvé,

porque en ciudad fuerte ha mostrado

su admirable misericordia para conmigo.

23 [4441] Verdad que yo, en mi perturbación,

llegué a decir:

“Separado estoy de tu vista”;

mas Tú oíste la voz de mi súplica

cuando grité hacia Ti.

24 Amad a Yahvé, todos sus santos,

pues Yahvé protege a los fieles,

mientras retribuye plenamente

a los que obran con soberbia.

25

[4442] ¡Animaos y confortad vuestro corazón,

todos los que esperáis en Yahvé!

Volver al Indice

Salmo 31 (32)

Confesión

1 [4443] Maskil de David.

Dichoso aquel a quien es perdonada su iniquidad.

cuyo pecado es olvidado.

2 [4444] Dichoso el hombre

a quien Yahvé no imputa culpa

y en cuyo espíritu no hay doblez.

3 [4445] Mientras callé se consumieron mis huesos,

en medio de mis continuos gemidos.

4 Porque de día y de noche

pesaba sobre mi tu mano,

me revolcaba en mi miseria

mientras tenía clavada la espina.

5 [4446] Entonces te manifesté mi delito,

y no te oculté mi culpa;

dije: “confesaré mi iniquidad a Yahvé”

y Tú remitiste la culpa de mi pecado.

6 [4447] Que te invoquen todos los fieles,

en el tiempo en que puedes ser hallado;

aunque irrumpiera un diluvio de agua,

no les alcanzará.

7 Tú para mí eres un refugio

que me libra de la angustia,

Tú me envuelves en el gozo de mi salud.

8 [4448] “Yo te aleccionaré

y te mostraré el camino que has de seguir;

de ti cuidaré y fijaré sobre ti mis ojos.

9 [4449] No quieras ser como el caballo o el mulo,

sin entendimiento,

que han de ser domados con freno y riendas

para que te obedezcan.”

10 Muchos dolores aguardan al pecador,

mas al que confía en Yahvé

lo defenderá la misericordia.

11 [4450] Alegraos en Yahvé y regocijaos, oh justos;

saltad de júbilo todos los rectos de corazón.

Volver al Indice

Salmo 32 (33)

Himno a la providencia de Dios

1 [4451] Cantad, oh justos, a Yahvé,

la alabanza es propia de los rectos.

2 [4452] Celebrad al Señor con la cítara;

con el arpa de diez cuerdas cantadle himnos.

3 [4453] Entonadle un cántico nuevo;

tañed bien sonoramente.

4 [4454] Porque la Palabra de Yahvé es recta,

y toda su conducta es fiel.

5 [4455] Él ama la misericordia y la justicia,

la tierra está llena de la bondad de Yahvé.

6 [4456] Por la Palabra de Yahvé

fueron hechos los cielos,

y todo su ornato por el soplo de su boca.

7 [4457] Él junta como en un odre las aguas del mar,

encierra en depósitos los abismos.

8 Tema a Yahvé toda la tierra;

reveréncienle todos los pobladores del orbe.

9 [4458] Porque Él habló y quedaron hechos;

mandó, y tuvieron ser.

10 [4459] Yahvé desbarata los planes de las naciones,

deshace los designios de los pueblos.

11 [4460] Mas los planes del Señor permanecen eternamente;

los designios de su corazón,

de generación en generación.

12 ¡Dichoso el pueblo

que tiene por Dios a Yahvé,

dichoso el pueblo

que Él escogió para herencia suya!

13 Yahvé mira desde lo alto de los cielos,

ve a todos los hijos de los hombres.

14 Desde el lugar de su morada fija sus ojos,

sobre todos los que habitan la tierra.

15 [4461] Él, que formó el corazón de cada uno,

presta atención a todas sus acciones.

16 No vence el rey por un gran ejército;

el guerrero no se salva por su mucha fuerza.

17 [4462] Engañoso es el caballo para la victoria,

todo su vigor no salvará al jinete.

18 Mas los ojos de Yahvé

velan por los que le temen,

por los que esperan de su misericordia,

19 que ha de librar sus almas de la muerte,

y alimentarlos en el tiempo de hambre.

20 Nuestra alma cuenta con Yahvé;

Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

21 En Él se regocija nuestro corazón,

y en su santo Nombre confiamos.

22 [4463] Sea, Yahvé, sobre nosotros tu misericordia,

según lo esperamos de Ti.

Volver al Indice

Salmo 33 (34)

Felicidad del justo

1 [4464] De David. Cuando fingió ante el rey Abimelec haber perdido el juicio, y éste le desterró y él pudo salvarse.

2 Quiero bendecir a Yahvé en todo tiempo,

tener siempre en mi boca su alabanza.

3 [4465] En Yahvé se gloría mi alma;

oigan los afligidos y alégrense.

4 Enalteced conmigo a Yahvé,

y juntos ensalcemos su Nombre.

5 Busqué a Yahvé y Él me escuchó,

y me libró de todos mis temores.

6 [4466] Miradlo a Él

para que estéis radiantes de gozo,

y vuestros rostros

no estén cubiertos de vergüenza.

7 He aquí un miserable que clamó,

y Yahvé lo oyó, lo salvó de todas sus angustias.

8 El ángel de Yahvé monta guardia

en torno a los temerosos de Dios y los salva.

9 [4467] Gustad y ved cuan bueno es Yahvé;

dichoso el hombre que se refugia en Él.

10 [4468] Temed a Yahvé, vosotros, santos suyos;

los que le temen no carecen de nada.

11 [4469] Empobrecen los ricos y sufren hambre;

pero a los que buscan a Yahvé

no les faltará ningún bien.

12 [4470] Venid, hijos, escuchadme,

y os enseñaré el temor de Yahvé.

13 ¿Ama alguno la vida?

¿Desea largos días para gozar del bien?

14 Pues guarda tu lengua del mal,

y tus labios de las palabras dolosas.

l5 Apártate del mal, y obra el bien;

busca la paz, y ve en pos de ella.

16 [4471] Los ojos de Yahvé miran a los justos;

y sus oídos están abiertos

a lo que ellos piden.

17 [4472] Yahvé aparta su vista

de los que obran el mal,

para borrar de la tierra su memoria.

18 Claman los justos y Yahvé los oye,

y los saca de todas sus angustias.

19 [4473] Yahvé está junto

a los que tienen el corazón atribulado

y salva a los de espíritu compungido.

20 [4474] Muchas son las pruebas del justo,

mas de todas lo libra Yahvé.

21 [4475] Vela por cada uno de sus huesos;

ni uno solo será quebrado.

22 [4476] La malicia del impío lo lleva a la muerte;

y los que odian al justo serán castigados.

23 [4477] Yahvé redime las almas de sus siervos,

y quienquiera se refugie en Él no pecará.

Volver al Indice

Salmo 34 (35)

El abogado de los perseguidos

1 [4478] De David.

Disputa mi causa, oh Yahvé,

contra mis contendores;

combate Tú a los que me combaten.

2 [4479] Echa mano al escudo y al broquel,

y levántate en mi socorro.

3 [4480] Empuña la lanza,

y cierra contra mis perseguidores.

Dile a mi alma:

“Tu salvación soy Yo.”

4 [4481] Queden confusos y avergonzados

los que buscan mi vida.

Vuelvan atrás, cubiertos de oprobio

los que maquinan mi perdición.

5 Sean como la paja ante el viento,

acosados por el Ángel de Yahvé.

6 Sea su camino obscuro y resbaloso,

cuando el Ángel de Yahvé los persiga.

7 [4482] Porque sin causa me tendieron su red;

y sin causa cavaron una fosa para mi vida.

8 Venga sobre ellos la muerte inesperada,

y préndalos la red que para mí escondieron;

caigan en la fosa que ellos mismos cavaron.

9 [4483] Y mi alma se regocijará en Yahvé,

y se alegrará de su auxilio.

10 [4484] Todos mis huesos dirán:

¿Quién como Tú, Yahvé,

que libras del prepotente

al desvalido,

y al pobre y afligido

de la mano del que lo despoja?

11 [4485] Se levantaron testigos de iniquidad;

me pedían cuentas de cosas

que yo ni conocía.

12 Por el bien me devolvían mal,

para desolación de mi alma.

13 [4486] En tanto que yo,

cuando ellos enfermaban,

vestía de cilicio,

me maceraba con el ayuno,

y mis plegarias me golpeaban el seno.

14 Me portaba como con un amigo,

como con un hermano;

me encorvaba triste,

como quien llora a una madre.

15 [4487] Ellos, en cambio, se alegraron

en mi adversidad, y se juntaron;

coligados contra mí

me hirieron de improviso,

me laceraron sin tregua.

16 [4488] Entre impíos burladores de torta redonda,

rechinaron contra mí sus dientes.

17 [4489] ¿Hasta cuándo. Señor,

lo estarás viendo?

libra de sus maldades mi vida,

de los leones a mi único bien.

18 Te daré gracias en la gran asamblea,

te alabare ante un pueblo numeroso.

19 [4490] No se alegren a costa mía

mis injustos enemigos;

no se hagan guiños de ojo

los que sin causa me odian,

20 porque ni siquiera hablan de paz,

y planean traidoramente fraudes

contra los pacíficos de la tierra.

21 [4491] Ensanchan contra mí sus bocas

y dicen: “aja, aja;

lo hemos visto con nuestros propios ojos”.

22 Tú, Yahvé, sí que lo has visto;

no calles, Señor,

no quieras estar lejos de mí.

23 Despierta y vela por mi defensa,

por mi causa. Dios mío y Señor mío.

24 [4492] Júzgame Tú según tu justicia,

Yahvé, Dios mío,

que no se alegren a mi costa;

25 que no piensen en su corazón:

“Hemos salido con nuestro deseo”;

no digan: “Lo hemos devorado.”

26 Confundidos sean y abochornados a una

los que se gozan en mi mal.

Sean cubiertos de vergüenza e ignominia

los que se ensoberbecen contra mí.

27 Alégrense y gócense

los que comparten mi causa,

y digan siempre: “Grande es Yahvé

que se deleita en la paz de su siervo.”

28 [4493] Y mi lengua proclamará tu justicia;

y tu alabanza perpetuamente.

Volver al Indice

Salmo 35 (36)

La malicia humana y la bondad divina

1 [4494] Al maestro de coro. De David, siervo de Dios.

2 La rebeldía instiga al impío en su corazón;

a sus ojos no hay temor de Dios.

3 Por tanto, se lisonjea en su mente

de que su culpa no será hallada

ni aborrecida.

4 [4495] Las palabras de su boca

son malicia y fraude,

no se cuida de entender para obrar bien.

5 En su lecho medita la iniquidad;

anda siempre en malos caminos.

La maldad no le causa horror.

6 [4496] Yahvé, tu misericordia toca el cielo;

tu fidelidad, las nubes.

7 Tu justicia es alta

como los montes de Dios;

profundos como el mar, tus juicios.

Tú, Yahvé, socorres al hombre y al animal.

8 ¡Cuán preciosa es, oh Dios, tu largueza!

los hijos de los hombres se abrigan

a la sombra de tus alas.

9 Se sacian con la abundancia de tu casa,

y los embriagas en el río de tus delicias.

10 [4497] Pues en Ti está la fuente de la vida,

y en tu luz vemos la luz.

11 [4498] Despliega tu bondad

sobre los que te conocen,

y tu justicia sobre los de corazón recto.

12 No me aplaste el pie del soberbio

ni me haga vacilar la mano del impío.

13 [4499] He aquí derribados

a los obradores de la iniquidad,

caídos para no levantarse más.

Volver al Indice

Salmo 36 (37)

Espejo de la Providencia

1 [4500] De David.

No te acalores a causa de los malvados,

ni envidies a los que cometen la iniquidad.

2 Porque muy pronto serán cortados,

como el heno,

y como hierba verde se secarán.

3 Tú, espera en Yahvé y obra el bien;

permanece en la tierra

y cultiva la rectitud.

4 [4501] Pon tus delicias en Yahvé,

y Él te otorgará lo que tu corazón busca.

5 [4502] Entrega a Yahvé tu camino;

confíate a Él y déjale obrar.

6 Él hará aparecer tu justicia como el día,

y tu causa como la luz meridiana.

7 [4503] Calla ante Yahvé y espera de Él;

no te acalores

a causa del que prospera en su camino,

del hombre que obra torcidamente.

8 [4504] Depón el rencor y aplaca la ira,

no te irrites: pues sería peor;

9 porque los que obran mal

serán exterminados,

mas los que esperan en Yahvé

heredarán la tierra.

10 Aguarda un poco,

y el impío ya no estará;

y si buscas su lugar,

no lo hallarás.

11 En tanto que los mansos

poseerán la tierra,

y se deleitarán en abundancia de paz.

12 [4505] El impío urde males contra el justo,

y a su vista rechina los dientes;

13 [4506] pero Yahvé se ríe de él,

porque está viendo llegar su día.

14 Los perversos desenvainan la espada

y tienden su arco,

para derribar al afligido y al desvalido,

y trucidar a los que son rectos.

15 Pero la espada se les clavará

en su propio corazón,

y sus arcos se romperán.

16 [4507] Más vale lo poco del justo

que la gran opulencia de los pecadores;

17 porque serán quebrados

los brazos de los impíos,

en tanto que a los justos

los sostiene Yahvé.

18 Lleva cuenta Yahvé

de los días de los justos,

y su herencia será eterna.

19 No se verán confundidos

en tiempo de calamidad,

y en los días de hambre

serán saciados.

20 [4508] Mas los impíos perecerán;

y los enemigos de Yahvé,

los altivos ensoberbecidos en su corazón,

se desvanecerán como el humo.

21 [4509] El malvado toma en préstamo

y no devuelve,

mas el justo es compasivo y da;

22 porque los benditos poseerán la tierra,

pero los malditos serán exterminados.

23 [4510] Yahvé dirige los pasos del hombre.

al que le agrada Él le afirma el camino.

24 Aunque resbalare,

no caerá postrado,

porque Yahvé lo sostiene con su mano.

25 [4511] Joven fui y ahora soy viejo,

mas nunca he visto

al justo desamparado,

ni a sus hijos mendigando el pan.

26 En todo tiempo es misericordioso

y presta,

y su estirpe es bendecida.

27 [4512] Huye tu del mal y haz el bien,

y habitarás por siempre.

28 Pues Yahvé ama la justicia,

y no abandona a sus santos;

los impíos serán exterminados,

y su descendencia perecerá.

29 [4513] Los justos poseerán la tierra,

y habitarán en ella para siempre.

30 [4514] La boca del justo profiere sabiduría,

y su lengua habla con rectitud.

31 La Ley de su Dios está en su corazón,

y sus pasos no vacilan.

32 [4515] El impío anda en acecho del justo,

y busca cómo quitarle la vida;

33 pero Yahvé no lo deja en sus manos,

ni permite que le condenen

cuando es juzgado.

34 [4516] Cuenta con Yahvé

y sigue su camino;

Él te conducirá

a la herencia de la tierra;

asistirás gozoso

al exterminio de los perversos.

35 Vi al impío sumamente empinado

y expandiéndose,

como un cedro del Líbano;

36 pasé de nuevo, y ya no estaba;

lo busqué, y no fue encontrado.

37 [4517] Observa al hombre íntegro

y mira al que es recto.

porque el nombre pacifico

tendrá porvenir,

38 en tanto que los rebeldes

todos perecerán,

y la posteridad de los impíos

será extirpada.

39 De Yahvé viene

la salvación de los justos;

Él es su fortaleza en los días aciagos.

40 [4518] Yahvé les da ayuda y libertad;

los saca de las manos de los impíos

y los salva,

porque a Él se acogieron.

Volver al Indice

Salmo 37 (38)

Invocación del justo atribulado (Cristo en la Pasión)

1 [4519] Salmo de David. Para recuerdo.

2 Yahvé, no me arguyas en tu ira,

ni me castigues en tu furor.

3 [4520] Mira que tengo clavadas tus flechas,

y tu mano ha caído sobre mí.

4 [4521] A causa de tu indignación

no hay en mi carne parte sana,

ni un hueso tengo intacto,

por culpa de mi pecado.

5 Es que mis iniquidades

pasan sobre mi cabeza,

me aplasta el peso de su carga.

6 [4522] Mis llagas hieden y supuran,

por culpa de mi insensatez.

Inclinado, encorvado hasta el extremo,

en mi tristeza

ando todo el día sin rumbo;

8 mis entrañas se abrasan de dolor,

no queda nada sano en mi cuerpo.

9 Languidezco abrumado;

los gemidos de mi corazón me hacen rugir.

10 Señor, a tu vista están todos mis suspiros,

y mis gemidos no se te ocultan.

11 Palpita fuertemente mi corazón;

las fuerzas me abandonan,

y aún me falta la luz de mis ojos.

12 [4523] Mis amigos y compañeros

se han apartado de mis llagas,

y mis allegados se mantienen, a distancia.

13 [4524] Me tienden lazos

los que atentan contra mi vida;

los que buscan mi perdición

hablan de amenazas

y forman todo el día designios aviesos.

14 [4525] Yo entretanto, como sordo, no escucho;

y soy como mudo que no abre sus labios.

15 Me he hecho semejante

a un hombre que no oye

y que no tiene respuesta en su boca;

16 [4526] porque confío en Ti, oh Yahvé,

Tú responderás, Señor Dios mío.

17 [4527] Yo he dicho en efecto:

“No se alegren a costa mía,

y no se ensoberbezcan contra mí

al vacilar mi pie.”

18 [4528] Pues me encuentro a punto de caer,

y tengo siempre delante mi flaqueza,

19 [4529] dado que confieso mi culpa

y estoy lleno de turbación por mi delito;

20 en tanto que son poderosos

los que injustamente me hacen guerra,

y muchos los que me odian sin causa.

21 Y los que devuelven mal por bien

me hostilizan,

porque me empeño en lo bueno.

22 No me abandones, oh Yahvé;

Dios mío, no quieras estar lejos de mí.

23 Apresúrate a socorrerme,

Yahvé, salvación mía.

Volver al Indice

Salmo 38 (39)

Oración en tiempo de aflicción

1 [4530] Al maestro de coro, a Iditún. Salmo de David.

2 [4531] Yo me dije: “Atenderé a mis caminos,

para no pecar con mi lengua;

pondré un freno a mi boca

mientras el impío esté frente a mí.”

3 [4532] Y quedé silencioso, mudo;

calle aún el bien;

pero mi dolor se exasperaba.

4 [4533] El corazón ardía en mi pecho;

cuando reflexionaba, el fuego se encendía;

entonces solté mi lengua diciendo:

5 [4534] “Hazme saber, Yahvé, cuál es mi fin,

y cuál el número de mis días,

para que entienda cuan caduco soy.

6 Tú diste a mis días un largo de pocos palmos,

y mi vida es como nada ante Ti.

Un mero soplo es todo hombre.

7 [4535] Como una sombra, pasa el mortal,

y vanamente se inquieta;

atesora, y no sabe quién recogerá.”

8 Así pues ¿qué espero yo ahora, Señor?

Toda mi esperanza está en Ti.

9 Sálvame Tú de todas mis iniquidades;

no me entregues al escarnio del necio.

10 [4536] Enmudezco y no abro más mi boca;

porque todo lo haces Tú.

11 Sólo aparta de mí tu azote,

pues ante el poder de tu mano desfallezco.

12 [4537] Tú castigas al hombre por su culpa;

destruyes, como la polilla,

lo que él más aprecia.

En verdad, todo hombre

no es más que un soplo.

13 [4538] Escucha, Yahvé, mi ruego,

presta oído a mis clamores,

no te hagas sordo a mis lágrimas;

porque frente a Ti yo soy un peregrino,

un transeúnte, como fueron todos mis padres.

14 Deja de castigarme para que respire,

antes que parta y ya no esté.

Volver al Indice

Salmo 39 (40)

Oblación de Cristo al Padre

1 [4539] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 Esperé en Yahvé,

con esperanza sin reserva,

y Él se inclinó hacia mí

y escuchó mi clamor.

3 [4540] Me sacó de una fosa mortal,

del fango cenagoso;

asentó mis pies sobre roca

y dio firmeza a mis pasos.

4 Puso en mi boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios.

Muchos verán esto,

y temerán y esperarán en Yahvé.

5 [4541] Dichoso el hombre

que ha puesto su esperanza en Yahvé,

sin volverse hacia los arrogantes

y los apóstatas impostores.

6 [4542] Oh Yahvé, Dios mío,

Tú has multiplicado

tus hazañas maravillosas,

y nadie puede compararse a Ti,

por tus planes en favor nuestro.

Yo quisiera anunciarlos y proclamarlos,

pero su número excede a todo cálculo.

7 [4543] Tú no te has complacido

en sacrificio ni ofrenda,

sino que me has dado oídos;

holocausto y expiación

por el pecado no pides.

8 Entonces he dicho:

“He aquí que vengo.”

En el rollo del libro me está prescrito

9 hacer tu voluntad;

tal es mi deleite, Dios mío,

y tu Ley está en el fondo de mi corazón.

10 [4544] He proclamado tu justicia

en la grande asamblea;

no contuve mis labios;

Tú, Yahvé, lo sabes.

11 [4545] No he tenido escondida tu justicia

en mi corazón,

publiqué tu verdad y la salvación

que de Ti viene;

no oculté a la muchedumbre

tu misericordia y tu fidelidad.

12 [4546] Tú, Yahvé, no contengas

para conmigo tus piedades;

tu misericordia y tu fidelidad

me guarden siempre.

13 [4547] Ahora me rodean males sin número,

mis culpas se precipitan sobre mí,

y no puedo soportar su vista.

Son más numerosas,

que los cabellos de mi cabeza,

y mi corazón desmaya.

14 Plegue a Ti, Yahvé, librarme;

apresúrate, Señor, a ayudarme.

15 Confundidos sean y avergonzados

todos los que buscan mi vida

para perderla;

retrocedan y cúbranse de ignominia

los que se deleitan en mis males.

l6 Queden aturdidos de vergüenza

esos que me dicen: “aja, aja”.

17 [4548] Pero salten de gozo

y alégrense en Ti

todos los que te buscan;

y los que quieren la salvación

que de Ti viene

digan siempre: “Grande es Yahvé.”

18 [4549] En cuanto a mí, soy pobre y miserable;

pero el Señor cuida de mí.

Mi amparo y mi libertador eres Tú;

¡Dios mío, no tardes!

Volver al Indice

Salmo 40 (41)

Defensa contra los falsos y traidores

1 [4550] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 Dichoso el que sabe comprender

al débil y al pobre;

en el día aciago Yahvé lo pone a salvo.

3 [4551] Yahvé cuida de él y lo hace vivir,

lo hace próspero sobre la tierra,

y no lo entrega a la voluntad de sus enemigos.

4 [4552] Yahvé lo conforta en el lecho del dolor,

y calma sus padecimientos

durante toda su enfermedad.

5 [4553] Yo por mi parte digo:

“Apiádate de mí, Yahvé,

sana mi alma porque pequé contra Ti.”

6 Mis enemigos hablan de mí

con maldad (diciendo):

“¿Cuándo morirá y perecerá su nombre?”

7 [4554] Y el que viene a visitarme habla con falsía;

en su interior hace provisión de maledicencia,

y entonces sale afuera y la desparrama.

8 Todos los que me odian

se juntan para murmurar contra mí;

imaginan de mí lo peor:

9 “Le ha sobrevenido una peste maligna;

se acostó y no volverá a levantarse.”

10 [4555] Hasta mi amigo, de quien me fiaba,

que comía mi pan,

ha alzado contra mí su calcañar.

11 [4556] Mas Tú, Yahvé, apiádate de mí;

levántame para que les retribuya.

l2 En esto conoceré que me amas,

si el que me odia

no se huelga a costa mía,

13 [4557] y me sustentas en mi integridad,

conservándome en tu presencia para siempre.

14 [4558] ¡Bendito sea Yahvé, Dios de Israel,

desde la eternidad y por la eternidad!

Amén, Amén.

Volver al Indice

Segundo Libro de los Salmos

Salmo 41 (42)

Nostalgia de la casa de Dios

1 [4559] Al maestro de coro. Maskil. De los hijos de Coré.

2 Como el ciervo ansía

las corrientes de aguas,

así mi alma suspira por Ti, oh Dios,

3 [4560] porque mi alma tiene sed de Dios,

del Dios vivo.

¿Cuándo vendré

y estaré en la presencia de Dios?

4 [4561] Mis lágrimas se han hecho mi pan

de día y de noche,

mientras se me dice continuamente:

“¿Dónde está tu Dios?”

5 [4562] Me acuerdo

-y el recuerdo me parte el alma-

de cómo caminaba yo

al frente de la noble cohorte

hacia la casa de Dios,

entre cantares de júbilo y alabanza,

en festivo cortejo.

6 ¿Por qué estás afligida, alma mía,

y te conturbas dentro de mí?

Espera en Dios,

pues aun he de alabar

al que es mi salvación, mi Dios.

7 [4563] Desfallece en mi interior mi alma,

cuando de Ti me acuerdo;

desde la lejana tierra del Jordán

y del Hermón,

desde la colina de Misar.

8 Como, en el estruendo de tus cataratas,

un abismo llama a otro abismo,

así todas tus ráfagas

y tus olas pasan sobre mí.

9 [4564] De día gimo: “Mande Yahvé su gracia”,

y de noche entono un cántico,

la plegaria al Dios de mi vida.

10 Digo a Dios: “Roca mía,

¿por qué me has olvidado,

por qué he de andar afligido,

bajo la opresión de mis enemigos?”

11 Mis huesos se quebrantan

cuando mis adversarios me hacen burla,

diciendo uno y otro día:

“¿Dónde está tu Dios?”

12 [4565] ¿Por qué estás afligida, alma mía,

y te conturbas dentro de mí?

Espera en Dios,

pues aun he de alabar

al que es mi salvación, mi Dios.

Volver al Indice

Salmo 42 (43)

Continuación del anterior

1 [4566] Hazme justicia, oh Dios,

y aboga en mi causa

contra un pueblo impío;

líbrame del hombre inicuo y doble.

2 Pues Tú, oh Dios, eres mi fortaleza;

¿por qué me desechaste?

¿por qué he de andar afligido,

bajo la opresión del adversario?

3 [4567] Envíame tu luz y tu verdad;

que ellas me guíen

y me conduzcan a tu santo monte,

a tus tabernáculos.

4 [4568] Así llegaré al altar de Dios,

al Dios que es la alegría de mi gozo;

y te alabaré al son de la cítara

oh Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué estás afligida, alma mía,

y te conturbas dentro de mí?

Espera en Dios,

pues aun he de alabar

al que es mi salvación, mi Dios.

Volver al Indice

Salmo 43 (44)

Apremiante súplica de Israel

1 [4569] Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Maskil.

2 [4570] Oímos, oh Dios, con nuestros oídos,

nos contaron nuestros padres,

los prodigios que hiciste en sus días,

en los días antiguos.

3 [4571] Tú, con tu mano,

expulsando pueblos gentiles,

los plantaste a ellos;

destruyendo naciones,

a ellos los propagaste.

4 [4572] Pues no por su espada ocuparon la tierra,

ni su brazo les dio la victoria;

fue tu diestra y tu brazo,

y la luz de tu rostro;

porque Tú los amabas.

5 Tú eres mi Rey, mi Dios,

Tú, el que dio la victoria a Jacob.

6 Por Ti batimos a nuestros enemigos;

y en nombre tuyo hollamos

a los que se levantaron contra nosotros.

7 Porque no en mi arco puse mi confianza,

ni me salvó mi espada,

8 sino que Tú nos has salvado

de nuestros adversarios,

y has confundido a los que nos odian.

9 En Dios nos gloriábamos cada día,

y continuamente celebrábamos tu Nombre.

10 [4573] Pero ahora Tú nos has repelido

y humillado;

ya no sales, oh Dios, con nuestros ejércitos.

11 Nos hiciste ceder ante nuestros enemigos,

y los que nos odian

nos han saqueado como han querido.

I2 Nos entregaste como ovejas

destinadas al matadero,

y nos desparramaste entre los gentiles.

13 [4574] Vendiste a tu pueblo sin precio,

y no sacaste gran provecho de esa venta.

14 [4575] Nos hiciste el escarnio de nuestros vecinos,

la irrisión y el ludibrio

de los que nos rodean.

15 Nos convertiste en fábula de los gentiles,

y recibimos de los pueblos

meneos de cabeza.

16 Todo el día tengo ante los ojos

mi ignominia,

y la confusión cubre mi rostro,

17 a los gritos del que me insulta y envilece,

a la vista del enemigo,

ávido de venganza.

18 [4576] Todo esto ha venido sobre nosotros,

mas no nos hemos olvidado de Ti,

ni hemos quebrantado

el pacto hecho contigo.

19 No volvió atrás nuestro corazón,

ni nuestro paso se apartó de tu camino,

20 [4577] cuando nos aplastaste

en un lugar de chacales

y nos cubriste con sombras de muerte.

21 Si nos hubiéramos olvidado

del nombre de nuestro Dios,

extendiendo nuestras manos

a un Dios extraño,

22 ¿no lo habría averiguado Dios,

Él, que conoce los secretos del corazón?

23 [4578] Mas por tu causa

somos ahora carneados cada día,

tenidos como ovejas de matadero.

24 [4579] Despierta, Señor. ¿Por qué duermes?

Levántate; no nos deseches para siempre.

25 ¿Por qué ocultas tu rostro?

¿Te olvidas de nuestra miseria

y de nuestra opresión?

26 Agobiada hasta el polvo está nuestra alma,

y nuestro cuerpo pegado a la tierra.

27 ¡Levántate en nuestro auxilio,

líbranos por tu piedad!

Volver al Indice

Salmo 44 (45)

Epitalamio del Rey Mesías

1 [4580] Al maestro de coro. Sobre el tono de “Schoschannim” (“Las azucenas”). De los hijos de Coré. Maskil. Canto de amor.

2 De mi corazón

desbordan faustas palabras,

hablo de lo que hice para el rey,

mi lengua es pluma de ágil escriba.

3 [4581] Eres más hermoso

que los hijos de los hombres;

la gracia se ha derramado en tus labios,

pues Dios te ha bendecido para siempre.

4 [4582] Oh poderoso,

ciñe a tu flanco tu espada

en tu gloria y majestad.

5 [4583] Cabalga, victorioso,

por la verdad y por la justicia,

y tu diestra te mostrará

hazañas formidables.

6 Agudas son tus flechas,

los pueblos caerán debajo de ti;

desfallecidos caerán los enemigos del rey.

7 [4584] Tu trono, oh Dios, es por los siglos

y para siempre;

el cetro de tu reino es vara de justicia.

8 [4585] Tú amas la justicia

y detestas la maldad;

por esto, oh Dios, el Dios tuyo te ungió,

entre todos tus semejantes,

con óleo de alegría.

9 [4586] Mirra y áloes y casia exhalan tus vestidos

desde los palacios de marfil

donde te alegraron.

10 [4587] Hijas de reyes vienen a tu encuentro;

a tu diestra está en pie la reina,

vestida de oro de Ofir.

11 [4588] Oye, hija, y considera; aplica tu oído;

olvida a tu pueblo

y la casa de tu padre.

12 [4589] El rey se prendará de tu hermosura;

Él es tu Señor: inclínate ante Él.

13 Ante ti se inclinará

la hija de Tiro con dádivas,

y los más ricos de la tierra

solicitarán tu favor.

14 [4590] Toda hermosa entra la hija del rey,

vestida de tela de oro.

15 [4591] Envuelta en manto multicolor

es llevada al rey;

detrás de ella son introducidas a ti,

las vírgenes, sus amigas;

16 son conducidas alegremente y, dichosas,

entran en el palacio del rey.

17 [4592] Tus hijos ocuparán

el lugar de tus padres;

los establecerás príncipes

sobre toda la tierra.

18 [4593] Haré tu nombre memorable

de edad en edad;

sí, los pueblos te ensalzarán

por los siglos de los siglos.

Volver al Indice

Salmo 45 (46)

Alcázar es el Dios de Jacob

1 [4594] Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Al-Alamoth (para voces de soprano). Cántico.

2 Dios es para nosotros refugio y fortaleza;

mucho ha probado ser nuestro auxiliador

en las tribulaciones.

3 [4595] Por eso no tememos si la tierra vacila

y los montes son precipitados al mar.

4 [4596] Bramen y espumen sus aguas,

sacúdanse a su ímpetu los montes.

Yahvé de los ejércitos está con nosotros;

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

5 [4597] Los brazos del río alegran la ciudad de Dios,

la santa morada del Altísimo.

6 Dios está en medio de ella,

no será conmovida;

Dios la protegerá desde que apunte el día.

7 Agítanse las naciones, caen los reinos;

Él hace oír su voz, la tierra tiembla.

8 Yahvé de los ejércitos está con nosotros;

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

9 [4598] Venid y ved las obras de Yahvé,

las maravillas que ha hecho sobre la tierra.

10 Cómo hace cesar las guerras

hasta los confines del orbe,

cómo quiebra el arco y hace trizas la lanza,

y echa los escudos al fuego.

11 [4599] “Basta ya; sabed que Yo soy Dios,

sublime entre las naciones,

excelso sobre la tierra.”

12 Yahvé de los ejércitos está con nosotros;

nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Volver al Indice

Salmo 46 (47)

Israel y las naciones alaban al Rey de toda la tierra

1 [4600] Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 [4601] Pueblos todos, batid palmas;

aclamad a Dios con cantos de júbilo;

3 porque el Señor Altísimo, terrible,

es el gran Rey sobre toda la tierra.

4 [4602] Él ha sometido los pueblos a nosotros

y a nuestros pies las naciones.

5 [4603] Él nos eligió nuestra heredad,

gloria de Jacob, su amado.

6 Sube Dios entre voces de júbilo,

Yahvé con sonido de trompeta.

7 [4604] Cantad a Dios, cantad;

cantad a nuestro Rey, cantadle.

8 Porque Dios es rey sobre toda la tierra;

cantadle un himno.

9 Dios reina ya sobre todas las naciones;

Dios se ha sentado sobre su santo trono.

10 [4605] Los príncipes de los pueblos se han unido

al pueblo del Dios de Abrahán,

pues los poderosos de la tierra

se han dado a Dios.

Él domina desde lo más alto.

Volver al Indice

Salmo 47 (48)

Grandezas del Señor en Sión

1 [4606] Cántico. Salmo de los hijos de Coré.

2 Grande es Yahvé

en la ciudad de nuestro Dios,

y digno de suma alabanza.

3 [4607] Su monte sagrado es gloriosa cumbre,

es el gozo de toda la tierra;

el monte Sión, (su) extremo norte,

es la ciudad del gran Rey.

4 En sus fortalezas,

Dios se ha mostrado baluarte seguro.

5 [4608] Pues, he aquí que los reyes

se habían reunido,

y acometieron a una;

6 mas apenas le vieron, se han pasmado,

y aterrados han huido por doquier.

7 Los invadió allí un temblor,

una angustia como de parto,

8 [4609] como el viento de Oriente

cuando estrella las naves de Tarsis.

9 [4610] Como lo habíamos oído,

así lo hemos visto ahora

en la ciudad de Yahvé de los ejércitos,

en la ciudad de nuestro Dios:

Dios la hace estable para siempre.

10 Nos acordamos, oh Dios,

de tu misericordia

dentro de tu Templo.

11 Como tu Nombre, Dios,

así también tu alabanza

llega hasta los confines de la tierra.

Tu diestra está llena de justicia.

12 Alégrese el monte Sión;

salten de júbilo las ciudades de Judá,

a causa de tus juicios.

13 [4611] Recorred a Sión, circulad en rededor.

contad sus torres;

14 considerad sus baluartes,

examinad sus fortalezas,

para que podáis referir

a la generación venidera:

así es de grande Dios,

15 [4612] nuestro Dios para siempre jamás.

Él mismo nos gobernará.

Volver al Indice

Salmo 48 (49)

No envidiar la opulencia de los malos

1 Al maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 [4613] Oíd esto, naciones todas,

escuchad, moradores todos del orbe,

3 así plebeyos como nobles,

ricos tanto como pobres.

4 Mi boca proferirá sabiduría,

y la meditación de mi corazón, inteligencia.

5 [4614] Inclinaré mi oído a la parábola,

y al son de la cítara

propondré mi enigma.

6 [4615] ¿Por qué he de temer yo

en los días malos,

cuando me rodea la malicia

de los que me asechan,

7 los que confían en sus recursos

y se glorían de la abundancia de sus riquezas?

8 [4616] Pues nadie podrá librarse a sí mismo,

ni dar a Dios un precio por su redención

9 —demasiado caro es el rescate de la vida—

ni logrará nunca seguir viviendo por siempre

10 sin ver la muerte.

11 [4617] Pues verá que los sabios mueren,

e igualmente perecen el insensato y el necio,

dejando sus riquezas a extraños.

12 Los sepulcros son sus mansiones para siempre,

sus moradas de generación en generación,

por más que hayan dado

a las tierras sus nombres.

13 Porque el hombre

no permanece en su opulencia;

desaparece como los brutos.

14 [4618] Tal es la senda

de los que estultamente confían,

y tal el fin de los que se glorían de su suerte.

15 [4619] Como ovejas son echados al sepulcro;

su pastor es la muerte,

y a la mañana los justos

dominarán sobre ellos.

Pronto su figura se volverá un desecho,

y el sepulcro será su casa.

16 [4620] Pero mi vida

Dios la librará de la tumba,

porque Él me tomará consigo.

17 No temas si alguno se enriquece,

si aumenta la opulencia de su casa;

18 [4621] porque al morir nada se llevará consigo,

ni baja con él su fausto.

19 Aunque él mientras vivía se jactase,

congratulándose de pasarlo bien,

20 bajará a reunirse con sus padres,

y no verá jamás la luz.

21 [4622] Pero el hombre en auge no comprende;

desaparece como los brutos.

Volver al Indice

Salmo 49 (50)

El obsequio grato a Dios

1 [4623] Salmo de Asaf.

El Señor Dios habló

y convocó a la tierra,

desde el sol naciente hasta su ocaso.

2 Desde Sión en plena belleza

aparece radiante Dios;

3 [4624] viene el Dios nuestro, y no en silencio;

un fuego devorador le precede

y en torno suyo ruge la tempestad.

4 [4625] Llama a los cielos de arriba y a la tierra,

dispuesto a hacer juicio sobre su pueblo:

5 “¡Congregadme a los piadosos,

los que han hecho alianza conmigo

mediante sacrificios!”

6 Y he aquí que los cielos

proclaman su justicia,

porque el Juez es Dios mismo.

7 “Oye, pueblo mío, y hablaré;

Israel, voy a dar testimonio contra ti;

Yo soy Dios, el Dios tuyo.

8 [4626] No te reprendo

por falta de tus sacrificios,

pues tus holocaustos

están siempre delante de Mí.

9 No tomaré ni un becerro de tu casa,

ni carneros de tus manadas.

10 Puesto que son mías

todas las fieras de la selva,

y las bestias que por millares

viven en mis montañas.

11 [4627] Conozco todas las aves del cielo,

y cuanto se mueve en el campo

está de manifiesto a mis ojos.

12 Si tuviera hambre,

no te lo diría a ti,

porque mío es el orbe

y cuanto él contiene.

13 ¿Acaso Yo como carne de toros,

o bebo sangre de chivos?

14 [4628] Sacrificios de alabanza

es lo que has de ofrecer a Dios,

y cumplir al Altísimo tus votos.

15 Entonces sí, invócame

en el día de la angustia;

Yo te libraré y tú me darás gloria.”

16 [4629] Al pecador, empero, le dice Dios:

“¿Cómo es que andas tú

pregonando mis mandamientos,

y tienes mi alianza en tus labios,

17 tú, que aborreces la instrucción,

y has echado a la espalda mis palabras?

18 Cuando ves a un ladrón te vas con él,

y te asocias a los adúlteros.

19 Has abierto tu boca al mal,

y tu lengua ha urdido engaño.

20 Te sentabas para hablar

contra tu hermano,

y cubrías de oprobio al hijo de tu madre.

21 Esto hiciste, y ¿Yo he de callar?

¿Imaginaste que Yo soy como tú?

Yo te pediré cuentas

y te lo echaré en cara.

22 Entended estas cosas

los que os olvidáis de Dios;

no sea que Yo os destroce

no haya quien os salve.

23 [4630] El que me ofrece el sacrificio de alabanza,

ése es el que honra;

y al que anda en sinceridad,

a ése le haré ver la salvación de Dios.”

Volver al Indice

Salmo 50 (51)

Espíritu de perfecta contrición

1 [4631] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 Cuando después que pecó con Betsabee, se llegó a él Natán.

3 [4632] Ten compasión de mí, oh Dios,

en la medida de tu misericordia;

según la grandeza de tus bondades,

borra mi iniquidad.

4 Lávame a fondo de mi culpa,

límpiame de mi pecado.

5 [4633] Porque yo reconozco mi maldad,

y tengo siempre delante mi delito.

6 [4634] He pecado contra Ti,

contra Ti solo,

he obrado lo que es desagradable a tus ojos,

de modo que se manifieste

la justicia de tu juicio

y tengas razón en condenarme.

7 [4635] Es que soy nacido en la iniquidad,

y ya mi madre me concibió en pecado.

8 [4636] Mas he aquí que Tú te complaces

en la sinceridad del corazón,

y en lo íntimo del mío

me haces conocer la sabiduría.

9 [4637] Rocíame con hisopo,

y seré limpio;

lávame Tú,

y quedaré más blanco que la nieve.

10 [4638] Hazme oír tu palabra

de gozo y de alegría.

y saltarán de felicidad estos huesos

que has quebrantado.

11 [4639] Aparta tu rostro, de mis pecados,

y borra todas mis culpas.

12 [4640] Crea en mí, oh Dios,

un corazón sencillo,

y renueva en mi interior

un espíritu recto.

13 [4641] No me rechaces de tu presencia,

y no me quites el espíritu de tu santidad.

14 [4642] Devuélveme la alegría de tu salud;

confírmame en un espíritu de príncipe.

15 [4643] Enseñaré a los malos tus caminos;

y los pecadores se convertirán a Ti.

16 [4644] Líbrame de la sangre,

oh Dios, Dios Salvador mío,

y vibre mi lengua de exultación

por tu justicia.

17 [4645] Abre Tú mis labios, oh Señor,

y mi boca publicará tus alabanzas,

18 [4646] pues los sacrificios no te agradan,

y si te ofreciera un holocausto

no lo aceptarías.

19 [4647] Mi sacrificio, oh Dios,

es el espíritu compungido;

Tú no despreciaras, Señor,

un corazón contrito [y humillado].

20 [4648] Por tu misericordia, Señor,

obra benignamente con Sión;

reconstruye los muros de Jerusalén.

21 Entonces te agradarán los sacrificios legales,

[las oblaciones y los holocaustos];

entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.

Volver al Indice

Salmo 51 (52)

Contra la lengua intrigante y prepotente

1 [4649] Al maestro de coro. Maskil de David.

2 Cuando Doeg, el idumeo, fue a decir a Saúl: “David ha entrado en la casa de Aquimelec.”

3 [4650] ¿Cómo haces alarde de maldad,

oh prepotente, contra el justo?

¡En todo tiempo hay Dios!

4 Tu lengua, maquinando ruinas,

es como afilada navaja, oh artífice del dolo.

5 Prefieres el mal al bien

y la falsedad al lenguaje sincero.

6 Amas todas las palabras que hieren,

lengua pérfida.

7 Por eso Dios te destruirá;

te quitará de en medio para siempre;

te arrojará de tu tienda

y te arrancará de la tierra de los vivientes.

8 Al ver esto los justos temerán,

y se reirán (diciendo):

9 [4651] “He aquí el hombre

que no hizo de Dios su baluarte,

sino que confió

en la multitud de sus riquezas

y llegó a ser poderoso por sus crímenes.”

10 [4652] Mas yo, como olivo lozano

en la casa de Dios,

confío en la bondad divina para siempre.

11 [4653] Por los siglos te alabaré porque obraste,

y proclamaré tu Nombre porque es bueno,

a la vista de tus santos.

Volver al Indice

Salmo 52 (53)

Confusión de los impostores

1 [4654] Al maestro de coro. Según Mahalat. Maskil de David.

2 El insensato dice en su corazón:

“No hay Dios.”

Se han pervertido;

su conducta es abominable;

ni uno solo obra bien.

3 Yahvé mira desde el cielo

a los hijos de los hombres,

para ver si hay quien sea inteligente

y busque a Dios.

4 Pero se han extraviado todos juntos

y todos se han depravado.

No hay uno que obre el bien,

ni uno siquiera.

5 [4655] ¡Nunca entenderán esos malhechores,

que devoran a mi pueblo, como comen pan,

sin cuidarse de Dios para nada!

6 [4656] He aquí que tiemblan de miedo

donde no hay que temer;

porque Dios ha dispersado los huesos

de los que te esquilmaban;

están desconcertados porque Dios los rechazó.

7 [4657] ¡Oh, venga ya de Sión la salud de Israel!

Cuando Yahvé cambie

la suerte de su pueblo,

saltará de gozo Jacob,

e Israel de alegría.

Volver al Indice

Salmo 53 (54)

Fidelidad con que Dios nos escucha

1 [4658] Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Maskil de David.

2 [4659] Cuando los cifeos fueron a decirle a Saúl: “Mira, David está escondido entre nosotros.”

3 Sálvame, oh Dios, por tu Nombre,

y defiende mi causa con tu poder.

4 Escucha mi oración, oh Dios,

presta oído a las palabras de mi boca.

5 [4660] Porque soberbios

se han levantado contra mí;

y hombres violentos

buscan mi vida,

sin tener en cuenta

a Dios para nada.

6 [4661] Mirad, ya viene Dios en mi socorro;

el Señor sostiene mi vida.

7 Haz rebotar el mal contra mis adversarios,

y según tu fidelidad, destrúyelos.

8 [4662] Te ofreceré sacrificios voluntarios;

ensalzaré, oh Yahvé, tu Nombre,

porque es bueno.

9 Pues me libró de toda tribulación,

y mis ojos han visto

a mis enemigos confundidos.

Volver al Indice

Salmo 54 (55)

Ansias de huir a la soledad

1 [4663] Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Maskil de David.

2 Escucha oh Dios, mi oración,

y no te escondas de mi súplica.

3 [4664] Atiéndeme, inclina tu oído.

Vago gimiendo y sobresaltado

[y estoy turbado]

4 [4665] ante las amenazas del enemigo

y la opresión del inicuo;

se acumulan calamidades sobre mí

y me asaltan con furor.

5 El corazón tiembla en mi pecho,

y me acometen mortales angustias.

6 El temor y el terror me invaden,

y me envuelve el espanto.

7 [4666] Y exclamo: “¡Oh si tuviera yo alas

como la paloma

para volar en busca de reposo!”

8 Me iría bien lejos a morar en el desierto.

9 Me escaparía al instante

del torbellino y de la tempestad.

10 [4667] Piérdelos, Señor; divide sus lenguas,

pues en la ciudad

veo la violencia y la discordia

11 [4668] rondar día y noche sobre sus muros;

y en su interior hay opresión y ruina.

12 La insidia impera en medio de ella,

y de sus plazas no se apartan

la injuria y el engaño.

13 Si me insultara un enemigo,

lo soportaría;

si el que me odia

se hubiese levantado contra mí,

me escondería de él simplemente.

14 [4669] Pero eres tú, mi compañero,

mi amigo y mi confidente,

15 con quien vivía yo en dulce intimidad,

y subíamos en alegre consorcio

a la casa de Dios.

16 [4670] Sorpréndalos la muerte;

vivos aún desciendan al sepulcro,

porque la maldad reina en sus moradas

[y en ellos mismos].

17 Mas yo clamaré a Dios,

y Yahvé me salvará.

18 [4671] Me lamentaré y lloraré

a la tarde, a la mañana, a mediodía,

y Él oirá mi voz.

19 Me sacará sano y salvo de los asaltos,

aunque son muchos contra mí.

20 Me escuchará Dios y los humillará

Él, que es eternamente.

Porque no hay modo de convertirlos,

y no temen a Dios.

21 Cada cual levanta su mano

contra el amigo,

y violan la fe jurada.

22 [4672] Más blando que manteca es su rostro,

pero su corazón es feroz;

sus palabras, más untuosas que el aceite,

son espadas desnudas.

23 [4673] Deja tu cuidado a cargo de Yahvé,

y El te sostendrá.

Nunca permitirá que el justo caiga;

24 mas a ellos, oh Dios,

los harás descender a la fosa.

No llegarán a la mitad de sus días

esos hombres sanguinarios y fraudulentos.

Yo, empero, pongo en Ti mi confianza, oh Señor.

Volver al Indice

Salmo 55 (56)

Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?

1 [4674] Al maestro de coro. Por el tono “Paloma silenciosa de la lejanía”. De David. Miktam. Cuando lo prendieron los filisteos en Qat.

2 Apiádate de mí, oh Dios,

porque el hombre me pisotea,

me oprime con su ataque incesante.

3 Todo el día

tratan mis enemigos de devorarme,

y son muchos

los que me combaten… Oh Altísimo,

4 [4675] el día en que me invada el temor,

confiaré en Ti.

5 [4676] Me gloriaré en la promesa de Dios,

confiado en Dios no temo.

¿Qué podrá contra mí un hombre de carne?

6 Siempre toman a mal mis palabras,

todos sus pensamientos son para mi daño.

7 [4677] Se conjuran, ponen asechanzas,

observan mis pasos,

buscando cómo quitarme la vida.

8 [4678] Devuélveles otro tanto por su iniquidad;

oh Dios, abate los pueblos en tu ira.

9 [4679] Tú cuentas los pasos de mi vida errante;

recoges mis lágrimas en tu redoma.

¿No están acaso escritos en tu libro?

10 [4680] Así pues mis enemigos retrocederán;

cada vez que apelo a Ti

conozco que Dios está conmigo.

11 Me gloriaré en la promesa de Dios,

12 confiado en Dios no temo.

¿Qué podrá contra mí

un hombre de carne?

13 [4681] Te debo, oh Dios,

los votos que te hice;

te ofreceré sacrificios de alabanza.

14 [4682] Pues Tú has librado

mi vida de la muerte,

y mis pies de la caída,

para que ande yo ante la faz de Dios

en la luz de los vivientes.

Volver al Indice

Salmo 56 (57)

Dios escucha la oración de Israel

1 [4683] Al maestro de coro. Por el tono de “No destruyas”. De David. Miktam. Cuando huyendo de Saúl, se refugió en una cueva.

2 [4684] Ten piedad de mí, oh Dios,

ten piedad de mí,

ya que a Ti se acoge mi alma.

A la sombra de tus alas me refugio

hasta que pase la calamidad.

3 [4685] Clamo al Dios Altísimo,

al Dios que es mi bienhechor.

4 [4686] Quiera El enviar del cielo

a quien me salve;

entregue al oprobio

a quienes me persiguen;

mande Dios su misericordia y su fidelidad.

5 [4687] Yazgo en medio de leones,

que devoran con avidez

a los hijos de los hombres.

Sus dientes son lanzas y saetas;

y su lengua, cortante espada.

6 [4688] Muéstrate excelso,

oh Dios, sobre los cielos;

brille tu gloria sobre toda la tierra.

7 [4689] Tendieron una red a mis pasos,

deprimieron mi alma;

habían cavado una fosa delante de mí;

han caído en ella.

8 [4690] Mi corazón está pronto, oh Dios;

firme está mi corazón;

quiero cantar y entonar salmos.

9 [4691] Despierta, oh alma mía;

salterio y cítara despertaos;

despertaré a la aurora.

I0 Te alabaré, Señor,

entre los pueblos,

te cantaré himnos

entre las naciones.

11 Porque tu misericordia

es grande hasta el cielo,

y tu fidelidad, hasta las nubes.

12 Muéstrate excelso,

oh Dios, sobre los cielos;

brille tu gloria sobre toda la tierra.

Volver al Indice

Salmo 57 (58)

Hay un Dios que juzga a los jueces

1 [4692] Al maestro de coro. Sobre el tono de “No destruyas”. De David. Miktam.

2 [4693] ¿Es verdad que habláis justicia,

oh dioses?

¿Es verdad que juzgáis con rectitud

a los hijos de los hombres?

3 [4694] No, en vuestro corazón

os mueve la iniquidad,

y vuestras manos venden al peso

la violencia sobre la tierra.

4 [4695] Los prevaricadores se extraviaron

desde el seno materno;

desde el vientre

se descarriaron los impostores.

5 [4696] Hay en ellos veneno

como en la serpiente,

como en el áspid sordo

que tapa sus oídos,

6 para que no oiga

la voz de los encantadores,

del mago que sabiamente hechiza.

7 Oh Dios, quiebra sus dientes

en su misma boca;

rompe las muelas de los leones, oh Yahvé.

8 [4697] Disípense como agua derramada;

marchítense

como la verdura de la hierba.

9 [4698] Pasen como el caracol que se deshace;

como aborto de mujer,

que no ve el sol.

10 [4699] Antes que vuestro fuego dé espinas verdes

caliente vuestras ollas,

arrebátelo todo un torbellino.

11 [4700] El justo se gozará al ver la venganza;

lavará sus pies en la sangre del impío.

12 Y los hombres dirán:

“En verdad hay un premio para el justo;

en verdad hay un Dios

que juzga en la tierra.”

Volver al Indice

Salmo 58 (59)

Dios, Alcázar de Israel

1 [4701] Al maestro de coro. Por el tono de “No destruyas”. De David. Miktam. Cuando Saúl mandó hombres que vigilaran la casa para matarlo.

2 Dios mío, sálvame de mis enemigos;

defiéndeme de los que me atacan.

3 Líbrame de los que obran iniquidades

y protégeme contra los hombres sanguinarios.

4 Mira: ponen asechanzas a mi vida,

y hombres poderosos conspiran contra mí.

No hay en mí delito ni pecado, Yahvé.

5 [4702] Sin culpa mía irrumpen y me asaltan.

Despierta Tú, ven a mí y mira.

6 Porque Tú, Yahvé, Dios de los ejércitos,

eres el Dios de Israel.

Levántate a castigar a todos los gentiles;

no te apiades de ninguno de los pérfidos.

7 [4703] Vuelven al anochecer,

aullando como perros,

y giran en torno de la ciudad.

8 [4704] Mira la jactancia en su boca,

y cómo injurian sus labios:..

“¿Quién hay que (nos) oiga?”

9 Mas Tú, Yahvé te ríes de ellos;

harás befa de todos los gentiles.

10 [4705] Oh fortaleza mía, a Ti cantaré.

Verdaderamente mi alcázar es Dios.

11 [4706] La misericordia de mi Dios se me anticipará

y me hará mirar con alegría a mis enemigos.

12 [4707] No les des tregua, oh Dios;

no sean tropiezo para mi pueblo.

Confúndelos con tu poder y póstralos,

oh Señor, escudo nuestro.

13 Pecado de su boca es

cuanto profieren sus labios;

sean presa de su propia soberbia,

de sus maldiciones y de sus mentiras.

14 [4708] Destrúyelos en tu saña,

destrúyelos hasta que ya no existan;

entonces se sabrá

que Dios reina en Jacob

y hasta los confines del orbe.

15 [4709] Vuelvan al anochecer,

aullando como perros,

y giren en torno de la ciudad;

16 vaguen buscando qué comer,

y si no se sacian, den aullidos.

17 Entretanto, yo cantaré tu potencia,

y desde la mañana saltaré de gozo

por tu misericordia;

porque fuiste mi protector,

y mi refugio en el día de la tribulación.

18 [4710] Oh fortaleza mía, a Ti cantaré.

Verdaderamente mi alcázar es Dios,

el Dios misericordiosísimo conmigo.

Volver al Indice

Salmo 59 (60)

Dolores y esperanzas de Israel

1 [4711] Al maestro de coro. Por el tono de “El lirio del testimonio”. Miktam de David, para hacerlo aprender.

2 [4712] Cuando hizo guerra contra Aram de Naharaim y Aram de Sobá, y Joab, ya de vuelta, batió a Edom en el valle de las Salinas (matándole) doce mil hombres.

3 [4713] Oh Dios, nos has desechado.

quebrantaste nuestros ejércitos;

estabas airado, ¡vuelve a nosotros!

4 [4714] Has sacudido la tierra, la has hendido;

sana sus fracturas porque tambalea.

5 [4715] Cosas duras le hiciste experimentar

a tu pueblo;

nos diste de beber vino de vértigo.

6 Pusiste, empero, una señal

a los que te temen

de modo que huyeran del arco.

7 [4716] Mas ahora; para que sean libertados

los que Tu amas,

socorre con tu diestra, y escúchanos.

8 [4717] Dijo Dios en su santidad:

“Triunfaré; repartiré a Siquem,

y mediré el valle de Sucot.

9 [4718] Mío es Galaad,

y mía la tierra de Manasés;

Efraím es el yelmo de mi cabeza;

y Judá mi cetro;

10 [4719] Moab, la vasija de mi lavatorio;

sobre Edom echaré mi calzado,

y Filistea será mi súbdito.”

11 [4720] ¿Quién me conducirá

a la ciudad fortificada?

¿Quién me llevará hasta Edom?

12 ¿No serás Tú, oh Dios,

que nos has rechazado

y que ya no sales con nuestros ejércitos?

13 [4721] Ven en nuestro auxilio

contra el adversario,

porque vano es el auxilio de los hombres.

14 Con Dios haremos proezas;

Él hollará a nuestros enemigos.

Volver al Indice

Salmo 60 (61)

Anhelo mesiánico de David

1 [4722] Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David.

2 Escucha, oh Dios, mi grito,

atiende a mi oración.

3 [4723] Desde los confines de la tierra

clamo a Ti.

con el corazón desfallecido;

Tú me alzarás hasta la roca,

me darás el reposo.

4 [4724] Porque eres mi refugio,

la fuerte torre contra el enemigo.

5 Habite yo para siempre

en tu tabernáculo

y encuentre abrigo

a la sombra de tus alas.

6 [4725] Oíste mis votos, oh Dios,

y me has dado la herencia

de los que temen tu Nombre.

7 [4726] Añade días a los días del rey;

sean iguales sus años

a la multitud de generaciones.

8 Reine eternamente delante de Dios;

que tu misericordia

y tu fidelidad lo conserven.

9 [4727] Así cantaré tu Nombre para siempre,

y cumpliré mis votos cada día.

Volver al Indice

Salmo 61 (62)

No confiar más que en Dios

1 [4728] Al maestro de coro. Según Iditún. Salmo de David.

2 [4729] Sólo en Dios se descansa, oh alma mía,

porque la salud viene de Él.

3Él solo es mi roca, mi salvación,

mi defensa: nunca seré conmovido.

4 [4730] ¿Hasta cuándo acometeréis

a un solo hombre,

queriendo todos derribarlo,

como muro inclinado,

como pared que se desploma?

5 [4731] De su lugar excelso intentan despeñarle,

ellos, que se deleitan con la mentira;

bendicen con su boca,

y en su corazón maldicen.

6 [4732] Sólo en Dios se descansa, oh alma mía,

porque la salud viene de Él.

7 Él solo es mi roca, mi salvación,

mi defensa; nunca seré conmovido.

8 En Dios está mi salud y mi gloria;

mi firme roca y mi refugio es Dios.

9 [4733] Oh pueblo, espera en Él en todo tiempo;

en su presencia derramad vuestros corazones,

porque Dios es para nosotros el amparo.

10 [4734] Los hijos de los hombres no son más que un soplo;

los poderosos, una mentira;

puestos en la balanza suben alto;

porque todos juntos pesan menos que el aire.

11 [4735] No confiéis en la violencia,

ni os gloriéis en la rapiña.

Si vuestras riquezas aumentan,

no pongáis en ellas el corazón.

12 [4736] Una cosa dijo Dios, y otra segunda le oí:

13 [4737] que el poder es de Dios,

y la gracia, oh Señor, es tuya.

Porque Tú recompensas a cada uno

según sus obras.

Volver al Indice

Salmo 62 (63)

El alma sedienta de Dios

1 [4738] Salmo de David. Mientras vagaba por el desierto de Judá.

2 [4739] Oh Dios, Tú eres el Dios mío,

a Ti te busco ansioso;

mi alma tiene sed de Ti,

y mi carne sin Ti languidece,

como (esta) tierra árida y yerma,

falta de agua.

3 [4740] Así vuelvo mis ojos

hacia Ti en el santuario,

para contemplar

tu poder y tu gloria;

4 [4741] porque tu gracia

vale más que la vida,

por eso mis labios te alabarán.

5 [4742] Así te bendeciré toda mi vida

y hacia tu Nombre levantaré mis manos.

6 [4743] Mi alma quedará saciada

como de médula y gordura,

y mi boca te celebrará

con labios de exultación,

7 [4744] cada vez que me acuerde de Ti

en mi lecho

y en mis insomnios medite sobre Ti;

8 porque en verdad

Tú te hiciste mi amparo,

y a la sombra de tus alas

me siento feliz.

9 [4745] Si mi alma se adhiere a Ti,

tu diestra me sustenta.

10 Los que quieren quitarme la vida

caerán en lo profundo de la tierra.

11 Serán entregados al poder de la espada,

y formarán la porción de los chacales,

12 [4746] en tanto que el rey se alegrará en Dios

y se gloriará todo el que jura por Él;

pues será cerrada la boca

a los que hablan iniquidad.

Volver al Indice

Salmo 63 (64)

Dios frustra los ardides

1 Al maestro de coro. Salmo de David.

2 [4747] Oye, oh Dios, mi voz en esta queja;

libra mi vida del enemigo aterrador.

3 Ampárame contra la conspiración

de los malvados;

contra la turba de los malhechores,

4 [4748] que aguzan su lengua como espada,

y lanzan su saeta: la palabra venenosa,

5 para herir a escondidas al inocente;

para alcanzarlo de improviso, a mansalva.

6 [4749] Afirmados resueltamente

en sus perversos designios,

se conciertan

para tender sus lazos ocultos,

diciendo: “¿Quién nos verá?”

7 [4750] Fraguados los planes dolosos (dicen):

“El golpe está bien preparado,

procedamos.”

¡Profundo es el pensamiento

y el corazón del hombre!

8 [4751] Pero Dios les manda una saeta,

quedan heridos de improviso;

9 su propia lengua los arruina,

y cuantos los miran menean la cabeza.

10 [4752] Entonces todos temerán

y proclamarán la obra de Dios,

y reconocerán que es cosa suya.

11 Entretanto el justo se alegrará en Yahvé

y en Él confiará;

y se gloriarán todos los de corazón recto.

Volver al Indice

Salmo 64 (65)

La alabanza en Sión

1 [4753] Al maestro de coro. Salmo de David. Himno.

2 [4754] A Ti, oh Dios, es debida

la alabanza en Sión,

y a Ti se han de cumplir los votos.

3 [4755] A Ti, que oyes las plegarias,

a Ti irá toda carne,

a causa de los pecados.

4 Prevalecen contra nosotros

nuestras iniquidades,

mas Tú las perdonas.

5 [4756] Dichoso aquel

a quien Tu elijas y atraigas,

para que habite en tus atrios.

Nos hartaremos de los bienes de tu casa

y de la santidad de tu Templo.

6 [4757] En tu justicia nos escuchas

con estupendas señales,

oh Dios salvador nuestro,

esperanza de todos los confines de la tierra

y de los más lejanos mares.

7 [4758] Con tu fuerza consolidas los montes,

revestido de poder.

8 Sosiegas el furor de los mares,

el estruendo de sus ondas

y el tumulto de las naciones.

9 [4759] Se estremecen ante tus portentos

los que habitan los confines de la tierra.

Tú llenas de alegría el Oriente y el Occidente.

10 [4760] Has visitado la tierra,

la has embriagado

y colmado de riquezas.

El río de Dios rebosa de aguas-,

Tú preparas sus trigales,

aparejando la tierra,

11 [4761] regando sus surcos,

y allanando sus terrones;

las ablandas con lluvias,

y fecundas sus gérmenes.

12 Coronas de benignidad el año,

y tus huellas destilan grosura.

13 Las praderas del desierto destilan,

y los collados se visten de exultación.

14 Llenos están los campos de rebaños,

y los valles se cubren de mieses;

se alegran y cantan.

Volver al Indice

Salmo 65 (66)

Gratitud de Israel

1 [4762] Al maestro de coro. Cántico. Salmo.

2 Aclamad a Dios con júbilo, tierras todas;

cantad salmos a la gloria de su Nombre;

dadle el honor de la alabanza.

3 Decid a Dios:

“¡Cuan asombrosas son tus obras!”

Aun tus enemigos te lisonjean

por la grandeza de tu poder.

4 [4763] Prostérnese ante Ti la tierra entera

y cante tu Nombre.

5 [4764] Venid y contemplad las hazañas de Dios;

sublime en sus designios sobre los hombres.

6 [4765] Trocó en tierra seca el mar;

el rio fue cruzado a pie enjuto.

Alegrémonos en Él.

7 Reina con su poderío para siempre;

sus ojos observan a las naciones,

para que los rebeldes no levanten cabeza.

8 [4766] Bendecid, oh naciones, a nuestro Dios,

y haced resonar su alabanza,

9 porque Él mantuvo en vida a nuestra alma,

y no dejó que vacilara nuestro pie.

10 Pues Tú nos probaste, oh Dios,

nos probaste por el fuego,

como se hace con la plata.

11 Nos dejaste caer en el lazo;

pusiste un peso aplastante

sobre nuestras espaldas.

12 [4767] Hiciste pasar hombres

sobre nuestra cabeza;

atravesamos por fuego y por agua;

mas nos sacaste a refrigerio.

13 Entraré en tu casa con holocausto,

y te cumpliré mis votos,

14 los que mis labios pronunciaron

y prometió mi boca

en medio de mi tribulación.

15 [4768] Te ofreceré pingües holocaustos,

con grosura de carneros;

te inmolaré bueyes y cabritillos.

16 [4769] Venid, escuchad todos

los que teméis a Dios;

os contaré cuan grandes cosas

ha hecho por mí.

17 [4770] Clamé hacia Él con mi boca,

y su alabanza estaba pronta en mi lengua.

18 Si mi corazón

hubiera tenido en vista la iniquidad,

el Señor no me habría escuchado;

19 pero Dios oyó;

atendió a la voz de mi plegaria.

20 [4771] Bendito sea Dios, T

que no despreció mi oración

y no retiró de mí su misericordia.

Volver al Indice

Salmo 66 (67)

Anhelo del Israel de Dios

1 Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico.

2 [4772] Dios tenga misericordia de nosotros

y bendíganos;

vuelva hacia nosotros su rostro sereno,

3 [4773] para que sus caminos

sean conocidos sobre la tierra,

y su salvación entre todas las naciones.

4 Alábente los pueblos, oh Dios,

te alaben los pueblos todos.

5 [4774] Alégrense y salten de gozo las naciones,

viéndote gobernar los pueblos con justicia

y regir en la tierra a las naciones.

6 Te alaben los pueblos, oh Dios,

te alaben los pueblos todos.

7 [4775] La tierra ha dado su fruto;

nos bendijo Dios, el Dios nuestro.

¡Que Dios nos bendiga

y que le reverencien

hasta los últimos confines del universo!

Volver al Indice

Salmo 67 (68)

Triunfo de Dios

1 [4776] Al maestro de coro. Salmo de David. Cántico.

2 [4777] Alzase Dios; sus enemigos se dispersan,

y huyen ante Él sus adversarios.

3 Como se desvanece el humo,

así se disipan;

como se derrite la cera junto al fuego,

así perecen los impíos ante la faz de Dios.

4 Los justos están alegres,

saltan de júbilo en la presencia de Dios,

y se regocijan con deleite.

5 [4778] Celebrad a Dios,

entonad salmos a su Nombre;

abrid camino al que viene

a través del desierto.

“El Señor” es su nombre,

gozaos delante de Él.

6 [4779] Padre de los huérfanos

y defensor de las viudas,

Dios está en su santa morada.

7 Dios prepara un hogar a los desamparados,

saca a prosperidad a los cautivos,

sólo los rebeldes

se quedan en el tórrido desierto.

8 [4780] Dios cuando Tú saliste

a la cabeza de tu pueblo,

cuando avanzabas por el desierto,

9 se estremeció la tierra;

también los cielos destilaron

a la vista de Dios,

[el mismo Sinaí tembló delante de Dios]

el Dios de Israel.

10 [4781] Lluvia generosa derramaste,

oh Dios, sobre tu heredad;

estaba agotada y la renovaste.

11 En ella habitó tu grey;

en tu bondad, oh Dios,

proveías a los necesitados.

12 [4782] El Señor cumple su palabra:

las buenas nuevas llegan en tropel:

13 [4783] “Huyen reyes y ejércitos, huyen;

y las mujeres de la casa reparten el botín.

14 Mientras vosotros descansabais

recostados entre los apriscos,

las alas de la paloma brillaban plateadas

y las plumas de la misma

tornasoladas de oro.

15 [4784] Cuando el Omnipotente

dispersaba a los reyes

parecía caer nieve sobre el Salmón.”

16 [4785] Montes grandes son los montes de Basan,

montañas de altas cumbres

son los montes de Basan.

17 ¿Por qué, oh montes encumbrados,

miráis con envidia

el monte que Dios escogió para su morada?

Sí, en él habitará Yahvé para siempre.

18 [4786] Millares y millares

forman la carroza de Dios;

en medio de ellos

viene el Señor del Sinaí al Santuario.

19 [4787] Subiste a lo alto llevando cautivos;

recibiste en don hombres:

aun los rebeldes habitaran

junto a Yah (nuestro) Dios.

20 ¡Bendito sea el Señor, día tras día!

Dios, salvación nuestra,

lleva nuestras cargas.

21 El Dios nuestro es un Dios que salva;

por el Señor Yahvé

escapamos a la muerte.

22 [4788] Porque Dios quebrantará

la cabeza de sus enemigos,

el altivo penacho

de los que se pasean en sus delitos.

23 [4789] El Señor dijo: “De Basan los sacaré,

los sacaré de lo profundo del océano;

24 para que hundas tu pie

en la sangre de tus enemigos

y en ella tenga parte

la lengua de los perros.”

25 Se ve tu entrada, oh Dios,

la entrada de mi Dios,

de mi Rey, en el Santuario.

26 [4790] Cantores van delante,

en pos van los tañedores;

en medio, las doncellas

baten los címbalos (cantando):

27 “Bendecid a Dios con alegría,

bendecid al Señor los hijos de Israel.”

28 Allí está Benjamín,

el más joven, precediéndolos;

los príncipes de Judá y su séquito,

los príncipes de Zabulón,

los príncipes de Neftalí.

29 [4791] Despliega, oh Dios, tu poderío;

poderío que asumes,

oh Dios, en favor nuestro.

30 [4792] A causa de tu templo que está en Jerusalén,

te ofrezcan tributos los reyes.

31 [4793] lncrepa a la bestia del cañaveral

y la multitud de los poderosos,

dominadores de los pueblos.

Suprime a los ávidos de plata.

¡Dispersa a los pueblos,

que se gozan en las guerras!

32 Vengan los magnates de Egipto,

levante Etiopía sus manos a Dios,

33 [4794] Reinos de la tierra, celebrad a Dios,

entonad salmos al Señor,

34 [4795] a Aquel que cabalga por los cielos,

los antiguos cielos;

al que hace resonar su voz,

su voz poderosa.

35 Reconoced la potestad de Dios,

su majestad es sobre Israel,

y su poder en las nubes.

36 Terrible es Dios desde su Santuario,

el Dios de Israel,

el que da potestad y vigor a su pueblo.

¡Bendito sea Dios!

Volver al Indice

Salmo 68 (69)

El lamento de Cristo

1 [4796] Al maestro de coro. Por el tono de “Los lirios”. De David.

2 [4797] ¡Sálvame, oh Dios!

porque las aguas me han llegado al cuello.

3 Estoy sumergido en lo hondo del fango,

y no hay donde hacer pie;

he caído en aguas profundas

y me arrastra la corriente.

4 Me he cansado de llamar,

mi garganta ha enronquecido,

han desfallecido mis ojos

esperando a mi Dios.

5 [4798] Más que los cabellos de mi cabeza

son los que sin causa me odian.

Son demasiado poderosos para mis fuerzas

los que injustamente me hostilizan,

y tengo que devolver

lo que no he robado.

6 [4799] Tú, oh Dios, conoces mi insensatez

y mis pecados no te están ocultos.

7 [4800] No sean confundidos por mi causa

los que esperan en Ti,

oh Señor, Yahvé de los ejércitos.

Que no se avergüencen de mí

quienes te buscan, oh Dios de Israel.

8 [4801] Es por tu causa si he sufrido oprobio

y mi rostro se ha cubierto de confusión.

9 [4802] He venido a ser un extraño

para mis hermanos;

los hijos de mi madre no me conocen,

10 [4803] porque me devora el celo de tu casa,

y los baldones de los que te ultrajan

cayeron sobre mí.

11 [4804] Mi afligí con ayuno,

y se me convirtió en vituperio.

12 Me vestí de cilicio,

y vine a ser la fábula de ellos.

13 [4805] Murmuran contra mí

los que se sientan a la puerta,

y los bebedores me hacen coplas.

14 [4806] Mas yo dirijo a Ti mi oración, oh Yahvé,

en tiempo favorable, oh Dios,

escúchame según la grandeza de tu bondad,

según la fidelidad de tu socorro.

15 [4807] Sácame del lodo, no sea que me sumerja.

Líbrame de los que me odian

y de la hondura de las aguas.

16 No me arrastre la corriente de las aguas,

ni me trague el abismo,

ni el pozo cierre sobre mí su boca.

17 Escúchame, Yahvé,

porque tu gracia es benigna;

mírame con la abundancia

de tu misericordia;

18 no escondas tu rostro a tu siervo,

escúchame pronto

porque estoy en angustias.

19 Acércate a mi alma y rescátala;

por causa de mis enemigos, líbrame.

20 Bien conoces Tú mi afrenta,

mi confusión y mi ignominia;

a tu vista están todos los que me atribulan.

21 [4808] El oprobio me ha quebrantado

el corazón y titubeo;

esperé que alguien se compadeciera

de mí, y no lo hubo;

y que alguno me consolara,

mas no le hallé.

22 [4809] Por comida me ofrecieron hiel;

y para mi sed me dieron a beber vinagre.

23 [4810] Conviértaseles su mesa en lazo

y su holocausto en tropiezo.

24 [4811] Obscurézcanse sus ojos

para que no vean;

y encorva siempre sus espaldas.

25 Vierte sobre ellos tu indignación,

y alcánceles el ardor de tu ira.

26 [4812] Devastada quede su casa,

y no haya quien habite en sus tiendas.

27 [4813] Por cuanto persiguieron

a aquel que Tú heriste,

aumentaron el dolor de aquel

que Tú llagaste.

28 Añádeles iniquidad a su iniquidad,

y no acierten con tu justicia.

29 [4814] Sean borrados del libro de la vida,

y no estén escritos con los justos.

30 Yo soy miserable y doliente,

mas tu auxilio, oh Dios,

me defenderá.

31 [4815] Alabaré el nombre de Dios en un cántico,

le ensalzaré en un himno de gratitud;

32 y agradará a Yahvé más que un toro,

más que un novillo con sus cuernos y pezuñas.

33 Vedlo, oh humildes, y alegraos,

y reviva el corazón

de los que buscáis a Dios.

34 Porque Yahvé escucha a los pobres,

y no desprecia a sus cautivos.

35 Alábenlo los cielos y la tierra,

los mares y cuanto en ellos se mueve.

36 [4816] Porque Dios salvará a Sión,

y reedificará las ciudades de Judá;

y habitarán allí,

y tomarán posesión de ella.

37 La heredarán

los descendientes de sus siervos,

y morarán en ella los que aman su Nombre.

Volver al Indice

Salmo 69 (70)

Apremiante pedido de auxilio

1 [4817] Al maestro de coro. De David. En memoria.

2 [4818] Ven a librarme, Dios mío,

apresúrate, Yahvé, a socorrerme.

3 Confundidos y sonrojados queden

los que buscan mi vida;

vuelvan la espalda cubiertos de vergüenza

los que se gozan de mis males.

4 Retrocedan llenos de confusión

los que me dicen: “¡aja! ¡aja!”.

5 [4819] Mas alégrense en Ti

y regocíjense todos los que te buscan;

y los que aman tu auxilio digan siempre:

“Dios es grande.”

6 [4820] Yo soy miserable y doliente;

mas Tú, oh Dios, ven en mi socorro.

Mi amparo y mi libertador eres Tú;

oh Yahvé, no tardes.

Volver al Indice

Salmo 70 (71)

Confiada oración del anciano

1 [4821] En Ti, Yahvé, me refugio,

no me vea nunca confundido.

2 [4822] Líbrame por obra de tu justicia

y sácame del peligro;

inclina a mí tu oído y sálvame.

3 Sé para mí la roca que me acoja,

el baluarte seguro en que me salves,

porque mi roca y mi alcázar eres Tú.

4 [4823] Líbrame, Dios mío,

de las manos del inicuo,

de las garras del impío y del opresor,

5 porque Tú, Señor, eres mi esperanza;

Tú, Yahvé, el objeto de mi confianza

desde mi niñez.

6 En Ti he descansado

desde el seno materno,

desde el vientre de mi madre

Tú eres mi protector;

mi esperanza ha estado siempre en Ti.

7 [4824] A muchos he aparecido como un portento,

porque Tú eras mi poderoso auxiliador.

8 [4825] Llénese mi boca de tus alabanzas

y de tu gloria todo el día.

9 [4826] No me deseches en el tiempo de la vejez;

cuando me falten las fuerzas

no me desampares;

10 [4827] pues ya hablan de mí mis enemigos,

y espiándome se condenan a una,

11 y dicen: “Dios lo ha abandonado;

perseguidle y prendedle,

pues no hay quien lo libre.”

12 Oh Dios, no quieras alejarte de mí;

Dios mío, apresúrate a socorrerme.

13 [4828] Sean confundidos y aniquilados

los que atentan contra mi vida;

cúbranse de afrenta y rubor

los que buscan mi daño.

14 Mas yo siempre esperaré,

y te añadiré alabanzas cada día.

15 [4829] Mi boca anunciará, sin cesar,

tu justicia y tus favores,

bien que no conozco su medida.

16 Entraré a hablar de las gestas divinas;

de Ti solo, oh Yahvé, proclamaré la justicia.

17 [4830] Desde mi mocedad

me has enseñado Tú, oh Dios,

y hasta el presente

voy predicando tus maravillas.

18 [4831] En mi vejez y decrepitud

no quieras tampoco desampararme,

Dios mío, hasta que manifieste

tu brazo a esta generación,

tu poder a todas las venideras,

19 y tu justicia, oh Dios, que toca los cielos.

En tan grandes cosas como hiciste, Dios

¿quién es como Tú?

20 [4832] Con muchas y acerbas tribulaciones

me probaste,

mas volviste a darme la vida,

y de nuevo me sacarás

de los abismos de la tierra.

21 Multiplicarás tu magnificencia

y continuarás consolándome.

22 Y yo, Dios mío,

alabaré con salmos tu fidelidad;

te cantaré con la cítara,

oh Santo de Israel.

23 [4833] Y cuando te cante,

de gozo temblarán mis labios,

y mi alma que Tú redimiste.

24 Mi lengua hablará todo el día de tu justicia,

porque han quedado confundidos

y avergonzados

cuantos buscaban mi mal.

Volver al Indice

Salmo 71 (72)

El reino mesiánico

1 [4834] Para Salomón.

Oh Dios, entrega al Rey tu juicio,

y tu justicia al Hijo del Rey;

2 [4835] para que Él gobierne a tu pueblo

con justicia,

y a los humildes tuyos

con equidad.

3 [4836] Los montes traerán al pueblo la paz;

y los collados, la justicia.

4 Él defenderá a los humildes del pueblo,

Él salvará a los hijos de los pobres,

y aplastará al opresor.

5 [4837] Permanecerá como el sol,

y como la luna, de generación en generación.

6 [4838] Descenderá, como lluvia,

sobre el prado segado,

como las aguas que riegan la tierra.

7 [4839] En sus días florecerá la justicia,

y abundará la paz

mientras dure la luna.

8 [4840] Y Él dominará de mar a mar.

y desde el Río hasta los confines de la tierra.

9 [4841] Ante Él se prosternarán sus enemigos,

y sus adversarios lamerán el polvo.

10 [4842] Los reyes de Tarsis y de las islas

le ofrecerán tributos;

los reyes de Arabia y de Sabá

le traerán presentes.

11 [4843] Y lo adorarán los reyes todos de la tierra;

todas las naciones le servirán.

12 [4844] Pues Él librará al que clama desvalido,

y al mísero que no tiene amparo.

13 Se compadecerá

del necesitado y del pobre,

y a los indigentes salvará la vida,

14 los libertará del daño

y de la opresión.

y la sangre de ellos

será preciosa a sus ojos.

15 [4845] Por eso vivirá; y le darán del oro de Arabia,

orarán siempre a causa de Él;

sin cesar le bendecirán.

16 [4846] Habrá abundancia de trigo en la tierra;

en las cumbres de los montes

ondeará su fruto como el Líbano;

y florecerán los habitantes de las ciudades

como la grama del campo.

17 [4847] Su nombre será para siempre bendito,

mientras dure el sol

permanecerá el nombre suyo;

y serán benditas en Él

todas las tribus de la tierra;

todas las naciones

lo proclamarán bienaventurado.

18 Bendito sea Yahvé, Dios de Israel,

único que hace maravillas;

18 y bendito sea por siempre

su glorioso Nombre;

llénese de su gloria toda la tierra.

¡Así sea; así sea!

20 [4848] Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Volver al Indice

Tercer Libro de los Salmos

Salmo 72 (73)

La misteriosa prosperidad de los impíos

1 [4849] De Asaf.

¡Cuán bueno es Dios para Israel,

el Señor para los que son rectos de corazón!

2 [4850] Pero, mis pies casi resbalaron,

cerca estuve de dar un mal paso;

3 porque envidiaba a los jactanciosos

al observar la prosperidad de los pecadores.

4 No hay para ellos tribulaciones;

su cuerpo está sano y robusto.

5 No conocen las inquietudes de los mortales,

ni son golpeados como los demás hombres.

6 [4851] Por eso la soberbia

los envuelve como un collar;

y la violencia los cubre como un manto.

7 De su craso corazón desborda su iniquidad;

desfogan los caprichos de su ánimo.

8 Zahieren y hablan con malignidad,

y altivamente amenazan con su opresión.

9 Su boca se abre contra el cielo,

y su lengua se pasea por toda la tierra.

10 [4852] Así el pueblo se vuelve hacia ellos

y encuentra sus días plenos;

11 [4853] y dice: “¿Acaso lo sabe Dios?

¿Tiene conocimiento el Altísimo?

12 Ved cómo tales impíos

están siempre tranquilos

y aumentan su poder.

13 Luego, en vano he guardado puro mi corazón,

y lavado mis manos en la inocencia,

14 pues padezco flagelos todo el tiempo

y soy atormentado cada día.”

15 [4854] Si yo dijere: “Hablaré como ellos”,

renegaría del linaje de tus hijos.

16 [4855] Me puse, pues, a reflexionar

para comprender esto;

pero me pareció demasiado difícil para mí.

17 Hasta que penetré

en los santos arcanos de Dios,

y consideré la suerte final

de aquellos hombres.

18 En verdad Tú los pones

en un camino resbaladizo

y los dejas precipitarse en la ruina.

19 ¡Cómo se deslizaron de golpe!

Son arrebatados, consumidos por el terror,

20 [4856] son como quien despierta de un sueño;

así Tú, Señor, al despertar

despreciarás su ficción.

21 [4857] Cuando, pues, exasperaba mi mente

y se torturaban mis entrañas,

22 era yo un estúpido que no entendía;

fui delante de Ti como un jumento.

23 Mas yo estaré contigo siempre,

Tú me has tomado de la mano derecha.

24 [4858] Por tu consejo me conducirás,

y al fin me recibirás en la gloria.

25 [4859] ¿Quién hay para mí en el cielo sino Tú?

Y si contigo estoy

¿qué podrá deleitarme en la tierra?

26 La carne y el corazón mío desfallecen,

la roca de mi corazón es Dios,

herencia mía para siempre.

27 [4860] Pues he aquí que cuantos de Ti

se apartan perecerán;

Tú destruyes a todos los que se prostituyen,

alejándose de Ti.

28 [4861] Mas para mí la dicha consiste

en estar unido a Dios.

He puesto en el Señor Dios mi refugio

para proclamar todas tus obras

en las puertas de la hija de Sión.

Volver al Indice

Salmo 73 (74)

Contra los destructores del Santuario

1 [4862] Maskil de Asaf.

¿Por qué, oh Dios, nos desechas para siempre?

¿Por qué arde tu ira

contra el rebaño de tu dehesa?

2 [4863] Acuérdate de tu grey

que hiciste tuya desde antiguo,

de la estirpe que rescataste

para hacerla tu herencia;

del monte Sión

que elegiste para morada tuya.

3 [4864] Dirige tus pasos

hacia esas perpetuas ruinas:

todo lo ha devastado

el enemigo en el Santuario.

4 [4865] Los que te odian

rugieron en el recinto de tus asambleas;

pusieron sus enseñas por trofeo.

5 Talaron allí como quien alza la segur

en lo espeso de la selva;

6 [4866] y ya con hacha y martillo

hacen pedazos sus puertas.

7 Entregaron al fuego tu Santuario,

profanaron, arrasándolo,

el tabernáculo de tu Nombre.

8 Decían en su corazón:

“Destruyámoslos por completo;

pegad fuego a todas las sinagogas

de Dios en el país.”

9 [4867] Ya no vemos nuestras señales,

ya no hay profeta,

ni queda entre nosotros

quien sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios.

nos afrentará el enemigo?

¿Ha de blasfemar siempre

tu Nombre el adversario?

11 ¿Por qué retiras tu mano

y retienes en tu seno tu diestra?

12 [4868] Porque Tú, Yahvé, eres nuestro Rey,

el que de antiguo ha obrado la salvación

en medio de la tierra.

13 [4869] Tú dividiste el mar con tu poder

y quebrantaste la cabeza

de los dragones en las aguas;

14 Tú aplastaste las cabezas de Leviatán,

y lo diste por comida

a las fieras que pueblan el desierto.

15 [4870] Tú hiciste brotar fuentes y torrentes,

y secaste ríos perennes.

16 Tuyo es el día y tuya la noche-,

Tú pusiste los astros y el sol.

17 Tú trazaste todos los confines de la tierra;

el verano y el invierno Tú los hiciste.

18 Recuérdalo Yahvé: el enemigo blasfema;

un pueblo impío ultraja tu Nombre.

19 [4871] No entregues al buitre la vida de tu tórtola;

no quieras olvidar

perpetuamente a tus pobres.

20 [4872] Vuelve los ojos a tu alianza,

pues todos los rincones del país

son guaridas de violencia;

21 [4873] no sea que el oprimido,

en su confusión, se vuelva atrás;

puedan el pobre y el desvalido

alabar tu Nombre.

22 Levántate, Dios, defiende tu causa;

recuerda cómo el insensato

te insulta continuamente.

23 No te olvides

del vocerío de tus adversarios,

porque crece el tumulto

de los que se levantan contra Ti.

Volver al Indice

Salmo 74 (75)

El juicio de Yahvé

1 [4874] Al maestro de coro. Sobre la melodía “No dañes”. Salmo de Asaf. Cántico.

2 Te alabamos, Yahvé, te alabamos;

invocamos tu Nombre

y narramos tus maravillas.

3 [4875] “Cuando Yo fije la hora,

juzgaré según la justicia.

4 Conmovida la tierra y todos sus habitantes,

Yo sustentaré sus columnas.”

5 [4876] Por tanto, digo a los altaneros;

“No os ensoberbezcáis”;

y a los impíos:

“Cesad de engreíros en vuestro poder”;

6 no levantéis vuestra cerviz

frente al Altísimo,

no digáis insolencias contra Dios.

7 Porque no del oriente ni del occidente,

ni del desierto, ni de los montes,

viene la justicia,

8 [4877] sino que es Dios mismo el Juez;

a éste lo abate y a aquél lo encumbra.

9 Porque en la mano del Señor hay un cáliz

de vino espumoso, lleno de mixtura;

y de él vierte:

lo beberán hasta las heces

todos los impíos de la tierra.

10 Mas yo me gozaré eternamente,

cantando salmos al Dios de Jacob.

11 “Y Yo quebrantaré la cerviz

de todos los impíos,

y alzarán su cerviz los justos.”

Volver al Indice

Salmo 75 (76)

El triunfo de Dios en Jerusalén

1 [4878] Al maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf.

2 [4879] Dios se ha dado a conocer en Judá;

grande es su Nombre en Israel.

3 Ha levantado en Salem su tabernáculo

y su morada en Sión.

4 [4880] Allí quebró

las fulmíneas saetas de los arcos

y el escudo y la espada y la guerra.

5 [4881] Envuelto en luz Tú, Majestuoso, descendiste

desde los montes eternos.

6 [4882] Despojados quedaron los de robusto corazón;

duermen su sueño;

no hallaron sus manos los hombres fuertes;

7 carros y caballos se paralizaron

ante tu amenaza, oh Dios de Jacob.

8 Terrible eres Tú

y ¿quién podrá estar de pie ante Ti

cuando se encienda tu ira?

9 [4883] Desde el cielo hiciste oír tu juicio;

la tierra tembló y quedó en silencio,

10 al levantarse Dios a juicio,

para salvar a todos los humildes

de la tierra.

11 [4884] Hasta la furia de Edom

redundará en tu gloria,

y los sobrevivientes de Emat

te festejarán:

12 [4885] haced votos y cumplidlos

a Yahvé, vuestro Dios,

y todos los pueblos en derredor suyo

traigan ofrendas al Temible;

13 a El, que quita el aliento a los príncipes;

al Terrible para los reyes de la tierra.

Volver al Indice

Salmo 76 (77)

El amor de Dios no cambia

1 [4886] Al maestro de coro. A Iditún. Salmo de Asaf.

2 Mi voz sube hacia Dios y clama;

mi voz va hasta Dios

para que me oiga.

3 En el día de mi angustia busco al Señor;

de noche, mis manos

se extienden sin descanso,

y mi alma rehúsa el consuelo.

4 [4887] Si pienso en Dios tengo que gemir;

si cavilo, mi espíritu desfallece.

5 Tú mantienes insomnes mis ojos;

estoy perturbado, incapaz de hablar.

8 [4888] Pienso en los días antiguos

y considero los años eternos.

7 Por la noche medito en mi corazón,

reflexiono y mi espíritu inquiere:

8 ¿Es que nos desechará el Señor

por todos los siglos?

¿No volverá a sernos favorable?

9 ¿Se habrá agotado para siempre su bondad?

¿Será vana su promesa

hecha para todas las generaciones?

10

[4889] ¿Se habrá olvidado Dios de su clemencia?

o ¿en su ira habrá contenido su misericordia?

11 [4890] Y dije: “Este es mi dolor:

que la diestra del Altísimo haya cambiado.”

12 Recordaré los hechos de Yahvé;

sí, me acuerdo de tus antiguas maravillas;

13 medito todas tus obras

y peso tus hazañas.

14 Santo es tu camino, oh Dios,

¿Qué Dios hay tan grande

como el Dios nuestro?

15 Tú eres el Dios que obra prodigios,

y has dado a conocer a los pueblos tu poder.

16 [4891] Redimiste con tu brazo a tu pueblo,

a los hijos de Jacob y de José.

17 [4892] Las aguas te vieron, oh Dios,

te vieron las aguas, y temblaron;

hasta los abismos se estremecieron.

18 [4893] Aguas derramaron las nubes,

los cielos hicieron oír su voz,

y volaron tus dardos.

19 Tu trueno sonó en el torbellino,

los relámpagos iluminaron el mundo;

se conmovió y tembló la tierra.

20 Tu camino se abrió a través del mar,

y tus sendas sobre inmensas aguas,

sin que aparecieran las huellas de tus pisadas.

21 [4894] Y Tú mismo guiaste a tu pueblo

como un rebaño,

por mano de Moisés y de Aarón.

Volver al Indice

Salmo 77 (78)

Historia del ingrato Israel

1 [4895] Maskil de Asaf.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;

presta oído a las palabras de mis labios.

2 Voy a abrir mi boca en un poema,

y evocaré escondidas lecciones del pasado.

3 [4896] Lo que hemos oído y aprendido,

lo que nos han contado nuestros padres,

4 no lo ocultaremos a sus hijos;

relataremos a la generación venidera

las glorias de Yahvé y su poderío,

y las maravillas que Él hizo.

5 [4897] Porque Él, habiendo dado testimonio a Jacob,

y establecido una ley en Israel,

mandó a nuestros padres

enseñarlo a sus hijos,

6 para que lo supiera la generación siguiente,

y a su vez los hijos nacidos de ésta

lo narrasen a sus propios hijos;

7 de suerte que pongan en Dios su confianza,

no olvidando los beneficios de Yahvé

y observando sus mandamientos;

8 [4898] para que no vengan a ser como sus padres,

una raza indócil y contumaz;

generación que no tuvo el corazón sencillo

ni el espíritu fiel a Dios.

9 [4899] Los hijos de Efraím,

muy diestros arqueros,

volvieron las espaldas en el día de la batalla;

10 no guardaron la alianza con Dios,

rehusaron seguir su ley;

11 olvidaron sus obras y las maravillas

que hizo ante los ojos de ellos.

12 [4900] A la vista de sus padres

Él había hecho prodigios

en el país de Egipto,

en los campos de Tanis.

13 [4901] Dividió el mar por medio, y los hizo pasar,

sosteniendo las aguas como un muro.

14 De día los guiaba con la nube

y toda la noche con un resplandor de fuego.

15 [4902] Hendió la roca en el desierto,

y les dio de beber aguas copiosísimas.

16 Sacó torrentes de la peña,

hizo salir aguas como ríos.

17 [4903] Mas ellos continuaron pecando contra Él,

resistiendo al Altísimo en el yermo;

18 [4904] tentaron a Dios en sus corazones,

pidiendo comida según su antojo.

19 Y hablando mal de Dios, dijeron:

“¿Podrá Dios prepararnos

una mesa en el desierto?

20 Cierto es que hirió la peña,

y brotaron aguas y corrieron torrentes;

mas ¿podrá también dar pan

y proveer de carne a su pueblo?”

21 [4905] Yahvé lo oyó y se indignó;

su fuego se encendió contra Jacob,

y subió de punto su ira contra Israel,

22 [4906] porque no creyeron a Dios,

ni confiaron en su auxilio.

23 [4907] Con todo, ordenó a las nubes en lo alto,

abrió las puertas del cielo,

24 y llovió sobre ellos maná para su sustento,

dándoles trigo del cielo.

25 [4908] Pan de fuertes comió el hombre-,

les envió comida hasta hartarlos.

26 [4909] Después levantó el viento solano en el cielo,

guio con su poder el ábrego,

27 y llovió sobre ellos carne

tanta como el polvo;

aves volátiles como arena del mar

28 cayeron en su campamento,

en derredor de sus tiendas.

29 [4910] Y comieron y se hartaron.

Así Él les dio lo que habían deseado.

30 [4911] Mas no bien satisfecho su apetito,

y estando el manjar aún en su boca,

31 se alzó contra ellos la ira de Dios,

e hizo estragos entre los más fuertes,

y abatió a la flor de Israel.

32 Sin embargo, pecaron de nuevo,

y no dieron crédito a sus milagros.

33 Y Él consumió sus días en un soplo,

y sus años con repentinas calamidades.

34 [4912] Cuando les enviaba la muerte,

entonces recurrían a Él,

y volvían a convertirse a Dios,

35 recordando que Dios era su roca,

y el Altísimo su Libertador.

36 [4913] Pero lo lisonjeaban con su boca,

y con su lengua le mentían;

37 su corazón no era sincero para con Él,

y no permanecieron fieles a su alianza.

38 [4914] Él, no obstante, en su misericordia,

les perdonaba su culpa, y no los exterminaba.

Muchas veces contuvo su ira,

y no permitió que se desahogase toda su indignación,

39 [4915] acordándose de que eran carne,

un soplo que se va y no vuelve.

40 ¡Cuántas veces lo provocaron en el desierto;

cuántas lo irritaron en aquella soledad!

41 [4916] Y no cesaban de tentar a Dios,

de afligir al Santo de Israel.

42 [4917] No se acordaban ya de su mano,

de aquel día en que los libertó

del poder del opresor,

43 cuando Él ostentó sus prodigios en Egipto,

y sus maravillas en los campos de Tanis,

44 [4918] trocando en sangre sus ríos

y sus canales, para que no bebiesen;

45 enviando contra ellos

unos tábanos que los devoraban,

y ranas que los infectaron;

46 entregando sus cosechas a la oruga,

y el fruto de su trabajo a la langosta;

47 destruyendo con el granizo sus viñas,

y con heladas sus higueras;

48 [4919] librando a la peste sus manadas,

y sus rebaños al contagio;

49 [4920] desatando contra ellos el ardor de su ira,

su indignación, el furor, el castigo:

un tropel de ejecutores de calamidad;

50 [4921] dando libre paso a su saña,

y entregando a ellos mismos a la peste,

sin perdonar sus propias vidas,

51 [4922] y matando a todo primogénito en Egipto,

las primicias del vigor en las tiendas de Cam.

52 [4923] Ni recordaban cuando como ovejas

sacó a los de su pueblo,

y los guio como un rebaño por el desierto,

53 y los condujo con seguridad y sin temor,

mientras sepultaba a sus enemigos en el mar.

54 [4924] Y los llevó a su tierra santa,

a los montes que conquistó su diestra;

55 expulsó ante ellos a los gentiles,

en suertes repartió la heredad de éstos,

y en sus pabellones hizo habitar

a las tribus de Israel.

56 Pero ellos aun tentaron

y provocaron al Dios Altísimo,

y no guardaron sus mandamientos.

57 [4925] Apostataron y fueron traidores,

como sus padres;

fallaron como un arco torcido.

58 [4926] Lo movieron a ira

con sus lugares altos,

y con sus esculturas

le excitaron los celos.

59 Ardió con esto el furor de Dios;

acerbamente apartó de sí a Israel,

60 [4927] y abandonó el Tabernáculo de Silo,

la morada que tenía entre los hombres.

61 Abandonó al cautiverio su fortaleza,

y su gloria en manos del adversario.

62 Entregó su pueblo a la espada,

y se irritó contra su herencia.

63 [4928] El fuego devoró a sus jóvenes,

y sus doncellas no fueron desposadas.

64 A cuchillo cayeron sus sacerdotes,

y sus viudas no los lloraron.

65 [4929] El Señor despertó entonces

como de un sueño

-cual gigante adormecido por el vino-

66 [4930] e hirió a los enemigos en la zaga,

cubriéndolos de ignominia para siempre.

67 [4931] Mas reprobó la tienda de José,

y a la tribu de Efraím no la eligió,

68 y prefirió a la tribu de Judá,

el monte Sión, su predilecto.

69 [4932] Y levantó, como cielo, su santuario,

como la tierra, que fundó para siempre.

70 [4933] Y escogió a su siervo David,

sacándolo de entre los rebaños de ovejas;

71 detrás de las que amamantaban lo llamo,

para que apacentase a Jacob, su pueblo,

y a Israel, su heredad.

72 Y él los apacentó con sencillez de corazón,

y los guio con la destreza de sus manos.

Volver al Indice

Salmo 78 (79)

Elegía sobre la ruina de Jerusalén

1 [4934] Salmo de Asaf.

Oh Dios, los gentiles

han invadido tu heredad,

han profanado el Templo de tu santidad,

han hecho de Jerusalén un montón de ruinas.

2 Dieron los cadáveres de tus siervos

por pasto a las aves del cielo;

las carnes de tus santos

a las bestias de la tierra.

3 Derramaron su sangre como agua,

en rededor de Jerusalén,

y no hubo quien les diera sepultura.

4 Hemos venido a ser

el escarnio de nuestros vecinos,

fábula y ludibrio de los que nos rodean.

5 [4935] ¿Hasta cuándo, Señor?

¿Ha de durar tu ira para siempre?

¿Arderán tus celos como el fuego?

6 [4936] Derrama tu cólera sobre las gentes

que no te conocen,

y sobre los reinos que no invocan tu Nombre;

7 porque ellos han devorado a Jacob

y han asolado su morada.

8 [4937] No quieras recordar contra nosotros

las iniquidades de nuestros mayores;

venga pronto a encontrarnos tu misericordia,

porque estamos muy abatidos.

9 Acude a socorrernos,

oh Dios, Salvador nuestro,

por la gloria de tu Nombre.

Líbranos y olvida nuestros pecados,

a causa de tu Nombre.

10 [4938] ¿Por qué han de decir los gentiles:

“¿Dónde está el Dios de éstos?”

Sea manifiesta contra los gentiles,

delante de nuestros ojos,

la venganza por la sangre vertida de tus siervos.

11 Suba hasta Ti el gemido de los cautivos,

según la potencia de tu brazo,

salva a los destinados a la muerte.

12 Derrama en retorno,

sobre el seno de nuestros vecinos,

septuplicado el ultraje

que arrojaron sobre Ti, Señor.

13 [4939] Y nosotros, tu pueblo, y ovejas de tu grey,

te daremos gracias eternamente,

y cantaremos tu alabanza,

de generación en generación.

Volver al Indice

Salmo 79 (80)

Restauración de la viña del Señor

1 [4940] Para el maestro de coro. Por el tono de (como) azucenas (las palabras) de la Ley, Salmo de Asaf.

2 [4941] Pastor de Israel, escucha:

Tú, que como un rebaño guías a José;

Tú, que te sientas sobre querubines,

3 muéstrate a los ojos de Efraím,

de Benjamín y de Manasés.

Despierta tu potencia, y ven a salvarnos.

4 [4942] ¡Oh Dios de los ejércitos, restáuranos!

Haz resplandecer tu Rostro,

y seremos salvos.

5 [4943] ¡Oh Yahvé, Dios de los ejércitos,

¿hasta cuándo seguirás airado

contra la oración de tu pueblo?

6 Lo has alimentado con pan de llanto;

le has dado a beber lágrimas en abundancia.

7 Nos has hecho objeto de contienda

entre nuestros vecinos;

y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

8 ¡Oh Dios de los ejércitos, restáuranos!

Haz resplandecer tu Rostro,

y seremos salvos.

9 [4944] De Egipto trasladaste tu viña,

arrojaste a los gentiles, y la plantaste;

10 preparaste el suelo para ella,

y echó raíces y llenó la tierra.

11 Los montes se cubrieron con su sombra,

y con sus ramas los cedros altísimos.

12 [4945] Hasta el mar extendió sus sarmientos

y hasta el gran río sus vástagos.

13 ¿Cómo es que derribaste sus vallados

para que la vendimien

cuantos pasan por el camino;

14 [4946] la devaste el jabalí salvaje

y las bestias del campo la devoren?

15 Retorna, oh Dios de los ejércitos,

inclínate desde el cielo, y mira, y visita esta viña,

16 [4947] la cepa que tu diestra plantó,

y el retoño que para ti conformaste.

17 Perezcan ante la amenaza de tu Rostro

quienes la quemaron y la cortaron.

18 [4948] Pósese tu mano sobre el Varón

que está a tu diestra;

sobre el Hijo del hombre

que para Ti fortaleciste.

l9 Entonces no volveremos a apartarnos de Ti;

Tú nos vivificarás,

y nosotros proclamaremos tu Nombre.

20 [4949] ¡Oh Dios de los ejércitos, restáuranos!

Haz resplandecer tu Rostro,

y seremos salvos.

Volver al Indice

Salmo 80 (81)

Para la fiesta de los Tabernáculos

1 [4950] Al maestro de coro. Por el tono de Hagghittoth (los lagares). De Asaf.

2 Regocijémonos delante de Dios,

nuestro Auxiliador;

aclamad con júbilo al Dios de Jacob.

3 Entonad himnos al son del címbalo,

la cítara armoniosa y el salterio.

4 [4951] Tocad la trompeta en el novilunio

y en el plenilunio, nuestro día de fiesta.

5 [4952] Porque ésta es ley en Israel,

prescripción del Dios de Jacob.

6 [4953] Como rito recordatorio,

la impuso Él a José,

cuando salió (Él) contra la tierra de Egipto.

Oyó entonces (este) lenguaje

nunca escuchado:

7 [4954] “Libré sus hombros de la carga,

y sus manos dejaron los cestos.

8 [4955] En la tribulación me llamaste,

y Yo te saqué;

te respondí escondido en la nube tempestuosa,

te probé en las aguas de Meribá.

9 [4956] Oye, pueblo mío, quiero amonestarte.

¡Ojalá me escucharas, oh Israel!

10 [4957] No haya en ti ningún otro Dios;

no te encorves ante un dios ajeno.

11 Soy Yo Yahvé el Dios tuyo,

que te saqué de la tierra de Egipto.

Abre bien tu boca, y Yo la llenaré.

12 [4958] Pero mi pueblo no escuchó mi voz,

e Israel no me obedeció.

13 [4959] Por eso los entregué

a la dureza de su corazón:

a que anduvieran según sus apetitos.

14 [4960] ¡Ah, si mi pueblo me oyera!

¡Si Israel siguiera mis caminos!

15 Cuán pronto humillaría Yo a sus enemigos,

y extendería mi mano

contra sus adversarios.

16 [4961] Los que odian a Dios

le rendirían homenaje,

y su destino estaría fijado para siempre.

17 [4962] Yo le daría a comer la flor del trigo

y lo saciaría con miel de la peña.”

Volver al Indice

Salmo 81 (82)

Dios juzga a los jueces

1 [4963] Salmo de Asaf.

Dios se levanta

en la reunión de los dioses;

en medio de ellos va a juzgarlos.

2 “¿Hasta cuándo fallaréis injustamente

y haréis acepción de personas con los inicuos?

3 Haced justicia

al oprimido y al huérfano;

amparad al afligido y al menesteroso;

4 [4964] librad al desvalido y al necesitado,

arrancadlo de la mano de los impíos.”

5 [4965] Pero no saben, ni entienden;

andan en tinieblas;

por eso vacilan

todos los fundamentos de la tierra.

6 [4966] Es cierto que Yo dije: “Dioses sois,

e hijos todos del Altísimo.

7 [4967] Pero moriréis como hombres,

y caeréis como cae cualquier príncipe.”

8 [4968] Levántate, Dios; juzga a la tierra,

porque Tú has de dominar

sobre todas las naciones.

Volver al Indice

Salmo 82 (83)

Imprecación de Israel contra los gentiles confabulados

1 [4969] Cántico. Salmo de Asaf.

2 Oh Dios, no permanezcas mudo;

no estés sordo, oh Dios, ni te muestres pasivo.

3 Mira el tumulto que hacen tus enemigos,

y cómo los que te odian yerguen su cabeza.

4 A tu pueblo le traman asechanzas;

se confabulan contra los que Tú proteges.

5 “Venid (dicen), borrémoslos;

que ya no sean pueblo;

no quede ni memoria del nombre de Israel.”

6 [4970] Así conspiran todos a una

y forman liga contra Ti:

7 [4971] las tiendas de Edom y los ismaelitas,

Moab y los agarenos,

8 Gebal y Ammón y Amalec,

Filistea y los habitantes de Tiro.

9 También los asirios se les han unido,

y se han hecho auxiliares de los hijos de Lot.

10 [4972] Haz Tú con ellos como con Madián

y con Sísara, y con Jabín,

junto al torrente Cisón;

11 que perecieron en Endor,

y vinieron a ser como estiércol para la tierra.

12 [4973] Trata a sus caudillos como a Oreb y a Zeb;

a todos sus jefes, como a Zebee y a Salmaná,

13 pues han dicho:

“Ocupemos para nosotros las tierras de Dios.”

14 [4974] Dios mío, hazlos como el polvo en un remolino

y la hojarasca presa del viento.

15 Como fuego que consume la selva,

como llama que abrasa los montes,

16 así persíguelos en tu tempestad,

y atérralos en tu borrasca.

17 [4975] Haz que sus rostros

se cubran de vergüenza,

para que busquen tu nombre ¡oh Dios!

18 Queden para siempre en la ignominia

y en la turbación;

sean confundidos y perezcan.

19 Y sepan que tu Nombre es Yahvé;

y que sólo Tú eres el Altísimo

sobre toda la tierra.

Volver al Indice

Salmo 83 (84)

Dichosa esperanza del peregrino

1 [4976] Al maestro de coro. Por el tono de Hagghittoth (Los lagares). De los hijos de Coré. Salmo.

2 ¡Oh cuan amable es tu morada,

Yahvé de los ejércitos!

3 [4977] Suspirando, desfalleciendo,

anhela mi alma los atrios de Yahvé.

Mi corazón y mi carne

claman ansiosos hacia el Dios vivo.

4 [4978] Hasta el gorrión halla una casa,

y la golondrina un nido

para poner sus polluelos,

junto a tus altares, Yahvé de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.

5 [4979] Dichosos los que moran en tu casa

y te alaban sin cesar.

6 [4980] Felices aquellos cuya fuerza viene de Ti,

y tienen su corazón puesto en tu camino santo.

7 [4981] Atravesando el valle de lágrimas

ellos lo convierten en lugar de manantiales,

que la lluvia temprana

cubrirá de bendiciones.

8 Y suben con vigor creciente

hasta que Dios se hace ver de ellos en Sión.

9 Yahvé de los ejércitos,

oye mi oración;

escucha, oh Dios de Jacob.

10 [4982] Pon tus ojos, oh Dios, escudo nuestro,

y mira el rostro de tu ungido.

11 Un día solo en tus atrios

vale más que otros mil.

Prefiero estar en el umbral

de la Casa de mi Dios que habitar

en los pabellones de los pecadores.

12 [4983] Porque sol y escudo es Yahvé Dios;

Él da gracia y da gloria.

Él no rehúsa ningún bien

a los que caminan en inocencia.

13 Yahvé de los ejércitos,

dichoso el hombre que confía en Ti.

Volver al Indice

Salmo 84 (85)

Súplica y profecía mesiánica

1 [4984] Para él maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.

2 [4985] Oh Yahvé, has sido propicio a tu tierra,

has trocado en bien la suerte de Jacob.

3 [4986] Has quitado la iniquidad de tu pueblo,

cubierto todos sus pecados.

4 Has puesto fin a todo tu resentimiento,

desistido del furor de tu ira.

5 [4987] Restáuranos, oh Dios, Salvador nuestro;

aparta de nosotros tu indignación.

6 ¿Acaso estarás siempre enojado con nosotros?

¿Extenderás tu saña

de generación en generación?

7 [4988] ¿No volverás Tú a darnos vida,

para que tu pueblo se alegre en Ti?

8 Muéstranos, Yahvé, tu misericordia

y envíanos tu salvación.

9 [4989] Quiero escuchar

lo que dirá Yahvé mi Dios;

sus palabras serán de paz

para su pueblo y para sus santos,

y para los que de corazón se vuelvan a Él.

10 [4990] Sí, cercana está su salvación

para los que le temen;

y la Gloria fijará su morada en nuestro país.

11 [4991] La misericordia y la fidelidad

se saldrán al encuentro;

se darán el ósculo la justicia y la paz.

12 [4992] La fidelidad germinará de la tierra

y la justicia se asomará desde el cielo.

13 [4993] El mismo Yahvé dará el bien

y nuestra tierra dará su fruto.

14 La justicia marchará ante Él

y la salud sobre la huella de sus pasos.

Volver al Indice

Salmo 85 (86)

Ardiente súplica y alabanza

1 [4994] Oración de David.

Inclina, Yahvé, tu oído y escúchame,

porque soy desvalido y necesitado.

2 [4995] Preserva mi vida porque soy santo;

salva a tu siervo que espera en Ti.

3 Tú eres mi Dios,

ten misericordia de mí,

pues a Ti clamo todo el día.

4 [4996] Alegra el alma de tu siervo,

pues a Ti, Señor, elevo mi espíritu.

5 Porque Tú eres un Señor bueno

y pronto a perdonar,

lleno de gracia para todos los que te invocan.

6 Escucha, Yahvé, mi ruego;

presta atención a la voz de mi súplica.

7 En el día de mi aflicción clamo a Ti

porque Tú me oirás.

8 No hay Señor semejante a Ti

entre los dioses;

ni obras como las obras tuyas.

9 [4997] Todas las naciones que Tú hiciste vendrán

a postrarse delante de Ti, Señor,

y proclamarán tu Nombre.

10 Porque Tú eres grande y obras maravillas.

Tú solo eres Dios

11 [4998] Enséñame, Yahvé, tu camino

para que ande en tu verdad;

que mi corazón se alegre

en temer tu Nombre.

12 Te alabaré, Señor Dios mío,

con todo mi corazón,

y glorificaré tu Nombre

por toda la eternidad.

13 [4999] Pues grande ha sido

tu misericordia para conmigo;

y libraste mi alma

de lo más hondo del abismo.

14 Oh Dios, los soberbios se levantan contra mí,

y la turba de los prepotentes amenaza mi vida;

¡No te han tenido en cuenta!

15 [5000] Mas Tú, Señor,

Dios de bondad y misericordia,

tardo en airarte y clementísimo y leal,

16 [5001] vuelve hacia mí tu rostro

y ten piedad de mí;

pon tu fuerza en tu siervo,

y salva al hijo de tu esclava.

17 [5002] Dame una señal de tu favor,

para que los que me odian

vean, confundidos, que eres Tú, Yahvé,

quien me asiste y me consuela.

Volver al Indice

Salmo 86 (87)

Gloria de Sión

1 [5003] De los hijos de Coré. Salmo. Cántico.

¡Él la fundó sobre los montes santos!

2 [5004] Yahvé ama las puertas de Sión

más que todos los tabernáculos de Jacob.

3 [5005] ¡Oh ciudad de Dios,

de ti se dicen cosas gloriosas!

4 [5006] “Contaré a Rahab y a Babel

entre los que me conocen;

he aquí a Filistea y a Tiro

y al pueblo de los etíopes:

han nacido allí.”

5 [5007] Así se dirá de Sión:

“Uno por uno,

todos han nacido en ella,

y es el mismo Altísimo

quien la consolidó.”

6 Y en el libro de los pueblos,

Yahvé escribirá:

“Estos nacieron allí.”

7 [5008] Y cantarán danzando:

“Todas mis fuentes están en Ti.”

Volver al Indice

Salmo 87 (88)

Lamento del hombre en extrema aflicción

1 [5009] Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Al maestro de coro. Sobre el tono de “Mahalat”, para cantar. Maskil. De Hemán el ezrahita.

2 [5010] Yahvé, Dios de mi salud,

día y noche clamo en tu presencia.

3 Llegue hasta Ti mi oración,

inclina tu oído a mi clamor.

4 Pues mi alma está saciada de males,

y mi vida al borde del sepulcro.

5 Me cuentan entre los que bajan a la tumba;

he venido a ser como un hombre inválido,

6 [5011] abandonado a su propia suerte

como los muertos;

como las víctimas

que yacen en el sepulcro,

de quienes ya no te acuerdas,

y que no son más objeto de tu cuidado.

7 Me has puesto en una profunda fosa,

en tinieblas, en el abismo.

8 [5012] Sobre mí pesa tu indignación,

y con todas tus olas me estás ahogando.

9 [5013] Has alejado de mí a los amigos,

me has hecho objeto

de abominación para ellos;

me encuentro encerrado, sin poder salir.

10 Mis ojos flaquean de miseria;

clamo a Ti, Yahvé, todo el día,

hacia Ti extiendo mis manos.

11 [5014] ¿Es que para los muertos

haces tus maravillas,

o se levantan los difuntos para alabarte?

12 ¿Acaso en las sepulturas

se proclama tu bondad,

en la tierra de los muertos tu fidelidad?

13 ¿Se harán tus prodigios manifiestos

en las tinieblas,

y tu gracia en la tierra del olvido?

14 [5015] Yo en cambio, Yahvé,

te expreso mi clamor,

y desde temprano te llega mi ruego.

15 ¿Por qué, Yahvé, rechazas mi alma

y escondes de mí tu faz?

16 Soy miserable,

y vivo muriendo desde niño;

soporté tus terrores

y ya no puedo más;

17 tus iras pasaron sobre mí,

y tus espantos me han anonadado.

18 Me rodean como agua todo el día,

me cercan todos juntos.

19 Has alejado de mí al amigo

y al compañero,

y mis familiares son las tinieblas.

Volver al Indice

Salmo 88 (89)

Promesa del reino mesiánico a David

1 [5016] Maskil de Etán ezrahita.

2 [5017] Quiero cantar eternamente

las misericordias de Yahvé;

que mi boca anuncie tu fidelidad

de generación en generación.

3 [5018] Porque Tú dijiste: “La misericordia

está afianzada para siempre”,

y en el cielo afirmaste tu fidelidad:

4 “He hecho un pacto con mi escogido,

he jurado a David, mi siervo:

5 [5019] Para siempre haré estable tu descendencia;

daré firmeza a tu trono

por todas las generaciones.”

6 Los cielos pregonan

tus maravillas, oh Yahvé,

y tu fidelidad la asamblea de los santos.

7 [5020] Porque ¿quién en los cielos

se igualará a Yahvé,

y quién entre los hijos de Dios

será semejante a Él?

8 Dios es glorificado

en la asamblea de los santos;

grande y formidable sobre cuantos le rodean.

9 [5021] ¡Yahvé, Dios de los ejércitos!

¿Quién como Tú?

Poderoso eres, oh Yah,

y tu fidelidad te circunda.

10 [5022] Tú señoreas la soberbia del mar,

Tú domas la altivez de sus olas.

11 [5023] Tú hollaste a Rahab como a un cadáver;

con el poder de tu brazo dispersaste a tus enemigos.

12 [5024] Tuyos son los cielos

y tuya es la tierra,

Tú cimentaste el orbe

y cuanto contiene.

13 [5025] Tú creaste el Septentrión

y el Mediodía;

el Tabor y el Hermón

se estremecen al Nombre tuyo.

14 Tú tiene el brazo poderoso,

fuerte es tu mano,

sublime tu diestra.

15 [5026] Justicia y rectitud

son las bases de tu tronco;

la misericordia y la fidelidad

van delante de Ti.

16 [5027] ¡Dichoso el pueblo

que conoce el alegre llamado!

Caminará, oh Yahvé,

a la luz de tu rostro.

17 Continuamente se regocijará

por tu Nombre.

y saltará de exultación

por tu justicia.

18 [5028] Porque Tú eres la gloria de su fortaleza,

y por favor tuyo

será exaltado nuestro poder.

19 Pues de Yahvé es nuestro socorro,

del Santo de Israel, que es nuestro Rey.

20 [5029] Hablaste un día en visiones a tus santos, y dijiste:

“He impuesto la corona a un héroe,

he ensalzado al escogido de entre mi pueblo.

21 [5030] He descubierto a David, mi siervo,

lo he ungido con mi óleo santo,

22 para que mi mano esté con él siempre

y mi brazo le dé fortaleza.

23 No lo engañará el enemigo;

ni el maligno lo humillará.

24 Pues Yo destrozaré delante de él

a sus enemigos,

y destruiré a los que le odian.

25 Mi fidelidad y mi gracia están con él;

y en mi Nombre será exaltado su poderío.

26 Extenderé su mano sobre el mar,

y su diestra sobre los ríos.

27 [5031] Él me invocará: “Tú eres mi Padre;

Tú mi Dios y la roca, de mi salud.”

28 [5032] Y Yo lo haré primogénito;

el más excelso entre los reyes de la tierra.

29 Le guardaré mi gracia eternamente,

y para él será firme mi alianza.

30 Haré durar para siempre su descendencia,

y su trono como los días de los cielos.

31 [5033] Si sus hijos abandonaren mi Ley

y no caminaren en mis preceptos,

32 si violaren mis disposiciones

y no guardaren mis mandamientos,

33 castigaré con la vara su delito,

y con azotes su culpa;

34 pero no retiraré de él mi gracia,

ni desmentiré mi fidelidad.

35 No violaré mi pacto,

ni mudaré cuanto han dicho mis labios.

36 Juré una vez por mi santidad;

¿acaso quebrantaré mi palabra a David?

37 [5034] Su descendencia durará eternamente,

y su trono como el sol delante de Mí,

38 y como la luna, firme para siempre,

testigo fiel en el cielo.

39 [5035] Sin embargo Tú (nos) has rechazado

y echado fuera,

te has irritado gravemente

contra tu ungido;

40 has despreciado el pacto con tu siervo,

profanaste su corona (echándola) a tierra.

41 Has destruido todas sus murallas,

has reducido a ruinas sus fortificaciones.

42 Lo saquearon cuantos pasaron por el camino,

ha venido a ser el ludibrio de sus vecinos.

43 Levantaste la diestra de sus adversarios,

llenaste de regocijo a todos sus enemigos.

44 Le embotaste el filo de su espada,

y no le sostuviste en el combate.

45 Apagaste su esplendor

y derribaste por tierra su trono.

46 Abreviaste los días de su juventud,

lo cubriste de ignominia.

47 [5036] ¿Hasta cuándo, Señor?

¿Te esconderás para siempre?

¿Arderá tu ira como el fuego?

48 [5037] Recuerda lo que es la vida;

¿acaso habrías creado en vano a los hijos de los hombres?

49 [5038] ¿Qué hombre podrá sobrevivir

sin ver la muerte,

y sustraer su vida

a las garras del sepulcro?

50 ¡Dónde están, Señor,

tus antiguas misericordias,

las que a David juraste por tu fidelidad?

51 [5039] Señor, acuérdate

del oprobio de tus siervos:

llevo yo en mi pecho

las hostilidades de los gentiles,

52 el insulto con que tus enemigos

persiguen, oh Yahvé,

persiguen los pasos de tu ungido.

53 [5040] Bendito sea el Señor eternamente.

¡Así sea! ¡Así sea!

Volver al Indice

Cuarto Libro de los Salmos

Salmo 89 (90)

Fugacidad de la vida humana

1 [5041] Oración de Moisés, varón de Dios.

Oh Señor,

Tú eres de generación en generación.

2 [5042] Antes que los montes fuesen engendrados,

y naciesen la tierra y el orbe,

y desde la eternidad hasta la eternidad,

Tú, oh Dios, eres.

3 [5043] Tú reduces a los mortales al polvo,

y les dices: “Reintegraos, hijos de Adán.”

4 [5044] Así como mil años son a tus ojos

lo que el día de ayer,

una vez que ha pasado,

y lo que una vigilia de la noche,

5 [5045] así (a los hombres) los arrebatas,

y son como un sueño matutino,

como la hierba verde;

6 que a la mañana está en flor y crece,

y a la tarde es cortada y se seca.

7 [5046] Así también nos consumimos

a causa de tu ira,

y estamos conturbados por tu indignación.

8 Has puesto ante tus ojos nuestros delitos,

y a la luz de tu rostro

nuestros pecados ocultos,

9 [5047] porque todos nuestros días declinan

por efecto de tu ira,

nuestros días pasan como un suspiro.

10 [5048] Los días de nuestra vida son en suma setenta años,

y en los robustos, ochenta;

y los más de ellos son pena y vanidad,

porque pronto han pasado y nos volamos.

11 ¿Quién pesa según el temor que te es debido

la vehemencia de tu ira y tu indignación?

12 [5049] Enséñanos a contar nuestros días,

para que lleguemos a la sabiduría del corazón.

13 Vuélvete, Yahvé — ¿hasta cuándo?—

y sé propicio a tus siervos.

14 Sácianos con tu misericordia desde temprano,

para que nos gocemos

y nos alegremos todos nuestros días.

15 [5050] Alégranos por los días en que nos humillaste,

por los años en que conocimos la desventura.

16 Manifiéstese a tus siervos tu obra,

y a sus hijos tu gloria.

17 [5051] Y la bondad del Señor, nuestro Dios,

sea sobre nosotros;

y conduce Tú las obras de nuestras manos,

[para que prospere la obra de nuestras manos].

Volver al Indice

Salmo 90 (91)

Premio de la confianza

1 [5052] Tú que te abrigas

en el retiro del Altísimo,

y descansas a la sombra

del Omnipotente,

2 di a Yahvé:

“¡Refugio mío y fortaleza mía,

mi Dios, en quien confío!”

3 Porque Él te librará

del lazo de los cazadores

y de la peste mortífera.

4 [5053] Con sus plumas te cubrirá,

y tendrás refugio bajo sus alas;

su fidelidad es escudo y broquel.

5 [5054] No temerás los terrores de la noche,

ni las saetas disparadas de día,

6 ni la pestilencia que vaga en las tinieblas,

ni el estrago que en pleno día devasta.

7 [5055] Aunque mil caigan junto a ti

y diez mil a tu diestra,

tú no serás alcanzado.

8 Antes bien, con tus propios ojos contemplarás,

y verás la retribución de los pecadores.

9 [5056] Pues dijiste a Yahvé:

“Tú eres mi refugio”,

hiciste del Altísimo tu defensa.

10 No te llegará el mal

ni plaga alguna se aproximará a tu tienda.

11 [5057] Pues Él te ha encomendado a sus ángeles,

para que te guarden en todos tus caminos.

12 Ellos te llevarán en sus manos,

no sea que lastimes tu pie contra una piedra.

13 [5058] Caminarás sobre el áspid y el basilisco;

hollarás al león y al dragón.

14 [5059] “Por cuanto él se entregó a Mí,

Yo lo preservaré;

lo pondré en alto

porque conoció mi Nombre.

15 [5060] Me invocará, y le escucharé;

estaré con él en la tribulación,

lo sacaré y lo honraré.

16 Lo saciaré de larga vida,

y le haré ver mi salvación.”

Volver al Indice

Salmo 91 (92)

Grandezas de nuestro Dios

1 [5061] Salmo. Cántico. Para el día del sábado.

2 [5062] Bueno es alabar a Yahvé,

y cantar a tu Nombre, oh Altísimo;

3 [5063] anunciar al alba tu misericordia

y por las noches tu fidelidad;

4 [5064] con el salterio de diez cuerdas y el laúd,

cantando al son de la cítara;

5 [5065] porque Tú, Yahvé,

me deleitas con tus hechos,

y me gozo en las obras de tus manos.

6 [5066] ¡Cuan magníficas son tus obras, Yahvé!

¡Cuán profundos tus pensamientos!

7 [5067] El hombre insensato no lo reconoce,

y el necio no entiende esto.

8 Aunque broten impíos como hierba,

y florezcan todos los artesanos del crimen,

destinados están al exterminio

para siempre;

9 mientras que Tú, Yahvé,

eres eternamente el Altísimo.

10 [5068] Porque he aquí

que tus enemigos, oh Yahvé,

los enemigos tuyos perecerán,

y todos los malhechores

quedarán desbaratados.

11 [5069] Tú exaltaste mi fuerza

como la de un bisonte,

me has ungido con aceite nuevo.

12 [5070] Mis ojos se alegran

al mirar a mis enemigos,

y mis oídos oyen regocijados

a los perversos que se levantan contra mí.

13 [5071] El justo florecerá como la palma

y crecerá como el cedro del Líbano,

14 los cuales plantados en la casa de Yahvé

florecerán en los atrios de nuestro Dios.

15 [5072] Aun en la vejez fructificarán todavía,

llenos de savia y vigor,

16 [5073] para proclamar que Yahvé es recto,

— ¡Roca mía!—

y que no cabe iniquidad en Él.

Volver al Indice

Salmo 92 (93)

El Señor, Rey del orbe

1 [5074] Reina Yahvé;

se ha revestido de majestad.

El Señor se reviste de poder,

se ciñe las armas;

da estabilidad al orbe de la tierra,

que no se moverá.

2 [5075] Fijado está tu trono desde ese tiempo;

Tu eres desde la eternidad.

3 Alzan los ríos, Yahvé,

alzan los ríos su voz;

alzan las olas su fragor.

4 [5076] Pero, más poderoso

que la voz de las muchas aguas,

más poderoso que el oleaje del mar,

es Yahvé en las alturas.

5 [5077] Tus testimonios, Yahvé, son segurísimos;

corresponde a tu casa la santidad

por toda la duración de los tiempos.

Volver al Indice

Salmo 93 (94)

Dios, vengador de los suyos

1 [5078] ¡Oh Dios vengador, Yahvé,

Dios de las venganzas, muéstrate!

2 Levántate, glorioso, oh Juez del mundo;

da a los soberbios lo que merecen.

3 [5079] ¿Hasta cuándo los malvados, Yahvé?

¿Hasta cuándo los malvados triunfarán,

4 proferirán necedades con lenguaje arrogante,

se jactarán todos de sus obras inicuas?

5 [5080] Oprimen a tu pueblo, Yahvé,

y devastan tu heredad;

6 [5081] asesinan a la viuda y al extranjero,

y matan a los huérfanos.

7 [5082] Y dicen: “El Señor no lo ve,

el Dios de Jacob nada sabe.”

8 [5083] Entendedlo, oh necios entre todos;

insensatos, sabedlo al fin:

9 Aquel que plantó el oído ¿no oirá Él mismo?

Y el que formó el ojo ¿no verá?

10 [5084] El que castiga a las naciones

¿no ha de pedir cuentas?

Aquel que enseña al hombre

¿(no tendrá) conocimiento?

11 [5085] Yahvé conoce los pensamientos de los hombres:

¡son una cosa vana!

12 [5086] Dichoso el hombre

a quien Tú educas, oh Yah,

el que Tú instruyes mediante tu Ley,

13 [5087] para darle tranquilidad

en los días aciagos,

hasta que se cave la fosa para el inicuo.

14 [5088] Puesto que Yahvé no desechará a su pueblo,

ni desamparará su heredad,

15 sino que volverá a imperar la justicia,

y la seguirán todos los rectos de corazón.

16 [5089] ¿Quién se levantará en mi favor

contra los malhechores?

¿Quién se juntará conmigo

para oponerse a los malvados?

17 [5090] Si Yahvé no estuviese para ayudarme,

ya el silencio sería mi morada.

18 [5091] ¿Cuando pienso: “Mi pie va a resbalar”,

tu misericordia, Yahvé, me sostiene.

19 [5092] Cuando las ansiedades se multiplican

en mi corazón,

tus consuelos deleitan mi alma.

20 [5093] ¿Podrá tener comunidad contigo

la sede de la iniquidad,

que forja tiranía bajo apariencia legal?

21 Asalten ellos el alma del justo,

y condenen la sangre inocente;

22 mas Yahvé será para mí una fortaleza,

y el Dios mío la roca de mi refugio.

23 [5094] Él hará que su perversidad

caiga sobre ellos mismos;

y con su propia malicia los destruirá,

los exterminará Yahvé, nuestro Dios.

Volver al Indice

Salmo 94 (95)

“Venite adoremus”

1 [5095] Venid, alegrémonos para Yahvé;

aclamemos a la Roca de nuestra salvación.

2 Acerquémonos a Él con alabanzas,

y con cantos gocémonos en su presencia.

3 [5096] Porque Yahvé es un gran Dios,

y un rey más grande que todos los dioses.

4 [5097] En sus manos están

las profundidades de la tierra

y son suyas las cumbres de las montañas.

5 Suyo es el mar, pues Él lo hizo,

y el continente, que plasmaron sus manos.

6 [5098] Venid, adoremos e inclinémonos;

Caigamos de rodillas ante Yahvé que nos creó.

7 [5099] Porque Él es nuestro Dios;

nosotros somos el pueblo que Él alimenta,

y las ovejas que Él cuida.

Ojalá oyerais hoy aquella voz suya:

8 [5100] “No endurezcáis vuestros corazones

como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

9 cuando vuestros padres me provocaron

poniéndome a prueba

aunque habían visto mis obras.

10 [5101] Durante cuarenta años me dio asco

aquella generación y dije:

“Son un pueblo de corazón extraviado,

no han conocido mis caminos.”

11 [5102] Por eso, indignado, juré:

“No entrarán en mi reposo.”

Volver al Indice

Salmo 95 (96)

Advenimiento y alabanza del divino Rey

1 [5103] Cantad a Yahvé un cántico nuevo,

cantad a Yahvé, tierras todas.

2 Cantad a Yahvé, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su salvación.

3 [5104] Pregonad su gloria entre los gentiles;

sus maravillas entre los pueblos todos.

4 Porque grande es Yahvé

y digno de suma alabanza,

temible, más que todos los dioses.

5 Pues todos los dioses de los gentiles son ficción

en tanto que Yahvé hizo los cielos.

6 [5105] Majestad y belleza le preceden;

en su santa morada están el poder y la gloria.

7 Reconoced a Yahvé,

oh razas de los pueblos,

reconoced a Yahvé la gloria y el poder.

8 [5106] Reconoced a Yahvé

la gloria de su Nombre.

Traedle oblaciones y venid a sus atrios.

9 [5107] Adorad a Yahvé en sacro esplendor,

oh tierra toda, tiembla ante ÉL

10 [5108] Anunciad a las naciones: “Reina Yahvé;

Él ha dado estabilidad al orbe,

para que no vacile;

rige a los pueblos con justicia.”

11 [5109] Alégrense los cielos,

y regocíjese la tierra;

retumbe el mar y cuanto lo llena;

12 salte de júbilo el campo

con todo lo que hay en él.

Rebosarán entonces de exultación

todos los árboles de la selva,

l3 ante la presencia de Yahvé,

porque viene,

porque viene para gobernar la tierra.

Gobernará la redondez de la tierra

con justicia,

y a los pueblos con su fidelidad.

Volver al Indice

Salmo 96 (97)

Hazañas del Rey

1 [5110] Reina Yahvé; alégrese la tierra,

muestre su júbilo la multitud de las islas.

2 [5111] Nubes y oscura niebla le rodean,

justicia e imperio

son el fundamento de su trono.

3 [5112] Delante de Él va el fuego

abrasa en derredor a sus enemigos.

4 Sus relámpagos iluminan el orbe,

la tierra lo ve, y tiembla.

5 [5113] Los montes, como cera,

se derriten ante Yahvé,

ante el Dominador de toda la tierra.

6 [5114] Los cielos proclaman su justicia,

y todos los pueblos ven su gloria.

7 [5115] Confundidos quedan

todos los que adoran simulacros,

y los que se glorían en los ídolos.

“¡Adoradlo, ángeles todos de Dios!”

8 [5116] Lo oye Sión, y se llena de gozo;

y las ciudades de Judá

saltan de alegría,

por tus juicios, oh Yahvé.

9 Pues Tú eres, Yahvé,

excelso sobre toda la tierra,

eminentísimo sobre toda deidad.

10 [5117] Yahvé ama a los que odian el mal;

guarda las almas de sus santos,

los arrebata de la mano de los impíos.

11 [5118] Ya despunta la luz para el justo,

y la alegría para los de corazón recto.

12 Oh justos, regocijaos en Yahvé

y celebrad su santo Nombre.

Volver al Indice

Salmo 97 (98)

Justicia del Rey

1 [5119] Cantad a Yahvé un cántico nuevo,

porque ha hecho cosas admirables.

Su diestra y su santo brazo

le han dado la victoria.

2 Yahvé ha hecho manifiesta su salvación;

ha mostrado su justicia

delante de los gentiles,

3 [5120] se ha acordado de su misericordia

y de su fidelidad

en favor de la casa de Israel.

Todos los confines de la tierra

han visto la salud

que viene de nuestro Dios.

4 [5121] Tierra entera, aclama a Yahvé,

gozaos, alegraos y cantad.

5 Entonad himnos a Yahvé con la cítara,

con la cítara y al son del salterio;

6 con trompetas y sonidos de bocina

prorrumpid en aclamaciones al Rey Yahvé.

7 [5122] Retumbe el mar y cuanto lo llena,

el orbe de la tierra y los que lo habitan.

8 Batan palmas los ríos,

y los montes a una salten de gozo

9 ante la presencia de Yahvé porque viene,

porque viene para gobernar la tierra.

Gobernará la redondez de la tierra con justicia

los pueblos con rectitud.

Volver al Indice

Salmo 98 (99)

Santidad del Rey

1 [5123] Reina Yahvé, tiemblan los pueblos.

Sentado se ha sobre los querubines;

se conmueve la tierra.

2 Grande es Yahvé en Sión,

y excelso sobre todos los pueblos.

3 Celebrado sea tu Nombre, grande y tremendo:

¡Santo es!

4 [5124] Y sea el honor para el Rey que ama la justicia.

Tú has establecido lo que es recto;

Tú ejerces la justicia y el imperio en Jacob.

5 [5125] Ensalzad a Yahvé nuestro Dios,

y ante el escabel de sus pies, postraos:

¡Santo es!

6 [5126] Moisés y Aarón

están entre sus sacerdotes,

y Samuel

entre los que invocan su Nombre;

invocaban a Yahvé

y Él los escuchaba.

7 En la columna de nubes

les hablaba;

oían sus mandamientos,

y la Ley que les dio.

8 [5127] Oh Yahvé Dios nuestro,

Tú los escuchaste;

fuiste para ellos un Dios propicio,

bien que castigaste sus infracciones.

9 Ensalzad a Yahvé nuestro Dios,

y postraos ante su santo monte,

porque Santo es Yahvé, Dios nuestro.

Volver al Indice

Salmo 99 (100)

Himno de ingreso al Templo

1 Salmo en acción de gracias.

2 [5128] Aclamad a Yahvé, tierras todas,

servid a Yahvé con alegría,

llegaos a su presencia con exultación.

3 [5129] Sabed que Yahvé es Dios.

Él nos hizo y somos de Él,

pueblo suyo y ovejas de su aprisco.

4 [5130] Entrad por sus puertas alabándole,

en sus atrios, con himnos.

Ensalzadle, bendecid su Nombre.

5 [5131] Porque Yahvé es bueno;

su misericordia es eterna,

y su fidelidad,

de generación en generación.

Volver al Indice

Salmo 100 (101)

Modelo de príncipe

1 [5132] Salmo de David.

Quiero cantar la bondad y la justicia,

un Salmo para Ti, Yahvé.

2 [5133] Quiero seguir el camino recto.

— ¡Oh, cuando vendrás a mí!—

Procederé con recto corazón

dentro de mi casa.

3 Jamás pondré la mira

en cosa injusta;

aborrezco la conducta

del que prevarica;

no andará conmigo.

4 El corazón perverso

estará lejos de mí;

lo malo no quiero ni conocerlo.

5 [5134] Al que solapadamente

calumnia a su prójimo

lo destruiré.

Al de mirada altiva y corazón inflado

no lo soportaré.

6 [5135] Mis ojos buscarán

a los hombres fieles del país,

para tenerlos cerca de mí.

El que ande por el camino recto,

ése será mi ministro.

7 [5136] No habitará dentro de mi casa

el hombre doble,

y el mentiroso

no durará en mi presencia.

8 [5137] Exterminaré cada día

a todos los pecadores del país,

a fin de extirpar

a todos los obradores de iniquidad

en la ciudad de Yahvé.

Volver al Indice

Salmo 101 (102)

Plegaria por la restauración de Jerusalén

1 [5138] Oración de un afligido que desfallece y derrama su angustia ante el Señor.

2 [5139] Escucha, Yahvé, mi oración,

y llegue a Ti mi clamor.

3 No quieras esconderme tu rostro

en el día de mi desolación;

inclina hacia mí tu oído;

apresúrate a atenderme

en el día de mi llamado.

4 [5140] Porque mis días se desvanecen como el humo,

y mis huesos arden como fuego.

5 [5141] Abrasado, como la hierba,

se seca mi corazón;

me olvido de comer mi pan.

6 A fuerza de gemir y llorar

se me pega la piel a los huesos.

7 [5142] Soy como el pelícano del desierto,

hecho semejante al búho entre las ruinas.

8 No puedo conciliar el sueño, y me lamento

como el ave solitaria sobre el tejado:

9 Mis enemigos me insultan sin cesar,

y los que se enfurecen contra mí,

toman mi nombre como imprecación.

10 [5143] Mi comida es ceniza en vez de pan,

y mezclo mi bebida con las lágrimas,

11 [5144] a causa, de tu indignación y tu furor,

porque me arrojaste

después de levantarme en alto.

12 [5145] Mis días son como la sombra que se alarga;

y, como la hierba, voy secándome,

13 [5146] mas Tú, Yahvé, permaneces siempre,

y tu Nombre es de generación en generación.

14 [5147] Tú te levantarás y serás propicio a Sión,

porque tiempo es ya de que te apiades de ella;

a llegado la hora.

15 [5148] Ya tus siervos aman sus piedras.

sienten compasión de sus ruinas.

16 [5149] Así, oh Yahvé, los gentiles

reverenciarán tu Nombre,

y tu gloria todos los reyes de la tierra,

17 porque Yahvé habrá restaurado a Sión,

y Él se mostrará en su gloria.

18 [5150] Se volverá hacia la oración de los despojados,

y no despreciará sus ruegos.

19 [5151] Escríbase esto para la generación venidera,

para que el pueblo

que va a nacer alabe a Yah.

20 Porque Yahvé se habrá inclinado

desde su excelso santuario,

desde el cielo habrá mirado a la tierra,

21 [5152] para escuchar el gemido de los cautivos

y librar a los destinados a la muerte,

22 [5153]

a fin de que en Sión sea pregonado

el Nombre de Yahvé,

y en Jerusalén su alabanza,

23 cuando allí se congreguen a una los pueblos

y los reinos, para servir a Yahvé.

24 [5154] Él quebrantó mis fuerzas a medio camino;

acortó mis días.

25 Y yo clamo: Oh Dios mío,

no me quites de esta vida

en la mitad de mis días,

Tú, cuyos años duran

por todas las generaciones.

26 [5155] En el principio cimentaste la tierra,

y obra de tus manos es el cielo.

27 [5156] Ellos van pasando,

mas Tú permanecerás;

todo en ellos se envejece

como una vestidura;

Tú los mudarás

como quien cambia de vestido,

y quedarán cambiados.

28 Mas Tú eres siempre el mismo,

y tus años no tienen fin.

29 [5157] Los hijos de tus siervos morarán seguros,

y su posteridad será estable delante de Ti.

Volver al Indice

Salmo 102 (103)

Elogio del Padre de las misericordias

1 [5158] De David.

Bendice a Yahvé, alma mía,

y todo cuanto hay en mí

bendiga su santo Nombre.

2 [5159] Bendice a Yahvé, alma mía,

y no quieras olvidar todos sus favores.

3 Es Él quien perdona todas tus culpas,

quien sana todas tus dolencias.

4 Él rescata de la muerte tu vida,

Él te corona de bondad y misericordia.

5 [5160] Él harta de bienes tu vida;

tu juventud se renueva

como la del águila.

6 [5161] Yahvé practica la rectitud

y a todos los oprimidos hace justicia.

7 [5162] Hizo conocer sus caminos a Moisés

y a los hijos de Israel sus hazañas.

8 [5163] Misericordioso y benigno es Yahvé,

tarde en airarse y lleno de clemencia.

9 No está siempre acusando,

ni guarda rencor para siempre.

10 No nos trata conforme a nuestros pecados,

ni nos paga según nuestras iniquidades.

11 [5164] Pues cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

tanto prevalece su misericordia

para los que le temen.

12 [5165] Cuanto dista el Oriente del Occidente,

tan lejos echa de nosotros nuestros delitos.

13 [5166] Como un padre que se apiada de sus hijos,

así Yahvé se compadece

de los que le temen.

14 [5167] Porque Él sabe de qué estamos formados:

Él recuerda que somos polvo.

15 [5168] Los días del hombre son como el heno;

como la flor del campo, así florece.

16 [5169] Apenas le roza el viento,

y ya no existe;

y ni siquiera se conoce el espacio que ocupó.

17 [5170] Mas la misericordia de Yahvé permanece

[desde la eternidad y] hasta la eternidad,

con los que le temen,

y su protección, hasta los hijos de los hijos,

18 [5171] de los que conservan su alianza

y recuerdan sus preceptos para cumplirlos.

19 [5172] Yahvé tiene establecido su trono en el cielo,

y su Reino gobernará el universo.

20 Bendecid a Yahvé todos sus ángeles,

héroes poderosos

que ejecutáis sus mandatos

en cumplimiento de su palabra.

21 [5173] Bendecid a Yahvé todos sus ejércitos,

ministros suyos que hacéis su voluntad.

22 Bendecid a Yahvé todas sus obras,

en todos los lugares de su imperio.

Bendice tú, alma mía, a Yahvé.

Volver al Indice

Salmo 103 (104)

La obra de Dios en la creación

1 [5174] ¡Bendice a Yahvé, alma mía!

¡Yahvé, Dios mío, cuán grande eres!

Te has vestido de majestad y de belleza,

2 [5175] envuelto en luz como en un manto.

Extendiste el cielo como un cortinaje;

3 [5176] construiste tu morada superior sobre las aguas,

haces de las nubes tu carroza,

cabalgas sobre las alas del viento.

4 [5177] A los vientos haces tus mensajeros,

y ministros tuyos los relámpagos centellantes.

5 Cimentaste la tierra sobre sus bases

de suerte que no vacile jamás.

6 [5178] La habías cubierto con el océano

como de un manto;

las aguas se posaban sobre los montes.

7 [5179] Mas huyeron a un grito tuyo,

—temblaron a la voz de tu trueno,

8 Surgieron los montes,

bajaron los valles—,

hasta el lugar que les habías destinado.

9 [5180] Les fijaste un límite que no traspasarán,

para que no vuelvan a cubrir la tierra.

10 Haces correr en arroyos las fuentes

que brotan entre los montes,

11 para que beban

todas las bestias del campo

y sacien su sed los asnos monteses.

12 [5181] A sus orillas posan las aves del cielo,

que cantan entre el ramaje.

13 Desde tu morada riegas los montes;

la tierra se sacia del fruto, de tus obras.

14 [5182] Produces el heno para los ganados,

y las plantas que sirven al hombre,

para que saque pan de la tierra,

15 [5183] y vino que alegre el corazón del hombre;

para que el aceite dé brillo a su rostro

y el pan vigorice su corazón.

16 Satúranse los árboles de Yahvé,

los cedros del Líbano que Él plantó.

17 Las aves anidan en ellos;

en los abetos tiene su casa la cigüeña.

18 Los altos montes dan refugio a los antílopes,

las peñas, a los conejos.

19 [5184] Para señalar los tiempos,

hiciste la luna;

el sol conoce la hora de su ocaso.

20 Mandas las tinieblas, y viene la noche;

en ellas rondan

todas las fieras de las selvas.

21 [5185] Los leoncillos rugen en pos de la presa,

e imploran de Dios el sustento;

22 al salir el sol se retiran,

y se tienden en sus madrigueras;

23 [5186] y el hombre acude a su trabajo,

a su labranza, hasta la tarde.

24 [5187] ¡Cuán variadas son tus obras, oh Yahvé!

Todo lo hiciste con sabiduría;

llena está la tierra de tus riquezas.

25 Mira el mar, grande y anchuroso:

allí un hormiguear sin número,

de animales pequeños y grandes.

26 [5188] Allí transitan las naves,

y ese leviatán que creaste

para que en él juguetease.

27 [5189] Todos esperan de Ti

que a su tiempo les des el alimento.

28 Se lo das y ellos lo toman;

al abrir Tu la mano se hartan de bienes.

29 [5190] Si Tú escondes el rostro, desfallecen;

si retiras Tú su aliento, expiran,

y vuelven a su polvo.

30 Cuando envías tu soplo, son creados,

y renuevas la faz de la tierra.

31 [5191] Sea eterna la gloria de Yahvé;

gócese Yahvé en sus obras.

32 Mira Él a la tierra, y ella tiembla;

toca Él los montes, y humean.

33 [5192] A Yahvé cantaré mientras viva;

tañeré salmos a mi Dios

mientras yo tenga el ser.

34 Séanle gratos mis acentos!

Yo en Yahvé me gozaré.

35 [5193] ¡Sean quitados de la tierra los pecadores

y no haya más impíos!

36 ¡Bendice, alma mía, a Yahvé!

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 104 (105)

Yahvé, fiel con su pueblo ingrato

1 [5194] Celebrad a Yahvé,

aclamad su Nombre,

proclamad entre los gentiles sus proezas.

2 Cantadle, entonadle salmos,

relatad todas sus obras maravillosas.

3 [5195] Gloriaos de su santo Nombre;

alégrese el corazón

de los que buscan a Yahvé.

4 Fijaos en Yahvé y su fortaleza,

buscad sin cesar su rostro.

5 [5196] Acordaos de las maravillas que hizo,

de sus prodigios

y de las sentencias de su boca,

6 [5197] vosotros, descendencia de Abrahán, su siervo,

hijos de Jacob, su escogido.

7 El mismo Yahvé es nuestro Dios;

sus juicios prevalecen en toda la tierra.

8 [5198] Se acuerda siempre de su alianza,

promesa que hizo por mil generaciones;

9 del pacto concertado con Abrahán,

del juramento que hizo a Isaac,

10 que confirmó a Jacob, como firme decreto,

y como testamento eterno a Israel,

11 diciendo:

“A ti te daré la tierra de Canaán,

como porción hereditaria vuestra.”

12 [5199] Cuando eran pocos en número,

muy pocos, y peregrinos en aquella tierra,

I3 y vagaban de nación en nación,

y de este reino a aquel pueblo,

14 [5200] a nadie permitió que los oprimiese,

y por causa de ellos castigó a reyes:

15 [5201] “Guardaos de tocar a mis ungidos,

ni hacer mal a mis profetas.”

16 Atrajo el hambre sobre aquella tierra,

y se retiró toda provisión de pan.

17 [5202] Envió delante de ellos a un varón:

a José vendido como esclavo.

18 [5203] Le habían atado los pies con grillos,

y encerrado en hierro su cuello,

19 hasta que se cumplió lo que él predijo,

y la Palabra del Señor lo acreditó.

20 Mandó desatarlo el rey,

el soberano de aquellos pueblos,

y lo libertó.

21 [5204] Lo constituyó señor de su propia casa,

y príncipe de todos sus dominios,

22 [5205] para que a su arbitrio

instruyese a los magnates

y enseñara sabiduría a los ancianos.

23 [5206] Entonces entró Israel en Egipto;

Jacob fue peregrino en tierra de Cam.

24 [5207] Y Él multiplicó a su pueblo

en gran manera,

e le hizo más poderoso

que sus adversarios.

25 Mudó a éstos el corazón

para que odiasen a su pueblo,

y urdiesen tramas contra sus siervos.

26 [5208] Entonces envió a Moisés su siervo,

a Aarón, el elegido,

27 quienes obraron entre ellos sus maravillas

y prodigios en la tierra de Cam.

28 [5209] Mandó tinieblas, y se hizo oscuridad,

mas se resistieron contra sus palabras.

29 Convirtió sus aguas en sangre

e hizo morir sus peces.

30 Su tierra brotó ranas

hasta en la cámara de sus reyes.

31 Habló, y vinieron enjambres de moscas

y mosquitos por todos sus confines.

32 Por lluvia les mandó granizo,

y fuego que inflamaba su tierra,

33 y destruyó sus viñas y sus higueras,

y destrozó los árboles en su territorio.

34 A una orden suya vinieron langostas,

y orugas sin número,

35 que devoraron toda la hierba de sus prados,

y comieron los frutos de sus campos.

36 [5210] Y dio muerte

a todo primogénito en su tierra,

las primicias de todo su vigor.

37 [5211] Mas a ellos los sacó con oro y plata,

sin un enfermo en todas sus tribus.

38 Alegráronse los egipcios de su salida,

pues los había sobrecogido el terror.

39 [5212] Extendió Él una nube para cubrirlos,

y un fuego que resplandeciese de noche.

40 Pidieron, y les envió codornices;

y los sació con pan del cielo.

41 Hendió la peña, y brotaron aguas,

que corrieron por el desierto

como arroyos.

42 Porque se acordó de su santa palabra,

que había dado a Abrahán, su siervo.

43 Así sacó a su pueblo con alegría,

con júbilo a sus escogidos.

44 [5213] Y les dio las tierras de los gentiles

y poseyeron los bienes de los pueblos,

45 [5214] para que guardaran sus mandamientos

y obedecieran sus leyes.

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 105 (106)

Israel, ingrato con su Dios fiel

1 [5215] Hallelú Yah.

Celebrad a Yahvé porque es bueno,

porque su misericordia es para siempre.

2 [5216] ¿Quién dirá las hazañas de Yahvé?

¿Pregonará todas sus alabanzas?

3 Bienaventurados

los que conservan sus estatutos

y practican la justicia en todo tiempo.

4 [5217] Señor, acuérdate de mí

cuando muestres tu bondad

para con tu pueblo;

visítame cuando operes la salvación

5 [5218] para que yo vea la felicidad de tus escogidos,

me goce del gozo de tu pueblo

y me gloríe con tu herencia.

6 [5219] Hemos pecado lo mismo que nuestros padres;

obramos el mal, fuimos impíos.

7 [5220] Nuestros padres en Egipto

no tuvieron en cuenta tus prodigios;

no se acordaron de la multitud de tus favores,

sino que se rebelaron contra el Altísimo

junto al Mar Rojo.

8 [5221] Pero Él los salvó a causa de su Nombre,

para dar a conocer su poderío.

9 lncrepó al Mar Rojo y lo secó,

y los condujo por entre las aguas

como por un llano.

10 Los sacó de las manos de sus aborrecedores,

y los rescató del poder del enemigo.

11 Las aguas cubrieron a sus adversarios,

no quedó ni uno de ellos.

12 Entonces creyeron a Sus palabras

y cantaron Sus alabanzas.

13 [5222] Pronto olvidaron las obras de Él,

no aguardaron sus designios,

14 [5223] sino que en el desierto se entregaron

a su propia concupiscencia

y en la soledad provocaron a Dios.

15 [5224] Él les concedió lo que pedían,

pero les envió la consunción.

16 [5225] Luego envidiaron a Moisés en el campamento,

y a Aarón, el santo de Yahvé.

17 Y la tierra se abrió, y se tragó a Datan,

y cubrió a la facción de Abirón.

18 Y se encendió contra su banda un fuego;

la llama devoró a los inicuos.

19 [5226] Hicieron un becerro en Horeb,

y adoraron una estatua de fundición;

20 trocando su Gloria

por la figura del buey harto de heno,

21 olvidaron a Dios, que los había salvado

y que había hecho portentos en Egipto,

22 [5227] cosas maravillosas en la tierra de Cam,

cosas estupendas junto al Mar Rojo.

23 [5228] Los habría deshecho,

si Moisés, escogido por Él,

no se hubiese puesto en la brecha frente a Él,

para apartar su furor

a fin de que no los exterminase.

24 [5229] Y despreciaron la tierra codiciable,

no dando crédito a su palabra;

25 y murmuraron en sus tiendas,

no escucharon la voz de Yahvé.

26 Mas Él con mano alzada les juró

que los haría caer en el desierto;

27 [5230] que haría caer a su descendencia

entre los gentiles

y los dispersaría por las tierras.

28 [5231] Y se consagraron a Baalfegor,

y comieron de las víctimas

inmoladas a dioses muertos.

29 [5232] Con tales delitos le provocaron a ira,

y una plaga cayó sobre ellos.

30 [5233] Pero se irguió Fineés, y ejerció la venganza,

y la plaga cesó.

31 Y esto le fue imputado a justicia

por todas sus generaciones

para siempre jamás.

32 [5234] Y lo irritaron

juntó a las aguas de Meribá;

y a Moisés le fue mal por culpa de ellos;

33 porque ellos exacerbaron su espíritu,

y él dejó que sus labios

hablaran inconsideradamente.

34 [5235] No destruyeron los pueblos

que Dios les había señalado;

35 sino que se mezclaron con los gentiles,

y aprendieron sus obras,

36 y adoraron sus ídolos,

que fueron para ellos un lazo;

37 [5236] e inmolaron sus hijos

y sus hijas a los demonios,

38 derramando sangre inocente,

la sangre de sus hijos y de sus hijas,

que sacrificaron a los ídolos de Canaán;

y la tierra quedó profanada por la sangre.

39 [5237] Se contaminaron por sus actos

y fornicaron con sus propias obras.

40 [5238] Se encendió entonces la ira de Yahvé

contra su pueblo,

y abominó de su herencia;

41 los entregó en manos de los gentiles,

y fueron dominados por quienes los odiaban.

42 Oprimidos por sus enemigos,

tuvieron que doblegarse ante ellos.

43 [5239] Muchas veces Él los salvó,

mas ellos lo exasperaron por sus empeños,

y se hundieron más en su iniquidad.

44 Con todo, al percibir sus lamentos,

fijaba Él los ojos en sus tribulaciones;

45 en favor de ellos se acordaba de su alianza,

y se arrepentía

según la grandeza de su misericordia.

46 [5240] Y los hacía objeto de la compasión

de aquellos que los tenían en cautiverio.

47 [5241] Sálvanos, Yahvé, Dios nuestro,

y congréganos de en medio de las naciones,

para que celebremos tu santo Nombre

y nos gloriemos en tu alabanza.

48 [5242] Bendito sea Yahvé, Dios de Israel,

de siglo en siglo.

Y todo el pueblo diga: Amén.

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Quinto Libro de los Salmos

Salmo 106 (107)

Es eterna su misericordia

1 [5243] Celebrad a Yahvé porque es bueno,

porque su misericordia

permanece para siempre.

2 [5244] Así digan los rescatados de Yahvé,

los que Él redimió

de manos del enemigo,

3 [5245] y a quienes Él ha congregado de las tierras

del Oriente y del Occidente,

del Norte y del Mediodía.

4 [5246] Erraban por el desierto, en la soledad,

sin hallar camino a una ciudad donde morar.

5 Sufrían hambre y sed;

su alma desfallecía en ellos.

6 Y clamaron a Yahvé en su angustia,

y Él los sacó de sus tribulaciones.

7 Y los condujo por camino derecho,

para que llegasen a una ciudad

donde habitar.

8 [5247] Den gracias a Yahvé

por su misericordia,

y por sus maravillas

en favor de los hijos de los hombres.

9 Porque sació al alma sedienta,

y a la hambrienta colmó de bienes.

10 [5248] Moraban en tinieblas y sombras,

cautivos de la miseria y del hierro;

11 porque habían resistido a las palabras de Dios

y despreciado el consejo del Altísimo.

12 Y Él humilló su corazón con trabajos;

sucumbían y no había quien los socorriese.

13 Y clamaron a Yahvé en su angustia,

y Él los sacó de sus tribulaciones.

14 Y los libró de las tinieblas y de las sombras,

y rompió sus cadenas.

15 Den gracias a Yahvé

por su misericordia,

y por sus maravillas

en favor de los hijos de los hombres;

16 porque Él rompió las puertas de bronce,

e hizo pedazos los cerrojos de hierro.

17 [5249] Estaban enfermos a causa de su iniquidad,

y afligidos a causa de sus delitos;

l8 sintieron náuseas de todo alimento,

y llegaron a las puertas de la muerte.

19 Y clamaron a Yahvé en su angustia,

y Él los sacó de sus tribulaciones.

20 Envió su Palabra para sanarlos

y arrancarlos de la perdición.

21 Den gracias a Yahvé

por su misericordia,

y por sus maravillas

en favor de los hijos de los hombres,

22 [5250] y ofrezcan sacrificios de alabanza,

y publiquen con júbilo sus obras.

23 [5251] Surcaban en naves el mar,

traficando sobre las vastas ondas,

24 ésos vieron las obras del Señor,

y sus maravillas en el piélago.

25 Con Su palabra suscitó un viento borrascoso,

que levantó las olas del mar;

26 subían hasta el cielo

y descendían hasta el abismo,

Su alma desmayaba en medio de sus males.

27 Titubeaban y se tambaleaban como ebrios,

y les fallaba toda su pericia.

28 Y clamaron a Yahvé en su angustia,

y Él los sacó de sus tribulaciones.

29 Tornó el huracán en suave brisa,

y las ondas del mar callaron.

30 Y se alegraron de que callasen,

y los condujo al puerto deseado.

31 Den gracias a Yahvé por su misericordia,

y por sus maravillas

en favor de los hijos de los hombres.

32 Celébrenlo en la asamblea del pueblo,

y en la reunión de los ancianos, cántenle.

33 [5252] Él convirtió los ríos en desierto,

y los manantiales en árida tierra,

34 el suelo fructífero en un salobral,

por la malicia de sus moradores.

35 [5253] Él mismo ha convertido el desierto en lago

y la tierra árida en manantiales,

36 [5254] allí coloca a los hambrientos,

y fundan una ciudad para habitarla.

37 Siembran los campos y plantan viñas,

y obtienen de ellos los frutos.

38 Bendecidos por Él

se multiplican en gran manera,

y sus ganados no disminuyen nunca.

39 [5255] Aunque reducidos a pocos y despreciados,

por el peso del infortunio y de la aflicción,

40 Aquel que derrama desprecio

sobre los príncipes,

y los hace errar por desiertos sin huellas,

41 ha levantado de la miseria al indigente,

y hace las familias numerosas como rebaños.

42 [5256] Lo ven los justos y se alegran,

y toda malicia cierra su boca.

43 [5257] ¿Quién es el sabio que considere estas cosas

y comprenda las misericordias del Señor?

Volver al Indice

Salmo 107 (108)

Israel canta su esperanza

1 [5258] Cántico. Salmo. De David.

2 Mi corazón está pronto, oh Dios;

quiero cantar y entonar salmos;

mi alma está despierta.

3 Salterio y lira, despertaos;

despiértese la aurora (a nuestro canto).

4 Te alabaré, Yahvé, entre los pueblos,

te cantaré himnos ante las naciones.

5 [5259] Porque tu misericordia

es más grande que los cielos,

y tu fidelidad hasta las nubes.

6 [5260] Muéstrate excelso,

oh Dios, sobre los cielos,

y brille tu gloria sobre toda la tierra,

7 para que sean libertados los que Tú amas;

socorre con tu diestra y escúchanos.

8 [5261] Lo dijo Dios por su santidad:

“Triunfaré; repartiré a Siquem,

y mediré el valle de Sucot.

9 Mía es la tierra de Galaad,

mía la tierra de Manasés;

Efraím es el yelmo de mi cabeza,

y Judá, mi cetro;

10 Moab, la vasija de mi lavatorio;

sobre Edom echaré mi calzado,

sobre Filistea cantaré victoria.”

11 [5262] ¿Quién me conducirá a la ciudad inaccesible?

¿Quién me llevará hasta Edom?

12 ¿No serás Tú, oh Dios,

que nos has rechazado

y que ya no sales con nuestros ejércitos?

l3 Ven en nuestro auxilio contra el adversario,

porque vano es el concurso de los hombres.

14 Con Dios haremos proezas;

Él hollará a nuestros enemigos.

Volver al Indice

Salmo 108 (109)

Oración imprecatoria contra los maldicientes

1 [5263] Al maestro de coro. De David. Salmo.

Oh Dios, Gloria mía, no enmudezcas,

2 porque bocas impías y dolosas

se han abierto contra mí

y me hablan con lengua pérfida.

3 [5264] Me asedian con odiosos discursos,

me combaten sin motivo.

4 [5265] Por lo que me debieran amar, me acusan,

y yo hago oración.

5 [5266] Me devuelven mal por bien,

y odio a cambio de mi amor.

6 [5267] Ponlo bajo la mano de un impío,

con el acusador a su derecha.

7 [5268] Cuando se le juzgue, salga condenado,

y su oración sea pecado.

8 [5269] Acórtense sus días,

y otro reciba su ministerio.

9 Que sus hijos queden huérfanos

y viuda su mujer.

10 Anden sus hijos mendigando, errantes,

arrojados de sus casas destruidas.

11 El usurero aseche todos sus bienes,

y sea presa de los extraños

el fruto de su trabajo.

12 Nadie le muestre misericordia

y ninguno se compadezca de sus huérfanos.

13 Sea su posteridad entregada al exterminio,

extíngase su nombre

en la primera generación.

14 [5270] La culpa de sus padres

sea recordada [por Yahvé],

y el pecado de su madre no se borre.

15 Estén siempre ante los ojos de Yahvé,

para que Él quite de la tierra su memoria;

16 [5271] pues no pensó en usar de misericordia,

sino que persiguió al infortunado, al pobre,

al afligido de corazón,

para darle el golpe de muerte.

17 [5272] Amó la maldición. ¡Cáigale encima!

No quiso la bendición. ¡Apártese de él!

18 Se revistió de maldición como de una túnica;

y le penetró como agua en sus entrañas,

y como aceite en sus huesos.

19 Séale como manto que lo cubra,

y como cinto con que siempre se ciña.

20 [5273] Tal pago tengan [de Yahvé]

los que me acusan

y los que profieren maldiciones contra mí.

21 [5274] Mas Tú, Yahvé, Señor mío, haz conmigo

según la gloria de tu Nombre;

sálvame,

pues tu bondad es misericordiosa.

22 [5275] Porque yo soy un infortunado y pobre,

y llevo en mí el corazón herido.

23 Como sombra que declina,

me voy desvaneciendo;

soy arrojado como la langosta.

24 Mis rodillas vacilan,

debilitadas por el ayuno,

y mi carne, enflaquecida, desfallece.

25 Y he venido a ser el escarnio de ellos;

me miran, y hacen meneos de cabeza.

28 Ayúdame, Yahvé, Dios mío,

sálvame conforme a tu misericordia.

27 Y sepan que aquí está tu mano,

y que eres Tú, Yahvé, quien lo ha hecho.

28 [5276] Que ellos maldigan, pero Tú bendíceme.

Véanse confundidos

los que contra mí se levantan,

mas alégrese tu siervo.

29 Sean cubiertos de ignominia

los que me acusan,

y envueltos en su confusión

como en un manto.

30 [5277] Mi boca rebosará de alabanzas a Yahvé;

en medio de la gran multitud

cantaré sus glorias;

31 [5278] porque Él se mantuvo

a la derecha de este pobre

para salvarlo de sus jueces.

Volver al Indice

Salmo 109 (110)

Triunfo de Cristo rey y Sacerdote

1 [5279] Salmo de David.

Oráculo de Yahvé a mi Señor:

“Siéntate a mi diestra,

hasta que Yo haga de tus enemigos

el escabel de tus pies.”

2 [5280] El cetro de tu poder

lo entregará Yahvé (diciéndote):

“Desde Sión impera

en medio de tus enemigos.”

3 [5281] Tuya será la autoridad

en el día de tu poderío,

en los resplandores de la santidad;

Él te engendró del seno antes del lucero.

4 [5282] Yahvé lo juró y no se arrepentirá:

“Tú eres Sacerdote para siempre

a la manera de Melquisedec.”

5 [5283] Mi Señor está a la diestra de (Yahvé).

En el día de su ira

destrozará a los reyes.

6 [5284] Juzgará las naciones,

amontonará cadáveres,

aplastará la cabeza de un gran país.

7 [5285] Beberá del torrente en el camino;

por eso erguirá la cabeza.

Volver al Indice

Salmo 110 (111)

Memorables son las obras del Señor

1 [5286] ¡Hallelú Yah!

Quiero honrar a Yahvé

con todo mi corazón,

en el coro de los justos y en la asamblea.

2 [5287] Grandes son las obras de Yahvé:

escudríñenlas los que las disfrutan.

3 [5288] Su obrar es todo majestad y esplendor,

y su justicia permanece para siempre.

4 Hizo sus maravillas

para ser recordadas.

Yahvé es benigno y compasivo;

5 [5289] Él da alimento a los que le temen;

para siempre se acordará de su alianza.

6 [5290] A su pueblo ha mostrado

el poder de sus obras,

dándole la herencia de las naciones.

7 Fieles y justas son las obras de sus manos.

Sus preceptos son todos infalibles,

8 establecidos por los siglos, para siempre,

dictados con firmeza y justicia.

9 [5291] Él ha enviado la redención a su pueblo,

ha ratificado su alianza para siempre;

santo y terrible es su Nombre.

10 [5292] El principio de la sabiduría

es el temor de Yahvé.

Prudentes son todos los que lo adoran,

Su alabanza permanece para siempre.

Volver al Indice

Salmo 111 (112)

Bienaventuranzas del justo

1 [5293] ¡Hallelú Yah!

Dichoso el hombre que teme a Yahvé,

en sus preceptos halla el sumo deleite.

2 [5294] Su descendencia

será poderosa sobre la tierra;

la estirpe de los rectos es bendecida.

3 En su casa hay bienestar y abundancia,

y su justicia permanece para siempre.

4 [5295] Para los rectos

brilla una luz en las tinieblas:

el Clemente, el Misericordioso, el Justo.

5 [5296] Bien le va al hombre

que se compadece y presta;

reglará sus negocios con discreción;

6 nunca resbalará;

el justo quedará en memoria eterna.

7 [5297] No temerá malas nuevas;

su corazón está firme,

confiado en Yahvé.

8 Su ánimo es constante, impávido,

hasta ver confundidos a sus adversarios.

9 [5298] Distribuye y da a los pobres largamente;

su justicia permanece para siempre,

su triunfo será exaltado con gloria.

10 Lo verá el impío y se enfurecerá,

se consumirá rechinando los dientes.

Estéril será la envidia de los pecadores.

Volver al Indice

Salmo 112 (113)

Cómo el Altísimo exalta a los humildes

1 [5299] ¡Hallelú Yah!

Alabad, siervos de Yahvé,

alabad el Nombre de Yahvé.

2 Sea bendito el Nombre de Yahvé,

desde ahora y para siempre.

3 [5300] Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso

sea ensalzado el Nombre de Yahvé.

4 [5301] Excelso es Yahvé

sobre todas las naciones,

sobre los cielos, su gloria.

5 ¿Quién hay en los cielos y en la tierra,

comparable al Señor Dios nuestro,

que tiene su trono en las alturas

6 y se inclina para mirar?

7 [5302] Alza del polvo al desvalido

y desde el estiércol exalta al pobre

8 para sentarlo con los nobles,

entre los príncipes de su pueblo.

9 Él hace que la estéril viva en hogar,

madre gozosa de hijos.

Volver al Indice

Salmo 113 a (114)

Majestad del Libertador de Israel

1 [5303] ¡Hallelú Yah!

Cuando Israel salió de Egipto,

—la casa de Jacob

de entre un pueblo bárbaro—

2 [5304] Judá vino a ser su santuario,

Israel su imperio.

3 [5305] El mar, al ver, huyó;

el Jordán volvió atrás.

4 [5306] Los montes saltaron como carneros,

los collados como corderillos.

5 ¿Qué tienes, mar, para huir

y tú, Jordán, para volver atrás?

6 ¿Montes, para saltar como carneros;

collados, como corderillos?

7 [5307] Tiembla, oh tierra,

ante la faz del Señor,

ante la faz del Dios de Jacob,

8 [5308] que convierte la peña en estanque,

la roca en fuente de aguas.

Volver al Indice

Salmo 113 b (115)

Israel alabe a su Dios

1 [5309] No a nosotros, Yahvé, no a nosotros,

sino a tu Nombre da la gloria

por tu misericordia y tu fidelidad.

2 Por qué habrían de decir los gentiles:

“¿Dónde está el Dios de éstos?”

3 [5310] El Dios nuestro está en el cielo;

Él hace todo cuanto quiere.

4 [5311] Los ídolos de aquéllos

son plata y oro,

hechura de mano de hombre:

5 tienen boca, pero no hablan;

tienen ojos, mas no ven;

6 tienen orejas y no oyen;

tienen narices y no huelen;

7 tienen manos y no palpan,

tienen pies y no andan;

y de su garganta no sale voz.

8 Semejantes a ellos serán quienes los hacen,

quienquiera confía en ellos.

9 La casa de Israel confía en Yahvé;

Él es su auxilio y su escudo.

10 [5312] La casa de Aarón confía en Yahvé;

Él es su auxilio y su escudo.

11 Los temerosos de Yahvé confían en Yahvé;

Él es su auxilio y su escudo.

12 [5313] Yahvé se acuerda de nosotros y nos bendecirá:

bendecirá a la casa de Israel,

bendecirá a la casa de Aarón.

13 Bendecirá a los que temen a Yahvé,

tanto a pequeños como a grandes.

14 Yahvé os multiplicará

a vosotros y a vuestros hijos.

15 Sois benditos del Señor

que hizo el cielo y la tierra.

16 [5314] El cielo es cielo de Yahvé;

mas dio la tierra a los hijos de los hombres.

17 [5315] Los muertos no alaban a Yahvé,

ninguno de los que bajan al sepulcro.

18 Nosotros, en cambio, bendecimos a Yah,

desde ahora y para siempre.

Volver al Indice

Salmo 114 (116, 1-9)

Acción de gracias del salmista

1 [5316] ¡Hallelú Yah!

Yo lo amo, porque Yahvé escucha

mi voz, mi súplica;

2 porque inclinó hacia mí su oído

el día en que lo invoqué.

3 [5317] Me habían rodeado

los lazos de la muerte,

vinieron sobre mí

las angustias del sepulcro;

caí en la turbación y en el temor.

4 [5318] Pero invoqué el Nombre de Yahvé:

¡Oh Yahvé, salva mi vida!

5 Yahvé es benigno y justo;

sí, nuestro Dios es misericordioso.

6 [5319] Yahvé cuida de los sencillos;

yo era miserable y Él me salvó.

7 Vuelve, alma mía, a tu sosiego,

porque Yahvé te ha favorecido.

8 [5320] Puesto que Él ha arrancado

mi vida de la muerte,

mis ojos del llanto, mis pies de la caída,

9 [5321] caminaré delante de Yahvé

en la tierra de los vivientes.

Volver al Indice

Salmo 115 (116, 10-19)

¿Qué podemos dar al Señor?

(10) 1 [5322] Yo tenía confianza

aun cuando hablé diciendo:

“Grande es mi aflicción”,

(11) 2 [5323] y exclamando en mi angustia:

“Todo hombre es mentira.”

(12) 3 [5324] ¿Que daré a Yahvé

por todo lo que Él me ha dado?

(13) 4 [5325] Tomaré la copa de la salud

y publicaré el Nombre de Yahvé.

(14) 5 [Cumpliré los votos hechos a Yahvé

en presencia de todo su pueblo.]

(15) 6 [5326] Es cosa grave delante de Yahvé

la muerte de sus fieles.

(16) 7 [5327] Oh Yahvé, yo soy tu siervo;

siervo tuyo, hijo de tu esclava.

Tú soltaste mis ataduras,

(17) 8 [5328] y yo t e ofreceré un sacrificio de alabanza;

publicaré el Nombre de Yahvé.

(18)9 Cumpliré a Yahvé estos votos

en presencia de todo su pueblo;

(19) 10 en los atrios de la casa de Yahvé,

en medio de ti, oh Jerusalén.

Volver al Indice

Salmo 116 (117)

Alaben los gentiles al Señor

1 [5329] ¡Hallelú Yah!

Alabad a Yahvé, naciones todas,

celebradle todos los pueblos;

2 [5330] pues su misericordia

se ha confirmado sobre nosotros,

y la fidelidad de Yahvé

permanece para siempre.

Volver al Indice

Salmo 117 (118)

Júbilo y acción de gracias por la salvación

1 [5331] ¡Hallelú Yah!

Alabad a Yahvé porque es bueno,

porque su misericordia

permanece para siempre.

2 [5332] Diga ahora la casa de Israel:

“Su misericordia permanece para siempre.”

3 Diga la casa de Aarón:

“Su misericordia permanece para siempre.”

4 Digan los que temen a Yahvé:

“Su misericordia permanece para siempre.”

5 [5333] En la estrechez invoqué a Yah;

y Yah me escuchó

y me sacó a la anchura.

6 [5334] Yahvé está en mi favor, nada temo.

¿Qué podrá hacerme el hombre?

7 Yahvé, mi auxiliador, está conmigo

y miraré (confundidos) a mis enemigos.

8 Mejor es acogerse a Yahvé

que confiar en el hombre.

9 Mejor es acogerse a Yahvé

que confiar en príncipes.

10 [5335] Todas las naciones me habían cercado;

en el Nombre de Yahvé las hice pedazos.

11 Me envolvieron por todas partes;

en el Nombre de Yahvé las hice pedazos.

12 Me rodeaban como abejas,

ardían como fuego de espinas;

en el Nombre de Yahvé las hice pedazos.

13 [5336] Empujado, empujado, estuve a punto de caer,

pero Yahvé vino en mi ayuda.

14 Mi fuerza y mi valor es Yahvé,

mi Salvador es Él.

15 [5337] Voz de exultación y de triunfo

en las tiendas de los justos:

“La diestra de Yahvé ha hecho proezas;

16 [5338] la diestra de Yahvé se alzó muy alto,

la diestra de Yahvé ha hecho proezas.

17 No moriré, sino que viviré;

y publicaré las hazañas de Yahvé.

18 [5339] Me castigó Yah, me castigó,

pero no me entregó a la muerte.”

19 [5340] Abridme las puertas de la justicia,

para que entre por ellas

y dé gracias a Yah.

20 Esta es la puerta de Yahvé;

entren los justos por ella.

21 Te daré gracias porque me escuchaste

y te has hecho mi Salvador.

22 [5341] La piedra que rechazaron los constructores

ha venido a ser la piedra angular.

23 Obra de Yahvé es esto,

admirable ante nuestros ojos.

24 [5342] Este es el día que hizo Yahvé;

alegrémonos por él y celebrémoslo.

25 [5343] Sí, oh Yahvé, ¡da la victoria!

Sí, oh Yahvé, ¡da prosperidad!

26 Bendito el que viene

en el nombre de Yahvé;

desde la casa de Yahvé os bendecimos.

27 [5344] Yahvé es Dios y nos ha iluminado.

Ordenad procesión con ramos frondosos

hasta los cuernos del altar.

28 [5345] Mi Dios eres Tú y te doy gracias;

Mi Dios eres Tú, quiero alabarte;

29 Alabad a Yahvé porque es bueno;

porque su misericordia

permanece para siempre.

Volver al Indice

Salmo 118 (119)

Elogio de la palabra divina

ALEF.

1 [5346] Dichosos aquellos

cuyo camino es perfecto,

que andan tras la Ley de Yahvé.

2 [5347] Bienaventurados

los que observan sus instrucciones,

de todo corazón lo buscan,

3 [5348] no cometen ninguna iniquidad,

siguen los caminos de Él.

4 [5349] Tu diste tus preceptos,

para que sean cuidadosamente guardados.

5 ¡Ojalá se afirmen mis pasos

hacia la guarda de tus palabras!

6 Entonces no quedaré confundido

cuando contemple todos tus mandamientos.

7 [5350] Te alabaré por la rectitud de corazón,

aprendiendo los decretos de tu justicia.

8 [5351] Tus estatutos guardaré,

de ningún modo me desampares.

Volver al Indice

BET.

9 [5352] ¿Cómo el joven mantendrá puro su camino?

Conservando tus palabras.

10 [5353] Con toda mi alma te busco;

no permitas que yo ande errante

al margen de tus mandamientos.

11 [5354] En mi corazón escondo tus palabras,

para no pecar contra Ti.

12 [5355] Bendito seas, oh Yahvé,

enséñame tus decretos.

13 [5356] Con mis labios doy a conocer

todos los oráculos de tu boca.

14 [5357] En el camino de tus testimonios me deleito

como quien posee todas las riquezas.

15 Quiero meditar en tus preceptos

y contemplar tus caminos;

16 [5358] gozarme en tus estatutos,

no olvidar tus palabras.

Volver al Indice

GUIMEL.

17 Haz merced a tu siervo que viva

y guarde tus palabras.

18 [5359] Quita el velo a mis ojos,

para que descubra las maravillas de tu Ley.

l9 [5360] Peregrino soy en la tierra:

no me ocultes tus preceptos.

20 [5361] Mi alma se consume

anhelando en todo tiempo tus justificaciones.

21 [5362] Increpaste a los infatuados;

malditos esos

que se desvían de tus mandamientos.

22 [5363] Aparta de mí el oprobio y el desprecio,

porque sigo tus instrucciones.

23 Aunque los príncipes se sientan

y confabulan contra mí,

tu siervo medita tus testimonios;

24 [5364] porque tus enseñanzas son mis delicias,

y tus leyes mis consejeros.

Volver al Indice

DALET.

25 [5365] Postrada está mi alma en el polvo;

vuélveme la vida según tu palabra.

26 [5366] Te manifesté mis pasos y Tú me escuchaste;

enséñame tus disposiciones.

27 [5367] Instrúyeme en el camino de tus designios,

y contemplaré tus maravillas.

28 [5368] Mi alma vierte lágrimas de tristeza;

confórtame según tu palabra.

29 [5369] Aléjame del camino del error,

y favoréceme con tu Ley.

30 [5370] He deseado la senda de la verdad,

he hallado rectos tus juicios.

31 [5371] Me apoyo en tus testimonios;

no quieras confundirme, oh Yahvé.

32 [5372] Corro por el camino de tus mandamientos,

porque Tú me ensanchas el corazón.

Volver al Indice

HE.

33 Muéstrame, Yahvé,

el camino de tus ordenaciones,

para seguirlo hasta el fin.

34 [5373] Dame entendimiento

para que observe tu Ley

y la practique con todo mi corazón.

35 [5374] Hazme marchar

por la senda de tus mandamientos,

porque en ella me deleito.

36 [5375] Inclina mi corazón hacia tus enseñanzas

y no vaya hacia el lucro.

37 [5376] Aparta mis ojos

para que no miren la vanidad;

dame la vida en tu camino.

38 [5377] Cumple en tu siervo tu promesa,

hecha para los que te temen.

39 Aleja de mí el oprobio que me asusta,

pues tus juicios son tan amables.

40 Mira cómo me he aficionado

a tus decretos;

hazme vivir por tu justicia.

Volver al Indice

VAU.

41 [5378] Vengan sobre mí

tus misericordias, oh Yahvé;

y tu salud, según tus oráculos;

42 y podré responder

a los que me reprochan

por haber confiado en tus palabras.

43 [5379] No quites de mi boca

la palabra de la verdad,

porque en tus designios

tengo puesta mi esperanza.

44 [5380] Y guardaré tu Ley para siempre,

en el siglo y por los siglos de los siglos.

45 Ancho será el camino en que yo ande,

porque busco tus preceptos.

46 [5381] Hablaré de tus enseñanzas

delante de los reyes,

y no me avergonzaré.

47 Y me deleitaré con las voluntades tuyas,

que yo amo.

48 [5382] Y alzaré mis manos hacia tus mandatos

y meditaré en tus enseñanzas.

Volver al Indice

ZAIN.

49 [5383] Acuérdate de tu palabra a tu siervo,

en la cual me hiciste poner mi esperanza.

50 [5384] Esto es lo que me consuela en mi aflicción:

que tu palabra me da vida.

51 [5385] Los infatuados hacen burla de mí

hasta el extremo,

pero yo no me aparto de tu Ley.

52 [5386] Recuerdo tus antiguos juicios,

oh Yahvé, y quedo consolado.

53 [5387] La indignación se enciende en mí

a causa de esos malvados

que abandonan tu Ley.

54 [5388] Tus decretos se han hecho cantos para mí

en el lugar de mi destierro.

55 [5389] Durante la noche

me acuerdo de tu nombre, oh Yahvé,

y guardaré tu Ley.

56 Ésta ha sido mi suerte: guardar tus preceptos.

Volver al Indice

HET.

57 [5390] He dicho, oh Yahvé, que mi suerte

es guardar tus palabras.

58 [5391] De todo corazón imploro tu rostro;

apiádate de mí conforme a tu promesa.

59 Examiné mis caminos,

y volví mis pies hacia tus enseñanzas.

60 Me apresuré, y no me he detenido

en guardar tus mandamientos.

61 Los lazos de los pecadores me rodean,

mas no he dado tu Ley al olvido.

62 A media noche me levanto para alabarte

por tus justos decretos.

63 [5392] Estoy asociado a todos los que te temen

y guardan tus preceptos.

64 La tierra está llena

de tu misericordia, oh Yahvé,

hazme conocer tus disposiciones.

Volver al Indice

TET.

65 Conforme a tu palabra, oh Yahvé,

has obrado bondadosamente con tu siervo.

66 [5393] Enséñame el juicio recto y el conocimiento,

pues confío en tus preceptos.

67 Antes que me humillaras anduve descarriado,

mas ahora me atengo a tu palabra.

68 [5394] Tú eres bueno y benéfico;

instrúyeme, pues, en tus enseñanzas.

69 [5395] Fraguan engaños contra mí los infatuados,

pero yo guardo tus preceptos

con todo mi corazón.

70 [5396] El corazón de ellos está craso como sebo,

mas yo tengo tu Ley como deleite.

71 [5397] Bueno me ha sido el ser maltratado,

para conocer tus estatutos.

72 [5398] Mejor es para mí la Ley de tu boca

que millares de oro y plata.

Volver al Indice

YOD.

73 Tus manos me hicieron

y me formaron;

dame la inteligencia de tus disposiciones.

74 [5399] Los que te temen

se alegrarán al verme,

porque puse en tu palabra

toda mi esperanza.

75 [5400] Reconozco, Yahvé,

que tus juicios son justos

y que justamente me has humillado.

76 Venga ahora tu misericordia a consolarme,

según la promesa que diste a tu siervo.

77 [5401] Vengan a mí tus piedades

para que tenga vida,

porque tu Ley hace mis delicias.

78 [5402] Confundido quede el fatuo;

mintiendo me ha deformado;

pero yo meditaré en tus mandatos.

79 [5403] Diríjanse a mí los que te temen,

los que conocen tus testimonios.

80 [5404] Sea mi corazón perfecto según tus leyes,

para que no quede confundido.

Volver al Indice

CAF.

81 [5405] Desfallece mi alma

suspirando por la salud que de Ti viene;

cuento con tu palabra.

82 [5406] Desfallecen mis ojos

de tanto esperar tu promesa;

¿cuándo vendrás a consolarme?

83 [5407] He venido a ser como pellejo

expuesto al humo,

mas no he olvidado tus estatutos.

84 [5408] ¿Cuántos son los días de tu siervo?

¿Cuándo juzgarás a los que me persiguen?

85 [5409] El infatuado cavó fosas para mí;

él, que es contrario a la Ley.

86 [5410] Todos tus mandamientos son verdad;

mas ellos sin causa me persiguen;

ayúdame Tú.

87 [5411] Casi me han exterminado del país,

pero yo no abandoné tus preceptos.

88 Según tu misericordia, consérvame la vida,

y guardaré los oráculos de tu boca.

Volver al Indice

LAMED.

89 [5412] Tu palabra, oh Yahvé, es eterna,

permanece en el cielo.

90 [5413] Tu fidelidad, de generación en generación;

Tú formaste la tierra, y perdura.

91 [5414] Como Tú lo dispusiste,

así continúa en todo tiempo,

pues todas las cosas están a tu servicio.

92 [5415] Si yo no hubiera puesto

mis delicias en tu Ley,

ya habría perecido en mi angustia.

93 No olvidaré nunca tus decretos,

porque en ellos me das la vida.

94 [5416] Yo soy tuyo: sálvame,

pues me empeño en hacer tu voluntad.

95 [5417] Los pecadores me espían para perderme;

pero yo sigo atento a tus preceptos.

96 [5418] A toda perfección le he hallado el límite,

mas tus estatutos no lo tienen.

Volver al Indice

MEM.

97 [5419] ¡Oh Yahvé, cuánto amo tu Ley!

Es mi meditación de todo el día.

98 [5420] Tu mandamiento me hace más sabio

que mis enemigos

porque él está siempre conmigo.

99 [5421] Estoy más instruido

que todos mis maestros,

porque tus enseñanzas son mi meditación.

100 Entiendo más que los ancianos,

porque observo tus prescripciones.

101 Aparto mis pies de toda senda mala,

para ser fiel a tus palabras.

102 [5422] No me desvío de tus decretos,

porque me enseñaste Tú.

103 ¡Cuan dulces son a mi paladar tus palabras!

Mas que la miel a mi boca.

l04 [5423] Por tus preceptos me hago inteligente;

por eso aborrezco todo camino de iniquidad.

Volver al Indice

NUN.

105 [5424] Antorcha para mis pies es tu palabra,

y luz para mi senda.

106 [5425] Juro, y me resuelvo

a guardar tus justas disposiciones.

107 [5426] Abatido estoy en gran manera, oh Yahvé;

dame vida según tu palabra.

108 [5427] Te sea grata, Yahvé,

la ofrenda de mis labios,

y enséñame tus designios.

109 [5428] Tengo constantemente mi vida en la mano,

pero tu Ley no se aparta de mi memoria.

110 [5429] Los malvados me tendieron un lazo,

mas yo no me desvié de tus preceptos.

111 [5430] Tus decretos son mi herencia para siempre,

porque constituyen

a alegría de mi corazón.

112 [5431] He inclinado mi corazón

a cumplir tus estatutos,

para siempre, hasta el fin.

Volver al Indice

SAMEC.

ll3 [5432] Aborrezco a los de corazón doble

y amo tu Ley.

114 Mi protector y mi escudo eres Tú;

mi esperanza está en tu palabra.

115 [5433] Alejaos de mí los malvados;

yo escrutaré las disposiciones de mi Dios.

116 Sosténme, como lo tienes prometido,

y viviré;

no desalientes mi esperanza.

117 [5434] Sé mi apoyo para que sea salvo y tenga

constantemente mis ojos en tus decretos.

118 Tú desprecias

a cuantos se apartan de tus órdenes,

pues su pensamiento es engañoso.

119 [5435] Yo tengo por escoria

a todos los impíos de la tierra;

por esto amo tus enseñanzas.

120 [5436] Ante Ti se estremece de temor mi carne;

tus juicios me llenan de espanto.

Volver al Indice

AYIN.

121 He abrazado la rectitud y la justicia,

no me entregues

en manos de mis opresores.

122 [5437] Responde Tú del bien por tu siervo,

no sea que me opriman los infatuados.

123 [5438] Mis ojos desfallecen

de tanto desear tu salvación

y la promesa de liberación.

124 Haz con tu siervo según tu benignidad,

e instrúyeme en tus enseñanzas.

125 Siervo tuyo soy; dame inteligencia,

a fin de que comprenda tus testimonios.

126 [5439] Tiempo es ya de obrar, oh Yahvé;

han hecho escarnio de tu Ley.

127 Por eso amo yo tus mandamientos,

por sobre el oro, aun el más puro.

128 [5440] Por eso he escogido para mí

todos tus preceptos,

y odio todo camino de impostura.

Volver al Indice

PE.

129 [5441] Tus prescripciones son maravillas;

por eso mi alma las observa.

130 [5442] La explicación de tus palabras ilumina,

a los simples les da inteligencia.

131 [5443] Abro mi boca y suspiro,

ansioso de tus órdenes.

132 Vuélvete hacia mí y seme propicio,

como lo haces

con los que aman tu Nombre.

133 [5444] Dirige mis pasos mediante tus palabras,

para que no reine en mí

injusticia alguna.

134 [5445] Rescátame de la opresión de los hombres,

y seré obediente a tus preceptos.

I35 Muestra a tu siervo tu Rostro sereno,

y enséñame tus designios.

136 [5446] Ríos de agua han corrido de mis ojos,

porque tu Ley no es observada.

Volver al Indice

SADE.

137 Tú eres justo, Yahvé,

y tu juicio es recto.

138 [5447] Con justicia has impuesto tus preceptos,

y con gran benignidad.

139 [5448] Mi celo me consume,

porque mis adversarios

olvidan tus palabras.

140 [5449] Acendrada en extremo es tu palabra,

y tu siervo la ama.

141 [5450] Yo soy pequeño, soy despreciado,

mas no olvido tus preceptos.

142 Tu justicia es justicia eterna,

y tu Ley es la verdad.

143 Angustia y tribulación vinieron sobre mí,

mas tus sentencias son mis delicias.

144 [5451] La justicia de tus decretos es eterna;

instrúyeme en ellos y viviré.

Volver al Indice

QOF.

145 [5452] Clamo con todo mi corazón;

escúchame, Yahvé;

quiero obedecer tus voluntades.

146 Te he llamado; sálvame Tú,

y cumpliré tus preceptos.

147 [5453] Me anticipo a la aurora y grito,

pues tengo mi esperanza en tus palabras.

148 Mis ojos se adelantan

a las vigilias de la noche,

para meditar tu palabra.

149 Oh Yahvé, escucha mi voz

según tu misericordia,

y vivifícame conforme a tu justificación.

150 Se acercan los que me persiguen inicuamente,

los que se alejan de tu Ley.

151 Tú, Yahvé, estás cerca;

y todos tus caminos son verdad.

152 Desde antiguo tus preceptos me enseñaron

que los estableciste para siempre.

Volver al Indice

RESCH.

153 [5454] Mira mi aflicción y líbrame,

pues no me he olvidado de tu Ley.

154 [5455] Defiende Tú mi causa y rescátame,

guarda mi vida, conforme a tu promesa.

155 [5456] Lejos está de los impíos la salvación,

porque no se interesan por tus disposiciones.

156 [5457] Tus misericordias son muchas, oh Yahvé,

otórgame vida según tus designios.

157 Muchos me persiguen y me atribulan,

pero yo no me aparto de tus preceptos.

158 [5458] A la vista de los impostores tuve asco;

ellos no hacían caso de tus palabras.

159 Mira, Yahvé, que yo amo tus preceptos;

por tu misericordia, consérvame la vida.

160 [5459] La suma de tu palabra es la verdad,

y eternos son todos los decretos de tu justicia.

Volver al Indice

SIN.

161 [5460] Me persiguen sin causa

los que tienen poder;

pero mi corazón teme a tus palabras.

162 [5461] Y tus oráculos me alegran tanto

como quien halla copioso botín.

163 Odio la falsedad y le tengo horror;

pero tu Ley la amo.

164 [5462] Siete veces al día te digo mi alabanza

por tus justos juicios.

165 [5463] Mucha es la paz de los que aman tu Ley;

para ellos no hay piedra de escándalo.

166 Aguardo, Yahvé, tu socorro,

mientras practico tus mandamientos.

167 [5464] Mi alma conserva tus enseñanzas,

y las ama sin medida.

168 [5465] Sigo tus preceptos y disposiciones,

porque Tú tienes en vista todos mis caminos.

Volver al Indice

TAU.

I69 [5466] Llegue a Ti, Yahvé, mi clamor,

adiéstrame según tu palabra.

l70 Penetre mi súplica hasta llegar a Ti,

y líbrame conforme a tu palabra.

171 [5467] Un himno brotará de mis labios

cuando Tú me hayas enseñado

tus justificaciones.

172 Cante mi lengua tu palabra,

porque todos tus preceptos son justos.

173 [5468] Que tu mano esté cerca para ayudarme,

pues he preferido tus mandamientos.

174 [5469] Ansío la salud

que de Ti viene, oh Yahvé,

y en tu Ley he puesto mis delicias.

175 [5470] Viva, pues, mi alma para alabarte,

y tus decretos sean mi apoyo.

l76 [5471] Si me he descarriado,

busca Tú a tú siervo

como oveja perdida,

porque no me he olvidado de tus leyes.

Volver al Indice

Salmo 119 (120)

Contra la lengua calumniadora

1 [5472] Cántico gradual.

A Yahvé clamé

en medio de mi tribulación

y Él me escuchó.

2 Yahvé, libra mi alma del labio engañoso,

de la lengua astuta.

3 [5473] ¿Qué te dará o qué te añadirá (Yahvé),

oh lengua astuta?

4 Saetas de un potente

aguzadas en ascuas de retama.

5 [5474] ¡Ay de mí, advenedizo en Mósoc,

alojado en las tiendas de Cedar!

6 Demasiado tiempo ha habitado mi alma

entre los que odian la paz.

7 [5475] Yo soy hombre de paz; apenas hablo,

y ellos mueven la guerra.

Volver al Indice

Salmo 120 (121)

El custodio de Israel

1 [5476] Cántico gradual.

Alzo mis ojos hacia los montes:

¿De dónde me vendrá el socorro?

2 Mi socorro viene de Yahvé

que creó el cielo y la tierra.

3 [5477] ¿Permitirá Él que resbale tu pie?

¿O se dormirá el que te guarda?

4 No por cierto: no dormirá,

ni siquiera dormitará,

el Custodio de Israel.

5 [5478] Es Yahvé quien te custodia;

Yahvé es tu umbráculo

y se mantiene a tu derecha.

6 De día no te dañará el sol,

ni de noche la luna.

7 Presérvete Yahvé de todo mal;

Él guarde tu alma.

8 [5479] Yahvé custodiará tu salida y tu llegada,

ahora y para siempre.

Volver al Indice

Salmo 121 (122)

Cántico de los peregrinos

1 [5480] Cántico gradual. De David.

Me llené de gozo cuando me dijeron:

“Iremos a la Casa de Yahvé.”

2 Ya se posan nuestros pies

ante tus puertas, ¡oh Jerusalén!

3 [5481] Jerusalén, que estás edificada,

como la ciudad

cuya comunidad le está bien unida.

4 [5482] Allá suben las tribus, las tribus de Yah;

es ley para Israel

celebrar allí el Nombre de Yahvé.

5 [5483] Allí se han establecido

los tronos para el juicio,

los tronos de la casa de David.

6 [5484] Saludad a Jerusalén:

“Gocen de seguridad los que te aman;

7 reine la paz dentro de tus muros,

la felicidad en tus palacios.”

8 Por amor a mis hermanos y amigos

exclamo: Paz sobre ti.

9 [5485] A causa del Templo de Yahvé nuestro Dios

te auguro todo bien.

Volver al Indice

Salmo 122 (123)

Los ojos fijos en Dios

1 [5486] Cántico gradual.

Levanto mis ojos a Ti

que habitas en los cielos.

2 [5487] Como los ojos de los siervos

están fijos en las manos de sus señores;

como los ojos de la sierva

en las manos de su señora,

así nuestros ojos están fijos

en Yahvé nuestro Dios,

hasta que se apiade de nosotros.

3 Apiádate, Yahvé, senos propicio,

porque estamos colmados de desprecio.

4 Nuestra alma está muy harta

del escarnio de los saciados,

del oprobio de los soberbios.

Volver al Indice

Salmo 123 (124)

El lazo roto

1 [5488] Cántico gradual. De David.

Si Yahvé no hubiera estado con nosotros

—dígalo ahora Israel—

2 si no hubiera estado Yahvé de nuestra parte

cuando los hombres

se levantaron contra nosotros,

3 nos habrían tragado vivos

al inflamarse contra nosotros su furor;

4 entonces nos habrían sumergido las aguas,

el torrente habría pasado sobre nosotros

5 [5489] y nuestra alma habría caído

bajo las aguas tumultuosas.

6 Bendito sea Yahvé que no nos dio

por presa de sus dientes.

7 [5490] Nuestra vida escapó como un pájaro

del lazo de los cazadores.

El lazo se ha roto

y hemos quedado libres.

8 [5491] Nuestro socorro está

en el Nombre de Yahvé,

el que hizo el cielo y la tierra.

Volver al Indice

Salmo 124 (125)

Firmeza del monte Sión

1 [5492] Cántico gradual.

Los que confían en Yahvé

son como el monte Sión,

que no será conmovido

y permanecerá eternamente.

2 [5493] Como Jerusalén está rodeada de montes,

así Yahvé rodea a su pueblo,

ahora y para siempre.

3 [5494] No permanecerá, pues,

el cetro de los impíos

sobre la heredad de los justos;

no sea que también los justos

extiendan sus manos hacia la iniquidad.

4 Oh Yahvé, derrama tus favores

sobre los buenos y rectos de corazón.

5 Pero a los que se desvían

por senderos tortuosos

échelos Yahvé con los obradores de iniquidad.

¡Paz sobre Israel!

Volver al Indice

Salmo 125 (126)

Oración por la plena restauración del pueblo

1 [5495] Cántico gradual.

Cuando Yahvé trajo de nuevo

a los cautivos de Sión,

fue para nosotros como un sueño.

2 [5496] Se llenó nuestra boca de risas,

y nuestra lengua de exultación.

Entonces dijeron entre los gentiles:

“Es grande lo que Yahvé ha hecho por ellos.”

3 [5497] Sí, Yahvé ha obrado con magnificencia

en favor nuestro;

por eso nos llenamos de gozo.

4 [5498] Oh Yahvé, cambia nuestro destino

como los torrentes en el Négueb.

5 Los que siembran con lágrimas

segaran con júbilo.

6 [5499] Yendo, iban llorosos,

llevando la semilla para la siembra;

volviendo, vendrán con exultación,

trayendo sus gavillas.

Volver al Indice

Salmo 126 (127)

El esfuerzo humano y el regalo divino

1 [5500] Cántico gradual. De Salomón.

Si Yahvé no edifica la casa,

en vano trabajan los que la construyen.

Si Yahvé no guarda la ciudad,

el centinela se desvela en vano.

2 [5501] Vano es que os levantéis antes del alba,

que os recojáis tarde a descansar,

que comáis pan de dolores;

porque Él regala a sus amigos

(aun) durante el sueño.

3 [5502] Vedlo: don de Yahvé son los hijos,

el fruto del seno es un regalo.

4 Como flechas en manos del guerrero,

así son los hijos de la juventud.

5 Dichoso el varón

que tiene su aljaba llena de ellos;

no será confundido cuando, en la puerta,

litigue con sus adversarios.

Volver al Indice

Salmo 127 (128)

El justo bendecido en su hogar

1 [5503] Cántico gradual.

Dichoso tú que temes a Yahvé,

que andas en sus caminos.

2 Pues comerás del trabajo de tus manos;

serás bendito, te irá bien:

3 tu esposa, parra fecunda

en el interior de tu casa;

tus hijos, retoños de olivo

alrededor de tu mesa.

4 Así será bendecido el hombre

que teme a Yahvé.

5 [5504] Te bendiga Yahvé desde Sión,

para que veas la prosperidad de Jerusalén

todos los días de tu vida;

6 para que veas a los hijos de tus hijos.

¡Paz sobre Israel!

Volver al Indice

Salmo 128 (129)

Contra los enemigos de Israel

1 [5505] Cántico gradual.

Mucho me han combatido

desde mi mocedad,

exclame ahora Israel;

2 [5506] mucho me combatieron desde mi mocedad,

mas no concluyeron conmigo.

3 Sobre mis espaldas araron los aradores;

abrieron largos surcos;

4 [5507] mas Yahvé, el Justo,

ha cortado las coyundas de los impíos.

5 [5508] Retrocedan confundidos cuantos odian a Sión.

6 [5509] Sean como la hierba de los tejados,

que se seca antes de crecer.

7 No llena de ella su mano el segador,

ni su regazo el que hace gavillas.

8 [5510] No dicen los transeúntes:

“La bendición de Yahvé sea sobre vosotros.”

“Os bendecimos en el Nombre de Yahvé.”

Volver al Indice

Salmo 129 (130)

“De profundis”

1 [5511] Cántico gradual.

Desde lo más profundo clamo a Ti, Yahvé,

2 Señor, oye mi voz.

Estén tus oídos atentos al grito de mi súplica.

3 [5512] Si Tú recordaras las iniquidades, oh Yah,

Señor ¿quién quedaría en pie?

4 [5513] Mas en Ti esta el perdón de los pecados,

a fin de que se te venere.

5 [5514] Espero en Yahvé,

mi alma confía en su palabra.

Aguardando está

6 [5515] mi alma al Señor,

más que los centinelas el alba.

Más que los centinelas con la aurora

7 [5516] cuenta Israel con Yahvé,

porque en Yahvé está la misericordia,

y con Él copiosa redención.

8 Y Él mismo redimirá a Israel

de todas sus iniquidades.

Volver al Indice

Salmo 130 (131)

Infancia espiritual

1 [5517] Cántico gradual. De David.

Yahvé, mi corazón (ya) no se engríe

ni son altaneros mis ojos.

No ando tras de grandezas

ni en planes muy difíciles para mí;

2 [5518] lejos de eso, he hecho a mi alma

quieta y apaciguada

como un niño que se recuesta

sobre el pecho de su madre;

como ese niño, está mi alma en mí.

3 [5519] Oh Israel, espera en Yahvé,

desde ahora y para siempre.

Volver al Indice

Salmo 131 (132)

La promesa hecha a David

1 [5520] Cántico gradual.

Acuérdate, Yahvé, en favor de David,

de toda su solicitud;

2 cómo juró a Yahvé,

e hizo al Fuerte de Jacob este voto:

3 “No entraré yo a morar en mi casa,

ni subiré al estrado de mi lecho;

4 no concederé sueño a mis ojos

ni descanso a mis párpados,

5 hasta que halle un sitio para Yahvé,

una morada para el Fuerte de Jacob.”

6 [5521] He aquí que le oímos mencionar en Efrata,

encontrárnosle en los campos de Yáar.

7 Entrábamos en la morada,

para postrarnos

ante el escabel de sus pies.

8 [5522] Oh Yahvé, sube a tu mansión estable,

Tú y el Arca de tu majestad.

9 Revístanse de justicia tus sacerdotes

y tus santos rebosen de exultación.

10 [5523] Por amor de David tu siervo

no rechaces el rostro de tu ungido.

11 [5524] Yahvé juró a David

una firme promesa que no retractará:

“Vástago de tu raza pondré sobre tu trono.

12 [5525] Si tus hijos guardaren mi alianza,

y los mandamientos que Yo les enseñare,

también los hijos de ellos

se sentarán sobre tu trono perpetuamente.”

13 [5526] Porque Yahvé escogió a Sión;

la ha querido para morada suya:

14 [5527]

“Éste es mi reposo para siempre;

aquí habitaré porque la he elegido.

15 [5528] Colmaré su mesa de bendiciones,

saciaré de pan a sus pobres.

16 [5529] A sus sacerdotes los vestiré de salud,

y sus santos rebosarán de exultación.

17 [5530] Allí haré reflorecer el cuerno de David,

allí preparo una lámpara para mi ungido.

18 A sus enemigos vestiré de confusión;

mas sobre él refulgirá mi diadema.”

Volver al Indice

Salmo 132 (133)

El rebaño reunido

1 [5531] Cántico gradual. De David.

¡Mirad cuan bueno es y cuan deleitoso

para los hermanos el estar reunidos!

2 [5532] Es como el precioso ungüento

sobre la cabeza,

que desciende a la barba,

la barba de Aarón,

y que baja hasta la orla de su vestido.

3 [5533] Es como el rocío del Hermón,

que desciende sobre el monte Sión.

Porque allí Yahvé derrama bendición,

vida para siempre.

Volver al Indice

Salmo 133 (134)

Alabanza perpetua

1 [5534] Cántico gradual.

Ea, bendecid a Yahvé,

todos los siervos de Yahvé,

los que estáis en la casa de Yahvé,

en las horas de la noche.

2 Alzad vuestras manos

hacia el Santuario,

y bendecid a Yahvé.

3 Desde Sión te bendiga Yahvé,

el que hizo el cielo y la tierra.

Volver al Indice

Salmo 134 (135)

Alabanza de Israel a su Dios

1 [5535] ¡HalIelú Yah!

Alabad el Nombre de Yahvé;

alabadle vosotros, ciervos de Yahvé,

2 los que estáis en la casa de Yahvé,

en los atrios del Templo de nuestro Dios.

3 Alabad a Yah

porque es un Señor bueno;

cantad salmos a su Nombre,

porque es suave.

4 Porque Yah se eligió a Jacob,

a Israel como su bien propio.

5 Porque yo sé esto:

que Yahvé es grande,

y que nuestro Señor es más

que todas las divinidades.

6 [5536] Todo d o cuanto Yahvé quiere lo hace

en el cielo y en la tierra,

en el mar y en todos los abismos.

7 [5537] Él trae las nubes

desde el extremo de la tierra,

hace la lluvia con los relámpagos,

saca los vientos de sus depósitos.

8 [5538] Él hirió a los primogénitos de Egipto,

desde el hombre hasta el ganado.

9 [5539] Envió signos y prodigios

a ti, oh Egipto.

contra Faraón y contra todos sus vasallos.

10 [5540] Hirió a muchas naciones,

y mató a reyes poderosos:

11 [5541] a Sehón, rey de los amorreos;

y a Og, rey de Basan,

y a todos los reyes de Canaán.

12 Y dio en herencia la tierra de ellos,

en herencia a Israel, su pueblo.

13 [5542] Yahvé es tu Nombre para siempre;

Yahvé, tu memorial

de generación en generación;

14 pues Yahvé protege a su pueblo

y tiene compasión de sus siervos.

15 [5543] Los ídolos de los gentiles son plata y oro,

hechuras de manos de hombre:

16 tienen boca y no hablan;

tienen ojos y no ven;

17 tienen orejas y no oyen,

y no hay aliento en su boca.

18 [5544] Semejantes a ellos son quienes los hacen,

quienquiera confía en ellos.

19 [5545] Casa de Israel, bendecid a Yahvé;

casa de Aarón, bendecid a Yahvé.

20 Casa de Leví, bendecid a Yahvé,

los que adoráis a Yahvé, bendecid a Yahvé.

21 [5546] Bendito sea Yahvé desde Sión,

el que mora en Jerusalén.

Volver al Indice

Salmo 135 (136)

Letanía de la misericordia

1 [5547] ¡Hallelú Yah!

Alabad a Yahvé porque es bueno,

porque su misericordia es para siempre.

2 Alabad al Dios de los dioses,

porque su misericordia es para siempre.

3 Alabad al Señor de los señores,

porque su misericordia es para siempre.

4 Al que, solo, obra grandes maravillas,

porque su misericordia es para siempre.

5 Al que creó los cielos con sabiduría,

porque su misericordia es para siempre.

6 Al que afirmó la tierra sobre las aguas,

porque su misericordia es para siempre.

7 Al que hizo los grandes luminares,

porque su misericordia es para siempre;

8 el sol para presidir el día,

porque su misericordia es para siempre;

9 [5548] la luna y las estrellas para presidir la noche,

porque su misericordia es para siempre.

10 Al que hirió a los egipcios

en sus primogénitos,

porque su misericordia es para siempre,

11 y sacó a Israel de en medio de ellos,

porque su misericordia es para siempre;

12 con mano fuerte y brazo extendido,

porque su misericordia es para siempre.

13 Al que partió en dos el Mar Rojo,

porque su misericordia es para siempre;

14 y llevó a Israel a cruzarlo en el medio,

porque su misericordia es para siempre;

15 y precipitó a Faraón y su ejército

en el Mar Rojo,

porque su misericordia es para siempre.

16 Al que guio a su pueblo por el desierto,

porque su misericordia es para siempre.

17 Al que destrozó a grandes reyes,

porque su misericordia es para siempre;

18 y mató a reyes poderosos,

porque su misericordia es para siempre;

19 a Sehón, rey de los amorreos,

porque su misericordia es para siempre;

20 y a Og, rey de Basan,

porque su misericordia es para siempre;

21 [5549] y dio en herencia su tierra,

porque su misericordia es para siempre;

22 en herencia a Israel, su siervo,

porque su misericordia es para siempre.

23 Al que en nuestro abatimiento

se acordó de nosotros,

porque su misericordia es para siempre;

24 y nos libró de nuestros enemigos,

porque su misericordia es para siempre.

25 Al que alimenta a toda carne,

porque su misericordia es para siempre.

26 Alabad al Dios del cielo,

porque su misericordia es para siempre.

Volver al Indice

Salmo 136 (137)

Imprecación contra Babilonia

1 [5550] Junto a los ríos de Babilonia,

allí nos sentábamos y llorábamos,

acordándonos de Sión.

2 En los sauces de aquella tierra

colgábamos nuestras cítaras;

3 [5551] porque allí nuestros raptores

nos pedían cánticos,

y nuestros atormentadores alegría:

“Cantadnos de los cantares de Sión.”

4 [5552] ¿Cómo cantar un cántico de Yahvé

en tierra extraña?

5 Si yo te olvido, oh Jerusalén,

olvídese de sí mi diestra.

6 Péguese mi lengua a mi paladar,

si no me acordare de ti;

si no pusiese a Jerusalén

por encima de toda alegría.

7 [5553] Acuérdate, Yahvé,

contra los hijos de Edom,

del día de Jerusalén.

Ellos decían: “¡Arrasad,

arrasadla hasta los cimientos!”

8 [5554] Hija de Babilonia, la devastada:

dichoso aquel que ha de pagarte

el precio de lo que nos hiciste.

9 ¡Dichoso el que tomará tus pequeñuelos

y los estrellará contra la peña!

Volver al Indice

Salmo 137 (138)

La alabanza de los reyes

1 [5555] De David.

Quiero celebrarte, Yahvé,

con todo mi corazón,

porque oíste las palabras de mi boca;

quiero cantarte delante de los reyes.

2 [5556] Me postraré ante tu santo Templo,

y alabaré tu Nombre

por tu misericordia y tu fidelidad;

porque has engrandecido tu Palabra

sobre todas las cosas.

3 [5557] El día en que (te) invoqué Tú me oíste

y multiplicaste la fuerza en mi alma.

4 [5558] Te alabarán, Yahvé,

todos los reyes de la tierra

cuando hayan oído los oráculos de tu boca;

5 [5559] y cantarán los caminos de Yahvé:

“Grande es ciertamente la gloria de Yahvé.

6 Sí, Yahvé, siendo excelso,

pone los ojos en el humilde

y mira como lejos de sí al soberbio.”

7 Cuando camino en medio de la tribulación,

Tú conservas mi vida;

tiendes tu mano

contra la ira de mis enemigos,

y tu diestra me salva.

8 [5560] Yahvé acabará para mí lo que ha comenzado.

Yahvé, tu misericordia

permanece eternamente;

no abandones la obra de tus manos.

Volver al Indice

Salmo 138 (139)

Himno a la omnisciencia divina

1 [5561] Al maestro de coro. Salmo de David.

Yahvé, Tú me penetras y me conoces.

2 Sabes cuando me siento

y cuando me levanto;

de lejos disciernes mis pensamientos.

3 Si ando y si descanso Tú lo percibes,

y todos mis caminos te son familiares.

4 [5562] No está todavía en mi lengua la palabra,

y Tú, Yahvé, ya la sabes toda.

5 Tú me rodeas por detrás y por delante,

y pones tu mano sobre mí.

6 [5563] Maravillosa sobremanera

es para mí tal ciencia,

demasiado sublime,

superior a mi alcance.

7 [5564] ¿Adónde iré que me sustraiga a tu espíritu.

adonde huiré de tu rostro?

8 [5565] Si subiere al cielo, allí estás Tú;

si bajare al abismo, Tú estás presente.

9 [5566] Si tomare las alas de la aurora,

y me posare en el extremo del mar,

10 también allí me conducirá tu mano,

y me tendrá asido tu diestra.

11 [5567] Si dijera:

“Al menos las tinieblas me esconderán”,

y a modo de luz me envolviese la noche.

12 las mismas tinieblas

no serían oscuras para Ti,

y la noche resplandecería como el día,

la oscuridad como la luz.

13 [5568] Tú formaste mis entrañas;

me tejiste en el seno de mi madre.

14 Te alabo

porque te has mostrado maravilloso,

porque tus obras son admirables;

largamente conoces mi alma,

15 y mi cuerpo no se te ocultaba,

aunque lo plasmabas en la oscuridad,

tejiéndolo bajo la tierra.

16 [5569] Tus ojos veían ya mis actos,

y todos están escritos en tu libro;

los días (míos) estaban determinados

antes de que ninguno de ellos fuese.

17 [5570] Oh Dios ¡cuán difíciles de comprender

tus designios!

¡Cuán ingente es su número!

18 [5571] Si quisiera contarlos,

son más que las arenas;

si llegara al fin,

mi duración sería como la tuya.

19 [5572] ¡Oh, si quitaras la vida,

oh Dios, al impío,

y se apartasen de mí

los hombres perversos!

20 Porque con disimulo

se rebelan contra Ti;

siendo tus enemigos,

asumen tu Nombre en vano.

21 [5573] ¿Acaso no debo odiar, Yahvé,

a los que te odian,

y aborrecer a los que contra Ti se enaltecen?

22 Los odio con odio total;

se han hecho mis propios enemigos.

23 [5574] Escudríñame, oh Dios, y explora mi corazón,

examíname y observa mi intimidad;

24 [5575] mira si ando por el falso camino,

y condúceme por la senda antigua.

Volver al Indice

Salmo 139 (140)

Oración contra los lazos de la perfidia

1 [5576] Al maestro de coro. Salmo de David.

2 Líbrame, Yahvé, del hombre malo;

defiéndeme del hombre violento,

3 de esos que en su corazón

maquinan cosas perversas,

que provocan contiendas cada día;

4 [5577] afilan su lengua como la serpiente,

tienen veneno de áspid bajo sus labios.

5 [5578] Sálvame, Yahvé, de las manos del inicuo,

guárdame del impío,

de los que intentan hacerme caer.

6 Los soberbios me esconden lazos,

y tienen mallas como red;

me colocan trampas junto al camino.

7 [5579] Yo digo a Yahvé: Tú eres mi Dios;

escucha, Yahvé, la voz de mi súplica.

8 Señor Yahvé, poderoso auxilio mío,

Tú cubres mi cabeza

en el día de la batalla.

9 No satisfagas, Yahvé, los deseos del inicuo,

ni cumplas sus designios.

10 [5580] No levanten cabeza los que me asedian;

caiga sobre ellos la malicia de sus lenguas.

11 [5581] Lluevan sobre ellos carbones encendidos,

precipítalos en abismos,

para no levantarse más.

12 El hombre de mala lengua

no durará en la tierra;

los infortunios caerán de golpe

sobre el violento.

13 [5582] Sé que Yahvé tomará la defensa del desvalido,

hará justicia a los pobres.

14 Ciertamente los justos celebrarán tu Nombre;

los rectos habitarán en tu presencia.

Volver al Indice

Salmo 140 (141)

Oración del justo paciente

1 [5583] Salmo de David.

Te he invocado, Yahvé,

socórreme pronto;

escucha mi voz cuando te llamo.

2 [5584] Como el incienso,

suba hacia Ti mi oración;

sea la elevación de mis manos

el sacrificio vespertino.

3 [5585] Pon, Yahvé, una guardia ante mi boca,

un cerrojo en la puerta de mis labios.

4 [5586] No dejes inclinar mi corazón a lo malo,

para consumar acciones impías

con hombres que obran la iniquidad;

ni me dejes tener parte en sus delicias.

5 [5587] Golpéeme el justo y me corrija:

esto es amor;

mas nunca el óleo del pecador

unja mi cabeza,

y aun se elevará mi oración

en sus prosperidades.

6 [5588] Fueron precipitados sus príncipes

junto a la roca,

y habían oído

cuan suaves eran mis palabras.

7 Como la tierra

que se trabaja rompiéndola,

mis huesos han sido dislocados,

y la tumba se ha abierto.

8 Mas a Ti, Señor Yahvé,

se dirigen mis ojos;

a Ti recurro,

no derrames mi vida.

9 Guárdame del lazo

que me han tendido

y de las emboscadas

de los malhechores.

10 Caigan juntos los impíos

en sus propias redes

al mismo tiempo que yo me salvare.

Volver al Indice

Salmo 141 (142)

Oración del abandonado

1 [5589] Maskil. De David. Cuando estaba en la cueva. Oración.

2 Con (toda) mi voz clamo hacia Yahvé,

a Yahvé imploro con (toda) mi voz.

3 [5590] En su presencia derramo mi ansiedad;

ante Él expongo mi angustia.

4 [5591] Pues cuando en mí el espíritu

está por desfallecer,

eres Tú quien conoces mi rumbo.

En el camino por donde voy

me han escondido un lazo.

5 [5592] Miro hacia mi derecha, buscando,

y no veo a nadie que me reconozca;

no hay adonde huir,

ni quien mire por mi vida.

6 A Ti, pues, clamo, Yahvé, diciendo:

“Mi refugio eres Tú,

herencia mía en la tierra de los vivientes.”

7 Atiende a mi clamor,

porque he caído en extrema desventura.

Sálvame de los que me persiguen,

porque son más fuertes que yo.

8 [5593] Sácame de esta cárcel,

para que dé gracias a tu Nombre.

Conmigo serán coronados los justos

cuando Tú me hayas favorecido.

Volver al Indice

Salmo 142 (143)

Para saber qué camino seguir

1 [5594] Salmo de David.

Yahvé, escucha mi oración,

presta oído a mi súplica según tu fidelidad;

óyeme por tu justicia,

2 [5595] y no entres en juicio con tu siervo,

porque ningún viviente

es justo delante de Ti.

3 El enemigo persigue mi alma,

ha postrado en tierra mi vida;

me ha encerrado en las tinieblas,

como los ya difuntos.

4 El espíritu ha desfallecido en mí,

y mi corazón está helado en mi pecho.

5 [5596] Me acuerdo de los días antiguos,

medito en todas tus obras,

contemplo las hazañas de tus manos,

6 [5597] y extiendo hacia Ti las mías:

como tierra falta de agua,

mi alma tiene sed de Ti.

7 [5598] Escúchame pronto, Yahvé,

porque mi espíritu languidece.

No quieras esconder de mí tu rostro:

sería yo como los que bajaron a la tumba.

8 [5599] Hazme sentir al punto tu misericordia,

pues en Ti coloco mi confianza.

Muéstrame el camino que debo seguir,

ya que hacia Ti levanto mi alma.

9 Líbrame de mis enemigos, Yahvé;

a Ti me entrego.

10 [5600] Enséñame a hacer tu voluntad,

porque Tú eres mi Dios.

Tu Espíritu es bueno;

guíame, pues, por camino llano.

11 Por tu Nombre, Yahvé, guarda mi vida;

por tu clemencia

saca mi alma de la angustia.

12 [5601] Y por tu gracia acaba con mis enemigos,

y disipa a cuantos atribulan mi alma,

porque soy siervo tuyo.

Volver al Indice

Salmo 143 (144)

Cántico de victoria

1 [5602] De David.

Bendito sea Yahvé, mi piedra;

Él adiestra mis manos para la pelea,

mis dedos para la guerra;

2 [5603] Él es mi alcázar y mi libertador,

el broquel con que me cubro;

Él es quien me somete los pueblos.

3 [5604] Yahvé ¿qué es el hombre

para que de él te ocupes,

el hijo de hombre para que pienses en él?

4 El hombre es semejante al soplo del viento;

sus días, como sombra que pasa.

5 [5605] Oh Yahvé, inclina tus cielos y desciende;

toca los montes y humearán.

6 Arroja tu rayo y dispérsalos.

asesta tus flechas y desconciértalos.

7 [5606] Extiende tu mano desde lo alto y arrebátame

sálvame de las muchas aguas,

del poder de gente extranjera,

8 que con la boca habla mentiras,

y con la diestra jura en falso.

9 [5607] Quiero cantarte, oh Dios, un cántico nuevo,

con el salterio de diez cuerdas te cantaré:

10 [5608] “El que da la victoria a los reyes,

que salvó a David, su siervo,

de la fatal espada,

11 me ha salvado y me ha librado

de la mano de gente extranjera,

que con la boca habla mentiras

y con la diestra jura en falso.

12 [5609] Nuestros hijos son como plantas

que crecen en la flor de su edad;

nuestras hijas, como columnas de ángulo,

talladas para adorno de un palacio.

13 Nuestros graneros están llenos,

rebosantes de toda clase de frutos.

Nuestras ovejas, mil veces fecundas,

se multiplican a miríadas

en nuestros campos;

14 nuestros bueyes son robustos.

No hay brechas ni salidas

en nuestros muros

ni llanto en nuestras plazas.”

15 [5610] Dichoso el pueblo que tanto tiene;

dichoso el pueblo cuyo Dios es Yahvé.

Volver al Indice

Salmo 144 (145)

Bondad y majestad del Dios Rey

1 [5611] Alabanza. De David.

A Ti, mi Dios Rey, ensalzaré,

y por los siglos de los siglos

bendeciré tu Nombre.

2 Te bendeciré cada día;

y alabaré tu Nombre

por los siglos de los siglos.

3 [5612] Grande es Yahvé

y digno de suma alabanza;

su grandeza es insondable.

4 Una generación anuncia a la otra tus obras,

y proclama tu poder.

5 Hablan de la magnífica gloria

de tu Majestad,

y divulgan tus maravillas.

6 Cuentan el poderío terrible de tus hechos,

y publican tus grandezas.

7 Rememoran el elogio de tu inmensa bondad,

y se gozan de tu justicia (diciendo):

8 [5613]

“Yahvé es benigno y misericordioso,

magnánimo y grande en clemencia.

9 Yahvé es bueno con todos,

y su misericordia se derrama

sobre todas sus creaturas.”

10 [5614] Todas tus obras te alabarán, Yahvé,

y tus santos te bendecirán.

11 [5615] Publicarán la gloria de tu reino,

y pregonarán tu potestad,

12 haciendo conocer a los hijos de los hombres

tu poder

y el magnífico esplendor de tu reino:

13 [5616] Tu reino es reino de todos los siglos;

y tu imperio, de generación en generación.

Yahvé es digno de confianza

en todas sus palabras,

y benévolo en todas sus obras.

14 [5617] Yahvé sostiene a todos los que caen,

y levanta a todos los agobiados.

15 [5618] Los ojos de todos te miran esperando,

y Tú les das a su tiempo el alimento.

16 Tú abres la mano

y hartas de bondad a todo viviente.

17 [5619] Yahvé es justo en todos sus caminos,

y santo en todas sus obras.

18 [5620] Yahvé cerca está de cuantos le invocan,

de todos los que le invocan de veras.

19 [5621] Él hace la voluntad de los que le temen,

oye su clamor y los salva.

20 [5622] Yahvé conserva a todos los que le aman,

y extermina a todos los impíos.

21 Mi boca dirá la alabanza de Yahvé;

y toda carne bendecirá su santo Nombre

por los siglos de los siglos.

Volver al Indice

Salmo 145 (146)

Confiar en Dios y no en los hombres

1 [5623] ¡HalIelú Yah!

Alaba a Yahvé, alma mía.

2 [5624] Toda mi vida alabaré a Yahvé;

cantaré salmos a mi Dios

mientras yo viva.

3 [5625] No pongáis vuestra confianza

en los príncipes,

en un hijo de hombre,

que no puede salvar.

4 [5626] Apenas el soplo le abandona,

él vuelve a su polvo,

y entonces se acaban todos sus designios.

5 Dichoso en cambio

quien tiene en su ayuda al Dios de Jacob,

y pone su esperanza en Yahvé, su Dios,

6 [5627] Creador del cielo y de la tierra,

del mar y de cuanto contienen,

Él conserva siempre su fidelidad;

7 hace justicia a los oprimidos,

y da pan a los hambrientos.

Es Yahvé quien desata a los cautivos;

8 es Yahvé quien abre los ojos de los ciegos;

Yahvé levanta a los agobiados;

Yahvé ama a los justos;

9 Yahvé cuida de los peregrinos;

sustenta al huérfano y a la viuda,

y trastorna los caminos de los malvados.

10 [5628] Reinará Yahvé para siempre,

el Dios tuyo, oh Sión, de edad en edad.

¡HalIelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 146 (147, 1-11)

Dios bendice al que cree en su bondad

1 [5629] ¡Hallelú Yah!

Alabad a Yahvé porque es bueno;

salmodiad al Dios nuestro

porque es amable;

bien le está a Él la alabanza.

2 [5630] Es Yahvé quien reconstruye a Jerusalén,

y congrega a los dispersos de Israel;

3 [5631] Él quien sana a los de corazón llagado,

y venda sus heridas;

4 Él quien fija el número de las estrellas,

y a cada una llama por su nombre.

5 [5632] Grande es nuestro Señor,

poderoso en fuerza;

y su sabiduría no tiene medida.

6 Yahvé levanta a los humildes,

y abaja hasta la tierra a los impíos.

7 Ensalzad a Yahvé con acciones de gracias,

cantad al son de la cítara

salmos a nuestro Dios,

8 que cubre el cielo de nubes,

y prepara la lluvia para la tierra;

que en los montes hace brotar hierba,

y plantas para servir al hombre;

9 [5633] que da su alimento a los ganados,

y a las crías de los cuervos que pían.

10 [5634] Él no se deleita en el vigor del caballo,

ni le agradan los músculos del hombre.

11 [5635] La complacencia de Yahvé

está en los que le temen,

los que se fían en su bondad.

Volver al Indice

Salmo 147

Cántico de la nueva Jerusalén

1 [5636] Da gloria a Yahvé, oh Jerusalén;

alaba, oh Sión, a tu Dios.

2 [5637] Porque Él ha asegurado

los cerrojos de tus puertas;

ha bendecido tus hijos dentro de ti.

3 [5638] Él ha puesto paz en tus fronteras,

y te alimenta de la flor del trigo.

4 [5639] Él manda sus órdenes a la tierra;

su palabra corre veloz.

5 Él derrama la nieve como copos de lana;

esparce como ceniza la escarcha.

6 Él echa su hielo como bocados de pan;

¿quién resistiría su frío?

7 [5640] Él envía su palabra

y los derrite;

hace soplar el viento,

y las aguas corren.

8 [5641] Él dio a conocer su palabra a Jacob;

sus estatutos y sus mandatos a Israel.

9 [5642] No hizo tal con ninguno de los otros pueblos;

a ellos no les manifestó sus disposiciones.

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 148

Aleluya de las creaturas

1 [5643] ¡Hallelú Yah!

Alabad a Yahvé desde los cielos,

alabadlo en las alturas.

2 [5644] Ángeles suyos, alabadlo todos;

alabadle todos, ejércitos suyos.

3 Alabadle, sol y luna;

lucientes astros, alabadle todos.

4 [5645] Alabadle, cielos de los cielos

y aguas que estáis sobre los cielos:

5 [5646] alaben el Nombre de Yahvé,

porque Él lo mandó, y fueron creados.

6 [5647] Él los estableció

para siempre y por los siglos;

dio un decreto que no será transgredido.

7 [5648] Alabad a Yahvé desde la tierra,

monstruos marinos y todos los abismos;

8 fuego y granizo, nieve y nieblas,

vientos tempestuosos,

que ejecutáis sus órdenes;

9 montes y collados todos,

árboles frutales y todos los cedros;

10 bestias salvajes y todos los ganados,

reptiles y volátiles;

11 [5649] reyes de la tierra y pueblos todos,

príncipes y jueces todos de la tierra;

12 los jóvenes y también las doncellas,

los ancianos junto con los niños.

13 [5650] Alaben el Nombre de Yahvé,

porque sólo su Nombre

es digno de alabanza;

su majestad domina la tierra y los cielos.

14 [5651] Él ha encumbrado

el cuerno de su pueblo.

Para Él es la alabanza de todos sus santos,

los hijos de Israel,

el pueblo familiar suyo.

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 149

El cántico nuevo

1 [5652] ¡Hallelú Yah!

Cantad a Yahvé el cántico nuevo;

resuenen sus alabanzas

en la reunión de los santos.

2 [5653] Alégrese Israel en su Hacedor,

y los hijos de Sión regocíjense en su Rey.

3 Alaben su Nombre entre danzas;

cántenle al son del tímpano y de la cítara.

4 [5654] Porque Yahvé se deleita en su pueblo;

y ha adornado con el triunfo

a los humildes.

5 [5655] Salten de alegría los santos por tal gloria,

griten de júbilo desde sus triclinios.

6 En su boca vibra el elogio de Dios,

y en sus manos espadas de dos filos,

7 [5656] para tomar venganza de las naciones,

y castigar a los gentiles;

8 [5657] para atar a sus reyes con grillos,

y a sus magnates con esposas de hierro;

9 [5658] para ejecutar en ellos la sentencia escrita.

Gloria es ésta para todos sus santos.

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Salmo 150

Sinfonía de alabanzas

1 [5659] ¡Hallelú Yah!

Alabad al Señor en su Santuario,

alabadlo en la sede de su majestad.

2 [5660] Alabadlo por las obras de su poder,

alabadlo según su inmensa grandeza.

3 [5661] Alabadlo al son de trompeta,

alabadlo con salterio y cítara.

4 Alabadlo con tamboril y danza,

alabadlo con cuerdas y flautas.

5 [5662] Alabadlo con címbalos sonoros,

alabadlo con címbalos que atruenen.

6 [5663] ¡Todo lo que respira alabe al Señor!

¡Hallelú Yah!

Volver al Indice

Comentarios de Mons. Straubinger

Sponte sua carmen numeros veniebat ad aptos et, quod tentabam dicere, versus erat. (Ovidio, Elegía X.)

* 1 ss. San Jerónimo llama a este primer Salmo “el prólogo del Espíritu Santo al Libro de los Salmos”, porque aquí se traza el camino que conduce a la felicidad. Esta consiste en seguir las normas que para ello nos da Dios (véase Salmo 24, 8 y nota). “No es quizá sin intención que el libro comienza por esta palabra: Dichoso. Todo el Salterio describirá la dicha verdadera e indicará los caminos que llevan a ella o de ella nos apartan” (Desnoyers). Véase todo el Salmo 118 y sus notas. Los que no siguen la enseñanza del Señor no participarán de esta felicidad. Entre los burladores: En II Pedro 3, 3, el Apóstol, como observa Pirot, señala a estos mismos burladores a propósito de la Parusía del Señor (cf. versículo 5) e indica como remedio contra ellos, lo mismo que aquí (versículo 2) el pensamiento siempre puesto en las palabras de los profetas y de los apóstoles (II Pedro 3, 2).

* 3. Véase Jeremías 17, 8. Nótese la maravillosa promesa que esto encierra. Al que se siente incapaz de dar fruto, Dios le asegura aquí la fecundidad con una sola condición: meditar constantemente las divinas palabras, las cuales son más dulces que la miel (Salmo 118, 103) y nos capacitan para toda obra buena (II Timoteo 3, 16-17).

* 4. Como paja: literalmente, la cascarilla ligera del trigo: “cuando el buen grano sea separado de la pajuela. Cf. Mateo 3, 12” (Fillion).

* 5. No estarán en pie: La Vulgata dice: no resurgirán. Los LXX: no resucitarán. Muchos intérpretes refieren esto al día del juicio, el gran día de Yahvé, “cuando se hará el discernimiento definitivo”. (Cf. Lucas 20, 35; 21, 36; I Corintios 15, 20 ss.; Sabiduría 5, 1; Efesios 6, 13; I Tesalonicenses 4, 15 ss. Ni los pecadores, etc. La separación de los buenos y de los malos no tendrá lugar hasta el juicio, “en que aparecerá incontestado el reinado de Cristo sobre la tierra” (Bover-Cantera). El P. Ubach observa que la reunión de los justos también podría “aludir a la asamblea de los tiempos mesiánicos (Isaías 65, 8, 25; Malaquías 3, 11, 12 17 y 18), en la cual los israelitas piadosos, reunidos en Palestina, habrán de servir a Yahvé fielmente y ser colmados de sus bendiciones”.

* 6. Camino: “En sentido metafórico se llama «camino» la conducta o modo de proceder de los hombres. Dios conoce o atiende con especial benevolencia y providencia al camino que siguen los justos, mientras la conducta de los impíos lleva a éstos a la ruina” (Prado).

* 1. El Salmo segundo, correlativo del Salmo 109, aunque carece de epígrafe, ha de atribuirse como éste al Rey Profeta, pues los apóstoles lo citan como vaticinio hecho “por boca de David” (Hechos 4, 25) y así lo ha declarado la Comisión Bíblica (Denz. 2133). Algunos autores se inclinaban a atribuirle una fecha más reciente que la de David, “a causa de la doctrina mesiánica y escatológica muy desarrollada y sumamente precisa”, lo cual lo hace más admirable aún. En efecto, “la aplicación de este Salmo al Mesías es atestiguada, para los judíos, por el Targum, y para los cristianos por Hechos 4, 25 s.; 13, 33; Hebreos 1, 5; 5, 5; Apocalipsis 2, 27; 19, 15 y la tradición unánime de los intérpretes. Contestar el valor de este Salmo mesiánico sería desconocer la muy antigua realidad histórica de la esperanza del Mesías entre los Hebreos” (Desnoyers). Véase también Romanos 1, 4; Apocalipsis 12, 5. Lagrange lo llama “el Salmo mesiánico por excelencia”.

* 2. Se confabulan los príncipes: Gramática concuerda este pasaje con Apocalipsis 19, 19. Su Ungido: palabra que dio lugar en hebreo a “Mesías” y en griego a “Cristo” (Jristós). Aquí se refiere, por encima de David -quien como rey era también ungido- al “Ungido” por excelencia, Cristo Jesús. Muchos siglos antes de Él se anuncia en este “oráculo profético” la conjuración que si bien se inició en Israel contra el cetro de Jesús (Lucas 1, 32 s.; Juan 19, 15 s.; cf. Mateo 11, 12; Lucas 16,16; 19, 14), ha continuado desde entonces contra sus discípulos, y sólo en los últimos tiempos -a los cuales parece estar próximo el mundo de hoy- asumirá plenamente la forma aquí anunciada: la apostasía de las naciones (cf. Salmo 47, 5; Ezequiel 38 y 39; Lucas 18, 8; II Tesalonicenses 2, 3 ss. y notas) en vísperas del triunfo definitivo del divino Rey que al final de este Salmo nos promete.

* 3. Denuncia el pensamiento de los enemigos que se estimulan unos a otros con palabras jactanciosas. Cf. Jeremías 2, 20; 5, 5; Mateo 12, 14; Lucas 19, 14; Juan 11, 47 ss. y especialmente Hechos de los Apóstoles 4, 25-28, donde se mencionan en el complot, junto a Israel, a Herodes (idumeo) y a Pilatos (romano).

* 5. “Los versículos 5 y 12 se refieren al gran día de Yahvé tan frecuentemente anunciado por los profetas y que revela en su lejano misterio la primera y la segunda venida del Mesías, más o menos confundidas en una misma perspectiva” (Calès). Cf. S 117, 24 y nota.

* 6. Llegado el momento previsto en el Salmo 109, 2 ss. el Padre lanzará este anuncio como un “quos ego” y en respuesta a la rebeldía de los poderosos. Cf. Salmo 44, 5 ss.; 71, 2, etc. Según los LXX y la Vulgata, que algunos prefieren aquí al Texto Masorético, es el mismo Mesías quien habla aquí −y quizá en todo el Salmo− anunciando a su favor el “decreto divino” que detallará en versículos 7-9.

* 7. El Mesías publica el Decreto paterno. Lagrange ve en él “la nueva era de inocencia y de justicia en Jerusalén, estándole sujetas las naciones extranjeras”. Calès ve lo mismo “implícitamente o por modo de consecuencia” (Cf. Hebreos 1, 5; 5, 5 y notas). Yo mismo te he engendrado en este día. Desmoyers observa que “las palabras en este día parecen mostrar que el Salmo se refiere, en sentido literal, a un rey que el día de su entronización es hecho hijo de Yahvé”. En realidad se trata del día que el Padre sienta a su diestra al Mesías resucitado (Salmo 109, 1 ss.; Romanos 1, 4; Hebreos 1, 5; 5, 5 y notas). Igual aplicación hace Le Hir, y Bossuet expresa que esta glorificación como Hijo de Dios otorgada al Mesías es “una consecuencia natural y como una extensión de su generación eterna” (sobre ésta véase Salmos 92, 2; 109, 3 y notas). Es en efecto lo que Jesús esperaba del Padre al pedirle para su Humanidad Santísima “aquella gloria que en Ti mismo tuve antes que el mundo existiese” (Juan 17, 5). Maravilloso don que Él quiere también para nosotros (Juan 17, 22 s.) y que disfruta ya como Sacerdote para siempre (Salmo 109, 4) esperando que el Padre le ponga sus enemigos a sus pies (versículo 9; cf. Marcos 16, 11; Hebreos 10, 13). Sobre esta filiación divina del Mesías glorificado, cf. Salmo 88, 27.

* 9. Cf. Salmos 44, 5-7; 109, 2 y 5 s.; Hebreos 1, 8; Apocalipsis 2, 27; 12, 5; 19, 5; Daniel (capítulo 2) expresa este mismo triunfo de Cristo sobre sus enemigos, en la célebre profecía de la estatua quebrantada por la piedra. Isaías (63, 1-6) lo expresa en la alegoría del lagar en el que la sangre de los enemigos salpica los vestidos del Vencedor, repetida en Apocalipsis 19, 5. Cf. también Isaías 11, 4 y 61, 1-2, citado por el mismo Jesús en Lucas 4, 18-19.

* 10 ss. Vuelve a hablar el profeta, o quizás continúa el Mesías según glosa San Agustín diciendo: “Aquí me veis levantado por Rey de Sión, y no os apesadumbre, oh reyes de la tierra. Esforzaos más bien por comprender lo que es vuestra realeza y elevad vuestras mentes. Es vuestra gloria el ser dóciles y sumisos a Aquel que os da el poder y la inteligencia y el saber perfecto.” Besad sus pies (así también Bover-Cantera, Nácar-Colunga, Vaccari, Ubach, Calès, Rembold y otros). Es un acto de sumisión y de temeroso respeto. “Este homenaje, usado antiguamente en Babilonia, en Asiria, en Egipto, lo es todavía en el cercano Oriente y en la corte pontificia” (Desnoyers). Otros vierten: Besad al Hijo (Crampon), o simplemente: rendidle homenaje.

* 1. Absalón, el hijo ingrato y rebelde, había colocado a David en las más penosas angustias de modo que el padre, abandonado, tuvo que huir de Jerusalén con un puñado de fieles (II Reyes capítulos 15-18).

* 4. Mi escudo: expresión grata a David (cf. Salmo 5, 13), el cual, perseguido y desamparado, cifra su única defensa en el Señor.

* 5. Santo monte: el monte Sión de Jerusalén (cf. Salmo 2, 6), donde David erigió un altar y un tabernáculo para el Arca de la Alianza, con un amor que Dios no había de olvidar (cf. Salmo 131; Ezequiel 45, 4 y notas; Hechos 15, 16). Su hijo Salomón levantó allí el primer templo.

* 9. El santo rey perdona a su pueblo infiel e implora sobre él la bendición de Dios. Hermoso ejemplo de amor a los enemigos en el Antiguo Testamento (cf. Salmo 7, 5 y nota; Mateo 5, 43 y nota).

* 1. Todo el Salmo respira paz y confianza en Dios, por ello la Iglesia lo incorporó al Oficio de Completas que se reza todas las noches. El título en la Vulgata dice “Para el fin” y según San Jerónimo: “al vencedor”.

* 3. Hijos de hombres: designa en el lenguaje de la Sagrada Escritura frecuentemente a los ricos y poderosos; aquí a los rebeldes que se han levantado contra David.

* 4. Al santo suyo: o sea su fiel David. Nótese el amor con que el santo rey atribuye todos los méritos a Dios. Figura en esto a Jesucristo, que todo lo atribuye al Padre (cf. Juan 3, 16; 6, 32; 11, 42; 12, 49-50; 14, 13; 15, 8; 17, 1 ss. etc.) Por eso se dice que Dios es admirable en sus santos (Salmo 67, 36), pues nada pudieron tener éstos que no lo recibieran de Él. Cf. Salmo 20, 6 y nota. “De donde clarísimamente se debe creer que aquella tan grande y admirable fe del ladrón a quien Dios llamó a la patria del paraíso (Lucas 23, 43), del centurión Cornelio, a quien fue enviado el ángel del Señor (Hechos 10, 3), y de Zaqueo, que llegó a recibir al mismo Señor (Lucas 19, 6), no fue don de la naturaleza sino de la generosidad de Dios” (Denz. 200).

* 5. Temblad: la Vulgata dice: Airaos, y San Pablo (Efesios 4, 26) coincide con ella al citar este versículo según los LXX. Este otro sentido queda también confirmado como bueno por la autoridad del Apóstol.

* 6. Sacrificios de justicia, o sea, de obediencia a la Ley de Dios, superiores a los de iniciativa propia (cf. Eclesiástico 35, 1; I Reyes 15, 22; Proverbios 21, 3; Oseas 6, 6, citado en Mateo 9, 13; Zacarías. capítulo 7, etc.).

* 7. Los bienes: es decir, los días felices. La luz de tu rostro: el favor, el auxilio de Dios.

* 8. En la Vulgata se refiere este versículo a los enemigos bien abastecidos; en el hebreo, a David mismo.

* 9. Apenas me acuesto: ¡Qué remedio contra los insomnios que suelen venir del corazón inquieto! Cf. Salmo 62, 7 y nota.

* 2. El santo rey dirige sus plegarias matutinas a Dios, pidiéndole que le libre de sus enemigos.

* 5 ss. La confianza del salmista se funda en el testimonio de su conciencia: Él no ha tratado mal a sus perseguidores, según lo vemos en Salmo 7, 5. Sobre el testimonio de la conciencia, véase Romanos 9, 1 y nota.

* 8. En tu santo Templo: Los israelitas piadosos asistían a los sacrificios cotidianos en el Templo o dirigían al menos su mirada hacia el Santuario. Cf. Salmo 27, 2; III Reyes 8, 22 y 30; Daniel 6, 11.

* 9. Empieza aquí la súplica propiamente dicha. A causa de mis enemigos: Antes de pedir justicia contra ellos, el santo rey pide para él la rectitud y confía en que Dios lo conduzca por camino llano frente al peligro que aquellos significan con su perfidia y mal ejemplo (versículo 10 y nota). Es lo que Jesús nos enseña a pedir en Lucas 11, 4, huyendo de la presunción que se cree bastante valiente para soportar la prueba. Cf. Juan 13, 37 s.

* 10. Cf. Salmo 9b, 7; 13, 3; Romanos 3, 13. Como el sepulcro abierto es una imagen de la muerte, así los pecados de los impíos son la ruina de otros, ante todo, los pecados de la lengua: mentiras, calumnias, intrigas. Véase el poder de las malas lenguas en Santiago 3.

* 11. El salmista pide la humillación de sus adversarios, no por sentimientos de venganza, sino porque son enemigos de Dios, como lo expresa al decir: su rebeldía es contra Ti. Cf. Salmo 108, 1 y nota.

* 1. Este Salmo es el primero de los siete que se llaman penitenciales, o sea, de arrepentimiento (Salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129, 142), porque son la expresión más viva de un alma que se siente culpable y pide al Señor perdón, confiada en Su infalible misericordia. Cf. Salmo 50 y notas. En octava: quiere decir, según el Targum, para la cítara de ocho cuerdas.

* 2. Expresión usada igualmente al comienzo del Salmo 37. Muestra la conciencia humilde de quien, sabiéndose incapaz de afrontar un juicio justiciero, no pierde sin embargo la esperanza, porque conoce el Corazón de Dios. Y muestra también que este verdadero Padre no es insensible, como podría suponerlo una fría concepción abstracta del infinito (Salmo 147, 9 y nota), sino que, habiéndonos hecho a imagen Suya, nos mandó luego a Jesús, que es su vivo retrato (Hebreos 1, 3), para que, por los afectos del Hijo en su Humanidad Santísima, conociésemos palpablemente el Corazón amante y misericordioso de Dios Padre (cf. Lucas 15, 20; Juan 11, 33 ss.) que ya el Antiguo Testamento nos anticipaba. Cf. Salmo 102, 13 y nota.

* 4. ¿Hasta cuándo? es decir: ¿Hasta cuándo me afligirás? Es la apremiante súplica de la confianza filial.

* 6. En el sepulcro: Hebreo: en el scheol (cf. Job 19, 21 ss.). No se trata del infierno en el sentido cristiano, sino sólo del lugar de los muertos (Simón-Prado). Los israelitas no conocían las verdades del Evangelio que arrojan plena luz sobre el más allá, y consideraban que los difuntos aguardaban en ese lugar triste y oscuro en espera de la resurrección (cf. Job 19, 25). Sólo la secta herética de los saduceos negaba este dogma (Lucas 20, 27); Hechos 23, 8). Nótese la razón que alega el salmista: los muertos no pueden ya alabar a Dios, idea muy frecuente en los libros del Antiguo Testamento (Salmos 29, 10; 87, 12; 113, 17; 114, 9; 145, 4; Eclesiástico 17, 25 s.).

* 9 s. Con súbita explosión de júbilo repite por tres veces que Dios lo ha escuchado. Apartaos, etc. Jesús aplica estas mismas palabras en Lucas 13, 27, contra los que practican una vacua piedad exterior. Véase allí la nota.

* 1. Sobre el título cf. versículo 7 ss. y Salmo 8, 1 y nota. Cus, de la tribu de Benjamín: sin duda alguna cortesano por cuyas calumnias Saúl fue instigado a perseguir a David.

* 3. Literalmente dice: arrebate mi alma; hebraísmo que se refiere a la vida.

* 4. Eso: Alude al crimen del cual le acusan falsamente.

* 5. Precioso rasgo que retrata a David. ¿Cómo había de hacer mal a un amigo él, que aun a sus injustos perseguidores salvó, lejos de vengarse? (I Reyes 24, 11; 26, 9). Como figura de Jesús, el santo Rey de Israel nos da un anticipo del Evangelio. Cf. Mateo 5, 38 s.; Salmo 3, 9; Éxodo 21, 24.

* 6. La vigorosa imprecación del salmista delante de Dios muestra la rectitud de la conciencia sin repliegues. Es lo que expresa el refrán: “Al buen pagador no le duelen prendas.”

* 7 ss. El Salmo, que aquí cambia de ritmo, se hace profético y anuncia el juicio de las naciones (cf. Salmo 9 y notas). Allí, públicamente, quiere ser juzgado el salmista, sin temor, como corresponde al que ama. Es lo que enseña San Juan en I Juan 4, 17 s. Cf. Lucas 21, 25 y 26, en contraste con los trágicos acentos del Dies irae. Algunos piensan que el título “los lagares” del Salmo siguiente (cf. Salmo 8, 1 y nota) pertenece al presente Salmo y tiene el sentido de vendimia o juicio según Isaías 63, 3; Apocalipsis 14, 18-20; 19, 15.

* 8. En lo alto: Ubach vierte: en el aire. Cf. I Tesalonicenses 4, 16 s.

* 10. “Nuestras obras, sean de hecho o de palabra, son patentes a los hombres; pero la vida profunda del alma, con sus intenciones, sus deseos, sólo la conoce, examina y mide Aquel que sondea el corazón y las entrañas” (San Agustín). Cf. I Reyes 16, 7; I Paralipómenos 28, 9; II Paralipómenos 6, 30; Jeremías 11, 20.

* 11. Coincidiendo con lo que precede (versículo 7 ss. y nota), vemos aquí la confianza inquebrantable del que no mira al Señor como un acusador sino como su Salvador. Esta confianza, que es la característica del real profeta, debe llenar de esperanza a todos los cristianos, en particular a los perseguidos y necesitados. La peor de las herejías, dice Pío XI, es la de mirar a Dios como un juez implacable, en vez de mirarlo como un Padre misericordioso.

* 12. Fuerte y paciente: La Vulgata, los LXX y caracterizados autores mantienen estas palabras, sin las cuales no quedaría claro el concepto del salmista y aparecería el Señor como un Juez simplemente justo, es decir, despojado de su atributo esencial que es la misericordia, según la cual “su omnipotencia se manifiesta sobre todo en perdonar y compadecerse.” (Colecta del Domingo X de Pentecostés). Vemos aquí que Él es ciertamente terrible, pero sólo para los que no quieren aceptar la bondad que nos brinda su amor.

* 15. Profunda fórmula que parece un retrato psicológico de Judas y de todos los traidores. La corrupción se inicia en el entendimiento.

* 16 ss. El malvado no sacará provecho alguno de su iniquidad, teniendo ésta su castigo en sí misma. La injusticia que uno concibe contra su víctima engendra injusticia contra el autor. Cf. Isaías 59, 4; Proverbios 1, 18; Salmo 24, 8.

* 1. El título de “los lagares” podría indicar que este Salmo había de cantarse en la fiesta de la vendimia o Tabernáculos. Según otros: para el instrumento ghittit (cf. Salmo 80, 1 y nota) o según la melodía de los geteos, habitantes de Get, ciudad de Filistea. Para otros, los lagares tiene el sentido de vendimia y pertenece al Salmo anterior que anuncia el juicio de las naciones. Cf. Salmo 7, 7 ss. y nota. El tema del Salmo es la grandeza de Dios y la nada del hombre, no obstante lo cual, al crearlo, le dio la realeza sobre todas las cosas. En sentido más alto lo acomoda San Pablo a Cristo, Rey y cabeza de la humanidad redimida.

* 2. ¡Cuán admirable! ¡Y cuan poco lo admiramos no obstante que Él ha derrochado magnificencia en la naturaleza! (cf. Salmo 103 y notas). ¿Cuántos se detienen a admirar los crepúsculos o las estrellas, más sublimes que las montañas o el mar? Jesús fue profetizado con el nombre de “Admirable” (Isaías 9, 6). Y así se presentará, según San Pablo, cuando aparezca en gloria y majestad (II Tesalonicenses 1, 10) como en la Transfiguración (Marcos 9, 1). Cantan los cielos, etc.: Texto corrupto, diversamente entendido. Algunos vierten como la Vulgata: Rebasa los cielos; y así es como San Agustín lo aplica alegóricamente a la Ascensión del Señor.

* 3. De la boca, etc.: Véase Mateo 21, 16. “Como si dijese: la gloria y majestad del Creador ha sido estampada en el sol y en todos los seres creados, con letras tan claras y patentes, que hasta los niños y lactantes saben leerlas” (Ubach). Y esto “confunde a los enemigos de Dios”, mostrando que están cegados por la soberbia. Cf. Romanos 1, 18-20. En efecto sólo aquellos que conservan el espíritu de niño, la infancia espiritual, comprenden la sabiduría de la Creación: “Te glorifico, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeñuelos.” (Mateo 11, 25).

* 6 s. Alude, claro está, al hombre antes de la caída (cf. Sabiduría 2, 24 y nota). A Dios: Los LXX dicen: a los ángeles, y San Pablo, en Hebreos 2, 6 ss., refiere estas palabras a Jesucristo, tomando un poco en sentido temporal, para indicar la humillación del Verbo encarnado (Filipenses 2, 7), y mostrar luego que Dios ha coronado al Hijo de gloria y honor, constituyéndole Rey de todas las cosas (Salmo 9 a, 8 ss.; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8).

* 8. Compárese Génesis. 1, 28 (sobre Adán) con Job 39, 9; y véase Génesis 3, 18; Sabiduría 10, 2 y nota. Grande fue, pues, la decadencia del hombre en el orden natural, y mayor aún en el sobrenatural, de modo que el II Concilio Arausicano (Denz. 174-200) declaró que el hombre “de suyo sólo tiene pecado y mentira”. Con todo, gracias a los méritos de Cristo nuestro Salvador, los que creen en Él con fe viva nacen de nuevo en el Bautismo (cf. Juan 1, 13; 3, 3; I Pedro 1, 23; Romanos 6. 4) y en sentido sobrenatural llegan a ser, mucho más que Adán, verdaderos hijos de Dios (I Juan 3, 1), partícipes de la naturaleza divina (II Pedro 1, 4) como el Nuevo Adán (I Corintios 15, 45) y llamados a su mismo amor (Juan 17, 23 y 26) y a su misma gloria (II Pedro 1, 2).

* 1. El comienzo enigmático designa al parecer la melodía de este Salmo o la manera de cantarlo. San Jerónimo vierte: “por la muerte del Hijo” y explica la versión de la Vulgata (“por los ocultos arcanos del Hijo”) mediante la suposición de que los judíos no quisieron revelar al rey Ptolomeo la pasión y la resurrección del Mesías (Anecd. III, 3, 12). Otros consideran más bien que “se trata, según toda apariencia, del gran día mesiánico, o del gran juicio escatológico, o mejor dicho de ambos a un tiempo, entrevistos en una misma perspectiva. Yahvé será entonces el refugio de todos los oprimidos, de todos aquellos que lo hayan buscado, hayan confesado su Nombre y puesto en Él su confianza” (Calès). Cf, versículo 17 y nota.

* 4. Mis enemigos: Como en otros Salmos, David habla aquí en nombre de todo el pueblo escogido (cf. Salmo 101, 1 y nota). Se trata de las naciones gentiles, como se desprende de los versículos 6, 9 y 16 (cf. versículo 6 y nota). Espiritualmente puede aplicarse a los enemigos interiores, de los cuales el suplicante triunfará por el auxilio divino.

* 6 s. A los gentiles: Algunos han propuesto sustituir la lección “goyim” (gentiles) por “ghe’im” (orgullosos), pero tal cambio, además de no tener a su favor ningún testigo antiguo, estaría manifiestamente en contra del versículo 7 b (has destruido sus ciudades), y también de 9 b y 12 b. Para siempre: como en Salmo 9 b, 16. Cf. Apocalipsis 16, 19; 19. 19 ss. 8 ss. Cf. Salmo 71, 2. Véase los Salmos 95-98 y notas.

* 11 Nótese la importancia del conocimiento espiritual de Dios. El conocer su nombre, que es “Padre” (Gálatas 4, 6; Juan .17, 4, 26; Lucas 11, 2), es el fundamento de la esperanza (véase Salmo 90, 14). Otra gran enseñanza de este versículo es la seguridad, que siempre tenemos, de encontrar a Dios como al Padre admirable del hijo pródigo (Lucas 15, 20), con sólo buscarlo (cf. Sabiduría 6, 14-15; Juan 6, 37).

* 12. Cf. Salmos 64, 2; 67, 17; 73, 2; 75, 3; 131. 13 s.; Ezequiel 40, 2.

* 15. La hija de Sión: Personificación poética de Jerusalén. Cf. Salmo 101, 22.

* 17. Santo Tomás cita este pasaje aplicándolo a los últimos tiempos junto con Jeremías 23, 6 y Apocalipsis 11, 15, para señalar el triunfo final del Mesías, que está anunciado por los profetas.

* 20. ¡No prevalezca el hombre! Conclusión paralela a la del Salmo siguiente 9 b, 18. Es la condenación del humanismo por el cual el hombre quiere sustituir a Dios (cf. Salmo 11, 5; II Tesalonicenses 2, 4; Apocalipsis 18, 7, etc.). Aun los paganos condenaron esta tendencia en el mito de Prometeo.

* 21. El terror: Otra lección, según la Vulgata: Establece sobre ellos un legislador: el Mesías. Con este versículo termina el Salmo 9 según el texto hebreo, comenzando con el versículo 22 el Salmo 10. A partir de aquí hasta el Salmo 147, salvo algunas excepciones (cf. Salmos 113-115), la numeración de los Salmos según la versión griega de los LXX y la Vulgata queda retrasada en una unidad con respecto, a la usada en el texto hebreo. Ello no obstante, al disponerse la nueva versión del Salterio según los textos originales, en el Motu Proprio “In cotidianis precibus” del 24 de marzo de 1945, se conservó la misma numeración de la Vulgata, sin duda por no introducir dificultad, dado que las citas de los Salmos fueron hechas desde antiguo con arreglo a ella. A esto nos atenemos también nosotros, advirtiendo sin embargo, que en general las ediciones bíblicas según los textos originales llevan en los Salmos la numeración del hebreo, cosa que conviene saber a los estudiosos para evitar confusión.

* 3. Blasfema: literalmente en hebreo: bendice: “antífrasis” que entre los hebreos por eufemismo significa: maldice, blasfema (cf. Job 1, 5).

* 5. Menosprecia a todos sus adversarios: literalmente, resuella a bocanadas sobre ellos. Gesto característico de desprecio en Oriente (Manresa, Ubach, etc.). Sobre el misterio de la prosperidad de los impíos véase los Salmos 36, 48, 52, 73, etc.

* 11 ss. San Pablo cita este pasaje en Romanos 3, 14, junto con Salmo 13, 3. Retrato maestro de la diabólica confianza con que procede el impío prepotente. Es que “la codicia mundana produce la fortaleza de los gentiles”, dice San Próspero. Y añade, por contraste: “en cambio, la fortaleza de los cristianos es producida por el amor a Dios, el cual se derrama en nuestros corazones, no por arbitrio de la voluntad que tiene origen en nosotros, sino por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Cf. también Romanos 5, 5.

* 13. Vemos aquí las consecuencias de creer en un Dios pasivo. Si creemos que Dios se olvida de nosotros, también le olvidaremos a Él.

* 14. Si bien el salmista se entristece al ver que los impíos prosperan, su firme esperanza de que Dios será el amparo de los débiles se verá cumplida en los versículos 16 y siguientes.

* 16 ss. Para siglos eternos: «Y su reino no tendrá fin» (Credo de la Misa). Como en Salmo 9 a, 8 ss., el salmista, en lenguaje profético, da por llegada ya su gran esperanza. Cf. Lucas 1, 32; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8; Salmo 71, 5 ss., etc.

* 18. Sobre esta formidable sentencia contra la gloria del hombre, véase Salmo 9 a, 20 s. y nota.

* 1 ss. El santo rey, angustiado por sus enemigos, tiene plena confianza en el Señor que no abandona al justo. Por eso rechaza el consejo de huir a los montes, que se le da en los versículos 1-3.

* 3. Como observa San Jerónimo, este texto se refiere al orden público. Quiere decir: si los principios fundamentales de la justicia y del orden se han derrumbado, no hay esperanza alguna para el justo. Lo único que puede es huir. Así suena la voz de los consejeros del rey, sin embargo éste tiene puesta su confianza en Dios. Véase los versículos 5-8, en los cuales se muestra cuán lejos está Dios de esa pasividad que los impíos le atribuyen en el Salmo 9 b, 13 (cf. nota).

* 5. El segundo hemistiquio dice en la Vulgata: “el que ama la maldad odia su alma”, concepto distinto del presente pero que hallamos también en la divina Escritura (cf. Salmo 7, 14; Tobías 12, 10).

* 6. Recuerda la suerte de las ciudades de Sodoma y Gomorra, que el Señor exterminó haciendo llover sobre ellas azufre y fuego (Génesis 19, 24). Véase Apocalipsis 14, 10 s. “El cáliz”: la suerte destinada por Dios (véase Salmo 15, 5; Isaías 51, 17; Jeremías 25, 15).

* 7. Los rectos verán su rostro: Es lo que el Señor dice en la sexta bienaventuranza (Mateo 5, 8; véase Salmo 23, 4).

* 1 s. Sobre el “título” cf. Salmo 6, 1. David compuso este Salmo probablemente en los días amargos de la persecución de Saúl (I Reyes capítulos 18 ss.), cuando veía bien que sólo en Dios podía poner su confianza. Así también este Salmo es para nosotros un precioso oasis de oración para huir de “este siglo malo” que nos rodea (Gálatas 1, 4). “Sálvame Tú”, pues vano sería esperar que algún hombre pudiese salvarme. Es el concepto que vemos en el grande anuncio mesiánico de Isaías 59, 16 ss., que San Pablo menciona en Romanos 11, 26.

* 5. ¿Para qué necesitamos de la Palabra de Dios si tenemos nuestra elocuencia? ¿Para qué queremos la revelación si tenemos nuestra ciencia? Véase I Corintios capítulos 1, 3, donde se nos muestra de una manera cruda lo que vale la palabra y la ciencia de los hombres.

* 6. “Piensan los ricos que sus riquezas les permiten despreciar al pobre, maltratarlo y, si es necesario, pueden comprar la benevolencia de los jueces… pero los maltratados tienen armas más poderosas: tienen el llanto y los sollozos, y las mismas injurias que, recogidas en silencio, dignamente, ablandan y obligan al cielo” (San Juan Crisóstomo). Aquel que lo desea: Es la doctrina de Salmos 32, 22; 80, 11 y del Magníficat (Lucas 1, 53). El que se cree suficiente y no necesita de Dios es abandonado a sus propios extravíos (Salmo 80, 13). Así obraron los fariseos que rechazaron a Cristo, porque Él había venido para los enfermos y pecadores (Mateo 9, 12; Marcos 2, 17; Lucas 5, 32), y ellos se creían sanos y justos (Lucas 18, 9). Cf. Juan 2, 24 y nota.

* 7. Es decir, las que preceden (versículo 6) no son deleznables palabras de hombre como las del versículo 5, sino promesa certísima de Dios, que cuida mucho su Palabra de honor, y no la mezcla con la escoria de la doblez, porque en Él no cabe vanidad ni egoísmo. Es éste uno de los conceptos que más nos llevan a preferir la divina Escritura sobre todo otro libro, como lo demuestra elocuentemente Helio en el prólogo de su obra “Palabras de Dios”. Cf. Salmo 17, 31; Proverbios 30, 5 y todo el Salmo 118, dedicado a explicarnos las maravillas que obra en nosotros la divina Palabra.

* 2. “Esconder el rostro” o hacerse sordo es como estar ausente. David sabe que su Dios lo está oyendo, y por eso, aun en medio de la extrema impotencia y aparente abandono en que se halla —probablemente durante la persecución de Saúl— no vacila en presentar al Señor, con audacia filial, su apremiante queja. Confortado luego su espíritu con esta oración, no tarda en abrirse a la gozosa perspectiva que vemos al final. Este Salmo nos estimula así, como muchos otros, a seguir ese mismo camino de oración que David, inspirado por el Espíritu Santo, enseña aquí con su palabra y con su ejemplo; y es un precioso exorcismo contra el pérfido enemigo que intenta sembrar en nuestra alma el desaliento y la tristeza, inevitables siempre que falta la esperanza.

* 5. Es frecuente en la Escritura este pensamiento contra la arrogancia de los enemigos soberbios (cf. Deuteronomio 32, 27; Salmo 24, 3). Espiritualmente puede aplicarse al peor enemigo, Satanás, cuya fuerza es mayor que la nuestra propia (Salmo 58, 4), pero es siempre vencida por la gracia (I Juan 2, 13-14), si tenemos fe (I Pedro 5, 8-9; Romanos 1, 17, etc.).

* 6. Otros vierten con la Vulgata: mas yo tengo mi confianza, etc., lo cual da también un matiz de hermosa piedad. La versión del nuevo Salterio Romano que aquí seguimos, parece más apremiante al presentar crudamente, al Dios que tanto ostenta sus atributos de misericordia y fidelidad, esa idea de que pueda quedar confundido quien ha confiado en Él. Bien sabe David que esto es imposible (cf. Salmos 24, 2; 30, 6; 124, 1, etc.), y por eso, como Jesús en Juan 11, 41 s., anticipa a Dios la gratitud y la alabanza, como si ya hubiese recibido lo que espera de ese “Padre de las misericordias y Dios de toda consolación” (II Corintios 1, 3). También la Virgen nos muestra su corazón “exultante” a causa de la salud que viene de Dios (Lucas 1, 47).

* 1. Este Salmo, que coincide casi por completo con el 52, nos ofrece un cuadro pavoroso, como para quitarnos toda ilusión sobre el mundo y los hombres, empezando por los que dominan en el propio Israel. Además nos ilustra sobre el tema siempre actual: la impiedad es fruto de la falta de rectitud (Hababuc 2, 4; Juan 3, 19-21), pues nadie puede ser justo si le falta la fe (Romanos 1, 17; Gálatas 3, 11; Hebreos 10, 38 y notas), ni justificarse sino por ella (Romanos 3, 24-31). Insensato, o necio, es en el lenguaje bíblico el impío que no piensa en la Providencia de Dios ni en la sanción del pecado, porque nunca se concentra en sí mismo y vive siempre ‘extravertido’, mareado por la fascinación de lo. fugaz (cf. Sabiduría 4, 12 y nota). De ahí proviene, según nos enseña el profeta Jeremías, la desolación de la tierra (Jeremías 12, 11).

* 2. Notemos que ya no se trata aquí de falta de moral sino de la falta de ese conocimiento de Dios que es el primer homenaje que le debemos. De esa falta procede todo lo demás (Romanos 10, 17; Gálatas 5, 6; Juan 17, 3, 17, etc.).

* 3. La Vulgata añade aquí todo un párrafo que proviene sin duda de Romanos 3, 13-17, donde San Pablo cita sucesivamente diversos pasajes de las Escrituras (Salmo 5, 10-11; Salmo 139, 4, etc.).

* 4. “Apostrofe a los sacerdotes responsables de la moralidad de Israel y por eso culpables de la general corrupción que en él señorea. Sobre análogos reproches hechos a los sacerdotes, véase Jeremías 2, 8; Oseas 4, 6 s.; Malaquías 1, 6; 2, 2” (Ubach). ¡Nunca entenderán! Tremenda sentencia, que concuerda con la que Jesús fulmina a los fariseos, escribas y doctores: “vosotros moriréis en vuestro pecado” (Juan 8, 21-24). El pecado es, ante todo, un error (cf. Isaías. 1, 3; I Juan 2, 3-4; 3, 6; 4, 8, etc.), pero es el error culpable del que rechaza la luz (Juan 3, 19 s.), pues ésta no se niega a nadie, y los pequeños la ven aún más que los sabios (Lucas 10, 21). Por eso Dios castigará, abandonándolos a la más ciega ofuscación, a los que han de ser víctimas del Anticristo “por no haber recibido el amor de la verdad» (II Tesalonicenses 2, 10 ss.). Devoran a mi pueblo: cf. versículo 6 y Salmo 52, 5 y nota. Recuérdese el lamento de Jesús sobre las ovejas abatidas y esquilmadas (Mateo 9, 36). Cf. Ezequiel 34 y notas. El versículo 7 muestra que el Salmo abarca también a los gentiles, enemigos exteriores del pueblo escogido, como observa Crampón.

* 5. Temblarán: La Vulgata habla de ese miedo sin causa, que es característico del alma que no está en paz con Dios. Cf. Levítico 26, 17 y 36; Proverbios 28, 1; Sabiduría 17, 10. Así lo observamos en Salmo 52, 6, donde se entrevé ya el cumplimiento de este anuncio contra los que esquilmaban al pueblo.

* 7. Algunos ven aquí una referencia al cautiverio babilónico, opinión que no cuadra bien con el origen davídico del Salmo. Se trata, como en Salmo 125, de “la salvación más completa y más definitiva, predicha por los profetas: la liberación y el reino mesiánico, que transformarán de manera maravillosa el destino de Israel” (Calès).

* 1. Tabernáculo: El santuario del Templo. Tu santo monte: El monte Sión de Jerusalén. Se refleja aquí, como en el Salmo 23, el gozo que David experimentara con motivo del traslado del Arca de la Alianza desde la casa de Obededom al monte santo de Jerusalén (II Reyes 6, 12 ss.). “Guárdese este Salmo, dice San Hilario, en el seno; escríbase en el corazón, imprímase en la memoria, y de día y de noche cave el pensamiento en este tesoro de riquezas condensadas, para que poseída esa opulencia en los días de nuestra peregrinación terrenal y mientras vivimos en el seno de la Iglesia, lleguemos al descanso de la gloria del Cuerpo de Cristo.” Cf. la síntesis de Santiago 1, 27.

* 2. La rectitud del corazón; ¡he ahí todo! Es lo único que el Señor nos pide, pues todo lo demás lo da Él (Mateo 5, 8; Juan 1, 47; Santiago 4, 8; Salmo 10, 8 y nota.

* 4. No estimar al inicuo, aunque sea poderoso, es una gran señal de rectitud y de ese difícil desprecio del mundo que Jesús nos enseña tantísimas veces de un modo especial, cuando nos dice “lo altamente estimado entre los hombres es despreciable a los ojos de Dios» (Lucas 16, 15). Véase en el Salmo 100 el criterio que David, como rey, observaba a este respecto.

* 5. Según la Ley de Moisés estaba prohibido tomar intereses del capital prestado (Éxodo 22, 24; Levítico 25, 36 s.; cf. Nehemías 5, 11).

* 1. Himno es la probable traducción de la voz hebrea Miktam, cuyo sentido es oscuro y admite, también la versión “inscripción” (cf. Salmo 56, 1). Los rabinos solían llamar a esta plegaria “Salmo de oro”, por lo acabado y sublime de su inspiración. Su carácter mesiánico se deduce de muchos términos que no pueden aplicarse a David ni a otros, sino solamente a Jesús. Esta es la interpretación unánime de los Santos Padres y de los apóstoles mismos (Hechos 2, 25 ss.; 13, 35 ss.). De no haber admitido los judíos la interpretación mesiánica de este Salmo, carecería de sentido esa argumentación de los apóstoles. Presérvame, pues me refugio en Ti: Vemos aquí anticipada la doctrina de Jesús: “que te sea hecho según tu fe”. La confianza con que esperamos es la medida de lo que recibimos. El que nada espera, nada recibe (cf. Salmos 16, 7; 17, 31; 32, 22).

* 2. Es decir: Dios es para nosotros el único bien verdadero (cf. Salmo 72, 25; Romanos 16, 27 y nota). El sentido absoluto con que se expresa esta verdad ayuda a entender los versículos que siguen. La Vulgata también expresa aquí una hermosa verdad: “Tú eres mi Dios porque no necesitas de mis bienes” (cf. Salmos 49, 7-13; 39, 7; Isaías 1, 11). San Pablo lo confirma elocuentemente en Hechos 17, 25.

* 3 s. Pasaje estropeado en el texto. Esta interpretación, que es la de Lagrange, Gunkel, Ubach, etc., tiene, como dice este último, “la ventaja de dar un sentido satisfactorio a toda la estrofa y presentar el versículo 3 como una contraposición muy relevante de los sentimientos que el salmista ha expresado en el versículo 2”. En esta expresión irónica y despectiva habría quizá una alusión a los ídolos cananeos o fenicios y a las libaciones de sangre humana. Cf. Isaías 57, 1 ss.

* 5 s. El salmista, que como refugiado se encuentra en un país pagano, recuerda la noble herencia que le cupo en suerte: el país prometido, la verdadera religión, el culto del Altísimo. La felicidad que siente el santo profeta al acordarse de este privilegio debe estimularnos a amar y cultivar como la más preciosa herencia nuestra fe de cristianos, que hoy comporta, para el creyente verdadero, promesas aún más altas que las de Israel (cf. Efesios 1, 1 ss.; Hechos 28, 23 ss. y nota), aunque sabemos que el nombre de “cristiano” será objeto de la burla y odio del mundo (Hechos 11, 26; I Pedro 4, 16 y notas).

* 7. Es la alabanza y gratitud a Dios por el don de penetrar las cosas espirituales, que el hombre simplemente intelectual no posee (I Corintios 2, 14 s.; 12, 2 y notas); don que sólo se da a los pequeños (Lucas 10, 21) y que lleva al alma recta a la sabiduría, con la cual nos llegan todos los bienes (Sabiduría 7, 11).

* 8. Empieza aquí la importante cita dogmática que San Pedro hace de este pasaje como profecía en Hechos 2, 25-28 (cf. nota). Considerado desde otro punto de vista, para la vida espiritual, este constante cultivo de la presencia de Dios, es, según San Buenaventura, la más preciosa espiritualidad, pues a cada instante aumenta en nosotros las virtudes teologales, por nuevas luces del Espíritu Santo, y equivale a la oración constante de que nos habla San Pablo (I Tesalonicenses 5, .17); pues este divino Espíritu ora en nosotros con gemidos inefables (Romanos 8, 26) y derrama en nuestros corazones la caridad de Dios (Romanos 5, 5). Esa presencia delante del Padre ha de ser filial, es decir, eminentemente confiada, teniendo en cuenta que Él nos mira con infinito amor y bondad (cf. Salmo 102, 13), y se traslada Él mismo a nuestra alma juntamente con Jesús (cf. I Juan 3, 1; Juan 14, 23, etc.).

* 9. Descansará segura: En la esperanza de la resurrección (San Agustín).

* 10. Alma: Significa vida, todo el hombre. Aquí se muestra a todas luces el carácter mesiánico de este Salmo. David no habla por su propia persona, sino en representación de Jesucristo, quien predice su Resurrección (véase Hechos 2, 25 ss. y 13, 34 ss.).

* 11. Las delicias de tu diestra: Aquí no se trata ya sólo de la unión espiritual con el Esposo, que el Cantar presenta como el abrazo de su diestra (Cantar de los cantares 2, 2; 8, 3 y notas); en sentido mesiánico alude a la Humanidad santísima del mismo Cristo sentado para siempre a la diestra del Padre y recibiendo la misma gloria que eternamente tuvo el Verbo en el seno de la divina Trinidad (cf. Juan 14, 10 ss.; 16, 16 y 28; 17, 21 ss.). Allí está Él desde su Ascensión hasta que venga para hacer nuestro cuerpo semejante al suyo (Hechos 3, 20 s.; Filipenses 3, 20 s.). Y entretanto sólo piensa en rogar por nosotros (Juan 14, 16; Romanos 8, 34; Hebreos 7, 25), pues la gloria que Él ansia dar al Padre consiste en obtener para nosotros el sumo bien (Juan 17, 2 y nota).

* 1. David es perseguido por implacables enemigos, entre los cuales descuella uno por su ferocidad, probablemente Saúl. De ser así, este Salmo fue compuesto tal vez en la situación peligrosa que se pinta en I Reyes 23, 25 ss. Es una oración ideal para los que sufren persecución a causa de la fe (cf. Mateo 5, 10; Juan 16, 1-4). “Que no brota de labios hipócritas”: Aquí lo vemos todo entero a David, con esa alma desnuda, tan amada de Dios. Nada tiene él que invocar de propio, pues bien sabe que “ningún viviente es justo delante de Dios” (Salmo 142, 2), pero una sola cosa puede alegar y es que no está ocultando al Señor la verdad, esa verdad de su propia miseria. ¿No es acaso esa sinceridad lo que mueve a Dios a justificarnos, como lo vemos en el Miserere? Cf. Salmo 50, 8 y nota.

* 2. Que seas Tú quien me juzgue y no otro, porque sólo Tú eres sabio, y además eres misericordioso. Tales sentimientos, que el Espíritu Santo puso en el exquisito corazón de David y que fácilmente podemos hacer nuestros al rezar este Salmo, nos llenan de consuelo y dan al Señor grandísima gloria, porque son un supremo acto de fe, de amor y de esperanza.

* 4. Es la oración del predicador y del apóstol que busca, antes que la sabiduría humana, la Palabra de Dios y todo lo afronta por ella (cf. Salmo 39, 10 ss.; I Pedro 4, 11; Romanos 3, 19, etc.). El ansia de los apóstoles era anunciar la Palabra con toda libertad, es decir a pesar de las amenazas contrarias (Hechos 4, 29 y 31; 9, 27: 14. 3; 18, 26; Filipenses 1, 14; Efesios 6, 19; Col. 4, 3), “para que la Palabra de Dios corra y sea glorificada” (II Tesalonicenses 3, 1). Véase la norma de Jesús en Mateo 10, 27.

* 5. Si sus pasos no titubearon fue gracias a que escogió ese camino que está en las palabras de Dios. En Salmo 17, 37 vemos que sus pies no flaquearon porque Dios “le ensanchó la entrada”.

* 8. Como a la niña de tus ojos: ¡Qué audacia! ¿Quién se atrevería a decir eso a un rey? Sólo un hijo que se sabe amadísimo habla así. Es el lenguaje de la fe; por eso le dice resueltamente en el versículo 6: te invoco porque sé que Tú responderás. “¡Oh si el frecuentar esta oración nos hiciera crecer en la fe hasta llegar a esa certeza!” ¿Y acaso podríamos dudar de que así será si lo hacemos? No hay nada tan importante como creer que Dios es bueno y que nos ama. Y sin duda es también lo más difícil, pues pocos lo creen de veras.” Cf. Efesios 2, 4 y nota. Bajo la sombra de tus alas: Análoga expresión usa el Señor Jesús en Mateo 23. 27. “Dos alas tiene Dios: su misericordia y su verdad; con la misericordia mira a los pecadores: con la verdad a los justos” (San Buenaventura).

* 10. Elocuente definición del fariseo: cerrado para no entender y no tener que humillarse (Mateo 13, 15; Hechos 28, 27; Juan 3, 19).

* 11 s. En Juan 15, 20 Jesús nos previene que este espionaje que hicieron con Él lo harán igualmente con los que seamos sus discípulos. Cf. Marc. 3, 2; Lucas 6, 7; 14, 1; 20, 20. Cf. Lucas 12, 3 y nota.

* 13 s. La vehemencia de sentimientos del santo rey acumula aquí tantos conceptos que el pasaje ha quedado oscuro y con muchas variantes. Al final expresa la falaz prosperidad del impío, mientras el justo vive de su fe (Romanos 1, 17). En seguida vemos el triunfo de ésta en el versículo 15.

* 15. Con tu gloria: Con verte glorioso; otros traducen: “con tu semejanza” (cf. Filipenses. 3, 20 s.). Santo Tomás concluye su himno Pange Lingua pidiendo igualmente a Jesús: “que, viendo revelada tu faz, sea yo feliz al contemplar tu gloria” (cf. Juan 17, 24 y nota). Así David consiente en no ser feliz hasta ver el rostro del Salvador. Desprecia esos bienes que a veces son prodigados a los hombres mundanos que confían en este siglo enemigo de Dios (versículo 14), y es como si le dijera a Cristo: no son tus dones lo que yo deseo, eres Tú (cf. Salmo 26, 8). Como David, todos los que amamos a Jesús seremos saciados cuando aparezca en su gloria triunfante (cf. Apocalipsis 19, 11 ss.; 22, 12; I Tesalonicenses 4, 16-17; Marcos 9, 1). Según el Catecismo del Concilio de Trento, debemos anhelarlo como los Patriarcas suspiraban por la primera venida. Digámosle, pues, constantemente la oración con que termina toda la Biblia y que es como su coronamiento y su fruto: “¡Ven, oh Señor Jesús!” (Apocalipsis 22, 20 y nota; cf. Isaías 64, 1).

* 1. David entona esté grandioso Salmo al Dios de los ejércitos por la victoria obtenida sobre sus enemigos. Fue compuesto por el rey profeta probablemente poco antes de concluir su gloriosa vida. Véase el paralelo en II Reyes capítulo 22.

* 3. Mi roca: No es fácil apreciar, sin honda meditación, todo lo que significa para nosotros el poder decir esta palabra, tan reiterada en la Biblia. El que tiene conciencia de que no puede contar con su propia nada, ni menos con los demás, que también son la nada, comprenderá lo que es la dicha inmensa de tener una roca que es firme siempre y más acogedora que una madre. San Pablo parece citar este versículo según los LXX en Hebreos 2, 13, refiriéndose a la confianza del propio Cristo en el Padre celestial.

* 4. El celebrante de la Misa, después de consumir la Hostia y antes de hacerlo con el cáliz, exclama con el Salmo 115: “¿Qué daré al Señor por todo lo que Él me da?” Y más adelante pronuncia este versículo para mostrarnos que la oración que alaba la misericordia divina es el mejor homenaje que nuestra miseria puede rendir al Amor del Padre. Así lo enseña San Pablo en Hebreos 13, 15 y esto es lo que hace David en los Salmos. Cf. Salmos 12, 6; 49, 23; 68, 31 s., etc.

* 8 ss. En Salmo 96, 3 se muestra en forma semejante la Parusía de Cristo. Esta ira sublime con que Dios acude misericordiosamente en socorro de David, su amigo, nos muestra lo que será “la ira del Cordero” en el gran día del Señor, cuando Cristo venga con gloria a premiar a los que lo esperan y a confundir a los que no quieren ser sus amigos (cf. Apocalipsis 6, 16 s.; 19, 11 ss.; I Tesalonicenses 4, 16; II Timoteo 4, 8, etc.).

* 11. “Los querubines” son el trono del Señor y le sirven de carroza. Véase en Éxodo capítulo 25 su descripción y su posición en el Arca de la Alianza. Cf. Salmo 79, 2; Ezequiel 1, 4 ss.

* 14 Cf. II Pedro 3, 10 ss. “El trueno” significa la voz de Dios (Salmo 28, 3 ss.; Job 37, 2 ss.).

* 15. Saetas: El rayo (Salmo 76, 17).

* 17. Me arrebató: cf. versículo 8 ss. y nota. Las muchas aguas aparecen igualmente en Apocalipsis 17, 1 y su significado se explica en Apocalipsis 17, 15 como representativo de los pueblos gentiles. Véase Salmo 137, 7; 143, 7, donde se formula una súplica semejante.

* 20. Anchura: Seguridad que Dios presta a David, su amigo fiel. El segundo hemistiquio nos descubre expresamente cómo, si Dios nos hace misericordia, es a causa de su amor por nosotros, aunque ello nos parezca cosa increíble al pensar que merecemos todo lo contrario. Esta luz, que aparece en innumerables pasajes, es la llave por excelencia que nos abre el sentido de las Escrituras y los secretos pensamientos de Dios (Jeremías 29, 11; 31, 3; Isaías 55, 8; Salmo 32, 11; 102, 13; Efesios 2, 4; I Juan 4, 10 y 17, etc.).

* 21. David no se alaba a sí mismo sino que siempre lo atribuye todo a Dios que lo había preparado, como observa San Agustín. Por lo demás, no olvidemos que David es figura de Cristo, el único que puede hablar así de su propia justicia, pues todos los demás nos salvamos por misericordia gracias a los méritos de su redención. Cf. Juan 8, 29 y 46; II Concilio Arausicano Canon 22.

* 22 ss. Aquí vemos de donde viene la limpieza señalada en los versículos 21 y 25: de haber tomado por normas de vida no las iniciativas propias (como las de Salmo 11, 5), sino lo que enseña Dios con sus divinas Palabras (versículo 23). El versículo 24 confirma la desconfianza del salmista en sí mismo, consciente de la debilidad humana.

* 26 s. Es la doctrina del Padrenuestro (Mateo 6, 12-15). Vemos así claramente cómo no nos conviene obrar sólo según la humana equidad, para que Dios no nos trate según la justicia, sino guiarnos por la caridad, para que Él la tenga abundante con nosotros (cf. Mateo 7, 2; Lucas 6, 38; Mateo 18, 21-35, etc.). Y temblemos de aparecer dobles en su presencia.

* 28. Muchas profecías coincidentes con este pasaje anuncian que la salvación de Israel le vendrá cuando esté en el fondo de su abatimiento. Cf. Salmo 101, 21; Sofonías 3, 12 y notas. Este versículo forma el Ofertorio de la preciosa y poco conocida Misa votiva “contra paganos”, que, como la precedente “de la propagación de la fe”, está llena de riquezas bíblicas.

* 29. “Nuestra luz no nos viene de nosotros; Dios es la claridad que nos ilumina. Por nosotros mismos somos tinieblas; pero Dios esclarece esas tinieblas con los resplandores de su misericordia y de su amor” (San Agustín). Cf. Salmo 35, 10. Dios es la luz (I Juan 1, 5), y su iluminación nos viene por el Evangelio de su Enviado Jesucristo (Juan .1, 4; 8, 12; 12, 46; II Timoteo 1, 10). Las palabras “quien mantiene encendida” no figuran en II Reyes 22, 29. Ubach las suprime también aquí, como añadidas.

* 31. Delicioso elogio del divino Padre y de su Palabra. Cf. Salmos 11, 7; 118, 140; II Timoteo 1, 8. Estos y muchos otros textos nos hacen comprender la falacia de los que impíamente tildan de escandalosa la Sagrada Escritura porque se expresa con la claridad propia de la Verdad absoluta, sin los rodeos literarios de los hombres. Estos han llegado a decir que “las palabras sirven a cada uno para ocultar lo que piensa” en tanto que Dios, en sus Palabras, nos muestra las más íntimas verdades de nuestro interior (Hebreos 4, 2) y hasta nos descubre, como lo reveló Jesús, los arcanos mismos de la Trinidad (Juan 15, 15). Cf. I Corintios 2, 10.

* 32. Confirma lo observado en el versículo 3 y nota.

* 34. Sobre las cumbres: Durante la persecución de Saúl, David pasó varios años entre montañas y cuevas (I Reyes capítulos 22-26).

* 37. Cf. Salmo 16, 5 y nota.

* 40 ss. Notemos la perfecta simplicidad de niño con que se expresa David. Es como si dijera: soy el primer asombrado de verme fuerte, pues todo es puesto por Ti, oh Señor, sobre mi nada. Así también habló María Santísima en Lucas 1, 48. Todo lo que sigue de este Salmo pone de relieve el estupendo triunfo de esa humildad de David.

* 44. Cabeza de las naciones: David extendió su dominio sobre pueblos ajenos basta las orillas del Éufrates. Pero también encierran estas palabras un sentido profético siendo el reino de David figura del reinado de Cristo (San Atanasio y San Agustín). Cf. Salmo 71.

* 45 s. El salmista desarrolla el pensamiento del versículo 44. De todas las partes vienen pueblos para someterse al rey victorioso.

* 50. San Pablo (Romanos 15, 9 ss.) cita este pasaje junto con Salmo 116, 1 y con Isaías 11, 10 donde se anuncia que de la raíz de Jesé o Isaí (el padre de David) saldrá el que ha de regir a las naciones gentiles, las cuales esperan en Él.

* 51. Y su linaje por toda la eternidad: Confirmase aquí la trascendencia mesiánica del versículo anterior. Cf. Salmo 88, 25 ss.; Eclesiástico 47, 13; Lucas 1, 55. Al escribir esto, David pensaba sin duda que iba a cumplirse inmediatamente en su familia, ignorando aún que la promesa, extendida a Salomón con carácter condicional (cf. Salmo 88, 31 ss.; II Reyes 7, 12-17), quedaría demorada por culpa de éste y de sus descendientes (cf. III Reyes 11, 31 ss.), hasta los tiempos mesiánicos. Cf. Salmo 95, 10 ss. y notas.

* 1. Este Salmo se compone de dos partes distintas en estilo, ritmo y materia, cantando el poeta inspirado, en la primera (versículos 2-7), la gloria del Señor tal cual se manifiesta en la naturaleza, mientras en la segunda parte ensalza la santa Ley y las doctrinas por Dios reveladas.

* 2. Los cielos atestiguan: como una prueba viviente para todo el que no quiera cegarse. Deduzcamos de aquí una gran enseñanza que San Pablo confirma: el que no reconoce en la naturaleza la realidad de Dios “es inexcusable” (Romanos 1, 20). Vano será entonces darle argumentos filosóficos si no se rinde a las Palabras reveladas, que son fuerza divina (Romanos 1, 16) y que dan la evidencia interior de la verdad (Juan 4, 42) a todo el que quiera verla con rectitud (Juan 7, 17). El que no es recto no quiere ver la verdad (Juan 3, 19) y entonces es inútil predicarle, pues no entendería (Sabiduría 1, 3-5; Mateo 5, 8; 11, 25). Así se explica que Jesús, cuya consigna por excelencia fue la de predicar el Evangelio (Marcos 16, 15), nos diga sin embargo que dar perlas a los cerdos es inútil y también peligroso (Mateo 7, 6). Dios se resiste a los soberbios (Santiago 4, 6) y es porque, como hemos visto, los soberbios le resisten a Él. ¿No es sorprendente que de las cuatro tierras de la parábola del Sembrador (Mateo 13, 1 ss.) una sola dé fruto? Por eso, en este siglo perverso, hemos de callar a veces “aún lo bueno” (Salmo 38, 3). Cf. Salmos 118, 16; 119, 5 ss. y notas. Predica, aunque sin palabras (versículo 4), pues trasmite en la sucesión de los días y de las noches (versículo 3) el testimonio con que las creaturas, por el solo hecho de existir, confiesan al Creador y lo alaban como diciéndole con el Salmo 8: “¡Oh Yahvé, Señor nuestro, cuan admirable es tu Nombre en toda la tierra!” Cf. Salmo 103 y notas. Hasta la noche, por oscura que sea, repite, en el misterioso lenguaje de su silencio, el mensaje que todas las cosas creadas se trasmiten unas a otras.

* 4. Es decir que, como lo expresa San Pablo (Romanos 1, 18-20), nadie puede excusarse de no entender ese mensaje de las creaturas pues aunque no tenga el valor de las palabras expresas de la divina Escritura (versículo 8 ss.), donde la Revelación nos descubre los secretos del orden sobrenatural (cf. Salmo 17, 31 y nota), está empero lejos de ser inaccesible, ya que lo percibimos en todas partes (versículo 5). San Pablo nos enseña también (I Corintios 14, 10) que todas las cosas tienen voz. Y en Romanos 10, 18 cita el versículo 5, aplicándolo por analogía a la predicación de los apóstoles.

* 7. Así anuncia Jesús su Parusía, que se realizará con la rapidez del relámpago (Mateo 24, 27). Admiremos este don del sol, tan magníficamente descrito. La costumbre de verlo cada día nos hace olvidar sus incalculables beneficios, como que es imagen de nuestro Padre celestial (véase la introducción al Libro de la Sabiduría). Agradezcámoslo como nos lo enseña el Eclesiástico 42, 15-16; 43, 2-5.

* 8 ss. Comienza aquí el elogio de la Palabra divina. Cf. Salmo 118, en el que se describe su pre excelencia de manera maravillosa. Ley, testimonios, enseñanzas, juicios, etc., son allí otros tantos términos para indicar la Palabra de Dios; cada uno de ellos refleja un nuevo aspecto de la divina Revelación, que la piedad del salmista, divinamente inspirado, nos descubre y ofrece a nuestro deleite y provecho. Hace sabio al hombre sencillo: Es decir, que el recto de corazón, aunque sea ignorante, tiene la verdadera capacidad espiritual y luces de oración para entender los pensamientos de Dios y nutrirse de ellos. Es éste un concepto que la Escritura se complace en repetir de mil maneras (cf. Salmo 118, 130; Proverbios 1, 4; Sabiduría. 10, 21; Lucas 10, 21; I Corintios 3, 18 y notas) y que San Pablo aplica al decir que Dios no está lejos de ninguno, como que en Él vivimos y nos movemos y somos (Hechos 17, 27 s.).

* 10. El temor: Es decir, como observa Páramo, la Ley o Palabra de Dios, en cuanto engendra en el hombre la reverencia. Ésa palabra de Dios permanece para siempre: Así también lo dice explícitamente San Pedro (I Pedro 1, 23 y 25). De modo que el lenguaje que se habla en el cielo es el que tenemos a nuestro alcance en las divinas Escrituras (Salmo 118, 89), por donde se comprende que el amor a la Palabra, “Evangelio eterno” (Apocalipsis 14, 6), sea señal de elección.

* 11. Codiciables: Cf. Salmo 118, 14, 72, 127 y 162; Proverbios 3, 13-15; 8, 10 y 19; Sabiduría. 7, 8-11; Job 28, 12-19. Sabrosos: Cf. Salmo 118, 103; Proverbios 16, 24; Ezequiel. 3, 3; Eclesiástico 24, 27.

* 14. Nótese que esta soberbia se presenta aquí como vinculada al menosprecio de la Palabra (cf. Salmo 1, 5). No se trata ya de blasfemia expresa, sino de la prescindencia indiferente, y en verdad “no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio”. El que de tal soberbia se libra quedará fácilmente exento del pecado, pues será obediente a la fe (II Corintios 10, 5), la cual obra por la caridad (Gálatas 5, 6), que es la plenitud de la Ley (Romanos 13, 10).

* 1. Del versículo 8 se deduce que David compuso este Salmo cuando salió para combatir a los ammonitas y sirios que tenían hasta cuarenta mil caballos y setecientos carros de guerra (II Reyes 10, 15 ss.; I Paralipómenos 22, 16 ss.). Algunos Padres lo consideran como Salmo mesiánico, lo cual parece confirmarse por su relación con el Salmo siguiente que es, según todos admiten, una prolongación del presente (cf. Salmo 20, 1 y nota), y por la atribución de ambos al mismo rey David.

* 2 ss. Son votos del pueblo que implora a Dios por la salud del rey en la batalla. El Nombre de Dios es su ser y su potencia infinita: “Su nombre es su ser y su ser es su nombre” (Cáceres). Jesús nos reveló que ese nombre por excelencia es el de “Padre”. Así hemos de llamarlo cuando hablemos de Él y cuando conversemos con Él en la oración (Mateo 6, 9; Juan 17, 6; 20, 17; Gálatas 4, 6, etc.). Tal es el Nombre que “nos defenderá”, como aquí se dice. ¿A quién llama el hijo para que lo defienda sino a su padre?

* 8 s. Los pueblos confían, hoy como ayer, en los armamentos bélicos (cf. Isaías 31, 1 ss.; II Paralipómenos 32, 7); Israel, empero, pone toda su confianza en el Señor (Deuteronomio 17, 16; 20, 1; Isaías. 36, 9; Salmo 12, 16 s.). El resultado opuesto de ambos sistemas se ve en el versículo 9, que, según algunos, podría referirse a la victoria de II Reyes 10, 18, y según otros, alude a un triunfo más definitivo de Israel, como en Salmo 46, 4; 47, 5 ss., etc.

* 10. De aquí el título de la canción nacional británica: God save the king.

* 1. Según la opinión común, este Salmo es como la segunda parte del precedente, formando la acción de gracias después de la derrota de los enemigos. En sentido típico debemos ver en este rey a Cristo, según resulta de los versículos 5, 7, y 10.

* 5. Solamente en Cristo “el Hijo de David” ha de cumplirse la promesa de la duración eterna de la casa de David. El mismo sentido se desprende del versículo 7.

* 6. Este versículo como los anteriores, contiene el verdadero elogio de todo hombre santo, amigo de Dios. Por eso son muy usados en la Liturgia. En ellos no se alaban virtudes propias de hombre alguno, sino las maravillas que la gracia obra en nosotros (Eclesiástico 15, 5 y nota). Lo vemos en el lenguaje del Ángel con María, reina de todos los santos, al felicitarla por haber hallado gracia ante Dios (Lucas 1, 28 y nota). A Él hemos de admirar en sus santos (Salmo 67, 36 según la Vulgata), y por eso ellos se ocultaron a sí mismos para no robarle al Padre la gloria (Isaías 42, 8; 48, 11; I Timoteo 1, 17). No otra cosa hizo el mismo Jesús adorando constantemente al Padre, atribuyéndole todas las obras que Él hacía y repitiéndonos expresamente que Él no buscaba su gloria (Juan 8, 50) sino la del Padre que lo envió (Juan 7, 18).

* 7. Con el gozo de tu vista: Véase Salmo 16, 15 y nota.

* 10. Como en un horno encendido: Manifiesta el rápido exterminio de los enemigos en el gran día de la venganza que sucederá al de la misericordia, aun presente para nosotros (Isaías 61, 2; Malaquías 4, 1 ss.).

* 14. Fillion comenta este final diciendo: “Israel será colmado de felicidad al celebrar para siempre estas manifestaciones del divino Poder.”

* 1. El título por el pronto socorro parecería indicar el contenido del Salmo. Según otras variantes, suele decirse que estaba destinado para el sacrificio matutino o que el título es, como en otros Salmos, la indicación técnica del modo de cantarlo, según la tonada de “la cierva perseguida”. Sobre el carácter profético y mesiánico de esté Salmo no cabe duda alguna, ya que Jesús en persona pronunció desde la Cruz las palabras con que empieza (Mateo 27, 46; Marc. 15, 34) y los Evangelios ven cumplido en su Pasión el versículo 19 (Mateo 27, 35; Juan 19, 23-24). Es perfecta la consonancia de los sufrimientos descritos aquí con la historia de la Pasión del Redentor y el anuncio final de su triunfo. Compárese todavía el versículo 8 con Mateo 27, 29-43 y Marcos 15, 29-32; el versículo 9 con Mateo 27, 43; el versículo 16 con Juan 19, 28; el versículo 17 con Mateo 27, 31. San Agustín dice que “la Pasión de Cristo aparece luminosa como en un Evangelio en este Salmo que más parece una historia que un vaticinio”.

* 2 ss. El segundo hemistiquio es texto incierto. Preferimos conservar el de los LXX y de la Vulgata, que coincide con el sentido del versículo 7 según el cual el Mesías toma sobre sí nuestros pecados llamándolos Suyos.

* 3. Y no te cuidas de mí: así también Zorell. Según otros: Y no hay descanso para mí.

* 4 ss. Tú estás, etc.: Es decir, no es que estés ausente o no me oigas. Si no me atiendes como atiendes a los otros (versículo 5 s.) es porque yo no lo merezco.

* 7 ss. Este pasaje, paralelo de Isaías 53, 1-9, nos muestra el aspecto más hondo de los dolores de Jesús, el abismo infinito de la abyección que quiso tomar en favor nuestro. “Se hizo pecado”, según la voluntad del Padre (II Corintios 5, 21) y, al hacerlo, revistiéndose de nuestra inmundicia para que fuésemos partícipes de su santidad, mereció y afrontó el repudio de ese Padre que tenía en Él todas sus complacencias. Él mismo nos hizo saber que su Padre lo había abandonado, y aquí justifica ese abandono diciendo que así debe ser tratado Él a causa de sus pecados, que son los nuestros (cf. Salmo 68, 6; Ezequiel 4, 4 ss. y notas). Si meditamos esto, creeremos mejor en el amor con que somos amados y comprenderemos algo de la Pasión del alma de Cristo y de su sudor de sangre en Getsemaní, cuando vio que todo se perdería para aquellos que se empeñasen en rechazar su amistad. Porque si a tanto precio nos adquiere en la Cruz, es “para que le permitamos ser nuestro amigo”.

* 9. Cf. Mateo 27, 41-43.

* 12. ¿Puede haber una lección tan indeciblemente penetrante como esta actitud indefensa, de infantil debilidad, que Él nos muestra aquí delante del Padre? Cf. Salmo 68, 21 y nota.

* 13 s. “Los fuertes toros” y el león representan la ferocidad y saña de los enemigos, y de aquel populacho que el Viernes Santo, movido por los pontífices, bramó: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

* 15 ss. Es la descripción viva de la Pasión del Salvador: sus fuerzas se agotan; son desarticulados todos sus huesos (Juan 19, 36), su vida se deshace como la cera y el corazón deja de latir. Son nuestros pecados los que lo impelieron a entregarse por nosotros a los verdugos: tal es el significado de la frase con que lo retrató el Bautista: el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo (Juan 1, 29; véase Levítico 16, 8). Pero consolémonos sabiendo que un día el Cordero triunfará también como León de Judá (cf. versículo 29 ss.; Apocalipsis 5, 5), y digámosle desde ahora, con la Liturgia: ¡Ven, oh Rey, ven, Señor Jesús! (Lucas 19, 38; Apocalipsis 22, 20).

* 17. Imagen tomada del Oriente, donde los perros y buitres comen los cadáveres de los animales no enterrados. Tan consumida está la vida del Señor que los perros ya lo rodean para lanzarse sobre su cadáver.

* 19. La coincidencia de esta profecía con la historia no puede ser más exacta. Véase Juan 19, 23 s.

* 20. A esto aludiría el título del Salmo: Por el pronto socorro.

* 22. Escúchame: Algunos vierten: me has escuchado. Terminaría así la súplica de Jesús con una certeza de triunfo que lo llevaría a formular en el versículo 23 la promesa que cumplirá apenas resucitado, enviando a Magdalena a encontrar a mis hermanos y anunciarles que Dios es “mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios” (Juan 20, 17).

* 23 ss. En esta segunda parte del Salmo, se describe el fruto de la Pasión (23-32): I. Él pueblo de Israel dará gracias a Dios y lo alabará por la redención concedida (23-27); II. Todas las naciones adorarán al verdadero Dios (28-30); III. El Mesías mismo vivirá y anunciará la gloria de Dios (31-32) (Salterio Romano). Los dos versículos siguientes contienen la alabanza anunciada en el 23. “Ya habéis oído, dice San Agustín, cuánto padeció y cuánto rogó… Escuchad ahora por qué padeció tanto: “Anunciaré tu Nombre a mis hermanos” (cf. Hebreos 2, 12). El mismo Jesús nos enseña esto en su Oración al Padre, diciendo que Él se sacrifica para que sus discípulos seamos verdaderamente santificados por la verdad del Evangelio (Juan 17, 17) y que ha consumado su obra dándonos a conocer al Padre (ibíd. versículo 4 y 6), porque en ese conocimiento consiste la vida eterna (ibíd. 3). Por lo cual dará a conocer más y más ese Nombre paternal de Dios, es decir, ese amor paterno con que nos mira, a fin de que, creyendo en ese amor, que es el Espíritu Santo, lo recibamos en toda su plenitud, (ibíd. 26) y lleguemos a ser uno con Jesús y con el Padre (ibíd. 11, 21, 22) “hasta consumarnos en la unidad” (ibíd. 24). Los que teméis a Yahvé: ¿Cómo temerle, siendo Él tan bueno? Es que no se trata del miedo servil sino del santo temor filial, que nace del amor y temblaría ante la idea de ofender o disgustar a un Padre que no vaciló en darnos su Hijo (véase Salmo 110, 10 y nota).

* 26. Mi alabanza: La ofrecida en el versículo 23. Nótese que es el Mesías quien habla.

* 27. Se hartarán: Alude a la Ley mosaica según la cual, en los sacrificios que se hacían en acción de gracias, el oferente distribuía una parte de la víctima a los pobres, celebrando con ellos un banquete.

* 28 ss. Como en Salmo 68, 11-37 y en Isaías 53, 10-12, después de anunciar claramente la Pasión que para redimirnos habría de padecer el Verbo hecho Hombre, se predicen aquí sus glorias posteriores. (I Pedro 1, 11), o sea su triunfo universal en la tierra con la conversión de Israel (Salmo 121, 4; Romanos 11, 25 ss.) y también de todas las naciones gentiles (Salmo 101, 16 s.), previa la derrota del Anticristo (Apocalipsis 19, 11 ss.), y el encierro de Satanás (Apocalipsis 20, 1-3) tal como pedimos cada día al fin de la Misa al rogar “por la libertad y exaltación” de la santa Iglesia y para que el Arcángel San Miguel reduzca al abismo “a Satanás y los otros espíritus malignos que andan por el mundo”. Esta es la época en que habrá, dice Santo Tomás, doble motivo de gozo, y que todas las creaturas esperan, según San Pablo, como en dolores de parto (Romanos 8, 19-22). Lejano parece tanto gozo en nuestros aciagos días, pero mayor es el motivo para esperarlo si puede servirnos de consuelo al presente: “No es Dios como el hombre para que mienta… ni mude… Habiendo hablado ¿no cumplirá su palabra? (Números 23, 19). No podrá, pues, impedirlo la tristeza de este siglo malo (Gálatas 1, 4) en que Cristo anunció persecución a sus discípulos (Juan 15, 18 ss.; 16, 1 ss.) y enseñó que la cizaña estará mezclada con el trigo (Mateo 13, 24 s.).

* 29. Cf. Salmos 2; 46; 71; 95-98; 109. etc.

* 30. No sólo los vivos sino también los muertos y las generaciones aún por nacer (versículo 31 s.) reconocerán y adorarán al verdadero Dios. Cf. I Pedro 3, 19 (Vaccari).

* 31. Cf. Salmo 44, 18 y nota.

* 32. Cf. Salmos 47, 14; 101, 19.

* 1. Dios cuida de Israel y lo provee en todas las necesidades como un pastor lo hace con sus ovejas. Véase Génesis 49, 24; Isaías 40, 11; Jeremías 23, 4; 31, 10; Ezequiel 34, 12 ss.; I Pedro 2, 25; 5, 4. Jesucristo se atribuye el mismo nombre y oficio de Pastor (Juan 10, 11 ss.). David invoca aquí a Dios como Pastor de su propia alma y nos trasmite así sentimientos de inefable consuelo y una esperanza que se extiende a todos los días de la vida (versículo 6; cf. Salmo 70) y también hasta los días sin fin.

* 4. Tu bastón y tu cayado: Aluden al oficio del pastor, que con ellos guía las ovejas y las defiende contra los lobos. Sólo es menester que reconozcamos, como los niños, nuestra incapacidad y la necesidad que tenemos de ser guiados y defendidos. Si el hijo se hace grande —dice Santa Teresa del Niño Jesús— y pretende valerse por sí mismo, el padre lo deja entregado a sus propios recursos. Por eso ella, consciente de que nada podemos por nosotros mismos, resolvió ser siempre como un párvulo delante del Padre celestial. Lo asombroso es que esto, que el mundo consideraría un acto de egoísmo poco honroso, sea precisamente lo que Jesús enseña como el sumo secreto para poseer el Reino y aun ser allí el más grande (Mateo 18, 1-4).

* 5. Es un Dios quien, por ser nuestro Padre, nos invita a un festín suntuoso, derramando sin tasa ricos perfumes de su gracia sobre las cabezas de los convidados y haciendo rebosar las copas de sus bendiciones.

* 6. Bondad y misericordia me seguirán: En esta doctrina y en la del Salmo 58, 11: “la misericordia de mi Dios se anticipará”, funda San Agustín su explicación sobre las maravillas de la gracia preveniente y subsecuente, diciendo: “La gracia de Dios previene al que no quiere, para que quiera; y, después que ha querido, lo sigue para que no deje de querer” (Scío). Véase Salmo 31, 8 y nota.

* 1. Sin duda destinado en Israel al uso litúrgico, este Salmo dialogado se rezaba el primer día de la semana. Es muy probable que David lo compusiera para el traslado del Arca al Tabernáculo de Sión (II Reyes 6) y que luego haya servido, como observa Podechard para acompañar la vuelta del Arca victoriosa (cf. II Reyes 11, 11) y toda otra traslación de la misma (cf. III Reyes 8, 1 ss.). Varios expositores le atribuyen carácter mesiánico, representando la entrada del Arca a Jesucristo triunfante (versículos 8-10). De Yahvé es la tierra: cf. Salmo 49, 12; Éxodo 9, 9; Deuteronomio 10, 14; Hechos 17, 24; I Corintios 10, 26. Dom Puniet observa que Cristo quebró la dominación de Satanás y la tierra entera le fue sometida para siempre, según la expresión de San Pablo en Hebreos 2, 5.

* 2. La Escritura señala más de una vez este alarde de poder que los antiguos admiraban en el Creador y del cual se gloría Él mismo. Cf. Salmos 103, 9; 135, 6; Génesis 1, 9; Job 38, 6, etc.

* 4. Las palabras Ni juró con doblez alteran el metro del verso hebreo. Muchos expositores las consideran como una glosa marginal y Rembold las suprime.

* 7 ss. Portones antiquísimos: Los de la antigua Jebús o Jerusalén- “Es un apostrofe, invitando a las puertas (de Sión) a romper sus lindes, a engrandecerse y sublimarse (para dejar paso al Arca). Y estas palabras suenan con acento de majestad y de triunfo indecible” (Calmet). Cf. Salmo 117, 19 y nota. Según algunos, la pregunta que aquí reiteran los Portones (versículos 8 y 10) y la respuesta que reciben, confirmaría el carácter mesiánico de todo el Salmo, en cuyo caso la pregunta y respuesta del versículo 3 s. también aludirían al Mesías, único digno de recibir el Reino (cf. Daniel 7, 13 s.; Mateo 25, 31; Lucas 1, 32; Apocalipsis 5, 3 ss.). Según otros, las condiciones del versículo 4 serían, como en el Salmo 14, para todo el que aspira a ser admitido en Su Reino. La solución depende tal vez de como se interprete el versículo 6, en el cual, como observa Fillion, generación tiene el sentido de raza (cf. Lucas 21, 32 y nota) y Jacob podría también estar en genitivo, significando “tal es la raza… de Jacob”. ¿Quizá la reiteración de la pregunta (versículos 8 y 10) aludiría a un doble triunfo: el del Mesías y el de “su Dios y Padre”, a quien Él, según I Corintios 15, 24 25, entregará un día el Reino? Cf. Salmo 109 y notas.

* 3. Ninguno que espera en Ti es confundido: Lo absoluto de esta afirmación hace que ella sea un enorme acto de fe (cf. Salmo 12, 5 y nota), siempre que estemos convencidos y no la digamos solamente con los labios, como por costumbre. No es cosa fácil creer de veras que Dios es bueno y nos ama. Pero esa cosa es precisamente lo único que se nos pide: cuando Pedro empezaba a dudar se hundía (Mateo 14, 30 s.; cf. Mateo 6, 30; 8, 26; 16, 8). De ahí que sea tan precioso el trato continuo con las divinas Escrituras, pues con la Palabra de Dios se alimenta y crece esa fe, según lo enseñan tantas veces San Pedro y San Pablo y según lo vemos aquí mismo en los versículos 4, 5. 8, 9, 12 y 14.

* 4 s. Muéstrame, etc.: (cf. Salmo 142, 8): He aquí el espíritu con que ha de estudiarse la Palabra de Dios: un deseo ambicioso de conocer los atractivos de su verdad y las ventajas de su salvación y una voluntad recta de saber lo que a Él le agrada, para poder complacerlo, pues en vano lo pretenderíamos si Él no nos lo enseña (cf. Sabiduría 9, 10 y nota y la oración del domingo XVIII después de Pentecostés). Jesús revela que quienquiera busque a Dios con ese espíritu, lo hallará. Véase Juan 7, 17 y nota.

* 6. Recuerda el salmista la historia del pueblo escogido. Desde antiguo tuvo Dios compasión de su pueblo, mostrándose como su Padre y protector en tiempos de los patriarcas en la salida de Egipto, en el desierto y en la conquista del país prometido (cf. Salmos 77 y 104-106).

* 7. San Agustín comenta este versículo (según la Vulgata), diciendo: “Perdóname, Señor, no sólo estos delitos de mi mocedad y de mis ignorancias antes de que te conociera, sino también aquellos en los cuales aún ahora, cuando vivo en la fe, caigo o por flaqueza o por las oscuridades que envuelven esta vida.”

* 8. Aquí vemos cómo los preceptos de Dios son ante todo instrucciones para nuestra felicidad, como de un buen padre para indicar el camino a su hijo que va de viaje, a fin de que no se extravíe. ¿Acaso perdería Dios algo con nuestros pecados? (Job 35, 6 ss.). Cf. Jeremías 8, 22; Salmos 80, 12-15; 102, 7; 142, 8; 118, 92; Gálatas 3, 19 ss.; 5, 18-23.

* 9. Amaestra a los dóciles (cf. la nota al versículo 4), y no a los otros, pues es inútil hablar a quien no desea aprender (cf. Juan 12, 39 s.). A ésos los entrega al extravío del propio corazón (Salmo 80, 13) y de la credulidad a los falsos profetas (II Tesalonicenses 2, 10). Por eso también a nosotros nos enseña Él a “no dar lo santo a los perros ni las perlas a los cerdos” (Mateo 7, 6).

* 10. Cf. Tobías 3, 2; Lucas 1, 50. Los que tal buscan ¿serán acaso muchos? Véase la tremenda respuesta del Salmo 13, 2-3.

* 13. Poseerá la tierra: “La tierra por excelencia, la rica región de Canaán, prometida por el Señor a Abrahán y a sus descendientes” (Fillion). Véase Salmo 36, 11 y Mateo 5, 4.

* 14. ¡Es decir que Dios nos revela sus secretos! Así lo dijo Jesús a sus íntimos (véase Mateo 13, 11; Juan 15, 15; cf. Salmo 50, 8). Nótese que “las promesas” están entre esos secretos destinados a los que cultivan la intimidad familiar de Dios (cf. Isaías 48, 6 y nota). Los demás hombres miran esas cosas con indiferencia (cf. I Tesalonicenses 5, 20 y nota). Muchos, por ejemplo, oyen con frecuencia en la Misa primera de difuntos la Epístola tomada de I Tesalonicenses 4, 13-16, pero ¿cuántos son los que se detienen a considerar y estudiar las asombrosas promesas que ella contiene? Y así tantas otras, como Mateo H, 25; 18, 4; Lucas 21, 36; 22, 30; Juan 17, 24; Efesios 1, 3 ss.; Filipenses 3, 20 s.; I Juan 3, 2, etc.

* 15. Él saca, etc.: Sólo Él, y no nuestra habilidad, puede librarnos de las tentaciones, ya que Satanás es más fuerte que nosotros. Eso es lo que Jesús nos enseñó a pedir al final del Padrenuestro: líbranos del Malo, o sea del tentador. De ahí que podremos evitar el pecado si hacemos vida de oración, es decir, si conservamos los ojos puestos en Él, como aquí se dice (cf. Salmo 118, 11). Es la misma espiritualidad que nos ensena San Pablo al decir que tengamos los ojos puestos, no en nosotros mismos (cf. Salmo 118, 37 y nota), sino “en Cristo, autor y consumador de la fe” (Hebreos 12, 2).

* 16. Nótese cómo conoce David el amor misericordioso con que es amado por el Padre celestial. No le da más que un argumento: su propia miseria. Cf. Salmo 85, 1 y la oración de María en Caná (Juan 2, 3).

* 17. El corazón “ensanchado” es el fruto y sello característico del trato familiar con Dios (cf. Salmo 118, 32 y nota), que es lo que da la libertad de espíritu, y es la única vida propia de los hijos de Dios (Romanos 8, 15; Santiago 2, 12; Gálatas 5, 13; Juan 8, 32, etc.) y que, según las bellas revelaciones de Santa Gertrudis, fue en ella lo que más agradó a Jesús.

* 18. Estoy cargado y agobiado: A éstos precisamente llama Jesús en Mateo 11, 28 para hacerlos descansar.

* 19. Cf. Salmos 34, 19; 68, 5; Juan 15, 25. Si nos creyéramos capaces de defendernos solos contra los enemigos, no podríamos decir con sinceridad esta oración (cf. versículo 15 y nota). David la dice bien convencido de su total impotencia propia (cf. Salmos 34, 19; 68, 5), y por eso, cuanto más pequeño se muestra (I Reyes 17, 39), más seguro está del Señor, que lo lleva a los más asombrosos triunfos, como el de Goliat (véase I Reyes 17, 45 ss.). Cf. Lucas 1, 49 ss. y nota.

* 20. Cf. Salmo 12, 5 y nota; 30, 2.

* 21. Se expresa aquí un precioso concepto, contenido también en el Salmo 118, 63 y 64: la profunda atracción que une a los que comparten el mismo espíritu y una misma esperanza (cf. Tito 2, 13). ¿No era éste acaso el ideal de Jesús para sus discípulos cuando les mandó amarse ante todo entre ellos, y el que expresó a su Eterno Padre la noche de la Cena? Porque espero en Ti: Según esto, David aludiría a que las almas rectas estaban de su parte, contra sus perseguidores. Según otra versión, el primer hemistiquio diría: integridad y rectitud me custodian.

* 22. En el Salmo, que es alfabético, este versículo queda como suplementario, fuera del alefato. Cf. Salmo 23, 33.

* 1. Este Salmo, clamor del alma escandalizada ante la corrupción del mundo, pertenece quizás a los tiempos en que David se vio obligado a huir de Saúl, o más probablemente de Absalón, lejos del Arca del Señor (II Reyes 15, 25). De ahí su ardiente deseo de volver a ver el santo Tabernáculo (versículos 6-8). Hazme justicia: Vulgata: júzgame, es decir, sé Tú mi Juez. Cf. Salmo 16, 2 y nota; 42, 1, etc.

* 2. ¡No permitas que en mí haya doblez! Cf. Juan 1, 47; 3, 19; Santiago 4, 8. Este saludable horror al contagio del mundo prueba la auténtica humildad de David. Quiere que Dios lo sondee hasta el fondo, como sólo puede penetrarlo Él (Salmo 138, 1 ss.), y extirpe con fuego cuanto pueda desagradarle.

* 3. He aquí todo un programa para andar según la verdad: tener siempre ante los ojos de la fe la bondad con que Dios nos ama (cf. Efesios 2, 4 y nota). No hay peligro, entonces, de querer apartarnos de Él, pues “donde está vuestro tesoro está vuestro corazón”. La Verdad es Cristo (Juan 14, 6), y del amor que Él nos tiene nada hay capaz de separarnos (Romanos 8, 35 ss.).

* 4 s. Ni con los inicuos y malvados, que abiertamente se apartan de Dios (cf. Salmos 1, 1; 100, 3 ss.), ni con los fingidos e impíos, que invocan a Dios por conveniencia y con doblez. Cf. Salmo 113 b, 1 y nota; Mateo 23, 1 ss.; I Juan 2, 15-17.

* 6. Los versículos 6-12 se recitan en el Lavabo de la Misa según el texto de la Vulgata. Lavarse las manos delante del pueblo era señal de no ser culpable de homicidio (Deuteronomio 21, 6 s.). También lo hizo Pilatos para protestar de su inocencia en el proceso contra Jesús (Mateo 27, 24). Es, pues, un; “gesto” que requiere conciencia recta. David no fue siempre un inocente, pero sí un penitente de perfecta contrición.

* 7. Se trata de levantar la voz delante de todos, y no de “oír”, como dice la Vulgata.

* 8. Sobre el amor de David por la Casa del Señor, véase en II Reyes 7, 2 ss., su ansia de edificar el Templo, y en III Reyes 7, 51. los tesoros que dejó él cuando supo que Dios había destinado a su hijo Salomón para construirlo. La Vulgata dice: “Amo el decoro.” A este respecto cf. sobre el Tabernáculo, Éxodo 25, 30, y sobre el Templo, III Reyes 6; Ezequiel 40 ss.

* 10. Sobre el “soborno” véase Deuteronomio 16, 19; I Reyes 8, 3; 12, 3 y las tremendas admoniciones de los Salmos 57 y 81 contra los magistrados.

* 12. Aquí, como en varios otros finales, el salmista nos muestra haber conseguido ya lo que antes pedía, como para estimular nuestra confianza en la oración. Sobre las asambleas o solemnidades, cf. Levítico 23; Números 28, 18 y 25, etc.

* 1. La fecha y ocasión de este Salmo se indican en los LXX por el epígrafe: “Antes de ser ungido”, referente sin duda a la segunda unción de David (II Reyes 2, 4), como rey de Judá, es decir, cuando aún le esperaba, no la persecución de Saúl, que ya había muerto (ibíd.), pero sí la guerra civil con sus sucesores (II Reyes 2, 8 ss.). No se trata, pues, de la unción como rey de todo Israel, como afirman algunos, pues ésta sólo tuvo lugar en II Reyes 5, 3 y fue la tercera, ya que la primera tuvo lugar en I Reyes 16, 13. Este Salmo expresa la más plena confianza en Dios y el ardiente anhelo por la Casa del Señor: virtudes ambas características del santo poeta.

* 4. Las palabras habitar… vida, exceden la medida del verso y son probablemente una cita marginal del Salmo 22, 6. Sobre el ansia de David por el Santuario, véase Salmo 25, 8 y nota. Cf. Salmo 41, 5 y nota.

* 5. Recuerda un episodio relatado en I Reyes 21, 6: David, desfallecido de hambre, encontró amparo y alimento (los panes de la Proposición) en el Tabernáculo del Señor. Jesús cita el pasaje en Mateo 12, 3 ss., para dar una bellísima lección a los fariseos.

* 6. Sacrificios de júbilo: Al son festivo de las trompetas y acompañados de las aclamaciones del pueblo (cf. I Reyes 4, 5; II Reyes 6, 15).

* 8. La traducción es según Rembold. Tenemos aquí una de las más exquisitas luces místicas para la vida espiritual: no pretender “conocerse a sí mismo” como los paganos, sino salir de sí mismo y “fijar los ojos en Cristo, autor y consumador de la fe” (Hebreos 12, 2). Cf. Salmo 118, 37 y nota. También tiene una trascendencia escatológica, como anhelo de contemplar a Aquel que viene. Cf. versículo 14; Salmo 16, 15; I Juan 3, 2; Apocalipsis 22, 20 y notas.

* 10. Sobre esta suavidad de la divina misericordia, superior en firmeza al amor materno, véase Isaías 49, 15 y 66, 13, de donde Santa Teresa de Lisieux dedujo la doctrina del amor misericordioso. Es ese amor el que allanará siempre nuestra senda a pesar de los feroces enemigos (versículo 11); lo halla todo el que de veras busca la amistad del divino Padre y de Jesús. Cf. Juan 15, 18 ss.

* 12. Que respiran crueldad: La Vulgata usa aquí una expresión que se había hecho célebre: “La iniquidad se ha mentido a sí misma.”

* 13. Si no creyera: “El sentido en el texto masorético queda incompleto, debiendo sobreentenderse: desgraciado de mí o cosa parecida. Suprimiendo la partícula condicional, el sentido es claro: Creo que he de ver (o gozar) los bienes o bondad del Señor” (Prado). En la tierra de los vivientes: Cf. 51, 7; 96, 1; 114, 9; 141, 6; Job 19, 25-27; Isaías 38, 11; Zacarías 12, 10; Apocalipsis 1, 7, etc. San Agustín exclama en este pasaje: “¡Oh bienes del Señor, dulces, inmortales, incomparables, sempiternos, inconmutables, y cuándo os veré, oh bienes del Señor! Creo que los tengo que ver pero no en la tierra de los que mueren, sino en la tierra de los que viven.” Cf. I Corintios 15, 51 ss. (texto griego) y I Tesalonicenses 4, 15-17.

* 14. ¡Aguarda a Yahvé!: Como los patriarcas ansiaban la venida del Mesías, así hoy nuestros suspiros han de ser por su retorno. Es la “bienaventurada esperanza” (Tito 2, 13) a que nos convidan las Escrituras y con la cual termina su última página (Apocalipsis 22, 17 y 20). “Se observará tal vez, dice un autor, que la expectativa de que Jesús retorne cuando menos lo esperamos, podría retraernos del interés por emprender trabajos de apostolado y aun empresas de progreso temporal, pues quedarían sin valor cuando Él viniese. Tal es, contesta, el lenguaje propio de la mundanidad. ¿Lamentaremos acaso que Jesús haya insistido en ese anuncio? ¿Le diremos que ha estado imprudente en hacerlo y que no pensó bien en las consecuencias? La verdad es que toda objeción de nuestra parte a esta tan dichosa esperanza no puede explicarse sino por una evidente ausencia de amor y deseo de que Él venga, y por un apego a este mundo, que hace insoportable la continua probabilidad de su venida. Porque ¿quién se quejará de que en todo momento haya probabilidad de que le ocurra un inmenso bien? Observemos además que tales quejas (cf. II Pedro 3, 3 s.) serían infundadas en cuanto al retraimiento de las obras espirituales, pues, como han observado muchos, fue esa esperanza lo que hizo la santidad de los primeros cristianos.” Cf. Santiago 5, 9; II Pedro 3, 14 s.; I Juan 4, 17; Apocalipsis 22, 10 y notas. Y en cuanto a las empresas temporales, no se trata de no hacerlas, sino de no poner en ellas el corazón, como lo dice claramente San Pablo (I Corintios 7, 29-31).

* 1. Súplica semejante a la del Salmo anterior, pronto se transforma en jubilosa gratitud al ver que ha sido escuchada (versículo 6 ss.). Sordo: otros vierten: mudo.

* 2. El interior de tu santuario: En hebreo “debir”, o sea el Santo de los Santos, la parte más sagrada del Tabernáculo y luego del Templo (III Reyes 6, 18 ss.; 8, 6). Sobre esta forma de orar hacia Jerusalén, cf. III Reyes 8, 22 y 30; Daniel 6, 10.

* 3. Siempre el horror a la doblez e hipocresía, que finge lo que no siente (Lucas 12, 1), y quiere acomodar a Dios con el mundo (Mateo 23. 1 ss.).

* 4. No es imprecación, sino apelación a la Justicia divina. San Agustín ve cumplida la palabra del santo Profeta en la destrucción de Jerusalén por los romanos. Y San Jerónimo añade: para que entiendan por los siniestros lo que no entendieron por los beneficios.

* 5. Es la ignorancia culpable de los que cierran los ojos para no ver. Jesús la enrostra muchas veces a loa fariseos (cf. Juan 12, 37-41), y San Pablo también a los paganos que no saben ver en la naturaleza las obras de Dios (Romanos 1, 20 s.).

* 6 ss. Esta segunda parte del Salmo nos muestra cuan presto ha escuchado el Señor la oración de su amigo. “Por eso… lo alabo”: La acción de gracias se traduce siempre en alabanza (cf. Lucas 1, 46 ss.).

* 8. El ungido es el rey David; en sentido típico, Cristo.

* 9. Tu heredad: Tu pueblo. Israel se llamaba herencia del Señor por ser el pueblo escogido y objeto de las bendiciones divinas (cf. Deuteronomio 4, 20). Apaciéntalos: Vulgata: gobiérnalos (cf. Hechos 20, 28 y nota). Este pasaje, inscrito en el frente de la Catedral de Buenos Aires, se reza en el “Te Deum”, himno compuesto a base de diversos textos bíblicos según la Vulgata.

* 1. Salmo de David. Los LXX y la Vulgata añaden a este epígrafe: en la consumación del Tabernáculo (cf. Amos 9, 11; Hechos de los Apóstoles 15, 16). Hijos de Dios: Parecen ser aquí los ángeles del cielo, según el Targum (cf. Salmo 88, 6 ss.; Job 1, 6 ss., etc.). Como advierte Fillion, según los LXX y la Vulgata, serían los hombres, pues el texto dice allí: “presentad al Señor corderos”. Véase Salmo 81, 6; cf. Salmo 50, 21; 65, 15. Igual sentido tiene la antigua versión siríaca y la traducción de San Jerónimo según el hebreo.

* 2. En su Santuario: Aquí también la siríaca confirma el sentido de los LXX y de la Vulgata.

* 3 ss. El salmista nos, hace asistir, como en visión profética, a una tremenda tempestad semejante al diluvio universal, que parece trastornar los fenómenos más poderosos de la naturaleza. “Pero el Salmo tiene una aplicación directa al misterio de Cristo, como la simple lectura lo hace presentir” (Puniet). Repite siete veces “la voz del Señor”, para expresar la elocuencia del terrible trueno, que es la voz de Dios en la biblia de la naturaleza y simboliza el poder de la Palabra divina (cf. 103, 7 y nota). En Apocalipsis 10, 3-4 hay un misterioso pasaje sobre la voz de los siete truenos, única que a San Juan le fue prohibido revelarnos, y Delitzsch dice que este Salmo, con esa repetición septenaria, podría llamarse el de los siete truenos. Cf. el Salmo 67, 34 ss. que concluye como éste, y Salmo 96. 2 ss., donde vemos un cataclismo semejante, que termina también, como aquí (versículos 11 s.), con la paz de Sión en el Reino eterno del Señor, que colma de bendiciones a su pueblo. Así también, como dice Dom Puniet, la voz del Padre, oída en forma de trueno, aseguraba a Cristo que Él triunfaría finalmente sobre el mundo (Juan 12, 28 ss.).

* 6. Schirión (o Sarión) es el antiguo nombre fenicio del Líbano (o Hermón). Los LXX y la Vulgata leyeron: yeschurún (amado). De ahí el “amado” de la Vulgata. Sin duda el texto hebreo corresponde mejor al paralelismo de los miembros, elemento principal de la poesía hebrea.

* 10. Cf. Salmo 9 b, 16; Jeremías 10, 10. La expresión final es frecuentemente usada en las profecías para designar las naciones gentiles, según lo explica el Apocalipsis. Cf. Salmo 17, 17; Isaías 17, 12; Jeremías 51, 13; Daniel 7, 3; Apocalipsis 17. 1 y 15. El segundo hemistiquio y el primero del versículo 11 forman la antífona de la Comunión de la Misa de Cristo Rey, lo que confirma su trascendencia mesiánica, expresada en las palabras “para siempre”. Véase los textos bíblicos de esa bella Misa en la cual se pide, como en el Padrenuestro, el advenimiento del Reino eterno y universal de verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz, que Cristo entregará a su Padre cuando todas las creaturas se hayan sujetado a su imperio (Prefacio), rogando al Padre que le entregue ese Reino (Salmo 71, 1 del Introito y Apocalipsis 5, 12) según las promesas del Salmo 2, 8 (Ofertorio), del Salmo 71, 8 y 11 y de Daniel 9, 14 (Gradual) y recordando su Parusía como Rey de reyes en Apocalipsis 19, 16 (Aleluya).

* 11. Como hace notar Delitzsch, el Salmo empieza con un “gloria a Dios en las alturas” y termina con “paz en la tierra” (cf. Lucas 2, 14). Véase igual concepto al final del Salmo anterior (27, 9) y en Salmo 67, 36.

* 1. Él sentido del “epígrafe”, confirmado por el de la Vulgata, alude a la inauguración del palacio real que David levantó en el monte Sión (II Reyes 5, 11), quizá después de convalecer de una enfermedad. En tiempo de los Macabeos, o quizá de Esdras y Nehemías, este Salmo sirvió para solemnizar la fiesta de la Purificación del Templo y del culto. De ahí que algunos interpretan así el epígrafe: “Salmo (Cantico para la dedicación del Templo) de David”.

* 4. Del sepulcro: La enfermedad ha sido, pues, muy grave. Nótese también el sentido típico: la referencia a Cristo que resucitó del sepulcro (en hebreo “scheol”, lugar de los muertos).

* 5. Gracias al Nombre de Su santidad: En la Biblia el nombre es como la persona misma, su esencia. Por eso el nombre define lo que es su portador. Jesús nos descubre que en Dios ese nombre es “Padre”, y lo llama “Padre Santo” (Juan 17, 25), destacando su infinita perfección (cf. Romanos 16, 27 y nota). De ahí que nos enseñe en el Padrenuestro a “santificar su Nombre”, es decir, a llamarlo Santo, como en Israel, y tenerlo por tal. Es lo que hace la Virgen María en el Magníficat cuando exclama hablando del Padre: “¡Santo es su Nombre!” La Iglesia extiende la alabanza al divino Hijo, consubstancial al Padre, diciéndole: “Tú solo eres Santo” (Gloria de la Misa).

* 6 ¿Quién no ha experimentado esto hallándose enfermo? Cf. Salmo 129, 6 y II Pedro 1, 19, donde esa aurora será la de la venida de Cristo, que ahora esperamos alumbrándonos con las profecías “como antorchas que lucen en lugar oscuro”. Este Salmo debiera estar escrito, para consuelo, en las salas de todos los hospitales. San Atanasio y San Gregorio aplican también este hemistiquio al pecador arrepentido: “Por ingente que sea el número de los pecados, la contrición los convierte de repente en alegría” (San Atanasio). Acerca de ese punto véase Salmo 50 y notas.

* 7. Como solemos hacer todos, se había sentido inconmovible en su buena salud y Dios le mostró con la enfermedad cuan frágiles somos. Vemos una vez más cómo no hay circunstancia de la vida que no esté reflejada en este océano de sabiduría que es la Sagrada Escritura, y cómo, si Dios nos manda pruebas, es porque son indispensables para abrir nuestros ojos carnales, cegados por “la fascinación de la bagatela” (Sabiduría 4. 12). Puede verse a este respecto nuestro libro sobre “Job y el problema del mal, del dolor y de la muerte”.

* 10. Motivo muy frecuente en las plegarias de los hombres piadosos del Antiguo Testamento. Dios nada ganaría con la muerte de un hombre; al contrario, perdería un adorador (Salmo 6, 6; Isaías 38, 18 ss.). Véase especialmente el Salmo 115, 6 y nota y las admirables lecciones del Oficio de Difuntos (tomadas todas del Libro de Job). Te alabará el polvo o proclamará tu felicidad: Son las dos formas de honrar a Dios: la oración y la predicación o apostolado.

* 11 ss. Nada más edificante que esta contagiosa alegría de la gratitud. Desataste mi cilicio (versículo 12): A veces se han aplicado estas palabras a la Resurrección del Señor, pero hemos de ser muy cautos en esas acomodaciones, pues vemos que el versículo 10 podría aplicarse a todos menos al Redentor divino, cuya Sangre, lejos de ser inútil como la nuestra, fue al contrario el precio, infinitamente valioso, de nuestra salvación. Monseñor Saudreau trae a ese respecto una bella palabra de San Ignacio de Loyola que, señalando a San Francisco de Borja la necesidad de reprimir la tendencia inmoderada a las maceraciones corporales, le hacía notar que de éstas sólo quedan unas cuantas gotas de sangre nuestra, que poco valen, en tanto que tenemos a disposición toda la Sangre preciosísima de Cristo cuyo mérito es infinito. La traducción del versículo 11 es según los Setenta y la Vulgata.

* 1. La Vulgata dice: “Para el fin. Salmo de David. Para el éxtasis”. Quizás es una referencia al versículo 23, como diciendo: para la extrema angustia. Compuesta, efectivamente, en un exceso de abandono e impotencia, esta oración de David parece, como lo han dicho muchos de los Padres, prefigurar los sufrimientos de Cristo moribundo. Al pronunciar Él en alta voz desde la Cruz el versículo 6, nos enseñó que éste es el Salmo ideal para el creyente que medita en la muerte, deseoso de mirarla con los sentimientos de dulce y omnímoda confianza que agradan a ese divino Padre que todo lo arregla siempre como conviene a nuestro mayor bien (Romanos 8, 28). “La fe sostiene al salmista cuando se acuerda de las misericordias pasadas. El desaliento lo amenaza si piensa en la desolación presente, mas luego se disipa la niebla y el sol de la divina bondad ilumina su alma.” Es que conoció el don de Dios (Juan 4, 10) y vio que “la inteligencia de las cosas espirituales no consiste en conocer cosas que nosotros le demos o le prometamos a Él, sino cosas que Él nos da y nos promete”. Todo nuestro mal está en que nada nos cuesta tanto como creer de veras que Él es bueno y nos ama ya antes que nosotros lo amemos (I Juan 4, 10 y 16).

* 2. Con este versículo (según la Vulgata) concluye el Te Deum. Cf. Salmo 27, 9 y nota.

* 3. Lo roca: Sobre esta idea, inefablemente consoladora, véase Salmo 17, 3 y nota.

* 6. He aquí la última Palabra de Cristo en la Cruz (Lucas 23, 46) y la última de San Esteban, primer mártir de Cristo (Hechos 7, 59). Dios fiel: ¡Dios leal! Sabemos que ninguna alabanza agrada más a la ternura del Padre que esta confesión de su lealtad, pues Él mismo nos muestra en toda la Escritura como la cosa de que más se gloría, su fidelidad, unida a su misericordia, que también vemos aquí en versículo 8. Cf. Salmo 12, 6 y nota; 24, 10; Tobías 3, 2, etc.

* 7. Dar culto a vanos ídolos (cf. Baruc 6, 1 ss.) es también poner su esperanza en el mundo y en los hombres, que no pueden salvarnos (cf. Jeremías 17, 5 y nota). “Son tus ídolos también esas riquezas en que confías, esos honores y dominios que ambicionas… a costa de tu alma y de tus deberes, el crédito fugaz de un día” (San Agustín).

* 9. Cf. Salmo 4, 1; 17, 20 y notas.

* 10 ss. Nótese la elocuencia de este cuadro que se presentó al Salvador. Sobre el consuelo en los días de la vejez, véase el Salmo 70.

* 11. Es la suprema impotencia del que va a morir. Se siente incapaz de valerse en el cuerpo y también incapaz para la oración. ¡Entonces es cuando hemos de entregarnos confiados en el amor generoso del Padre que nos creó y en los méritos del Hijo que nos redimió!

* 12. Situación precaria del que, habiendo perdido todo lo que atrae al mundo egoísta, se ve abandonado de sus amigos y expuesto a la saña de sus enemigos. Los Evangelios muestran cómo ese abandono y esa saña se cumplieron, más que en nadie, en el mismo Señor Jesús. Y los Salmos nos enseñan, como San Pablo, que “El Señor está junto a los que tienen el corazón atribulado” (Salmos 33, 19; 137, 7, etc.) y que el Padre de las misericordias nos consuela en todas nuestras tribulaciones y hace abundar nuestros consuelos en Cristo, así como abundaron los padecimientos de Él por nosotros, de modo que al ser consolados podamos consolar a otros, y el ver a otros consolados nos sirva de esperanza sabiendo que lo seremos también nosotros (II Corintios 1, 3-7). Sublime doctrina que bastaría, si fuese conocida, para desterrar de los hombres toda envidia.

* 16. Satanás y sus demonios han de querer perseguirnos más que nunca en la hora de la muerte. ¡Solamente Tú eres más fuerte que ellos! (véase versículo 18).

* 18 s. Cf. Salmo 12, 5 s. y nota. Reducidos al silencio del abismo (hebreo: scheol). Calès observa que el salmista pide a Dios justicia según el espíritu de la Ley antigua, y añade agudamente: “los que de esto se escandalizan harán bien tal vez en examinarse a sí mismos sobre el escándalo farisaico”. Espiritualmente puede aplicarse a Satanás (cf. Apocalipsis 20, 18), cuyo nombre significa acusador (cf. Apocalipsis 12, 10), y sus demonios, para que no conturben, con visiones aterradoras, el alma que debe estar llena de la esperanza de ver al Dios del amor y de la felicidad, que es al mismo tiempo el Padre del perdón, como nos lo muestra Jesús de un modo indubitable en la parábola del Hijo pródigo (Lucas 15, 20 ss.). Cf. Salmo 34, 10.

* 20. El primer hemistiquio coincide con lo que dice la Virgen en Lucas 1, 50. El segundo acentúa el concepto: delante de los hombres, como Jesús en Mateo 10, 32 s. Libre ya de la tentación, el alma descubre el inefable consuelo que Dios le tenía reservado para ese supremo momento: “Dichosos los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14, 13).

* 21. Con tu propio rostro: Otros: “con el misterio de tu presencia”. Siguiendo la aplicación de este Salmo a la muerte del creyente, más allá de las luchas transitorias, vemos aquí al alma sumergida ya en los consuelos de Dios, liberada dé las injusticias humanas y “descansando de sus trabajos” (Apocalipsis 6, 11; 14, 13) en espera de la “redención del cuerpo” (Romanos 8, 23; Apocalipsis 6, 10) que Cristo le traerá en su Venida con la plenitud de su gloria. Cf. Lucas 21, 28; Juan 17, 24; Filipenses 3, 20 s.; Apocalipsis 22, 12.

* 22. En ciudad fuerte: Continúa el concepto anterior. Algunos lo aplican históricamente a Siceleg (I Reyes 27, 5 ss.). Otros (Wutz, Gunkel) traducen con San Jerónimo: en la hora de la angustia.

* 23. Así, en el delirio de la agonía puede el hombre llegar a desesperar de su salvación. Mas vemos aquí, como en Isaías 49, 14 ss.; II Corintios 1, 8 ss., etc., que en ese momento crítico es cuando el socorro divino se apresura a mostrarnos que Él nunca dejó de cuidar de nosotros (I Pedro 5, 7). Entonces, al colmo de la aflicción sucede el exceso de gozo, como en el ejemplo que Jesús pone en el evangelio de San Juan 16, 21.

* 25. Esta es la virilidad cristiana: tener ánimo, no porque se confía en sí mismo, como los estoicos paganos, sino porque se cuenta con Dios como un niño con su padre.

* 1. Maskil: Esto es, doctrinal, de instrucción. Este Salmo forma parte de los siete Salmos penitenciales (con los números 6, 37, 50, 101, 129 y 142) y se cree que David lo compuso después de su pecado con Betsabee. San Pablo cita este versículo para mostrar que el perdón de Dios es obra gratuita de su misericordia (Romanos 4, 7).

* 2. A quien Yahvé no imputa: No dice que no la tenga o no la haya tenido. En esto está la gran enseñanza doctrinal: lo que nos interesa es lo que Él piensa y juzga de nosotros. La realidad verdadera sólo es la que existe en Su mente divina. Por eso San Pablo no se cuida del juicio de los hombres, ni siquiera del suyo propio, pues dice: “Dios es quien me juzga” (I Corintios 4, 3 s.). Y como ese Juez es soberanamente libre (Santiago 4, 12; cf. Salmo 147, 9 y nota), hace misericordia a quien le place (Romanos 9, 11-16), por lo cual una sola cosa importa y es cultivar su amistad para poder contar con su benevolencia en nuestra nulidad, como Ester con el rey Asuero (Ester 5, 2 s.; 7, 2 ss.). Nadie podrá pedirle cuenta a Él de las privanzas que quiera tener con nosotros, y así lo enseñó Jesús en la parábola de los obreros de la última hora (Mateo 20, 8 ss.). Así explica Santo Tomás que “el amor cubre la multitud de los pecados” (Proverbios 10, 12; I Pedro 4, 8), siendo notorio que a nuestros íntimos solemos disimularles cosas que se castigarían en un simple mercenario. Esto ayuda a entender la asombrosa doctrina que San Juan nos revela al decir que el que ha nacido de Dios “no hace pecado” (I Juan 3, 9; 5, 18). Cf. Romanos 8, 28-31.

* 3 s. Nótese la clásica descripción del infierno de los remordimientos; mientras calla su miseria el salmista sufre hasta dar gritos de dolor. En el versículo 5 vemos cómo se decide a confesarse culpable. El segundo hemistiquio del versículo 4 es según la Vulgata.

* 5. Aquí está la doctrina central del Salmo: no temer presentarnos a Dios sucios como somos, pues es Él quien nos limpia y no nosotros. San Juan expone esta doctrina en I Juan 1, 8 ss. La meditación de tan estupenda y dulcísima verdad basta para transformar un alma y librarla de la peor arma de Satanás, que es la desconfianza, con la cual nos aleja de nuestro Padre celestial. Cf. Salmo 50; Job 14, 4; 25, 4; Isaías 43, 25; Eclesiastés 7, 21; Marcos 2, 7; Juan 13, 8. etc.

* 6. Que te invoquen todos: Usando de tan consoladora certeza dice San Ambrosio: “No pudiendo afrontarte como Juez, suspiro por tenerte como Salvador y te descubro, Señor, mis llagas y mi vergüenza” (Oración de preparación a la Misa). Sobre este tiempo de la misericordia en que Él puede ser hallado, cf. Juan 6, 37. El diluvio de agua simboliza según algunos el tiempo de las grandes pruebas; según otros, el terrible destino que espera a los que rechacen este llamado de la misericordia. Cf. Apocalipsis 6, 16; 14, 10-11, 19-20; 19, 21; 20, 14.

* 8. “Yo te aleccionaré”: Esto también es fundamental. Así como nada podemos en el orden de la moral, si no es por el auxilio gratuito de Dios que se nos anticipa y nos acompaña hasta el fin (cf. Salmo 22, 6 y nota), así también en el orden de la inteligencia necesitamos la iluminación de Dios (Lucas 24, 45; Hechos 16, 14; I Juan 5, 20). De ahí que el gran Salmo 118 implore constantemente esa inteligencia. Véase en dicho Salmo los versículos 18, 34, 73, 169, etc.

* 9 s. Es éste uno de los muchos pasajes donde Dios nos alecciona preciosamente (versículo 8), mostrándonos cómo le aflige tener que hacernos sufrir. ¡No quiere llevarnos por la fuerza y le duele que huyamos de Él con desconfianza! Cf. Salmo 48, 13: Tobías 6, 17; Proverbios 26, 3. Su ley es “la Ley perfecta de la libertad” (Santiago 1, 25). “Cuando el hombre descuida lo que lo hace superior a los animales, destruye, deturpa y borra en sí mismo la imagen de Dios” (San Agustín).

* 11. “Alégrense los demás en las riquezas y honras del mundo; otros en la nobleza de sus linajes; otros en los favores y privanzas de los príncipes; otros en la preeminencia de sus oficios y dignidades. Mas vosotros que presumís tener a Dios por vuestro, que es vuestra heredad y vuestra posesión, alegraos y gloriaos más de verdad en este bien, pues es tanto mayor que todos los otros, cuanto es más Dios que todas las cosas” (Fr. Luis de Granada). Cf. Jeremías 9, 23; I Corintios 1, 31; II Corintios 10, 17.

* 1. Este precioso Salmo, que según la Vulgata es de David, contiene, como el 102, uno de esos estupendos elogios de Dios en los cuales desahoga su admiración nuestra alma cuando el Espíritu Santo la mueve al agradecimiento. Alabar al Padre es lo propio de los rectos de corazón así como el cantar, dice San Agustín, es propio del que ama. De ahí que Dios, tan perdonador y paciente con los pecadores, como lo mostró Jesús en cada página del Evangelio, sea implacable con la falsa religiosidad que lo alaba sólo de boca (Mateo 15, 8; cf. Isaías 29, 13 y la nota de San Bernardo), y proclame indignado que “abomina del incienso” (cf. Isaías 1, 11 ss.; S- 49, 8 y 16; Sabiduría 9, 10 y notas). Cualquiera siente profunda repugnancia al recibir manifestaciones de afecto por parte de personas de cuya indiferencia tiene pruebas ciertas. “El beso de Judas no sólo no ha concluido para el Maestro, sino que se ha extendido hasta hoy día bajo el título de la mundana cortesía.”

* 2. Cf. Salmo 56, 9 y nota.

* 3. Nótese el contraste entre esta sonora alegría de los buenos tiempos de Israel y el Salmo 136, 3 s. Volveremos a ver esta alegría en el cántico final (Salmo 150, 5 s. y notas). Cf. Salmo 88, 16; 99, 4 ss.

* 4. Sobre la rectitud de Dios cf. Salmo 30, 6 y nota.

* 5. Las ama y por eso las ejercita, como se ve en los versículos siguientes. La justicia es cosa propia de Dios, pues Él es el único justo (II Macabeos 1, 25) y la fuente de toda justicia o santidad. Cf. Salmo 31, 2; 35, 6; Romanos 16, 27. En el Nuevo Testamento justicia es la santidad que Dios nos da mediante la fe en su Hijo Jesucristo (Romanos 3, 25 s.; Mateo 6, 33). Jesús es llamado el Justo, y no practicó la justicia en el sentido pagano de dar a cada uno lo suyo, sino que Él pagó “lo que no había robado” (Salmo 68, 5) y estableció la ley de caridad que debemos practicar a imitación suya, perdonando al prójimo cuantas veces nos ofendiere (Mateo 18, 22). Esta ley es obligatoria, pues si no la cumplimos no seremos perdonados por Dios, sin lo cual todos estamos seguros de ir al infierno (Mateo 6, 15; Santiago 2, 13). “El párroco deberá recordar a los fieles cuánto sobrepuja la bondad y misericordia de Dios a la justicia” (Catecismo Romano III, capítulo 2, 36). Dios, dice Santo Tomás, no obra nunca contra la justicia, pero sí obra más allá de la justicia, como lo muestra Jesús en la parábola de los obreros (Mateo 20, 13; Juan 3, 16-17, etc.). Entre los groseros errores de Miguel Bayo (de Bay) que la Sede apostólica condenó por boca del Papa Pío V, está el que dice que las obras buenas de los justos no recibirán más premio que el que merezcan según la justicia (Denz. 1.014).

* 6. Su ornato: La Vulgata dice su belleza, es decir, los astros y estrellas, que se llaman también la milicia o el ejército del cielo. Cf. Isaías 40, 26.

* 7. Véase Job 38, 22 ss. Los abismos: Cf. Génesis 1, 9 ss. Sobre las maravillas de la naturaleza, véase el Salmo 103 y sus notas.

* 9. Cf. versículo 6. Ese infinito poder de Dios se ejerce por su Palabra o Verbo (Juan 1,13; Salmo 148, 5). El Verbo se hizo hombre, tomando en su Humanidad santísima el dulce hombre de Jesús. Jesús es la Palabra (el Logos) del Padre, quien todo lo hace por amor a Él, para Él y por medio de Él (cf. I Corintios 8, 6). Aquí, como en Salmo 148, 5, se trata de que todas las creaturas agradezcan al Padre ese don de la existencia que les dio por el Hijo. Bien se ve por esto que el concepto cristiano del Logos es muy distinto del que esa voz griega tenía en los filósofos antiguos, para los cuales significaba “la razón”. La diferencia entre ambos es tanta como la que hay entre la tierra y el cielo (Isaías 55, 8 ss. y notas), entre lo humano y lo divino (Salmo 91, 6; Sabiduría 17, 1 y notas), entre lo natural psíquico y lo sobrenatural espiritual (I Corintios 2, 10-16 y notas). La confusión o mezcla de estos conceptos lleva a los extravíos contra los cuales nos previene San Pablo en Colosenses 2, 8. Cf. Hechos 17, 16 ss. y notas.

* 10. Pocos creen de veras en esto, aunque la misma historia contemporánea lo confirma a cada paso con los más sorprendentes acontecimientos (cf. I Corintios 1, 19-20; Isaías 8, 10; 19, 3; 29, 14; 28, 9; 55, 8 s.; Salmo 93, 11). ¿Qué podría esperar aquí abajo la humanidad cuando cae bajo el capricho omnímodo de los tiranos, sino fuera por esta altísima Providencia que los deshace en el momento oportuno, aunque por un tiempo azote con ellos a los pueblos para saludable humillación? Él es el que se ríe de los poderosos (Salmo 2, 4), que endiosando el poder dicen, con el filósofo Hegel: “El Estado es la idea moral realizada, la esencia de la moralidad que ha llegado a tener conciencia de sí misma, el todo moral, la voluntad divina presente, encarnada, universal, lo infinito y absolutamente racional, el espíritu convertido en real, viviente, obrando y desarrollándose: el espíritu total.” Cf. Salmo 11, 5; 16, 4 y notas.

* 11 ss. Alude el salmista a los falaces planes de los gentiles, que conspiran para arruinar al pueblo de Dios, al cual Él llama su herencia (cf. Deuteronomio 4, 6 ss.; 33, 29) y sobre el cual tiene inagotables designios de misericordia. Cf. Salmo 104, 14 ss. y nota. Este versículo y el 19 forman el Introito de la nueva Misa del Sagrado Corazón. Véase Salmo 17, 20 y nota.

* 15. Él, que formó el corazón, etc.: Se refiere a que Él es el creador de todos sin excepción (cf. Zacarías 12, 1). San Agustín, aplicándolo en sentido espiritual, dice: “Con las manos de su gracia y con las de su misericordia forma Dios los corazones, cada uno de por sí, pero sin romper la unidad que los junta a todos en Cristo.”

* 17. Engañoso: literalmente: mentiroso, porque hace creer con su apostura que nadie podrá vencerlo. Admirable verdad que debiera hacernos desconfiar sistemáticamente de toda grandeza humana, no ya sólo de los caballos sino de los imperios, que Dios disipa como el humo. Véase Salmos 17, 35; 43, 7; 48, 7; I Reyes 14, 6.

* 22. Este versículo, que forma el final del Te Deum, contiene una admirable doctrina. Así como, según el Padrenuestro, Dios nos perdona en cuanto nosotros perdonamos, así también Él nos hace misericordia en la proporción en que la esperamos. Es el sentido de las palabras de Jesús: Según vuestra fe, así os sea hecho (Mateo 9, 29). Véase Salmos 16, 7; 36, 40; 146, 11. De ahí la importancia máxima que tiene el creer en la misericordia de Dios, fruto del amor con que nos ama. Pero es muy difícil creer en esta maravilla si no conocemos bien todo el Evangelio (véase I Juan 4, 16; Efesios 2, 4; Gálatas 2, 20. etc.). En efecto, el saberse amado por Dios es el resorte más poderoso y eficaz que existe para la vida espiritual; pero el que no conoce la predilección de Dios por los miserables no puede sentirse amado por Él, a menos de creerse merecedor de ese amor e incurrir en detestable presunción farisaica. En cambio, el que a través de mil revelaciones de Cristo ha descubierto esa sorprendente inclinación del Padre hacia el hijo pródigo, como Jesús la tuvo hacia los pecadores y enfermos, hacia Magdalena, hacia la adúltera, hacia Zaqueo, etc., se coloca en la más auténtica humildad, pues funda esa fe no en sus méritos sino en su miseria y necesidad. Tal es la importancia insuperable de estudiar a fondo el Evangelio, pues sin eso en vano pretenderemos comprender algo tan asombroso como esa “debilidad” de Dios hacia los que nada merecen.

* 1. El “epígrafe” explica las circunstancias históricas que originaron este Salmo. David se había refugiado en Gat, ciudad de Filistea, donde el rey Abimelec (llamado Aquis en I Reyes 21, 13), le dio hospedaje, pero lo despidió cuando David, para salvar su vida, se fingió loco (véase I Reyes 21, 13-15).

* 3 ss. Los afligidos: Es lo que pide el contexto. Algunos vierten: los humildes. Como vemos a continuación, el santo rey profeta se empeña en que todos sepamos cómo fue socorrido él, para que todos confiemos igualmente cuando estamos en tribulación o humillación. Así enseña Jesús a obrar en Lucas 8, 39. Cf. Mateo 11, 28 ss.

* 6. Miradlo a Él: Hay aquí toda una espiritualidad (cf. Salmo 26, 8 y nota), que a nosotros nos es más fácil que a Israel, pues podemos ver al Padre en el Rostro de su Hijo y Enviado, que es su retrato perfectísimo. Véase Juan 14, 9; Hebreos 1, 3.

* 9. Gustad: Ponderad, saboread y veréis la bondad de Dios (I Pedro 2, 3). “Al gusto de Dios se sigue la caridad y ojos despabilados para ver y penetrar secretos divinos” (San Juan de la Cruz). Es lo que se expresa en Salmo 36, 4.

* 10. ¿No es un anticipo de la “añadidura” que Jesús promete de parte del Padre en Mateo 6, 33 (cf. Salmo 36, 25)? El Evangelio dice que esos bienes y bendiciones temporales se nos pondrán delante, es decir, vendrán por obra directa de Dios, si antes buscamos la gloria Suya que Él nos ofrece. No es, pues, que el Evangelio esté hecho para dar normas de buen éxito en la vida temporal, como esos libros que prometen el triunfo en los negocios o la técnica para ganar millones. El Evangelio es “del Reino de Dios”, que hoy está reducido a las almas, pues el mundo y su gloria tienen por príncipe a Satanás (Juan 14, 30; Lucas 4, 6; I Juan 5, 19). Por eso Jesús no enseña secretos humanos ni reglas de organización o burocracia privada o pública, sino que atribuyendo “al César lo que es del César” (Mateo 22, 17), promete que si damos “a Dios lo que es de Dios”, Él nos dará, como da a los pájaros, cuanto necesitamos, en esta vida transitoria, pues nuestro Padre sabe qué necesitamos aun antes de que se lo pidamos (Mateo 6, 8 y 32); Conviene meditar si creemos eso debidamente.

* 11. Nótese la consonancia con el Magníficat (Lucas 1, 53). Los que tienen hambre de la verdad y sed de amor son colmados por Dios (Salmo 80, 11; Mateo 5, 6; Juan 7, 37 s.). Los que se sienten satisfechos con su propia suficiencia no lo buscan y por eso no lo encuentran (cf. Lucas 11, 9 s.).

* 12 ss. Esta segunda parte del Salmo reviste carácter didáctico y recuerda mucho los Libros sapienciales. Su tema cabal es el temor de Dios (véase Proverbios 1, 7; Eclesiastés 12, 13). Observar los mandamientos del Señor es tener días dichosos porque para eso los ha dado Él (Salmo 24, 8 y nota). Cf. I Pedro 3, 10-12.

* 16. Véase Eclesiástico 15, 20; Hebreos 4, 13.

* 17. Sobre esta extirpación cf. versículo 22 s.; Salmo 36, 9.

* 19. He aquí una revelación con la cual podemos comunicar indecibles consuelos a los que sufren. Así como en las caídas ha de consolarnos el saber que ellas son ocasión para que podamos crecer tanto más en el amor cuanto más haya que perdonarnos (Lucas 7, 47), así también se nos enseña aquí que a mayor tribulación corresponde más envidiable compañía y asistencia del Padre celestial (cf. Mateo 5, 4). Por eso Santiago da como remedio a la tristeza la oración (Santiago 5, 13). Véase cómo recurrió a ella el mismo Jesús y fue consolado (Lucas 22, 41-43). La misericordia es lo propio de Dios (Salmo 32, 5 y nota; I Juan 4, 8; Efesios 2, 4); de ahí que Él esté especialmente cerca de los atribulados, como lo enseña Jesús en Lucas 15, 11 ss. con el ejemplo de aquel padre admirable. Es característico de todo padre el resistir a los soberbios y acoger a los humildes (Lucas 1, 52; Proverbios 3, 34; Isaías 66, 2; Santiago 4, 6; I Pedro 5, 5).

* 20. Pruebas, porque el oro necesita ser acrisolado (I Pedro 1, 7; cf. Juan 15, 2). Muchas tribulaciones les vendrán precisamente por ser justos, pues Jesús enseña que el mundo no podrá soportar a los verdaderos discípulos (Juan 15, 18 ss.). Pero Jesús nos descubre que en ello hay una bienaventuranza como para saltar de gozo (Lucas 6, 22 s.) y que es la peor calamidad el ser aplaudido por los hombres (Lucas 6, 26). Y nos recuerda para firme confianza, que Él es el vencedor del mundo (Juan 16, 33). Cf. Salmo 26, 5 ss.; 27, 6, etc. “Los apóstoles, decía el gran obispo von Keppler, han sido puestos, según San Pablo, para basura del mundo; en cambio el Anticristo tendrá una estatua ordenada por el falso profeta.” Véase I Corintios 4, 13; Apocalipsis 13, 14.

* 21. Obsérvese el sentido mesiánico en Juan 19, 33-39.

* 22. Algunos traducen como la Vulgata: “La muerte de los pecadores es desgraciada.”

* 23. No pecará: Así también Calès. Otros vierten: no perecerá (cf. versículo 17). Según lo primero, no solamente evitará el castigo sino, lo que es más, se librará de ofender al divino Padre. No significa esto que vivamos sin defectos (buenos para humillarnos) pero sí libres del pecado. Santa Teresa de Lisieux le pide que sólo le deje los defectos que no le disgusten a Él.

* 1. En este Salmo el Rey profeta, perseguido probablemente por Saúl, habla como figura de Cristo y presenta al Padre bajo la imagen guerrera de un caudillo invencible, como lo hace Moisés en su cántico de Éxodo 15, 3, donde “Yahvé es un fuerte campeón”. Sólo el Señor salva al perseguido y castiga a los perseguidores. Cf. Salmo 34, 11 y nota.

* 2. En las palabras del salmista palpita la oración de Cristo paciente, por lo cual vemos frecuentemente este Salmo en el Oficio de Pasión, y aun como Introito en la Misa del Martes Santo. También hemos de ver aquí la voz permanente de la Iglesia, pues toda ella, como dice San Agustín, es Cristo paciente (cf. versículo 11 ss. Salmo 33, 20 y notas). Cada uno de nosotros hallará, pues, hondo consuelo sobrenatural, como en el Salmo 16 y otros, uniéndose con ellos a la oración de Cristo, especialmente en los momentos de persecución que Él anunció a los suyos.

* 3. Dile a mi alma para que yo lo sepa y lo crea de veras. Dios hace constantemente con nuestra alma prodigios de amor. Pero esas realidades divinas pasan desapercibidas si no las captamos mediante el conocimiento y la fe viva (I Corintios 2, 14).

* 4. Cf. Salmo 69, 4.

* 7. Sin causa: Cf. versículo 19. Véase, en sentido mesiánico, Salmo 68, 5.

* 9. Son los mismos sentimientos de la Virgen en el Magníficat (Lucas 1, 47). Pero aquí brotan aún en medio del dolor, mostrando cómo es de intenso el júbilo de sentir segura la protección del Omnipotente (cf. Salmo 123. 8).

* 10. Del prepotente: Claro está que esto es verdad también respecto del Diablo y sus demonios. Cf. I Juan 4, 4; Salmos 17, 18; 30, 18.

* 11 ss. Se cumplió esto al pie de la letra en la Pasión del Señor. “En estas palabras seguimos oyendo la voz de Cristo, la voz de la cabeza y la voz del cuerpo de Cristo. No separes nunca a la esposa del esposo: son dos en una misma carne; dos también en una misma voz. Padeció la cabeza, padezca el cuerpo; o más bien: padeció la cabeza para ejemplo del cuerpo. El Señor padeció voluntariamente; ella, necesariamente; Él, por compasión; ella, por condición. Sus dolores voluntarios son nuestro consuelo en los nuestros merecidos; para que, al padecer nosotros nuestros dolores, pongamos la mirada en Aquel que es la cabeza” (San Agustín). Cf. Salmo 33, 6; 58, 1 y notas.

* 13 s. Modelo de amor a los enemigos (véase Lucas 6, 27-35).

* 15. Véase esto en la Pasión de Jesús (Marcos 14, 65).

* 16. Los LXX y la Vulgata añaden aquí al principio: “quedaron disipados, mas no arrepentidos”. Burladores de torta redonda (así también Desnoyers): Expresión gráfica, como quien dijera: los que, hartos de placeres y honores del mundo, se reúnen alrededor de un festín para ridiculizar a los que comparten lo que San Pablo llama la “locura” de Cristo crucificado (I Corintios 1, 23). Cf. Salmo 1, 1 y nota. Rechinaron contra mí sus dientes: Una de las cosas sorprendentes que nos hace notar la Biblia es ésta de que el pecador siempre odia al justo, aunque no le haya hecho sino bienes, como se ve en los versículos 12 y sigs. (véase Salmo 36, 12; 111, 9 s., etc.). Por eso vimos que ese odio es gratuito (versículos 7 y 19). Jesús nos da la clave de ese odio en Juan 7, 7; 15, 19 y 17, 16.

* 17. Cf. versículo 22.

* 19. Véase Juan 15, 25; Salmo 24, 19.

* 21. Notemos el paralelismo con el Evangelio: después de ensayar los falsos testigos (versículo 11; cf. Mateo 26, 59 ss.). Caifás exclama como aquí: “vosotros mismos habéis oído la blasfemia: para qué necesitamos ya de testigos?” (Mateo 26, 65).

* 24. ¡Júzgame Tú! Cf. Salmo 16, 2 y nota.

* 28. Sobre la alabanza perpetua dice San Agustín: “Cuando cantas, alaban a Dios tu lengua y tu pecho; y cuando calla la lengua y tomas tu sustento, no te excedas, y alabas a Dios. Dale a tu cuerpo el descanso, y haciéndolo santamente, alabas a Dios. Ocúpate en negocios, si quieres, pero no defraudes, y alabas a Dios. Aplícate al cultivo de tus tierras y no litigues, y alabas a Dios. En la pureza de tus obras vas tejiendo las estrofas de tu himno a Dios todo el día.” Cf. Lucas 11, 23; Romanos 14, 6; I Corintios 10, 31; Hechos 2, 46; I Tesalonicenses 5, 10 y 17 y notas.

* 1 ss. David empieza mostrándonos el proceso interior de la conducta del impío; luego se vuelve al Señor para alabar su bondad y justicia y termina señalando la caída de los soberbios.

* 4. No se cuida de entender: He aquí todo el misterio de los fariseos, que ya creían saberlo todo sin necesidad de buscar lo que ha dicho Dios (cf. Salmo 11, 5), y que en el fondo rehuían el saberlo porque era incompatible con su orgullo (Juan 8, 43). Jesús no cesa de increparlos con sus más terribles palabras (véase Mateo 23, 13; Juan 3, 19; 5, 39; 7, 17; 8, 24 s. y 45 ss.; Hebreos 12, 19, etc.). No debemos creer que haya pasado del todo “la generación esa” (Mateo 23, 36; 24, 34) y que el mal fuese sólo de aquellos judíos, y no de todos los tiempos. Cf. Romanos 11, 17-21.

* 6 ss. Como un contraste que le permite olvidar el triste cuadro precedente, el salmista pasa a ofrecernos una grandiosa descripción de los atributos de Dios. Su misericordia sobrepuja a su justicia como el cielo a las montañas (cf. Salmo 32, 5 y nota), y se extiende aún a los animales. Cf. Lucas 12, 24. A la sombra de tus alas (versículo 8): Véase la expresión de Jesús en Mateo 23, 37.

* 10. Algunos Padres ven aquí el misterio de la Santísima Trinidad: el Padre, a quien se dirige el salmista; el Hijo, luz que es fuente de vida (Juan 1, 4 y 9); y el Espíritu Santo, que irradia la luz de la gracia ganada por Cristo. Cf. Salmo 4, 7 ss.; 118, 105: Juan 8, 12; 12, 46; 17, 17; II Timoteo 1, 10; I Juan 1, 5.

* 11. Sobre los que te conocen: Este privilegio, a favor de los que se interesan. por conocer los misterios que Dios se ha dignado revelarnos en su palabra, no puede sorprendernos después de lo dicho en el versículo 4. El mismo Jesucristo enseña que la vida eterna es conocer a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo como Enviado por el Padre (Juan 17, 3); y San Pablo revela que las llamas del fuego son para los que no conocieron a ese Padre y no obedecieron al Mensaje evangélico de ese Hijo. Cf. II Tesalonicenses 1, 8; Salmos 9, 11; 90, 14.

* 13. Como en visión profética el salmista nos muestra ya cumplido el juicio de Dios. Cf. Salmo 1, 5 y nota.

* 1 ss. En el original es alfabético así como el Salmo 24, el 118, etc. empezando cada sentencia con una letra del alfabeto (alefato) hebreo. En su substancia es una exposición maravillosa de la divina Providencia, cuya lectura y meditación, como decía San Isidoro de Sevilla, es medicina soberana contra las murmuraciones y las inquietudes del alma frente a esos escándalos atroces que harían vacilar, si posible fuera, aun a los elegidos (Mateo 24, 24). Véase también a este respecto los Salmos 48, 72 y 93. “No te acalores” (cf. versículo 8): No se trata precisamente de no envidiar la suerte de los malos que parecen triunfar, sino de evitarnos, por la inalterable confianza en Dios, toda alteración de la serenidad, que es la condición normal de la sabiduría. Ésta es de carácter universalista, totalista; su aspiración no tiene límites y busca lo supremo, porque vive en lo absoluto, y de ahí que no se altere con tristeza ni con alegría, por acontecimientos cuyo interés sólo es parcial. Así como, en la prosperidad de las propias obras de apostolado no se entrega a una entera complacencia —como suele hacerlo el hombre natural— pues ve que la humanidad sigue sufriendo y que Cristo no ha sido aun plenamente glorificado en la tierra, así tampoco se aflige demasiado al ver cómo avanza el “misterio de la iniquidad” (II Tesalonicenses 2, 7), pues Dios sabe muy bien cuándo ha de intervenir. “A mí la venganza, dice el Señor” (Romanos 12, 19; II Tesalonicenses 1, 6). La Fe y la Esperanza saben hallar aún entonces motivos de gozo por lo mismo que la Sabiduría lo tiene así previsto y anunciado en las profecías como preámbulo del sumo bien que esperamos. Cf. Mateo 24, 10 ss.; Lucas 17, 26 ss., etc.

* 4. “Esta promesa es uno de los más prodigiosos testimonios del amor y bondad con que nos mira Dios. El que la medita halla en ella un programa completo de santidad: es el programa de María que eligió esa mejor parte (Lucas 10, 42) la cual ‘no le será quitada’ porque raros son los que la codician, o sea, como dice Rudolfo el Cartujo, que nadie se la disputará.” “¿Cómo explicar tal desprecio de esa felicidad temporal y eterna sino por la muerte de una fe que en vano intentaría perpetuarse con obras serviles hechas sin amor? El puro temor servil, dice Santo Tomás, procede de una fe informe, y la fe que salva no es esa sino la fe viva, es decir, animada por la caridad” (P. de Segor).

* 5. El concepto que el santo Rey quiere destacar es el de que Dios no es pasivo, sino que, muy al contrario, se goza en tomar a su cargo nuestros asuntos siempre que nos confiemos a Él (Santiago 1, 6; 4, 3; 1 Pedro 5, 7; Marcos 11, 23 s.). Como un paralelo de las figuras de Marta y María, Santo Tomás nos recuerda también las de Lía y Raquel, haciendo notar que aquélla, muy prolífera y de ojos legañosos (Génesis 29, 17), “pare mucho, pero ve poco”.

* 7. Sobre este silencio, cf. Salmo 38, 2 ss. y notas.

* 8 s. Nuevo estímulo para la actitud valiente y tranquila del sabio frente al mal y aun a la propia persecución. No es esto valor estoico, pues no se funda en la propia suficiencia, harto falible, sino en la certeza de una indefectible protección (cf. Salmo 111, 8). Véase también Salmo 3, 7; 22, 4; 26, 1; 55, 5; 117, 16; Mateo 10, 28; Romanos 8, 31, etc. “Serán exterminados” (versículo 9): Cf. versículo 20; Salmo 33, 17. “Heredarán la tierra”: La bienaventuranza prometida por Jesucristo en el Sermón de la Montaña (Mateo 5, 4). Allí se aplica a los mansos; aquí a los que saben confiar en la bondad del Padre. Cf. también los versículos 11, 22, 29 y 34.

* 12. Para ponernos en guardia y quitarnos ilusiones, se nos revela aquí una verdad muy importante: no nos libraremos de que nos odien, y en eso estará el sello anunciado por Jesús a sus verdaderos discípulos (versículo 32; Salmo 34, 16; Juan 15, 19; 16, 1 ss.; 17, 14; Hechos 7, 54; Mateo 5, 10; Marc. 10, 30; II Corintios 4, 9; II Timoteo 3, 12; Lucas 19, 14; 21, 17; I Juan 3, 13, etc.).

* 13. Cf. Salmo 2, 4.

* 16. Véase Proverbios 16, 8. La moderación, fruto de un permanente contacto con el Evangelio, es un tesoro de paz que San Pablo llama “granjería grande” (I Tim. 6, 6).

* 20. Son innumerables las variantes propuestas para este texto trunco en que falta el segundo estiquio y otros están alterados. Manresa propone: Perecen los impíos y los enemigos del Señor, fallecen como lo más aflorado de las manadas, como humareda van esparcidos. Rembold vierte: Solamente perecen los impíos y sus hijos pedirán pan; los enemigos del Señor son como la gloria del campo, la cual se deshace en humo y se desvanece (cf. Isaías 40, 6). Wutz nos ha parecido el más aproximado a la mente del salmista.

* 21. Si Jesús manda prestar sin interés (Lucas 6, 34 s.; cf. versículo 26) y no resistir al malo (Mateo 5, 39 ss.), no es ciertamente porque Él apruebe la conducta del que no devuelve. Sobre esta obligación el Catecismo Romano (3, 8) cita Proverbios 21, 6 y Hababuc 2, 6. Cf. principalmente el notable Eclesiástico 29.

* 23. Admirable afirmación de la Providencia. ¿Quién no se sentirá consolado por esta verdad si cree de veras en ella? Cf. Jeremías 10, 23; Proverbios 21, 1 y nota. Pidamos todos aumento de fe para poder practicar esas cosas que son agradables a Dios (Mateo 10, 30; Hebreos 11, 6; Sabiduría 9, 10).

* 25. Preciosa verdad que vemos cumplida en la vida de Tobías padre e hijo. Cf. Salmo 127 y notas. Jesús lleva esta doctrina hasta revelar que la conducta de Dios con nosotros será exactamente la que nosotros queramos. En Marcos 4, 24, hablando a sus discípulos, les dice primero: “Mirad lo que oís” (como diciendo: admirad la maravilla que voy a prometeros, de conseguir todo lo que queráis). Y entonces añade: “Con la medida con que midiereis, se medirá para vosotros, y aún se añadirá”. Es decir que de nosotros depende recibir una misericordia sin límites, y que ésta será siempre mayor que cuanto imaginábamos. Cf. Denz. 1014.

* 27. Habitarás por siempre: “No serás arrojado de la tierra prometida, sino que gozarás en ella perpetuamente de los bienes materiales y espirituales concedidos a sus moradores, en premio de tu fidelidad a la Ley, resumida en apartarse del mal y practicar el bien” (Prado).

* 29. “La raza de los impíos será extirpada; la de los buenos será providencialmente mantenida en el suelo sagrado de Palestina” (Fillion). Véase versículo 34.

* 30 s. Cf. Introito del Común de Confesores y Abades; Proverbios 31, 26; Isaías 51, 7.

* 32 ss. Parece a veces que triunfase el impío asechando al hombre probo, pero al fin es Dios quien triunfa siempre. Cf. versículo 12 y nota; Salmo 48, 6-7 y nota.

* 34. ¡Cuenta con Yahvé! Es como si dijera: Apuesta en favor de Él y no te fallará. ¡Por cuántas personas y por cuántas cosas apostamos, dice un autor, poniendo en ellas nuestra fe, aunque sabemos —o deberíamos saber— que son falibles! ¿No habrá nadie que quiera apostar en favor de Dios? ¿Nadie que quiera acordarle “crédito en descubierto”? Nótese que tal crédito es la sola condición que su honor divino exige (versículo 40) para colmarnos de sus bienes. Pero este contar con Dios tiene otro aspecto no menos importante en nuestra acción apostólica, como lo señala elocuentemente un autor moderno: “El objeto de todo apostolado es mostrar la verdad de la fe, presentando las soluciones tales como Dios las ha revelado, y Él sólo las ha revelado como soluciones en función de Su propia y continua actividad.” Cf. Mateo 6, 33; Juan 5, 17. El apostolado que se llama social e intelectual fracasa muchísimas veces porque el hombre se empeña en presentar las soluciones en forma tal (lógica, erudita, humanista, temporal) que ellas puedan ser verdaderas por sí mismas, sin esa intervención de Dios, sin que Él tenga en ellas ningún papel activo que desempeñar, de modo que en definitiva pudieran ser verdaderas aunque Dios ya no existiese. Fácilmente se comprende que esto se oponga más que ninguna otra cosa a Sus designios paternales, arrebatándole la gloria de su Providencia, sustituyéndolo por la técnica de una ley fija y quitando a las almas toda ocasión de recurrir a Él. Asistirás: cf. versículo 9 y 38.

* 37 s. Texto muy diversamente vertido. El sentido parece ser que, aun en esta vida, le quedarán hijos y bienes que aseguren su posteridad, mientras que los impíos perecen sin ellos (versículo 38). San Ambrosio aplica el pasaje a los bienes que deja el justo a sus hijos, a las buenas obras que hizo durante su vida, a los hijos virtuosos que deja herederos de su piedad, y a la posesión de la eternidad reservada para los justos.

* 40. ¡Porque a Él se acogieron! Véase Salmo 32, 22 y nota.

* 1. Este Salmo, que comienza como el Salmo 6, es el tercero de los siete penitenciales, y contiene la más honda descripción de un alma penitente, víctima del dolor y de la persecución. Los santos Padres han visto en él muy de veras la oración de Cristo doliente, víctima de los pecados del mundo, los cuales Él ha tomado sobre sí (versículos 4, 5 y 19) para poder purgarlos. El versículo 21 muestra que es un santo quien habla en él, o sea que aquellas culpas no eran suyas. La Vulgata agrega al epígrafe las palabras “en Sábado”, probablemente para indicar que el Salmo se recitaba durante la parte de la ofrenda llamada “recuerdo” (Levítico 2, 2; 24, 7), sacrificio de harina y aceite que se quemaba sobre el altar. Según San Agustín y San Gregorio, significarían estas palabras: “para recuerdo de la quietud perdida junto con el estado de inocencia, o de la prometida en la resurrección de los justos”.

* 3. Palabras desgarradoras y sublimes en boca de Cristo, que encierran todo el misterio de la Redención; Dios, a ruego de su Hijo santísimo, dejó que sobre Éste cayera el castigo tremendo que los viles esclavos del pecado merecíamos por todas nuestras infamias hasta el fin de los tiempos (véase Hebreos 10, 5-10; cf. Salmo 39, 7 y nota). Ejerció sobre Él la justicia para que a nosotros nos quedase la misericordia (Romanos 4, 25). Cf. los Salmos 21 y 68.

* 4. Jesús llama suyas nuestras culpas, y así cargado con ellas, se muestra a su Padre en estado de pura contrición, es decir: sin intentar la menor explicación o justificación (cf. Salmo 21, 7). En esta abyección suprema, aceptada por quien era la Santidad infinita, consistió la Pasión del alma de Jesús, la agonía que se manifestó en Getsemaní por el sudor de sangre. Véase Salmo 39, 13.

* 6 ss. Insensatez: Pecado. En el Antiguo Testamento, especialmente en los Libros sapienciales, el pecado es llamado “necedad”, “locura”, porque no la hay más grande que sublevarse contra la Omnipotencia, la Sabiduría y la Bondad del Padre celestial. Es Jesús quien así se proclama necio y culpable, en lugar nuestro. Nosotros, en cambio, queremos siempre aparecer dignos de aprobación y aun de aplauso (cf. Juan 5, 44 y nota); y si alguien nos llama necio, consideramos que el “honor” nos obliga a rebelarnos. ¡Feliz quien comprende el abismo que hay entre el mundo y Cristo! Sobre la falacia del concepto mundano del honor, véase Ezequiel 16, 55 y nota. En los versículos que siguen tenemos una de las más intensas pinturas que existen de la sacratísima Pasión de Jesús, que nos ayuda grandemente a unirnos a Él, a mirarlo y admirarlo como el Santo por excelencia, cuyos ejemplos y lecciones nos ilustran y santifican infinitamente más que si estudiáramos a todos los santos. Hablando a su clero el sabio y piadoso Mons. Keppler, buen conocedor de la Sagrada Escritura, le hacía notar cómo ella se empeña en mostrarnos, en contraste con la conducta de Jesús, siempre acertada y aleccionadora (cf. Juan 8, 46), las miserias y caídas de los apóstoles, las vanas promesas de Pedro, las bravatas de Tomás (Juan 11. 16) y su falta de fe (Juan 20, 24 ss.) y la incomprensión de todos ellos, los cuales —decía— “se gozarán hoy sumamente de haber quedado bien humillados e insignificantes en el Evangelio, para que sus fallas nos sirvieran de enseñanza y estimulo, y su oscuridad, lo mismo que el silencio casi absoluto que el Evangelio guarda sobre la Virgen, dejasen ver en toda su plenitud al Modelo que nuestros ojos han de contemplar constantemente, según San Pablo, como «autor de nuestra fe» (Hebreos 12, 2)”.

* 12. Algunos traducen el segundo hemistiquio: “Mis allegados me hacen oprobios desde lejos”: Véase Job 2, 13.

* 13. ¡Oír que nos están calumniando, ver la sinrazón, la ceguera que triunfa y se impone, y aceptarla con gusto porque así procurará el bien de los que amamos, que son esos mismos enemigos que nos están dañando! Así obró Jesús, y así tras Él, pero con Él, sus amigos. Él estuvo solo y redimió en carne propia. Nosotros, por la fe, unidos a Él que habita y sufre en nuestro corazón.

* 14 s. Así pinta Isaías a Jesús, silencioso como la oveja que sin protesta ni resistencia se deja llevar a la muerte (Isaías 53, 7; Salmo 38, 3). Así también lo vemos en el Evangelio (Mateo 26, 63; Marcos 14, 61).

* 16. Tú responderás (como observa Calès, mejor que Tú escucharás): Por eso yo me callo como un mudo (versículo 14 s.). Aquí está el secreto de esa fortaleza de Jesús en su Pasión: su solo consuelo era el saber que el Padre lo amaba a pesar de todo. Esta certeza es también para nosotros la única fuerza y alegría en las pruebas de esta vida que huye.

* 17. Vemos aquí pintado lo que es el mundo, que se envalentona tanto más cuanto más nos ve caídos. Hasta el día en que resolvemos despreciarlo y buscar la felicidad en Jesús, y la descubrimos en su conocimiento y su amor.

* 18. ¡Qué palabras en boca de Jesús! Cf. Salmo 68, 21 y nota. “El verdadero sentido debe ser que el pecador penitente está seguro de no tener por sí solo bastante fuerza y fe para salir de su abatimiento físico y moral” (Desnoyers). De aquí la doctrina de la Iglesia: “Ningún miserable es librado de sus miserias, sino aquel a quien la misericordia de Dios se anticipa.” Esta doctrina se apoya en los Salmos 78, 8; 58, 11; 76, 11 (Denz. 187).

* 19 ss. Él contraste con lo que sigue define maravillosamente la posición de Cristo, el Redentor. El mismo que es hostilizado porque se empeña en lo bueno (versículo 21) y es odiado sin causa (versículo 20), se presenta aquí como si fuese pecador (cf. versículo 5). ¿Qué culpas son ésas sino las nuestras? ¡A Él correspondió en grado sumo la bienaventuranza de ser perseguido por causa de la justicia! (Mateo 5, 10). Si al Salmo 36 le discuten muchos modernos el origen davídico, no obstante la afirmación del epígrafe, suponiendo que, por su estilo y forma, puede ser “postexílico”, la presente oración nos parece en cambio muy propia del Rey Profeta que, ya inocente y perseguido, ya culpable y arrepentido como en el Salmo 50, expresó como nadie, junto a los esplendores del Rey venturo, los más íntimos lamentos del alma de Cristo.

* 1. Iditún, jefe de coro, contemporáneo de David, uno de los músicos del Santuario (I Paralipómenos 23, 1; II Paralipómenos 5, 12), tal vez el mismo que Etán (I Paralipómenos 15, 17).

* 2. Sobre esta sabiduría de ver en todo los designios de Dios y callarse aunque prospere el enemigo, véase Salmo 36, 7 s. y nota. San Ambrosio lo aplica al silencio de Jesús ante sus jueces y traidores movidos por Satanás (Mateo 26, 63; Marcos 14, 61; Juan 19, 9; Salmo 37, 14 y nota).

* 3. ¡Aun el bien! Muchas veces el silencio tiene un valor supremo y ninguna elocuencia puede aventajarlo. Tal vez no está en ese momento a nuestro alcance “le mot qu’il fallait dire”, mostrándonos así que Dios no nos mueve a hablar (cf. Mateo 10, 19), sin duda por la inutilidad e inconveniencia de dar “el pan a los perros o las perlas a los cerdos” (Mateo 7, 6). Cf. Salmo 18, 1 y nota.

* 4. Suele citarse esto como elogio de la meditación que enciende el amor. La idea es muy exacta, pero el sentido aquí es más bien de dolor (Cardenal Gomá). Es en efecto esa desesperación que nos invade, no sólo cuando somos personalmente víctimas de la injusticia (porque entonces quizá es más fácil perdonar sabiendo que tal es la obligación fundamental que nos impone el Sermón de la Montaña [cf. Mateo 7, 2 y nota]), sino sobre todo cuando vemos algo que se está haciendo mal y ansiamos protestar y rectificarlo. Pero sabemos que todo es inútil, que no escucharán o probablemente se burlarán de nuestra evidente razón, porque no verán o no querrán ver esa razón. Para esos casos en que parece que la indignación va a estallar en nosotros, es este Salmo un remedio heroico. Apenas entramos a entenderlo vemos que, suceda lo que sucediere (cf. Mateo 24, 6), no hay motivo para alterarse. No somos tan importantes como para que de nosotros dependa el destino del mundo ni su responsabilidad. Dios está por encima de todo, y todo lo ve. Si Él lo permite (versículo 10), sabe bien por qué lo hace. Callémonos tranquilos, confiando sólo a Él (versículo 9) nuestra salvación y justificación frente a la iniquidad. Cf. Salmo 36, 1 y nota.

* 5. Cf. Salmos 9a, 21; 89, 12 y nota. Mudo frente a la iniquidad de los hombres, el salmista estalla en un desahogo frente a Dios, semejante al del Salmo 31, 4 s. Con Él no necesitamos usar de esa prudencia de la serpiente, sino, al contrario, se nos permite y se nos manda tener la sencillez de la paloma (Mateo 10, 16). Véase II Corintios 5, 13 y nota sobre ese desahogo sin límites que podemos disfrutar a solas con nuestro Padre divino, como un niñito que aún no conoce la vergüenza en brazos de su madre (Isaías 66, 13 y nota). ¿Qué nos importa ser débiles y aun sucios, feos, antipáticos, si sabemos que Él nos ama lo mismo? No habría un suicida más si se le hiciese conocer cómo es el corazón de Dios.

* 7. Es el destino de los avaros: trabajar toda la vida y no saber para quién ni por qué. Cf. Salmo 48, 11; Eclesiastés 4, 7 ss.; Eclesiástico 11, 20; Lucas 12, 20; I Timoteo 6, 17 ss.

* 10. Es decir, ya vuelvo a mi silencio (versículo 3; cf. 5. 37, 14-s.), porque eres Tú quien todo la gobierna y sabes mejor que yo lo que me conviene. Bellísima prueba del amor (cf. Salmo 118, 102; Mateo 26, 39).

* 12. Plausiblemente opinan varios autores que aquí se trata, como en Génesis 3. de la caída del hombre en general, a causa de la culpa de Adán, que lo ha reducido a un estado sumamente miserable (cf. Sabiduría 2, 24 y nota; Denz. 174 ss.) del cual sólo la Redención de Cristo puede sacar, mediante un nuevo nacimiento sobrenatural, a los que creen en ella (Juan 1, 12 s.; 3, 3). No se trata, pues, de cada hombre individualmente, pues en tal caso no es ésta la regla, como lo pretendían los amigos de Job, sino que Dios suele esperar al pecador con indecible longanimidad y misericordia (cf. Sabiduría 11, 24 ss. y notas), porque su justicia no es de este mundo, según lo vemos en los Salmos 36, 48, 72, 93, etc.

* 13. Al revés de lo que hace el mundo, el salmista no se recomienda por sus méritos o abolengo sino por su miseria (cf. Salmo 50, 5 s. y notas) y la de sus padres, pobres peregrinos en este destierro. Cf. I Pedro 2, 11; Hebreos 11, 13-16. Notemos la lección de humildad que a este respecto nos da el salmista. El amor al propio padre y madre es la primera regla de la caridad y también de la justicia en el sentido equitativo, pues en el orden natural les debemos cuanto somos, y también porque son para nosotros verdaderos representantes de Dios, de donde les viene la inmensa autoridad que tienen sobre los hijos, como nos lo muestra la divina Escritura en la época de los patriarcas. Pero es muy distinto el caso de los antepasados como solían invocarlos los fariseos ante Jesús, y también los mundanos de todos los tiempos, con orgullo de raza, de patria, de familia (cf. I Timoteo 1, 4). Para reducir a su justo límite lo que debemos a esos antepasados, basta pensar que el primero de ellos, el fundador de la estirpe, se entregó a Satanás con toda su descendencia (véase Salmo 39, 13; Sabiduría 2, 24 y notas). Gracias a nuestro padre Adán nacemos de derecho propiedad del diablo y sólo nuestro Salvador Jesucristo pudo otorgarnos el nuevo nacimiento en el bautismo, mediante la fe, que necesitamos para salir de ese dominio, cuyos lazos nos persiguen hasta el fin de esta vida. ¿Podrá alguien con esto sentirse orgulloso de su nacimiento e invocar como ilustre tan humillante ascendencia? Cf. Salmo 78, 8.

* 1. Sacado de un gran peligro, entona el santo rey este himno para contar las maravillas del auxilio de Dios y pedir nuevas gracias en sus tribulaciones. Como el 37, aplicado a los dolores de Cristo por San Gregorio, Belarmino, etc., este Salmo es mesiánico en sentido típico (Knabenbauer, Calès, etc.), es decir: la oración y los actos del salmista, aunque no haya en ellos nada que no pueda aplicarse directamente a él, son una elocuente figura de los de Cristo, y especialmente de su misión evangélica en los versículos 7-11, de la Pasión redentora (versículos 12-18). San Pablo cita los primeros en Hebreos 10, 5-10, según los LXX que, en vez de: me has dado oídos (versículo 7), dicen: me has dado un cuerpo, y de ahí que él aplique a la oblación de Cristo este pasaje que aquí se refiere más directamente a su obediencia y su predicación. “Contienen estos versículos un pensamiento interesantísimo, que es el tema del primer sermón de Isaías (1, 2) contra la falsa piedad de Judá. El sacrificio que Dios desea no es el de los becerros, sino el de la voluntad, con la perfecta obediencia a su Ley. Esto se realizó plenísimamente en Cristo… y en este aspecto el Salmo es mesiánico” (Nácar-Colunga).

* 3. Maravillas de la oración: por ella Dios nos levanta del cieno (Salmo 112, 7) para elevarnos más que antes de la prueba (Lucas 7, 47; Santiago 1, 12; I Pedro 1, 7). Entonces nos enseña el cántico nuevo (versículo 4) de la gratitud que dilata los corazones (Salmo 118, 32), y aun hace que otros se edifiquen con los favores que Él obró en nuestra alma (Mateo 5, 16).

* 5. No se alude aquí al que busca simplemente las cosas vanas e ídolos (cf. el texto Vulgata), sino al que, por tener fe en los hombres (Jeremías 17, 5), cae fácilmente en manos de lobos con piel de oveja (Mateo 7, 15 y nota).

* 6. Excede, etc.: Cf. Salmo 138, 17 s.; Isaías 55,9, etc. Santo Tomás, en el himno Lauda Sion, expresa esta misma ansia impotente de cantar en forma digna las maravillas del Salvador, diciendo al lector: “Atrévete cuanto puedas: nunca lo alabarás bastante porque Él es superior a toda alabanza.”

* 7 ss. Junto al ansia de alabar (versículo 6), el corazón agradecido de David siente la de ofrecer a Yahvé algo que le muestre su gratitud (cf. Salmo 115 b, 3 s.; I Paralipómenos 21, 24; Levítico 7, 12 s.). Pero él sabe bien, como en Salmos 49, 8-14; 50, 18, etc., que no es eso lo que agrada a Dios sino la fidelidad de nuestra adhesión a Él (cf. Mateo 26, 39). “No es conforme a la santidad de Dios y a sus designios que se inunde de víctimas el Templo, manteniendo las costumbres en oposición a la Ley” (Manresa). Ahora bien, hay un “rollo” (versículo 8) —que San Roberto Belarmino identifica con la “suma de las Sagradas Escrituras”— donde Él nos muestra con sus propias palabras lo que verdaderamente le agrada y cuál es su voluntad (cf. Salmo 4, 6; Sabiduría 9, 10 y notas; I Reyes 15, 22; Isaías 1, 10 ss.; Oseas 6, 6; Miqueas 6, 6 ss., etc.): Por eso es que nos “ha dado oídos”, es decir, un órgano horadado, abierto, para recibir sus palabras (cf. Isaías 50, 5 y nota; Deuteronomio 6, 4; Jeremías 7, 23 ss.; Hebreos 1, 1 s.; Apocalipsis 1, 3). “He aquí que vengo” (versículo 8), o sea: te ofrecería aquellos sacrificios si Tú los quisieras (cf. versión Ubach y Knabenbauer), mas como no es eso lo que te agrada, heme aquí simplemente deseoso de hacer tu voluntad tal como está en tu Libro, poniendo en tu Ley mi deleite y guardándola en lo más íntimo de mi corazón (versículo 9; cf. Salmo 36, 31; 118, 11 y passim). En vez de: es mi deleite, Vaccari vierte hermosamente el versículo 9a: hacer tu gusto, oh Dios mío, mi amado. En Hebreos 10, 5 ss. (véase allí la nota) San Pablo hace una sublime aplicación de estos versículos, tomados de los LXX, al Verbo Encarnado, siendo, como dice Vaccari, “apropiados a Jesucristo venido a la tierra para hacer la voluntad de su divino Padre. Cf. Juan 4, 34; 6, 38”. Vemos así como la Encarnación fue espontánea, hecha por amor al Padre cuyo Nombre ansiaba dar a conocer (versículo 10; Juan 1, 18; 17, 4, 6 y 26), como había de ser también espontánea su oblación (Juan 10, 18 y nota; Isaías 53. 7; Filipenses 2, 8) por su pueblo y por nosotros todos (Juan 11, 51 s.; Efesios 5, 2) y por cada uno en particular (Gálatas 2, 20).

* 10. Véase Salmo 16, 4 y nota. La grande asamblea: Ante todo, el pueblo israelita; después, la reunión de las naciones en la Iglesia. Así lo había de practicar y ordenar el mismo Jesús (cf. Mateo 10, 5-6; Lucas 24, 47; Hechos 13, 46; 3, 26; Romanos 2, 10; 9, 4; II Corintios 3, 14).

* 11. ¡He aquí el lema ideal para el predicador cristiano! “¿Cuál es —se pregunta San Agustín— la causa principal de la venida del Señor? ¿No es acaso para que se haga manifiesto a todos el amor de Dios para con nosotros?” Y Santo Tomás, afirmando igual doctrina, concluye: “Nada invita al amor como la conciencia que se tiene de ser amado.”

* 12. Es muy de David este sabio pensamiento de recordar la pasada protección de Dios para mejor confiar en la futura (Salmo 62, 7 y nota).

* 13. Desmaya: A la vista de los pecados. Tal experimentó Jesús en Getsemaní (Lucas 22, 41-44) al ver los pecados del mundo entero, que Él tomó por suyos (cf. Salmo 37, 1 y nota). Los versículos 14 ss. nos muestran una vez más aquella dolorosa oración del Señor cuando va a inmolarse, es decir cuando, habiendo quedado bien establecido que Israel rechaza su misión (Mateo 16, 13 ss.) en la cual Él cumplió la voluntad del Padre (versículo 9), anunciando el Evangelio del perdón (versículo 10 s.; Marc. 1, 15 y nota) y dando a conocer su Nombre de Padre (Juan 17, 4, 6 y 26). En ese momento resolvió Él en forma libérrima, y sin que nadie se lo imponga (Juan 10, 18), entregar su vida para que de este modo pueda cumplirse aquella voluntad del Padre no obstante ese rechazo por parte de Israel. Porque tal voluntad del Padre era que los hombres se salvasen escuchando al Hijo (Juan 6, 38-40); mas, ya que no lo escucharon, Jesús resuelve dar su vida para que aquella voluntad salvífica pueda cumplirse aún después de aquel rechazo; ante lo cual el Padre no puede sino amar más a tan sublime Hijo (Juan 10, 17) y darle el mandamiento de que recobrase esa vida, resucitando su Humanidad santísima (ibíd. 10, 18). Entre tanto, Jesús sufre espantosamente, como lo vemos aquí y en todos los Salmos de la Pasión; pero, aun en medio de esos tormentos prefiere siempre que se haga la voluntad del Padre y no la Suya (Mateo 26, 39), es decir, no una voluntad paterna de que el Hijo padezca (Mateo 26, 53), sino aquella misma voluntad salvífica que, no logrando cumplirse mediante el ofrecimiento de la Buena nueva, se cumpliese mediante el poder de la Sangre redentora, tomando el Señor sobre Sí toda la suma de dolores que Satanás el acusador (Apocalipsis 12, 10) habría tenido derecho de reclamar para todos y cada uno de los pecadores en virtud de su triunfo edénico sobre Adán como cabeza de la humanidad (cf. Sabiduría 2, 24 y nota). Así Jesús, en su aparente derrota de la Cruz, nos libró de “la potestad de la tiniebla” (Lucas 22, 53), arrebatándole el “quirógrafo” de acusación que podía tener contra nosotros (Colosenses 2, 14), al aceptar para Sí todo lo que Satán pudiese reclamar contra los hombres, para lo cual Él ocultó al maligno su condición de Hijo de Dios (Mateo 4, 7 y nota) a fin de no impedir que Satanás moviese a Judas a entregarlo (Juan 13, 27). Por eso la muerte del divino Cordero no tuvo la forma ritual de un sacrificio, sino que encubierto bajo la forma de un proceso legal, fue un alevoso crimen, cuya ejecución ni siquiera estuvo en manos de los sacerdotes que le acusaban, sino en las de simples soldados.

* 17. La salvación que de Ti viene: Así también Calès, Vaccari, Nácar-Colunga, etc. Nuestra salvación y toda la eficacia de nuestra oración pende de la conciencia que tenemos de nuestra nada y maldad y la confianza que depositamos en la bondad y misericordia de nuestro Dios y Redentor (cf. Mateo 21, 22; Salmo 32, 22 y nota). De ahí que sólo puede ser salvado por Cristo el que lo acepta como su Salvador y lo mira como a tal (Juan 1, 14 ss.). No sabemos el número de estos salvados, pero sí sabemos que no son los que pertenecen al mundo, sino solamente los que siguen a Cristo, solamente aquellos que el Padre le dio “entresacados” del mundo y odiados por él. Véase Juan 15, 19; 17, 6 y 14 ss. y nota.

* 18. El Señor cuida de mí: Es un acto de perfecto abandono, hecho desde ahora por el que se confiesa incapaz de cuidarse por sí mismo. Otros: El Señor cuidará, o cuida Tú, Adonai (Ubach). No tardes: Cf. versículo 14. Así termina también el Salmo 69, que coincide casi a la letra con los versículos 14-18 del presente.

* 1. David compuso este Salmo refiriéndose muy probablemente a la infame traición de Aquitófel en la revuelta de Absalón (II Reyes 16); pero su alcance mesiánico es evidente y no podría negarse sin temeridad, dice San Crisóstomo, pues Jesús mismo se lo aplica en Juan 13, 18. Todas las estrofas exhalan una confianza inquebrantable en Dios misericordioso que hace feliz a quien piensa en los pobres y cuya bondad no abandona al perseguido. Es la quinta bienaventuranza (Mateo 5, 7). La expresión: que sabe comprender, que recuerda a la Vulgata: qui intelligit, denota algo que sólo se adquiere con el verdadero interés que da la caridad sobrenatural. Sin ella se podrá practicar ampliamente la beneficencia, pero sólo el amor de misericordia, a imitación del que tiene por nosotros el Padre (Lucas 6, 36 y nota) y el Hijo (Juan 13, 34; 15, 12), puede darnos esa comprensión íntima de las almas, que es condición preciosa e indispensable para que no sea estéril el apostolado. Cf. I Corintios 13, 1 ss.

* 3. De aquí se toma, según la Vulgata, la plegaria que en la Liturgia se hace por el Papa.

* 4 ss. Vemos cuan consoladora es esta promesa para los que caminamos hacia la disolución de este cuerpo, sin más excepción que los aludidos por San Pablo en I Tesalonicenses 4, 16 s. La ternura con que el divino Padre nos sostiene en tales pruebas, hasta hacerlas amables, contrasta con los versículos 6-10 donde se nos descubre y enseña, con cruda elocuencia, lo que podemos esperar de los hombres.

* 5. Notemos el argumento que se usa para pedir: ¡no se alega un mérito sino una culpa! ¿Podríamos hablar así a un juez si no tuviéramos la seguridad de estar en presencia de una bondad sin límites? Cf. Salmo 50 y notas.

* 7. Recuérdese el caso de los amigos de Job

* 10. Ha alzado contra mí su calcañar, o sea: me dio un puntapié. Con tal sentido aplica Jesús estas palabras a la traición de Judas (Juan 13, 18). Sobre Judas cf. Juan 17, 12; Hechos 1, 16. David tiene así una vez más el honor incomparable de ser figura de Jesucristo también en cuanto a la traición de sus amigos: véase Salmo 54, 14.

* 11. El salmista fue devuelto por Dios a la prosperidad y triunfó de todos sus enemigos (II Reyes 19). Su hijo Salomón se encargó de castigar a esos enemigos como de premiar a los amigos (III Reyes 2). Véase a este respecto Salmo 108, 1 y nota. En sentido mesiánico vemos igualmente que el Padre resucitó a Jesús y lo constituyó Juez de vivos y muertos (Hechos 2, 31-36; 10, 42).

* 13. En mi integridad: Así el nuevo Salterio Romano (incolumem) y varios modernos. Otros vierten a causa de mi integridad, o inocencia, lo cual parecería acentuar el sentido mesiánico frente a la confesión del versículo 5.

* 14. Doxología final que no pertenece a este poema sino que fue añadida como terminación del primer libro de los Salmos. Amén, palabra hebrea, pasada de la liturgia judía a la cristiana, significa en verdad, ciertamente; y, como bien observa Desnoyers, “más que un deseo, como nuestro ‘así sea’ es una adhesión para asociarse a una oración o a un deseo formulado en nuestra presencia”. Conclusiones semejantes se hallan al final de los demás libros (Salmos 71, 19; 87, 53; 105, 48).

* 1. Empieza el segundo Libro, que contiene los Salmos 41-71, llamados Elohistas, porque en ellos Dios se llama generalmente, en vez de Yahvé, Elohim (plural hebreo con que comienza el Génesis), si bien en realidad el grupo de los Salmos Elohistas dura hasta el Salmo 82, y aún más allá en ciertos casos (cf. Salmo 83 de inspiración análoga al presente). Este cántico lleva el nombre de los hijos de Coré, y su autor es, según se cree, un levita de entre ellos, alejado de Jerusalén, probablemente hacia las laderas del monte Hermón (versículo 7). San Roberto Belarmino lo atribuye a David, lo mismo que el Salmo 42, que es como su continuación y que en los LXX y la Vulgata dice: De David, palabras que hoy se tienen por apócrifas. Sobre el epígrafe véase el Salmo 31, 1 y nota; sobre los hijos de Coré: I Paralipómenos 6, 16 ss.; 9, 19 y 26.

* 3. Expresa la nostalgia del Santuario y quizá de ver el Arca de la Alianza que allí estaba (cf. Números 17, 10; Éxodo 25, 16; 27, 41; Apocalipsis 11, 19; 15, 5; II Macabeos 2, 4 s.; Ezequiel 41, 26 y nota). No se trata, pues, del deseo de la muerte (cf. II Corintios 5, 4 y nota), de la cual los hebreos no esperaban la inmediata visión de Dios (Salmo 6, 6 y nota). Véase la esperanza que a este respecto existe para el cristiano según lo enseña San Pablo (véase I Tesalonicenses 4, 16 s.; I Corintios 15, 22, 23, 51 y 52 [texto griego].

* 4. Intensa figura del hombre de fe en nuestra condición presente: desear, andar por todas partes en busca de Dios, entre las burlas del mundo (cf. Cantar de los Cantares 3, 1 ss.). “Busco a Dios en cada cosa creada y no lo hallo. Dentro de mi alma es donde Dios tiene su mansión (Juan 14, 23); aquí está, de aquí me mira amorosamente y me gobierna y me llama y me apremia” (San Agustín).

* 5. San Roberto Belarmino comenta este texto como una gozosa esperanza porque lo toma de la Vulgata (“transibo in locum Tabernaculi admirabilis”). El hebreo expresa lo más agudo de la nostalgia (cf. versículo 6 s.).

* 7 s. Misar significa pequeño (de ahí la versión de la Vulgata). El salmista precisa el lugar de su destierro: las fuentes del Jordán y el monte Hermón, es decir, el extremo norte de Palestina, donde vive gente pagana. La imagen de las cataratas (versículo 8) está tomada quizás de esa región montañosa, y muestra con viva elocuencia la incesante sucesión de las pruebas que lo abruman.

* 9. El texto ha sufrido. La interpretación que damos es a nuestra manera de ver la más conforme al contexto de toda esta lamentación, según el cual no parece que el cántico de la noche fuese prometido como gratitud por las gracias anheladas en el día, sino más bien una nueva súplica: la que sigue a continuación (versículo 10 s.) hasta que vuelve el estribillo de esperanza (versículo 12).

* 12. “Se trata de la nación entera de Israel, trasplantada al destierro y desolada al recordar los esplendores litúrgicos perdidos lejos de Jerusalén… Pero una voz se hace oír, que dice: ¡valor! Un día volverán esas alegrías y se podrán cantar de nuevo las alabanzas del Altísimo” (Dom Puniet). Véase Ezequiel 37, 21-28.

* 1. .Este Salmo, con que comienza la Misa, es continuación del anterior. El conjunto forma tres partes terminadas por un mismo refrán: 41, 1-6; 7-12; 42, 1-5. Sobre el probable autor, cf. nota 1 del Salmo 41, ¡Hazme justicia… y aboga en mi causa! ¿Quién, que no fuese Él admitiría que se le invocase como abogado y juez a un tiempo?

* 3. Tu luz y tu verdad: San Agustín pone a estas palabras la siguiente glosa: “Invocando la verdad y la luz de Dios, sentimos que sus destellos han descendido hasta nosotros para remontarnos a Él. Dios es esencial verdad y esencial lumbre (I Juan 1, 5), y la inquietud y la sed del alma por la luz es inquietud y sed de Dios mismo.” De ahí que sea digno de respeto y agradable a Dios todo hombre que busca sinceramente la verdad. Jesús enseña que un tal hombre acabará sin duda por encontrarla (Juan 7, 17 y nota). “Tu santo monte”: El monte Sión, en el que está el Tabernáculo del Señor. Tiene también este Salmo un sentido eucarístico, mostrándonos cómo la luz y la verdad de Dios que hallamos en las Escrituras reveladas, son el camino digno hacia el Sacramento del Altar, pues la divina Palabra aumenta la fe (Romanos 10, Í7), por la cual vamos al amor (Gálatas 5, 6). A su vez en la Comunión pedimos que ella nos confirme en la luz de la verdad. Véase la Poscomunión del 13 de agosto y la Imitación de Cristo, IV, 11.

* 4. La alegría de mi gozo (así también San Jerónimo), es decir, lo que hace que mi gozo sea realmente tal. Como se ve, la expresión es bellísima, y no se trata de que Dios alegre solamente nuestra juventud, como dice la Vulgata, pues Él alegra también nuestra vejez, que es cuando más lo necesitamos (cf. Salmo 70). El texto Vulgata quedaría igual al hebreo con decir jucunditatem, en lugar de juventutem. Bover-Cantera vierte: El Dios de mi alegrona y de mi regocijo.

* 1. Sobre el epígrafe véase Salmos 31, 1; 41, 1 y notas.

* 2. En los días antiguos: En que Dios estableció su pueblo en el país de Canaán. El salmista, hablando en nombre del pueblo (cf. Salmo 101, 1 y nota), hace un paralelo entre esta gloriosa época de la historia de Israel y los males que lo afligen. Algunos han creído que su época es tal vez la sangrienta invasión de los idumeos, mientras el rey David ausente combatía a los sirios (Salmo 59, 1; II Reyes 8, 13; I Paralipómenos 18, 12). Según otros, se refiere a las guerras de Senaquerib en tiempos de Ezequías, o a la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, pues habla de la dispersión entre los gentiles (versículo 12), si bien se observa que aquélla no fue, como la de hoy, entre todas las naciones (cf. versículo 10; Ezequiel 37, 23 y notas). El Salmo nos muestra, en forma intensamente patética, cómo es la mano de Dios la que humilla y la que exalta a su querido pueblo.

* 3. Los plantaste a ellos: los israelitas. Israel, figurado a veces por una higuera (Lucas 13, 7 ss.; Mateo 24, 32), a veces por un olivo (Romanos 11, 17 ss.) y por la vid (Isaías 5, l ss.), todos los cuales figuran en la parábola de Jueces 9, 7 ss., se compara aquí a un árbol plantado por Dios en la tierra de promisión (Salmo 79, 9-13), y tan amado de Él que no vaciló en destruir naciones para extenderlo. Véase a este respecto los Salmos 104-106 y la sublime oración de Esdras (Nehemías 9, 6 ss.), que resumen los privilegios de que Dios colmó a su pueblo predilecto e ingrato.

* 4 s. Cf. Salmos 17, 35; 32, 17 y nota. Jacob (versículo 5): Sinónimo de Israel, significa no solamente el patriarca epónimo, sino todo el pueblo, o sea las doce tribus.

* 10 ss. Recuerda que en los gloriosos tiempos antiguos Dios mismo solía acompañar a su pueblo en el Arca de la Alianza y hacía ganar las batallas. ¡Qué contraste con el tiempo que el salmista describe! El pueblo está vencido y los enemigos triunfantes escarnecen a Israel. Compárese tan doloroso cuadro con la situación del pueblo hebreo en nuestros días, disperso en las naciones. Este Salmo es una oración ideal para rogar por los destinos de ese pueblo, que Dios sigue amando a pesar de todo (Romanos 12, 28) y cuyo esplendoroso retorno anuncian las Escrituras (Romanos 11, 25 ss.; cf. Salmo 41, 12 y nota; 101, 21 ss.).

* 13. Vendiste: Cf. Deuteronomio 32, 30. La venta, como observa Fillion, era por permuta, de manera que el segundo hemistiquio significaría que nada ganó en el cambio. Como se ve en Isaías 50, 1 y nota, esa venta sin precio no fue definitiva. Cf. Oseas 3, 3 ss.

* 14. Igual expresión en Salmo 78, 4.

* 18. Según lo que vimos en el versículo 13 y nota, esto indicaría que se cumplió la condición recordada en Oseas 3, 3, es decir, la de no caer de nuevo en la fornicación de la idolatría. El versículo 21 parece confirmarlo.

* 20. Lugar de chacales: Isaías, según el texto hebreo, usa esta misma expresión hablando de Babilonia. Cf. Isaías 13, 22 y nota.

* 23. Por tu causa: El salmista insiste en que los israelitas no sólo sufren por sus pecados, sino también por el carácter singular con que Dios los había marcado y separado de entre los pueblos paganos. Nótese la aplicación que de este versículo (que en Vulgata es 22) hace San Pablo a nosotros en Romanos 8, 36.

* 24 ss. El sublime atrevimiento de este lenguaje muestra la confianza segura con que Israel hace esta súplica final, tanto más confiada cuanto que no espera salvarse por merecimientos propios sino por la piedad de Dios (versículo 27).

* 1. Los LXX y la Vulgata dicen en el epígrafe: Para aquellos que han de ser mudados, es decir, según S, Jerónimo, los santos, los cuales —dice San Atanasio y San Cirilo— serían tanto del judaísmo como de la gentilidad (cf. I Corintios. 15, 51 s.; I Tesalonicenses. 4, 16 s., texto griego). Otros leen Azucenas de la Ley como en el Salmo 79, 1 (cf. nota). Es este Salmo proféticamente mesiánico. De ahí el título: Canto de amor, o Cántico al Amado (San Jerónimo). Es de notar que, según San Roberto Belarmino y otros, este Salmo sería de David, no obstante hallarse incluido en la colección atribuida a los Coreítas, así como sabemos que el Salmo 2, tenido por anónimo, es también del Rey Profeta, porque así se declara en Hechos 4, 25. Describe a “Cristo como Rey” que se presenta en gloria y majestad (versículo 4), y luego su esposa la reina en toda su hermosura. La interpretación rabínica vio en ella la figura de Israel elegida de entre los pueblos como esposa de Dios, idea por lo demás común entre los profetas (Oseas 2, 16 y 19; Isaías 50, 1; Ezequiel 16, 8), así como vio en el Rey al futuro Mesías. La tradición cristiana es unánime en reconocer en este excelso Personaje a Cristo como Rey triunfante en el día de su advenimiento, cosa que, como dice San Agustín, sólo por ignorancia crasa podría desconocerse, ya que la Carta a los Hebreos cita expresamente los versículos 7 y 8 como dirigidos a Jesús por su Eterno Padre (Hebreos 1, 8). Por aquí vemos que así como en muchos otros Salmos habla Cristo, cuya oración se nos revela como un divino secreto, por boca del salmista que vivió mil años antes, así también se nos descubre aquí el infinito amor del Padre celestial a su Verbo encarnado, a quien alaba y anuncia su triunfo en lenguaje de un lirismo incomparablemente sublime. El testimonio de San Pablo basta para no detenerse en atribuir a este Salmo, como algunos han hecho, un puro sentido histórico, relativo tal vez a las bodas de Salomón con la hija del Faraón de Egipto, si bien esta conjetura, como ubicación del Salmo o como fondo histórico de una gran parábola contenida en él, puede ayudar para la interpretación profética de algunos pasajes aun misteriosos (cf. versículo 11 y nota). A este respecto Fillion, recordando a Vigouroux, expresa que no vacila en ver en este admirable Salmo, “lo mismo que en el Cantar de los Cantares, una especie de parábola, como las del festín de las bodas en el Evangelio (Mateo 22, 2-4), de las vírgenes prudentes y las vírgenes necias (Mateo 25, 1-13)”, es decir, una enseñanza que, sin expresar necesariamente hechos reales, contiene la revelación de verdades espirituales o proféticas, o de ambas a un tiempo. Y en verdad bien parece que si así no fuera, tanto aquí como en el Cantar, ni la Sinagoga, ni San Pablo que lo cita, habrían mirado como poema sacro, digno del Salterio, un epitalamio que ni siquiera mencionase al pueblo santo y fuese simplemente el desmedido elogio de un hombre (¿y de cuál?), cosa nada frecuente en la Biblia. En la Reina (cf. versículo 10), sin perjuicio de lo antes indicado (cf. Salmo 43, 13 y nota), aparece sin duda la Iglesia Esposa, el día de sus bodas con el Cordero (cf. Apocalipsis 19, 7 s.; 21, 9). En realidad la Iglesia de los Hechos era el Israel de Dios (Gálatas 6, 16), formada en Pentecostés de puros judíos fieles que constituían el resto de Israel (Romanos 9, 27 ss.), y extendida durante el tiempo de los Hechos con muchos gentiles injertados en el olivo de Israel (Romanos 11, 16 ss.), que luego cambió en la medida que !a salvación fue enviada directamente a los gentiles. Si consideramos la profecía de San Pablo sobre el retorno de Israel (Romanos 11, 25 s.), olivo castizo (Jeremías 11, 16; Oseas 14, 6), no hay dificultad en identificar con ello a la Iglesia Esposa, a la cual según el Apocalipsis le será dado para sus bodas con el Cordero vestirse de blancura y esplendor (Apocalipsis 19, 7-9) como la novia que aquí vemos. San Bernardo se complace en ver aquí a la Virgen María a quien la Liturgia aplica a menudo, por acomodación, pasajes de este Salmo como lo hace también a muchas santas (cf. las Misas “Dilexisti” y “Vultum tuum” del Común de Vírgenes, cuyos introitos, gradual, ofertorio, etc., están formados por versículos de este Salmo, algunos de los cuales literalmente tratan de Cristo, como el 1, 3, 5, 8, etc.).

* 3. Cuadro de Cristo pintado por el mismo Dios. Nótese el contraste entre este Cristo triunfante y el doliente que pinta Isaías en su primera venida (Isaías 53, 2). Cf. el retrato del Esposo en el Cantar de los Cantares (Cantar de los Cantares 5, 10-16), libro para cuya interpretación se ha visto la llave en este misterioso Salmo, si bien hay que reconocer que ambos nos ocultan aún muchos arcanos de orden profético, que en su tiempo serán descubiertos. Véase la introducción al Cantar. “La gracia derramada en sus labios” son sus palabras. Por eso dice San Agustín que el Evangelio es la boca de Cristo. Cf. Lucas 4, 22; Juan 1, 17.

* 4 ss. Sobre estos atributos esplendorosos del León de Judá triunfante (Apocalipsis 5, 3; 19, 11 ss.), véase los Salmos 2, 9 a y b, 46, 71, 92, 95 98, 109, 147; Isaías 9, 6; 11, 1 ss., etc., y la Liturgia de Cristo Rey y del tiempo de Adviento. El versículo 6 indica, como en Salmo 109, 6, el día de la venganza contra “los enemigos del Rey”: Cf. versículo 10 y nota; Lucas 4, 19; Isaías 61, 1 ss.

* 5. Esto es por la verdad desconocida (algunos vierten: cabalga sobre la palabra de la verdad) y por la justicia oprimida. Desnoyer traduce: por la virtud infortunada. Para ello cabalgará victorioso (Apocalipsis 19, 11-21) y realizará formidables hazañas. Cf. Salmos 71, 12 ss.; 109, 6; Isaías 11, 4 ss., etc.

* 7. Obsérvese que aquí y en el versículo 8 el Mesías es llamado Dios y que San Pablo utiliza este versículo en Hebreos 1, 8-9, para demostrar la superioridad de Cristo sobre los ángeles, siendo también uno de los textos citados en la Encíclica “Quas Primas” de Pío XI acerca de la dignidad de Cristo Rey. Sobre el cetro o vara cf. Salmos 2, 8 s.; 109, 2; Isaías 9, 6; 11, 1-4; Daniel 7, 14, etc.

* 8. Detestas: Cf. Salmo 138, 21 s. y nota. Esto explica la implacable antinomia que vemos por ej. en el Magníficat, según el cual, a la misericordiosa exaltación de los que menos la pretenderían, seguirá la más tremenda confusión de todos los soberbios (cf. Salmo 109, 5 s.). Oh Dios, el Dios tuyo te ungió: Como observa Dom Puniet, este pasaje es paralelo al de 109, 1: “Dijo Yahvé a mi Señor: siéntate a mi diestra”, que San Pablo cita en Hebreos 1, 13, esto es a continuación del versículo 7 (cf. nota anterior). Así lo entendió también San Jerónimo, al decir que el primero de los dos Nombres divinos está en vocativo y el segundo en nominativo. Varios autores modernos, considerando esto incompatible con el sentido histórico que atribuyen al Salmo como escrito para alguno de los reyes de la familia davídica, se esfuerzan en poner el primer Elohim con minúscula, o suponerlo en genitivo, y en aplicar el segundo al Padre, como si allí se dijese: “Yahvé, tu Dios”. Todo ello no solucionaría la dificultad, pues siempre quedaría en pie la afirmación de que el trono de este Rey subsistirá eternamente (versículo 6), cosa que por otra parte se repite mucho en Salmo 71; en 92, 2, etc., y en tantos pasajes de los profetas (cf. Isaías 32, 1) y que no puede explicarse de ningún rey, aunque fuese davídico. Es de agregar que entonces quedaría más oscura la atribución no davídica de este Salmo (cf. versículo 9 y nota; Salmo 41, 1 y nota), siendo además difícil suponerlo dirigido históricamente a ningún rey posterior a Salomón, después de verse caer las grandes esperanzas puestas en éste, y dividido su reino (cf. Salmo 71, 5 y nota). Acerca del “trono y reino” aquí anunciados (versículo 7) dice Ubach que se manifestarán esplendorosamente en el momento del juicio universal y perdurarán para siempre. “Con óleo de alegría”: Esa alegría de Cristo, superior a toda otra, es la misma que Él nos ofrece desde ahora como un bálsamo divino que, viniendo del Padre y pasando por Él, se derrama sobre nosotros. Cf. Juan 15, 11; 16,24; 17, 13 y 24.

* 9. La mirra, etc., recuerda el exquisito aroma que exhala desde el principio el Esposo del Cantar (Cantar de los Cantares 1, 3). Los palacios de marfil son mencionados en la Biblia con respecto a Samaría (cf. III Reyes 22, 39; Amós 3, 15), la capital del Israel del norte, cuya reunión con Judá anunciaron los profetas (cf. Ezequiel 37, 15 ss.; Isaías 11, 12, etc.). Donde te alegraron (algunos añaden: las cítaras): “¿Dónde lo alegraron a este Rey triunfante sino en los palacios de su Padre que le sentó a la diestra y le hizo Señor después de sacarlo del sepulcro?” Cf. Hechos 2, 23 y 36.

* 10. Hasta aquí el salmista habla al Esposo, pues la reina es mencionada en tercera persona y sólo en el versículo 11 habla con ella. Las hijas de reyes que vienen al encuentro del Esposo parecen formar el cortejo de la esposa (cf. versículo 15; Cantar de los Cantares 6, 8 s.; Mateo 25, 1; I Tesalonicenses 4, 16 s.). A tu diestra… la reina: En sentido literal véase versículos 1 y 11 y el elogio de la esposa en Cantar de los Cantares 4 y 6. Cf. III Reyes 2, 19. En cuanto al sentido acomodaticio, observa Fillion que este Salmo es recitado en todas las fiestas de María, y Grignion de Montfort, recientemente canonizado, piensa que, en la segunda venida de Jesús, María a quien mira como la primera coronada en el Reino de Cristo triunfante (cf. 5° misterio del Rosario), ha de ser un medio “para que los hombres amen y conozcan a su divino Hijo”, y entonces “la llamarán dichosa todas las generaciones” (Lucas 1, 48). Vestida de oro: Véase versículo 10. Ofir, es nombre de un nieto de Éber (Génesis 10, 29) y señala un país no ubicado hoy con certeza, probablemente la costa oriental de África. De él hacía traer Salomón el oro más precioso (cf. III Reyes 9, 28 y nota). En Isaías 13, 12 (texto hebreo) vuelve a mencionarse este oro al hablar de los grandes acontecimientos del gran día del Señor, día de la venganza contra los enemigos del Rey, aludidos aquí en el versículo 6.

* 11. Oye, hija, etc.: No puede dudarse que ésta es la misma esposa y reina del poema. En el fondo histórico es fácil comprender el consejo dado a una princesa extranjera de que olvide su pueblo y su casa para seguir al esposo. En el terreno profético si bien, como dice Desnoyers, “todo lo que concierne a la nueva esposa, se presenta en un texto mal conservado, difícil, y las interpretaciones son sumamente diversas”, Vaccari muestra con claridad, en la reina y sus damas respectivamente, a Israel y las naciones (versículos 1 y 10), y recuerda las bodas del Mesías con la nación regenerada, “compuesta de una parte elegida de Israel y de las naciones convertidas al Evangelio”. Un piadoso comentarista anónimo del siglo XVIII, autor de ocho tomos sobre los Salmos, aplica las palabras olvida a tu pueblo, etc., a la conversión de Israel, diciéndole: “Olvida la sinagoga… Desecha el vano temor de desobedecer a Moisés. Él no escribió sino para anunciar al Mesías” (cf. Génesis 12, 1; Hechos 21, 20 s.; Romanos 11, 25 s.). Callan dice que “debemos entender por la esposa a la Iglesia del Antiguo Testamento, traída a perfección por su unión con Cristo”. Dom Puniet menciona aquí el texto de Oseas 2, 13-20. En cuanto a los que dicen simplemente que se trata de Israel hecha universal en la Iglesia actual, ello parece más bien cortar la dificultad que resolverla, pues la nación israelita, lejos de continuar hoy como pueblo escogido, fue rebelde y rechazada (cf. Isaías. 54. 1 y nota), y a raíz de ello San Pablo anunció el envío de la salvación a los gentiles, a quienes explayó el misterio del Cuerpo místico (Hechos 28, 25 ss. y notas), como designio que había estado oculto desde toda la eternidad, es decir, ajeno a la vocación de Israel (Efesios 3, 9; Col. 1, 26; cf. Hebreos 8, 4 y nota). Es éste uno de esos puntos interesantes y misteriosos sobre los cuales, como lo señala el Pontífice Pío XII, “se puede y debe ejercer libremente la agudeza e ingenio de los intérpretes católicos”, los cuales “en manera alguna deben arredrarse de arremeter una y otra vez en las difíciles cuestiones todavía sin solución” (Encíclica “Divino Afflante Spiritu”).

* 12 s. Texto incompleto, diversamente vertido. Tu Señor: hebreo Adonai, tu dueño, como Esposo. Por eso: inclínate ante Él (cf. III Reyes 1, 16), y, entonces, ante ti se inclinará, etc. (versículo 13). Así Calès, Ubach, etc. Otros traducen: si Él es tu Señor te servirán, etc. El sentido, como anota el nuevo Salterio Romano, es que la esposa se entregue toda al Rey, de donde ella misma recibirá honores. Aun la rica Tiro, la rival de Jerusalén, y que se alegró de su ruina (Ezequiel 26, 1 y nota), vendrá simbolizando el homenaje de todas las naciones. Tu favor: literalmente: tu faz.

* 14. La hija del rey: Se supone que es la misma reina del versículo 10. Entra: Así lee el nuevo Salterio Romano, lo cual parece una acertada aclaración de este texto oscuro, pues la lección adentro se atribuye a error de copista y choca con el contexto, ya que la reina no está aún en el interior, sino que precisamente se indicaría aquí su ingreso, con bellas vestiduras (cf. Apocalipsis 19, 8), en el palacio del Rey, al cual entran también tras ella sus amigas (versículos 15-16). Cf. Salmo 101, 17 y nota. Otros leen: bajo sus joyas (Calès), o, en corales (Wutz, Ubach), o, perlas engastadas en oro son sus vestidos.

* 15. Detrás de ella: Variante adoptada por las mejores versiones en vez de con él o del dativo a ti, que chocaría con la mención del Rey en tercera persona, que hace el versículo 16. Las vírgenes, etc.: Las naciones amigas de Israel. Cf. Mateo 25, 32 y 41; 10, 42.

* 17. Algunos (cf. Dom Puniet) consideran que este final va dirigido a la esposa, a quien se prometería hijos en lugar de sus padres que debió abandonar (versículo 11) por seguir al Esposo. En lugar de sus padres ingratos tendrá hijos fieles y la promesa de Éxodo 19, 6 será reiterada en I Pedro 2, 9. Cf. Romanos 11, 25 s. Sin embargo, casi todos lo refieren al Rey Mesías. En el lugar de sus padres según la carne (Romanos 9, 3), esto es, Abrahán y los patriarcas y el mismo rey David, estarán aquellos príncipes que “formarán la más augusta de las prosapias reales” (cf. Mateo 8, 11 s.), y Él “repartirá entre ellos el gobierno del mundo, puesto que su reino es universal (Apocalipsis 1, 6)” (Fillion). Cf. Lucas 19, 17 ss.; Apocalipsis 5, 10 y 20, 6.

* 18. Haré tu nombre memorable: Así dice el Texto Masorético como si hablase aquí el salmista aludiendo a que su poema será para ello un monumento “aere perennius”, con harto mayor motivo que los del pagano Horacio. No debemos olvidar que, como vimos en el versículo 1, es el divino Padre en persona quien, habla aquí por boca del salmista. Muchos traductores optan sin embargo por el plural, “recordarán”, según los LXX y otras versiones, en cuyo caso aludiría directamente al alcance universal de la alabanza. Cf. Salmos 21, 31; 71, 11 y 17; Malaquías 1, 11 ss.

* 1. La. Vulgata dice en el epígrafe: para los misterios, y los Padres le atribuyen carácter profético, alusivo a la liberación de la Iglesia y triunfo final de Cristo sobre todos sus enemigos, cosas que en tiempo de David (y aun hoy en parte) eran secretos arcanos de Dios (San Roberto Belarmino).

* 3. Fenómenos extraordinarios, como los que están anunciados para los últimos tiempos. En Mateo 24, 6 Jesús nos dice precisamente que no nos turbemos al verlos (Lucas 21, 25 ss.; Isaías 13, 9 ss.; Ezequiel 36, 1 ss.; Joel 2, 31; 3, 1-15, etc.).

* 4. El final contiene el estribillo, que se repite en los versículos 8 y 12 a modo de dichoso consuelo en medio de la gran tribulación general. Cf. Lucas 21, 36; Apocalipsis 9, 4.

* 5. Estas aguas pacíficas, que contrastan con la furia del mar (versículo 4) y que correrán por medio de Jerusalén, contrastando también con su habitual sequía serían “de la Jerusalén futura, de la Jerusalén ideal, establecida, como la de Ezequiel, sobre un plano nuevo” (Desnoyers). Véase Ezequiel 47, 1 ss. y nota. Cf. Apocalipsis 22, 1. Alegóricamente suelen citarse estas aguas como el río de la gracia, que en medio de tantas catástrofes del mundo figura las múltiples riquezas espirituales y favores prodigados por Dios a la Iglesia.

* 9 ss. Son las maravillas prometidas en Isaías 2, 4; Oseas 2, 18; Miqueas 4, 3; cf. Salmo 75, 4 y nota, etc.

* 11. “Ved que yo solo soy Dios, sin el cual nada podéis y en el cual todo lo podéis. Cuando yo haga esas maravillas apareceré sublime (II Tesalonicenses 1, 10) ante todas las naciones y ante todo el orbe de la tierra. Porque al fin del siglo, todos, queriéndolo o no, conocerán el supremo imperio de Dios y se someterán a él” (Belarmino).

* 1. El nuevo Salterio Romano titula este Salmo “Dios, Rey vencedor, asciende al trono” y resume así su contenido: “I. Dios, magno Rey, sujeta a su pueblo todas las naciones (2-5). II. Después de la victoria sube a su trono celestial (6-7). III. Reina entonces sobre todas las naciones y todos los príncipes y poderosos de la tierra (8-10). El Salmo trata de la victoria final de Dios y de la institución del reinado universal mesiánico. Israel y los gentiles constituyen un solo reino del Mesías.”

* 2. Es preludio de un himno de victoria. Dios mostrará una vez más su poder en favor de su pueblo, asegurándole de nuevo el país de promisión (cf. Génesis 13, 15; Deuteronomio 30, 5; II Reyes 7, 10; Amos 9, 15; Isaías 27, 13; Jeremías 16, 15; Ezequiel 20, 40; Sofonías 3, 20; Zacarías 10, 6, etc.).

* 4. Cf. Salmo 101, 16 s.; Isaías 49, 22 s.; Miqueas 4, 1 s.; Malaquías 3, 12, etc.

* 5. Nuestra heredad: El país de Canaán dado a Israel por herencia. Sobre el amor que Dios tuvo a Israel, y le conserva aún después de la Cruz, según enseña San Pablo, cf. Romanos 9, 1-5; 11, 28; Deuteronomio 7, 7 s.; 10, 14 s.; Isaías 43, 1 ss.; 63, 8 s.; Jeremías 31, 3; Ezequiel todo el sublime capítulo 16; Oseas 2, etc.

* 7. Los versículos que siguen invitan a los israelitas y a los gentiles a rendir homenaje al Dios de Abrahán.

* 10. “Se congregan en un solo pueblo adorador del verdadero Dios, del Dios de Abrahán, los jefes de las naciones gentiles, trayendo consigo a sus súbditos” (Vaccari). Véase Salmo 95, 8 ss.; Isaías 60, 15 s.; Zacarías 8. 20-23; 14, 16. Esta reunión, que no fue plena en los tiempos apostólicos a causa de la defección de Israel, se realizará plenamente después que los judíos se conviertan a Cristo (cf. Deuteronomio 4, 30; Jeremías 30, 3; Juan 10, 16; Romanos 11, 26), como lo dice Santo Tomás (véase Salmo 9 a, 17 y nota). Se han dado a Dios: Ya no hay más lucha después de la victoria definitiva del Señor, y Él domina desde lo más alto, es decir, desde su trono en el cielo (versículo 6 s.; cf. Salmo 75, 3 s.; Ezequiel 40, 2 y notas). Algunos, en vez de poderosos, traducen broqueles.

* 1. Este Salmo celebra a la Jerusalén liberada, en honor de Dios su libertador. Fillion lo llama “canto de victoria como los dos precedentes”.

* 3. “El monte Sión entonces no era sino el gozo del pueblo judío; pero destinado a ser centro de paz y de delicias para todo el universo. Cf. Salmo 46; Isaías 2, 2 ss.; Lamentaciones. 2, 15” (Fillion). La ciudad del gran Rey: Es el nombre de Jerusalén, según lo enseñó Cristo (Mateo 5, 35) y el gran Rey es Él mismo, como lo hemos visto en el Salmo 44, etc. Extremo norte: Pasaje diversamente traducido: a las vertientes del Norte (Prado); remate boreal (Bover-Cantera); se yergue bello al lado del Norte (Nácar-Colunga); es como decir, el lugar más eminente, donde debía estar “el tabernáculo o palacio del Augusto Rey” (cf. Isaías 14, 13; Salmo 2, 6). El monte Sión con el Templo formaba antiguamente la extremidad norte de Jerusalén. Pero es muy posible que el poeta no aluda a la situación geográfica, sino “a la creencia de una montaña santa situada al norte, una especie de poético Olimpo, y quiere decir que el monte Sión es la verdadera montaña santa, el verdadero Olimpo” (Bover-Cantera).

* 5. Véase Salmo 2, 2; Apocalipsis 16, 14-16; 19, 19; 20, 7; Ezequiel 38.

* 8. Las naves de Tarsis, región situada en el Mediterráneo occidental (probablemente España; según otros, el norte de África). Cf. Isaías 2, 16; 33, 21; Ezequiel 27, 25.

* 9. Como lo habíamos oído por boca de los profetas. Cf. versículo 15 y nota; Deuteronomio 4, 30; Salmo 43, 2; Isaías 59, 20, citado en Romanos 11. 26 s., etc.

* 13 s. Reparad en la ciudad santa, examinad la insuficiencia de sus escasos medios de defensa y veréis que sólo Dios nos ha salvado (cf. Salmo 32, 17 y nota). Pensamiento que los Salmos no se cansan de repetir, porque los hombres no creen en esto. Aun los que nos llamamos creyentes no siempre vivimos de esa fe. Si lo hiciéramos, todos seríamos felices y santos (Hebreos 10, 38; Mateo 6, 33; I Corintios 1, 27 ss.).

* 15. Véase Isaías 4, 5; 24, 23; Ezequiel 37, 26 ss.; Joel 2, 32; Daniel 7, 14; Abdías 17; Miqueas 4, 7; Apocalipsis 11, 15; 14, 1 s., etc.

* 2. Oíd: Solemne llamamiento de la Sabiduría. Así también habló Moisés en el gran mandamiento: “Schma Israel” (Deuteronomio 6, 4). Hace resaltar el salmista en cuatro versos (2-5) la importancia del tema que va a tratar: la prosperidad de los pecadores no es más que apariencia. Los gozos y bienes de este mundo son falaces. Solamente el necio confía en ellos. Sobre los privilegios supremos que da la Sabiduría, véase Proverbios cap. 8 ss.; Sabiduría 6 ss.; Eclesiástico 24 y 39; 51, 18-38; Daniel 12, 3; Mateo 5, 19, etc. Jesús resumió todas esas maravillosas promesas al decir que María, la que escuchaba, eligió la mejor parte (Lucas 10, 42).

* 5. Parábola y enigma (hebreo: maschal): Género literario muy frecuente en la sabiduría bíblica, para expresar un pensamiento profundo, en forma viva y animada por imágenes. Puede traducirse por refrán, proverbio, sentencia didáctica. Mi oído: Cf. Salmo 77, 2 citado por Mateo 13, 35; allí es la boca del Maestro que habla en parábolas; aquí, el oído que las escucha. ¡Escuchar es lo único que se nos pide para hacernos felices! Cf. Jeremías 7, 22 s.; Juan 6, 65 y 69; 12, 47 ss.; 15, 7; II Timoteo 3, 16 s., etc.

* 6 s. No temerlos, porque su vida es fugaz, como lo indica el estribillo (versículos 13 y 21). Cf. II Paralipómenos 32, 7 s.; Mateo 10, 28; Salmo 36, 36, etc.

* 8 ss. Texto oscuro, con muchísimas variantes. El salmista quiere decir: A pesar de las riquezas nadie puede rescatarse de la muerte. La Vulgata dice que ni el hermano puede en este caso redimir a su hermano (cf. Levítico 25, 25; Exequiel 21, 29 s.). Nadie ofrecerá a Dios un rescate que valga, porque es incalculable el precio de un alma para que viva en paz eternamente y no caiga en el abismo. Como vemos, de la muerte corporal se pasa a mostrarnos el misterio de sabiduría tan solemnemente anunciado al principio, y es la necesidad de un Redentor, sin el cual estamos todos perdidos (versículo 16). Es lo que dice Jesús en Marcos 8, 37. Si se tratara simplemente del cuerpo, no habría tal parábola, como lo anunció el salmista, pues nadie ignora que el hombre es mortal.

* 11 ss. Entretanto el justo verá perecer (versículo 6 y nota) a los sabios lo mismo que a los insensatos; verá a aquellos ricos que lo perseguían, morir dejando a otros sus riquezas (Salmo 38, 7), y verá reducidos a la suma estrechez del sepulcro, por generaciones y generaciones, a los que pensaron perpetuarse (versículo 18), dando sus nombres a sus tierras. ¿Qué elocuencia más viva que la de esta verdad escrita hace tres mil años? Por tanto, concluye el versículo 13, aun en la cumbre de los honores, el hombre no dura: es semejante a los animales, destinados todos a perecer. Dom Puniet hace notar la similitud de este pasaje con Eclesiastés 3, 19-21.

* 14. Los que se glorían de su suerte, es decir, de la propia, creyendo que será durable la prosperidad del momento actual. También puede aplicarse a los admiradores de esos tales, que los imitan envidiando su efímero oropel y nunca aprenden a escarmentar en cabeza ajena.

* 15. A la mañana: “En la aurora del día que los hará eternamente felices” (Fillion). Cf. II Pedro 1, 19; Filipenses 3, 20 s. Dominarán sobre ellos: Literalmente: los pisotearán. Cf. Daniel 7, 22; 12, 2; I Corintios 6, 2; Apocalipsis 2, 26 ss. Al final otros vierten que no habrá (para los impíos) la alta mansión (cf. Isaías 63, 15).

* 16. Dios será mi Redentor según lo dicho en versículo 8 ss. y nota. Él me tomará consigo: El nuevo Salterio Romano hace notar que igual verbo se usa para el arrebato de Enoc (Génesis 5, 24) y de Elías (IV Reyes 2, 9 s.). Véase I Tesalonicenses 4, 17; Juan 14. 3.

* 18. Triste epitafio para los mundanos.

* 21. Véase versículo 13. No comprende, esto es, desaparece como los brutos, sin haber llegado a entender ni la vanidad de este mundo ni el misterio de Dios. Según I Corintios 2, 14. el hombre natural, o sea puramente racional, “no comprende las cosas que son del Espíritu de Dios”, es decir que sólo puede ser sabio el que se eleva mediante la fe viva a la inteligencia de “las profundidades de Dios” (I Corintios 2, 10). De ahí la tremenda palabra de Jesús en Lucas 18, 24 s.

* 1. Asaf, un levita de la familia de Gersón, era maestro de música en tiempo de David (I Paralipómenos 6, 4-28; 15, 17 y 19). Doce Salmos llevan su nombre. En éste reprueba la religión formulista, que se cifra en prácticas exteriores, especialmente en el ofrecimiento de víctimas. El pueblo de Israel no había renegado de Dios de un modo expreso, sino a la inversa: había caído en un mecanismo formulista que confundía los sacrificios del corazón con los ritos y ceremonias del culto. Los sacrificios del corazón son las alabanzas de Dios y el amor del prójimo (versículos 14 y 20). Resuena aquí la doctrina de Jesucristo, quien más tarde reprobó tantas veces en los fariseos esta misma deformación, que es en realidad el disfraz de la verdadera religión.

* 3. El Todopoderoso aparece en medio de un terrible huracán a fin de que sea manifiesta su grandeza y se estremezcan sus enemigos. Cf. Salmo 28, 3 ss.; 79, 2; 96, 3; Mateo 24, 30.

* 4 ss. La teofanía toma la forma de un juicio sobre Israel (cf. Miqueas cap. 6; Apocalipsis 14, 14 ss.). El juez es el mismo Dios (versículo 6) y empieza por llamar a los que tal vez se creen muy piadosos (versículo 5), para apostrofar después a los prevaricadores (versículo 16 ss.). De modo semejante nos revela San Pedro que el juicio ha de empezar por la casa de Dios (I Pedro 4, 17 s.).

* 8 ss. Pasaje importante en el cual Dios nos descubre su criterio sobre la falsa devoción. Cf. Miqueas 6, 6 ss.; Salmo 39, 7; 50, 18 s.; Isaías 1, 11; Oseas 6, 6; Zacarías 7, 1 ss.; Mateo 9, 13; 12, 7, etc. y notas.

* 11. “Con Él estaban, dice San Agustín, las cosas porvenir; con Él están presentes las que pasan, y las que vienen no desalojan a las pasadas. Con Él están todas las cosas por un conocimiento de la inefable Sabiduría puesta en el Verbo, y el mismo Verbo lo es todo.”

* 14. Valiosa doctrina, pues nos enseña qué es lo que a Dios le agrada: la alabanza (Salmo 68, 31 ss.; Hebreos 13, 15; Romanos 10, 10; I Pedro 2, 4 ss.). De ahí que el Padrenuestro empiece con la alabanza del Padre, a quien se debe todo honor y gloria (I Timoteo 1, 17; 6, 16 y notas). Es claro que, como lo vemos en la segunda parte del Salmo (versículo 16 ss.), esta alabanza no ha de proceder tan sólo de los labios (Isaías 29, 13; Mateo 15, 8), sino de un corazón recto (Salmo 32, 1).

* 16. Así como los sacrificios prescritos por Moisés no son de suyo, suficientes, tampoco bastaría alabar a Dios sin hacer su voluntad (Mateo 7, 21). Véase el terrible discurso de Jesús contra los fariseos, escribas y doctores de la Ley, que hipócritamente la enseñaban y no la cumplían (Mateo 23; Lucas 11, 37 ss.). Nos muestra aquí el salmista la altura de la Ley de la caridad compendiada en el “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19, 18; Deuteronomio 6, 5; Lucas 10, 27; Marcos 12, 31; Mateo 22, 39; Romanos 13, 9; Gálatas 5, 14; Santiago 2, 8). El Mandamiento nuevo de Jesús, al confirmar esta ley, la cifra en la imitación del amor con que Él mismo nos amó (Juan 13, 34; 15, 12; I Juan 4, 19).

* 23. Alabanza: Es el tema principal de todo este Salmo (versículo 14 y nota): honrar a Dios, no con la letra de la Ley, sino “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23). El sacrificio de alabanza comporta la proclamación de los beneficios sin fin que Él nos hace (Salmos 88, 2; 102, 2; 106, 22). Es el perfecto acto de fe, pues proclama lo que es la esencia de Dios: su caridad (I Juan 4, 8), o sea, un amor que se traduce en misericordia a favor nuestro. Por eso la oración más repetida en la Biblia es la alabanza de su bondad (Salmo 135; I Paralipómenos 16, 34 y 41; II Paralipómenos 7, 6; 20 y 21, etc.). El último hemistiquio confirma una doctrina que surge a cada página de las divinas Escrituras: el grado de sinceridad de cada hombre para con Dios, es la medida de las luces que tendrá en materia espiritual. De ahí que tantos sencillos entienden más que los tenidos por sabios. Cf. Lucas 10, 21; Salmo 118, 99 s. y notas.

* 1. Este Salmo, el celebérrimo “Miserere de David” (el 4° de los siete Salmos penitenciales), es la expresión más perfecta de contrición, la confesión más sincera de un corazón arrepentido, la manifestación más profunda de un alma que no busca su propia justicia sino la que nos viene de Dios, según enseña San Pablo (Filipenses 3, 9 s.). Por esto resulta, a la vez que la más alta alabanza de la misericordia de Dios, un himno de gratitud y confianza. David, movido por el Espíritu Santo, lo arranca de su corazón culpable y contrito después del adulterio cometido con Betsabee (II Reyes caps. 11 y 12). Es, pues, el acto de contrición ideal, y la Iglesia lo recita en el Oficio de Laudes. Identificarse plenamente con el espíritu de este Salmo es tener perfecta contrición, por lo cual nada más precioso que aprenderlo y tenerlo como un vademécum para renovar en todo momento con nuestro Padre celestial el estado de plena intimidad en el amor, que nos viene de nuestra justificación en Cristo y que tantas veces parece nublarse a causa de las miserias nuestras y de las tentaciones con que a cada instante nos asalta el Maligno.

* 3 ss. ¡En la medida de tu misericordia!: Es como pedir a un poderoso que nos ayude según todo su poder, es decir, que no nos dé una limosna cualquiera, sino una inmensa fortuna. En el mercado de Dios ninguna audacia es excesiva, porque Él mismo nos llama a “comprar sin dinero” (Isaías 55, 1 s.). Nótese que toda la fuerza de esta confesión y su valor ante Dios está en la fe en su misericordia (Salmo 49, 23 y nota) que perdona por pura bondad al arrepentido, sin derecho alguno por parte de éste. Es exactamente lo que hizo el padre del hijo pródigo (Lucas 15, 11 ss.). David no intenta justificación ni explicación alguna, sino al contrario: su propia miseria y el reconocimiento de su absoluta impotencia son el argumento (cf. Salmos 39, 18; 85, 1) que conmueve el corazón del Padre (Salmo 102, 13 s.). El que esto medite no tardará en sentir un ansia por aniquilarse de humillación ante semejante Padre. ¡Entonces es cuando Él más nos prodiga su gracia! (Santiago 4, 6; I Pedro 5, 5).

* 5. Porque yo reconozco mi maldad: Único fundamento que David aduce por su parte para ser perdonado. Así lo vemos confirmado en el versículo 8 (cf. nota). Pensemos si un juez de la tierra nos absolvería de un delito con sólo decirle que en efecto somos culpables. Tal es la diferencia entre lo humano y lo divino.

* 6. Contra Ti solo, es decir, no se trata de injuria más o menos leve contra otras creaturas, sino que el ofendido en todo pecado es directamente ese Creador y Padre a quien todo lo debemos. ¡Y sin embargo Él perdona tan fácilmente, a todo el que se arrepiente de corazón! Tengas razón: He aquí la piedra de toque de la verdadera contrición: un deseo de que sea Dios quien tenga razón, aun contra nosotros. Es todo lo contrario de lo que nuestra soberbia ambiciona tan fuertemente: tener razón, salirse con la suya (cf. Job 40, 3 ss.). Los hombres se excusan ante otro hombre diciéndole: discúlpeme usted, no lo hice por maldad, fue sin querer. David le dice a Dios todo lo contrario: perdóname porque soy culpable y malo, porque lo hice a propósito. No me excuso, ni te pido que me disculpes. Al contrario: me acuso y sólo espero que, después de establecida bien claramente mi responsabilidad, y aún más, que soy deudor insolvente, entonces Tú me perdones la deuda, pura y simplemente, por la sola virtud de tu asombrosa misericordia: “non aestimator meriti sed veniae…” El mismo concepto expresa la oración de San Agustín, diciendo: “tienes, Señor, ante Ti reos confesos. Sabemos que si no perdonas, con razón nos destruirás”. Aquí comprendemos lo que significa el “negarse a sí mismo” (Mateo 16, 24 s.; Salmo 48, 8 y nota; II Corintios 10, 5). Entonces es cuando resplandece la gloria de la gracia de Dios (Efesios 1, 6) por la gratuidad de su perdón, obra de su amorosa misericordia y de la riqueza de su gracia (Efesios 2, 7 ss.) y tanto mayor cuanto más confiamos en ella (Salmo 32, 22 y nota).

* 7. Los Padres citan este pasaje como prueba del pecado original. El hombre es sin la gracia, incapaz del bien en el orden sobrenatural, a raíz de la naturaleza viciada. “Es don de Dios si pensamos rectamente y si apartamos nuestros pasos de la falsedad y de la injusticia; ninguna cosa buena puede hacer el hombre sin que Dios se la conceda para que la haga; cuantas veces hacemos el bien es Dios quien obra, en nosotros y con nosotros para que lo hagamos” (Denz. 195, 182, 193).

* 8. A pesar de lo precedente, que equivaldría a una condenación sin remedio, David sabe —y ésa es la sabiduría íntima aquí mencionada— que el confesar sinceramente, es decir arrepentidos, nuestra culpabilidad, es tan agradable a Dios (cf. versículo 18 s.), que basta para moverlo al gratuito perdón y olvido de nuestras deudas (cf. Salmo 31, 5 y nota; I Juan 1, 8 s.). De esta sabiduría, es decir, de este conocimiento del corazón de Dios, le viene a David la sorprendente audacia con que va a pedir (versículo 9) un salto inmediato del fondo de la abyección a la cumbre de la santidad (cf. versículos 6 y 12 y notas) y la absoluta condonación de todas sus deudas (versículos 4 y 11).

* 9. Alusión al rito con que declaraban limpios a los leprosos (Levítico 14. 4 ss.). Nótese que no dice “me lavaré” sino: ¡me lavarás Tú! (véase el caso de Pedro en Juan 13, 6 ss.). Quedaré más blanco, etc.: Aquí se nos enseña la perfecta humildad: yo no soy más que un pobre pecador, pero hay algo más fuerte que él y es tu misericordia infinita y omnipotente. Esto es lo que ha hecho de grandes pecadores los más grandes santos (cf. Job 7, 21; 14, 4; Lucas 7, 47; Filipenses 4, 13, etc.).

* 10. No hay alegría mayor que la de sentirse perdonado. Jesús nos enseña que esa alegría está a disposición de todos, cuando nos dice: “Al que venga a Mí no lo echaré fuera” (Juan 6, 37). La palabra de consuelo y de gozo está así siempre a nuestra disposición en las Sagradas Escrituras (Romanos 15, 4).

* 11. Borra: San Ambrosio señala esta maravilla: que Dios mira el arrepentimiento como un acto meritorio, no obstante ser lo menos a que estamos obligados. Además, el perdón hace renacer los méritos perdidos por el pecado, en tanto que éste se borra para siempre con la Sangre de Cristo. Cf. Ezequiel 18, 22 s.; Juan 1, 29; I Pedro 4, 8, etc. Así se borró el de David (II Reyes 12, 13).

* 12. Un corazón sencillo: Esto es, simple sin pliegues, o sea sin doblez, que es lo mismo que recto (cf. Juan 1, 47 y nota). Es decir que David pide aquí el espíritu de infancia (cf. Salmo 130), que fue en efecto la más preciosa característica del gran rey poeta y profeta. Por eso sin duda le reveló Dios Su sabiduría (versículo 8), tal como habrá de enseñar Jesús en Lucas 10, 21. Las expresiones “crea y renueva” indican una nueva creatura formada por el Espíritu Santo (cf. Ezequiel 11, 19; 36, 26; Tito 3, 5). San Pablo explica esto en la admirable Epístola a los Romanos, caps. 6-8.

* 13. No me rechaces: A todos nos parece, por cierto, que su santidad ha de mirarnos con repugnancia, y en verdad ello sería harto lógico (versículo 6), de modo que nunca podríamos, por nuestras propias reflexiones, convencernos de que no es así. Sólo en este don asombroso de las palabras de Dios descubrimos que es todo lo contrario: basta recordar cómo obró el padre con el hijo pródigo (Lucas 15, 20 ss.). Cf. Salmo 102, 13; Isaías 1, 18; 66, 2; Juan 6, Z7. “No me quites el espíritu de tu santidad”: He aquí la esencia de toda oración, la que hemos de tener siempre en los labios; la que más agrada al Padre y más nos conviene a nosotros. ¿Acaso no es éste el “pan supersubstancial” que Jesús nos enseñó a pedir cada día? (Mateo 6, 11; Lucas 11, 3 y notas). Si bien miramos, ningún hijo pide a su padre que le dé de comer, pues esto lo hace él sin que se lo pidan. ¿No se ofendería el padre si su hijo le recordase cada día la obligación de alimentarlo? En cambio, ese don del Espíritu sí que debemos pedirlo como una maravillosa limosna de la santidad divina (Lucas 11, 13; I Tesalonicenses 4, 7 s.; Santiago 1, 5 y notas), mostrando al Padre que lo aceptamos y deseamos con ansia. Pues sin ello no lo tendremos, ya que el Espíritu no se impone a nadie por la fuerza, sino que, respetando la libertad, sólo permanece en quien lo desea (Cantar de los Cantares 3, 5), y por el contrario, se aleja de los que se sienten capaces de valerse y manejarse sin Él (Salmo 80, 13). Si esto pedimos, como hijos del Padre (Romanos 8, 14; Gálatas 4, 6), podemos estar seguros de tener también el otro pan, pues nos será “dado por añadidura” (Mateo 6, 33). Pero se dirá, después que vino Cristo, el Espíritu habita en nosotros permanentemente (Juan 14, 17). Así es en efecto la admirable promesa del Padre (Lucas 24, 49 y nota), mas no por eso hemos de empeñarnos menos en asegurárnoslo, pues sabemos que nuestra carne y nuestra psiquis conspiran contra Él (Gálatas 5, 17; I Corintios 2, 14) y no podemos nunca dormir sobre los laureles. Porque no tenemos el Espíritu incorporado a nosotros de un modo natural sino sobrenatural, por el cual nuestra nueva creatura (versículo 12) sólo se levanta sobre el cadáver del hombre viejo (I Corintios 5, 17; Gálatas 6, 15; Efesios 4, 22-24; Colosenses 3. 10).

* 14. Sobre la alegría véase versículo 10 y nota; Juan 17, 13; 15, 20. Espíritu de príncipe es el que nos corresponde como hijos de Dios (Gálatas 4, 5-7; II Timoteo 1, 7; I Juan 4, 18 s.; Romanos 8, 2; Juan 15, 15, etc.) y significa a un tiempo la humildad de quien necesita ser dirigido por otro, y la confianza de quien se sabe hijo de un gran señor. Son los sentimientos que vemos en la Virgen María (cf. Lucas 1, 48 s. y notas), y cuadran admirablemente a David, por lo cual preferimos mantener esta versión antes que la de espíritu generoso (así Nácar-Colunga, Prado, etc.), que algunos aplican a Dios y otros al salmista. Éste no intenta aquí llegar a poder darse patente de bueno, ni siquiera a creerse tal, pues bien sabe que somos malos, sino de tener todo el amor de Dios que cabe en ese corazón que se reconoce malo y que, precisamente por eso, es acepto como bueno para Él.

* 15. Esto es: les enseñaré tus caminos de misericordia y perdón que has usado conmigo, y ellos también volverán a Ti como yo he vuelto. “La fe en el amor que Dios nos tiene es lo que nos hace amarlo” (Beato Pedro Julián Eymard). Cf. Salmo 39, 4 y nota.

* 16. De la sangre: Otros vierten: de las sangres. Algunos, p. ej. Bover-Cantera, interpretan esto por la sangre de Urías, marido de Betsabee, y sus compañeros (II Reyes 11). Pero, como ya antes se ha tratado del perdón, creemos más bien, como Dom Puniet, Desnoyers y otros, que David pide ser librado de los caminos sangrientos y aun quizá de todo lo carnal que se opone a lo espiritual (cf. Isaías 4, 4; Mateo l6, 17; Juan 1, 13; I Corintios 15, 50; Gálatas 5,17).

* 17. Con estas palabras comienza siempre el Oficio divino, como para mostrarnos que sin el Espíritu Santo no podemos dar al Padre ninguna alabanza que le sea grata (cf. Romanos 8, 26; I Corintios 12, 3; Santiago 4, 3; Isaías 6, 5 s., etc.).

* 18. La Vulgata dice: Si quisieras sacrificios en verdad te los ofrecería. El original es, como vemos, más terminante. Aquí aprendemos cuál es el sacrificio que a Él le agrada. Cf. Salmos 39, 7; 49, 8-13 y notas; 33, 19; Proverbios 15, 8; Isaías 1, 11; Oseas 6, 6; Daniel 3, 39 s., etc., y notas.

* 19. Las palabras entre corchetes se consideran como glosa.

* 20 s. Por tu misericordia, o sea, aunque no lo merezcamos. Véase Jeremías 30, 13 y nota; Lucas 2, 14. Reconstruye: Es decir: hazlo Tú mismo. Coincidiendo con la observación precedente, el hebreo es aquí más terminante que la Vulgata, la cual dice: para que sean edificados. Versículos discutidos. Algunos, y no pocos intérpretes, los consideran como añadidos durante el cautiverio babilónico, cuando los desterrados veían en este Salmo la expresión de su dolor. La Comisión Bíblica considera como posible esta interpretación (mayo 1° de 1910). Otros, como Fillion, no la comparten. La Biblia de Gramática correlaciona este pasaje con Salmos 68, 36; 121, 6; 146, 2; Malaquías 3, 3 s. Puede verse también Isaías 66, 21; Jeremías 23, 15-33; Ezequiel 40, 39; 43, 7, 16; Oseas 3, 4 s.; 5. 65, 15. En este final, como en el Salmo 101 y otros, se extiende proféticamente a toda la casa de Jacob, con referencia a la restauración de Jerusalén, el pedido que se empezó formulando individualmente en favor de David (cf. Salmo 101, 14 ss. y notas). Las palabras entre corchetes del versículo 21 se consideran glosas explicativas que algún copista dejó incorporadas al texto. El versículo 21 es usado en el Misal romano como antífona de la Comunión del domingo X después de Pentecostés.

* 1 ss. Perseguido por Saúl, David se había refugiado en Nobe, donde estaba el Tabernáculo y donde el Sumo Sacerdote Aquimelec lo acogió y proveyó de pan y armas. Denunció este hecho a Saúl el idumeo Doeg, quien fue entonces encargado por aquél de dar muerte a Aquimelec y a otros ochenta sacerdotes, lo que realizó del modo más repugnante contra aquel modelo de pastor (I Reyes 22, 6 ss.). David, enterado por Abiatar del infame suceso, habría dirigido aquí su indignado apostrofe y su confianza en Dios vengador. Algunos exégetas sostienen que el título (versículo 2) se trasladó erróneamente de otro Salmo y que aquí se trata de la traición de un levita. Ubach opina que el Salmo “es obra de un sacerdote o levita del Templo de Jerusalén, perseguido y calumniado por un enemigo prepotente y miembro probablemente de su misma clase”. Sobre el epígrafe Maskil (Vulgata: Salmo de Inteligencia), véase Salmo 31, 1 y nota.

* 3 ss. Texto incompleto. Otras versiones dicen irónicamente con el versículo 3 b: oh héroe de ignominia, y suprimen como texto dudoso la subsiguiente referencia a Dios, que nos parece la más adecuada al contexto (versículo 7 ss.; Salmo 52, 2). Cf. Crampón. La pintura que sigue es de la mayor elocuencia y tonifica nuestra fe al mostrarnos que sólo en el invisible pero indefectible brazo de nuestro Padre celestial está la eficaz protección del justo contra el poderoso cuya causa parece triunfar en este mundo. Cf. los Salmos 36, 48, 72, etc.

* 9. ¡He aquí el hombre! Puede ser el retrato de muchos mundanos. Compárese con la misma expresión aplicada por Pilato a Jesús doliente: ¡Ecce Homo! (Juan 19, 5).

* 10. El olivo es símbolo de la felicidad. El salmista opone a la prosperidad, efímera del traidor las bendiciones de que goza el hombre fiel que confía en la bondad del Padre (Salmo 32, 22 y nota). En ambos tipos podría verse aquí el contraste entre el espíritu de Saúl y el de David.

* 11. Porque obraste: Una vez más el salmista nos muestra que su oración ha sido escuchada. La mano poderosa de Yahvé, que nos parece mirarlo y tolerarlo todo pasivamente, ha obrado como Él solo sabe (cf. Lucas 1, 51 ss.), mientras el creyente buscaba su fuerza en la confiada quietud. Cf. Salmo 36, 5 s.; Eclesiástico 2, 2; Isaías 30, 15. Porque es bueno: Tal es el mejor elogio y la alabanza que más le agrada (cf. Salmos 53, 8; 135, 1 ss.). ¡Qué sería de nosotros, propiedad suya y nacidos sin nuestra intervención ni voluntad, si, en lugar de ese Dios bueno que así se nos revela en sus propias palabras, hubiéramos descubierto que Él, omnipotente y soberano, era un espíritu maléfico semejante a Moloc y Baal y que nos había creado para gozarse en nuestro mal! Dios trata bien a sus amigos. En cambio el mundo los trata mal, pero el Señor los libra de toda tribulación (Salmo 33, 20).

* 1 ss. Con pocas diferencias, este Salmo es el mismo que el Salmo 13. Véase las notas de aquél. Es oscura la significación de Mahalat, palabra que no se encuentra en ese Salmo paralelo y que los exégetas modernos explican como indicación de una melodía triste. En efecto, tratándose en aquél “de una terrible amenaza contra los sacerdotes, proferida en estilo profético” (Ubach), parecería que la obra de la divina venganza allí anunciada se viese aquí como cumplida (cf. versículo 6 con Salmo 13, 5). En su corazón: Pero no en sus palabras, pues según el contexto se ve que dicen lo contrario (II Timoteo. 3, 5). Estos insensatos recuerdan a los infatuados de Salmo 118, 5 ss.

* 5. Como comen pan, etc.: Así el nuevo Salterio Romano. Ubach prefiere: comen el pan de Yahvé; su Nombre no invocan, y anota: “El pan de Yahvé es según Levítico 21, 6, 8, 17; Números 28, 2, el sacrificio a Él ofrecido; y los que de este pan se alimentan son los sacerdotes (cf. Levítico 21, 22; Oseas4, 8, etc.).” Cf. Salmo 13, 4 y nota.

* 6. Cf. versículo 1 y nota. ¡Tiemblan de miedo! Un estudio bíblico sobre este punto ha publicado el Apostolado Litúrgico del Uruguay con el título de El Imperio del Miedo, mostrando este sentimiento como propio de la tiniebla humana por haberse apartado de Dios que es la luz. Los que te esquilmaban: Se dirige a Israel. La Vulgata dice: Dios dispersó los huesos de los que agradan a los hombres. Cf. I Juan 2, 15. Están desconcertados: Asombro de la falsa conciencia que ha vivido rutinariamente engañándose a sí misma. Es el gran desencanto que Jesús anuncia en Lucas 13, 27 y San Pablo en I Corintios 3, 15; II Tesalonicenses 2, 11 s.

* 7. Cf. Salmo 13, 7 y nota. Cuando cambie, etc.: Ubach traduce literalmente la expresión hebrea: “en restableciendo Yahvé el restablecimiento de su pueblo”, y anota: “Algunos traducen: ‘la cautividad de su pueblo’ e interpretan toda la estrofa como un suspiro del salmista por el retorno a Jerusalén del pueblo cautivo en Babilonia. Pensamos que este sentir no tiene aplicación en el presente Salmo.” Cf. Isaías 59, 20, citado por San Pablo en Romanos 11. 26.

* 1. Maskil: Véase Salmo 31, 1 y nota.

* 2. El título indica que David compuso este Salmo cuando moraba fugitivo entre los cifeos, y éstos, para congraciarse con Saúl, lo traicionaron. Pone el santo rey, como siempre, toda su confianza en Dios, y sabemos que, como siempre, Su providencia vino en su auxilio y le salvó milagrosamente por una irrupción de los filisteos, que obligaron a Saúl a retirarse (I Reyes 23, 19 s.),

* 5. Soberbios: Así el nuevo Salterio Romano (cf. Salmo 85, 14) y Bover-Cantera, siguiendo algunos textos que dicen: “sedim”. El texto masorético dice extranjeros (“zarim”), pero se ha preferido la otra lección porque los cifeos no eran extranjeros con respecto a David. Debe sin embargo dejarse a salvo la posibilidad de que el salmista tuviese algún motivo para llamarlos así, tanto más cuanto que así también dicen los LXX y la Vulgata, y la expresión es frecuente en los Salmos (cf. Salmo 143, 7 y nota). Crampón, Callan, Nácar-Colunga, etc., mantienen la versión extraños.

* 6. ¿No es cierto que todo hombre vive buscando en qué poner su fe y su confianza? Esa dicha de encontrarlo es lo que aquí nos comunica el santo Rey. Cf. Salmo 16, 6.

* 8. Sacrificios voluntarios: No prescritos por la Ley, y sin esperar recompensa. “Si a Dios le alabas para que te obsequie, ya no le alabas con voluntad alegre y generosa; ya no amas a Dios desinteresadamente” (San Agustín). Alabar el Nombre de Dios porque es bueno es la alabanza que Dios prefiere (Salmo 51, 11 y nota). Vemos aquí como un anticipo del Nuevo Testamento, en que Jesús nos reveló que el nombre de Dios es “Padre”, y San Juan nos enseñó que Dios es amor (I Juan 4, 16). La justicia nos atraería el castigo; su sabiduría le hace ver nuestra nada; su santidad le baria aborrecer al pecador. Sólo la misericordia da la razón última de su amor (Mons. Guerry).

* 1. Sobre el epígrafe véase Salmos 31, 1; 53, 1 y notas.

* 3. Trascienden a través de estas estrofas las ansiedades que David experimentó en los días más tristes de su vida, cuando los enemigos, entre ellos probablemente también su hijo Absalón (versículo 14), sembraban desolación y ruina en las calles de Jerusalén. En sentido típico este Salmo de tan dolorosas experiencias se aplica a Jesucristo vendido por Judas (versículo 14 y nota). Las palabras entre corchetes son un agregado que alarga el estiquio y no añade, antes bien quita fuerza a la expresión.

* 4. Alusión a los gritos del pueblo rebelde e instigado por agitadores, que pide la muerte del rey. Pintura anticipada de aquella escena ante el tribunal de Pilato, donde los soldados romanos lo llenan de golpes e injurias mientras el pueblo judío, que antes lo seguía y lo aclamaba como rey, movido por la Sinagoga, grita a voces: “¡Crucifícale!” (Mateo 27, 23).

* 7 ss. Véase Jeremías 9, 2 s. Ansia de soledad y silencio, lejos de los horrores de la ciudad (cf. Eclesiástico 7, 16 y nota); envidiable vocación que nos brinda la mejor parte, la de María, la que nadie nos disputará, porque el mundo prefiere la ciudad, inventada por Caín (Génesis 4, 17). En el retiro nos habla Dios al corazón (Cantar de los Cantares 1, 8; 8, 5; Oses 2, 14) y su palabra nos da el Espíritu “que siempre está pronto” (Mateo 26, 41; II Timoteo 3, 16 s.) y que produce fruto infaliblemente (Salmo 1, 1-3). He aquí la escondida senda de los sabios. Cf. Eclesiástico 39, 1-3.

* 10. Piérdelos: Literalmente: trágalos, aludiendo quizás al castigo de Coré y los levitas (cf. versículo 16). Divide sus lenguas: Evidente alusión a Babel (Génesis 11, 7-9).

* 11. Extraña ronda de protección, imagen de la turbulencia y anarquía que reina en la ciudad y que puede aplicarse a tantas situaciones de la historia. El rey parece perdido. Sólo Dios puede sacarlo de la ruina inminente.

* 14. Se trata sin duda de Aquitófel “consejero y compañero de mesa del rey” (II Reyes 15, 6 ss.). Este traidor, cuya felonía es tanto más dolorosa para el amigo cuanto mayor era la intimidad, es figura de Judas (cf. Salmo 40, 10 y nota).

* 16. Vivos aún desciendan al sepulcro: Como en el caso de Coré, Datán y Abirón, a quienes tragó la tierra (Números cap. 21). Y en ellos mismos, o, en medio de ellos: Probablemente fue añadido como glosa.

* 18. Alude a los tres tiempos en que solían rezarse las oraciones cotidianas en el Templo y en la casa del rey. Estos lamentos y gemidos, muy frecuentes en el pueblo escogido y en los amigos de Dios, muestran que no es malo quejarse como un hijo débil. Al Padre celestial le agrada consolarnos. Véase Job capítulo 6. El estoicismo no es espíritu cristiano, porque se funda en la soberbia que confía en sí misma.

* 22. Esta elocuencia que abunda en los Salmos para pintar al vivo la humana iniquidad, suele parecer excesiva y pesimista al que no está familiarizado con la Escritura y penetrado de nuestra innata decadencia a causa del pecado. Muy a menudo la olvidamos o llegamos a creer que Cristo la borró automáticamente con su muerte. Grave error que falsea no pocas veces nuestra vida espiritual. Jesús, el Maestro manso y humilde de corazón, fue más crudo que nadie para dejar bien sentada la triste verdad de que por naturaleza estamos inclinados al mal (cf. Juan 2, 24 y nota). Su bondad infinita y su misericordia, hija de un verdadero amor, no fueron para elogiarnos como buenos sino a la inversa para perdonarnos si confesamos nuestra miseria (I Juan 1, 8 s.), pues vino a buscar a los pecadores (cf. Lucas 5, 32 y nota). Véase también en Eclesiástico 12, 10; 19, 24; 26, 12; 27, 14, etc., varios datos preciosos para conocer en el trato diario la doblez de los hombres, precisamente cuando se muestran tan amables.

* 23 s. No se cansa Dios de repetirnos la invitación a que confiemos en Él (cf. I Pedro 5, 7) y la promesa de que Él obrará maravillas a cambio de esa confianza (cf. Salmos 32, 22; 36, 5 y el caso del rey Asá en II Paralipómenos 16, 12 s). Jesús lleva esa promesa al máximo imaginable (Mateo 6, 30 ss.), pero allí mismo nos llama “de poca fe”, porque ve muy bien que nos falta la confianza absoluta. A través de toda la Biblia nos enseña Dios que el progreso en la vida espiritual no responde a tal o cual fórmula de ascética más o menos técnica, sino simplemente a creer más. Y esa fe, que también es don del Padre, crece en la medida en que crecemos en el conocimiento de sus palabras, pues eso es precisamente la fe: el crédito y asentimiento prestado a la palabra de Dios que revela. Se refiere de un santo que en sus últimos años le decía a Dios: “Padre, estoy empezando a creer que es verdad lo que Tú me dices en la Escritura: que me quieres como a hijo y me prometes lo mismo que a tu Hijo Jesús.” Y como un compañero se extrañase de que recién empezara a creer, le contestó el santo: “Si yo supiera creer en eso de veras, aunque sólo fuese tanto como solemos creer en las promesas de otro hombre, ya me habría muerto de felicidad. ¿Quieres más prueba de que nuestra fe no es ni siquiera como el grano de mostaza? (Mateo 17, 20). Y sin embargo ése es el único pecado de que no nos acusamos nunca ante Dios, porque no creemos cometerlo, y aun somos capaces de decir: ‘yo tengo mucha fe’.” Y agregaba: “Lo que más nos halaga a todos es que nos quieran, y sobre todo las personas importantes o los príncipes. Viene Jesús y nos dice que su Padre nos ama tanto como a Él y que Él nos ama como lo ama a Él su Padre. Y nosotros leemos esto y seguimos tan indiferentes. ¿Por qué, sino porque no lo creemos? ¿Te sorprende ahora que yo esté recién empezando a creer?”

* 1. El epígrafe indica probablemente el poético nombre de una canción que se traduce también: “Paloma de los lejanos terebintos” (Jonat élem rehoquim). y haría pensar en las nostalgias espirituales del Cantar. Contiene este Salmo la súplica —pronto seguida por la ardiente gratitud— de David, cuando los filisteos de Gat lo prendieron (I Reyes 21, 10-15). El rey se hallaba escondido en el país de los filisteos, donde su único consuelo era su arpa, en cuyas cuerdas traducía las angustias de su alma afligida. Como observa Calès, nada hay que contradiga el título que atribuye el Salmo a David como tantos otros de esta colección elohística, aún algunos de los atribuidos a los coreítas (cf. Salmos 41, 1; 44, 1 y nota). Sobre Miktam véase Salmo 15, 1 y nota. Los Santos Padres reconocen en este Salmo los sentimientos de Cristo en el tiempo de su Pasión.

* 4. Texto inseguro. Algunos traducen a la inversa: pero lejos de mí el temor (Rembold). Otros suprimen la parte corrompida del texto y dejan simplemente, como Ubach: “Cuando temo, en Vos confío”. Esta confesión de miedo, propia de un niño (cf. Salmo 54, 18 y nota), es sumamente agradable al Padre celestial y constituye una característica de la sublime espiritualidad de David en su trato con Dios, lo que no le impidió por cierto ser un héroe invicto en las batallas, porque la mano de su Dios lo sostenía precisamente a causa de esa humildad infantil (Mateo 18, 3 s.). Lo mismo ocurrió a Jacob (Génesis 32, 7) en vísperas de luchar con un ángel y vencerlo (ibíd. 22 ss.), y a Elías que, después de huir de miedo al rey Acab (III Reyes 19, 3), le hace frente con gran valor en cuanto Dios lo conforta (III Reyes 21, 17 ss.).

* 5. Se repite en el versículo 11 como estribillo. Me gloriaré, esto es: aun celebraré el cumplimiento de las promesas de Dios (como en Salmos 41, 6 y 12 y 42, 5). Con gran confianza puesta en Dios, el santo rey prorrumpe dos veces en alabanzas anticipadas, como Jesús en Juan 11, 41 s. Tal confianza es una de las más preciosas lecciones que hemos de aprender en los Salmos.

* 7. Espiando para ver si hallan de qué acusarme: es la actitud de los fariseos con Jesús (Mateo 22, 15; Lucas 11, 54; 20, 20; Marcos 12, 13) y la actitud del mundo con los amigos de Dios (Eclesiástico 27, 26; Jeremías 18, 22). Véase la advertencia que el Señor nos hace en Juan 15, 20. Cf. Salmo 16, 11.

* 8. Texto incierto. Abate los pueblos: así la mayoría. Otros vierten simplemente: abátelos.

* 9. ¿No parece una audacia de David el creer que el Señor Dios se toma semejante trabajo? Pues tal es la fe que agrada a Dios y Jesús nos enseña más aún: que los cabellos de nuestra cabeza están todos contados por su Padre (Lucas 12, 7; 21, 18). En Cantar de los Cantares 2, 7 vemos que el Amado está siempre vuelto hacia nuestra alma, como no pudiendo pensar más que en ella. “En tu libro”: Así se nos enseña en Salmo 138, 16, que es un himno a la omnisciencia del Padre celestial.

* 10. Así también Calès. Otros vierten, entonces retrocederán mis enemigos el día que yo te invocare: en esto conozco, etc. (cf. Salmo 40, 12). Preferimos aquí la versión que coincide con la Vulgata y que augura ya la consoladora experiencia interior de que habla el Apóstol en Romanos 8, 16. San Agustín, comentando el texto de la Vulgata, llama gran ciencia a este saber que Dios es tuyo, tuyo siempre que no estás lejos de Él, o sea que no le huyes tú porque quieres. ¡La amistad no se interrumpe nunca por causa de Él! (cf. Juan 6, 37). De esta certeza de tener a Dios consigo viene, claro está, la seguridad de que los enemigos retrocederán. Es lo que dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8, 31).

* 13. Sobre sacrificios de alabanza, véase Salmo 49, 23 y nota.

* 14. Tú has librado… mis pies de la caída: Mucho nos importa recordar esto, pues nadie puede librarse de pecar sino por la gracia divina. Cf. Salmo 50, 7 y nota; Romanos 14, 4; 16, 25; Santiago 1, 21; Judas 24.

* 1. No destruyas, indica probablemente el título de la melodía. Sobre Miktam cf. Salmo 15, 1 y nota. Aquí parece significar himno recordatorio. Según la Vulgata: “para inscribirse en una columna”. Salmo parecido al anterior en fondo y forma, y no menos sublime en los sentimientos. La cueva que aquí se menciona puede ser la de Odollam (I Reyes 22, 1 ss.), o más bien la de Engaddí (I Reyes 24, 1 ss.). David que confía siempre, y cuya confianza nunca sale fallida, entona durante aquella noche (cf. versículo 9) esta suprema apelación de amparo, cuando su vida pendía de un hilo.

* 2. A la sombra de tus alas… hasta que pase la calamidad: Hoy más que nunca hemos de refugiarnos junto al Corazón del Padre ante las calamidades que el mundo padece y la iniquidad y apostasía que se entroniza, recordando el dolor de Elías ante la prevaricación de su pueblo (III Reyes 19, 9 ss.). No olvidemos que fue el mismo Jesús quien nos descubrió su deseo de protegernos así, al amparo de sus alas, como la gallina a sus polluelos (Mateo 23, 37).

* 3. Lo reconoce como a su bienhechor habitual. Tal es la verdadera base de nuestra a-mistad con Dios (Salmo 102, 2 ss.): pensar bien de Él, sin lo cual no podemos amarlo. Es la primera lección que nos da la Sabiduría (Sabiduría 1, 1). “La vida espiritual ha de estar fundada no en la falaz arena del amor que nosotros pretendemos tenerle a Dios sino en la roca del amor que Dios nos tiene.” Cf. I Juan 4, 10; Romanos 11, 35; 5, 8 s.; 8, 39 s.; Efesios 2, 4 y nota.

* 4. Son las dos características con que siempre se nos muestra a Dios (cf. Salmos 39, 12; 88, 15 y nota, etc.), y a su Enviado Jesucristo: misericordia en sus promesas y fidelidad en cumplirlas. Cf. versículo 11; Números 23, 19.

* 5. Sobre esta frecuente insistencia con que se nos presenta la maldad humana, véase Salmo 54, 22 y nota. Tanta es la fuerza de estas expresiones que San Agustín las aplica en sentido alegórico a los demonios, diciendo (según el texto de la Vulgata): para sacarnos de la boca de esos verdaderos leones (I Pedro 5, 8) que vomitan llamas de su boca; para eso vino Cristo a este mundo. Su lengua, cortante espada: Véase sobre lo que es la lengua el célebre capítulo 3 de Santiago.

* 6. Es un estribillo (cf. versículo 12), y expresa admirablemente, junto con un suspiro mesiánico de David, lo que ha de ser a un tiempo nuestra pasión y nuestra esperanza: la gloria del Padre, que le viene toda por el Hijo (Mateo 3, 16), en el común Espíritu de amor, y que se ha de manifestar cuando su Enviado, Cristo, antes Víctima dolorosa, aparezca a los ojos de todos como el gran Triunfador. Cf. Mateo 26, 64; II Tesalónica 1, 10; Filipenses 3, 20 s.; Apocalipsis 1, 7, etcétera.

* 7. Desde aquí vemos, como tantas otras veces, que la oración ha sido escuchada. El alma del rey David va a desbordar en esa gratitud tan propia de los Salmos, que estalla aquí en un lirismo incomparable, queriendo apresurar el amanecer (versículo 9) después de aquella noche terrible. Cf. II Pedro 1, 19; 3, 12.

* 8. Los versículos 8-12 se encuentran también en el Salmo 107, 2-6, donde se ve su trascendencia mesiánica (cf. versículo 10).

* 9. Salterio y citara: literalmente “nébel y kinnor”, los instrumentos hebreos. Despertaré a la aurora, pero no en el sentido dé ‘me despertaré yo’, sino de ‘la despertaré a ella’. El salmista con su sublime entusiasmo no sólo despierta a su instrumento, sino que se anticipa a la misma aurora para cantar al Señor.

* 1 ss. Acerca del epígrafe véase Salmo 56, 1 y nota. En este Salmo impetuoso y sarcástico el poeta apostrofa, como en el Salmo 81, a los magistrados inicuos, y les anuncia, como dice Ubach, “la alegría que sentirá el justo el día en que se haga manifiesta, con su duro castigo, la existencia de un Dios que hace justicia en la tierra”.

* 2. Que habláis justicia: Que la dictáis en vuestros fallos. Dioses (cf. Salmo 81, 1 y 6), es decir, jueces, gobernantes, “grandes dignatarios del estado teocrático de Israel, que eran como los representantes de Dios ante el pueblo”. La expresión hijos de los hombres, según consenso casi unánime, está en acusativo más bien que en vocativo.

* 3. El versículo es fuertemente irónico. Venden al peso: Con la balanza que debiera servir para la justicia. Sobre la tierra: o en el país. Sobre la iniquidad de los jueces cf. Isaías 1, 23; 5, 23.

* 4. Desde el seno materno: No solamente como todo hombre, que nace y es concebido en pecado (Salmo 50, 7), pues eso es para Dios un motivo más de hacerles misericordia (Génesis 8, 21; Sabiduría 12, 10 ss.), sino como quien siguió desde el principio un mal camino del cual es difícil apartarse, según enseñan los Libros sapienciales. Cf. Eclesiastés 1, 15. Véase también Eclesiástico 1, 16 y nota.

* 5 s. La comparación con esa clase de áspides sordos voluntarios, “según lo refiere cándidamente San Agustín” (Calès), hace resaltar la astucia de los jueces parciales que falsean la justicia y no quieren escuchar la razón. Cf. Salmo 35, 4. Es el pecado que Jesús increpa mil veces a los fariseos. Cf. Juan 3, 19 ss.; 12, 37-50; 15, 22 ss.; Salmo 139, 4; Proverbios 21, 13; Eclesiástico 12, 13; Jeremías 8, 17.

* 8. El segundo hemistiquio se traduce de muy diversas maneras: sean abatidas las flechas de su arco (Manresa), que no pueden lanzar más que dardos despuntados (Nácar-Colunga), si lanzan sus saetas sean como sin punta (Sánchez Ruiz), sean cortados como el heno que se pisotea (Rembold). etc.

* 9. Era creencia popular que el caracol se derretía al arrastrarse, hasta consumirse en su baba.

* 10. Es quizá un refrán popular que significa: antes que vuestra malicia tome grandes proporciones o que hayáis ejecutado vuestros planes, os destruya Dios como el viento arrebata y derrama los fuegos y ollas improvisados en el desierto.

* 11 s. El justo se alegrará viendo la justicia divina sobre los jueces injustos, como una maravillosa novedad que por fin le muestra el orden divino establecido sobre la tierra. Es ésta una idea muy frecuente en las profecías (cf. Salmo 9 a, 17; 67, 24; 149, 6-9; Isaías 11, 3 ss.; Jeremías 23, 5, etc.), en contraste con el frecuente triunfo actual de la iniquidad que también nos muestra intensamente el salmista (Salmo 36, 48, 72, 93, etc.). Cf. Salmo 58, 1 y nota. El mal que pesa sobre el impío no alegra al justo como un mal, dice Santo Tomás, sino en cuanto es un triunfo de Dios. Cf. Salmo 108, 1 y nota. En la sangre: Apocalipsis 14, 20.

* 1. Acerca del epígrafe, véase Salmo 56, 1 y nota. La situación histórica a que se refiere este título es la descrita en I Reyes 19. Saúl, que en su odio contra David había intentado coserlo a la pared con una lanza, mandó después soldados para asesinarlo en su propia casa, logrando David escaparse con el auxilio de su mujer Micol. Sin embargo vemos que el salmista hace hablar a todo Israel (cf. Salmo 101, 1 y nota), pidiendo venganza contra los gentiles (versículos 6, 9, 14), lo cual ha hecho que la crítica le negase la paternidad davídica, pudiéndose no obstante deducir que el Salmo, cuyo texto nos llega muy sufrido, hubiese sido adoptado por un escritor inspirado (Calès) para convertirlo en plegaria nacional que pide la liberación mesiánica (versículo 14. Cf. la oración de Eclesiástico 36). Hemos de ver siempre, en estos Salmos de tribulación y de súplica, los acentos anticipados de la Pasión. Pasión, dice San Agustín, la de un día y la de siempre: la Pasión de Cristo Señor nuestro, cabeza y cuerpo juntamente; su padecimiento de un día en su carne y su padecer incesante en su Cuerpo místico del cual es la cabeza inseparable.

* 5. Este lenguaje muestra que el Salmo es mesiánico, pues nadie, ni el real Profeta, puede hablar así con Dios, no siendo Jesús (cf. 142, 2; Lucas 18, 19: I Juan 1, 8 ss., etc.). Algunos hacen comenzar este versículo en 4 c.

* 7. La imagen está tomada del Oriente, donde durante la noche los perros salvajes y chacales andan rondando las ciudades, aullando y buscando alimento (repetido en el versículo 15).

* 8. ¿Quién hay que nos oiga?: Así piensan los impíos. Cf. Salmo 13, 1; 35, 2.

* 10. Así también Rembold (cf. versículo 18).

* 11. La misericordia de mi Dios se me anticipará (cf. Calès, Vaccari, Ubach, etc.). Fundado en este texto y en Salmo 78, 8, dice el Concilio de Orange II, que “ningún miserable es librado de sus miserias, sino aquel a quien la misericordia de Dios se anticipa” (Denz. 187).

* 12. Algunos vierten el segundo hemistiquio como la Vulgata: no los mates; no sea que mi pueblo olvide. Es idea frecuente en el Antiguo Testamento que los enemigos de Dios y de su pueblo han de servir de ejemplo para que todos reconozcan un día la justicia divina y la impotencia de los impíos (cf. Joel capítulo 3).

* 14. Hasta que ya no existan: Esto confirma nuestra versión del versículo 12. Otros vierten con la Vulgata: en el día de la desolación”. Como se ve por los versículos 6, 9 y 12 es ésta una profecía sobre la ruina de las naciones enemigas del pueblo de Dios. Cf. Salmo 57, 11 y nota; Salmos 9 a, 20; 82, 19. etc. “Se verá de este modo que Yahvé reina en Israel y extiende su dominio hasta los confines del universo” (Calès).

* 15. Vuelvan, etc.: Sería como un recuerdo del vuelven del versículo 7. Así también Rembold. Este anochecer, como la mañana del versículo 17, parece tener sentido escatológico. Cf. nota al versículo 14.

* 18. Admirable oración al Padre celestial que todo hombre de fe puede hacer suya. Cf. Salmo 53, 8 y nota.

* 1. Acerca del epígrafe véase Salmos 44, 1; 56, 1 y notas. Los versículos 8-14 de este Salmo se repiten exactamente al final del Salmo 107, cuya primera parte está formada del Salmo 56, 8-12, lo cual puede por tanto ayudar para el estudio del presente.

* 2. En vano se ha buscado explicación satisfactoria a este versículo Se ha pensado, de acuerdo con el epígrafe, en los combates que se relatan en II Reyes 8, 3 ss., 10, 6 ss. y I Paralipómenos 18; pero en aquella ocasión murieron dieciocho mil (no doce mil).

* 3. Vuelve a nosotros, o también: Restáuranos. Cf. Deuteronomio 30, 1 ss.

* 4 ss. Descripción del desastre que Dios ha dejado caer sobre su pueblo. El terremoto es imagen de la devastación.

* 5. Vino de vértigo. Cf. Isaías 51, 22; Jeremías 25, 15.

* 7. No obstante la calamidad que sufre, Israel no duda del amor de predilección que Dios le tiene, como se lo demuestra toda su historia. Cf. Salmos 104-106; Romanos 11, 28 ss.

* 8. En su santidad: Es decir, como un juramento. Otros: en su santuario (cf. Salmo 150, 1). Triunfaré: Desde este Salmo, dice Dom Puniet, hasta el 71, se anuncian las conquistas del Señor, simbolizadas por las del rey de Israel. Siquem (Génesis 12, 6) y Sucot, ciudad de Transjordania (Génesis 33, 17), representan respectivamente las regiones occidental y oriental del rio Jordán.

* 9. Galaad: Región situada en la orilla oriental del Jordán. Manasés: Una de las doce tribus israelitas, que tenía ciudades en Cisjordania y Transjordania. Efraím: La tribu más poderosa de las diez del norte de Palestina. Judá mi cetro (cf. Génesis 49, 10): David, rey y salmista a un tiempo, hablando de parte de Dios, en sentido mesiánico, quiere expresar que toda la Palestina, el país de los hijos de Jacob, será su territorio, su tierra santa. “Dios, dice Ubach, habla en la persona de un guerrero victorioso.”

* 10. Moab: País situado al este del mar Muerto. Edom o Idumea: País lindante con Palestina en la parte S. E. Los filisteos habitaban la costa del Mediterráneo entre Jafa y Gaza. Estos países paganos u hostiles serán humillados. Echaré mi calzado: Como acto de posesión (cf. Rut 4, 7). Sobre Edom y su destino, que tal vez es el más terrible de todos, como hijo de Esaú y hermano infiel del pueblo santo, véase la profecía de Abdías, totalmente destinada a Edom. Cf. Hababuc 3, 3 y 6 y nota, etc.

* 11. Vuelve aquí a hablar David para reconocer que sólo el poder de Dios puede hacer esas conquistas. La ciudad fortificada: Algunos piensan que podría ser Petra o Sela (que significa piedra), ciudad de los idumeos (IV Reyes 14, 7; Isaías 16, 1). Según exponen Calès y otros, se trata probablemente de Bosra, “la ciudad inaccesible”, el corazón de Edom, lo cual coincidiría con otros lugares de la Escritura relativos a la venganza sobre aquella ciudad. Cf. Salmo 75, 11 y nota; 107, 11; Isaías 63, 1 ss.

* 13 s. San Agustín, aplicando en sentido espiritual estas palabras guerreras, dice: “También el alma, cuando se recoge en el santuario de su interior, donde Dios la espera y la ama, hace proezas inenarrables, triunfando de las potestades adversas, inmensas en número y poder.” Cf. Filipenses 4, 13.

* 1. Véase II Reyes 17, 22 ss. David se hallaba fuera de su país huyendo de Absalón. Los que tienden a dudar del epígrafe suponen aquí una plegaria de los cautivos de Babilonia, pero se encuentran con las dificultades de los versículos 6 y siguientes Otros, para evitarlas, conjeturan que sería escrito por un levita expatriado en tiempo de la monarquía, viendo no obstante en el versículo 8 un eco de la promesa davídica de II Reyes 7, 14. Espiritualmente se suele aplicar las palabras de este Salmo a nuestra vida de peregrinación en este mundo.

* 3. De la tierra: De la tierra santa. Como observa Fillion, David se encontraba del otro lado del Jordán, en Mahanaim, provincia de Galaad (II Reyes 17, 24; cf. Génesis 32, 2; Jeremías 13, 26; Cantar de los Cantares 7, 1, texto hebreo); y aunque no era eso la extremidad del país “el corazón no se cuida de exactitud rigurosa en las medidas, pues la distancia le parece inconmensurable”. Bover-Cantera piensa en un país muy remoto; Prado en Transjordania. La roca: La colina rocosa de Jerusalén. El Texto Masorético añade: Inaccesible para mí, lo cual se explica de suyo, tanto en sentido histórico cuanto en el profético. Espiritualmente vemos aquí la confesión de nuestra impotencia, contra la cual no podemos luchar sin la gracia. Y a pesar de esto, Dios nos ofrece la roca, ¡la santidad por los méritos de su Hijo! Cf. I Tesalonicenses 4, 3 y 7 s.; Romanos 5, 5. Cf. Génesis 19, 16 y nota.

* 4. Texto usado frecuentemente en preces litúrgicas. Cf. Salmo 70, 3; Proverbios 18, 10; Joel 3, 16.

* 6. La herencia: Otros leen aquí: el deseo, como en Salmo 20, 3. Es la segunda parte del Salmo, donde la oración ya ha sido escuchada. “Evidentemente David tiene aquí en vista el trono del cual había sido despojado y sobre el cual contaba con que Dios había de restablecerlo” (Fillion).

* 7 s. “Esta mención del rey en tercera persona no dificulta la atribución de este Salmo a David, como no lo hace la expresión «tu siervo», también en tercera persona, con que el poeta se designa a sí mismo en otros Salmos” (Desnoyers). Por lo demás, “como lo han admitido sucesivamente los intérpretes judíos y cristianos, el lenguaje de David va mucho más allá de él, y conviene sobre todo al «Rey Mesías» (expresiones del Targum) pues sólo en Él la realeza de David debía durar eternamente. Cf. II Reyes 7, 12-16; Lucas 1, 32-33” (Fillion). “En el sentido típico, muy por lo menos —añade Calès— hay razón para creer que el Mesías está expresado a través del rey teocrático. Más aún, es muy posible que el autor sagrado haya tenido conciencia de expresarlo en eminente sentido literal. He aquí en todo caso, cómo el Targum interpreta los versículos 7 y 8: “Tú añadirás días a los días del Rey Mesías. Sus años serán como las generaciones de este mundo y las del mundo que vendrá. Él reinará para siempre delante de Yahvé. La bondad y la verdad del Señor del mundo lo guardarán”.

* 9. Lleno de gratitud, el salmista alabará a Dios siempre y le ofrecerá continuas acciones de gracias. Cf. Ezequiel 37, 24 s.

* 1. Sobre Iditún: Véase Salmo 38, 1 y nota.

* 2 s. Esto es: no te apoyes ni busques consuelo, amor ni bondad fuera de Él, porque no lo hallarás. De aquí tomó quizá San Agustín su célebre oración: “Nos hiciste para Ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti.” Oh alma mía: Así también Ubach, que señala el parecido de este Salmo con el Salmo 4, compuestos tal vez ambos en la rebelión de Absalón (II Reyes 15-18) o en la del malvado Sebá (II Reyes 20, 1 ss.). Otros vierten alma en nominativo. Este pasaje se repite como estribillo en 6 s.

* 4. El grito de angustia, hondamente patético, recuerda aquel período en que Absalón pretendía destronar a su padre. La comparación con la pared ruinosa evidencia que ningún firme apoyo humano tenía el rey. Pero él pone toda su esperanza en Dios solo y no duda un instante (versículo 7).

* 5. Su lugar (así en el Texto Masorético, siguiendo el contexto): Lo que más aprecia David es su indubitable carácter de ungido de Dios (Salmo 88, 21), que le desconocían a él como habían de hacerlo con Cristo (Juan 10, 33; 19, 21). Bendicen, etc.: Sobre esta doblez véase Salmo 56, 5 y nota. Este desacuerdo entre los labios y el corazón lo señala Jesús especialmente con respecto a la oración (Mateo 15, 8), citando palabras de Isaías 29, 13.

* 6 ss. San Pablo insiste sobre la infalibilidad de esta confianza (Romanos 8, 31; cf. Salmo 26, 3), que es ciertamente la más envidiable de las riquezas para ser feliz. Santiago acentúa la necesidad de que se funde en Dios exclusivamente (Santiago 1, 6-8).

* 9. Derramad vuestros corazones (cf. Salmo 36, 5): Esto es, vaciadlos de sus inquietudes y secretos más íntimos, desnudad vuestras ocultas vergüenzas ante este único confidente. No necesitáis detallar ni vuestras necesidades ni vuestras bajezas, pues Él ya las conoce y las mira con infinita delicadeza. Basta con pensarlas delante de Él, es decir, teniendo conciencia de que se las estamos confesando voluntariamente sin querer aparecer a sus ojos mejor de lo que somos (cf. I Juan 1, 8ss; Lucas 5, 32). Sólo Él puede curarlas porque es Dios; y quiere hacerlo porque nos ama con ternura de Padre. David es en esta materia un modelo estupendo, y por eso en los Salmos hallamos los tesoros más preciosos para la oración. Cf. Salmo 50 y notas.

* 10. Los poderosos: Calès traduce las gentes de condición, es decir, los que el mundo estima coma personas importantes. Recordemos la formidable revelación de Lucas 16, 15. Los fariseos enemigos de Jesús eran los más honorables de su tiempo. Véase lo que Él les dice en Mateo 21, 31 s.

* 11. Preciosa norma: No es malo el tener bienes —que Dios nos da en depósito— sino el amarlos “como propios” (cf. Juan 10, 12), porque entonces se hacen rivales de Dios y Él es muy celoso de nuestro corazón. Cf. Deuteronomio 4, 24; Eclesiástico 31, 8; I Timoteo 6, 7-19; Santiago 5, 1 ss.; 4, 4 s., etc. Vemos aquí, que, contra lo que suele pensarse, es más difícil ser fiel en la prosperidad que en el dolor. “Santa Bárbara cuando truena”, dice el refrán español, porque en la necesidad solemos humillarnos y pedir remedio. En cambio, como enseña Jesús, es más fácil al camello pasar por la aguja que a un rico tomar el camino del Reino (Lucas 18, 24 s.). Por la misma razón. es imposible que la semilla llegue hasta dar fruto entre los abrojos (Mateo 13, 22). Es decir que la atención prestada a las riquezas nos distraerá de atender a las Palabras que Dios nos dice, y éstas se nos borrarán como la imagen del espejo de que habla Santiago (1, 23 s.).

* 12. Una… y otra, etc.: Forma de expresión hebrea (cf. Proverbios 30, 15 ss.; Amos, 1, 6 ss.). El nuevo Salterio Romano vierte: Una cosa habló Dios: estas dos escuché; Nácar-Colunga: Una vez habló Dios, y estas dos cosas le oí yo. Las dos cosas son: Dios es poderoso, por lo cual puede salvarnos; y es a la vez misericordioso, por lo cual quiere socorrernos. ¿Qué sería de nosotros si sólo fuera lo primero sin lo secundo? ¿Si hiciera justicia con nosotros? (cf. Salmos 129, 3; 142, 2). Lo dicho aquí del Señor concuerda con Juan 1, 17.

* 13. Según sus obras: Él mismo nos da también las obras mediante su gracia, porque sin Él nada podemos hacer (Juan 15, 5; I Corintios 4, 7; 15, 10; II Corintios 3, 5; Filipenses 2, 13; I Paralipómenos 29, 14, etc.), y mediante su providencia (Efesios 2, 8), de manera que cuanto hacemos de bueno es también obra suya, por lo cual todo el mérito y la alabanza han de ser para el Padre, de quien procede el Hijo que nos redimió y el Espíritu que nos santifica. Dice a este respecto Santo Tomás: “En Dios toda obra de justicia presupone una obra de misericordia o de pura bondad, y se funda en ella. En efecto, si Dios llega a deber algo a su creatura, es en virtud de un don que Él mismo le ha hecho antes, y así cuando debe recompensar nuestros méritos, es porque nos ha dado la gracia para merecer y aun antes nos creó por pura bondad. De esta manera la misericordia divina es como la raíz o principio de todas las obras de Dios, las penetra con su virtud y las domina. Por esta razón sobrepuja a la justicia, la cual viene únicamente en segundo término.” Es de notar también que el Papa Pío V condenó la doctrina de que las almas no reciben mayor premio que el que merecen en justicia (Denz. 1.014). Cf. Salmo 62, 12 y nota.

* 1. Judá: Así también los LXX. La Vulgata dice: Idumea. El fondo histórico es, según todas las probabilidades, aquel triste periodo en que el rey estaba vagando por los desiertos de Judá, en los primeros días de la sublevación de su hijo Absalón (II Reyes 15, 23 ss.).

* 2. El sentido es: como mi cuerpo desfallece en esta tierra sin agua, así mi alma tiene necesidad de Ti. Figura frecuente y muy expresiva en Palestina, donde la falta de agua convierte en desierto tierras de suyo fertilísimas. Cf. Salmos 41, 2; 125, 4; 142, 6. De ahí que Jesús se ofrezca como el agua viva que necesitan las almas sedientas (cf. Juan 4, 10-14; 7, 37 s.; Apocalipsis 7, 17; 22, 1 y 17; Amos 8, 11 ss. y nota).

* 3. El santo rey, olvidando todas las fatigas, vuelve su vista hacia Sión y nada desea más que volver al Señor y a su santuario (cf. Salmo 26, 4). El apóstol San Pablo enseña a colmar esa ansia en todo momento, haciendo que Cristo habite en nuestros corazones por la fe. Véase esta admirable revelación en Efesios 3, 8-19 (Epístola de la Misa del Sagrado Corazón).

* 4 s. Lo que nos mueve a alabar a Dios y a predicarlo con ansias de apostolado, no es tanto su poder y los demás atributos que pueda suponer en Él la filosofía, cuanto la misericordia con que nos ama su corazón paternal. Cf. Salmo 53, 8 y nota. David no sólo prefiere esa misericordia a la vida, a los atractivos de la vida presente (y era un poderoso rey quien así hablaba), sino que, como vimos en el versículo 2, no quiere vivir de propia suficiencia, sino de la gracia. Véase Isaías 55, 1 ss., donde se recuerdan esas misericordias que como enseña San Pedro, siguiendo al mismo David, no se aprecian sino por experiencia (I Pedro 2, 3; Salmo 33, 9).

* 5. Levantaré mis manos (cf. Salmo 27, 2): He aquí una hermosa actitud que parece debiera conservarse en la oración, pues es notable que, no obstante el carácter de la predicación apostólica, apartada de toda tendencia ritualista, como correspondía al Mensaje de Jesús “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23), San Pablo lo indica así a los hombres en I Timoteo 2, 8. Cf. Salmos 27, 2; 118, 48; 133, 2; 140, 2; Lamentaciones 2. 19; 3, 41.

* 6. Médula y gordura: Es la gracia divina que, dilatando el corazón, inspira la alabanza (Salmo 118, 32 y nota). “No te alabarían, Señor, mis labios si no me previniese tu gracia. Don tuyo es, gracia tuya es el que yo pueda y acierte a alabarte” (San Agustín).

* 7 s. En mi lecho: Aprovechemos esta lección de David para llenar de dulzura nuestros insomnios, fijando suavemente el pensamiento en recordar, como nos lo enseña también el Salmo 76, 12 ss., los indecibles bienes recibidos del Padre celestial (Salmo 102, 2ss.), y sobre todo el don supremo: su propio Hijo (Juan 3, 16); y el don del Hijo: su propia vida temporal (Juan 10, 18) y su misma vida divina y gloriosa (Juan 6, 57; 17, 22); y el don del Espíritu como luz y fuerza (Lucas 11, 13; Juan 14, 26; 16, 23); como santidad gratuita (I Tesalonicenses 4, 8 y nota); como sello de semejanza con Dios y “arras de nuestra esperanza” (II Corintios 1, 22 s.; Efesios 1, 13) y en las promesas dichosísimas que nos han sido hechas. Cf. Filipenses 3, 20 s., etc. El que se acostumbra a meditar (Lucas 2, 19) las palabras de Dios que contienen tales dones, tales bondades y tales promesas, centuplica su fe y entonces descubre que el amor a la Palabra de Dios es una cosa inmensa. Véase Salmos 29, 6; 70, 1; 76, 5; 118, 55.

* 9. Tu diestra me sustenta: Esto es, de un modo permanente como la vid a los sarmientos (Juan 15, 1 ss.). Sin ella, no sólo caería en el pecado sino que mi ser volvería a la nada, pues en Él tenemos la vida, el movimiento y el ser, como dijo San Pablo a los del Areópago en Hechos 17, 28. Cf. Salmo 103, 29 s., y nota. Notemos que dice: “me sustenta si mi alma se adhiere”. No es que nosotros tengamos que darle antes algo a Él, pues Él nos amó primero (I Juan 4, 10; Romanos 11, 35; Job 41, 2) y es bueno también con los desagradecidos y los malos (Lucas 6, 35). Es simplemente una cuestión de aceptación, de comunicación con Él. El agua viva se da gratis (cf. versículo 2; Apocalipsis 22, 17 y nota) y sólo es cuestión de tomarla. El que no la quiere, claro está que no tendrá la vida, así como un remedio sólo sana al que confía en él y se decide a tomarlo. Puede Dios hacer una excepción en los niños aun no conscientes, pues hasta los lactantes pueden glorificarlo (Mateo 21, 16; Salmo 8, 3), y de ellos es el Reino de los cielos (Mateo 19, 14). Pero el hombre es libre y debe libremente aceptarlo o rechazarlo (Cantar de los Cantares 3, 5, y nota; cf. Mateo 20, 25 y nota), y debe hacerlo en forma definida, pues Jesús declara que si uno no está con Él, está contra Él (Lucas 11, 23). Entretanto, “nuestra confianza con Dios debe llegar hasta confesarle nuestra falta de confianza en Él”, puesto que es Él, como dice San Agustín, quien nos da aún eso que nos pide.

* 12. Que jura por Él: Que le adora como a Dios. Jurar por Dios significa reconocerlo como Señor y Juez (cf. Deuteronomio 6, 13). En tanto que, etc.: Como ha observado Duhm, este final que aquí está fuera de metro, completa muy bien la última estrofa del Salmo anterior, por lo cual parece haber existido un error de copista.

* 2 ss. David, en medio de sus calumniadores, aguardaba humildemente la mano auxiliadora de Dios, como tipo y figura de Jesucristo, el Cordero de Dios. Libra mi vida: Los LXX vierten: libra mi alma, lo cual significaría, no solamente: defiéndeme, sino también: dame fortaleza para que no tema aun cuando me amenacen.

* 4 s. Las lenguas malignas (espadas y saetas) tratan de socavar la buena fama del rey. Véase Salmo 56, 5 y nota. A mansalva (versículo 5): Otros vierten: sin temor; la Siríaca: sin ser vistos.

* 6. ¿Quién nos verá? Es la falaz confianza de todo malhechor. Pero Jesús nos dijo que nada quedará oculto (Lucas 12, 2s.).

* 7. El texto es oscuro y de diversa interpretación. Lo hemos vertido, como Calès, en la forma que nos parece más adecuada al contexto, con el sentido, intensamente dramático, de un elogio al hombre, cosa muy propia de los malhechores. Otros prefieren presentarlo como una reflexión del Salmista: “¡Oscuro abismo es el corazón del hombre!” San Agustín lo aplica, según la Vulgata, a los cálculos fallidos de los enemigos de Jesús, que creyeron impedir su Resurrección poniendo guardias en el sepulcro (Mateo 27, 62 ss.).

* 8. Les manda, etc.: Así el nuevo Salterio Romano. Otros usan el futuro.

* 10 s. Este final en que la súbita caída de los calumniadores servirá de escarmiento a todos, no es por cierto lo que ocurre actualmente en la vida ordinaria, y además contrasta con el resultado que tendrán las plagas del Apocalipsis (Apocalipsis 9, 20 s.; 16, 9 ss.). De ahí que es de pensar que, más allá del caso personal del salmista, se proyecta aquí la luz “del juicio mesiánico y del juicio escatológico” (Calès).

* 1. En el texto hebreo no se hace mención de Jeremías ni de Ezequiel ni tampoco del cautiverio, como en la Vulgata, donde una nota añadida al epígrafe, sin duda como intento de interpretación profética y contradictoria con la atribución davídica que él mismo contiene, llevó a algunos a interpretarla del cautiverio de Babilonia, como hace notar Ubach, el cual destaca al respecto “las expresiones universales y mesiánicas” (versículos 6 y 9). así como el retorno de la fertilidad a Palestina (versículos 10-14), lo cual va también más allá de una simple cosecha anual. En realidad este misterioso Salmo que, como se ve en las primeras palabras del título, pertenece a David aunque ha sido diversamente explicado por los intérpretes, es una de las más preciosas perlas del Salterio, un himno rebosante de júbilo por los dones y designios de la Providencia, y de gratitud de todos los hombres por la prosperidad extraordinaria (versículo 10 ss.) prometida para los tiempos mesiánicos (cf. Salmo 71, 16 s. y notas), tanto a Israel fiel a Cristo (cf. Salmo 96, 8 y nota), como a las naciones todas de la tierra (versículo 6; cf. Salmo 95, 8 ss.; 96, 1 y notas).

* 2. En Sión: Cf. Salmo 96. 8; Isaías 2, 3 s.; 60, 5 s.; Miqueas 4, 1 ss.; y en general los Salmos 47, 65, 67, 71, 75, 13., etc.

* 3. Este versículo y el anterior, tomados en sentido figurado, forman el Introito de las Misas de Difuntos, junto con un texto de IV Esdras que aunque no canónico, es mirado con respeto por la Iglesia (véase el Apéndice del tomo IV de nuestra edición de la versión de la Vulgata).

* 5. No elige el hombre a Dios, sino que es Él quien lo elige y llama (Juan 15, 16; Romanos 8, 28-30). Felices también los gentiles que serán llamados un día como Israel (Romanos 9, 24 ss.; 11, 30; Hebreos 11, 9 s.; 12, 22); dichosos sobre todo, digamos hoy, los llamados, en virtud del “misterio escondido desde todos los siglos”, a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo (Efesios 1, 1 ss.; 3, 9; Col. 1, 26). “Elijas”: El subjuntivo concuerda con el futuro: “nos hartaremos”.

* 6. “Es decir de los pueblos que habitan los extremos límites de nuestro globo” (Fillion). Esta referencia universal como en Salmos 21, 28; 96, 1, etc., confirma el carácter profético del Salmo, pues en tiempos de David no esperaban en Dios todas las naciones, ni aun ahora vemos que así sea, como lo hace notar el P. Callan (Salmo 95, 10 y nota). Cf. Salmo 75, 10.

* 7 s. Revestido de poder: Gramática cita aquí Salmo 92, 1. Sosiegas, etc.: La grandeza del Señor se manifiesta, según el salmista, en el dominio de los mares y de los pueblos (cf. Salmo 88, 10), los cuales son parecidos a los mares en cuanto al estruendo y tumulto (cf. Isaías 17, 12 s.; Lucas 21, 25; Apocalipsis 17, 15). Bien es verdad que el mundo ofrece siempre semejanza con el mar, según lo señalaba ya San Agustín: “Todo es lucha y frenesí; quien, codiciando una heredad, suspira porque alguien muera; quien busca cómo enriquecerse con los despojos de otros; quien levantarse al cimas de donde primero sean otros precipitados: todos se combaten y se devoran los unos a los otros.”

* 9. Tus portentos: Otros: tus señales. Fillion anota: “Prodigios realizados para salvar a los israelitas” (véase Mateo 24, 29 ss.; Lucas 21,25ss.; Joel 2,30; Hechos 2, 17-20; Apocalipsis 6, 15 s., etc.). Tú llenas de alegría el Oriente y el Occidente (cf. Salmo 18, 7; Mateo 24, 27). La expresión encierra también una verdad con respecto a los poemas indescriptibles de color y opulencia que el buen Padre nos ofrece cada día al salir y al ponerse el sol, y que muy pocos observan o admiran, aunque en ellos se nos brinda, por pura obra divina y sin intervención humana, el espectáculo mi maravilloso que hoy pueden contemplar los ojos humanos sobre la tierra.

* 10. Como vemos en el versículo anterior, parecería que esta visita, que trae tanto gozo a la naturaleza entera (cf. Salmo 95, 1), no carece de aspecto dramático en cuanto a los enemigos (como se ve también en Salmos 96, 1-3; 67, 20-36, etc.), si bien aquí se contemplan especialmente los beneficios. Lo mismo se nota en el Salmo 65 hasta el versículo 10. Sobre la prosperidad de la tierra, véase versículo 11 ss. y nota. El rio de Dios: Según San Hilario, en sentido alegórico, el Espíritu Santo; Según San Atanasio, el Evangelio; según otros, el río de la gracia, etc. En igual sentido se dice que los trigales (Vulgata: comida), significan el Pan eucarístico, cosa en que no conviene ningún autor moderno, por donde vemos, según han repetido con insistencia los últimos Pontífices, no menos que la Comisión Bíblica, la necesidad de mirar con la debida prudencia esas interpretaciones que no resulten del sentido literal y mientras no se haya establecido éste (véase las Encíclicas Providentissimus Deus, Spiritus Paraclitus y Divino Afflante Spiritu, etc.). Algunos traducen: arroyo en vez de río, si bien, como lo hace notar Scío, la expresión río de Dios es un hebraísmo que significa río grandísimo, y así lo vemos en Salmo 67, 16 con respecto a los montes de Basan. Este río, que “algunos aplican al Jordán, otros al Nilo” y que según otros sería la lluvia, parece ser el mismo de Salmo 45, 5. Cf. Salmo 71, 6.

* 11 s. Cuadro de la asombrosa fecundidad prometida a la tierra, a la manera de la que describe el Salmo 71, 16 s y el Salmo 106, 33 ss., etc. Cf. Isaías 11, 6 ss.; Zacarías 8, 12; Amos, 9, 13, etc. Véase en Salmos 71, 11 y 95, 10 las observaciones del P. Callan sobre estos felices anuncios.

* 1 ss. Según los LXX y la Vulgata se llama en el epígrafe: Salmo y Cántico de la Resurrección, y así es llamado hoy todavía en la Iglesia griega, sin duda por los versículos 8 s. en que Israel invita a las naciones a celebrar con él a Dios, como en los Salmos 95-98. por algo que le es de gran trascendencia, significando la derrota definitiva de sus enemigos (versículos 7 y 17). Es ignorado en absoluto ese importante acontecimiento que parece recalcado por la nota “selah” que va en tres de las cinco estrofas, y Fillion dice que “es imposible determinar, ni aun aproximadamente, cuál pudo haber sido esa liberación, siendo cierto al menos que no se trata aquí del fin de la cautividad babilónica, pues ningún detalle señala su recuerdo.”

* 4. La tierra entera. Como observa Calès, “Israel sabe que un día debe salir de él la salvación para todos los otros pueblos, y por eso los invita aquí a bendecir a Yahvé por un inmenso beneficio que ha recibido”. De ahí que “todo este pasaje es mesiánico pues profetiza, al menos de una manera indirecta, la conversión de todos los pueblos al verdadero Dios” (Fillion). Cf. Salmo 71, 11.

* 5. Sublime: El adjetivo, más que para los designios, se usa como alabanza al mismo Dios que los concibió. Así también Calès, Ubach, etc. Los LXX y la Vulgata dicen: terrible, refiriéndose a la venganza que Él ha tomado sobre los enemigos de Israel. En esta predilección que muestra Dios por su pueblo, como la muestra también por las almas débiles, perseguidas, humildes, llegando en su misericordia con sus amigos hasta tomar terribles venganzas sobre sus enemigos, vemos explicado un punto fundamental de la doctrina evangélica: si Jesús prohíbe toda venganza y hace obligatorio el perdón, aun hasta la renuncia del propio derecho, no es para que triunfe impunemente la injusticia, sino porque Dios se encarga de la venganza. Véase por una parte Mateo 5, 39 ss.; 6,14; 7,2; Eclesiástico 28, 1 ss.; Romanos 14.4; I Corintios 6, 6 s.; y por la otra Romanos 12, 19; I Tesalonicenses 4, 6; II Tesalonicenses 1, 6-8; Salmos 67, 6; 102, 6; 108, 1.

* 6. Alusión a dos episodios importantes de la historia de Israel para confirmar la idea general del Salmo (cf. Salmo 67 y nota): la salida de Egipto con el paso del Mar Rojo (Éxodo 14 y 15), y la entrada de los hebreos en Palestina con el paso del Jordán (Josué 3, 5-47).

* 8 s. En estos dos versículos se contiene íntegro el breve Salmo 116 en que Israel, colmado de gratitud, invita, como es frecuente en los Salmos mesiánicos, a las naciones gentiles para que alaben a Dios por las maravillas que ha obrado con él. “Es sin duda porque la vocación privilegiada de Israel debe terminar finalmente en la salvación de todo el universo” (Calès). Mantuvo en vida: Nácar Colunga: Él ha conservado nuestra vida, es decir, sin que perezcamos del todo (cf. versículo 20 y nota) no obstante los grandes desastres que recuerda a continuación. Así vemos aún hoy a ese pueblo como un testimonio, como el “reloj de Dios a través de la historia”. Cf. Romanos 11, 15 y 25.

* 12. En los monumentos egipcios y asirios vemos cómo el vencedor en su carro triunfal pasa sobre los cuerpos de los vencidos. Véase sobre esa humillación de Israel la promesa del profeta Isaías (51, 23).

* 15 Cf. Salmo 50, 21; Ezequiel 44, 18, etc.

* 16. Preciosa lección que coincide con la del arcángel Rafael (Tobías 12, 7) y la del mismo Jesucristo al endemoniado de Gerasa (Lucas 8, 39). De ahí la norma: “Contemplata aliis tradere”, que propone Santo Tomás de Aquino para la predicación: trasmitir a los demás las luces que Dios nos ha dado en la oración y el estudio de sus divinas Palabras.

* 17 s. Estaba pronta, etc.: Así el Texto Masorético (Calès, Vaccari, etc.). Cf. Zacarías 12, 10; Ezequiel 11, 19; 36, 26, etcétera. Ubach lo señala igualmente, si bien prefiere el texto crítico según Duhm, que traduce: Él me exaltó por sobre los que me odian, y supone que el estiquio debe agregarse como complemento al versículo 12. Sobre esta disposición para orar (versículo 18), véase Santiago 4, 8; I Juan 3, 21 s.; 5, 14 s.

* 20. Y no retiró de mí su misericordia: Como en el versículo 9, Israel se congratula de que su Dios no dejó que su caída fuese para siempre. Véase lo que Dios dice a David sobre Salomón en II Reyes 7, 14 ss., comparándolo con el réprobo Saúl (cf. Salmo 88, 31-38). Es lo que vemos también en los versículos 13 y 18 del Salmo 117 (citado por Jesús en Mateo 23, 39), de asunto semejante al del presente Salmo, cuyo universalismo (cf. versículos 5 y 6), conviene a la época en que profetizaba Isaías, el vidente mesiánico por excelencia, que “vio con su grande espíritu los últimos tiempos y consoló a los que lloraban en Sión” (Eclesiástico. 48, 27 s.). Cf. Isaías 35, 5 y nota. Ello confirma que se asigne a este Cántico una fecha anterior al cautiverio de Babilonia.

* 2. Fórmula con que los sacerdotes bendecían al pueblo (cf. Núm. 6, 25). El salmista pide a Dios que bendiga a su pueblo para instrucción de las naciones (Crampón). La Liturgia lo ha elegido por eso para la hermosa Misa por la propagación de la Fe, junto con la grandiosa oración del Eclesiástico (36, 2-19), en que Israel pide la conversión de los gentiles. Vemos aquí la vocación apostólica de Israel entre las naciones (versículo 3) cuyo incumplimiento le reprochó Ezequiel (36, 19 ss.), y San Pablo (Romanos 2, 34), y que los profetas anuncian con frecuencia (cf. Salmo 64, 2; 65, 8 y nota; 101, 17; Ezequiel 36, 23 ss.; Romanos 11, 26, etc.).

* 3 s. Vaccari traduce: Al conocerse… te alabarán, etc. Tal es la bendición que esperaban ver cumplirse para Israel los justos del Evangelio: la Virgen (Lucas 1, 54 s.); Zacarías (Lucas 1, 74 s.); Simeón (Lucas 2, 32); Ana (Lucas 2, 38); José de Arimatea (Lucas 23, 51) y los discípulos (Lucas 19, 51). Por camino y salvación entienden los Padres a Cristo, cuyo rostro ansiaban ver en su primera venida los santos de Israel, como nosotros debemos ansiar la segunda para verlo triunfante (cf. Apocalipsis I, 7; Tito 2, 13, citado por el Catecismo Romano I cap. 8, 1). Algunos repiten este estribillo también después del último versículo.

* 5. Sobre este reino mesiánico, en el cual reinará la justicia, cf. Salmo 71, 2; Jeremías 23, 5 ss.; Salmo 101, 29 y nota; 116, 1 s.; Romanos 15, 11 s., etc.

* 7. Como observa Ubach, el pueblo al agradecer los beneficios que había recibido, “desea que inmediatamente esta manifestación de su bondad hacia Israel la conozcan y veneren todos los habitantes de la tierra”. Es la idea que vemos en Salmo 101, 16 s. “No hay Salmo en que el Profeta se interese más viva y ardientemente por la conversión de todos los pueblos. Sus ruegos deben enseñarnos con qué sentimiento hemos de rogar por el retorno de Israel” (Ed. Babuty). La tierra ha dado su fruto: “Todo el Salmo nos lleva a ver en esta expresión algo más que una rica cosecha: las bendiciones de que Dios habrá colmado a la tierra y a la gran familia humana” (Fillion). Cf. Salmo 64, 11; 84, 13 y notas. En sentido acomodaticio Pedro Lombardo lo aplica diciendo: María dio a luz a Jesús (cf. Isaías 4, 2). Así también se aplica esta frase en forma proverbial cada vez que el alma se reconoce un nuevo yerro: la tierra ha dado su fruto, como diciendo: ¿qué otra cosa puedo dar yo de mí mismo? ¿Cómo extrañarse de que el hombre dé los frutos de miseria propios de su degeneración original?

* 1 ss. La idea principal de este admirable Salmo sobre la grandeza de Dios, cual se manifiesta en la historia y destino de Israel, difícilmente se entiende si no se tiene en cuenta su carácter profético y mesiánico, según el cual es un proceso que después de mostrar las hazañas antiguas del Dios de Israel, termina en definitiva, como muchos otros Salmos (cf. Salmos 21 y 68), con un himno al señorío universal de Cristo Rey. Como indica el P. Callan, señalando el tono davídico del Cántico, el poeta recuerda los poderosos favores de Dios a su pueblo en el éxodo de Egipto, en el desierto, en la conquista y establecimiento en la Tierra prometida. Después muestra el entronizamiento de Dios en Sión, y cómo “su cuidadosa protección abraza las edades por venir, de modo que al fin las naciones se apresurarán a rendir, junto con ella, homenaje universal al Dios de Israel”.

* 2 ss. Alzase Dios: Alusión a las palabras pronunciadas cada vez que se ponía en movimiento el Arca (Números 10, 35), la cual era figura de la presencia y el poder de Dios en la tierra (cf. Ezequiel 41, 26 y nota). Es, pues, una señal de que el Señor ha resuelto poner fin a la iniquidad (versículo 3 s.; 23 s.; 29 ss.).

* 5. En vez de a través del desierto otras versiones dicen, sobre las nubes, Cf. versículo 34 s.

* 6 s. Es decir, está ya triunfador en Sión (versículos 17 y 36). Así parece ver proféticamente el salmista a Aquel que, como protector de los débiles, ha acogido de nuevo a su pueblo (cf. Salmos 145, 7; 146, 2 y notas), como antes lo sacó de Egipto para llevarlo a una tierra espléndida (versículo 7), según va a relatar en los versículos 8 ss., quedando sin entrar en el hogar de Palestina solamente los rebeldes de Números 14, 26-32, mencionados en Hebreos 3, 17 s., “a causa de su incredulidad”.

* 8 s. Versículos tomados del Cántico de Débora (Jueces 5, 4 s.), que recuerdan las apariciones de Dios en el desierto después de la salida de Israel de Egipto, principalmente las escenas del Monte Sinaí (Éxodo 19). Véase también Jueces 5, 4. Las palabras repetidas entre corchetes son inseguras y faltan en el griego.

* 10. Tu heredad, es decir, el pueblo israelita, que es la herencia del Señor (cf. Salmo 105, 5 y nota; Deuteronomio 4, 20; 9, 26 y 29, etc.). La lluvia generosa es el maná que llovió en el desierto durante el viaje hacia la Tierra Prometida, a cuya conquista se alude desde el versículo 12. Cf. Éxodo 16, 3 s.

* 12. Cumple su palabra de entregar a Israel la Tierra Santa a pesar de sus moradores (cf. Salmo 77, 54 s. y nota; 134, 10-12; 135, 16 ss.). Las buenas nuevas de la conquista (otros: las anunciadoras de victoria) son las que vemos en el versículo 13 ss. El sentido de este pasaje en la Vulgata: “Dios dará, a los que evangelizan, una palabra de gran poder”, encierra también una importantísima verdad sobre el poder de la palabra evangélica. Cf. versículo 34; Salmo 18, 8; Isaías 52, 7; Romanos 11, 16; II Timoteo 3, 16; Hebreos 4, 12.

* 13 s. Alude a los reyes derrotados por Moisés y Josué (cf. Salmo 134, 11 y nota). La gran oscuridad de este pasaje hace suponer una alteración en el orden de los textos. Su sentido general es mostrar, en elocuente contraste con la cobardía de algunas tribus de Israel (cf. Números capítulos 31 y 32; Jueces 5, 16 s. y 20), la obra paternal y gratuita del Omnipotente (versículo 15) que dispersaba a los enemigos y allanaba todas las dificultades. Prueba de ello es que son las mujeres de Israel (Rembold vierte: la hermosa de la casa) quienes, mientras los hombres descansan, reparten el botín, sin duda, precioso para ellas, pues contenía esos adornos de alas y plumas, despojo probablemente de los jefes vencidos. Hay en esto una alusión irónica a Jueces 5, 28 ss. (Cántico de Débora), donde vemos a las mujeres cananeas pretendiendo que Sisara hubiese, a la inversa, conquistado despojos sobre Israel, entre los cuales habría trajes de diversos colores para adorno de la esposa (véase el texto hebreo). “La paloma seria Israel, cuyas armaduras y armas brillaban como el oro y la plata. Para otros se trataría del Arca.” (Bover-Cantera).

* 15. El Omnipotente (Schaddai): Nombre usado otra vez en el Salmo 90, 1. Como observa Calès, en este cántico de alabanza, eminentemente teocéntrico, “Elohim” figura no menos de 24 veces a título de nombre propio, sustituyendo a “Yahvé”, y aun tres veces más como nombre común de la divinidad, siendo también reemplazado 5 veces, en este sentido, por Él. Yahvé aparece también dos veces en forma plena, y dos en la forma abreviada: Yah. Y Adonái (“el Señor”), es empleado siete veces. El Salmón: Montaña situada al norte de Transjordania. Otro monte del mismo nombre se halla cerca de Siquem (Jueces 9, 38). Su blancura como de nieve proviene quizá de los huesos o despojos de los enemigos.

* 16 s. Montes grandes: literalmente: Monte de Dios (hebraísmo por monte grande; cf. Salmo 64, 10 y nota). Es un apostrofe a los montes de Basan que a pesar de sus altas cumbres y de su opulencia (cf. Amos 4, 1 y nota; Miqueas 7, 14) no han sido elegidos para trono de Dios, por lo cual miran con celos al pequeño monte Sión en el que Dios habilitará para siempre (versículo 17; cf. Salmo 64, 2 y nota; Ezequiel 37, 26 ss.). Esto enseña a ser humilde en la gloria, porque la elección de Dios es gratuita; de pura misericordia elige lo más bajo para ensalzarlo. Cf. Salmo 142, 6; Ezequiel 36, 21 s.; Lucas 1, 52; Salmo 112, 7; Romanos 11, 6 s.; 9, 15; 11, 32; I Corintios 1, 26-31.

* 18. Esto es: son innumerables los espíritus celestes que sirven a Dios (cf. Daniel 7, 10 y la carroza de los querubines en Ezequiel 1, 4 ss.), que hallan en Él su felicidad y están atentos al menor de sus deseos (cf. Daniel 10, 13 y nota) como ministros de sus misericordias o de sus venganzas. Cf. Salmo 102, 20; Mateo 26, 53; Apocalipsis 9, 16. Sobre los Ángeles de la Guarda véase Salmo 90, 11 y nota. Viene el Señor del Sinaí al Santuario, es decir, el profeta contempla cómo Dios traslada gloriosamente su residencia del monte Sinaí, donde dio la Ley antigua, al monte Sión, donde reinará para siempre según el versículo 17. Véase Salmo 75, 5; Jeremías 23, 5; Ezequiel 37, 24; Oseas 3, 5; Daniel 7, 14; Miqueas 4, 7; Lucas 1, 32; Hebreos 12, 22. Cf. Ezequiel 10, 18; 11, 22 s.; 43, 2-5 y notas. “Ambos montes significan ambas Alianzas.” Cf. Jeremías 31, 31; Hebreos 8, 8. Jesús reveló que la Nueva sería con su Sangre (Lucas 22, 20; 24, 27 y 44 ss.).

* 19 ss. A lo alto: al monte Sión (versículo 2 y nota). Cautivos: Algunos suponen que se trata de pueblos vencidos que son llevados como tributos que se ofrecen al Señor. San Pablo (Efesios 4, 8) hace una cita parcial de este pasaje según los LXX, a propósito de los carismas del Espíritu Santo, que Cristo, al subir al cielo el día de la Ascensión, “llevando cautiva la cautividad”, recibió para los hombres, como dones gratuitos que Él ganó con su Redención y que enriquecen durante esta vida el alma de cada uno. El versículo en los LXX termina diciendo: “eran rebeldes para que Tú habitaras entre ellos” (cf. Juan 12, 34; Lucas 16, 16; Isaías 35, 5 y notas). Aquí se trata de “hombres recibidos como presentes”, hombres que el Mesías triunfante lleva, como dichosos cautivos, para que habiten junto a Dios, incluyendo aún a aquellos que fueron rebeldes y que, vencidos luego por la gracia, se arrepintieron para aprovechar la salvación del Dios que salva y lleva nuestras cargas (versículo 20) y cuya salvación nos hace escapar de la muerte (versículo 21). Interpretando esto en sentido cristiano, y sin perjuicio de lo que significa para los destinos de Israel según se ve en todo el Salmo (cf. versículo 29), nos parece coincidir plenamente esta profecía con las palabras de Jesús al Padre: “Los que Tú me diste quiero (esos hombres que son presente Tuyo): que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean (experimenten) la gloria mía que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo” (Juan 17, 24; cf. Juan 6, 39). Así lo prometió Él mismo a los suyos, diciéndoles: “Cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto a Mí, a fin de que donde Yo estoy estéis vosotros también” (Juan 14, 3; cf. I Tesalonicenses 4, 16 s.). Fillion hace notar que “la primera parte del Salmo se termina por este gran pensamiento profético: el celestial conquistador, que avanza al principio del poema contra sus enemigos numerosos, se sienta ahora en su trono para siempre, después de haber sometido el mundo a su imperio”.

* 22. Que se pasean en sus delitos: Calès vierte: que te odian (cf. versículo 2).

* 23 s. Se refiere a los enemigos de Israel. El Señor los descubrirá en los rincones más apartados, en la montaña de Basan (cf. versículo 16), y si es preciso, hasta en el fondo del mar. Tal será la obra del gran campeón (cf. Isaías 59, 17) en el día de la venganza (Salmo 57, 11; Isaías 61, 2; 63, 1 ss.; Apocalipsis 19, 15; Salmo 2, 9, etc.). En ella empleará su poderío (versículo 29). Cf. Joel 3; Salmo 65, 5 y nota.

* 26 ss. He aquí lo que el poeta contemplaba desde el versículo 6: la llegada del Señor al monte Sión acompañado por los representantes de todas las tribus reunidas (cf. Ezequiel 37, 15-23). Nombra a dos del Norte o de Israel: Zabulón y Neftalí; y a dos del Sur, o de Judá: Judá al frente de todas por ser la estirpe real del Mesías (cf. Salmo 59, 9), y Benjamín. Cf. Isaías 27, 13; Jeremías 3, 18; 31, 1-3 y 31-33; 33, 14 ss.; Ezequiel 16, 53; 20, 40 ss.; 27, 21 s.; Zacarías 8, 13, etc.

* 29 ss. Calès titula este pasaje (versículos 29-32): “Súplica por el triunfo mesiánico” y expresa que en ella “se le ruega que acabe su obra y realice todas sus promesas; que suscite el reino mesiánico y lleve a todos los pueblos a su templo para adorar al Huésped divino y llevarle presentes… El orgulloso Egipto y la misteriosa Etiopía deberán, de grado o por fuerza, tender hacia Él manos suplicantes y los poderosos dominadores de la tierra tendrán que prosternarse ante su faz”. Vaccari hace notar que “este mismo pensamiento se halla también en Isaías 60, 1-14; Ageo 2, 7-10; Tobías 13, 11 e igualmente en el Salmo 71, 9 s.”

* 30. “El Santuario del monte Sión será un centro para las ofrendas que toda la tierra llevará” (Fillion). Cf. Salmos 64. 2; 75, 12; Isaías 25. 6; Ezequiel 40, 2 y nota.

* 31. Texto inseguro. Sobre la bestia, cf. Isaías 19, 6; Ez- 29, 3 s. y también Salmo 79, 14; Daniel 7, 8; Apocalipsis 19, 20 y notas. Poderosos, dominadores: Literalmente: toros y novillos, imágenes de los gentiles representados por Egipto, Babilonia, Asiria y otros (cf. Isaías 12, 12 y nota). Suprime a los ávidos de plata: Así también Rembold. Algunos (cf. Vaccari) quitan a este pasaje todo carácter trágico, presentándolo como festivo: “Su cortejo desfila con la canela y la multitud de los toros con los novillos de los pueblos; se prosternan con lingotes de plata; avanzan los pueblos que quieren hacer ofrendas.” Pero la economía general del Salmo muestra (cf. versículo 2 s.; 23 s.) que, como en todas las profecías semejantes, al triunfo del Mesías corresponde la derrota, confusión y tremendo castigo de sus enemigos. Cf. I Corintios 15, 25; Salmo 109, 1; Hebreos 2, 8 y 10, 13. Dispersa las naciones, etc.: “Es la paz mesiánica universal” (Fillion). Cf. Salmo 57, 11 y nota; Isaías 2, 4; Oseas 2, 18; Salmo 45, 10. ¡Cuán lejos estamos de esa dichosa edad!

* 33. Invitación paralela a la de los Salmos 95 ss. Cf. Isaías 2, 3; 60, 5; Miqueas 4, 2, etc.

* 34 s. Cabalga por los cielos: Cf. versículo 5; Salmo 17, 11. Su voz poderosa: Véase Salmo 28, 3 y 10 y notas, que termina como éste; cf. Isaías 30, 30. Su majestad es sobre Israel (versículo 35): El hebreo da un sentido distinto de la Vulgata, que dice: Dad gloria a Dios a causa de Israel, expresión que es también usada en Salmos como el 48 y el 96, semejantes a éste (cf. Isaías 54, 15 y nota). Es de advertir sin embargo que la actual edición de Gramática ha tomado el sentido del hebreo diciendo: Dad gloria a Dios: sobre Israel está su magnificencia y en las nubes su poder, y citando como paralelo el Salmo 28, 2. Scío ve aquí “la humanidad de Cristo en el día tremendo del juicio, cuando aparecerá en las nubes, lleno de poder y de majestad”. Véase la insistencia con que se habla de nubes en Mateo 24, 30; 26, 64; Hechos 1, 9-11; Apocalipsis 1, 7; 14, 14; I Tesalonicenses 4, 17, etc. Entonces será llamado el Admirable, como lo indica San Pablo en II Tesalonicenses 1, 10, cumpliéndose así la profecía de Isaías 9, 6 en Aquel que en su primera venida no fue sino despreciado y reprobado (Isaías 53, 2 ss.). Este doble aspecto de Jesús: sus sufrimientos y posteriores glorias (I Pedro 1, 11), lo nuevo y lo antiguo (Mateo 13, 52), la adorable Víctima del amor y el Triunfador glorioso y admirable está sintetizado, en Isaías 49, 7, y sobre todo en Isaías 61, 1 ss., del cual Jesús cita sólo la primera parte cuando aplica ese texto a su primera venida en Lucas 4, 18 s., separando así el año de la reconciliación, que Él vino a predicar, del día de la venganza que aquí se anuncia.

* 1. Sobre el sentido del epígrafe véase nota al Salmo 4, 1. Se trata de un Salmo profético paralelo al Salmo 21. Ambos se cumplieron al pie de la letra en cuanto se referían a la Pasión de Cristo, a la cual suele aplicarse el Salmo en sentido literal. Algunos lo hacen en sentido típico, pero, aunque ello nada les restaría de su valor como profecía mesiánica, parece difícil aplicar aún a David todos los detalles que tan perfectamente se ajustan a Cristo, odiado sin causa (versículo 5 y Juan 15, 25); devorado por el celo de su Padre (versículo 10 a y Juan 2, 17); sufriendo en sí los ultrajes dirigidos a Dios (versículo 10 b y Romanos 15, 3); recibiendo el ofrecimiento de vino con hiel (versículo 22a y Mateo 27, 34); abrevándose de vinagre (versículo 22 b y Mateo 27, 48; Marcos 15, 23; Lucas 23, 36; Juan 19, 29), y sobre cuyos enemigos recaerán las imprecaciones de este Salmo (versículo 23 s. y Hechos 1, 16 y 20; Romanos 11, 7-10).

* 2. ¡Sálvame! Así como el Miserere (Salmo 50) expresa la contrición de David, este otro expresa algo que pareciera imposible: la contrición de Jesús, “hecho pecado” por amor nuestro (versículo 6) y mostrándonos en sus palabras el espíritu con que el pecador debe dirigirse al Padre: espíritu de amor filial, confianza y pequeñez.

* 5. Devolver lo que no he robado: Locución proverbial que en boca de Cristo adquiere un sentido infinitamente sublime, inmensamente desgarrador y dichoso a un tiempo, puesto que en ella se encierra todo el misterio de la Redención, tal como lo contemplamos en Salmo 39, 13 y nota. “Es Cristo, dice San Atanasio, quien tomó sobre sí nuestros pecados y padeció por nosotros tormentos indecibles.” Cf. Salmo 87, 8; Isaías 53, 4 ss.; Gálatas 2, 20; I Pedro 2, 21-24; I Juan 3. 5, etc.

* 6. He aquí donde el Salmo va más allá del sentido típico y se nos muestra literal y exclusivamente propio del Señor Jesús, porque en nadie sino en Él se explicaría la aparente contradicción entre este versículo y la Víctima inocente del versículo 5. Jesús llama suyos nuestros pecados (véase Ezequiel 4, 4 y nota) y los presenta en dos palabras, pues sabe que el Padre ya los conoce. ¡Cuán fácil es orar sabiendo esto! (véase lo que dice Jesús en Mateo 6, 7 ss.). Algunos explican este pasaje como si su sentido fuera: “me acusan de locura e iniquidad, mas Tú sabes, Señor, si he cometido nada que sea insensato o malo”. Pero ello quitaría, como hemos visto, lo más sustancial de la Pasión del Hijo de Dios, hecho Él mismo, en lugar nuestro, “pecado” (II Corintios 5, 21) y “maldición” (Gálatas 3, 12; Deuteronomio 21, 23).

* 7 ss. Jesús pide que las almas rectas no se escandalicen al verlo aparecer como derrotado, fracasado y hasta con un aspecto físico tan diferente de su serena belleza de otros días. Véase Salmo 21, 7 s.; Isaías 53, 2 ss.; Salmo 44, 3. Quiere mostrarnos cuán grande es el peligro que corremos de escandalizarnos de Él. Véase Mateo 11, 6 y nota; 13, 21 y 57; 24, 10; 26, 33; Marcos 14, 27; Lucas 7, 23; Juan 16, 1 ss.; Romanos 9, 33: I Pedro 2, 8.

* 8. Por tu causa, esto es, por llevar hasta el fin Tu voluntad de salvar a los hombres, que Tú quisiste realizar por mi predicación (Juan 6, 38-40; cf. Salmo 39, 7 y nota), pero que Israel, movido por Satanás, rechazó hasta llevarme a esta muerte que Yo acepté libérrimo y sin que nadie me la impusiera (Juan 10, 18), como el pastor que pone su vida por las ovejas en manos del lobo (Juan 10, 11-12).

* 9. Es éste un capítulo importante de la persecución sufrida por Jesús y anunciada a sus verdaderos discípulos: el alejamiento de amigos y parientes. Cf. Job 19, 13 y 19; Salmo 30, 12; Isaías 53, 3; Miqueas 7, 6; Mateo 10, 36; Lucas 4, 24; 12, 51 ss.; Juan 1, 11; 7, 5; 16, 1 ss., etc.

* 10. Me devora el celo de tu casa: Este texto, que los discípulos aplicaron a Jesús cuando vieron su santa indignación por arrojar a los mercaderes del Templo (Juan 2, 17), forma la primera antífona del Oficio de Tinieblas en la Semana Santa. Los baldones… cayeron sobre mí: porque miraba como propios los intereses de su amado Padre. Tal ha de ser la suerte de los discípulos: como la del Maestro (Juan 15, 20). “El que vive en el mundo como en su elemento y encuentra que todo va muy bien y saca ventajas de ostentar su fe, será fácilmente querido y respetado, mas no será por cierto discípulo de Cristo.” Cf. 1 Juan 4, 4; Lucas 6, 26; I Corintios 4, 13; I Timoteo 6, 5, etc. Es el honor más grande para un cristiano: ser perseguido por los que rechazan o traicionan a Dios. Cf. Mateo 5, 10 ss.; Lucas 6, 22 s.; Hechos 5, 41; II Timoteo 3, 13; I Pedro 4, 15 s.

* 11 s. Los mismos bienes que hacía se los tomaban a mal (cf. Lucas 5, 21; Juan 6, 52 y 60; 8, 48 ss., etc.), y no sólo se burlaban de Él hasta los borrachos (versículo 13): también le abofeteaban los criados (Juan 18, 22) y le escupían los soldados (Marcos 14, 65; 15, 19), como lo había anunciado Él mismo (Marcos 10, 34; Lucas 18, 32). Y Él ¿qué hacía entretanto? Dirigir en silencio su oración a Dios (versículo 14). ¡Qué discurso habría podido pronunciar Jesús arengando a las multitudes cuando lo sacaron como Ecce Homo a los balcones de Pilato! (Juan 19, 5). ¡Qué argumentos para demostrar la iniquidad de esos ataques y la injusticia legal de todo su proceso! ¡Con qué augusta majestad no habría podido el divino Pontífice decirles quién era Él y quiénes eran ellos, los que lo atacaban! ¡Con qué facilidad no habría podido confundirlos, y con qué facilidad destruirlos, enviándoles “más de doce legiones de ángeles”! (Mateo 26, 53). “Pero Jesús callaba”: Jesus autem tacebat (ibíd. 63). Él era el cordero que guarda silencio (Isaías 53, 7) y que ruega por los transgresores (ibíd. 12), y en forma idéntica nos envió a nosotros, sus discípulos “como corderos entre lobos” (Mateo 10, 16) para ser “odiados de todos” (ibíd. versículo 22), y no por nuestros defectos, sino precisamente “a causa de su Nombre” (ibíd.). y para que demos ejemplo de no resistir a los malos (Mateo 5, 39) y roguemos por los que nos persiguen (ibíd. versículo 44); porque no es el discípulo más que el maestro (Juan 15, 18-20). Pues los que tenemos su Palabra no somos del mundo, así como Él no es del mundo (Juan 17, 14). He aquí el camino que Jesús nos muestra: soportar en silencio los ataques, sin sorprendernos de ser vituperados por el Nombre de Cristo (I Pedro 4, 12) y de que el mundo nos odie, como enseñó el discípulo amado (I Juan 3, 13), y sin defendernos pretendiendo que defendemos con ello la causa de Dios. Ese silencio de Jesús lo anunció Isaías con palabras que repite el Evangelio, diciendo: “No se oirá su voz en las plazas” (Mateo 12, 20; Isaías 42, 3). Así entresacados por Él del mundo (Juan 15, 19), excluido y apartado nuestro nombre como pernicioso por causa del Hijo del Hombre, no somos vigorosos sino débiles (Apocalipsis 3, 8), para que la fe no se funde en sabiduría de hombres, sino en una fuerza divina (I Corintios 2, 5); somos hechos necios para ser sabios (ibíd. 3, 18); hechos basura del mundo a ejemplo de Cristo (ibíd. 4, 13), pues Él elige a los necios y débiles para confundir a los sabios y fuertes (ibíd. 1, 27), porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más fuerte que los hombres (ibíd. 1, 25). Es, pues, en esta doctrina de la cruz, que es necedad para los que se pierden, donde está nuestra fuerza (ibíd. 1, 18). Sólo por ese camino prometió el triunfo no temporal pero sí eterno; no ahora (Mateo 24, 9 ss.; Lucas 18, 8; Apocalipsis 13, 7) pero sí cuando venga Él (Lucas 22, 28-30; Apocalipsis 19, 11 ss.), que ha vencido al mundo (Juan 16, 33).

* 13. A la puerta de la ciudad solían reunirse los ciudadanos y los ociosos para discutir los asuntos comunes y comunicarse las noticias. También los ancianos se sentaban allí para juzgar los crímenes. Cf. versículo 5; Salmos 24, 19; 34, 19; y Juan 15, 25.

* 14. Tiempo favorable: Es la expresión de Isaías 49, 8. Cf. Isaías 61, 1 s.; Lucas 4, 16 ss. y notas.

* 15 ss. Dirige aquí al Padre la oración dolorosísima que anuncia en el versículo 14. Es una súplica apremiante. hecha con la humildad y confianza filial de un débil niño (como son las de Job [véase Job, caps. 6 y 7]), es decir, muy ajena al estoicismo pagano, que cifra la virtud en soportar orgullosamente el dolor. Igual enseñanza de su infancia espiritual nos da Jesús en Getsemaní (Mateo 26, 39).

* 21. Titubeo: ¡Qué abismo infinito de humildad y anonadamiento en esta queja que parece la de un débil y es de Aquel por quien y para quien fueron hechas todas las cosas! Cf. Salmo 21, 12. Este versículo, tomado de la Vulgata, que dice: improperios y miseria aguardó mi corazón, forma el Ofertorio de la Misa del Sagrado Corazón de Jesús. Cf. Isaías 53, 3-5.

* 22. Estas expresiones hiel y vinagre, que para David son meras metáforas, se verificaron literalmente en Cristo moribundo (Mateo 27, 34 y 48).

* 23. Cristo era el sumo bien para Israel: la mesa y el manjar listo para el banquete (cf. Mateo 22, 4 y Lucas 14, 17). Despreciado, Él fue para la mayoría de su pueblo ocasión de ruina según lo anunciara Simeón (Lucas 2, 34) y el que era la roca de salvación fue piedra de tropiezo. Cf. Salmo 117, 22; Mateo 21, 42; Isaías 8, 14; 28, 16; I Pedro 2, 6.

* 24. “No vean”: Esta ceguera (cf. versículo 28), que el Espíritu Santo sanciona aquí como una sanción divina por boca del salmista, hizo llorar al Señor sobre Jerusalén porque no había conocido su visita (Lucas 19, 41-44), permanece aún sobre Israel rebelde, impidiéndole entender el Antiguo Testamento (II Corintios 3, 14) y será también, según revela San Pablo, la que pierda a todos los que han de perecer con el Anticristo, a los cuales “por no haber aceptado el amor de la verdad para salvarse, les enviará Dios poderes de ensaño para que crean a la mentira” (II Tesalonicenses 2, 10 s. y nota).

* 26. Jesús lo cita en Mateo 23, 38. Véase allí la nota. Cf. Hechos 1, 20.

* 27. Cf. Salmo 39, 7 ss. y 13 y notas.

* 29. Sobre el Libro de la vida véase Salmo 55, 9; Filipenses 4, 3; Apocalipsis 3, 5; 20, 15; 22, 19.

* 31 s. Aquí, lo mismo que al final del Salmo 21, admiramos la sublimidad del Corazón de Jesús que, en medio de sus tormentos indecibles, alaba al Padre por haberle permitido el gozo de padecerlos por nosotros (cf. Juan 10, 17): y se regocija de los frutos que su Redención producirá para la gloria del Padre, la cual no solamente consiste en la salvación de los llamados por Él (Juan 6, 37-40; 17, 2 y nota) sino también en la alabanza de su bondad (versículo 31 7 35; Salmo 135, 1 ss. y nota) reconocida por todos (Ef. 1, 6, 12, 14; 2, 7). Esto le es más agradable que cualquier holocausto (versículo 32; cf. Salmo 49, 23) y se cumplirá un día universalmente (versículo 35; cf. Salmos 71, 11 y 19; 95, 11; 148, 14; 149, 6 ss.; Isaías 49, 13, etc.).

* 36 s. Sorprendería esta promesa después de la tremenda imprecación precedente, si no hubiera mediado el perdón que Cristo mismo imploró desde la Cruz (Lucas 23. 34). Son muy frecuentes en la Escritura los casos en que Dios perdona a los pecadores y aun declara que se arrepiente de las calamidades que había anunciado para su pueblo (cf. Salmo 105, 45; Jeremías 26, 3, 13, 19; 3, 1 ss.; Ezequiel cap. 16; Oseas cap. 2, etc.). Por eso, dice Santo Tomás, las profecías conminatorias no siempre se cumplen, porque llevan como implícita la condición de no mediar el arrepentimiento. Sobre la contrición de Israel, Véase Ezequiel 11, 19 s.; Zacarías 12, 10 y notas. Iguales promesas que las de este Salmo vemos en Salmos 21, 27-32; 50, 20 s.; 101, 17, etc., y quizá se habrían cumplido ya para Israel si en el tiempo que le fue concedido durante la predicación apostólica hubiese escuchado el mensaje evangélico que les anunciaba en Cristo resucitado el cumplimiento de todo lo prometido por los profetas (Hechos 3, 19 ss. y notas. Cf. Hebreos 8, 4 y nota). “Según algunos comentadores, estos tres versículos (35-37) serían mucho más recientes que el resto del Salmo y no habrían sido compuestos sino en tiempo del cautiverio de Babilonia. No vemos, sin embargo, en ellos ningún detalle que no pudiese provenir del mismo David” (Fillion). En cuanto al Salmo entero, el P. Callan observa que “si tiene una notable semejanza con Jeremías, ello no prueba sino que fue conocido por el doloroso profeta y usado por él”. Cf. Jeremías 4, 10; 9, 15; 10, 13; 15, 15; 23, 15; 24, 9; 38, 6; Lamentaciones 1, 1 y 9; 3, 14 y 63, etc.

* 1 ss. El Salmo 69, salvo escasas variantes, es idéntico al Salmo 39, 14-18. Véase allí las notas. Sobre el epígrafe cf. Salmo 37, 1 y nota. El salmista acude a Dios para pedirle misericordia y ayuda para sí y todos los que en Él confían. El versículo 1 omite, como observa Calès, el “plegue a Ti” del Salmo 39, y sustituye Yahvé por Elohim, como en los versículos 5 y 6.

* 2. Es la invocación que se repite siempre al comenzar el Oficio divino.

* 5. Los que aman tu auxilio: Los pequeños, que no se sienten humillados de recurrir a Ti, ni se sienten capaces de vivir sin tu socorro. Es la bienaventuranza de los pobres en espíritu (Mateo 5, 3 y nota). Nos pasamos la vida escondiéndonos delante de Dios con el peor de los complejos de inferioridad. ¡Qué alivio cuando nos damos cuenta de que Él es el único con el cual podemos desnudarnos enteramente dejando caer hasta el último velo de nuestra, intimidad sin peligro de escandalizarlo ni sorprenderlo, antes bien con la seguridad de complacerlo, como al buen médico de nuestra infancia a quien descubríamos sinceramente nuestro mal, seguros de que lo curaría! Si nos acostumbramos a hacer de Dios nuestro confesor, decía un misionero, llegaremos a entender la alegría que le produce nuestra sinceridad, cualesquiera sean nuestras culpas (Lucas 15, 7) y comprenderemos que el peor disgusto para el Padre del hijo pródigo sería el pretender que no tenemos fealdades, pues Él sabe que eso no es verdad. Cf. Salmos 31, 5; 50, 8 y notas. Enfermos curados podemos ser todos, y aun mejor que sanos (Lucas 7, 47 y nota). Pero sanos no podemos nacer ninguno (Lucas 5, 31 s.; 13. 1 ss.). ¿No es acaso indispensable a todos nacer de nuevo? (Juan 3, 3). Cf. Ef. 4, 23 ss.; Col. 3, 10.

* 6. Coincide con el postrero y apremiante llamado que pone término al Apocalipsis y a toda la Biblia. Cf. Apocalipsis 22, 20 y nota.

* 1ss. Los LXX traen en el epígrafe, sin duda tomado de una antigua tradición judía, una alusión a los hijos de Jonadab, los célebres Recabitas elogiados en Jeremías 35 (cf. IV Reyes 10, 15 y 23; I Paralipómenos 2, 55). Quizá llegado a la ancianidad, el Rey Profeta se consuela en este Salmo, considerando las maravillas que el Señor hiciera en su favor (cf. III Reyes 1, 4 y nota), y esa experiencia (versículos 7 y 20) lo confirma en la confianza (cf. Salmo 62, 7 s. y nota) de que Dios no lo abandonará en sus últimos días (versículos 9, 14, 18, 21). El versículo 1 fue tomado para el final del Te Deum (cf. Salmo 32, 22) y es el mismo con que comienza el Salmo 30. Ambos Salmos son una oración ideal para los ancianos que quieren hallar en Dios fuerza y alegría, habiendo visto la falacia de todo lo humano. Si este poema se colocase a la vista de todos sería una inagotable fuente de consuelo para los desvalidos de este mundo.

* 2. Por obra de tu justicia: No porque yo lo merezca (cf. Salmos 129, 3; 142, 2) sino porque Tú eres el Justo, el Santo, el Misericordioso. Cf. Romanos 3, 26 y nota.

* 4 ss. Dios mío (Elohai, como en el versículo 12). El objeto de mi confianza (versículo 5): Así también Calès. Desde el seno materno (versículo 6): cf. Salmo 21, 10.

* 7. Se asombraron de que mi nulidad pudiese tanto, y eras Tú quien obraba en mí. David, mejor que nadie, podía decir esto al recordar las maravillas con que Dios lo exaltó al verlo humilde como un niño. Cf. II Reyes 7, 18 ss.

* 8. Sobre el valor de la alabanza véase Salmos 49, 14; 55, 12; 56, 8, etc.

* 9. “En el tiempo de la vejez:” ¿Quién no sentirá la necesidad de hacer esta oración? Es un móvil elocuentísimo para llevarnos a la humilde confianza sobre todo ante promesas como las del versículo 20 c.; Salmos 22, 6; 90, 10s.; 91, 14; 102, 5, etc.

* 10 s. En estas persecuciones David fue fiel figura de Cristo (cf. Salmo 21, 9; Mateo 27, 43).

* 13. Pensamiento muy frecuente en los Salmos. Cf. Salmos 21, 12; 34, 22; 39, 15, etc.

* 15 s. Bien que no conozco su medida: O sea que la magnitud de tu bondad y de tus dones sobrepuja a cuanto yo pudiera pensar (cf. Salmos 91, 6; 138, 17). De ahí que en Salmo 50, 3 David lo invoque según toda “la medida de su misericordia”. Algunos, como Desnoyers, traducen: no tengo la ciencia de su número. Allioli entiende por esta ciencia la sabiduría oculta de donde nació mas tarde la Cábala judía. Así el sentido sería el mismo que se deduce de la Vulgata: “como yo no entiendo de literatura me internaré en la consideración de las obras del Señor”, lo cual coincide con la asombrosa y muy olvidada revelación de Jesucristo: el Padre ocultó, a los sabios lo que reveló a los pequeños (Lucas 10, 21; Proverbios 9, 4; Isaías 28, 9; I Corintios capítulos 1-3). Nada extraño tiene, pues, que el salmista sólo quiera cantar una alabanza: la de ese divino Padre que así desconcierta a todos los cálculos y previsiones humanas, y no quiera proclamar otra justicia que la del “solo Justo” (cf. Romanos 16, 27; Salmo 93, 11 y notas).

* 17. Sobre este carácter de Dios como Maestro de jóvenes y viejos, que tanto solemos olvidar, véase Salmos 17, 36; 93, 10; 118, 99 s.; Deuteronomio 4, 1; Isaías 28, 9 y 46,4; Oseas 10, 12; Miqueas 4, 2; Mateo 22, 16; Lucas 12, 12; Juan 6, 45; 14, 26; 16, 13, etc.

* 18 s. ¡Qué ideal: ansiar vivir, sólo para dar a conocer a la generación joven las cosas que ha obrado el poder de Dios puesto al servicio de su misericordia! Es lo que dijo en el Salmo 65, 16 y lo que hizo el mismo Jesús (Juan 17, 6, 26). Cf. Salmo 21, 31; Tobías 13, 3 s.

* 20 s. He aquí el balance de su vida. Lo mismo puede decir todo el que mira hacia lo pasado y recuerda cómo la Providencia lo ha guiado y salvado con tanta sabiduría como bondad y paciencia. Cf. Salmos 33, 20; 102, 2 ss.; 56, 3 s.; 22, 1 ss.; 62, 7, etc. Tu magnificencia (versículo 21): Como bien observa Calès, aunque el texto actual dice “mi” en vez de “tu”, esta última lección está abonada tanto por el contexto y por muchos manuscritos de los LXX y de la Vulgata cuanto por el sentido que siempre corresponde a Dios. La Biblia es ante todo el libro de la gloria divina y de la pequeñez humana, y nada sería más inexplicable en ella que la oración de un hombre diciendo a Dios: “Acrecienta mi grandeza.”

* 23 s. “Cantar es propio del que ama.” Cf. versículos 6 y 8; 118, 54, etc. “Todo el día”: Véase Salmo 1, 2.

* 1. “Según la tradición, tanto judaica como cristiana, este Salmo trata del Mesías y de su Reino” (Salterio Romano). Como vemos en el hemistiquio final, es obra del mismo David, que en sus últimas palabras anunció “un Justo dominador de los hombres… como la luz de la aurora cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes” (II Reyes 23, 30), y a quien el Espíritu Santo mueve tantas otras veces, y especialmente en el espléndido Salmo 44, a cantar las glorias del Vástago divino que ha de sentarse en su trono para siempre (Lucas 1, 32 s.). De ahí que esté dedicado al Pacífico, que así se traduce el nombre de Salomón, el cual fue asimismo figura de Jesucristo. Los que no ven en este Salmo más que el encumbramiento de un gran rey, tropiezan con los atributos que se le dan en los versículos 10 y siguientes, superiores a cuanto podía esperar ningún rey de la historia humana. Rey… Hijo del Rey: Como observa Ubach, el Mesías es a un tiempo ambas cosas. Lo primero, porque así fue constituido por el Padre Eterno (cf. Salmos 2 y 109 y notas); lo segundo, por doble razón: como Verbo del Padre y como descendiente y heredero de David. Sobre esta entrega de la investidura real que aquí se pide, véase Lucas 19, 11-15 y los textos que la Misa de Cristo Rey contiene junto con este versículo que va en el Introito: 2, 8; 28. 10 s.; Daniel 9, 13; Apocalipsis 1, 6; 5, 12 y 19, 16.

* 2. Gobierne: Así el nuevo Salterio Romano. Otros vierten en futuro: gobernará. Gobernar, reinar y juzgar son una misma cosa en la Sagrada Escritura. (Cf. Salmo 95, 10 y nota. A los humildes tuyos: Lo característico del reino mesiánico consiste en que los humildes serán tratados con justicia. “En tal reino no habrá lugar para el egoísmo, favoritismo, venganza o tiranía. Por tiempos será necesaria una especial atención, pero ésta será para los pobres y afligidos” (Callan). Véase versículos 4 y 12 ss.; Salmos 57, 11; 81, 8 y notas; Isaías 11, 4; 25, 4; 61, 1. ¡Qué condenación del mundo actual!

* 3. Cf. versículo 16. La participación de la naturaleza en las bendiciones mesiánicas se vaticina igualmente en Isaías 32, 16; 45, 8; Salmo 84, 12, etc. Véase Salmo 95, ll y nota.

* 5. Permanecerá: Las mejores versiones y autores usan así el futuro, que por lo demás se impone desde el versículo 12, en lugar del optativo que algunos han preferido en los versículos 5-8 y que parecería favorecer a los que quisieran quitar al Salmo todo valor mesiánico y de profecía, como si, no pudiendo aplicarse a ningún hombre, se redujera a un ideal del salmista que soñase con un reino así, universal, eterno, una mezquina aspiración a eternizar lo temporal y actual, sin gloria para Cristo.

* 6. Sobre el prado segado: Otros traducen más brevemente: sobre el césped. Nos parece más intensa la otra expresión, que indica el momento más oportuno para que llueva sobre un mundo segado, como en Amos 7, 1, Cf. Isaías 45, 8; 61, 1 s.; 64, 1; Lucas 18, 8 y notas; Apocalipsis 14, 14 ss.

* 7. “Sobre la paz de los tiempos mesiánicos, cf. Isaías 2, 4; 11, 3-4” (PiIlion). Cf. también Salmo 45, 10 y nota. Jesús nos da Su propia paz, para que no se turbe nuestro corazón (Juan 14-24) en medio de este siglo malo (Gálatas 1. 4), cuyo príncipe es Satanás. como dice el mismo Jesucristo en Juan 14, 30.

* 8. “Desde el mar occidental (Mediterráneo) hasta el mar oriental (sinum Persicum), desde el río (Éufrates) hasta los confines de la tierra (islas y tierras del extremo occidente), es decir por todo el orbe” (Salterio Romano). Así lo indican también Vaccari, Callan, etc., entendiendo este último por mar oriental el Océano Indico. Véase Amos 8, 12; Salmo 64, 11 y nota; 88, 26; Miqueas 4, 7; 5, 1 citado por Mateo 2. 6; Lucas 1, 32; Oseas 3. 5; Ezequiel 34, 24; 37, 24 a.; Jeremías 23, 5 ss.; 33, 15 s.; Daniel 7, 14, 27, etc.

* 9. “Nadie podrá resistirse al dominio del Mesías. De grado o por fuerza todos tendrán que reconocer su dignidad regia. Cf. Salmo 2; Isaías 49, 23” (Páramo). La paráfrasis caldaica vierte: “se humillarán los próceres”. Cf. Salmo 67, 27 ss. y nota.

* 10. Tarsis: Ciudad situada en la España meridional o una de las islas del Mediterráneo occidental. Las islas en el lenguaje bíblico son las tierras del Occidente (cf. Salmo 96, 1). Sabá: Parte de Arabia; según otros, la costa oriental de África. Las regiones citadas representan el mundo entonces conocido, para indicar que toda la tierra reconocerá el imperio del Mesías.

* 11. En su reciente edición el P. Callan, O.P., Consultor de la Pontificia Comisión Bíblica, hace notar que, “sabiéndolo o no, el salmista estaba describiendo el carácter y el Reinado del Rey mesiánico”; que tal descripción “no concuerda con ningún rey humano de Israel, ni aun David o Salomón” y que “el Rey mesiánico no ha traído todavía a una actual fruición sobre la tierra todos estos benéficos resultados” pues “todo gobernante digno de ese nombre debe… extender su régimen sobre todos sus súbditos el más pequeño como el más grande”. ¿Cuándo llegará ese dichoso día? Véase el prefacio de la Misa de Cristo Rey que contempla ese día con palabras del Salmo 44, 8 y nos presenta ese reinado de santidad, amor y paz en que todas las creaturas le estarán sujetas (véase Hebreos 1, 8 y 13; 2, 8; I Corintios 15,25). Él entregará entonces el Reino a su Dios y Padre (I Corintios 15, 24). En este triunfo universal de Cristo con su Iglesia (Apocalipsis 19, 6-9), del solo rebaño con el único Pastor (Juan 10, 16), en que, como dice Santo Tomás, le servirán unidos judíos y gentiles, se cumplirá plenamente lo que pedimos en el Padrenuestro (Mateo 6, 10).

* 12 ss. Cf. versículo 2. El amor al pobre y al humilde es el distintivo del Mesías, el cual les promete que triunfarán. Se anunció el Evangelio a los pobres (Mateo 11, 5; Lucas 7, 22) durante el año favorable o de reconciliación, que Jesús señaló en Lucas 4, 18 s., citando a Isaías 61, 1. A continuación (Isaías 61, 2), el Profeta vaticinó el día de la venganza en que los pobres verán el triunfo. No es otro el cuadro que María describe en su contemplación de Lucas 1, 51 ss., y así también lo anunció Jesús en Mateo 11, 5; 12, 28; Lucas 17, 21, etc., y el Bautista (Mateo 3, 10 y 12) y el sacerdote Zacarías (Lucas 1, 71) y el anciano Simeón (Lucas 2, 30), y así lo esperaba el pueblo creyente (Lucas 19, 11) hasta que rechazado y muerto el Mesías Rey (Lucas 19, 14; Juan 19, 15 y 19). su suave yugo sufrió violencia por parte de su pueblo (Juan 1, 11; Mateo 11, 12; Lucas 16, 16), sin más reconocimiento que el de un día en que lo aclamaron como “Rey en nombre del Señor” (Lucas 19, 38); “Hijo de David” (Mateo 21, 9) y “Rey de Israel” (Juan 12, 13) bendiciendo el advenimiento del reino davídico (Marcos 11, 10). Mas es tanto el anhelo de su advenimiento, que aun después de la Resurrección los apóstoles reiteran al Señor la pregunta (Hechos 1, 6 s.), ansiosos de verlo en su anunciado triunfo y de ver triunfar con Él a los humildes en su Reino feliz. A la luz de estos anuncios podemos apreciar la grandeza de la fe de María frente al Calvario, tan distinto de lo que Ella debía esperar (cf. Lucas 1, 32; Isaías 35, 5; Ag. 2, 20 y notas).

* 15. Vivirá: Según lo que precede parecería referirse más a los pobres que al Rey, Es muy probablemente una glosa añadida, pues altera el metro del verso. Le darán: En el sentido impersonal de: “se le dará” (Prado). El P. Lagrange lo entiende en el sentido de que el Rey dará al pobre. A causa de Él: Variante más plausible que rogarán por Él, lo que no puede entenderse al pie de la letra como si intercediesen por Jesús. Dom Calmet dice: adorarán a Dios continuamente a causa de Él; y en la nota vierte: Él rogará siempre por ellos y derramará todo el día sobre ellos sus bendiciones. San Agustín hace notar que desde ahora rogamos a causa de Cristo cuando en el Padrenuestro pedimos al Padre que venga su Reino.

* 16. “Se predice la abundancia del trigo y la multitud de los hombres. Cf. en los profetas las descripciones de la fertilidad de la tierra, v. gr. Amos 9, 13; Joel 3, 18” (Salterio Romano).

* 17. “La paz y la prosperidad reinarán sobre la tierra y todas las naciones serán benditas realizándose así la antigua promesa dada a Abrahán” (Callan). Cf. Génesis 12, 3; 22, 17; Gálatas 3, 8 y lo que María expresa en Lucas 1, 54 s. y Zacarías en Lucas 1, 73 (cf. versículo 12 y nota).

* 20. Esta nota no quiere decir que en los libros que siguen no haya Salmos davídicos, sino sólo que aquí se cierra una colección. En lo sucesivo hallaremos otros Salmos de David, lo cual no obsta que el presente sea, como se cree, el último que él escribió, próximo ya a su muerte (San Roberto Belarmino). San Jerónimo explica: “acaban los Salmos de David porque en este Salmo escribió la plenitud y el fin de las cosas”.

* 1. Empieza aquí el tercer libro, que comprende los Salmos 72 a 88, algunos de los cuales son también elohistas como éste (cf. Salmo 41, 1 y nota). Sobre Asaf (II Paralipómenos 29, 30), léase la nota del Salmo 49, 1. Es el presente un Salmo didáctico, en el que se trata un problema teológico: ¿Cómo se explica la felicidad de los pecadores? Y ¿cómo es ésta compatible con la justicia de Dios? Véase el mismo tema tratado en los Salmos 36, 48, 93, etc. ¡Cuán bueno es Dios! Es ésta la más alta y preciosa de todas las verdades de nuestra fe. Pero ¿la creemos de veras? El Catecismo Romano encarece, a los párrocos la necesidad de predicar a los fieles “las riquezas de la benignidad de Dios hacia los hombres. Porque habiéndole ofendido nosotros con innumerables maldades…, nos mira con el mayor amor y tiene un cuidado especial de nosotros. Y si cree alguno que Dios se olvida de los hombres, es insensato y hace al Padre de las misericordias grave injuria”. Para Israel: Lección del Texto Masorético que coincide con los LXX y la Vulgata y que conservan Vaccari, Crampón, Dom Puniet, etc. La mayoría de los modernos, por razones de ritmo, en vez de “leyisrael” (para Israel), leen “layyaschar”: para el hombre recto. Los rectos de corazón o simples son los que no tienen doblez en su corazón. Simple quiere decir “sin pliegue” (cf. Juan 1, 47 y nota). Para ellos es la alegría (Salmos 96, 11; 106, 42); para ellos la luz, aun en las tinieblas (Salmo 111, 4 ); para ellos los beneficios (Salmo 124, 4); para ellos la salvación (Salmo 7, 11) y la gloria (Salmo 31, 11); de ellos es el amor (Cantar de los Cantares 1, 3); de ellos, como de los niños, es la alabanza que a Dios le agrada (Salmos 32, 1; 8, 3; Mateo 21, 16).

* 2 ss. Esta abierta confesión del salmista muestra cuán grande y fuerte es esa tentación contra la fe. Y si flaqueamos en el pensar bien de Dios (Sabiduría 1, 1) ¿qué nos queda, puesto que sólo podemos vivir de esa fe? (cf. Hababuc 2, 4; Romanos 1, 17; Gálatas 3, 11; Hebreos 10, 38 y notas). La necesidad de evitar este tropiezo será cada día mayor a medida que avance, como lo tiene anunciado Dios, “el misterio de la iniquidad” (II Tesalonicenses 2, 3-12; Mateo 24, 6-27, etc.). Cf. Salmo 45, 3 y nota. Dios nos da para ello sus remedios en Romanos 10, 17; Mateo 26, 41; Juan 7, 14; I Corintios 2, 10-15; II Timoteo 3, 16.

* 6 ss. Pintura admirable de cómo la prosperidad y el triunfo, en vez de hacerlos agradecidos a los beneficios de Dios, sacian por el contrario y embriagan a los soberbios, cuyo mayor castigo, como observa San Agustín, es no ser castigados (versículo 18), pues la megalomanía seguirá creciendo de modo que sea más vertical y horrible su caída, como lo enseña la Virgen en Lucas 1, 51-53 y lo muestra a veces, aun en esta vida, la experiencia histórica. “Un hombre, dice Salomón, domina sobre otro hombre para su propio mal” (Eclesiastés 8, 9 ss. texto hebreo).

* 10. Texto diversamente entendido. Algunos, p. ej. Nácar-Colunga, vierten en 10 b: Sorbiendo sus aguas a boca llena (cf. Job 15, 13). Según esto, el mal tendrá trascendencia pública porque los falsos profetas no se limitan a desfogar sus pasiones sino que arrastran a las masas, ignaras e impresionables (cf. Eclesiastés 1, 15). Así el Viernes Santo, movido por el sacerdocio de Israel (Marcos 15, 10-11), gritó “crucifícale” (Juan 19, 15) el mismo pueblo que el domingo había dado por restaurado en Jesús el trono de David (Marcos 11, 10), proclamándolo Rey de Israel en nombre del Señor (Lucas 19, 38; Juan 12, 13). Así lo seducirá el Anticristo (II Tesalonicenses 2, 10 ss.) y no parará hasta que en el Templo lo miren como a Dios (II Tesalonicenses 2, 4) y la tierra entera lo adore a él (Apocalipsis 13, 12) y a su estatua (ibíd. 15). Pero el contexto muestra que aquí es otro el problema: el pueblo no alaba a esos impíos afortunados, como hace con los falsos profetas (Lucas 6, 26), sino que admira su prosperidad precisamente porque se percata de que son impíos (versículo 12). El problema que plantea Asaf está en la reflexión que esta prosperidad sugiere al pueblo escandalizado (versículos 11-14), el cual naturalmente tiende también a imitarlo “para llenarse de la misma abundancia” (Puniet). Tal es el sentido general de los LXX y la Vulgata, conservado por otros (cf. Ubach) y que coincide con Malaquías 3, 13 ss.

* 11 s. Si la prosperidad de los impíos constituye una tentación para muchos, es porque no advierten que los juicios de Dios son eternos. Si la caridad del Padre celestial lo mueve a detener el castigo, según Él mismo nos lo dice en Sabiduría 11, 20-26; 12, 1-27; Romanos 3, 28 s.; II Pedro 3, 9; Apocalipsis 6. 10 s., ¿nos quejaremos acaso de que Él sea demasiado bueno? “¿Quién eres tú, dice San Pablo, para juzgar al que es siervo de otro?” (Romanos 14, 4). La sabiduría está, pues, como lo enseña el sapientísimo Salmo 36, en conservar la serenidad, fundada sobre la segura confianza en Dios, sin alterarse frente a la iniquidad ostentosa. “Vi al impío… como un cedro… pasé de nuevo y ya no estaba” (Salmo 36, 35 s.).

* 15. Como ellos (así el nuevo Salterio Romano), es decir, como el pueblo en los versículos 11-14. Otros ponen los versículos 13 y 14 en boca del mismo salmista. De todos modos ello es para él también una tentación (cf. versículo 21 s.), contra la cual se defiende “fuerte en la fe” (I Pedro 5, 9; cf. II Reyes 11, 15 y nota), como digno “hijo” que no puede desconfiar de su Padre aunque no entienda a veces sus designios.

* 16 ss. Difícil: Humanamente; a continuación se aclara el misterio.

* 20. Tú, Señor: así el nuevo Salterio Romano. Según otros se aludiría sólo a los mismos impíos que al despertar ven la falacia de lo que soñaron. En realidad bien sabemos que Dios no dormía sino en apariencia. Cf. Salmo 77, 65, donde Él parece despertarse “como un gigante adormecido por el vino”.

* 21 s. ¡Cuán fácil es ver claro después que se va la tentación! Lo importante es dejar que pase el mal momento “en quietud y confianza” (Isaías 30, 15) “no agitando el espíritu durante la oscuridad” (Eclesiástico 2, 2). De ahí sacó San Francisco de Sales su famosa comparación de las tentaciones con las abejas, que no pican sino al que se alborota. Cf. Salmo 36, 5; Lamentaciones 3, 22-26; Santiago 5, 13.

* 24. Por tu consejo: Véase sobre este magisterio de Dios Salmo 70, 17 y nota.

* 25. Glosando este bellísimo versículo, dice Fray Luis de León: “Porque si miramos lo que, Señor, sois en Vos, sois un océano infinito de bien; y el mayor de los que por acá se conocen y entienden es una pequeña gota comparado con Vos, y es como una sombra vuestra, oscura y ligera. Y si miramos lo que para nosotros sois y en nuestro respeto, sois el deseo del alma, en quien hallamos descanso y a quien, aun sin conoceros, buscamos en todo cuanto hacemos.” Cf. Salmo 15, 2. San Pablo revela que Dios saciará esta doble ansia nuestra en Cristo “reuniendo en Él las cosas del cielo y las de la tierra” (Efesios 1, 10).

* 27. Se prostituyen: Es decir, cometen adulterio espiritual, idolatría. “Reposarse y juntarse el espíritu en cualquier otra cosa fuera del orden divino, dícese y es una fornicación espiritual” (Sto. Tomás). Cf. Santiago 4, 4; Apocalipsis 18, 3.

* 28. He puesto, etc.: Cf. Salmo 9, 15 y nota. El Señor Dios: Muchos traductores sólo leen: el Señor porque así lo indica el ritmo. Como vemos, el presente Salmo es una verdadera medicina espiritual para alegrar nuestro ánimo, según lo hizo con el propio salmista que empezó esta meditación con la mayor inquietud y la terminó lleno de consuelo divino.

* 1. Sobre el título véase el Salmo 31, 1 y nota. Las opiniones sobre el origen de este Salmo varían, como en muchos otros, porque no se conocen circunstancias históricas que coincidan con él. Los que lo suponen compuesto inmediatamente después de la destrucción de Jerusalén por los babilonios (587 a. C.) tropiezan con los versículos 8 y 9 sobre las sinagogas y sobre la falta de profetas, pues en aquel tiempo clamaba Jeremías en Jerusalén y Ezequiel en Babilonia (cf. Jeremías 30, 3 y nota); y los que proponen aplicarlo a la persecución de Antíoco Epífanes en tiempo de los Macabeos, no explican la amplitud de la devastación (versículos 3-7). Teodoreto, “cuyas observaciones sobre Nabucodonosor y Antíoco no parecen desprovistas de fundamento” (Calès), veía la solución en considerar que el Salmo encierra, como tantos otros, una visión profética y alude a la destrucción de Jerusalén por Tito (año 70 d. C.) en que el abandono de Israel pareció ser “para siempre” (versículo 1; 76, 8). Cf. Daniel 9, 27; Romanos 11, 11 y 25 s. La primera parte tiene una emocionante descripción de la ruina del Templo; en la segunda, empero, trae motivos de esperanza en la salvación del pueblo predilecto (cf. Salmo 79, 5 y 18). En Isaías 64, 9-12 hay un lamento semejante al de este versículo y Dios le responde en el capítulo 65.

* 2. Tu grey: El pueblo de Israel (cf. Salmos 78, 13; 99, 3; 94, 7; Jeremías 23, 1, etc.). Hiciste tuya… tu herencia: Cf. Salmos 77, 54; 79, 16; Éxodo 15, 16; Deuteronomio 33, 6; Isaías 63, 9 y 17; Jeremías 10, 16; 51, 19. El monte Sion: Cf. Salmos 67, 17; 131, 13, etc.

* 3. Dirige tus pasos: Algunos vierten: el escabel de tus pies y dicen que “éste es aquí el templo, como en Salmos 98, 5; 131, 7; Isaías 60, 13; Ezequiel 43, 7; o bien toda Jerusalén, como en Lamentaciones 2, 1” (Vaccari). Cf. Mateo 23, 39 y nota.

* 4 ss. Sobre esta dolorosa elegía véase Salmos 78 y 79; 88; 131, etc.

* 6. Sus puertas: Así el nuevo Salterio Romano. Prado traduce: “sus entalladuras.”

* 9. Nuestras señales: Dos prodigios que Dios hacía en todo tiempo a favor de su pueblo (cf. 64, 9 y nota). Así lo pide también la gran oración del Eclesiástico (Eclesiástico 36, 6). Sobre estos prodigios cf. Salmo 77, 4 ss. Algunos, en vez de señales, vierten “enseñas”: cf. Oseas 3, 4. “Ya no hay profeta”: Véase el citado texto de Oseas; Amos, 8, 11 ss.; etc.

* 12 ss. Nuestro Rey: Así los LXX. La esperanza que anima al salmista estriba en la grandeza del Dios de Israel, que obró siempre maravillas a favor de su pueblo (versículo 9 y nota) y en las promesas que le tenía hechas desde antiguo. Cf. versículo 20; Lucas 1, 70.

* 13 s. Alusión al paso del Mar Rojo y al castigo de Egipto (Éxodo 14, 21). Cf. Isaías 27, 1; 51, 9; Ezequiel 29, 3; 32, 2.

* 15. Hiciste brotar: Recuerda las aguas milagrosas del desierto (Éxodo 17, 6; Números 20, 8; Salmo 77, 15). Secaste ríos perennes, por ejemplo, el Jordán (Josías 3, 14 ss.).

* 19. Tu tórtola: Israel (Cantar de los Cantares 2, 14). Cf. Salmo 78, 2. Tus pobres: Cf. Salmos 9, 19; 67, 11.

* 20. Tu alianza: La antigua existente (Génesis 17, 7 s.; Levítico 26, 44 s.) y la nueva prometida (Jeremías 33, 21). Cf. Salmos 104, 8 y nota; 105, 45 ss.

* 21 ss. Todo el Salmo es, como se ve, una invocación que no ha perdido actualidad y que nos sirve también a nosotros para recurrir al Señor en tiempos de impiedad como los que vivimos (véase el lamento de Elías en III Reyes 19, 10 ss.). Los dos Salmos que siguen describen el triunfo de Dios y son como la respuesta a esta apremiante oración del salmista por Israel. Cf. Salmos 78, 79 y 82.

* 1. Sobre el epígrafe véase Salmo 56, 1 y nota. Este Salmo, rebosante de fe y entusiasmo, enaltece la justicia y el poder de Dios, que castiga a los malvados y cambia la suerte a favor de su pueblo. “Su color mesiánico escatológico es marcado” (Páramo) y algunos, como observa Ubach, lo consideran como una respuesta al “¿hasta cuándo?” del Salmo precedente versículo 10.

* 3 s. En los versículos 3 y 4 habla directamente Yahvé, quien consuela al justo recordándole que Él obrará, pero a su tiempo. Véase a este respecto Mateo 24, 42 44; Marcos 13, 32 y notas. El Salmo 2, 8 parece atribuir al Mesías la iniciativa y lo mismo Daniel 7, 13 y Apocalipsis 5, 7. Cf. Apocalipsis 12, 5; Salmo 72, 11 y nota; 101, 14; Isaías 60, 22; Malaquías 3, 17; Hechos 1, 7, etc. Ahora es todavía el “tiempo favorable”, de la reconciliación (Salmo 68, 14; Lucas 4, 16 ss.). Entonces será el día de la venganza (Isaías 61, 1 s.).

* 5. Vuelve a hablar el salmista para prevenir a los soberbios antes que Dios cumpla lo que dice en el versículo 11, donde Él vuelve a tomar la palabra.

* 8. Abate y ensalza a quien Él quiere y tanto a los individuos como a los reinos (cf. Salmo 109, 5 s.; 147, 9; I Reyes 2, 7-10; Daniel 2, 21), pues no debe a nadie cuenta de sus actos (cf. Romanos 9, 14-23). En cuanto a los primeros, Él se ha dignado hacernos saber que los que se hacen pequeños como niños, ésos serán los ensalzados. Y lo mismo sucederá con las naciones: cf. Mateo 20, 13 ss.; Santiago 4, 12; Lucas 1, 48-53; 18, 34; Isaías 51, 9; Salmo 32, 10 y 22, etc.

9. El cáliz es símbolo del castigo de Dios. Cf. Apocalipsis 14, 10; 16, 19; Isaías 51, 17-22; Jeremías 25, 15-17; Ezequiel 23, 31-33. Continúa el sentido del versículo 8: de Israel, que lo bebió antes (Salmo 59, 5), el cáliz pasará a las naciones (Fillion). Cf. Romanos 11, 17-24 y 30-32; Jeremías 25, 28 s. “Las heces (los desechos) al fondo de la copa son figura de los últimos tiempos y de una justicia que ya no tendrá misericordia” (Anónimo francés). Cf. Apocalipsis 10, 6 s.

* 1. Este Salmo es como una continuación del anterior. Los LXX añaden al epígrafe: “sobre el asirio” que en los oráculos proféticos como el presente simboliza a las naciones de la gentilidad, siempre opresores de Israel (Isaías 5, 25 y nota). La cautividad de Asiria en que cayeron las 10 tribus del norte fue el comienzo de la dispersión de Israel entre las naciones (IV Reyes 17, 6). Aunque pudiera haber sido cantado por la victoria sobre Senaquerib, rey de los asirios, en 701 (IV Reyes 19, 35; Isaías 37, 36 s.), opinión que no comparte San Agustín ni los críticos modernos. El Salmo tiene carácter mesiánico y escatológico (Goma, Dom Puniet, Vaccari, Scío, etc.). San Roberto Belarmino no duda de que en su más alto sentido predice la victoria de los justos contra sus enemigos visibles e invisibles. “El salmista entrevé, a través de la victoria contra Assur, los triunfos mesiánicos sobre todo el universo. Ninguna razón seria, aquí sobre todo, favorece la hipótesis macabea, que fue para algunos una especie de obsesión, de la cual ya se ha vuelto” (Calès). Cf. Salmos 79, 1; 82, 9.

* 2 s. Véase Salmos 47. 2; 64, 2; Ezequiel 40, 2 y notas. Salem es Jerusalén, que significa (visión o ciudad de) paz.

* 4. “Rompió las armas enemigas, reduciéndola a la impotencia y puso fin a las guerras (cf. Salmo 45, 9 ss.; Isaías 2, 4; Oseas 2, 8; Zacarías 9, 10; Ezequiel 39, 9 )” (Vaccari).

* 5. Desde los montes eternos: Cf. versículo 3; Salmo 67, 18 y nota. Sobre este versículo y los siguientes hace notar Calès que “la simple venida de Yahvé ha acabado con sus enemigos”. Cf. Isaías 11, 4; Daniel 7, 11; 8, 25; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 15 y 20. Majestuoso, sustantivado. Otros expositores: Poderoso, esto es, no ya débil niño como en Belén. Cf. Isaías 9, 6; II Tesalonicenses 1, 10.

* 6 s. Suprema humillación de la soberbia fuerza humana. Cf. versículo 4; Ez, 38 y 39; Apocalipsis 19, 11 ss. y notas.

* 9 ss. Desde el cielo, etc.: Cf. Apocalipsis 14, 14 ss. A juicio (versículo 10): Salmo 9, 8 s.; Isaías 2, 19 ss.; 31, 7 ss.; 32, 1 ss.; Hababuc 2, 20; Apocalipsis 6, 16. A todos: La amplitud universal del concepto sobrepuja a un simple acontecimiento histórico (cf. Salmos 64, 6; 71, 2 y nota; Isaías 11, 4; Sofonías 2. 3).

* 11. El nuevo Salterio Romano ha adoptado sabiamente la misma lección que Schmidt y otros modernos, rectificando las versiones que leían Adam (hombre) en vez de Edom (véase igual caso en Hechos 15, 17 y nota), y hemot (que se traducía por pensamiento o por ira), en vez de Hamath (Emat). Ambos son pueblos vecinos de Israel (versículo 12). Edom, la hermana pérfida de Israel, aparece la primera en ser castigada, pues cuando el Señor se muestra en las profecías pronto a juzgar a las naciones, viene del Monte Farán en Idumea (Hababuc 3, 3) y tinto en sangre de Bosra (Isaías 63, 1). Cf. Salmo 59, 11; Apocalipsis 14, 18-20; 19, 13-15. Emat (o Hamat), ciudad y reino de la Siria.

* 12 s. Traigan ofrendas: Cf. versículo 3; Salmo 67, 18 y 30. Al Temible: Cf. Salmos 46, 3; 109, 5. etc.

* 1. Sobre Iditún véase Salmos 38, 1 y 61, 1. En su primera parte este Salmo refleja los sentimientos de Israel gravemente afligido basta que con el versículo 11 cambian el estilo y el pensamiento, y el salmista se siente consolado por el recuerdo de los prodigios del amor y la bondad de Dios para con su pueblo. De ahí que “todo el Salmo conviene a maravilla en los momentos de angustia, para buscar la serenidad y volver a hallarla: las consolaciones pasadas son garantes de las futuras para aquel que ora del fondo del corazón” (Calès).

* 4. Tengo que gemir: Esto es, parecería que su espíritu se sentía con ello más deprimido aun, y es porque no se abría con Él en franca amistad filial, pues lo estaba juzgando, como se ve en los versículos 8 ss. Cf. Sabiduría 1, 1 y nota. En cambio, si cavilo, es decir, si trato de explicarme por mis propias reflexiones el misterio, con prescindencia de Dios, entonces llego a la desesperación al comprobar la impotencia de mi pobre mente humana.

* 8 ss. En el pasado había hecho Dios grandes milagros en pro de Israel. ¿Por qué ha cesado ahora su auxilio? ¿Acaso se ha olvidado de su pueblo? Tal es la angustiosa pregunta que brota de los labios del salmista afligido, como en Salmos 73, 1 y 88, 50. Sin embargo vuelve pronto a confesar su confianza en el Señor (versículos 12 ss.), sabiendo que nada le duele tanto como el que dudemos de su amor y misericordia para con nosotros. Cf. Mateo 6, 30; 8, 26; 14, 31, etc. También .a nosotros se nos plantea el mismo problema. A él se alude en II Pedro 3, 4-9.

* 10. El Catecismo Romano (IV, Primera petición del Pater noster) cita este versículo con Hababuc 3, 2 y Miqueas 7, 18, y agrega: “En el momento en que nos creemos perdidos y absolutamente abandonados de Dios, es precisamente cuando Él nos busca con una bondad infinita y está cuidando de nosotros. Aun en su ira detiene la espada de su justicia y sigue derramando sobre nosotros los tesoros de su misericordia inagotable.” Cf. Salmo 77, 37 y nota.

* 11 ss. Tentación semejante a la del Salmo 72. Para ahuyentar esa desconfianza, el salmista se pone a recordar los mil favores recibidos (cf. Salmo 70, 20 y nota), especialmente por su pueblo (Salmos 77, 104, 105 y 106). El versículo 11 es citado en Denz. 188 según la Vulgata, donde ese cambio se entiende no de una mudanza operada en Dios, sino a la inversa, hecha por Dios en el salmista alegrando su espíritu abatido hasta ese momento.

* 16. Jacob y José: Suelen entenderse como si dijera Judá y Efraím, representando ambos reinos el de Judá y el de Israel, en el cual Efraím, hijo de José, tenía la preponderancia (véase Salmo 79, 9 y nota). Pero mejor quizá puede entenderse de José, en cuanto salvador de sus hermanos, pues fue como un nuevo padre para los hijos de Jacob en Egipto.

* 17 ss. Evocación viva de la salida de Egipto y del paso del Mar Rojo, después de la esclavitud en que habían caído allí los israelitas. Cf. Éxodo capítulos 14-15; 19, 16-18.

* 18 s. Tus dardos: Los rayos. Del versículo 19 (Vulgata) está tomado el Introito de la Misa de la Transfiguración. El texto latino del nuevo Salterio Romano ha vertido este pasaje en latín con acento clásico y bello lirismo virgiliano. San Agustín, en sentido alegórico lo aplica como si fuese una profecía de la conversión de la tierra por la predicación del Evangelio.

* 21. Tomado de Números 33, 1. A menos que se haya extraviado el resto de la estrofa, el salmista parece detenerse de golpe ante este recuerdo (cf. Salmo 77, 1 y nota). ¿A qué seguir? Ya ha sido escuchado (versículo 2) y ha sustituido su amarga tentación por una confianza inquebrantable en el Dios de Israel, “cuyos dones y elección son irrevocables” (Romanos 11, 28 s.). Cales hace notar que se ignora la fecha y ocasión del Salmo y refuta una vez más el empeño de referirlos todos al tiempo de los Macabeos (cf. Salmo 75, 1 y nota).

* 1. s. Como un eco superabundante del Salmo anterior, todo el presente cántico, lo mismo que el de Moisés (Deuteronomio 32) y los Salmos 104, 106, etc., es una síntesis de la historia del pueblo israelita. El salmista la llama parábola y cosa recóndita, porque, los acontecimientos históricos de Israel nos muestran, como aquí, los misterios del Corazón de Dios, manifestados por su Providencia (cf. versículos Salmo 22, 23 y sus notas; Efesios 3, 9 s.; Romanos 16, 25; Colosenses 1, 26; I Pedro 1, 20) y encierran enseñanzas profundas para las generaciones venideras (véase también Nehemías 9, 6 ss.; Hechos 7). En la historia de ese pueblo está prefigurada la de todos los pueblos y de todos los hombres. San Mateo (13, 35), tomando el versículo 2 en sentido profético, señala su cumplimiento en las parábolas de Jesús. “Escucha” (otros vierten: “estate atento”): Esta palabra es siempre el paternal llamado de Dios a su pueblo. No va a pedirle nada ni a ordenarle cosas duras: sólo quiere que le preste atención para que comprenda hasta dónde lo ha amado. Cf. versículo 7; Deuteronomio 6, 4; Jeremías 7, 23 ss. y notas.

* 3 ss. Esta tradición de padres a hijos es cosa muy amada de Dios, siempre que perpetúe las cosas dichas por Él. Cf. Éxodo 12, 26 s.; 13, 8 y 14; Deuteronomio 4, 9 s.; 6, 7 y 20; 11, 19; Josías 4, 6 s.; Joel 1, 3, etc. Vemos también que según los apóstoles se continúa ese espíritu patriarcal que hace de los padres y madres los maestros naturales de sus hijos (versículo 5) para hacerles conocer a Dios y a su Palabra, así como también el marido a la mujer (véase I Timoteo 3, 15 s.; II Timoteo 1, 5; I Corintios 14, 35; I Pedro 3, 1. Cf. Proverbios 22, 6; Eclesiástico 25, 5, etc.). En cambio Jesús dice todo lo contrario cuando se trata de las tradiciones humanas, a causa de las cuales son olvidados los mandamientos de Dios. Cf. Mateo 15, 6 ss.; Marcos 7, 7; Gálatas 1, 12 y 14; Colosenses 2, 8; Tito 1, 14.

* 5 ss. Que conozcan lo que es Dios, en su bondad, para que pongan en Él su esperanza y su confianza (versículo 7) y de ese modo, es decir con amor de hijos, cumplan la divina voluntad: tal es el plan de Dios que se manifiesta en toda la Escritura y que Jesús resume en Juan 17, 26.

* 8. Estos epítetos sobre la rebeldía y dureza de Israel contra el Dios amante que quería ser su maestro (Deuteronomio 32, 12; Isaías 54, 13; Salmo 70, 17; Jeremías 31, 34), se repiten muchas veces en la Sagrada Escritura. Cf. lo que dice Moisés sobre este pueblo en Deuteronomio 32, 5. Véase también la advertencia que San Pablo nos hace para que no corramos la misma suerte que ellos (Romanos 11, 17-24).

* 9. Los hijos de Efraím, la tribu más poderosa en los tiempos de la conquista de Canaán. Josué era oriundo de esta tribu, pero no rebelde como ella. Volvieron las espaldas: no en sentido de huir de los enemigos por cobardía, pues eran los más guerreros (cf. Jueces 8, 1 ss.), sino porque, a pesar de serlo, no quisieron destruir a los cananeos de Guécer (Jueces 1, 29) y habitaron con ellos como las demás tribus, quebrantando así el pacto con Dios (versículo 57). Él les echó en cara esto (Jueces 2, 1 ss.) y en castigo dejó subsistir a aquellos pueblos para que sirviesen de tentación de Israel (Jueces 3, 1 ss.). No se trata aquí, pues, del pacto violado según se indica en IV Reyes 17, 13-15 al narrar la caída del reino del Norte, pues allí se alude a ambos reinos, en tanto que aquí se habla especialmente de Efraím como tribu (versículos 9-11; 67-72), y no como nombre extensivo a las diez tribus de Israel por oposición a Judá (versículo 67 s.), según se usa por ejemplo en Ezequiel 37, 16 ss. Cf. Salmo 76, 16 y nota. También era de la tribu de Efraím, Jeroboam, el que se rebeló contra la casa de David (III Reyes 12, 25 ss.; II Paralipómenos 10, 16), pero este cisma, origen sin duda de que el nombre de Efraím se extendiese a las diez tribus, fue después de la muerte de Salomón y este Salmo es de Asaf el gran contemporáneo de David, y habla de hechos antiguos.

* 12. Tanis (cf. versículo 43), capital de los faraones de Egipto en tiempos de Moisés, escenario de los acontecimientos relatados en Éxodo capítulos 5-11. Cf. Isaías 19, 11 y 13; 30, 4.

* 13 s. Recuerda el paso del Mar Rojo y la nube que guiaba a Israel (Éxodo 14, 22 y 13, 21).

* 15 s. Cf. Éxodo 17, 6; Números 10, 1 ss. y Salmo 104, 41, donde se refiere el prodigio de las aguas sacadas de la roca.

* 17. Lo propio del hombre es la ingratitud (versículo 32, etc.) y todos somos así. La explicación se encuentra en el versículo 22.

* 18 ss. Recuerda el maná del desierto y luego el milagro de las codornices (versículos 26 ss.). Cf. Éxodo 16, 2 ss.; Números 11, 4-23. El hablar mal de Dios (versículo 19) consistía en desconfiar de su bondad (cf. Sabiduría 1, 1).

* 21. Fuego: El de la cólera divina (Números 11, 1).

* 22. Nótese cómo no se habla precisamente de los pecados contra la Ley sino de la falta de fe confiada, porque de esta falta proceden los demás pecados. Es toda la economía del Cristianismo: de las virtudes teologales proceden, por obra de la gracia, las virtudes morales (Gálatas 5, 6). De aquí que para reformar las costumbres hemos de empezar por dar a conocer el Corazón de Dios, predicando su Palabra, que es la que engendra la fe (Romanos 10, 17) y le hace dar frutos (Mateo 13, 1-23; II Timoteo 3, 16 s.; Salmos 1, 2 s.; 118, 11, etc.).

* 23 ss. Véase Éxodo 16, 13-21; Números 7-9.

* 25. Pan de fuertes: Otros vierten: Pan de ángeles: el maná, figura del pan bajado del cielo que es Cristo. Cf. Juan 6, 32 ss.; I Corintios 10, 3.

* 26 ss. Véase Éxodo 16, 13; Números 11, 31-35. (Ábrego: viento sur).

* 29. Lo que habían deseado: Para su mal. ¡Tremenda forma de castigo que debe hacernos temblar antes de quejarnos de Dios! Cf. Salmo 80, 13 y nota.

* 30 s. Y aquel lugar fue llamado sepulcro del deseo (Números 11, 33; 33, 17), en recuerdo de que la ira de Dios se encendió contra la desconfianza de su pueblo y su pretensión de saber mejor que Él lo que les convenía. ¿No fue acaso semejante el pecado de Adán y el de Babel? ¿No fue igualmente torpe y desconfiada la actitud de los hombres, incluso de los discípulos, cuando Jesús les anunció que su Cuerpo es comida y su Sangre es bebida? (Juan 6, 53 y 61). Por lo demás, la necesidad de castigo sigue viéndose en los versículos 32, 41, etc.

* 34. San Agustín observa ya que el pueblo de Israel, que siempre vuelve a rebelarse contra Dios, es figura del hombre de todas las edades y tiempos. ¡Si al menos reconociéramos nuestra miseria! Ello bastaría para que Dios se apresurase a perdonar (cf. Lucas 15, 20; Juan 6, 37).

* 36 s. Cf. esta misma queja en boca de Jesús (Mateo 15, 8 citando a Isaías 29, 13).

* 38. Patente contraste entre lo que somos nosotros y lo que es Él (Salmo 76, 10 y nota). “La justicia, dirigida hacia la purificación de las personas y de los pueblos y para atraerlos hacia sí, siempre sigue estando por debajo de la justicia del padre, inspirado y dominado por el amor” (Pío XII).

* 39. “¡Por eso, porque el hombre es tan poca y endeble cosa, Dios se siente más inclinado a perdonarle!” (Manresa). Cf. Salmo 102, 13-14; Job 10, 9; Génesis 6, 3; 8, 21. Espiritualmente este texto aplicado al soplo del Espíritu Santo (cf. Salmo 103, 29 s.) nos hace entender mejor la palabra de Jesús en Mateo 26, 41. Si lo único que puede sostenernos es el espíritu, no siendo éste cosa nuestra sino prestada, resulta evidente la necesidad de buscarlo y pedirlo constantemente por la oración a Dios y la meditación de su Palabra (Salmo 62, 9; Lucas 11, 13; Santiago 1, 5 y 21).

* 41. El Santo de Israel: el mismo Dios.

* 42 ss. Descripción de las plagas de Egipto (Éxodo capítulo 7 ss.), asombrosa manifestación del amor de Dios a su pueblo, amor que después del abandono de Israel por su incredulidad (Hechos 28, 25 ss.; Romanos 11, 20) se mostrará una vez más en los últimos tiempos (Isaías 63, 4 ss.; Joel 3; Romanos 11, 23-31, etc.).

* 44. Primera plaga. El versículo 45 recuerda la 4ª y la 2ª; el 46 la 8ª; el 47 la 7ª; el 48 la 5ª; el 49 la 9ª; el 50 la 6ª. No se menciona la tercera plaga: los mosquitos (Éxodo 8, 16 ss.) quizá por comprenderla en la de las moscas (versículo 45 a).

* 48. Así Rembold. Cf. Calès.

* 49. Ejecutores de calamidad. Otros: ángeles malos. Véase Sabiduría 18, 15 y nota. Cf. Apocalipsis 7, 1 ss.; 9, 14 s.; 15, 1, etc.

* 50. Para la traducción cf. Rembold y Calès.

* 51. Cam, hijo de Noé, es, según el Génesis (10, 6), progenitor del pueblo de Egipto, que en hebreo es llamado Misraim. Primicias del vigor se llama a los primogénitos (Génesis 49, 3; Deuteronomio 21, 17). Cf. Salmo 126, 4.

* 52 s. Notemos el amor y ternura que pone Dios en esta expresión. Cf. Isaías 63, 9-14; Salmos 76, 21; 79, 2; Oseas 12, 13, etc.

* 54 s. Los montes (quizá: los límites). Se trata de toda la Palestina (Josías 13, 7), región montañosa (cf. Éxodo 15, 17). Su diestra, no el esfuerzo de Israel. Véase los admirables pasajes del Deuteronomio 7, 7-24; 9, 1 ss.; Salmo 67, 6-13 y notas. Expulsó a los gentiles (versículo 55): Véase Salmo 79, 9; Sabiduría 12, 6. Son incontables los casos como éste en que Dios hace ostentación de su amor y preferencia por el pueblo escogido (Deuteronomio 32, 8 ss.; Salmo 104, 14 y 44, etc.). Repartió la heredad: Cf. Josías 13, 6; 17, 1 ss. Cf. Ezequiel 47, 13-23.

* 57. Fallaron como un arco torcido: Para notar la elocuencia de esta figura obsérvese que se trata aquí nuevamente de los efraimitas, hábiles arqueros (versículo 9). Ellos tuvieron en su tierra el honor de poseer el Tabernáculo (versículo 60).

* 58. Lugares altos: En los collados hacían culto idolátrico a manera de los cananeos (cf. Deuteronomio 12, 2; Levítico 26, 30). Todos los profetas tuvieron que luchar más tarde contra ese culto en los lugares altos.

* 60 s. El Tabernáculo, su Morada (cf. Jeremías 7, 12), había sido puesto en Silo (tribu de Efraím) en tiempo de Josué (Josías 18, 1). El Arca de la Alianza, llamada su fortaleza y su gloria (versículo 61), cayó en poder de los filisteos (I Reyes 4, 4 y 11) y no regresó más allí, donde había estado instalada en tiempo de los Jueces (I Reyes 4, 21). Cf. Ezequiel 41, 26.

* 63. No fueron desposadas: Porque los jóvenes habían perecido.

* 65. Es Dios mismo quien se aplica este símil de asombroso vigor para mostrarnos el celo con que defiende a los suyos (cf. Lucas 1, 71; Juan 10, 28-30 y nota).

* 66. Alusión a la enfermedad vergonzosa que sufrieron los filisteos mientras el Arca estaba en su territorio (I Reyes 5).

* 67 s. Dios eligió el monte Sión como sede del Tabernáculo, en señal de la preponderancia de Judá sobre Efraím. Cf. versículo 9 y nota; Salmos 67, 17 y 28; 79, 2; 80, 6; 86, 3; I Paralipómenos 28, 4; Amos 9, 11; Hechos 15, 16 s.

* 69. Cf. Salmos 88, 30; 148, 1 y 7; Isaías 65, 17; 66, 22; Efesios 1, 10; II Pedro 3, 13, etc.

* 70 ss. Véase la admirable elección de David, figura de Cristo: ¡Era “el más pequeño” y apacentaba ovejas! Véase I Reyes 16, 11 ss.; II Paralipómenos 6, 6; II Reyes;, 2; 7, 8 (cf. Amos 7, 15; Lucas .5. 10); Ezequiel 34, 23; 37, 24 s,; Miqueas 7, 14; Salmos 88, 21; 131, 11 ss.; Eclesiástico 45, 31; 47, 2 ss.

* 1 ss. Según la opinión más común entre los exégetas católicos, este Salmo, como el 73, deplora la suerte del Templo y de la Ciudad santa hollada por los gentiles y la humillación del pueblo hebreo, que dura hasta hoy según lo anunció Jesús (Lucas 21, 24). Y así como en los Salmos 74 y 75 Dios responde a ese lamento con las promesas de restauración, así también el Salmo 79 contiene la esperanza de ésta. La atribución al tiempo de los Macabeos ha sido abandonada, como en tantos otros Salmos, pues éste ya se recitaba entonces como más antiguo (cf. I Macabeos 7, 17, que cita los versículos 2 s.) y se reconoce que la destrucción de la ciudad por Antíoco no fue tan grave como lo que aquí se menciona. San Atanasio y otros veían en éste un Salmo profético del tiempo de David, y la liturgia judía lo recita aún cada viernes junto al Muro de las Lamentaciones, último recuerdo del Templo desaparecido desde la destrucción de la ciudad por Tito, que Jesús anunció en Mateo 24. Un montón de ruinas: Cf. Salmo 73, 2 y 7; Isaías 1, 8; 63, 18 s. y 64, 1; Jeremías 51, 51; Ezequiel 25, 1 ss. y nota.

* 5. Cf. Salmos 70, 5; 73, 1; 77, 21; 84, 6; 88, 47.

* 6 s. La profecía de Jeremías, lamentando la desolación de Jerusalén, termina con estas mismas palabras (Jeremías 10, 25). La edición vaticana de Gramática cita aquí muy a propósito la oración de Eclesiástico 36 y II Tesalonicenses 1, 8, que muestra cómo será en los últimos tiempos esa venganza de Dios sobre los que no lo conocieron. Cf. versículo 10 y nota.

* 8 s. Expresión de humildad poco común en nuestro tiempo (cf. Salmo 38, 13 y nota); es un verdadero acto de contrición colectiva (Lamentaciones 3, 42 y nota). Cf. Isaías 64, 9 ss. Por la gloria de tu Nombre (versículo 9): En Salmo 53, 8 y nota vimos el significado de esta gloria.

* 10 ss. La venganza: Para defender este pasaje contra los que se escandalizan de él, un exégeta protestante se ha fundado en que “los salmistas eran hombres” y en la injusticia y brutalidad sufridas por el judaísmo. La explicación es puramente humana y poco sobrenatural, como si la oración de este Salmo y de tantos otros análogos no fuese inspirada. Mejor lo explicaba ya San Agustín diciendo que no desea el salmista que vengan males sino que presagia la ineludible acción de la justicia y vaticina las cosas futuras. En efecto, los profetas anuncian muchas veces tal venganza (cf. Joel 3, 1 ss.) y en Apocalipsis 6, 10 y 19, 2 encontramos igual expresión, acompañada esta vez de júbilo en el cielo. Los que después de esto se escandalizasen, lejos de defender la Ley de Dios (cf. Mateo 5, 39-48; 18, 21 ss., etc.) estarían juzgando a Dios, lo cual es una soberbia que Él no tolera a pesar de ser tan bueno con los demás pecadores. Septuplicado (versículo 12): Cf. Génesis 4, 15 y 24; Levítico 26, 21 y 28; Proverbios 6, 31; Eclesiástico 7, 3; 40, 8, etc.

* 13. Ovejas de tu grey: Véase Salmos 94, 7; 99, 3. Cantaremos, etc.: “Como se hace en el Apocalipsis, se pedirá que el Salvador, para siempre victorioso, vengue sobre las potestades del mal la sangre de los que le dieron testimonio; y se hará buena justicia. Después de triunfar por un tiempo, el autor de todo mal será castigado y relegado para siempre al fondo del abismo y llegará el reinado de la paz y de la justicia” (Dom Puniet). Cf. Isaías 43, 21; Jeremías 23, 5; 33, 15 s.; Apocalipsis 6, 9-11; 20, 1-10, etc.

* 1. Acerca del epígrafe léase la nota al Salmo 44, 1. Sobre el contenido véase el Salmo 78, 1 y nota. Éste Salmo, como el anterior, es una apremiante oración “que pide a Dios socorro para la atribulada nación israelita en figura de una viña que plantó el mismo Dios (cf. Isaías 5, 1-7; Jeremías 2, 21)” (Vaccari). Arrancada del suelo de Egipto y trasladada al país de promisión, la abandonó el Viñador divino y la vendimian los transeúntes (Salmo 88, 42 ss.). Cf. Génesis 49, 22; Isaías 3, 14; 5. 5; Jeremías 12, 10 s. Muchos suponen que se trata aquí en particular de las diez tribus del norte, cautivas en Asiria (cf. v 2 y nota), pues el epígrafe en los LXX dice: Sobre los asirios. Es el caso del Salmo 75, 1. Véase allí la nota.

* 2 s. Pastor de Israel: Véase Génesis 48, 15: 49, 24. Cf. Salmos 21, 1; 73, 1; 77, 52. El nombre de Benjamín (tribu del reino de Judá) sorprende aquí entre los de Efraím y Manasés, hijos de José, cuyas tribus hacen pensar en el reino del Norte. Es posible que se trate de un agregado, tanto más cuanto que afecta al ritmo del verso. Mas no podría asegurarse, pues la restauración pedida en el Salmo (cf. versículo 4) comporta siempre, según los profetas, la reunión de las doce tribus. Cf. Isaías 11, 11-13; Jeremías 30, 3; Ezequiel 37, 15 ss. Véase Salmos 67, 26; 84, 2 y notas. El texto del versículo 3 es usado muchas veces en la Liturgia de Adviento para apresurar la venida del Señor. Cf. II Pedro 3, 12; I Corintios 16, 22; Apocalipsis 22, 17 y 20; Catecismo Romano I 8, 1 in fine.

* 4. Estribillo repetido varias veces (véase los versículos 8 y 20). “Por Rostro se entiende muy a propósito a Jesucristo, porque es la cara de Dios, esto es, imagen o figura especial del Eterno Padre” (Scío). Véase versículo 17; Juan 14, 9; Hebreos 1, 3; Sabiduría 7, 26. Cf. Isaías S9, 20 citado en Romanos 11, 26.

* 5. Contra la oración de tu pueblo: Así literalmente. Algunos proponen leer contra el resto de tu pueblo. Cf. Salmos 73, 1; 78, 5.

* 9. Tu viña: Cf. versículo 1 y nota. Arrojaste a los gentiles: Los pueblos cananeos. Cf. Salmos 43, 3; 77, 54 y nota.

* 12. Indica la extensión del reino que abarca los países desde el mar (Mediterráneo) hasta el río (Éufrates). Véase Deuteronomio 11, 24; cf. Ezequiel 47, 13 ss.

* 14. Jabalí: Uno de los enemigos más feroces de las viñas. Quizá es Asiria o Babilonia, que suelen tener en los profetas un sentido figurado (Isaías 5, 25; capítulos 12-14; I Pedro 5. 13. Cf. Jeremías 51, 8 e Isaías 21, 9 con Apocalipsis 14, 8 y 18, 2: Jeremías 51, 6 y 45 con Apocalipsis 18, 4; Jeremías 50, 29 con Apocalipsis 18, 6; Isaías 47, 8 con Apocalipsis 18, 7, etc.). Las bestias del campo simbolizarían, según Fillion, “los enemigos de Israel, sean próximos (como Edom, los árabes devastadores. etc.), sean lejanos como Asur” (cf. Ezequiel 25, 4 y nota). Otros, continuando la interpretación restringida al Norte, ven aquí a los pobladores trasplantados a Samaria en IV Reyes 17, 24 ss. El griego y la Vulgata vierten: “la fiera singular”, lo que haría pensar en Daniel 7, 7 s. Cf. Salmo 67, 31 y nota.

* 16 s. Texto inseguro. Algunos suponen que 16 b fue transportado por error del versículo 18 (véase allí la nota). Retoño o renuevo, lo mismo que pimpollo, es nombre del Mesías (Isaías 11, 1 y también 4, 2; 53, 2; Jeremías 23, 5; 33. 15; Zacarías 3, 8; 6, 12; cf. Mateo 2, 23), descendiente de Judá, lo cual, unido a lo que exponemos en las notas 1 y 18, dificultaría más la opinión de que este Salmo sólo aludiese a las diez tribus. Sobre tu Rostro (versículo 17), cf. versículo 4 y nota. Igual amenaza está anunciada al Anticristo (Isaías 11, 4; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 19, 21). Cf. versículo 14 b y nota.

* 18. El Hijo del hombre y Varón de tu diestra, lo mismo que retoño (cf. versículo 16 y nota), es el Mesías, como dice la Paráfrasis Caldaica y observan los santos Padres. Véase versículo 4 y nota; Daniel 7, 13; Mateo 24, 30; Apocalipsis 5, 5-7; Salmos 88, 21 ss.; 109, 1 ss.; Hechos 2, 34; 7, 55 s., etc. Joüon hace notar que esta designación que Cristo se da en Mateo 26, 64 y Marcos 14, 62 es visiblemente alusiva a Daniel 9, 13. Algunos opinan que el “varón de tu diestra” es Israel, y citan Deuteronomio 33, 12; pero, allí no hay tal nombre sino el de Benjamín, y éste tampoco significa eso, sino hijo de la diestra (Génesis 35, 18). En cuanto a Israel sólo es llamado “hijo” aludiendo a Efraím (Oseas 11, 1-3) e “hijo primogénito” con relación a toda la nación (Éxodo 4, 22), mas no “hijo del hombre”, título que, tomado por antonomasia, se entiende siempre del Verbo encarnado, lo mismo que el de “Varón de tu diestra” (Salmo 109, 1 y 5).

* 20. Vuelve una vez más el estribillo que, con los versículos 2 y 3, forma “como el resumen de este Salmo de espera: ¡Ven, oh Señor Jesús!” (Dom Puniet). La cuestión de la fecha del Salmo está lejos de haberse aclarado, pero no hay ninguna razón seria para pensar en la época macabea y, sólo por suposición algunos piensan en 722, año de la deportación de Efraím.

* 1. Acerca de la nota por el tono… los lagares, véase Salmo 8, 1 y nota. El rebosante júbilo de este Salmo manifiesta su carácter de himno recordatorio de las grandes maravillas de la salida de Egipto, aludiendo a la fiesta de los Tabernáculos (cf. Números 29, 12 y nota) y otras (cf. versículo 4 y nota), pues se entiende aquí todo el periodo del Éxodo que suele llamarse “día de la salida de Egipto” (Jeremías 7, 22 s.). Su fin es además didáctico: enseñar la fidelidad para con el Señor que ha colmado de bienes a su pueblo.

* 4. Novilunio: “La luna señala los días festivos… de ella ha tomado nombre el mes” (Eclesiástico 49, 7 s.). Cf. Salmo 103, 19 y nota. Aquí significa el primero del mes de Tischri, que se celebraba con solemnidad especial por ser el comienzo del año nuevo, y se llamaba Fiesta de las Trompetas (Números 29, 1; 10, 10; Levítico 23, 23-26). He aquí un punto de gran interés para la reforma del calendario, pues fue establecido por Dios (versículo 5).

* 5 s. Israel, Jacob y José: Parecen usarse aquí como sinónimos para significar a todo el pueblo de Israel. Cf. Salmo 79, 1 s. y notas.

* 6 ss. No se trata de que Israel oyese entonces la ignorada lengua egipcia. Es el salmista quien, hasta el fin del Salmo, va a trasmitir a su pueblo, como una profecía, la voz de Dios que él escuchó.

* 7. Libré: Es Dios quien habla y el salmista lo refiere; por eso se menciona al pueblo en tercera persona. Recuerda la servidumbre de Egipto, donde tenían que hacer trabajos propios de esclavos (Éxodo 1, 8-14; 2, 23-25).

* 8. Desde aquí hasta el final habla Dios directamente a su pueblo por boca del salmista. La nube tempestuosa alude a la aparición de Dios en el monte Sinaí (Éxodo 19, 9), Las aguas de Meribá (o de la contradicción): así se llama la célebre estación del desierto donde murmuraron los israelitas contra Dios por falta de agua (Éxodo 17, 1-7). Allí mismo fue donde Moisés incurrió en la única sanción de Dios que mereció en su santa vida (Números 20, 2-13), por culpa que el mismo Yahvé imputa al pueblo (Salmo 105, 32).

* 9. Admiremos la suavidad paternal de Dios: pudiendo mandar, suplica, y sólo impone preceptos para nuestro bien (cf. Salmos 24, 8; 48, 1; 77, 1; 94, 8 y notas).

* 10 s. Es el primer mandamiento (Éxodo 20, 3). “Abre bien tu boca” (versículo 11): Tan asombrosa benevolencia no puede sorprender de parte de un Padre para con sus hijos. Pero es necesario abrir bien la boca: desear, tener hambre, ponerse en estado de recibir. ¡Sólo pierde los dones de Dios el que los desprecia! (cf. Lucas 1, 53; Salmo 33, 11; Mateo 5, 6; Juan 4, 10; Salmo 32, 22, etc.). Israel cayó porque no tuvo esa hambre de las cosas de Dios y su apetito se abrió más al plato de lentejas de los paganos que a los privilegios de la primogenitura que Él le había dado (versículo 13 y nota).

* 12. Meditemos en la infinita amargura de este lamento divino. Es el mismo de Jesús en Juan 5, 40.

* 13. ¡No hay peor castigo que esa libertad que con tanto ahínco defendemos! (cf. Hechos 14, 15). El Señor los dejaba entregarse a sus vicios y concupiscencias como los paganos, cuyos “gimnasios” imitaron (I Macabeos 1, 15 s.; II Macabeos 4, 9 ss. y notas), de manera que cosechasen frutos muy amargos (Romanos 1, 28).

* 14 ss. Este anhelo y estas promesas que Dios formuló a Israel “muchas veces y de muchas maneras por los profetas” las repitió últimamente “por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo” (Hebreos 1, 1 y 2; Romanos 15, 8). Su desprecio y rechazo fue lo que hizo llorar a Cristo sobre Jerusalén porque ella no había conocido el tiempo de su visita (Lucas 19, 41-44; cf. Mateo 23, 39). Y todavía los apóstoles volvieron a reiterarle ese llamado (Lucas 13, 6 y nota): véase el gran discurso de San Pedro dirigido a Israel (Hechos 2, 12-26 y notas).

* 16. Los enemigos se someterían al Dios de Israel y entonces el pueblo escogido viviría para siempre en una paz y felicidad maravillosas. Trasciende aquí el reino mesiánico. Cf. Baruc 3, 13; Salmo 71, 7 y nota.

* 17. En sentido figurado, la Liturgia aplica al Pan eucarístico las palabras sobre la flor de trigo y pone este versículo en el Introito que se reza en la Misa del Santísimo Sacramento (Corpus Christi). Cf. Salmo 147, 3.

* 1. Este Salmo es, como el 57, un testimonio de la tremenda severidad con que han de ser juzgados los poderosos de la tierra. Dioses: Los príncipes y jueces como representantes de la autoridad divina (versículo 6). Cf. Éxodo 21, 6¡ 22, 7 s.; Deuteronomio 1, 17; Sabiduría 6, 4; Romanos 13, 1; I Pedro 2, 13.

* 4. La magistratura es como un sacerdocio. Véase Proverbios 24, 11; Sabiduría 1, 1. El que no tiene esa vocación debe alejarse del poder.

* 5. Dios interrumpe su apostrofe a los jueces (sólo en este versículo), para señalarnos, con toda su espantosa gravedad, la existencia y los efectos de esta ignorancia culpable y a veces voluntaria. Mil veces habla de ella la Escritura, como que es un sello del farisaísmo, falto de rectitud (cf. Salmo 35, 4 y nota; Juan 3, 19; 7, 17; Proverbios 2, 13; Eclesiástico 21, 12; I Juan 1, 6; 5, 20; Juan 12, 46, etc.). La calamidad que resulta de estas tinieblas, en que caen los que debieran ser luz para los demás, es tan grave que hace vacilar hasta los fundamentos de la tierra. Cf. Mateo 5, 13-16; 24, 11 s.; Jeremías 23, 1 ss.; Malaquías 2, 7 ss., etc.

* 6. Jesucristo cita este versículo (Juan 10, 34 ss.) para demostrar que tiene derecho a llamarse Hijo de Dios. ¡Hoy podemos serlo también nosotros gracias a Él! (Juan 1, 12; 20, 17; Gálatas 4, 5 s.; I Juan 3, 1; Romanos 8, 16-29, etc.). Pero ello será si la sinceridad de nuestra fe hace efectivamente de nuestro bautismo un nuevo nacimiento (Marcos 16, 16; Juan 3, 3; Romanos 6, 3 ss.; I Juan 3, 9; Colosenses 2, 12 y nota).

* 7. A pesar de su alta dignidad, los jueces y príncipes han de morir como los hombres ordinarios y serán juzgados y castigados con una severidad incomparablemente mayor. Véase Sabiduría 6, 6-8.

* 8. Como anota la nueva versión de Benziger, hay aquí una apelación a Dios para que asuma su autoridad como soberano sobre toda la humanidad. Bover-Cantera anota: “Parece hablar del Mesías, Juez que ha de gobernar toda la tierra.” “Que venga, dice Fillion, a ejercer la justicia, pues que los jueces de la tierra lo hacen tan mal.” Páramo ve igualmente aquí .a Cristo como Rey y Dueño de las naciones, a las que juzgará en su día. Cf. Salmos 79, 16; 95-98, etc. Los reyes y altos personajes llevarán la peor parte en aquel juicio supremo (Salmo 109, 5; Apocalipsis 19, 18), y los pobres la mejor (versículo 3 s.; Salmo 71, 2 y nota).

* 1 ss. Una confederación de pueblos que intentan borrar el nombre del pueblo de Dios y que llevan los nombres de los circunvecinos de Israel, con Asiría a la cabeza, es el objeto de este Salmo, que recuerda por su asunto el Salmo 2 y cuyo contenido se ha tratado en vano de ubicar históricamente, volviendo los autores a discutir entre los tiempos de los Macabeos (I Macabeos 5), los de Nehemías (Nehemías 4), etc. Calès hace notar, sobre los primeros, que ya no existían entonces tales pueblos, y sobre los últimos, que se trata de situaciones muy distintas de las que contempla el Salmo, observando que “Edom, Moab, los filisteos, los asirios, aparecen ya a los profetas como el tipo y el símbolo de esos enemigos por venir del futuro reino mesiánico”. Conviene también aplicar hoy esta plegaria del salmista a la iglesia de Dios rodeada, como aquí Israel. de adversarios poderosos, tanto humanos (Juan 15, 20 ss.; 16, 1 ss.; Mateo 10, 24, 24, 9, etc.) como diabólicos (I Pedro 5, 8; EL 6. 12; II Tesalonicenses 2, 4; Apocalipsis 13, 7; I Juan 2, 18 s., etc.). Cf. Salmo 73, 21 s. y nota.

* 6. Alianza contra Dios y su Cristo. Cf. Salmo 2, 2; 47, 5; Apocalipsis 16, 16; 19, 19; 20, 7.

* 7 ss. Los diez pueblos enemigos están al sur (idumeos, ismaelitas, amalecitas), al este (los agarenos, los hijos de Lot: Moab y Ammón), al norte (Tiro, Gebal, Asiria) y al oeste (los filisteos). Cf. Salmos 75, 1 y 11; 79, 1, etc. Es de notar la diferencia entre esta coalición de vecinos que, aprovechando la decadencia de Israel, procurarán instalarse en Tierra Santa con ayuda del Asirio (versículo 9), símbolo quizá de naciones más distantes (cf. Isaías 5,. 25 y nota), y la invasión de Gog anunciada en Ezequiel 38 y 39, que vendrá del Norte, con pueblos más lejanos (Ezequiel 38, 2-6; 39, 2 y notas), y encontrará a Israel ya reunido en su tierra (Ezequiel 38, 8-12), aunque no definitivamente hasta después de rechazada esa invasión (Ezequiel 39, 21-29).

* 10 s. El suplicante ruega a Dios renueve los castigos realizados en tiempo de los Jueces contra los enemigos de Israel (Jueces 4, 2; 5, 20 y 26).

* 12 s. Tratase de reyes de los madianitas vencidos por Gedeón. Cf. Jueces 7, 25; 8, 3 ss. Sobre el versículo 13, cf. Ezequiel 25, 4; Oseas 9, 3 y notas.

* 14 ss. Estas imágenes, tomadas de los fenómenos de la naturaleza, nos recuerdan que Dios emplea como azote de sus enemigos todas las fuerzas naturales. Véase Salmo 1, 4; Sabiduría 5, 21; Romanos 8, 19 ss. Cf. Salmo 67, 31; Isaías 10, 12-16; 17, 13, etc. Calès supone que los versículos 14 y 16 son glosas, pues alteran el ritmo de las estrofas. Véase la nota siguiente.

* 17 ss. Para que busquen tu nombre: otros: busquen la paz. Todo el pasaje, tal como está, es una imprecación semejante a las de Salmos 34, 4; 68, 28 s.; 69, 4, etc., y habría que interpretar: para que busquen vanamente, pues no puede pensarse en una conversión de los enemigos ya que según el versículo 18 perecerán confundidos para siempre (cf. Salmos 58, 14; 78, 10 ss. y nota; Daniel 3, 44 s.). Si, como otros proponen, se restablece el ritmo en las estrofas pasando por alto los versículos 15 y 18 (y no los versículos 14 y 16), queda también aclarado el sentido.

* 1. Sobre el epígrafe véase Salmo 8, 1 y nota. Se advierte en este Cántico de peregrino una semejanza con los Salmos 41 y 42, con los cuales empieza el grupo de los elohistas que se continúa aquí, como vemos, no obstante tenerse por terminado en el Salmo 82 (cf. Salmo 41, 1 y nota). La oración por el rey, que contiene el versículo 10, muestra que el presente Salmo es anterior al cautiverio de Babilonia. El salmista está lejos del Santuario y se consume en ardiente anhelo por volver a él. De ahí que este Salmo haya sido elegido por la Liturgia, junto con los dos que le siguen, para la preparación a la Misa, procurando alejar de la tendencia −demasiado humana− a mirarla como una obligación (assueta vilescunt). Desde sus primeras palabras este sublime poema prepara nuestro corazón al amor.

* 3. Recuerda el Salmo 41, 3 y sobre todo la exclamación de David en Salmo 62, 3 (véase allí la nota). Cf. Salmo 15, 9. La carne no desea espiritualmente a Dios, pues los deseos de ella son contra el espíritu (Gálatas 5, 17). Por eso las emociones sentimentales no bastan, como bien nos lo dice Tomás de Kempis, pues Dios quiere ser adorado “en espíritu y en verdad” (Juan 4, 23). Pero en cambio la carne tiene necesidad de Dios en todo momento, “como tierra sin agua”, puesto que sin Él no podríamos subsistir (Salmo 103, 29 s. y nota). Un día venturoso, también la carne deseará como el espíritu, y ese día es el que desde ahora anhelamos como objeto de nuestra “dichosa esperanza” (Tito 2, 13). Véase la nota al versículo 5.

* 4. Creemos, como Zenner, Calès y otros, que debe ponerse aquí, antes del versículo 4, el versículo 11, que no está en su lugar, tanto por el sentido cuanto por la simetría de las estrofas. “Si a los pajarillos que el Padre celestial alimenta y viste (Mateo 6, 26 ss.), también les da vivienda junto al Santuario ¿cómo no habrá para nosotros abrigo y calor junto al Altar, pues Jesús nos dice que para el Padre valemos más que muchos pajarillos? (Mateo 10, 31; Juan 10, 29). Del árbol de la Cruz, que pareció tronchado por la tormenta, nació un retoño para dar sombra a nuestro nido… junto al Calvario: es el Altar del Sacrificio eucarístico, donde Jesús sigue ofreciéndose constantemente al Padre por nosotros en estado de Víctima (Apocalipsis 5, 6), como cuando nos decía que también las bestias tienen guarida y solamente El no hallaba piedra -por no decir corazón- en que posar su cabeza” (P. de Segor). Cf. Hebreos 7, 24 s.

* 5. Los que moran en tu casa: En primer lugar los levitas y sacerdotes, cuya función era la alabanza del Altísimo (I Paralipómenos 23, 5 ss.) y los sacrificios (Hebreos 8, 4 y nota). Sobre este grande deseo de morar en el Templo de Jerusalén, cf. Salmo 26, 4. Según esto pensemos cuan ardientes han de ser nuestros anhelos de ver a Jesús cuando Él vuelva (Apocalipsis 1, 7) y entrar con Él; unidos a Él (Juan 14, 3; Apocalipsis 19, 6 ss.); asemejados a Él (Romanos 8, 29; Filipenses 3, 20 s.; I Juan 3, 2), identificados con Él (Juan 17, 20-24), en la Jerusalén celestial donde el mismo Jesús será la lumbrera (Apocalipsis capítulos 21 y 22).

* 6. Cuya fuerza viene de Ti: De hecho nadie la tiene sin Él, que nos la da por su Hijo (Juan 15, 5), mediante su Espíritu (Lucas 11, 13 y nota). Pero aquí se trata de los que esto saben, de los pequeños que viven implorando esa fuerza y desconfiando de la propia. Para ellos el camino santo no es ya una ley sino un imán, según el gran secreto que reveló Jesús al decir que nuestro corazón estará allí donde esté lo que miremos como nuestro tesoro. Por eso dice el Salmo que esos tales son felices. Deseamos ardientemente, para cuantos esto lean, esa dicha de creer de veras que la voluntad del Padre celestial no es tiránica sino amable.

* 7 s. Valle de lágrimas: Bover-Cantera, Prado y otros vierten: valle árido. Según este bello pasaje, que recuerda a los Salmos graduales como el 121 y el 124, etc. (cf. Salmo 119, 1 y nota), “la fe y el santo entusiasmo de los peregrinos transformaba en regalados oasis las más áridas regiones que habían de atravesar y producía sobre estos desiertos el mismo efecto que una lluvia bienhechora o una fuente de aguas vivas” (Fillion). Entretanto, esperando el día en que el Dios de los dioses se mostrará en Sión (LXX. Vulgata, etc.; cf. Salmo 101, 17), recogemos, aunque este Salmo no es contado entre los didácticos, la profunda lección espiritual que nos da aquí sobre el amor como única fuerza que nos hace capaces de cumplir el Evangelio. Así lo enseña Jesús en Juan 14, 23 s. El amor es la plenitud de la Ley (Romanos 13, 10). Y sólo él nos hace entender que el yugo de Cristo no sólo no pesa (Mateo, 11, 30; I Juan 5, 3) sino que nos da reposo (Mateo 11, 29). Véase Eclesiástico 3, 4; Isaías 40, 31; Kempis libro III, capítulo 5: ‘Maravillosos efectos del amor divino’. Cf. Salmo 41, 3 y nota.

* 10. Tu ungido: ‘No el Cristo por excelencia, sino David, que era también el ungido del Señor de una manera muy real’ (Fillion). Él, como Rey teocrático de Israel, estaba ‘especialmente consagrado para representar a Dios y figurar anticipadamente al Mesías venidero’ (Calès). Según Scío este rey de Israel es directamente Jesucristo, por cuyo amor pedimos al Padre que nos mire con ojos de misericordia (cf. Salmo 71, 15 y nota). Toda la oración de la Iglesia implora a Dios por el amor de su Hijo y a este respecto el Concilio III de Cartago (canon 23), del año 397, quiso evitar la frecuente confusión de las divinas Personas, disponiendo que “nadie en las preces nombre al Padre en lugar del Hijo o al Hijo por el Padre. Y cuando se asiste al altar, la oración ha de dirigirse siempre al Padre” (Mansi III, 884). Cf. Orígenes contra Celsum 5, 1; De orat. 15.

* 12 s. Todo nos lo da el Señor: la gloria eterna y la gracia para alcanzarla; y también los bienes de esta vida (Tobías 11, 18; Mateo 6, 31 ss.). Sólo quiere que éstos no se conviertan en ídolos, rivales de Él. Cf. Mateo 6, 24; I Timoteo 1, 4 ss. y notas.

* 1 ss. Es éste uno de los más bellos Salmos del Salterio, henchido de profecías mesiánicas; es al mismo tiempo una oración para pedir su cumplimiento definitivo, escrita probablemente en tiempo de Zorobabel (520 a. C), o sea cuando profetizaban Ageo y Zacarías después del regreso de Babilonia, en el cual sólo volvieron dos de las doce tribus (Judá y Benjamín) y continuaron las culpas y humillaciones del pueblo elegido, que duran hasta hoy. Sin mencionar la persona del Mesías davídico, el Salmo trata de lo que será su obra como bien observa Calès, agregando: “la salvación llevada a su perfecto cumplimiento”. La restauración “postexílica” no era sino su figura y como la garantía y un primer preludio de aquélla. Mas ¡cuán lejos se estaba de su plena y perfecta realización! Un débil resto había vuelto de Babilonia y su estado permanecía sumamente precario: dominio extranjero, vejaciones de parte de los pueblos vecinos, miseria material, miembros indignos en la comunidad… Cf. Salmo 113 b, 1 y nota y los Salmos 73, 78, 79, 82, 117, etc.

* 2. Has trocado, etc.: otros: has hecho volver a los cautivos de Jacob (Crampón). Jacob significa las doce tribus, procedentes de sus doce hijos; en aquel entonces (cf. nota anterior), permanecían en el destierro las diez del Norte, cautivas en Asiria, que nunca volvieron. Cf. Salmo 79, 2 y nota.

* 3. Es el perdón anunciado en Salmos 13, 7; 125, 1; Isaías 59, 20 s., etc. Israel lo daba quizá por cumplido, si es que los versículos 2-4 se referían a la reciente liberación. Pero también podría ser este pasaje, como el 125, 1, una visión profética de los anhelados bienes que piden los versículos 5 ss. Cf. Romanos 11, 26; Hebreos 8, 12.

* 5. San Jerónimo pone Jesús en vez de Salvador, señalando así la realidad mesiánica que late en este Salmo (cf. Salmo 79, 4). Sobre el versículo 6 cf. Salmos 76, 8; 78. 5; 88, 47.

* 7 s. Son los que el celebrante pronuncia (según la Vulgata) después del Confíteor, al comienzo de la Misa. Envíanos tu salvación (versículo 8), esto es al Mesías (cf. Salmo 79, 3 y nota; la. 64, 1).

* 9. Quiero escuchar: He aquí la actitud ideal del creyente (cf. Salmo 77, 1 y nota; I Reyes 3, 10). Es la “buena parte” que eligió María (Lucas 10, 39 y 42). Entonces las palabras de Dios siempre nos hablan de paz, porque sus pensamientos son “de paz y no de aflicción” (Jeremías 29, 11). Si desde ahora buscamos las palabras de su Evangelio, veremos que el divino Libro no es un código penal sino un testamento de amor (Salmo 80, 9 y nota). “Vosotros, decía un famoso predicador, que tanto teméis al infierno, y con razón, ¿cómo no tembláis ante vuestra indiferencia por conocer lo que ha hablado Dios?” De corazón: ‘¿Queréis que sea vuestra la paz del Señor? Volveos de corazón al Señor; no a mí, no a ningún hombre. El corazón que descansa en el hombre se despeña’ (San Agustín). Cf. Jeremías 11, 3; 17, 5.

* 10. La Gloria, es decir, Dios, que según Ezequiel (11, 23) se había retirado del Templo. Cf. Zacarías 2, 5; Ageo 2, 10 y nota; Apocalipsis 21, 3.

* 11. El reinado del Mesías producirá los más abundantes frutos espirituales: misericordia y verdad, justicia y paz. Tal es lo que expresa el lema del Sumo Pontífice Pío XII; “Opus justitiae pax”, tomado de Isaías 32, 17, donde el profeta anuncia estas prosperidades.

* 12. “Así, pues, la bondad misericordiosa de Yahvé va a encontrarse con la lealtad de su pueblo; y la justicia o socorro libertador de parte de Dios comprenderá la felicidad pacífica de Israel. Del cielo, intervención redentora; de la tierra, leal fidelidad. Y como complemento y cumplimiento normal, de arriba la lluvia y el rocío fecundantes; de abajo, la fertilidad y productividad del suelo (versículo 13)… Dios va a venir mesiánicamente, trayendo con Él la redención y la paz perfectas” (Calès). Cf. Isaías 9, 7; 11, 1-16; 32, 17 s.; 45, 8; 58, 8; 61, 11; Ezequiel capítulos 34 y 37; Oseas 2, 18; Zacarías 8, 12; Salmo 71, 11 y nota.

* 13 s. “Habrá completa armonía entre la tierra y el cielo, entre las virtudes morales y los bienes materiales” (Páramo). Se cumplirá entonces lo que pedimos en el Padrenuestro: que venga Su reino y se haga Su voluntad en la tierra como se hace en el cielo.

* 1 ss. Esta oración de David, según reza el epígrafe, nos lo presenta una vez más como figura de Cristo doliente, perseguido por los soberbios (versículo 14), débil por sí mismo y necesitado de socorro (cf. los Salmos 21, 34, 37. 39, 68, etc.), y que invoca esa indigencia como título para ser oído con absoluta seguridad (versículo 7) por el corazón amante y misericordioso de Dios (versículo 15) que lo ha escuchado siempre (versículo 13). Nuestra miseria, dice San Crisóstomo, es la voz que invoca al Señor y la que más lo mueve a estar con nosotros (Salmo 39, 18). San Agustín, y con él Sto. Tomás, ven aquí el principal sentido de la bienaventuranza de los pobres en espíritu (Mateo 5, 3): “pobres, es decir, humildes, que se estiman pobres… que tienen poco espíritu de soberbia… pobres en el espíritu porque es el Espíritu Santo quien da la humildad”. Cf. Denz. 179; Salmo 102, 13 s.; Proverbios 29, 33; Isaías 66, 2; Mateo 23, 12; Lucas 1, 48; Apocalipsis 3, 17; Sabiduría 10, 10 y nota. ¡Toda la infancia espiritual estriba en esto! De ahí que el salmista, sin temer a sus enemigos, siente la necesidad de alabar esas maravillas de Dios (versículos 8 ss.) y anunciar la gloria universal del Reinado mesiánico (versículo 9), y le pide ante todo que lo haga fiel (versículo 11), no vacilando luego en pedir milagrosos privilegios para confundir a sus enemigos que son los de Dios (versículo 17). Resulta así tan completa esta plegaria que ha sido llamada “Paternóster del Antiguo Testamento”.

* 2. Porque soy santo (hebreo: hasid), esto es, no porque soy bueno o tengo méritos (cf. versículo 1), sino porque te pertenezco como amigo y devoto (cf. Salmo 4, 4) y siendo cosa tuya no podrás dejar que me pierda. Gran argumento: es el mismo que dará Jesús para explicar por qué se sacrifica por sus ovejas: porque son suyas (Juan 10, 11 ss.).

* 4. “No se pudre en la tierra, dice San Agustín, el corazón que se eleva a Dios si tienes trigo en los sótanos, lo subes al granero para que no se pudra, y si tanto cuidas del trigo, y para salvarlo lo subes, ¿por qué dejarás que tu corazón empobrezca sin levantarlo y subirlo?” Y nótese que aquí no se trata de elevar el corazón para apenarlo, sino para alegrarlo.

* 9. Que un día todos los pueblos, juntamente con el pueblo israelita, adorarán al verdadero Dios es anuncio común de los profetas (cf. Salmos 21, 28 ss.; 46, 10; 64, 1; 65, 4; 101, 16 s. y notas; Isaías 2, 3-4; 66, 18 y 23; Zacarías 14, 16; Jeremías 10, 7; Apocalipsis 15, 4, etcétera).

* 11. Se alegre en temer (así los LXX y Calès): No ciertamente en tener miedo, pues lo primero que Jesús nos dice es que no se turbe vuestro corazón (Juan 14, 1), sino de saber que estamos entregados a ese camino que nos hace andar en la verdad (Juan 14, 6; cf. Salmo 118, 1 y nota). La expresión hebrea que señala ese santo temor de Dios nada tiene que ver con ese miedo desconfiado que aleja del amor y es excluido de éste (I Juan 4, 8), sino que indica una total reverencia y fiel sumisión. Es el temor filial de ofender a un Padre infinitamente bueno (cf. Salmos 18, 10; 110, 10; Eclesiástico 1, 16). El temor servil procede de la fe informe (Sto. Tomás). Cf. Proverbios 1, 7; Sabiduría 17, 11.

* 13. Abismo: Algunos conservan el hebreo scheol. No significa el infierno o gehena en el sentido del Evangelio sino el lugar de los muertos (cf. Salmo 6, 6 y nota; Deuteronomio 32, 22).

* 15. ¡He aquí la verdadera fisonomía del Padre, retratada por el Espíritu Santo! ¿Cómo no amarlo si realmente lo creemos así? (cf. Éxodo 34, 6). Y si no lo creemos ¿cómo creeremos que fue capaz de darnos su Hijo? (cf. Juan 3, 16; I Juan 3, 16; 4, 9; Romanos 5, 8 ss.; 8, 32). La expresión tardo en airarte, parece que pudiera aludir aquí a los enemigos contra los cuales se pide auxilio, como indicando que a veces tarda en castigarlos por si se arrepienten (cf. Salmo 72, 11 s. y nota), pero por eso mismo podemos contar siempre con su lealtad.

* 16. Hijo de tu esclava: Equivale a tu siervo. En esta oración de Cristo esa expresión nos trae a la memoria el dulce recuerdo de la Virgen, que se llamó a sí misma la esclava del Señor (Lucas 1, 38).

* 17. Aplicado a Jesús, como lo hace San Agustín, este confiado ruego de David nos recuerda los incontables milagros del Salvador, que Él nunca hacía en beneficio propio sino como pruebas de su misión mesiánica. Véase Salmo 108, 27 y Juan 17, 1, donde aparece igualmente el Corazón de Cristo sólo preocupado por el amor al Padre y, por Él, a las almas qué Él le dio.

* 1. Es uno de los Salmos más hermosos; breve en la forma, pero apretado en ideas. Como en Salmos 75, 3; 84, 10; 85, 9; 131, 13, etc., y con un lirismo que lo lleva a empezar ‘ex abrupto’, canta el salmista la gloria de Sión y el reino mesiánico sobre todas las gentes. Montes santos: ‘Las colinas de Sión y Moriah sobre las cuales está edificada Jerusalén’ (Fillion). Ambas fueron elegidas para el Santuario y favorecidas con manifestaciones de Dios (Génesis 14, 18; 22, 2; II Reyes 24, 18). Cf. Salmos 2, 6; 67, 16 y nota; Miqueas 4, 1 s.

* 2. Ama más a Sión que al resto de Israel. Samaria cayó en semipaganismo (IV Reyes 17, 41) y sus diez tribus nunca volvieron del cautiverio de Asiria. En cambio “la salvación viene de los judíos”, como dice Jesús (Juan 4, 22). Cf. Salmo 77, 67 s.; Isaías 49, 14 ss.; 59, 20 (citado en Romanos 11, 26); 60, 10 y 15; Jeremías 3, 17 s.; Mateo 27, 37. etc. Algunos lo aplican a la Jerusalén celestial, más amada que la otra porque ella es, dicen, la esposa del Cordero. Pero ello sería sólo una acomodación, pues el texto no compara aquí ambas ciudades sino a una con el resto de Israel. Por otra parte, San Pablo nos revela que el ‘Misterio’ del Cuerpo místico estuvo escondido desde la eternidad hasta que a él se le encomendó anunciarlo como apóstol de los gentiles (Efesios 3, 8 s.; Colosenses 1, 25 s.), y también les dice a los hebreos que Abrahán y los patriarcas aspiraban ya a la ciudad celestial (Hebreos 11, 10 y 16; cf. 12, 22). Las puertas, como hacen notar los comentaristas, indican una ciudad, en contraste con la vida nómade. Según el Salmo 121, 3. Sión será la ciudad modelo y según Isaías 1, 24-27, después de purificada, “será llamada ciudad del justo, ciudad fiel”. Cf. Isaías 24, 23.

* 3. “Alude a los destinos gloriosos a que, según los profetas. Dios ha destinado a la Ciudad santa” (Páramo). Llama la atención en todos ellos la magnitud y extensión de esas promesas (cf. Salmo 64, 2 y nota; Ezequiel 40, 2; Mateo 23, 39). “Es el sentido de todos los Salmos graduales (119-133)” (Dom Puniet). Ciudad de Dios: Jesús, en Mateo 5, 35, la llama la ciudad del gran Rey (cf. Salmo 47, 2-3). Lesètre dice a este respecto que, según Baruc 5, 2. “Dios pondrá la mitra de honor sobre la Jerusalén restaurada” (cf. Salmo 68, 36). Cosas gloriosas: ‘Las que a continuación se dicen de ser Sión la metrópoli espiritual de todos los pueblos’ (Prado). Un “selah” (repetido en el versículo 6) subraya la profundidad y trascendencia de estas palabras misteriosas.

* 4. “El salmista cede la palabra a Yahvé para dejarle pronunciar una profecía que tiene su paralelo en Isaías 2, 2 s. y 11, 10” (Ubach). Véase esos pasajes con sus notas y variantes según el hebreo. Por Rahab aquí se entiende Egipto, como en Isaías 30, 7 (texto hebreo). En el fondo esto no contradice a los muchos autores que ven en Rahab a la ramera que reconoció a Dios (Josías 2, 9 ss.) y fue salvada (Josías 6, 17 y 25); cuya fe elogia San Pablo (Hebreos 11, 31) y a quien Jesús comprende en su profecía contra la Sinagoga (Mateo 21, 31), pues hasta los pueblos más adversos a Israel vendrán a Sión para adorar a Dios (Mateo 8, 11). Filistea, etc., es decir, las naciones de todos los rumbos no sólo vendrán a Jerusalén (Isaías 49, 12; 60, 5), sino que la tendrán por patria suya.

* 5 s. Calès, refutando a algunos que ‘exorcizan como pueden el espectro desagradable del profetismo mesiánico’, dice que ‘tenemos aquí un oráculo de la conversión universal de las naciones a Yahvé como en Isaías 2, 2-4 y en tantos otros pasajes de los profetas, paralelos o análogos. Los nombres propios citados por el salmista lo son a título de ejemplos. Y más adelante es cuestión simplemente de “registro de los pueblos”. Y Sión es aquí ante todo la Sión literal, metrópoli del reino davídico. Pero su concepto no se detiene allí, sino que se baña en la luz lejana y misteriosa de las esperanzas mesiánicas’. Sobre estos nuevos hijos de Sión, cf. Isaías 49, 21. En el versículo 6 Yahvé es representado ‘como llevando personalmente los registros, anotando uno por uno’ (Prado).

* 7. Todas mis fuentes están en Ti: Tal sería, según varios autores, el título de la danza festiva, cuyo sentido parece ser la alabanza de Sión como centro espiritual de todos los pueblos (cf. Isaías 59, 19 ss. citado en Romanos 11, 26; Isaías 60, 10-22, etc.). Otros entre ellos Vaccari, prefieren conservar la lección de los LXX según la cual estarán llenos de gozo cuantos moren allí.

* 1. Sobre “Mahalat”, véase Salmo 52, 1 y nota. Hemán era cantor y levita (I Paralipómenos 6, 16-23). Ezrahita: hijo de Ezrah. Aparece en este Salmo un afligido que canta el misterio del dolor llevado al sumo extremo. Pero no desespera porque su corazón descansa en Dios y su confianza inquebrantable, arguye ante el divino Padre con esa porfía sin límites que tanto nos inculcó Jesús y que parecería inconveniente a los que ignorasen la parábola del amigo importuno (Lucas 11, 5 ss.), de la viuda y el juez inicuo (Lucas 18, 1 ss.) y tantas otras lecciones que a millares nos dan las páginas sagradas. Como los Salmos 16, 17, 22, 27, 30, 34, 53, 55, 56, 70, 76, 90, 93, 139, etc. (además de los Salmos penitenciales y de los mesiánicos), es éste un verdadero tesoro para hallar consuelo en la oración.

* 2. Entre las discutidas variantes del Texto Masorético conservamos el claro y hermoso sentido de los LXX y de la Vulgata que concuerda muy bien con todo el contexto.

* 6. Como los muertos: Por amados que hayan sido, los dejamos solos en la sepultura pues nada podríamos hacer con sus cuerpos. Por la misma razón éstos ya no son para Yahvé objeto de especial providencia como lo eran cuando vivían (I Pedro 5, 7). Cf. versículo 11.

* 8. Estos sentimientos y filiales quejas se parecen mucho a los de Job, que la Iglesia ha elegido para el Oficio de Difuntos y que son instrumento riquísimo de verdadera piedad. Véase Job 7, 16-21; 10, 1-12; 13, 22-28; 14, 1-6 y 13-16; 17, 1-3 y 11-15; 19, 29-27; 10, 18-22. Respecto del sentido mesiánico véase Salmo 68, 5 y nota.

* 9. El alejamiento de los que se decían nuestros amigos es una desilusión infaltable para el que sufre la adversidad y para el verdadero seguidor de Cristo. Véase versículo 19: Salmo 68. 9 y nota; el Kempis libro II, capítulo 9: “La privación de todo consuelo”.

* 11 ss. Para los muertos: ¿Acaso las reservarías para ellos (cf. versículo 6 y nota) y no para nosotros que tanto te necesitamos? Se levantan: En presente. En futuro no podría decirse esto, pues sabemos que resucitarán (I Corintios 15, 23 y 51 ss.; I Tesalonicenses 4, 13 ss.) y así también lo esperaban los antiguos justos para la venida del Mesías (Salmos 15, 9 s., 26, 13; Job 19, 25 ss.). Entretanto el Scheol era para ellos el oscuro destino de los muertos (cf. Salmos 6, 6; 113 b, 17 y notas) y no contemplaban la propia glorificación de cada uno sino como obra del Cristo venidero, siendo esto lo que les hacía suspirar por su advenimiento. Igual cosa se nos inculca en el Nuevo Testamento, donde se habla constantemente no de la muerte de cada uno sino de la Parusía del Señor (cf. Marcos 13, 33 ss.; Lucas 17, 28-36; Romanos 8, 23; Filipenses 3, 20 s.; I Tesalonicenses 5, 1-4; I Pedro 1, 7; 5, 4; II Pedro 3, 12; Apocalipsis 22, 12, etc.), donde aparecerá nuestra gloria definitiva, y no ya del alma sola, sino también del cuerpo (cf. II Corintios 5, 3-10; Apocalipsis 6, 9 ss., y notas); no ya individual, sino con toda la Iglesia, que se unirá a Jesús como el cuerpo a la Cabeza en las Bodas del Cordero (Apocalipsis 19, 6 9), para ver finalmente glorificado sobre la tierra a Aquel que en su primera venida no tuvo sino dolores para conquistarnos esa gloria. Tal ha de ser el ansia de la Iglesia que somos todos nosotros, como la novia —así la llama el Apocalipsis— que anhela sus nupcias (Apocalipsis 22, 17 y 20; Cantar de los Cantares 8, 14 y notas).

* 14 ss. Yo en cambio, es decir: no soy mudo como esos muertos sino que día y noche te estoy rogando (versículo 1). ¿Cómo, pues, no me escuchas (versículo 15) si estoy tan necesitado? (versículo 16 ss.). Así concluye el Salmo, siendo tal vez el único en que no se deja entrever al final el consuelo de haber sido ya escuchada la oración. Esto, que lo hace aún más precioso como ejercicio espiritual de nuestra fe, es sin duda lo que ha hecho colocar este Salmo en el Oficio de los dolores de María el viernes de Pasión, porque Ella, como Abrahán, sufrió ante todo y más que nadie la prueba de su fe al ver que las promesas gloriosas del Ángel (Lucas 1, 32 s.), lejos de realizarse ya entonces (Lucas 1, 54 s.), terminaban al pie de la Cruz. Cf. Juan 19, 25 ss. y nota.

* 1 ss. Varias veces figura el nombre de Etán, como el de Asaf, entre los levitas cantores del Templo constituidos por David (I Paralipómenos 6, 31 ss.), lo mismo que Hemán, quien figura como autor del Salmo anterior. En el presente, que empieza con un himno (1-19), el contenido central es profético (20-38), terminando en forma elegíaca que suspira por la decadencia actual del pueblo que recibió tales promesas. ‘El punto especial sobre el cual quiere insistir el salmista es la alianza, garantizada por un solemne juramento, que Yahvé contrajo con la dinastía davídica: esta dinastía debe guardar el trono para siempre’ (Calès). Aunque no es un Salmo precisamente sapiencial es llamado Maskil, debido quizá por las enseñanzas que contiene de historia y profecía.

* 2. Es el anhelo supremo del alma que cree en el amor paternal de Dios y ansía que todos lo vean. Es el lema de Santa Teresa de Lisieux. Cf. Salmo 49, 14 y nota.

* 3. Sobre misericordia y fidelidad véase versículo 15; Salmo 116, 2 y notas. Afirmaste: se refiere a la solemne promesa que sigue en el versículo 4 s.

* 5. He aquí el tema principal de este Salmo como del Salmo 131 (véase allí las notas): la promesa de la realeza eterna de David, que se lee en II Reyes 7, 10-16. Es de notar que el mismo Rey Profeta creyó entonces que esa promesa se cumpliría ininterrumpida y eternamente desde Salomón. Así lo dice en su sublime plegaria (II Reyes 7, 24-29) y lo repite en su último cántico (II Reyes 23, 5). Pero la promesa hecha después a Salomón llevaba una condición (III Reyes 6, 11-13; 9, 4-9) que fue violada (III Reyes 11, 11). Así lo confirma el profeta Ahías en III Reyes 11, 29-39 y el mismo David en su lecho de muerte (III Reyes 2, 3 s.). Véase versículo 31 ss. y nota. Tratase, pues, de un Salmo mesiánico porque la promesa hecha a David se cumplirá en Jesucristo (Lucas 1, 32; Isaías 9, 7; 22, 22; 55, 3; Daniel 7, 14; 7, 27; Miqueas 4, 7, etc.; cf. Salmo 44, 7 y nota).

* 7 ss. Los hijos de Dios: Son aquí los ángeles en sentido lato, como se ve por el contexto (cf. Job 1, 6; 38, 7). El salmista quiere destacar la absoluta e infinita superioridad y omnímoda autoridad de Dios sobre todos los seres creados, por elevados que estén (cf. Daniel 4, 14 y 10, 13 y notas). Lo mismo hace San Pablo en Hebreos 1, 4-14, no ya con respecto al Padre sino al Verbo encarnado, Jesús.

* 9. ¿Quién como Tú? (cf. Salmo 76, 14). Es el grito de guerra que da nombre al Arcángel Miguel: ¿Quién como Dios? (hebreo: Mi-ca-Él). Cf. Daniel 10, 13 y 21; 12, 1; Judas 9; Apocalipsis 12, 7 ss. Yah: forma abreviada de Yahvé: el Ser por excelencia (cf. Éxodo 3, 14 y nota). Es decir que su Nombre es sinónimo de la verdad (Juan 17, 17), esencialmente opuesto a lo que no es, la mentira. De ahí que esté como circundado por su fidelidad. Cf. versículo 15.

* 10. Cf. Job 38, 11.

* 11. Rahab, monstruo en que se personifica la soberbia y rebelión (en hebreo significa excitado, conmovido); las aguas que al principio cubrían la tierra (Génesis 1, 2, 6-9) se representan aquí en poética personificación como enemigos con quienes Dios lucha (cf. versículo 10; Salmo 73, 13; Job 9, 13; 26, 12; Isaías 51. 9s.). Así lo explica, p, ej., Bover-Cantera. Según otros, Rahab es Egipto (cf. Salmo 86, 4) (Salterio Romano). Calès opina que aquí también puede ser Egipto si por los enemigos dispersos se alude a las naciones gentiles.

* 12. Es frecuente en ambos Testamentos esta forma de alabar a Dios mediante un acto de fe en Él como Creador y Señor de todo (cf. Hechos 4, 24).

* 13. ‘En la Transfiguración, el Tabor y el Hermón se estremecieron a la vista de la gloria de Cristo’ (Calès). Por eso sin duda el Salmo se dice en esa fiesta.

* 15. ¿Quién es el rey de la tierra que puede atribuirse semejante elogio? La bondad misericordiosa (hésed) y la fidelidad (emunáh), con que nos conserva su amor y nos cumple sus promesas, están siete veces repetidas en este Salmo y son los dos títulos de gloria que más invoca Dios en las Escrituras. ¿Puede haber mayor motivo de felicidad y de confianza para nosotros? Cf. Números 23, 19; Salmo 99, 5, etc.

* 16 ss. En este pasaje (versículos 16-19) en que es muy discutido el Texto Masorético, nos parece más claro el sentido de los LXX que, como la Vulgata, usa los verbos en futuro (así también Vaccari), ya que el triste estado actual de Israel que lamenta el salmista (versículos 39 ss.) no permite suponer esta alegría como presente, sino más bien como preámbulo a los gloriosos anuncios proféticos que siguen (versículos 20 ss.). “El alegre llamado” podría ser el de Salmo 97, 6 (cf. Salmo 109, 3 y nota). Sobre la alegría en la Nueva Alianza, véase Salmo 150, 5 s.; Isaías 66, 10; Juan 17, 13, etc.; Filipenses 4, 4; Romanos 14, 17; I Pedro 1, 8.

* 18. Por favor tuyo: Lo único que no hay que quitar a Dios es el honor: la gloria de ser el solo excelente, y bueno y generoso y sabio (Isaías 42, 8; 48, 11; Romanos 16, 27; I Timoteo 1, 17; Judit 24). Todo lo demás nos lo da Él. hasta la felicidad eterna y su propio Hijo (Juan 3, 16) en quien Él tiene puesta su complacencia (Mateo 17, 5). Por eso Jesús niega que pueda tener fe el que busca su propia gloria (Juan 5, 44), y llama lobos rapaces a los falsos profetas, porque es un robo el apropiarse de una parte de gloria y alabanza, por mínima que sea, ya que toda ella pertenece exclusivamente a su Padre. En esto consiste principalmente el abismo que separa el Evangelio y el mundo. Este mira como virtud y suele llamar noble altivez lo que para Dios no es más que soberbia. Afirmar la propia personalidad es el consejo que daba Séneca, Volverse niño negándose a sí mismo, en la propia personalidad es, como sabemos, lo esencial en el discípulo de Jesucristo (cf. I Corintios 1, 29). pues los niños serán los primeros en el Reino, y los que no sean como ellos no entrarán (Mateo 18, 1 ss.).

* 20. En los versículos siguientes el salmista se refiere al vaticinio del profeta Natán acerca de la perpetuidad del reino de David (II Reyes 7, 8-16). El “héroe” que recibe la corona es, como veremos, David (versículo 21), el cual es asimismo figura de Cristo. Cf. Bar. 5, 2; Ezequiel 37, 24-25.

* 21. He descubierto: Notable expresión, como diciendo: he hecho un hallazgo, que estaba escondido en su insignificancia (cf. I Reyes 13, 14; 16, 1-13). En Hechos 13, 22 se cita este versículo haciendo de David, no obstante su pecado de II Reyes 11, un elogio insuperable, que se confirma en III Reyes 11, 34; Eclesiástico 47, 9, etc. y se explica en Hechos 7, 46. David, como María Santísima, halló gracia ante Dios (Lucas 1, 30), es decir, le fueron agradables, porque ambos eran pequeños (Proverbios 9, 4 ss.).

* 27. Tú eres mi Padre: ‘Apelación que responde a aquella por la cual Yahvé ha dicho a su Ungido: Tú eres mi Hijo, en el Salmo 2, 7’ (Desnoyers). Cf. versículo 28 y 37; Salmo 109, 3 ss.

* 28. Primogénito. Así llama San Pablo a Jesús (Romanos 8, 29; Colosenses 1, 15-18).

* 31 ss. En II Reyes 7, 14 ss. se explica cómo la profecía pasa aquí del Hijo de David (Cristo), objeto de la promesa infalible y sin término, al hijo inmediato de David (Salomón), en quien la promesa fue condicional (versículos 3-5), y a sus descendientes, cuyas faltas no impedirán el cumplimiento de la promesa hecha a David (versículos 35 ss.).

* 37 s. Por tercera vez repite Dios la solemne promesa (cf. versículo 4s.; 20ss.). Como el sol, etc. Cf. Salmo 71, 5; Jeremías 30, 20 ss., etc. Es la misma promesa de II Reyes 7, 16. Testigo fiel en el cielo. Texto inseguro. Si consideramos la frase en sus diversos aspectos, el testigo sería, según algunos, el propio Dios que garantizaría su promesa. Otros piensan en la misma luna; otros, en el arco iris de la alianza con Noé (Génesis 9, 13 s.). Varios modernos proponen otra lección que significaría más bien: estable para siempre como las alturas de los cielos. La nota musical “selah”, en el original, acentúa la importancia de todo este pasaje.

* 39 s. Desde aquí hasta el versículo 52 se desarrolla el cuadro de la realidad triste y oscura; están derrotados el ejército y el poder del ungido, es decir, del rey. Se cumplen las sanciones anunciadas en los versículos 31 y sigs.

* 47. ¿Te esconderás para siempre? Es el lamento cien veces repetido de Israel durante su larga prueba. Cf. Salmo 76, 8; 78, 5; 84, 6. Según Isaías esto se vincula con la ceguera del pueblo de Dios. Cf. Isaías 6, 9-13 y nota a este último.

* 48. Lo que es la vida: El nuevo Salterio Romano dice: Cuan breve es mi vida. Según algunos, habría de entenderse de la vida del salmista o de la del rey, que es de edad avanzada y está ansioso por ver el cumplimiento de las promesas del Señor (cf. Números 23, 23; Tobías 13. 20; Salmo 101, 24 s.); pero, conforme al contexto (cf. versículo 49), parece evidente que tiene un alcance general, como lo observa Fillion, y se refiere a todo Israel en el sentido de que, siendo tan frágil la vida humana, y tan dura la que lleva el pueblo de Dios según los versículos 39 ss. (cf. Salmo 79, 13 s.), no sólo el rey sino todos caerían en las garras del scheol (versículo 49) y jamás podrían cumplirse entonces las esplendorosas promesas davídicas (versículo 50).Y esto es tanto más real cuanto que los israelitas están como ovejas condenadas al matadero (Salmos 43, 22; 78, 11; 101, 21 ss.) y los gentiles se han propuesto borrar su nombre de la tierra (Salmo 73, 8; 82, 5). En tal caso ¿para qué habría Dios creado a los hombres si el pueblo escogido había de perecer de esa manera? Este es el sentido del segundo hemistiquio según los LXX y la Vulgata, que conservamos como Ubach y otros. Las versiones del Texto Masorético, diversamente entendidas, insistirían sobre la fugacidad de la vida: “acuérdate de qué ‘nada’ hiciste a los hombres” (Fillion), aludiendo a que Adán fue hecho de barro. Pero no es menos cierto que fue hecho inmortal, a pesar del barro, por lo cual no parece viable tal lección ni la que dice que Dios creó a los hombres caducos, pues no fue Él quien hizo la muerte (cf. Sabiduría 2, 23-24 y notas). Algunos piensan que los versículos 48-49 son transportados del Salmo 89, sea como texto o nota marginal.

* 49. Como se ha visto en la nota anterior, no podría suponerse en este versículo una afirmación doctrinaria o universal sobre la mortalidad de todo hombre, que estaría aquí fuera de lugar. Por lo demás es natural que el salmista no conociera (cf. Salmo 87, 11 y nota) el misterio que San Pablo explica en I Corintios 15, 51 ss. (texto griego), según el cual hoy sabemos que los que vivamos en el momento de la segunda venida de Cristo, “seremos arrebatados… en nubes hacia el aire al encuentro del Señor” (I Tesalonicenses 4, 17).

* 51 s. Pide el castigo de las naciones que humillan a Israel a causa de la decadencia a que Dios lo abandona. Véase Joel 3; Judit 16, 20; Isaías 4, 11; 49, 25 s.; Ezequiel 38, 16 ss.; II Macabeos 6, 14; Sofonías 3, 8; Deuteronomio 32, 35, etc.

* 53. Doxología que termina el libro tercero de los Salmos.

* 1. En este Salmo, que encabeza el libro cuarto del Salterio (Salmos 89-105), se medita saludablemente la fugacidad y caducidad de nuestra vida (cf. Salmo 88, 48-49 y notas), lo que nos mueve a reconocer nuestra nada y entregarnos con la confianza de un niño a la amorosa sabiduría de nuestro Padre celestial que se digna tomar a su cargo nuestros pasos. Su afinidad con el grandioso cántico de Deuteronomio 32 es innegable. Aunque algunos lo han dudado, Fillion sostiene ampliamente que el Salmo pertenece a Moisés, “el varón de Dios” (Deuteronomio 33, 1). Tan venerable origen, confirmado por “el color antiguo del estilo”, rodea de un encanto especial a este bellísimo tesoro de piedad que “bastaría para hacer bendecir la memoria y la religión de Moisés” (Herder). Tú eres: Según los mejores autores, las palabras nuestro refugio, que algunos conservan, son sin duda una glosa que perturba el ritmo y también el sentido, pues aquí sólo se trata de Dios (cf. versículo 2 y nota).

* 2. En contraste con la inestabilidad del hombre (versículo 3 ss.), cuyas generaciones son —ya lo decía Homero— como las de las hojas, se nos muestra aquí la estabilidad del Eterno, que era antes que los montes, etcétera. Ahora sabemos que, así como el Padre era eternamente —“Principio sin principio”— así también “en el principio el Verbo era” (Juan 1, 1). “Principio principiado”, no hecho pero sí engendrado, el Hijo debe al Padre todo su Ser, pero es tan eterno como el Padre, pues Él lo engendra también “desde la eternidad y hasta la eternidad”, como un espejo perfectísimo de Sí mismo (Hebreos 1, 1-3; Sabiduría 7, 26). Por eso la Sabiduría, que es el Hijo, puede decir como aquí de su propia eternidad: “El Señor me tuvo consigo al principio de sus obras.” Véase este admirable pasaje en Proverbios 8, 22-36 y notas.

* 3. Véase en Génesis 3, 19 esta sanción que Dios se vio obligado a imponer al primer hombre (cf. Romanos 5, 12; Sabiduría 2, 24 y nota) y que la Iglesia nos recuerda el Miércoles de Ceniza. Adán significa hombre, y de ahí que algunos traduzcan: “hijos de hombres”.

* 4. San Pedro cita este versículo en II Pedro 3, 7 s. La Sagrada Escritura usa con frecuencia el concepto de día con un sentido especial. Cf. Isaías 13, 9; 34, 8; 61, 2; 63, 4; Sofonías. 1, 15 (de donde se tomó el primer verso del Dies Irae); Apocalipsis 20, 4-6, etc.

* 5. Este versículo reza en la versión de Bover-Cantera: Son a modo de sueño, que cuando quiere amanecer disipas; cual verdeante hierba. Es un pasaje oscuro, vertido diversamente, pero que expresa sin duda, como todo el contexto, este concepto de la fugacidad de nuestra vida. Véase las incomparables figuras que nos da sobre esto el libro de la Sabiduría (5, 9-13).

* 7. Como anota Fillion, habla aquí Israel, el mismo pueblo en cuyo favor se ora en los versículos 13 ss.

* 9. Como un suspiro: LXX y Vulgata dicen: como una tela de araña, figura frecuente en la Biblia (cf. Job 8, 14; Isaías 59, 5; Oseas 8, 6). Fray Luis de Granada, comentándolo en ese sentido, dice: “Los días de nuestra vida los gastamos como las arañas, porque así como este animal trabaja noche y día… y todo este trabajo tan largo y tan costoso no se ordena a más que hacer una red muy delicada para cazar moscas, así el hombre miserable ninguna cosa hace sino trabajar día y noche con espíritu y cuerpo, y todo este trabajo no sirve más que para cazar moscas que son cosas de aire y de muy poco valor.”

* 10. Nos volamos: Así, literalmente (cf. I Corintios 7, 31 y nota). Notemos el decrecimiento de la longevidad: en Génesis 5 la vida se cuenta casi por siglos, hasta la edad de Adán (930 años) y de Matusalén (969). Desde el diluvio la redujo Dios a 120 años (Génesis 6, 3). En tiempo de David ya se consideraba muy anciano a uno de 80 años (cf. Salmo 88, 48 s. y nota). Véase también sobre la duración de la vida, Eclesiástico 18, 8; cf. Isaías 65, 20.

* 12. Para pedir esta sabiduría del corazón (cf. Salmo 50, 12; Sabiduría 1, 5 notas), que es el mayor de los bienes (Proverbios 8, 11) y con la cual nos vienen todos los demás (Sabiduría 7, 11), véase la oración de Salomón (III Reyes 3, 5-13) y la exhortación de Jesús, hijo de Sirac (Eclesiástico 41, 18-38). Nada es más fácil que obtenerla: basta desearla de corazón (Sabiduría 6, 12 ss.) Enséñanos a contar nuestros días, esto es, a conocer, para no apegarnos, su fugacidad, en la cual muy difícilmente llegamos a creer. Cf. Salmo 38, 5.

* 15. Alégranos, etc.: Aunque tiene aquí un matiz distinto de la Vulgata (que dice: nos alegraremos, etcétera), este hermoso concepto filial, que muestra la humillación y la prueba como lección saludable de la cual luego nos alegramos, es muy propio de la Biblia (Salmo 118, 71 y 75; Daniel 9, 8, etc.). Sería ideal para escribirlo en las plazas públicas de todos los países azotados por la guerra, como un acto de contrición colectiva (cf. Lamentaciones 3, 42 y nota). Pero bien sabemos que el mundo no sigue esos caminos. Los pueblos, después del dolor, tienen más sed de “pan y circo” y el orgullo herido se aumenta con el azote; y se hace entonces más culpable, como el pobre que es soberbio (cf. Eclesiástico 25,4 y nota). Esto, que la historia nos muestra, lo confirman las profecías. Cf. Apocalipsis 9, 21; 16, 9 y 11 y notas.

* 17. Conduce Tú: Véase la terminante afirmación de Jeremías 10, 23 y la indignación de Dios en Isaías 23, 9-12 contra los que han obrado con mucha actividad pero sin tomarlo en cuenta a Él. Estas palabras de Dios aumentarán nuestra fe y nos librarán de ese funesto concepto de un Dios pasivo, que es el mayor desprecio, tanto para su celosísima Providencia (cf. Mateo 6, 33), cuanto para su Sabiduría y Santidad que Él nos presenta siempre como la única fuente de todo bien (cf. Juan 15, 5 y nota). ¡Cuántas veces, en los trabajos temporales y aun en los que pretenden ser apostólicos, obramos tan ensimismados en nuestro propio modo de ver, como si ese Dios a quien visitamos por la mañana en el templo hubiese dejado de existir hasta el día siguiente! Cf. Salmo 85, 1 y nota; 126, 1 ss.; Mateo 5, 36; 10. 30; Hechos 17, 28; Romanos 9, 16; I Corintios 3, 6 s.; Filipenses 2, 13; Isaías 26, 12; etc. El final que va entre corchetes no está en los LXX (Codex B) y algunos autores lo suprimen.

* 1 ss. Es este Salmo “el himno triunfal de la confianza en Dios” (Vaccari). Su tema es la protección que Dios otorga a los que tienen puesta en Él su esperanza (véase Salmo 32, 22). La Iglesia lo pone en las Completas del Domingo. El Salterio Romano usa, como Vaccari, el vocativo: Tú, que te abrigas, en concordancia con el versículo 3. Muchos otros (Rembold, Calès, Crampón, Ubach, etc.) mantienen como LXX y Vulgata la tercera persona: El que se acoge… descansará. En realidad el hebreo no tiene ni una ni otra forma sino que empieza refiriéndose (como si fuese un título) al que se aloja en lo secreto del Altísimo como para pasar la noche en la tienda del Omnipotente (Schaddai, como en Salmo 67, 15), y luego sigue en primera persona: Digo a Yahvé, etc. De ahí que algunos propongan para todo la primera persona: Habitando… digo, etc.

* 4. Lo que aquí se dice del Padre celestial lo dice también Jesús de sí mismo en Mateo 23, 27. Su fidelidad: La enseñanza sobre esa lealtad de Dios, indefectible y protectora (cf. Salmos 24, 10; 88, 15 y nota), es aplicable también a la verdad de Dios, la cual nos defiende como un escudo (así la versión de los LXX), tanto de nosotros mismos cuanto de Satanás y del mundo, contra las tremendas seducciones del error. Cf. Salmos 26, 1; 111, 7; Proverbios 3, 3; 20, 28 y Juan 8, 32; 14, 6; 17, 3 y 17; Efesios 4, 14; II Tesalonicenses 2, 10 y notas.

* 5 s. Es decir que para él tanto da el que los enemigos sean visibles u ocultos.

* 7. Lo que Dios nos ofrece aquí es, como podemos observar, un verdadero privilegio, de ésos que Él se complace en prodigar a sus amigos íntimos (cf. Salmo 24, 14; Éxodo 35, 31; Mateo 6, 33; Juan 14, 23, etc.), sin que nadie pueda pedirle cuenta de sus preferencias (Mateo 20, 13; Romanos 9, 15; Santiago 4, 12, etc.).

* 9. Pues dijiste: Así también Crampón, Calès, Rembold, etc. Es el acto de confianza que se hizo en el versículo 2. Tal es la única condición de tantos beneficios (versículos 1 s. y 14).

* 11. En Mateo 4, 6 y Lucas 4, 10 el diablo aplica esta promesa al Mesías, pero ella, como se ve por el contexto, es para todos los que confían en Dios (cf. versículos 2, 9 y 14) y contiene la consoladora noticia de los Ángeles de la guarda. Sobre la misión de estos amigos celestiales, véase Hebreos 1, 14; Judit 13, 20; Tobías 8, 3; 12, 12; Lucas 16, 22; Hechos 12, 15; Mateo 18, 10; Génesis 48, 16; Salmo 67, 18 y nota.

* 13. Jesús hizo a sus discípulos igual anuncio (Marcos 16, 18; Lucas 10, 19), que se cumplió al pie de la letra durante los tiempos apostólicos (cf. Hechos 28, 6; Hebreos 8, 4 y nota), con toda clase de milagros (Hechos 3, 1 ss.; 5, 12-16; 19, 12; 20, 9-12; 28, 6 y 8). La Escritura deja de hablar de ellos y de los carismas visibles desde que San Pablo declara solemnemente el fin de su misión entre los judíos (Hechos 28, 28) y empieza a explayar a los gentiles el “misterio escondido” de la Iglesia (Efesios 3, 9; Colosenses 1, 26). Cf. Filipenses 2, 27; I Timoteo 5, 23; II Timoteo 4, 20, donde el gran apóstol y taumaturgo no hace ya intento alguno de milagro, ni en adelante se menciona en el Nuevo Testamento ningún otro suyo ni de los demás apóstoles.

* 14. Toma la palabra el mismo Dios para confirmar, como en el versículo 9, que la confianza en Él (y su conocimiento, del cual proviene esa confianza) es lo que nos asegura estos privilegios (cf. Salmos 9, 11; 35, 11; 32, 22). Notemos que conocer a Dios es conocer sus pensamientos, no sólo su existencia. Para lo primero Él nos da su Palabra, donde nos muestra su corazón, su Espíritu, su voluntad, su amor, sus hechos, sus promesas (cf. Salmo 91, 6 y nota). Para lo segundo basta la naturaleza. Cf. versículo 7 y nota.

* 15. “Cuando te vieres atribulado, dice el Doctor de Hipona, no temas, ni quieras pensar que Dios no está contigo. Ten fe, y Dios estará contigo en aquella hora de prueba… Dormía Cristo en la nave y los hombres estaban a punto de perecer. Si Él parece dormido para ti, es que en tu pecho la fe está dormida; porque Cristo vive en ti por la fe” (Efesios 3, 17).

* 1. Precioso cántico que convida a alabar a Dios y darle gracias por sus obras (versículos 5-7), no sólo por las cosas creadas (Salmos 8; 103; 148), sino especialmente por la humillación de los malvados (versículos 8-10) y las bendiciones de los justos (versículos 11-16). Sobre la suma excelencia de esa alabanza, véase Salmos 49, 14; 88, 2 y notas.

* 2. Bueno es: El salmista (probablemente David) quiere expresar que esa alabanza de nuestro Padre celestial no sólo es cosa digna y debida, sino que también es una felicidad para el alma. Cf. Salmo 113 b, 2 y nota.

* 3. Al alba… y por las noches: Esto es, en todo momento: cf. Salmos 5, 5; 118, 147 s. y 164 (según el Talmud este Salmo litúrgico se cantaba por la mañana). La misericordia y la fidelidad son los atributos cuya proclamación más agrada a Dios, según toda la Escritura (Salmos 24, 10; 84, 11; 88, 15; Tobías 3, 2, etc.).

* 4. Cantar Salmos es entregarse a Dios con toda el alma y servirle con alegría. “Los que hacen el bien con ánimo triste no cantan” (San Agustín).

* 5. Me gozo en las obras de tus manos: ¡Qué lema para esculpirlo en toda casa de artistas cristianos! “Esta espiritual alegría se recibe, como dice fray Luis de Granada, cuando el hombre, mirando la hermosura de las creaturas, no para en ellas, sino que sube por ellas al conocimiento de la hermosura, bondad y caridad de Dios que tales y tantas cosas creó.” Véase Salmo 103, 1 ss. De ahí, pues, que la contemplación de la naturaleza, y de una manera especial la admiración y gratitud por el crepúsculo que el Creador nos obsequia cada día, y donde sabemos que para nada se ha mezclado la mano del hombre, sea para el divino Padre como una oración (cf. Salmo 8, 2 y nota).

* 6. Tus pensamientos: Nótese el contraste con los pensamientos nuestros (Salmos 93, 11; 145, 2; 32, 11 y notas). Sobre lo que piensa Dios y sobre los designios de su corazón respecto de nosotros trae la Biblia asombrosas revelaciones (cf. Salmo 90, 14; Sabiduría 17, 1 y notas), que se armonizan todas entre sí como propias de un Padre, cuya esencia es el amor, y culminan en la mayor de todas, la de Juan 3, 16. El que descubre así ese máximo secreto de Dios, su idiosincrasia, por así decir, de Padre “dominado por el amor” (Su Santidad Pío XII) y en consecuencia por la misericordia (Salmo 102, 13 s.) ha encontrado la llave de las Sagradas Escrituras. “El gran misterio del cristianismo es el misterio del Corazón de Dios” (Pío XII).

* 7 s. No lo reconoce porque es insensato, pues para descubrir al Creador en la naturaleza basta la razón (Denz. 2.145), Cf. Salmos 8 y 18. De ahí el reproche de San Pablo a los incrédulos (Romanos 1, 18 ss.). La fe va más lejos y penetra los pensamientos de Dios, que merecen nuestra atención mucho más que las simples manifestaciones de su poder (I Corintios 2, 10). San Pablo enseña que, así como el hombre insensato no se detiene a contemplar esa otra biblia que es la naturaleza, el hombre puramente natural nunca podrá entender los pensamientos divinos sin la luz sobrenatural de la fe (I Corintios 2, 14, texto griego y nota; cf. Lucas 10, 21). Sobre la vanidad de la ciencia humana, véase Eclesiastés 1. 13 s.; Kempis III, capítulo 43. No entiende esto: Podría referirse a lo que precede o también a lo que sigue en el versículo 8: el misterio del mal triunfante (cf. Salmo 72, 11 s. y nota). Algunos (cf. Ubach), en vez de aunque broten, etc., traducen: Si brotan… y florecen… (es porque) están destinados, etc., con lo cual se ve quizá más intensamente, no sólo que los malvados y sus triunfos de un día son un juguete en el plan de Dios, que sabe sacar de ellos mayor bien para sus amigos, sino también el tremendo destino de los que ya tuvieron aquí abajo “sus bienes”. Cf. Lucas 16, 25 y nota. Los artesanos del crimen (cf. I Macabeos 9, 23 texto griego).

* 10. La repetición: los enemigos tuyos parece ser un agregado.

* 11. Mi fuerza: Literalmente mi cuerno. Aceite nuevo: Es decir, fresco, que era el más apreciado. La Vulgata lo tomó en el sentido de un reflorecimiento de juventud en la vejez (cf. versículo 15 y Salmo 70). Otros vierten: óleo purísimo; Nácar-Colunga: verde aceite. En II Reyes 19, 22, David, triunfante de los traidores y repuesto en el trono sobre todo Israel, exclama que ha sido nuevamente ungido.

* 12. Se alegran: Como quien ya no tiene que temerlos. Páramo vierte: se apacientan. Según otros: miran con desprecio.

* 13 s. Usados en la Liturgia del Común de Confesores. En contraste con los que pasan como el heno (versículo 8), el justo será como los árboles seculares (cf. Isaías 65, 22) en la casa de Yahvé.

* 15. Fructificarán Así también traduce San Jerónimo. Cf. versículo 11. Sobre esta prosperidad en la vejez, véase Salmo 70, 9 y nota.

* 16. La gloria del anciano creyente está en mostrar a sus hijos y a todos, con la austeridad de sus canas, para que nunca pierdan la serenidad y la confianza en Dios, cuán “irreprochable” es la Providencia de Dios, cuyos caminos a veces nos parecen tan oscuros. El anciano ya sabe por experiencia que en el tren de la vida y de la historia, que parece lanzado sin freno en un precipicio, hay un oculto maquinista, Dios, sin el cual nada sucede y que de todo sabe sacar mayor bien para sus amigos (Romanos 8, 28). Y por eso, para el hombre de espíritu, ya no es motivo de escándalo la aparente prosperidad de los impíos. Cf. Salmo 72 y notas.

* 1. Como observa Vaccari y lo mismo Páramo y otros, este Salmo ‘es el primero de una serie de ocho himnos, hasta el Salmo 99 inclusive, que cantan a Dios como Rey de todo el mundo, y que poniéndose en aquel momento ideal en que Él será reconocido como rey por todos los pueblos, aclaman su subida al trono’. De ahí que ‘la aclamación que empieza por esas palabras vibrantes, va a continuar hasta el Salmo 99: Aclamad al Señor, tierras todas (Dom Puniet). Reina Yahvé: Literalmente sería, como otros vierten: Yahvé se ha hecho Rey, o ha empezado a reinar; muestra el día en que Dios adquiere una cualidad nueva: la de rey, y ‘se adorna con las aparatosas investiduras que suelen éstos llevar en su coronación’ (Bover-Cantera). Con iguales palabras empiezan los Salmos 96 y 98, proféticos y mesiánicos, que ofrecen muchos datos para la interpretación del presente, lo mismo que los Salmos 44, 71 y 109. ‘Los Santos Padres, lo mismo que los rabinos judíos, lo aplicaban generalmente a la época del Mesías’, pues el poema ‘muy rico en pensamientos no obstante su brevedad, y que abre una notable serie de Salmos teocráticos, nos muestra por anticipación al Señor reinando sobre la tierra entera y celebra esa realeza perfecta’ (Fillion). El Salmo se reza hoy en los Laudes del domingo; antiguamente se cantaba, como observa Puniet, en las Vísperas del sábado, conforme al epígrafe que lleva en la Vulgata. Se ha revestido, etc.: Calès señala una relación con Isaías 51, 9 y 52, 7. Cf. Salmo 64, 7. Se ciñe las armas: así también Páramo. Cf. Salmo 44, 4. Da estabilidad, etc.: Véase sobre esto II Pedro 3, 10-13; Isaías 65, 17; 66, 22; Apocalipsis 21, 1.

* 2. “Se describe su ascensión al trono y el acto de ser reconocido y aclamado por todos los pueblos” (Páramo). Véase Lucas 1, 32; Daniel 7, 14 y 27; Salmo 79, 18; Isaías 9, 7; Apocalipsis 5, 9 s. Fijado está etc.: Así también Desnoyers, Puniet, Ubach, etc., como LXX y Vulgata. El Rey existe desde toda la eternidad como Persona divina. pero no habrá tomado posesión del Reino sino en el tiempo fijado por Dios. Calès hace notar que entre los exégetas antiguos y modernos, son muchos los que lo han aplicado al Reino de Cristo, viéndolo de distinta manera: unos “en su Iglesia militante como triunfadora de los reyes de la tierra, de los rebeldes y de los perseguidores; otros, en la Iglesia triunfante, cuando la justicia y la paz hayan sido adecuada y definitivamente establecidas por el juicio final”. El P. Callan anota que “el salmista aclama la soberanía de Yahvé no sólo sobre Israel sino sobre todo el mundo” y que después de haber sido humillado y cruelmente perseguido, Israel, “ahora el Señor ha intervenido y rescatado a su pueblo de sus acérrimos enemigos”. Cf. Salmo 71, 11 y nota; 2, 6-8; 109, 1-3; Hechos 1, 7; Lucas 19, 11-27; Apocalipsis 11, 15 y 17; 19, 6. La Biblia de Sales, comentando este último texto del Apocalipsis, después de señalar la caída de Babilonia, pone la siguiente nota de Martini: “Según nuestra manera de entender, Dios comienza a reinar y a ejercitar el sempiterno y absoluto imperio que tiene sobre todas las cosas, solamente cuando, ejecutadas sus venganzas y castigados los enemigos, demuestra contra éstos su absoluta potestad no menos que su generosa bondad hacia los elegidos reunidos en su reino por todos los siglos.”

* 4. Pero, más poderoso, etc.: Así también Vaccari, Páramo, y otros. Cf. s. 97, 7 s.; Hababuc 3, 8-13; Lucas 21, 25.

* 5. Tus testimonios, etc.: En sentido doctrinal; porque nada es más fiel que la divina Palabra (Salmo 18, 8), justificada en sí misma (ibíd. versículo 10) y que no necesita testimonio de los hombres (Juan 5, 34 ss.). El sentido profético, concorde con el contexto, y confirmado según Gramática en Apocalipsis 19, 9 y 22, 6, indica la fidelidad firmísima de estos anuncios sobre los tiempos en que Dios grabará su Ley en los corazones y todos los conocerán (cf. Jeremías 31, 31-34, citado en Hebreos 8, 8-11 y en 10, 16 s.). La casa de Dios cuya santidad se anuncia es, dice Ubach, el Templo de Jerusalén. Calès se pregunta si se alude al de Salomón o de Zorobabel; pero, como dice Vaccari, se trata de un templo que ya no será violado como lo fueron esos dos, y cuya santidad quedará confirmada para siempre (Isaías 11, 9; 65, 24; Ezequiel 37, 28; 40, 1 y note). Cf. también Apocalipsis 19, 6-9 donde vemos que la esposa del Cordero será santa en todos sus miembros porque se habrá preparado para las Bodas.

* 1. Veinte opiniones diversas, dice Fillion, se han formado entre los que niegan el origen davídico de este Salmo, que es un recurso a Yahvé contra los inicuos opresores de Israel. Preferimos seguir la indicación de los LXX, que lo atribuyen a David, reconociendo con Teodoreto que es un vaticinio de tiempos futuros, como lo son tantos otros de los Salmos davídicos. En cuanto trata de la fugaz prosperidad de los soberbios y el triunfo final dado por Dios a los humildes y débiles, coincide con los Salmos 36. 48 y 7-2, poniendo especialmente el acento contra los abusos de los que detentan la autoridad (cf. versículo 20).

* 3 s. Véase Salmos 30, 18; 65, 5 y notas. Cf. Judas, 15.

* 5. Tu heredad: Israel. Como María en Caná (Juan 2, 3), la oración expone simplemente a Dios la angustia del pueblo, seguro de que su Corazón no necesita más. Cf. versículo 14.

* 6. El salmista defiende a los débiles, porque ellos son los privilegiados del amor de Dios (Salmos 67, 6; II Macabeos 8, 28; Santiago 1, 27). Cf. las quejas de los profetas en Isaías 1, 23; Jeremías 5, 28; Ezequiel 22, 7; Amós 4, 1, etc.

* 7. No lo ve: “Tu paciencia, Señor, que les esconde tu justicia, los lleva finalmente a la incredulidad, porque no pueden comprender que Tú veas y no castigues” (Anónimo francés del siglo XVIII). Cf. Salmos 63, 6; 72, 11; Job 22, 13; Eclesiástico 16, 16; Sofonías. 1, 12.

* 8 ss. Habla a los prepotentes, cegados por el orgullo; mas la admonición puede servir también a las víctimas que desconfían del divino auxilio. Cf. Isaías 66, 9.

* 10. Vemos aquí que Dios es también juez de las naciones y no sólo de los individuos. Cf. Joel 3, 1 ss. y notas; Mateo 25, 31 s. Las palabras entre paréntesis restablecen, según lo propuesto por varios modernos, el sentido y el paralelismo en este pasaje, muy diversamente vertido.

* 11. ¡Una cosa vana! Así literalmente. Otros vierten: un soplo (cf. Salmo 91, 6 y nota). San Pablo cita este versículo en la primera Epístola a los Corintios (3, 20), cuyos cuatro primeros capítulos son la más elocuente refutación y condenación que existe de la suficiencia humana, ¡Cuántos libros de pretendidos pensadores y de falsos profetas se habrían podido evitar mediante aquel monumento de doctrina cristiana que nos enseña a hacernos necios para ser sabios! Véase Job 5, 13; Sabiduría 9, 13 s.; Isaías 40, 23; Romanos 1, 22; 3, 4 y 27; Gálatas 1, 12; Salmo 115, 2; Colosenses 2, 8; I Tesalonicenses 5, 21; I Juan 4, 1; Mateo 7, 15 ss.).

* 12. Tu Ley: Otros vierten: tu enseñanza. Ley está en el sentido lato, como en el Salmo 118, y no se trata solamente de los diez mandamientos, sino de las incalculables lecciones de sabiduría que nos ofrece la Palabra de Dios, Cf. Salmo 118, 99 s.; Eclesiástico 24, 39 y nota. Sobre esta bienaventuranza, que contrasta diametralmente con el versículo anterior, cf. Lucas 11, 28; Apocalipsis 1, 3; Salmo 1, 1 ss. y nota.

* 13. He aquí la grande y rara sabiduría con que Dios favorece a los que en Él confían: saber esperar sin turbación del ánimo hasta que suene la hora que sólo Él conoce. Cf. Salmo 36, 1 ss.

* 14 s. Muestra el salmista que Israel no debe desesperar nunca en ese estado de persecución que para él es endémico (Calès), porque cuenta con promesas divinas que no pueden fallar y “los dones y vocación de Dios son inmutables” (Romanos 11, 29). Cf. Deuteronomio 9, 27-29; 30, 1 ss.; Nehemías 1, 8 ss.; Romanos 11, 2, etcétera. En el versículo 15 anuncia una reforma de la vida conforme a las leyes de la justicia divina, con la cual ‘triunfarán los de recto corazón’ (Rembold). Cf. Salmo 71, 12 s. y nota; Isaías 65, 17; 66, 22; II Pedro 3, 13.

* 16. Claramente se nos enseña aquí que si somos perseguidos injustamente no busquemos consuelo en los hombres, pues no hemos de hallarlo. El segundo hemistiquio condena la cobardía y respeto humano. Cf. Apocalipsis 21, 8; Mateo 13, 21; 11, 6; Juan 16, 1 ss.; Romanos 9, 33; Lucas 9, 26.

* 17. Esto, contrastando con el versículo anterior, es lo que produce en el ánimo de David ese sentimiento exquisito, tan propio de él y tan envidiable, que él hablando con Dios llama “la alegría de tu salvación” (Salmo 50, 14). Es la alegría del niño, pura y plena, que parecería audaz e insensata en esta vida llena de peligros y que sin embargo no comporta la menor presunción, pues la confianza en que reposa no se funda para nada en suficiencia propia, ni en otros hombres, sino enteramente en ese sostén gratuito y universal que el niño espera de su padre porque sabe que es amado y no porque lo merezca. Por eso David llama a esto alegría “de tu salvación”, porque no podría concebirse sino en quien tiene la felicidad de contar infaliblemente con su salvador (cf. versículo sig. y nota).

* 18. ¡Doctrina de consuelo incomparable para los pequeños! Apenas me confieso a mí mismo que soy incapaz vuela a socorrerme toda la fuerza del Padre omnipotente (Isaías 66, 2; II Corintios 3, 5). ¡Todo lo contrario del que confía en sí mismo! ¿Qué tratado teórico, sea filosófico o doctrinal, podría compararse a esta enseñanza viva? Cualquiera, aun el más párvulo, y éste mejor que nadie (Lucas 10, 21), puede entender la lección que aquí se enseña de confianza en la realidad sobrenatural que, más que explicaciones técnicas, necesita ser creída simplemente, como un hijo cree a su padre. Tal es el valor educativo de la Palabra de Dios.

* 19. Véase Salmo 89, 13 y nota. Entre esos consuelos el primero consiste en saber esta doctrina infinitamente consoladora, que es la misma expuesta por San Pablo en II Corintios 1. La “perfecta alegría” que se cuenta de San Francisco (“Florecillas” parte 1, capítulo 7) no consistía en el hecho exterior de que lo recibiesen mal y le negasen hospitalidad en una noche lluviosa. Consistía en el hecho interior de poder conservar el corazón alegre a pesar de cualquier hecho exterior.

* 20. ¿Acaso serías tú cómplice del impío tribunal que sanciona injusticias en forma legal? ¡Formidable denuncia, aplicable a los jueces prevaricadores de todos los tiempos! Véase los Salmos 57 y 81 especialmente dedicados a ellos. La sede (así también Vaccari) expresa un concepto más amplio que el de tribunal, pues en realidad se extiende a todos los que abusan del poder (cf. Salmo 52 y notas). La imprecación recuerda las de Jesús contra los fariseos, escribas y doctores de la Ley (Mateo 23, 14 ss.; Lucas 11, 39 ss.), que pretendían obrar en nombre de Dios mientras reprobaban y condenaban a su Hijo Jesús. Cf. Salmo 108, 7; I Reyes 14, 32 ss.; Juan 16, 2; III Juan 9 ss.

* 23. Nada más confortante que esta segura esperanza de la justicia que un día llegará. Cf. Salmos 7, 17 s.; 67, 2; 88, 11; 91, 10, etc.

* 1. Todo este Salmo es una invitación a alabar al Dios Creador del mundo y de los hombres y Pastor de Israel, que se manifiesta en las obras de sus manos y en la historia de su pueblo. San Jerónimo, en vez de nuestra salvación, traduce: nuestro Jesús, viendo en el Salmo la profecía mesiánica. Sirve de fervorosa introducción al Oficio divino de cada día y está lleno del espíritu del santo Rey Profeta, todo de fe y amor filial. Contiene también, como observa Dom Puniet, una exhortación a permanecer fiel a la Palabra de Dios, o sea a meditar y a recordar a cada hora esa Palabra que abundantemente se lee en el Breviario. Para Yahvé: en dativo (así también la versión en inglés de Benziger). Es una idea delicadísima, la de un hijo que se alegra para su Padre, sabiendo que el corazón paterno gozará con verlo contento. Cf. Salmo 93, 17 y nota; Filipenses 4, 4. Sobre la alabanza véase Salmo 49, 14.

* 3. Cf. Salmo 95, 5. Ello no obstante, Dios les reprocha a menudo que lo han cambiado por otros dioses (cf. Jeremías 2, 11).

* 4 ss. En el Breviario actual (aun no reformado con el nuevo Salterio), este Salmo tiene algunas variantes (caso único) conservadas de la antigua versión latina, llamada Salterio romano. En los demás Salmos la Vulgata adoptó la revisión de San Jerónimo (Salterio galicano). La versión misma del Doctor Máximo, empero, hecha “según la verdad hebrea”, no se incorporó al uso litúrgico.

* 6. Inclinarse y doblar la rodilla son manifestaciones de adoración que corresponden a Dios (Isaías 45, 24) y a su Hijo (Filipenses 2. 10). Cf. Hechos 10, 26 y nota. Jesús las practicó Él mismo, adorando a su Padre hasta postrarse con el rostro en tierra. Cf. la nota a Filipenses 2, 7 s.

* 7. Las ovejas que Él cuida: Dios se muestra muchas veces como pastor de Israel, y Jesús también se atribuye ese oficio (Éxodo 13, 21; Isaías 63, 11; Salmos 76, 21; 99, 3; Juan 10; Mateo 9, 36; 26, 21; Lucas 12, 32). Ojalá oyerais hoy, ya que no la oísteis antes. Cf. Salmo 77, 1 ss. y nota.

* 8 ss. San Pablo recuerda nuevamente estas palabras a los hebreos de su tiempo (Hebreos 3, 7-11), y las extiende a la necesidad de oír el Evangelio (Hebreos 2, 3; 12, 25). Meribá y Masá: nombres de dos lugares donde los israelitas murmuraron contra Dios (Éxodo 17, 1-7; Números 20, 1 ss.). Vuestros padres me provocaron: Alude a esa murmuración en el desierto cuando les faltaba el agua. Doloroso reproche contra nuestra continua ingratitud, que puede verse reiterado sin cesar a través del Salmo 77. También Jesús hubo de repetirlo muchas veces (Marcos 8, 17 s.; Juan 12, 37 ss., etc.).

* 10. Cuarenta años: El tiempo de la peregrinación por el desierto (Números 14, 34).

* 11. Mi reposo: La tierra de promisión (Números 14, 22). Véase cómo toma este pasaje San Pablo en el capítulo 4 de la Epístola a los Hebreos, refiriéndose al “solemne descanso” prometido al pueblo de Dios, a la manera como Él descansó el séptimo día de la Creación Cf. Salmo 71, 1 y nota.

* 1. El nuevo Salterio Romano resume así el contenido de este Salmo: ‘El salmista contempla en su mente al Señor viniendo al fin de los tiempos para constituir el reino mesiánico (13). I. Exhorta a todos a que alaben a este gran rey (1-3); II. Porque éste es el solo Dios, lleno de majestad, poder y esplendor (4-6); III. A Él tributen alabanza todos los pueblos, ofrézcanle sacrificios, préstenle adoración, porque Él mismo ha empezado a reinar (7-10); IV. También la naturaleza llénese de exultación porque Dios viene a gobernar la tierra (11-13).’ Salmo de origen davídico, pues figura como tal en I Paralipómenos 16, 23-33, no puede tener relación directa con el cautiverio de Babilonia, aunque quizá fuese adaptado al culto del segundo Templo después del cautiverio babilónico, sin perjuicio de su carácter profético que contempla la plenitud del reino mesiánico. Como los Salmos 96-98, presenta a Israel en un estado de libertad y santidad que no tuvieron al volver de Babilonia las tribus de Judá y Benjamín (Salmo 84, 1 y nota; Esdras 4, 1; capítulo 9 y 10; Nehemías 9, 36; capítulo 13; Isaías 59, 21; Hebreos 8, 8-11; Ezequiel capítulo 40-48). Cántico nuevo (cf. Isaías 42, 10; Salmo 32, 3): “Los cánticos antiguos no son ya suficientes para celebrar esta nueva e inaudita manifestación de Dios como rey de toda la tierra” (Salterio Romano). De ahí el carácter solemne de la introducción, igual a la del Salmo 97 y extensiva a toda la tierra.

* 3. Aquí y en los versículos 7 ss. vemos la misión apostólica de Israel entre las naciones. Cf. Salmo 64, 2; 65, 8; 66, 3 ss.; 101, 16 s.; 125, 2; Isaías 54, 15; 55, 5; 60, 3; Ezequiel 36, 23; Miqueas 5, 7; etc.

* 6. Sobre esta gloria y belleza, cf. Salmo 44, 3 ss.; 64, 7; Marcos 13, 26; Lucas 9, 26-32.

* 8 ss. Los pueblos gentiles acudirán para rendir culto al Dios de Israel. Cf. versículo 3; Salmo 46, 10 y notas. Profecías semejantes se hallan en Isaías 2, 2 ss.; 42, 7 ss.; 60, 6, etc.

* 9. Véase Salmo 96, 4; Marcos 13, 22.

* 10. Anunciad, etc.: Este versículo ha sido aplicado por la Liturgia en el Aleluya de las misas del viernes de Pascua y de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo), añadiéndole: reinará sobre el madero, como lo hace también el himno Vexilla Regis de Venancio Fortunato, que atribuye a David la frase, “regnavit a ligno Deus”; por su parte el nuevo Salterio Romano anota: “Reina el Señor (cf. Salmo 92, 1): da firmeza al universo y gobierna a los hombres con justicia.” Véase Salmos 71, 2; 109, 5, etc. Comentando este Salmo en su autorizada edición reciente, el P. Callan se pregunta cuál es la situación que hoy hallamos en el mundo, y si hay algo sobre la tierra que corresponda al cuadro pintado en el Salmo, ya que ‘ante todo debe notarse que el salmista no estaba soñando ni exagerando cuando escribió este poema, sino hablando como mensajero de Dios y declarando realidades por venir’. Después de señalar que las multitudes están lejos de conocer a Cristo, se pregunta si alguna vez será diferente la situación, y concluye que tal renovación parece seguramente remota, pero aun cuando ‘poco se ve que dé esperanza de semejante cambio, él debe finalmente llegar si es conforme al plan divino que la visión del salmista se verifique en esta parte temporal de la era mesiánica’. Y añade ese mismo autor, que entretanto cada uno puede, mediante la imitación de la vida de nuestro Señor Jesucristo, ‘apresurar la venida de ese tiempo bendito en que hombres y naciones, tierra y mar y toda la naturaleza vivirán y se alegrarán en paz y armonía, unidos en un cántico nuevo universal y sin fin, de amor y fraternidad’.

* 11 ss. En el tiempo mesiánico ¿cómo no daría señales de alegría la naturaleza inanimada, que participa también de la salvación? Cf. Romanos 8, 22; Salmo 71, 3 y notas. Viene para gobernar la tierr”, etc. (versículo 13): ‘A restablecer la justicia y a implantar en el mundo la felicidad de la era mesiánica’ (Páramo). El Santo Padre Pío XII ha citado este Salmo al decir que después de las tribulaciones que en la actualidad sufre la Iglesia, llegará la hora, de santo regocijo, en que el Padre celestial, por medios desconocidos por las mentes o los deseos de los hombres, restaurará la justicia, la calma y la paz entre las naciones. Cf. Salmo 97, 9.

* 1. El título que tiene en la Vulgata alude a la tierra restaurada y recuerda las promesas de Génesis 13, 14 s.; 15, 18: Ezequiel 20, 40-42; 36, 33-35, etc. San Agustín y otros Padres ven en la tierra restituida la humanidad plenamente redimida por Cristo, el Rey poderoso y justo Juez que ha de venir con gloria y confundirá a los impíos pero alegrará a los suyos (cf. Lucas 21, 28; Romanos 8, 23). “También este Salmo, como el precedente, trata del advenimiento del reino de Dios. I. En una magnífica teofanía aparece el Señor para el juicio (1-8); II. Confunde a los cultores de ídolos y salva de sus enemigos a los justos, dándoles luz y alegría (7-12)” (Salterio Romano). El carácter mesiánico de este Salmo está declarado por San Pablo (cf. versículo 7 con Hebreos 1, 6). Reina Yahvé: ‘Con esta fórmula se proclama la realeza divina sobre el mundo en forma parecida a como eran aclamados los reyes en el pueblo hebreo’ (Prado). “La multitud de las islas: hebreo: iyyim, esto es, las costas marítimas, regiones a las cuales tienen acceso las naves; luego, tierras situadas allende el Mar Mediterráneo, ya sean islas o litorales. Cf. Isaías 41, 1-5, etc.” (Salterio Romano). Véase el comienzo de los Salmos 92 y 93.

* 2 ss. Teofanía que recuerda la aparición del Señor en el Sinaí (Éxodo 19, 16 ss.; 20, 18 ss.). El Salterio Romano la asemeja a la de Salmo 17, 8-16 y Hababuc 3, 3-12. Cf. Salmo 49, 3; I Corintios 3, 13; II Pedro 3; 10, etc.

* 3. El Dies Irae nos recuerda: “Cuando venga a juzgar el siglo por el fuego” (Cf. Salmo 89, 4 y nota).

* 5. Véase Miqueas 1, 4; 4, 13; Zacarías 4, 14.

* 6. Cf. Salmo 49, 6; Isaías 61, 11.

* 7. Ángeles todos de Dios: El Texto Masorético dice: kol elohim (todos los dioses), pero tanto los LXX como la Vulgata y la Peschitto han traducido “ángeles”; y como bien observa Calès, sería poco natural que el salmista hiciese adorar a Dios por seres que no existen, como son los dioses. San Pablo dice también ángeles según los LXX, al citar e interpretar este versículo, aplicándolo al triunfo de Jesús en su segunda venida, cuando el Padre “introduzca de nuevo a su Primogénito en el mundo” (Hebreos 1, 6). También lo ha considerado así la liturgia, que con los versículos 7, 8 y 1 de este Salmo ha formado el célebre Introito que se repite en la Misa los seis domingos después de Epifanía. Así, pues, hemos mantenido el texto como lo hace San Pablo, es decir, poniéndolo en boca del mismo Padre celestial como una orden dada a los ángeles, y que al oírla Sión (versículo 8 y nota), la llenará de gozo. Es interesante observar que, según los LXX, este texto figura también cuando se anuncia la sangrienta venganza del Señor en el Cántico de Moisés (Deuteronomio 32, 43), que luego vemos mencionado en Apocalipsis 15, 3 cuando aparecen las siete plagas finales de la ira de Dios. El nuevo Salterio Romano, comentando ese pasaje del Cántico de Moisés, dice que ‘predica el triunfo del pueblo de Israel que ciertamente será castigado por un tiempo, pero que enmendado y purgado por el Señor será protegido y librado.’

* 8. El triunfo del Señor será también triunfo y gloria de Israel y de su Santuario en Sión (Páramo). Cf. Salmos 47, 12; 86, 4 y nota; Lucas 2, 32. “Las ciudades de Judá literalmente: las hijas de Judá, hebraísmo para significar otras poblaciones y lugares de la región” (Salterio Romano).

* 10. “Si amas a Cristo debes aborrecer lo que Él aborrece” (San Agustín).

* 11 ss. Cuadro típico de la felicidad del tiempo mesiánico.

* 1. “I. El salmista se inicia con la magnífica victoria que Dios, sin ayuda de ningún poder humano, ha obtenido en favor de su pueblo (1-3); II. Exhorta a todos los pueblos al regocijo (4-6); III. Aun la naturaleza muestra también su exultación por el justo juez que viene (7-9). Este Salmo tiene gran semejanza con el Salmo 95 (96); los versículos 7 y 9 son casi los mismos. Como allí, también aquí se trata del reino mesiánico” (Salterio Romano). Dios mismo, fiel a sus promesas, ha obrado la salvación (cf. Isaías 52, 7-10; 59, 16-21: Hebreos 8, 9-11). El pretérito es profético, viendo el salmista los hechos venideros como pasados. Tanto los Santos Padres como la Liturgia coinciden en afirmar el carácter profético de este Salmo, cuyos vaticinios se habrán de cumplir en Jesucristo. La victoria: “Sería difícil encontrar en la historia israelita un hecho al que pudieran convenir las palabras del salmista. Ni siquiera el retorno del destierro babilónico ofrece base suficiente para fundamentar la grandiosidad de los efectos atribuidos a la intervención divina en favor de su pueblo. Lo más probable es que se trata de la inauguración ideal de la era mesiánica, presentada por los profetas como una victoria de Dios y del pueblo de Israel sobre los gentiles” (Prado).

* 3. Véase las palabras de la Virgen María en Lucas 1, 54 s.

* 4 ss. Cf. Salmos 95, 1 y 2; 67, 26 ss. y nota. Es la apoteosis del Rey Mesías que sube al trono entre los sonidos de todos los instrumentos de música (v. 5 s.) y de toda la naturaleza (versículo 7 s.).

* 7 s. Cf. Salmo 95, 11-13; Lucas 21, 25.

* 1. “También este Salmo trata del reino de Dios, contemplando. especialmente la santidad del Señor, manifestada en su reino. Esta santidad resalta en el epifonema de los versículos 3, 5 y 9, por el cual se divide el Salmo en tres estrofas desiguales: I. Se afirma el reino, sobre todos los pueblos, del Señor que está presente en el Templo, sentado sobre- los querubines (1-3); II. Propia de su reino es la justicia, que ejerce en el pueblo de Israel (4); III. Otra virtud de su reino es la gracia con que habló a Moisés, Aarón y Samuel, a quienes había sido propicio aun cuando los castigo en su desobediencia (6-8). En el epifonema de los versículos 5 y 9, el pueblo es exhortado a prosternase ante el Señor presente sobre el arca” (Salterio Romano). El vate ve destruidas todas las naciones amotinadas contra el Señor (Salmos 2, 2; 47, 5; 109, 5 s.; II Tesalonicenses 2, 8; Apocalipsis 16, 14 ss.; 17, 14; 19, 19), que tiene su trono en Sión (Salmo 64, 2) y mira proféticamente hacia Cristo. Rey y Señor de los tiempos futuros. “Diferenciase este Salmo de los anteriores en que al celebrar a Cristo-Rey llama la atención no sobre la alegría, sino sobre el terror que ha de experimentar la tierra en el advenimiento de su reinado” (Bover-Cantera). Se conmueve la tierra: Cf. Salmos 95, 9; 96, 4; Apocalipsis 6, 12; 16, 17 s. Sobre los querubines: Cf. Salmo 79, 2; Éxodo 25, 22; I Reyes 4, 4; II Reyes 6, 2.

* 4. Sobre esta justicia véase Salmo 71, 2 y nota.

* 5. Escabel de sus pies: El arca santa. Cf. I Paralipómenos 28, 2; Salmo 131, 7. Varias veces se da ese nombre también a toda la tierra (Isaías 66, 1; Hechos 7, 49), y así lo dice Jesús en Mateo 5, 35. Muchas veces en sentido profético se dice esto de los enemigos de Cristo, a quienes el Padre pondrá bajo sus pies (Salmo 109, 1; Mateo 22, 44; Hechos 2, 35; Hebreos 1, 13; I Corintios 15, 25, etc.). Aquí se trata, como lo dicen los versículos 2 y 9, del trono y santuario del gran Rey en Sión (Salmo 64, 2; Ezequiel 43, 7 y notas). Sobre el misterio del Arca, véase Ezequiel 41, 26 y nota.

* 6. Moisés recibe aquí el rango de sacerdote aunque no lo era. También a David aceptó Dios que le ofreciera holocausto, lo cual era función sacerdotal (II Reyes 6, 17 ss.). En cambio rechazó a Saúl que hizo lo mismo (I Reyes 13, 9; 14, 34-37; 15, 12 ss.). Cf. Apocalipsis 1, 6; 5, 10. En cuanto a Samuel, véase lo que profetizó su madre al presentarle a Dios en Silo (I Reyes 2, 10).

* 8. Castigaste: Alude a que Moisés y Aarón, por falta de confianza en Dios, no pudieron entrar en la tierra de promisión (Números 20, 12; 27, 14; Deuteronomio 3, 23-29). En cuanto a Samuel, léase I Reyes 8, 1 ss.; 16, 1.

* 2. “Salmo breve, dice San Agustín, y bellísimo.” Una de las hermosas odas del Salterio, que termina el ciclo iniciado en Salmo 92, 2 (cf. nota). Se predice la universalidad del reino mesiánico (Páramo). De ahí que se invite a toda la tierra a peregrinar al Santuario (versículo 2; Isaías 56, 6 y 7; 2, 3), para cantar las alabanzas del Dios de Israel (Salmo 64, 2 y nota). Con alegría: Cf. Salmos 49, 14; 88, 16; 91, 2 ss.; 94, 1 y notas. Prado cree que este versículo representa una fórmula o antífona litúrgica.

* 3. Ovejas de su aprisco: Cf. Salmo 94, 7; Juan 10, 16 y notas.

* 4. Entrad por sus puertas: Véase el Salmo 117, 19-20 y nota.

* 5. Cf. Salmo 88, 9 y nota; Salmo 135, etc. Es en la misericordia donde se muestra la omnipotencia de Dios (Sto. Tomás).

* 1. Escogido por Dios para regir a su pueblo, y deseoso de formularse un programa para su vida, tanto privada como pública, David, el rey incomparable, figura del mismo Cristo, traza aquí, con verdadero “espíritu de príncipe” (Salmo 50, 14) un cuadro ideal del buen soberano, tan paternal y humilde como enérgico, dejando así a los gobernantes un modelo de sabiduría política. Véase el elogio que Dios le hace en Eclesiástico 47. Quiero cantar, etc.: Pasaje muy probablemente alterado o quizá añadido para el uso litúrgico, y cuya crítica resultaría muy extensa. Más fácil sería leer, como algunos: quiero observar la bondad y la justicia delante de Ti, Yahvé. Pero nuestra versión, concordante con el nuevo Salterio Romano, tiene en su apoyo tanto el texto hebreo masorético, cuanto el griego de los LXX y la versión del hebreo de San Jerónimo, además del latín de la Vulgata, y no nos atrevemos a corregir tantos testimonios, a base de conjeturas. El poeta quiso sin duda decir que, al proclamar aquí su deseo de seguir la rectitud que agrada a Dios, entendía honrarlo como si le cantara un himno.

* 2. Repetimos aquí lo observado sobre el versículo 1. No pocos y buenos autores vierten: Atenderé la causa de los justos cuando vinieren a mí (a cualquier hora), con lo cual el contexto conservaría perfecta unidad. En efecto, la administración de justicia fue siempre la más alta función del soberano, hasta la división de los poderes que es creación relativamente moderna. Por eso, en la Biblia, juzgar es sinónimo de gobernar (cf. Salmos 71, 2; 95, 10 y notas), y David lo hacía personalmente (II Reyes 8, 15). Ello no obstante, seguimos el sentido textual, en el cual ese cuándo (en hebreo: matai) significa interrogación o admiración. Por lo demás, nada supera en belleza y espíritu a ese anhelo que el rey poeta y profeta deja escapar como un suspiro en el que expresa ‘el voto ardiente por el pronto advenimiento divino’ (Calès). David iba a ser, y lo fue, un rey poderoso y grande; pero, como lo hemos visto en la serie de Salmos precedentes (cf. Salmos 92-99), él contaba con la promesa mesiánica de un reinado muy superior (II Reyes 7, 9 ss.; Ezequiel 37, 24 s., etc.). También para nosotros hay un suspiro igual en Apocalipsis 22, 17 y 20. Dentro de mi casa: El que no empieza por cultivar la rectitud elemental en su vida doméstica ¿cómo podría tenerla para gobernar un pueblo? Es lo que San Pablo dice de los obispos (I Timoteo 3, 4 s.) y de los presbíteros (Tito 1, 6).

* 5. No lo soportaré: Demasiado bien sabía el sabio rey David que las personas altaneras y ambiciosas son capaces de suprimir a los débiles y violar el derecho.

* 6. Es decir: solo los hombres piadosos serán mis consejeros y .sólo los probos serán mis colaboradores (cf. S- 24, 21; 118, 63, 74, 79).

* 7. El mentiroso no durará en mi presencia: David, a quien Dios eligió por su corazón (I Reyes 16, 7), tiene los mismos sentimientos que Dios (Hechos 13, 22; cf. Filipenses 2, 5): odia la mentira porque Dios la odia (Proverbios 6, 17; 13, 5). Nótese que en I Reyes 21, 2 David no mintió a Aquimelec, como algunos creen, pues él mismo era el verdadero rey ya ungido (I Reyes 16, 13).

* 8. La Ciudad de Yahvé: Jerusalén (cf. Salmo 86, 3). La legítima autoridad temporal tiene por derecho divino esa atribución disciplinaria, puesto que no hay verdadera potestad si no viene de Dios. Cf. Romanos 13, 1 y 4; I Corintios 5, 5; I Pedro 2, 13 s.

* 1 ss. El salmista empieza formulando un lamento individual, para aplicarlo después como una honda y vigorosa expresión del dolor de Israel y entonar “un canto profético a la restauración de Sión y a la conversión de los gentiles al culto del Dios verdadero” (Ubach). De ahí que algunos supongan que los versículos 14-23 formaban un Salmo distinto. Pero ‘esta división no parece ser necesaria’ (Salterio Romano), y en otros textos vemos igual sistema usado por David, Isaías, etc. (cf. Salmos 9 a, 1; 105, 4; 130, 3; Isaías 63, 15). Este Salmo es colocado por la Liturgia entre los penitenciales porque todos podemos aplicarnos su impetración, pero su alcance es mesiánico (cf. versículo 26 y nota), y las profecías grandiosas que contiene muestran que, muy por encima de la vuelta de Babilonia, se contempla, como en los Salmos 92-99, la nueva Alianza prometida al pueblo escogido de Dios. Cf. Salmos 64, 6; 71, 11; 84, 1; 95, 5; Hebreos 8, 8 ss. y notas.

* 2. La Iglesia ha adoptado esta invocación en sus preces litúrgicas.

* 4. Véase la gran profecía de Ezequiel (capítulo 37) que anuncia la resurrección de esos huesos. Sobre las expresiones que usa el salmista; cf. Salmos 36, 20; 47, 3.

* 5 s. La piel se pega a los huesos por la flacura (cf. Job 19, 20), es decir, no precisamente por los gemidos sino porque éstos lo hacen olvidarse del alimento. Si este olvido ha secado el corazón, es que no se trata sólo de comida, sino del pan de la Palabra de Dios, cuyo abandono tanto reprocharon a Israel los profetas (cf. Salmo 80, 12; Jeremías 7, 22 s.; 15, 16; Lucas 4, 4; Juan 5, 47). Hay también en todo el cántico muchas reminiscencias de antiguos Salmos, especialmente del 21, del 68 y del 78 (Fillion).

* 7. Pelicano: Véase Isaías 34, 11; Sofonías. 2, 14. El búho es pájaro que habita en las ruinas. Cf. Isaías 14, 22.

* 10. La ceniza es símbolo de dolor y de duelo. Cf. Job 42, 6; Salmos 41, 4; 79, 6; Ezequiel 27, 30.

* 11. Después de levantarme: Aquí comenzamos a ver que las miserias que lamenta el salmista ‘no son las suyas personales sino las del pueblo’ (Nácar-Colunga), esas que aun vemos en Israel, tanto más dolorosas cuanto mayor fue la altura de donde cayó.

* 12. En Salmos 108, 23; 143, 4, etc., vemos que estas expresiones son familiares a David en sus Salmos.

* 13. Tú permaneces (cf. Salmos 9 a, 8; 134, 13; Lamentaciones 5, 19). “En medio de su depresión y angustia es consolado por el pensamiento del eterno e inmutable Dios, que no puede fallar en sus promesas hechas a Israel por los profetas (cf. Isaías capítulos 30 y 49; Jeremías capítulos 25, 29, 30 y 31). Todavía restaurará Él a Sión para alabanza y gloria de su Nombre en las futuras generaciones” (Callan).

* 14. Empieza aquí la “oración ardiente por el pronto restablecimiento de Sión y previsión segura del reino mesiánico universal” (Calès). Cf. Salmo 117, 13; Isaías capítulos 40 ss.; Lucas 1, 54 s.; Romanos 15, 8; Mateo 23, 39; Hechos 3, 20 ss.

* 15. Ya tus siervos aman sus piedras (así también Vaccari). Un escritor moderno se refiere a este pasaje para compararlo con el ansia actual de los israelitas por volver a Palestina, considerando este hecho como un raro indicio providencial de su futura conversión; pues, dice, este deseo ‘ya no augura una liberación como en la salida del cautiverio babilónico, sino un esfuerzo doloroso por ocupar de nuevo palmo a palmo la tierra prometida, y tiene que ser muy intensa su pasión para que, aun sin fe religiosa en muchos de ellos, se mantenga hasta arriesgar la vida frente a dificultades humanamente insalvables’.

* 16 s. Admirable promesa mesiánica: todos los pueblos y reyes adorarán al verdadero Dios. Esto no se cumplió en el regreso de Babilonia (Salmo 95, 1 y nota); está vinculado, como expresa Sto. Tomás, a la conversión de Israel. “La gloria divina está interesada en la restauración de Israel. Naciones y reyes temerán y honrarán a Yahvé cuando comprueben que Él ha reedificado a Sión y ha desplegado su magnificencia; que ha escuchado la plegaria de aquellos a quienes los enemigos habían despojado y que parecían perdidos sin esperanza” (Calès). Cf. Deuteronomio 4, 30; Salmos 64, 6; 71, 11 y notas; Romanos 11, 25-32; Isaías 60, 22. “Según una de las más grandiosas ideas de los profetas, la restauración de Israel tendrá por coronamiento la conversión de las naciones. Así se establecerá el reino de Dios sobre la tierra” (Desnoyers). La misma idea expresa Bover-Cantera y la llama “tradición”. Cf. versículo 23; Salmos 95, 3; 125, 2; Romanos 11, 12; Ezequiel 37, 28; Isaías 60. 3 ss., etc. Él se mostrará en su gloria (versículo 17): Cf. Salmo 83, 8; Mateo 24, 30; Apocalipsis 1, 7.

* 18. La oración humilde será irresistible para Dios. Cf. Isaías 48, 10; Sofonías. 3, 13; Salmos 89, 15; 118, 71; Esdras 9, 15; Nehemías 9, 33; Daniel 3, 28-31; 9, 7, etc.

* 19 s. Cf. Salmo 21, 31 s. Se habrá inclinado, etc. (versículo 20): Así también Calès y otros, de acuerdo con el contexto.

* 21. El auxilio vendrá en el máximum de la humillación, pobreza y persecución. Cf. versículo 18; Salmos 17, 28; 43, 12 y Salmos 78, 79 y 82, citados todos en la Misa “contra paganos”.

* 22 s. Cf. Salmo 64, 2 y nota. “Todos los pueblos y todos los príncipes tienen más interés de lo que piensan en la vuelta de Israel. Nadie ignorará lo que serán los últimos judíos. Su celo será igual a sus luces… y se puede conjeturar lo que harán cuando toda la nación se convierta, por el cambio prodigioso que unos pocos, reservados por la gracia, produjeron en el mundo al principio del Evangelio” (Anónimo francés del siglo XVIII).

* 24 s. El salmista vuelve a su tono plañidero de los versículos 4-12 y, dirigiendo de nuevo su mirada al estado miserable de Israel, pide a Dios una demora que le permita presenciar la restauración de la nación y de Sión (Ubach). Cf. Salmos 88, 48; 105, 4 y notas; Tobías 13, 20.

* 26. San Pablo nos enseña que estas palabras de Dios son dirigidas a Cristo para anunciarle su triunfo (Hebreos 1, 10-12).

* 27. Tú los mudarás: “Se entrevé aquí una escatología cósmica junto a la escatología mesiánica” (Calès). Cf. II Pedro 3, 10-13; Isaías 65, 17 ss.; Salmos 103, 5; 118, 90.

* 29. Leamos y digamos en unión de espíritu apostólico la magnífica oración de Eclesiástico 36, que la Iglesia recoge en la Misa por la propagación de la Fe y en la cual Israel, después de pedir la conversión de los gentiles, nuestros antepasados (versículos 1-5), ruega también (versículos 13-19) por el cumplimiento de estas profecías relativas a su propia santificación (Salmo 117, 25 y nota; Isaías 60, 10-22; Jeremías 3, 17-20; Ezequiel 11, 17-19; 36, 22-31; 37, 21-28; Oseas 2, 14-24; 3, 4-5).

* 1. Es este Salmo el cántico de las misericordias del Señor. Hemos de leerlo con frecuencia, como un baño de divina frescura que restaura por entero la confianza de nuestra fe, acribillada cada día por los dardos del Maligno impostor, que reina en todas partes como que es el “príncipe de este mundo” (Juan 14, 30). Confiesa el rey profeta sus propias culpas y las de su pueblo para hacer resaltar la infinita bondad del Padre que está en los cielos. Los críticos modernos discuten a David la paternidad de este Salmo, sosteniendo que contiene citas implícitas de libros posteriores y aramaísmos traídos de Babilonia. Pero sus opiniones están lejos de ser bastante persuasivas para destruir el testimonio que nos dan, tanto el Hebreo como los LXX y la Vulgata, en favor del real poeta, cuyo corazón ha mostrado tantas veces, en palabras y en hechos, el espíritu de infancia que a raudales brota de esta insuperable oración (cf. versículo 13 s. y nota). En cada versículo de ella iremos viendo otras tantas pinceladas amorosas que nos esbozan, como un anticipo evangélico, el retrato del divino Padre que había de completarnos Jesús en cada paso de su enseñanza y de su vida, como el sumo objeto de su misión (cf. Juan 17, 2 s. y 26 y notas). ¿Y quién más indicado para ese anticipo, que David, aquella alma asombrosamente amada de Dios, que Él eligió tantas veces para ser figura de su Hijo, para cantarlo, y que hasta en su carne fue predestinado para ser el abuelo de Jesús?

* 2. ¡No quieras olvidar todos sus favores! ¡Fórmula divina, camino de la más alta y verdadera santidad! ¡Saberse amado, creerse amado no obstante saberse miserable! “La fe en el amor de Dios es lo que nos hacer amar a Dios” (Beato Pedro Julián Eymard). Cf. Salmos 56, 3; 76, 11 y notas; I Juan 3, 16; 4, 16; Juan 3, 16.

* 5. Harta de bienes tu vida: La ternura de Dios nuestro Padre nos quiere ver aún en esta vida, siempre alegres (Filipenses 4, 4); sin preocupaciones (Mateo 6, 25-34); nos da cuanto necesitamos materialmente (ibíd. 33); nos defiende de los enemigos (Salmos 29, 2; 34, 1 ss.; 36, 5 s.) y nos da también el mayor de los bienes de aquí abajo, que es la paz (Juan 14, 27) y el gozo (Juan 15, 11; 16, 24; 17, 13) tales como los tenía el mismo Jesús. Lo que no nos da en esta vida —-¡felizmente!— es la saciedad, ese paroxismo o éxtasis de felicidad que buscaba Fausto para poder decirle al tiempo: ‘detente’. ¿Cómo podría ser eso en este siglo malo? (cf. Gálatas 1, 4 y nota), puesto que el reino de Cristo no es ni puede ser de este mundo (Juan 18, 36), ya que cuando Él venga no hallara la fe en la tierra (Lucas 18, 8). Cf. Colosenses 3, 3 s. Es decir que el divino Padre prodiga con abundancia (I Timoteo 6, 17), a los que se confían a Él (Salmo 32, 22), todo cuanto es posible dar, salvo lo que nos haría arraigarnos aquí abajo, en esta fugaz tienda de campaña (Jeremías 35, 10) y entregar el alma al diablo como quiso hacerlo Fausto. ¡Líbrenos el Dios de bondad de tener aquí ‘nuestros bienes’ (Lucas 16, 25 y nota) de modo que nada pueda Él darnos después por no haberlo deseado nosotros! Cf. Salmo 80, 11 y nota. Se renueva: Toma por imagen la muda de las plumas del águila, con la cual esta ave rejuvenece su vigor y fuerza (Isaías 40, 31). Otra preciosa imagen sobre el águila es la promesa de Éxodo 19, 4, repetida en Apocalipsis 12, 14.

* 6. Es decir que Él es santo en todas sus obras, de modo que tenemos en Él, como lo enseña Jesús el modelo de cuanto Él mismo nos manda obrar (cf. Mateo 5, 48 y nota). Y además toma a su cargo la venganza de los oprimidos (cf. Salmo 65, 5 y nota). De ahí el mal de querer hacerse justicia por sí mismo, pues Dios enseña a no resistir directamente al que es malo (Mateo 5, 39) y nos dice que Él odia más que nada al pobre que es soberbio (Eclesiástico 25, 3). Es ésta una gran luz para los que quieren trabajar con fruto espiritual en el apostolado social (cf. Eclesiástico 28, 1-14; Efesios 6, 5 ss. y nota).

* 7. Cf. Salmos 24, 8; 147, 8 s. y notas.

* 8 ss. Tardo en airarse: Véase Salmo 72, 11 y nota. Empieza aquí un cuadro maravilloso de la caridad divina del Padre, que Jesús nos pone como modelo (Lucas 6, 36) y cuyas cualidades describe San Pablo en I Corintios 13. No está siempre acusando (versículo 9), como suele hacer nuestro mezquino corazón cuando nos sentimos ‘muy moralistas’, dispuestos siempre a ver la paja en el ojo ajeno, sin advertir la viga en el propio (Mateo 7, 3 ss.); ni se mantiene enojado para desanimar al pecador, sino que va a su encuentro como el Padre del hijo pródigo (Lucas 15, 20), y cuando éste se propone pedirle que lo trate como a siervo, antes que tenga siquiera tiempo de decírselo, ya lo está amando como a predilecto y obsequiándolo como a príncipe (ibíd. 15, 19 y 21 ss.).

* 11. Así como su sabiduría dista de la humana (Isaías 55, 8), así también se eleva su misericordia sobre toda posible bondad nuestra (Salmo 91, 6 y nota) y sobre toda comprensión de nuestra mente (Efesios 3, 18 s.). Bien lo sabía la Virgen cuando habló en Lucas 1, 50.

* 12. ¡Tan lejos de nosotros! Es decir que esa misericordia con que Él nos mira no es solamente para compadecerse de nuestras penas, sino también de nuestras culpas y caídas, para no sorprenderse de ellas, ni impacientarse, ni cansarse de perdonarnos, pues sabe que somos polvo (versículo 14) y lo tiene muy presente. El que esto cree de veras vivirá en una amistad íntima y amorosa con Él, que no podrá ser interrumpida por nuestras miserias, pues aun en las eventuales caídas no dudará en volver a cada instante a esa amistad, seguro del perdón, y con ello, lejos de apagarse el amor, crecerá, pues ama más el que ha sido más perdonado (Lucas 7, 47). Cf. Salmo 50 y. notas. Grabemos para siempre: en nuestro corazón esta dulcísima verdad que debería estar escrita en todas las paredes, porque la confusión del ánimo en el pecador es la mayor arma del diablo para hacerlo dudar del perdón y mantenerlo así alejado de Dios (cf. Eclesiástico 5, 5 y nota). En tanto que con la admiración de su misericordia, que aquí se nos inculca, crecerá también en nosotros el deseo de agradecer con nuestra alabanza a ese Padre (Salmo 49, 14) por medio de su Hijo y Hermano nuestro Jesús, por quien recibe Él “todo honor y gloría” en la unidad de amor que es el Espíritu Santo.

* 13. Aquí el retrato de Dios asume toda su plenitud, y se nos descubre el secreto más íntimo, como preludiando la suprema revelación de Jesucristo: Dios nos ama porque es Padre y como un Padre (cf. Salmo 17, 20, pasaje cuya paternidad nadie disputa a David). El que esto cree, entiende todo (cf. la nota a Salmo 77, 37). En el Nuevo Testamento hallamos la total explicación del misterio de la paternidad divina, que no procede de la simple creación, como en todos los demás seres, sino de la regeneración que el Espíritu Santo realiza en nosotros por la gracia en virtud de los méritos de Cristo (Juan 1, 12; Gálatas 4, 4-7; Efesios 1, 5 y nota; I Juan 3, 2; Colosenses 2, 12).

* 14. Nuestra misma naturaleza, tan débil y expuesta a peligros, provoca la misericordia de Dios. Cuanto más endebles somos nosotros, tanto mayor es su ternura y bondad (cf. Génesis 8, 21; Salmo 53, 8 y nota). Por eso Cristo no vino a buscar justos sino pecadores (Lucas 5, 32 y nota).

* 15. Es muy hermosa la nota de San Agustín: “Dios, que es Padre, que conoce la obra de sus manos, envió su Verbo; y a ese Verbo, que es eterno, lo hizo hermano de esa flor del heno, que se seca y marchita al primer soplo (Isaías 40, 6 ss.). Para que tú, hierba de sepulcro, pudieras inundarte de eternidad dichosa, quiso participar de tu frágil condición el que es eterno y dichoso por esencia.”

* 16. Ni siguiera, etc.: Así también Páramo, Nácar-Colunga, etc. Según otros, es el lugar quien no lo reconocerá; y según los LXX y Vulgata es él quien no conocerá el lugar. Nos parece más llena de sentido nuestra versión, que coincide con las bellas figuras usadas en Sabiduría 5, 10 ss.

* 17. Palabras de la Virgen en el Magníficat. Ubach suprime como probable agregado lo que va entre corchetes.

* 18. Piedra de toque de la buena fe. Si tengo verdadero deseo de cumplir lo que dice el Evangelio, ya me preocuparé de conocerlo y recordarlo. Sin esto ¿cómo lo podría cumplir? Cf. II Tesalonicenses 1, 8; 2, 10-12; en cambio, la Palabra de Dios, conservada en el corazón, nos da la fuerza para no pecar (Salmos 1, 2-3; 118, 5-6, 11 y 104; Lucas 2. 51; 11, 28; Romanos 1, 16; I Corintios 15, 1 s.; II Timoteo 3, 16 s.; Colosenses 3, 16; Hebreos 4, 12; Santiago 1, 21, etc.).

* 19 s. El universo: otros: todas las cosas. Según la Vulgata: Dominará sobre todos los reinos. Este pasaje es “un eco de los Salmos teocráticos (cf. Salmo 92, 1)” (Fillion). Cf. también Salmo 92, 2 y Salmo 96, 7, que coincide con el versículo 20. Este último forma el Introito de la Misa de San Miguel y de todos los Ángeles.

* 21 s. Todos sus ejércitos. Otros: todo su ejército. Nombre que en la Sagrada Escritura se da preferentemente a las estrellas y que significa también todas las fuerzas de la naturaleza que obran de concierto y en maravillosa armonía (cf. Salmo 103), como un ejército obediente a la voz del Generalísimo, que también lucha por Él cuando Él lo manda (Sabiduría 5, 21 ss.; 16, 17; 19, 18 ss.). Cf. Salmo 82, 14 y nota. El salmista quiere decir: los ángeles en el cielo (versículo 20), los astros en el firmamento (versículo 21) y todas las creaturas sobre la tierra (versículo 22) forman acordes alabando a Yahvé ‘porque es bueno, porque su misericordia es para siempre’ (Salmo 135).

* 1. Este Salmo, que empieza y termina con las mismas palabras que el anterior, forma con él como un díptico. Así como el Salmo 102 empieza y termina bendiciendo a Dios por las maravillas de su misericordia, así lo hace también el presente con respecto a las maravillas de la naturaleza y como una estupenda oda a la mano creadora y conservadora de Dios, que deberíamos llevar siempre con nosotros, como el Benedicite de Daniel 3, para alabar la Providencia del Creador y pedirle que nos enseñe a admirar su obra. Véase los Salmos 8 y 148. Cf. Salmo 91, 1 y nota.

* 2 ss. Reviven ante nuestros ojos los primeros días del Génesis, cuando los abismos se llenaban de aguas y la tierra se preparaba para los seres vivientes. Vemos que el salmista sigue el orden de la creación: 1° y 2° día, versículos 1c-4; 3°, versículos 5-18; 4°, versículos 19-23; 5° y 6°, versículos 24-30; conclusión, versículos 31-35.

* 3. Cf. Génesis 1, 7. El poeta ubica sobre el firmamento las aguas superiores, de las cuales bajan las lluvias (cf. Salmos 113 b, 16; 138, 8; Daniel 3, 60). A título de curiosidad observaremos que en éste y otros textos, como los de Apocalipsis 8, 12 y 12, 4 según los cuales caerán sobre la tierra muchas estrellas (que hoy se consideran millones de veces mayores que ella), trató de apoyarse aquella nueva y curiosa teoría de que todo el universo está encerrado en nuestro globo y que nosotros no caminamos sobre la superficie exterior y convexa de su corteza, sino sobre la cara interior cóncava, como verticales con la cabeza hacia el cielo que se hallaría en el centro del globo, encontrándose fuera “las tinieblas exteriores” (Mateo 8, 12; 22, 13; 25, 30) hacia las que iría a dar el “pozo del abismo” (Apocalipsis 9, 2 s.; 20, 1). Tu carrosa: Cf. Salmo 67, 18. Cabalgas, etc.: Cf. Salmo 17, 11.

* 4. Cf. Salmo 148, 8. San Pablo, según los LXX, lo aplica a los ángeles (Hebreos 1, 7), en cuanto este nombre significa también nuncio o mensajero.

* 6. La habías cubierto (así también San Jerónimo y otros): Es decir, durante el caos (cf. II Pedro 3, 5-6; Génesis 1, 1-2). El cambio producido después (versículo 7) es referido generalmente al tercer día de la creación. Esto, como la afirmación del final del versículo 5, parece que ha de entenderse sin perjuicio de los cataclismos anunciados para los últimos tiempos. Cf. Salmos 101, 27; 113 a, 7 y nota; Isaías 24, 18 s.; II Pedro 3, 5 ss.; Apocalipsis 20, 11; 21, 1, etc.

* 7 s. Son las aguas (no los valles) quienes huyen hasta el lugar destinado (versículo 8). Hemos puesto guiones para señalar así el sentido, que quedaría aclarado si estos cuatro hemistiquios se ordenasen así; 1, 3, 2, 4. Los libros santos ven muchas veces la voz de Dios en el trueno. Cf. Job 26, 14; 37, 4 s.; 40, 4; Salmo 28, 3; Juan 12, 29; Apocalipsis 10, 4. Cf. Salmo 103, 6 y nota.

* 9. El mismo Dios nos llama la atención sobre este prodigio permanente de cómo los inmensos mares no se tragan los continentes. Cf. Salmos 23, 2; 135, 6; Job 26, 10; 38, 8-11; Proverbios 8, 29; Jeremías 5, 22. Otra maravilla: que las límpidas aguas del manantial atraviesen sin ensuciarse las capas de la tierra (Salmo 77, 16).

* 12. San Pablo enseña que ese canto, como todo otro sonido, tiene una significación (I Corintios 14, 10 y nota).

* 14. San Agustín pone aquí la siguiente glosa: “Del suelo humano brota otro pan divino, que inunda al hombre de la vida divina cuando los labios humanos difunden los acentos del Verbo encarnado y mantienen con ellos la vida espiritual y sobrenatural de la humanidad.”

* 15. La Sagrada Escritura aborrece la embriaguez, pero elogia las cualidades del vino tomado con moderación y acción de gracias a Dios, de quien procede todo bien (cf. Jueces 9, 13; Eclesiástico 31, 35; 40, 20; Proverbios 31, 6 s.; I Timoteo 5, 23).

* 19. La luna fue hecha para medir los meses. Dato de gran interés que hoy no se toma en cuenta. Cf. Salmo 80, 4 y noto; Génesis 1, 14; Eclesiástico 43, 6-8. De ahí que algunos han propuesto volver al mes lunar. Cf. Colosenses 2, 16.

* 21. Imploran: Con esos rugidos (véase versículo 12 y nota). Cf. versículos 14 y 27; Salmos 110, 5; 144, 15; Job 38, 41. Jesús nos muestra cómo el Padre celestial los alimenta, y aun viste a las flores, para enseñarnos a confiar en Él (Mateo 6, 26 ss.).

* 23. Al revés de las bestias que merodean por la noche. Vemos aquí cómo el trabajo es ley del hombre y agrada a Dios (Génesis 3, 19; I Tesalonicenses 4, 11; II Tesalonicenses 3, 10).

* 24. ¡Cuán variadas! Así también Calès. Sobre esta continua novedad de que Dios hace alarde, cf. Isaías 48, 6 ss. y nota. Tus riquezas, es decir, tus dominios, pues que Tú los creaste (Salmos 49, 9-13). Mucho ayuda esta reflexión para comprender que no somos dueños de nuestros bienes, sino administradores de lo ajeno, que felizmente podemos aprovecharlo para ganar ventajas con la limosna como en Lucas 16, 1 ss. Jesús llama allí ajenos a nuestros bienes actuales, en tanto que llama nuestros a los eternos (Lucas 16, 12 y nota).

* 26. Las naves: Según otros, debiera leerse: los monstruos imponentes, o: las águilas del mar. Ese leviatán indica un monstruo marino, aquí probablemente la ballena. En Isaías 27, 1 es una serpiente, pero en sentido figurado y escatológico; en Job 40, 20 ese mismo nombre parece aplicarse al cocodrilo.

* 27. ¡Ellos esperan que les dé y Él les da! Dios no vende como los comerciantes sino que da como los padres, sin pedir nada más que amor y confianza. Los animales son aquí ejemplo para los hombres de poca fe. Cf. Salmos 32, 22; 80, 11; 83, 3 y notas. ‘Abre la boca y cierra los ojos, nos decía nuestra madre cuando quería sorprendernos con una golosina. ¿Qué habríamos dicho si alguien nos hubiese sugerido que no cerrásemos los ojos porque ella podría darnos un veneno? ¿Y qué habría pensado ella si, desconfiando, le hubiésemos exigido una previa explicación? Así obra Dios, como nuestra madre (Isaías 66, 13). Apliquemos esta doctrina a nuestro trato con Él, y seremos perfectos. Porque en vano queremos tener vida espiritual si no partimos de la base de que somos amados por El. ¿Cómo podríamos, sin eso, creer el misterio de la Redención?’

* 29 s. Profunda enseñanza: Lo propio de toda creatura es el no ser por sí misma. Apenas el Creador dejase de sostener lo que creó, automáticamente volveríamos a la nada (cf. Salmo 62, 9; Sabiduría 1, 7 y notas). La Liturgia, en el Veni Creator, adapta al Espíritu Santo el versículo 30, trasladándolo de la vida física (cf. Romanos 8, 11) a la vida sobrenatural de las almas (Salmo 118, 91 y nota). “Como a Él se atribuye el principio de la vida en los seres vivientes, se le atribuye asimismo el principio de la vida sobrenatural. Cuando Él es enviado y entra en un alma se verifica la nueva creación sobrenatural y se renueva la faz de la tierra” (Manresa).

* 31. Como se alegró al principio, cuando todo era puro (Génesis 1, 12, etc.), volverá a alegrarse cuando las creaturas regeneradas dejen de estar sujetas al pecado el día de “la redención de nuestros cuerpos” (Romanos 8, 19-23). Cf. Lucas 21, 28; Efesios 1, 10; Hechos 3, 20 s.; 1, 6 s.; Colosenses 1, 5; 3, 4; I Tesalonicenses 1, 3 y 10; Génesis 3, 17 s.

* 33 s. ¡Vivir cantando! ¿No es una ironía en este valle de lágrimas? Lo sería ciertamente si se tratase de la expansión lírica y ruidosa con que el mundo traduce ostensiblemente las alegrías sentimentales del corazón de carne… que no tarda en traicionarlo convirtiendo su canción en llanto al menor contratiempo. “Para esos cantos alegres no está hecho este tiempo de prueba en que la Iglesia, con el Amado ausente, cuelga su arpa en los árboles junto a los ríos de Babilonia” (alusión al Salmo 136, 1 ss.; véase allí las notas). Ello no obstante, el programa que Dios ofrece a los que lo aceptan por amigo íntimo es un canto interior de ininterrumpida alabanza como el que aquí vemos, un canto que no podrán impedir ni las prisiones de San Pablo —que se gozaba alabando entre sus cadenas y despreciando la libertad (Hechos 16, 25 ss.)— ni las catacumbas, que obligaban a los creyentes a esconderse como malhechores, reprobados a ejemplo de Cristo (Lucas 22, 37), ni el encierro para orar en el propio aposento “corrido el cerrojo de la puerta” (Mateo 6, 6), seguros con todo de que “al Padre que ve en lo secreto” séanle gratos mis acentos, como anhela aquí David (versículo 34). Cf. Salmos 3, 4 y nota; 49, 14; 145, 2; Apocalipsis 3, 20; Lucas 10, 21 y 42; Mateo 6, 33; Juan 13, 23; 15, 11 y 15; Gálatas 4, 6 s.; I Juan 4, 18; Cantar de los Cantares 2, 14.

* 35. No haya más impíos. Cf. Isaías 60, 18 y 21; Jeremías 3, 17; Ezequiel 11, 18 s.; 36, 26 s.; Oseas 3, 5; Mateo 13, 41; Apocalipsis 20, 9. La expresión Hallelú Yah (de donde viene el aleluya), que la Vulgata pone al principio del Salmo siguiente, significa: “Alabad a Yah”: alabad al Señor (véase Apocalipsis 19, 1 y nota) y se repetirá, como comienzo o final, en muchos de los Salmos que siguen.

* 1. Los dos Salmos que vienen son correlativos, y hemos indicado su asunto en los respectivos títulos. El 104 muestra a Yahvé fiel con su pueblo ingrato. El 105 muestra a Israel ingrato con su Dios fiel. El presente abarca especialmente desde el Pacto con Abrahán hasta la entrada de Israel en la tierra prometida. Los primeros quince versículos que se encuentran también en I Paralipómenos 16, 8-22, fueron cantados en el traslado del Arca al monte Sión. Los demás revisten carácter didáctico y tienen por objeto excitar en el corazón del pueblo teocrático la gratitud para con su fiel protector, mediante el recuerdo de sus promesas y sus bondades. Cf. Salmo 102, 2 y nota. Estas síntesis de la historia de Israel son frecuentes en la Biblia, y siempre tienen gran elocuencia y ofrecen honda enseñanza. Cf. Salmos 77, 105 y 106; Judit 5, 5 ss.; Nehemías 9, 6 ss.; Hechos 7, etc. Entre los gentiles: Cf. Salmo 95, 3 y nota; Isaías 12, 4.

* 3 s. Alégrese: al descubrir cuan bueno ha sido. Y para eso: fijaos, es decir, detened vuestra atención en Él y no queráis vivir siempre olvidándolo como si fuese cosa secundaria. ¡Mirad cómo Él no se olvida! (versículo 8).

* 5. Las sentencias: Los castigos que Dios infligió a Egipto y Canaán en favor de Israel. Cf. Éxodo 6, 6; 7, 4; 12, 12, etc.

* 6. Este llamado no ha de sonar como ajeno para nuestro espíritu, pues también nosotros somos hijos de Abrahán por la fe (Romanos 4, 16; Efesios 2, 12 ss.).

* 8. Su alianza: Las promesas dadas a los patriarcas (versículo 9 ss.) y confirmadas después con nuevas promesas a David y a los profetas. Cf. Génesis 12, 7; 13, 14 s.; 15, 18; 22, 16 ss.; 26, 3 ss.; 28, 13 s.; etc. La primera promesa de Dios es hecha en el Paraíso y se llama Protoevangelio (Génesis 3, 15). Noé recibe más tarde otra, con el arco iris por testigo (Génesis 9, 8 ss.; Salmo 88, 35). La promesa por antonomasia (la Tierra Santa y el Mesías) es llamada Alianza patriarcal porque era el fundamento del pacto que hizo Dios con Abrahán (Génesis 17). Después vino la llamada Antigua Alianza con Israel, mediante Moisés y la Ley (Éxodo 20 ss.), pero sin abolir las promesas anteriores (Gálatas 3; Lucas 1, 55 y 73). Luego la promesa hecha a David (II .Reyes 7, 14; cf. Salmo 88, 31 y notas). Sobre la nueva Alianza prometida por los Profetas a Israel y Judá, cf. Jeremías 31, 31 ss. (citado por Hebreos 8, 8 ss. y 10, 16 s.). Pero aunque ellos rechazaron a Cristo (Juan 1, 11), Él se hizo mediador de esa Alianza con su sangre (Lucas 22, 20). Cf. Mateo 23, 39; Juan 19, 37; Isaías 59, 20 s., citado por Romanos 11, 26 s.

* 12 s. Recuerda la primitiva vida nómada de los patriarcas en Canaán. Sólo una tumba tuvieron en propiedad: la cueva de Macpelá (Génesis 23, 4; 24, 30; cf. Hebreos 11, 8 ss. y notas). Ello no obstante, no los despreciaba el Dios de los humildes, y los cuidaba como su preciosa herencia. Véase, sobre estos orígenes, el patético capítulo 16 de Ezequiel.

* 14 ss. Cf. versículo 44; Ester 9, 16; Joel 3, 1 ss.; Romanos 11, 28, etc. Dios hace ostentación de su predilección por su pueblo y no admite que nadie le pida cuentas de ella ni se escandalice de su divino beneplácito, que todo lo hace por amor (Salmo 135, 17 ss.). Humillando así nuestro entendimiento para aceptar sin reparo sus designios (II Corintios 10, 5) es como sacaremos de la Escritura el fruto de la sabiduría (Romanos 11, 29-36).

* 15. Mis ungidos… mis profetas: Los patriarcas, depositarios de las promesas divinas (Génesis 20, 7; 27, 27 ss.; 49, 1 ss. etc.) y aun todos los israelitas, que Dios cuida como la pupila de sus ojos (Dom Puniet).

* 17 ss. Es una recapitulación de la historia de José que, vendido por sus hermanos, después de grandes desventuras llegó a ser administrador de la casa y reino del Faraón de Egipto (Génesis capítulos 31 ss.).

* 18. Alude a la prisión de José en Egipto.

* 21. La Liturgia lo aplica al patriarca San José para señalar su poder ante Dios.

* 22. Sobre el joven